Beabadoobee – Space Cadet Ep

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Cada vez hay más evidencias de lo mucho que ha cambiado la forma de escuchar música. Ahora, puedes subir a internet una canción grabada de una forma regulera con una guitarra acústica de segunda mano, y petarlo al instante. Es el caso de Beabadoobee, el proyecto musical de Bea Kristi, una joven inglesa que está obsesionada con el indie-rock de los noventa. Su ‘Coffe’ ya acumula más de diez millones de reproducciones en Spotify, y todos los temas que ha ido editando después, van por el mismo camino. Algo que a mí me encanta, porque la verdad es que la chica tiene un talento enorme.

Space Cadet” es su cuarto Ep (estos artistas jóvenes le tienen mucha tirria al formato álbum), y el más coherente hasta la fecha. En sus anteriores lanzamientos, se empeñaba en mezclar el indie-rock noventero con un folk lo-fi a lo Kimya Dawson, sí, la de Juno, que no le iba nada bien. Ahora, aparca esa faceta, y se mete de lleno en su lado más guitarrero. El resultado no puede ser mejor, y pocas pegas se le pueden poner a estos cinco temas.

Pavement, Lush, Belly…las influencias de Kristi son más que evidentes, y ella no las esconde en ningún momento. Solo hay que escuchar ese temazo llamado ‘I Wish I Was Stephen Malkmus’, en el que deja bien clara su adoración por el líder la banda norteamericana. Una canción que, junto a ‘Are You Sure’ y ‘Sun More Often’, forma parte de su lado más duro; ese en el que las guitarras rugen un poco más, pero en el que no se olvida de su corazoncito pop. Pero ojo, porque cuando levanta el pie del pedal de distorsión y opta por la limpieza, también consigue resultados sorprendentes. ‘She Plays Bass’ es una auténtica delicia llena de guitarras cristalinas, donde se saca de la manga un estribillo y una melodía redondos. Y más abiertamente pop está en el tema que da título y que cierra el Ep. En él, incluso, aparecen unos teclados juguetones que, dicho sea de paso, se llevan de maravilla con su pop de guitarras.

Siempre es más fácil dejar buenas impresiones con un Ep de cinco canciones que con un álbum al completo, pero también es cierto que no es sencillo dar con cinco temas redondos, y ella lo ha conseguido.

8,6

Pizzagirl – first timer

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Bajo el nombre de Pizzagirl, Liam Brown se ha convertido en uno de los máximos exponentes de la escena bedroom-pop de Inglaterra. Y lo ha hecho con apenas un par de Eps, en los que, afortunadamente, mostraba bastantes inquietudes musicales. Porque, del pop ensoñador del primero, al descaro ochentero del segundo, hay un trecho. Y precisamente eso es lo que ha hecho en su álbum debut. Aunque, hay que decir, que ha sido el lado más petardo el que ha ganado la partida.

first timer” se abre con toda una declaración de intenciones. Porque, en ‘ball’s gonna keep on rollin’’, deja bien claro que los ochenta más horteras son una gran influencia para él. Y es que, este pop tan alegre con exceso de teclados, le sienta bastante bien. Eso sí, a uno le vienen a la cabeza muchas hombreras y muchos pelos cardados. Algo que también pasa con esa balada tan azucarada llamada ‘library’. Pero el resto del disco no va por ahí.

Lo que más me gusta de su música es cuando se va un poco hacia el indie-pop más descarado. Ahí acierta de pleno en cortes como ‘body biology’ y ‘thispartysux’, donde las guitarras limpias se fusionan de maravilla con las cajas de ritmos. Además, en la segunda, consigue dar con uno de esos estribillos redondos que se te pegan a las primeras de cambio. Tampoco se le da nada mal ponerse juguetón y entregar un tema como ‘daytrip’, que la verdad es que tiene un estribillo bien bonito, el cual, además, contrasta con ese tono más payasete que tiene el resto de la canción. Lo que no le compro son sus cortes más perezosos. Temas como ‘dennis’ o ‘yesterday’ me recuerdan bastante al rollo Mac DeMarco, y la verdad es que he acabado bastante saturado del rollo del canadiense. Menos mal que, dentro de su lado perezoso, también se va hacia el pop electrónico a lo Ariel Pink en ‘ugly’, y al synth-pop en ‘cut and paste’. Y para cerrar, nada mejor que volver al dream-pop con ‘goodnight’, donde, además, cuenta con la ayuda de la cantante Aseul.

