Pernice Brothers – Spread The Feeling

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Tengo que reconocer que me había olvidado completamente de Joe Pernice y sus Pernice Brothers. Y es que, el de Boston, lleva sin publicar un álbum con su banda madre desde 2010. Una década en la que ha estado ocupado con otros proyectos, como The New Mendicants, ese dúo junto a Norman Blake con el que nos dejó un estupendo disco en 2013. Incluso ha ejercido de guionista para una serie policiaca canadiense. Pero ahora, por fin, rescata el proyecto con el que nos ha brindado sus mejores momentos. Y es que, ahora que me he parado a escuchar sus discos otra vez, me he dado cuenta de lo inmortales que son canciones como ‘The Weakest Shade of Blue’, ‘Clear Spot’ o ‘B.S. Johnson’.

Spread The Felling” es un álbum de regreso por todo lo alto –en el sentido artístico, claro, no creo que tenga mucha repercusión más allá de sus seguidores de siempre-. El norteamericano ha dado con la colección de canciones perfecta para volver meterse de lleno entre lo mejor del indie-rock y el power-pop de su país. Sí, porque por aquí hay pocas concesiones a ese lado más americano y acústico que tanto le gusta. Además, esas concesiones no están nada mal, y temas como ‘Wither on The Vine’ o ‘The Queen of California’, son una auténtica delicia.

El propio Joe Pernice ha comentado que bandas como New Order, The Smiths o Big Star, han sido su principal influencia. Además de Brian Wilson, claro, como tiene que ser un buen disco de power-pop. Gracias a esto, nos encontramos con la que es su colección de canciones más directa hasta la fecha. Pernice lo da todo desde el principio del disco, donde nos encontramos con un trío de ases perfecto. Y es que, a ver quién se resiste a los ecos de new-wave que tiene ‘Mint Condition’, a la energía y las guitarras neworderianas de ‘Lullabye’, o a esa joya power-pop que es ‘The Devil and The Jinn’, en la que, por cierto, colabora Neko Case. Por si esto fuera poco, sigue de lo más inspirado y enérgico en ‘Always in All Ways’, y retoma las enseñanzas mancunianas en ‘Throw Me to The Lions’. Además, no se olvida de The Byrds en esa preciosidad llamada ‘Skinny Jeanne’, y cierra el álbum con ‘Eric Saw Colors’, una canción que bien podría pertenecer a la banda de su compañero en The New Mendicants.

Desde luego, si sois seguidores del buen pop de guitarras, no podéis dejar pasar este disco. Bueno, y si no lo sois, también.

8

Frankie Cosmos – Close It Quietly

FRANKIE COSMOS

Greta Kline sigue a su ritmo. La artista neoyorquina ha convertido Frankie Cosmos en uno de los proyectos más prolíficos de la escena indie-pop de la actualidad, yendo a disco por año, y aumentando la duración en cada entrega. Además, no contenta con eso, este año también ha publicado una serie de canciones al piano. Así que aquí estamos, con la cuarta colección de canciones de Frankie Cosmos en cinco años. Y ojo, porque no es que haya cambiado mucho su propuesta. Por no decir que no ha cambiado nada.

Close It Quietly” es otro disco de madurez, en el que nos encontramos con una Greta Kline que, a sus 25 años, sigue buscando su hueco en este mundo. Temas que hablan de amor, pero también de apatía, y de cierto cansancio. Musicalmente, estamos en el mismo punto en el que lo dejamos el año pasado. Sí puede que suene más esplendoroso, y que haya más sensación de banda al completo, que de proyecto en solitario de la propia Kline. Y eso ya es un punto a favor, porque se nota lo cómoda que está con su banda, y lo fácil que ha sido grabar este disco al lado de su casa.

Una de las cosas que me han gustado de este trabajo, es que, por momentos, ha endurecido algo su indie-pop de siempre. Así, nos encontramos con temas como ‘Moonsea’, donde la distorsión entra en el estribillo, o ‘So Blue’ y ‘I’m It’, que se acercan al indie-rock de los noventa. Además de una canción como ‘Never Would’, en la que se pone más oscura que nunca. Y es que, a lo largo de 21 canciones, le da tiempo a irse hacia otros caminos un poco diferentes. Eso sí, no acierta en todas las ocasiones. Sí que resultan interesantes los cortes donde los teclados aparecen, como ‘Cosmic Shop’ y ‘Windows’, o una canción como ‘Rings (On a Tree)’, en la que se ponen un poco más desenfadados. Además de sus ya clásicos, pero muy efectivos, temas de indie-pop, donde entran ‘41st’, ‘Actin’ Weird’, o ‘Wannago’. Lo malo, es que, hacia el final, se lía un poco con cortes menos inspirados y más tranquilos. No le funciona muy bien ponerse introspectiva en ‘Marbles’, ‘A Hit’ y ‘With Great Purpose’, que no casan mucho con el resto del álbum. Y más cuando, inmediatamente después, y para cerrar el álbum, meten ‘This Swirling’, en la que vuelven al indie-pop de manual.

