La Sera – Music For Listening To Music To

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La pobre Katy Goodman ha visto como la promoción de su último trabajo ha sido eclipsada por su productor, que no es otro que nada más y nada menos que Ryan Adams. Y es que, Adams, ha comentado que su decisión de hacer entero el 1989 de Taylor Swift la tomó mientras grababa este trabajo con Goodman. A partir de ahí, y cada vez que mencionan este disco, los medios de comunicación sacan a relucir este tema, dejando de lado lo que hay dentro del disco de La Sera. Y es que, al parecer, las influencias para grabar los dos discos son las mismas, y por ahí salen a relucir los Smiths de Meat Is Murder, y el pop de los sesenta. Aunque esto último ya era una constante en los otros tres discos de La Sera.

Music For Listening To Music To tiene varios puntos a favor respecto a sus anteriores trabajos. Para empezar, la producción de Adams, que es sencilla, muy limpia, y recalca esas guitarras de aires sixties y fronterizos que tanto le gustan a Goodman. Pero el gran acierto es Todd Wisenbaker que, definitivamente, y tras producir su anterior trabajo, se ha unido al grupo (y se ha convertido en su marido). Al igual que ocurría en 10 Headed Goat Wizard, uno de los temas ese disco anterior, Wisenbaker acompaña con su voz a Goodman en algunas canciones en las que, casualmente, es donde aparece la parte más pop del álbum. Y lo siento por ella, pero Nineties, la cual canta él al completo, me parece el mejor corte del disco. Y es que, con ese toque pop melancólico, casi parece un tema de The Field Mice, y no uno de La Sera. Más o menos me pasa lo mismo con One True Love y I Need An Angel, los otros dos cortes en los que aparece la voz de Wisenbaker. Aquí comparten el protagonismo vocal, y la verdad es que ese duelo chico-chica les sienta de maravilla. Sobre todo en la segunda, donde él se pone mucho más melódico, y nos deja un estribillo redondo.

A pesar de que su marido le robe un poco de protagonismo, estamos ante un disco de La Sera, y eso significa que gran parte de él está formado por esos cortes acelerados, cercanos al rockabilly, que tanto le gustan. Ahí está la muy pegadiza High Notes, con la que abre el disco a lo grande, o Time To Go, en la que se pone un poco más ruidosa (aquí es donde más se nota esa influencia de los Smiths). Pero también se acerca al pop más meloso, y en A Thousand Ways, se convierte en una chica de instituto de los sesenta.

Al final, entre unas cosas y otras, se han sacado de la manga un disco notable, en el que aciertan tirando de varios estilos diferentes.

7,6

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One comment

  1. yellowsnow77 · marzo 1, 2016

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