Puede que su propuesta funcione mejor en el formato Ep y sin mezclar tantas facetas, pero sí hay que reconocerle que tiene bastante atino para dar con la canción de pop perfecta. Esa es la faceta de su música que debería explotar, y no irse por las ramas y abrirse a mundos más introspectivos.

7,4

Devon Welsh – True Love

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Majical Cloudz apenas duraron un lustro, pero, en esos cinco años, sacaron dos de los trabajos más interesantes y personales de esta década. El dúo canadiense nos dejó una colección de canciones triste y sincera, con la que casi daban las ganas de cortarse las venas, pero también eran de una belleza realmente impactante. Y es que, su frialdad a la hora de encarar sus texturas electrónicas, y la melancólica voz de Devon Welsh, formaban el equipo perfecto. Algo que se había perdido en la carrera en solitario de Welsh, donde faltaba ese toque un poco más sintético que convertía las canciones del dúo en algo especial. Menos mal que parece que ha recapacitado.

No sé muy bien si ha sido porque su debut de solitario tuvo muy poca repercusión, o porque se ha mudado a Wisconsin y ha encontrado una nueva inspiración, pero su segundo trabajo es bastante más interesante que el primero. También es cierto que las maquinitas vuelven a ser las protagonistas, y las guitarras y los pianos han pasado a un segundo plano.  Y eso, le viene de maravilla a la voz de Welsh. Porque, si atendemos a ‘Dreamers’, el corte que cierra el álbum, y lo mejor que ha hecho en su carrera en solitario, vemos como el mundo electrónico se adapta perfectamente a la intensidad de su voz. De hecho, llevo varios días en bucle con esta canción, que me parece una puta maravilla. Y eso que su estribillo tan solo se nutre de un repetitivo “Yeah!”, pero te conquista a las primeras de cambio con su frase inicial (“He liked the Beach Boys, she liked the Doors”), con la que, además, nos adentra en una historia de amor.

Evidentemente, un disco que se llama “True Love”, va a tener como tema principal el amor. Y es que, según el propio Welsh, le interesa el lado más oscuro e inseguro de las relaciones amorosas. Vamos, que no es que se haya enamorado y nos esté contando los maravilloso que es tener mariposas en el estómago. Más bien, reclama un poco de cariño (‘Uniform’), o busca ese amor verdadero del título. Lo bueno es que, todo esto, lo hace de la forma más emocionante posible. Así, nos encontramos con temas como ‘Somebody Loves You’, ‘Faces’ o ‘Grace’, que son una autentica preciosidad. Además de ‘System’, donde se sale un poco del tono tan reposado que tiene el resto del disco, y se anima un poco más (ojo con las guitarras tan New Order). Algo que debería hacer más a menudo, porque le sienta muy bien.

Puede que no estemos ante un trabajo igual de bueno que los que hacía con Majical Cloudz, pero sí que parece que ha encauzado su carrera en solitario, y que nos va a dar muchas buenas canciones en un futuro. Además, solo por ‘Dreamers’, ya merece la pena prestarle atención a este disco.

7,6

WIVES – So Removed

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El mundo de las tendencias musicales ha querido que Nueva York pase a un segundo plano, lo que hace que, desde fuera, parezca que ya no es esa ciudad donde hay un grupo en cada esquina de Brooklyn. Pero no podemos estar más equivocados. El rock sigue estando a la orden del día en la ciudad de los rascacielos. Aunque, eso sí, parece que ahora se ha trasladado a barrios más periféricos. Una buena muestra de esto son WIVES, un grupo de Queens que debuta este año, y que puede conseguir que los medios se vuelvan a fijar el lado más guitarrero de NYC.

WIVES beben de Pixies, The Velvet Underground, Sonic Youth, The Strokes, Girls Against Boys, o The Fall. Influencias totalmente reconocibles, que este joven cuarteto fusiona con bastante soltura en su álbum de debut. Por eso “So Removed” no se puede catalogar dentro de una sola corriente. Sí es cierto que, gracias a esos fraseos casi hablados, el deje de su cantante puede virar hacia el de Frank Black y Mark E. Smith, pero es solo un ingrediente más de su paleta de referencias.