Se les ha ido la mano con el número de canciones, y eso que, aunque sean muchas, no llegan ni a los cuarenta minutos. Pero, al final, su propuesta, no es muy variada, y teniendo en cuenta lo prolífica que es Kline componiendo, termina resultando un poco más de lo mismo. Quizá debería tomarse un pequeño descanso.

7,3

Lower Dens – The Competition

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Poco a poco, Lower Dens han ido adaptando su sonido a mundos más sintéticos y dejando de lado buena parte de la oscuridad que reflejaban sus primeros trabajos. No obstante, en los últimos años, Jana Hunter, su líder, ha sacado su lado más pop, e incluso ha sido la protagonista de unas fiestas que han servido de homenaje a ABBA (hubiera dado mi mano izquierda por asistir a una de ellas). Por eso no resulta extraño que su nuevo trabajo se acerque a sonidos más propios de los ochenta, que a ese slowcore, con retazos de shoegaze que practicaban a principio de esta década.

The Competition” es un trabajo sólido, en el que no han perdido la esencia de su sonido de siempre, pero en el que sí se han metido en terrenos más synth-pop. El resultado no puede ser mejor, y puede que estemos ante su gran disco. Como muestra, tenemos ‘Young Republicans’, el que fue el primer adelanto. Aquí nos encontramos con unas guitarras punzantes marca de la casa, pero también una buena pátina sintética que le da un aire nuevo a su música. Además, Hunter esta más exuberante que nunca a la hora de cantar, y esa letra irónica, en la que meten un homenaje a Bowie, pero también una buena pulla a los jóvenes más conservadores de su país, es de lo mejor de su carrera. Lo mejor es que las grandes noticias no acaban aquí, porque ese descarado abrazo al pop, nos deja canciones tan buenas como la ultra pegadiza ‘Hand Of God’, las bailongas ‘I Drive’y ‘Simple Life’, o la ensoñadora ‘Lucky People’.

Aunque la electrónica está más que presente en todo el álbum, los Lower Dens de siempre también se hacen un hueco. Su lado más introspectivo aparece en cortes como ‘Galapagos’ o ‘Two Faced Love’, en la que, por cierto, también aparece su lado más guitarrero. Lo bueno es que han sabido fusionar estupendamente su sonido de antaño con esta nueva etapa sintética. Al igual que en las baladas del disco, donde logran emocionar utilizando la electrónica como principal ingrediente. Ahí está la ya conocida ‘Real Thing’, que es una maravilla al más puro estilo Lynch, o la envolvente ‘Buster Keaton’, donde incluso se atreven con unos coros infantiles. Además de la preciosa ‘Empire Sundown’. Eso sí, donde sí se han confundido, ha sido en ‘In Your House’, el tema más clásico con el que cierran el álbum, que la verdad es que no pinta mucho por aquí.

Lower Dens han sabido crecer musicalmente con paciencia y eso ha dado sus frutos. Porque, aunque parezca un cambio muy radical si lo comparamos con sus primeros trabajos, en realidad es la evolución más lógica que podría tener su carrera. Y este álbum es el mejor ejemplo.

8,1

Dude York – Falling

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Es posible que nadie se acuerde de Dude York dentro de unos años, al igual que es posible que su nuevo trabajo pase totalmente desapercibido. Y es que, el trío de Seattle, se mueve un sonido al que muy poca gente le presta interés en la actualidad. Su rock, con reminiscencias del power-pop de los 70 y del rock alternativo de los 90, no es que cuente con muchos adeptos. Es más, una banda como Charly Bliss, que estaba en su misma onda, ha cambiado totalmente de tercio en su nuevo trabajo, y el resultado no ha podido ser más satisfactorio. Pero bueno, hasta que ese pase con Dude York, si es que pasa algún día, habrá que conformarse con sus guitarrazos y sus estribillos powerpoperos.

Si se lo hubieran propuesto, “Falling” podría haber tenido bastante más rollo. Más que nada, porque en un tema como ‘Box’, que de largo es lo mejor del disco, demuestran que pueden meterse de lleno en otros terrenos y salir victoriosos. Y, de hecho, no les hace falta mucho, con un pequeño toque de teclado, una producción menos arisca, y una melodía acompañada de un buen estribillo, tienen suficiente. Es una lástima que el resto del disco no tire por este camino, y que tan solo se salgan de la norma en otros pocos temas. Porque sí, fusilan a Weezer en ‘Only Wash’, y se acercan con demasiado descaro al pop indie en ‘Doesn’t Matter’, pero incluso eso, es mejor que seguir por el sendero más anodino de su música.

