Torres – Sprinter

torres

Torres es una de esas cantantes actuales que beben sin tapujos del rock alternativo de los noventa. La de Georgia tira mucho de esa década, quizá demasiado, pero tiene un punto a su favor que la hace diferente: su personalidad oscura e inquietante. Gracias a esto, con su álbum de debut, se ganó muy buenas críticas, y alguna que otra comparación con la primera PJ Harvey. También es cierto que tenía una enorme carta de presentación llamada Honey, una de esas canciones que se quedan en la cabeza del oyente durante mucho tiempo. Ahora vuelve con su segundo trabajo, en el que sigue contando con esa personalidad, pero al que le faltan canciones redondas.

Sprinter es un trabajo extraño y difícil. En él, Torres ha decidido tirar de contundencia, pero también cuenta con esa intensidad que había en su debut. Lo malo es que la fusión de estos dos elementos no le termina de funcionar, y al disco le falta coherencia por todos los lados. Si es cierto que esa contundencia guitarrera le viene bien en algunas canciones como Strange Hellos, con la cual abre el disco acercándose con acierto al año 93, o en New Skin, que es en la única que consigue fusionar con acierto estas dos facetas. El rollo Alt.Rock noventero también le funciona en el corte que da título al álbum, que es menos redondo, pero está bien.

Cuando se pone más íntima e intensa, nos deja una de cal y unas cuantas de arena. Por un lado tenemos A Proper Polish Welcome, con la que consigue emocionar y recuperar las buenas sensaciones de su primer álbum, pero por el otro, nos encontramos con varios tostones. El tramo final del álbum se hace un poco cuesta arriba, ya que los tres últimos cortes se comen 22 minutos del disco, y, precisamente, no son de lo mejor de su carrera. Hay algún momento de Ferris Wheel que está bien, pero una canción de más de siete minutos no se sostiene por un pequeño fragmento de un minuto. Luego está esa vuelta al rock guitarrero de The Harshest Light, que cuenta con un buen estribillo, pero poco más. Y por último, nos encontramos The Exchange, un plomazo de casi ocho minutos, que no hay quien se lo trague. Menos mal que, antes de estos cortes, tenemos Cowboy Guilt, donde se sale de la norma, y nos deja un tema en que las cajas de ritmos se alían con las guitarras, dando un resultado de lo más interesante.

Creo que es un disco que se queda a medias, aunque, en ocasiones, da muestras de su talento.

6,9

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5 comments

  1. yellowsnow77 · abril 23, 2015

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  2. Ramon Felis · abril 23, 2015

    Una lástima, tal vez debiera haber esperado un poco más y una música a veces tan áspera no casa mucho con temas tan largos.

  3. flash · abril 23, 2015

    Muchas gracias, suerte.

  4. jacksbrain · abril 23, 2015

    Peazo debut que se cascó. Hace años que no veía a una fémina con canciones tan crudas y redondas. A ver que tal la continuación.

  5. Iago (@iagolr) · abril 23, 2015

    Tenia bastantes ganas de este segundo disco, habra que escucharlo a ver que tal….

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