Escuchando ‘Waving Past Nirvana’, el tema que abre el álbum, uno se puede pensar que estamos ante otro disco de post-grunge oscuro y denso, pero no es así. Porque, aunque las guitarras suenen secas y cortantes –por cierto, son de Andrew Bailey, también miembro de DIIV-, coquetean con un lado más pop que hace su propuesta sume puntos. Es el caso de ‘The 20 Teens’, que con ese órgano tan The Walkmen, y ese estribillo tan redondo, se convierte en uno de los puntos álgidos del disco. Un lado más pop que también muestran en las notables ‘Hit Me Up’ y ‘Sold out Seatz’, o en ese arrebato punk llamado ‘Whatevr’. Además de en la “strokera” ‘Hideaway’, y en la muy sixties ‘The Future Is a Drag’.

Si nos vamos al lado más duro, que tampoco lo es tanto, nos encontramos con que también manejan bastante bien las guitarras más cortantes. Así, sale a la palestra su lado más Pixies en ‘Servants’ y en ‘Why Is Life’, que son bastante resultonas. Al igual que ‘Workin’’, en la que dejan bien claro que el Nueva York de la Velvet también ha sido una gran influencia para ellos.

No es un debut perfecto, la sequedad de ‘Even the Dead’ me ha parecido bastante aburrida, pero creo que sí que es un disco que nos presenta a una banda que puede hacer cosas bastante interesantes en un futuro. Y eso ya me parece importante.

7,5

Kim Gordon – No Home Record

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Kim Gordon no ha tenido ninguna necesidad de comenzar una carrera en solitario hasta ahora, que acaba de cumplir 65 años. Y no es que haya sido una necesidad, más bien ha sido por la insistencia de Justin Raisen, su productor, que la convenció de que ya era hora de publicar su álbum. Por eso, una vez más, ha hecho lo que le ha dado gana. Porque, a pesar de ser un trabajo más accesible que sus discos con Body / Head, estamos ante algo incómodo, en el que sigue yéndose hacia su lado más experimental.

Instalada de Los Angeles desde que se divorció de Thurston Moore, Kim Gordon ha encontrado la inspiración para seguir con su carrera en Airbnb. Sí, como lo oís. Desde hace unos años está obsesionada con la falsa sensación de hogar que intentan crear desde estas plataformas de alquileres, y de cómo están convirtiendo las grandes ciudades en parques temáticos para los turistas. Es algo que también le ha servido de inspiración para su carrera como artista, y en una exposición reciente incluyó unos dibujos llamados “la serie Airbnb”. Así que, lo de que el disco se llame “No Home Record”, no es casualidad.

Resulta curioso que este trabajo esté producido por Justin Raisen, que es conocido por los discos que ha hecho para Sky Ferreira o Santigold, porque lo que encontramos aquí poco tiene que ver con ese pop disfrazado de alternativo que hacen esas artistas. La crudeza que siempre ha plasmado Kim Gordon en sus canciones, está más que presente, y esos susurros, y voces desgarradas que ya aparecían en algunos cortes de Sonic Youth, también asoman por aquí. Ahí está ‘Sketch Artist’, el corte que lo abre, en el que podemos escuchar su voz susurrante entre un muro de bases electrónicas distorsionadas. O los guitarrazos contundentes de ‘Air BnB’, la canción en la que deja claro lo que comentaba más arriba. Y si ya nos vamos a ‘Murdered Out’, nos encontramos con una contundente canción, en la que la base rítmica, a cargo de la batería de Warpaint, se fusiona con los gritos de la propia Gordon. Aunque, puestos a examinar el lado más guitarrero del disco, hay que decir que lo mejor llega con ‘Hungry Baby’, un trallazo de garage, sucio y demoledor, con el que, curiosamente, también aparece su lado más pop.

Buena parte del disco cuenta con las cajas de ritmos como protagonistas. Pero no estamos hablando de electrónica al uso, lo suyo sigue siendo una cosa más experimental. Así, se deja llevar por un halo de misterio en ‘Paprika Pony’, o se mete de lleno en mundos más lo-fi en ‘Don’t Play It’ y ‘Cookie Butter’. Algo que cambia al final del disco, donde presenta dos canciones un tanto oníricas. ‘Earthquake’ podría formar parte del lado más experimental de Sonic Youth; ese que, a su vez, bebía de las rayadas más extrañas de la Velvet. Y ‘Get Yr Life Back’ no deja de ser la típica canción en la que se hace un spoken word entre un mar de ruidos. Quizá, como banda sonora de una de sus exposiciones, funcione bien, pero en un disco resulta aburrida.