A ver, no es que el rock sin aditivos de ‘Longest Time’ o ‘I’m the 1 4 U’ este mal, suena bien y se deja escuchar, pero también se va de la cabeza muy rápido. Y la cosa se pone peor en cortes como ‘Should’ve’, o en esos acercamientos al punk-pop que hacen ‘Unexpected’ y ‘Let Down’, que la verdad es que no me dicen nada. Menos mal que hacia el final del disco recuperan un poco el pulso y se sacan de la manga dos de los mejores cortes del álbum. Porque el pop con guitarra acústica de ‘:15’, es como una especie de oasis entre tanta aspereza guitarrera. Pero mucho mejor es el rock con tintes glam de ‘DGAFAF (I Know What’s Real)’, con la cierran el disco dejando claro que, cuando se lo proponen, pueden hacer grandes estribillos.

Se han quedado a medias y les ha faltado un poco de riesgo. A ver si a la próxima se lanzan un poco más a la piscina.

6,7

Bodywash – Comforter

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Me alegra ver que sigue habiendo grupos que emplean con ilusión y talento las influencias de las bandas de shoegaze y dream-pop más clásicas. Sobre todo porque, parece, que ya no es una música que interese a mucha gente, y a muchos medios de comunicación grandes, que han decidido adentrarse en otros terrenos. Bodywash es una de esas bandas que todavía tienen a grupos como Slowdive o Lush en la cabeza. Algo que, por otra parte, es normal, ya que el último álbum de la banda de Reading, es uno de los grandes trabajos de esta década. Así que no resulta extraño que un joven grupo de Montreal quiera seguir su camino.

Comforter” es el primer álbum de este grupo canadiense. En él, nos muestran que el shoegaze y el dream-pop puede ser muy variado, y al igual que hacían Slowdive en su último disco de los noventa, meten bastante electrónica. Esto hace que estemos ante un trabajo más ecléctico de lo habitual dentro este estilo, en el que las guitarras cristalinas dan paso a los teclados más atmosféricos, y a unos sonidos sintéticos bastante minimalistas.

La primera parte del disco es la que refleja su lado más ensoñador, y en la que las guitarras tienen más protagonismo. Eso sí, nunca llegan a hacer mucho ruido, y todo es bastante limpio. Así, nos encontramos con cortes como ‘Reverie’, donde casi dan una clase perfecta de cómo hacer una canción de dream-pop; con la épica, un tanto más guitarrera, de ‘Twins’, o con la atmosférica ‘With Heat’. Además de ‘Sunspots’, donde la electrónica empieza a tomar algo de protagonismo, y ‘Eye to Eye’, que bien podría ser la cima del disco. Y es que, en ella, vuelven al dream-pop más claro, y aciertan de pleno con una melodía absolutamente irresistible.

El cambio radical del disco llega tras la orgia ruidosa de ‘Reprise’. A partir de aquí, lo que predominan son los sonidos electrónicos y, en algunos casos, hasta algo bailables. Es el caso de ‘Paradisiac’, que va subiendo de intensidad, hasta convertirse en un tema más cercano a Orbital que a Slowdive. Bastante más minimalistas están en el tema que da título al álbum, en el que utilizan la electrónica y las voces etéreas para llevarnos a paisajes de lo más ensoñadores. Algo que también se aprecia en ‘Another Plane’, el extraño corte con el que cierran el disco.

Evidentemente, no estamos ante nada nuevo, pero, al menos, se dejan llevar por las diferentes maneras de hacer su música, y no se van a lo fácil. Así que, si echas de menos un poco de buen dream-pop, este es tu disco.

7,6

Bat For Lashes – Lost Girls

Bat For Lashes

Da igual que los años y las décadas pasen, no hay quién nos libre del revival de los ochenta. Llevamos así prácticamente desde que empezó el siglo, y el cine, la música y la moda, siguen fijándose en esa década. Natasha Khan, más conocida como Bat For Lashes, es la última artista en sumarse a esta nostalgia, y en acercarse a la cultura popular de sus años de infancia. La cantante británica se ha mudado a Los Angeles con una idea: hacer bandas sonoras para películas. Pero, al final, ha terminado grabando su quinto disco. Un disco que tiene bastante de cinematográfico (el título es una clara referencia a la película Lost Boys), ya que, en un principio, iba a ser la música de una película de niñas vampiras.

