Modest Mouse – Strangers to Ourselves

modest mouse

Entiendo que, cuando estas ocho años sin sacar disco, te cueste un poco desechar algunas de las canciones nuevas y hacer un trabajo con una docena de cortes, pero, en la mayoría de los casos, siempre viene bien condesar un poco y no publicar todo lo que tienes. Modest Mouse ya deberían saberlo, pero aun así, han vuelto con un álbum que contiene quince canciones y casi dura una hora. Para que esto funcione, casi hay que ser un genio y sacar una colección de canciones excelente, algo que no han hecho los Washington. Aunque sí se puede decir que parte del álbum sí que está en un nivel muy alto.

Con tanta canción, es normal que Strangers to Ourselves sea un trabajo de lo más ecléctico. Durante los 57 minutos que dura este disco, Modest Mouse nos obsequien con sus típicos cortes de rock crudo, con algún tema que parece salido del 77 de los Talking Heads, e incluso con algún que otro corte que tira hacia la frontera – Ahí está esa declaración de intenciones llamada God Is an Indian and You’re an Asshole – . Si no fuera por la peculiar voz de Isaac Brock, se podría decir que sobre este disco planean unas cuantas bandas diferentes. Eso, evidentemente, tiene sus pros y sus contras. Aciertan la mayoría de veces que suenan más ellos, como es el caso de Lampshades On Fire, Wicked Campaing y The Best Room (me chifla la potencia con la que entran las guitarras a mitad de esta canción), pero no en todas, y ese es un fallo gordo. Pero bueno, lo compensan jugando a ser un grupo folk en el tema que da título al álbum, haciendo indie-rock algo más convencional en Ansel, o tirando de la épica en Coyotes. Aunque lo mejor del disco viene cuando se van hacia las cabezas parlantes.

En los últimos diez años nos hemos encontrado con tantas, y tan malas, imitaciones de la banda de David Byrne, que da un poco de tirria hablar de otro grupo que trata de hacer algo que ya perfeccionaron estos hace más de tres décadas. Pero es que Modest Mouse no nos han dejado otra opción, y, además, esta vez sí merece la pena volver a encontrarse con las influencias del mítico grupo neoyorquino. Nos las enseñan en la escurridiza Pistol (A. Cunanan, Miami, FL. 1996), en la que no resultan tan evidentes, pero están ahí, y en The Ground Walks, with Time in a Box, donde sí que dejan claro que son una de sus mayores influencias. Además, yo les diría que en sus próximos discos se fueran por ese camino, ya que les sienta muy bien, y gracias a esto, se sacan de la manga la mejor canción del álbum.

Al final, picando un poquito de aquí y otro poquito de allá, consiguen llevar a buen puerto casi una decena de canciones, pero todavía les sobran media docena.

7,2

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2 comments

  1. yellowsnow77 · marzo 10, 2015

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  2. Ramon Felis · marzo 10, 2015

    Lo cierto es que esperaba bastante más de ellos, como banda tienen bastante más posibilidades de hacerlo mejor. Que tomen nota.

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