Me encanta que haya intentado darle accesibilidad a su música, y se haya quedado a medias. Kim Gordon es un icono de la cultura popular porque siempre ha sido una artista inquieta, a la que no le va mucho hacer cosas convencionales, y no va a cambiar ahora. Y si, puede que el disco no sea lo mejor de su carrera, pero al menos resulta impactante. Y eso, tras cuatro décadas en esto, ya es mucho.

7,5

Los Punsetes – Aniquilación

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Los Punsetes son el ejemplo perfecto de que no hace falta irse por las ramas para convertirse en una de las mejores bandas nacionales de los últimos años. Los madrileños siguen a lo suyo, llenando sus canciones de frases directas y cortantes, de guitarras potentes, y de estribillos perfectos. Llevan más de una década haciendo lo mismo, pero, con cada disco, crecen un poco más. Tanto a nivel de popularidad, como a nivel personal. Porque su fórmula se perfecciona un poco más con cada nueva entrega, y eso es algo que se nota en su nuevo trabajo, al que es casi imposible ponerle alguna pega.

Aniquilación” se abre con una disección de los seres humanos bastante simple, pero muy certera –genial eso de “y unas manos que fabrican cosas, y unas manos que destruyen cosas”-. A partir de aquí, toman la directa, y empieza lo que puede ser la mayor colección nacional de hits de este 2019. Porque, a ver quién se resiste a la indiferencia amorosa de ‘Vas hablando mal de mí’, a la sinceridad que muestran en ‘Oro’, o a las puyas que acaban convirtiéndose en una radiografía de uno mismo (‘Idiota’). Tres joyas que aparecen en los primeros diez minutos del disco, y que, con ‘Una persona sospechosa’ y ‘Ella nunca me aceptó en Facebook’, forman los cortes más directos del álbum.

Con los singles ya solventados, en el resto del disco tienen vía libre para tirar un poco hacia otros derroteros. Aunque no mucho, y sin olvidarse de que, cada canción, tiene que tener pegada. Pero sí es cierto que el teclado tan Pegamoides que meten en ‘Miguel de Molinos’, y su distorsión final, no pueden ser más acertados. Al igual que no puede ser más acertada la atípica estructura de ‘Atraco perfecto’, que contiene el mejor estribillo, y el más pop, de todo el disco. Una canción que, por cierto, viene después de ‘Dinero 2’, dejando claro que, lo de la pasta, les importa. Por cierto, la sección rítmica de este tema me ha recordado un poco al ‘Disfraz de tigre’ de Hidrogenesse. Pero, quizá, lo más alejado de su sonido habitual, es esa balada llamada ‘Lo dejo’, en la que le dan bastante importancia a los teclados. Porque ‘Estela plateada’ es el típico corte de cierre que empieza tranquilo y acaba en una tormenta de distorsión. Algo a lo que ya nos tienen acostumbrados, y que, por supuesto, les vuelve a salir bien.

¡Vivan Los Punsetes!

8,3

Moon Duo – Stars Are The Light

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Han tardado unos cuantos años, y unos cuantos discos, pero Moon Duo por fin se han dado cuenta de que su fórmula estaba un tanto agotada. El dúo de San Francisco ha sido uno de los abanderados de la nueva psicodelia, y sus guitarras psicotrópicas y sus ritmos kraut, nos han dejado un buen número de grandes canciones. Pero, al final, todo tiene fecha de caducidad. Por eso han dado un cambio importante en su séptimo trabajo, donde hay una buena dosis de electrónica, y se acercan más al pop. Eso sí, sin perder su psicodelia de siempre.

Stars Are The Light” sigue jugando con las texturas psicodélicas, pero lo hace agarrándose a la electrónica, y de un modo menos espídico. Parece que, con los años, se han calmado un poco. Y la verdad es que les sienta muy bien, porque canciones como ‘Flying’ o ‘Fall (In Your Love)’, no distan tanto de lo que hacían antes, pero los nuevos ingredientes le dan frescura. Y si ya nos vamos a ‘The World And The Sun’, en la que se sacan de la manga un ritmo muy parecido al del ‘Human Behaviour’ de Bjórk, vemos que también han adaptado muy bien su lado kraut a su nuevo sonido.