Bananarama, Cindy Lauper, The Blue Nile, y el compositor John Williams, son los artistas que Khan ha citado como influencia para crear este disco. Pero también ha citado películas tan típicas de aquella época como Los Goonies, E.T., o la ya mencionada Lost Boys (Jovenes Ocultos para los de aquí). De hecho, otra de las razones para mudarse a L.A., fue la de empaparse de los decorados que impregnaban esas películas que tanto disfrutó cuando era niña. Por lo que se puede decir sin tapujos que estamos ante todo un ejercicio de nostalgia.

A pesar de citar referencias tan populares de la cultura de aquella época, “Lost Girls” cuenta con un tono un tanto más oscuro. Ha llenado este trabajo de un synth-pop bastante minimalista, y nada efectista, que poco tiene que ver con la alegría del pop comercial de esos años. De hecho, los dos únicos temas que se acercan un poco al pop comercial de los ochenta, son ‘So Good’ y ‘Safe Tonight’, que son un buen par de hits sintéticos. Y bueno, luego está ‘Feel For You’, en la que se lanza descaradamente a la pista de baile.

El resto del álbum es todo un mundo de referencias a los ochenta, bastante interesante, y en el que la londinense se pone un tanto ecléctica. Aquí entra de todo, desde la Kate Bush más espídica en ‘Jasmine’, al pop cinematográfico de ‘Kids In The Dark’, que no puede recordar más a Berlin (sí, los de Top Gun). Además de meterse de lleno en terrenos más oscuros en ‘The Hunger’, de tirar hacia la épica en ‘Desert Man’, y de esconder parte de la frialdad que hay en todo el disco, en ‘Peach Sky’. Incluso se atreve con un instrumental llamado ‘Vampires’, en el que un saxo se fusiona con unas guitarras totalmente post-punk, y sin dejar de lado el aire cinematográfico.

Es posible que, al ser de la misma generación que Natasha Khan (tan solo le saco dos años), no sea muy imparcial a la hora de juzgar este álbum, porque toda esa nostalgia que impregna el álbum, también es la mía. Pero creo que también es un álbum muy interesante para otras generaciones, y que no hace falta haber vivido esos años para disfrutar de estas canciones.

8

Ezra Furman – Twelve Nudes

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Mirado desde fuera, puede parecer que el 2018 pasado fue un gran año para Ezra Furman. Su anterior trabajo, el estupendo “Transangelic Exodus”, recibió unas críticas estupendas y, además, tuvo la oportunidad de participar en “Sex Education”, una de las series con más éxito de la temporada. Pero, al parecer, no fue así. Por lo menos en el plano personal. Y es que, como persona queer, Furman no está muy contento con la situación que vive su país, por eso se encerró con su grupo en un estudio de Oakland, bebieron, fumaron, y parieron las partes más ruidosas del que es su nuevo disco. Tanto, que incluso llegó a lastimarse la voz. De ahí que diga que es “su disco punk”.

Según Furman, este “Twelve Nudes” tiene dos héroes personales que le han inspirado. La primera es la a poetisa, filósofa y ensayista canadiense Anne Carson, cuyo trabajo ha servido de inspiración para el título del álbum. Y el segundo no es otro que el tristemente fallecido Jay Reatard. Y es que, estas once canciones, cuentan con la fuerza que tenía la música del de Memphis, pero también con ese punto melódico que la hacía más interesante. Así que, entre berridos, distorsiones, y suciedad, nos encontramos con 28 minutos absolutamente irresistibles, llenos de grandes melodías, y deliciosos estribillos.

El disco se abre con Furman pidiéndonos un poco de calma en ‘Calm Down aka I Should Not Be Alone’. Y lo hace de la forma menos calmada posible, porque es uno de los cortes más sucios y efusivos del disco. De hecho, no me extraña que se dejara la voz grabándolo. Una suciedad que también aparece en temas como ‘Rated R Crusaders’, en la estupenda ‘Thermometer’, que cuenta con un punteo irresistible, o en esa ‘What Can You So But Rock ’n’ Roll’ con la que cierra el álbum. Pero hay mucho más que este tipo de canciones. Furman se ha sacado la manga una colección de canciones sumamente atractivas, y lo que es mejor, ese toque Springsteen que ya tenía su anterior trabajo, sigue muy vivo. Así, nos encontramos con temas sucios y desgarrados, pero altamente melódicos. Es el caso de ‘Evening Prayer aka Justice’, ‘Transition From Nowhere to Nowhere’, de la efusiva ‘My Teeth Hurt’, o de esa hostia de realidad que le mete a la sociedad norteamericana en ‘In America’. Además de ‘I Wanna Be Your Girlfriend’, una balada retro que es una auténtica delicia.

Ezra Furman va mejorando su propuesta en solitario con cada disco que va editando, y ya nadie puede negar que es de lo mejor que hay en el rock norteamericano actual. Además, cuenta con compromiso social, y no tiene reparos a la hora de denunciar las mierdas de su país, y eso siempre es un plus.

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