Donde más sorprende “Stars Are The Light”, es en su tema titular, y en ‘Lost Heads’. En estos dos cortes, hay rastro de su mundo psicotrópico, pero es el pop electrónico el que gana la partida. Además, en la primera lo hacen de una forma bastante preciosista. En la segunda están un poco más cerca de los Primal Scream más electrónicos; esos que se han fijado más de una vez en el sonido de Manchester. Más curiosa todavía es ‘Eternal Shore’, en la que se dejan llevar por sonidos cercanos a la música lounge. Pero ojo, que no quieren olvidarse de su pasado, y en ‘Eye 2 Eye’ sacan las guitarras a paseo, las cuales, rugen de maravilla.

Sin duda alguna, han hecho bien en cambiar su sonido e irse hacia otro tipo de texturas. Además, no han perdido su rollo por el camino, que eso siempre es un punto a favor.

7,5

Versing – 10000

VERSING

Teniendo en cuenta como está el panorama de la música de guitarras en la actualidad, me sorprende mucho que un grupo de chavales haya decidido tirar hacia los noventa en su proyecto musical. Pero claro, luego escuchas sus canciones, y entiendes la razón de que hayan tirado por ahí. Versing son de lo mejorcito que ha salido en el rock de los últimos años, y unos alumnos aventajados de bandas como Pavement o Sonic Youth. Porque sí, sus noventa se van hacia a la distorsión, pero, al igual que esos grupos que les han influenciado, no se olvidan de su faceta más melódica. Y claro, cuando una guitarra se fusiona con una buena melodía, el resultado puede ser brillante.

10000” es su segundo trabajo, y en él despliegan todo lo que han aprendido a lo largo de sus años en la radio universitaria de Tacoma, donde trabajaban varios de sus miembros. Así que sí, su historia también recuerda a la de alguna de las bandas más importantes de los noventa. Y como muchas de estas bandas, sus letras también están llenas de ironía. De hecho, son de Seattle, no tienen nada que ver con el grunge, y su primer trabajo atendía al nombre de “Nirvana”. Algo con lo que dejan claro ese punto de ironía que tiene su música.

No es la primera vez que Versing pasan por aquí, el año pasado metí su ‘Silver Dollar’ en una de las recopilaciones del mes. Un tema que, a pesar de ser fantástico, no han metido en este trabajo. Pero no pasa nada, tienen canciones de sobra para que los nostálgicos de los noventa nos dejemos llevar sin problemas. Empezando por la potente ‘Entryism’, en la que se pegan cinco minutos de puro indie-rock. Y ojo, porque casi se han cortos. Mejores incluso son ‘Offering’ y ‘Tethered’, donde los Sonic Youth más melódicos entran en juego. Es más, en la primera, casi parece que canta Thurston Moore. Y es que, el mítico grupo neoyorquino, es una de sus influencias más evidentes, algo que nos siguen mostrando en cortes como ‘Violeta’, o en el excelente, y potente, ‘Renew’. Y luego tenemos su lado más Pavement, el cual también explotan divinamente. Ahí están ‘By Desing’, ‘Vestibule’ o ‘Sated’ para demostrarlo. Pero no se quedan en estas dos facetas, también saben crear temas en los que la calma se convierte en una tempestad de distorsión. Algo muy típico de aquella época, que ellos recrean muy bien en ‘Loving Myself’.

Está claro que no es el grupo más original del mundo, pero viendo cómo está el rock en la actualidad, resulta bastante interesante que alguien se acuerde del lado más “alternativo” de aquello que llamaron “rock alternativo”.

7,9

DIIV – Deceiver

DIIV

Se supone que DIIV ya es una banda sin problemas, donde no hay adicciones ni miembros que sueltan comentarios racistas, sexistas y homófobos. La banda neoyorquina se ha ganado a pulso lo de ser los nuevos atormentados del rock, pero, de alguna manera, sus dos primeros trabajos, reflejaban una luminosidad que se contradecía un poco con sus historias extramusicales. Algo que, curiosamente, ha cambiado ahora, porque estamos ante el que es su trabajo más crudo, y el que más se aleja de su lado más dream-pop.

Deceiver” es oscuro, está lleno de guitarras crudas que casi parecen rotas, y cuenta con un gran número de baladas que se acercan a los orígenes del rock alternativo norteamericano de los noventa. De hecho, es un sonido muy cercano al grunge. Solo hay que escuchar ‘Horsebeach’, el corte tan denso con el que abren el álbum. Cinco minutos en los que las guitarras rugen de una forma perezosa, pero con mucha alma. Una pereza que también aparece en cortes como ‘Between Tides’, ‘Taker’ o ‘Acheron’. Y ojo, porque si erais seguidores de los primeros Smashing Pumpkins, os van a encantar estas canciones, porque se podría decir sin problemas, que la banda de Billy Corgan es la gran influencia de este trabajo.

Resulta un tanto sorprendente que hayan optado por el lado más oscuro de su música, porque, si echamos un vistazo rápido a sus escuchas en las plataformas de streaming, son temas como ‘Under The Sun’ y ‘Doused’ los que acumulan más millones. Y de estos cortes más ensoñadores hay muy poco aquí. De hecho, se podría decir que solo está ‘The Spark’, que es el único corte en el que el pedal de distorsión no es el protagonista y las guitarras suenan limpias. Porque, aunque ‘Like Before You Were Born’ también es bastante melódica, está envuelta en un manto de distorsión que la acerca bastante a sonidos más shoegaze. Algo no está nada mal, la verdad. Como tampoco está nada mal esa aceleración casi kraut que aparece en ‘Blankenship’, con la que consiguen aunar su faceta más cruda y su lado más pop. Sin duda alguna, la otra gran maravilla del disco.

A pesar de que prefiero su lado más dream-pop, tengo que decir que este trabajo me parece un paso adelante respecto a su anterior trabajo. Más que nada, porque han ido más directos al grano y no se les ha ido la mano con la duración. Porque sí, ‘Under The Sun’ sigue siendo su mejor canción, pero aquí hay bastante más coherencia y menos irregularidad que en su segundo disco.

7,7

Angel Olsen – All Mirrors

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Los cambios de sonido siempre son bienvenidos por aquí. Y no solo cuando son acertados, también cuando no logran dar con la idea de ruptura que se tenía en un principio, y resultan fallidos (al menos hay una intención de hacer algo nuevo). Afortunadamente, el giro que ha dado la música de Angel Olsen en los últimos años, es uno de los más sorprendentes y curiosos de la música actual. La artista norteamericana empezó destilando rabia con su indie-rock noventero, y nos dejó varios trabajos brillantes (sobre todo ese “My Woman” de 2016). Tras recopilar maquetas e inéditos en “Phases”, ahora llega con un sonido totalmente nuevo, y con el que puede ser el gran disco de su carrera.

En un principio, y gracias a los dos adelantos previos, podía parecer que Olsen se había dejado llevar por las redes de la electrónica, pero no sería del todo correcto. Sí es cierto que la guitarra ya no es la gran protagonista, pero tampoco lo son los sintetizadores. Y es que, aquí, lo que más encontramos es intensidad. A veces, hay que decirlo todo, demasiada. Para conseguir esta intensidad, ha llenado este “All Mirrors” de cuerdas, sonidos gélidos, y algún lamento que otro. Algo que ya nos dejaba ver en ‘Lark’ y ‘All Mirrors’, esos singles con los que ha ido calentando el tema. Pero esto solo es una pequeña muestra de lo que nos encontramos en el disco.

El cuarto trabajo de la de Carolina del Norte es más variado de lo que podría parecer en un primer momento. Al contar con un sonido tan frío y oscuro, engaña en una primera escucha, pero uno se va dando cuenta de los matices que esconde a medida que se le va dando vueltas. Así, aparece ‘Too Easy’, donde llena de electrónica un pop sixties que es una delicia, para, inmediatamente después, irse a una oscuridad sintética en ‘New Love Cassette’. Unos cambios de tercio que se suceden, y con bastante acierto, a lo largo de todo el álbum. Porque, de repente, en ‘Spring’, tira de piano, y se pone un poco más clásica. O llega ‘What It Is’ y saca a paseo a la Kate Bush que lleva dentro. Aunque, lo mejor aparece en ‘Summer’, una canción en la que se va hacia una especie de folk electrónico que es maravilloso. Y para cerrar, ‘Chance’, donde da otra vuelta de tuerca, y aparece su lado más crooner. Eso sí, aderezado con un buen montón de cuerdas, las cuales, al final son las grandes protagonistas del disco.

Como he dicho un poco más arriba, quizá, se le ha ido un poco de la mano la intensidad en algunos temas, pero eso no resta todo lo bueno que hay en este trabajo, que ya es uno de los grandes de este 2019.

8,1