Sufjan Stevens – The Ascension

Hay una palabra que define totalmente el nuevo trabajo de Sufjan Stevens: excesivo. Creo que el musico norteamericano ha hecho un disco inabarcable en sus primeras escuchas, ya no solo por su larga duración, que se va hasta los ochenta minutos, también por su cantidad de matices. Porque decir que estamos ante el disco más electrónico de Sufjan Stevens es quedarse muy corto. Cada canción es un mundo y una especie de confesión del de Detroit, que está bastante más místico de lo normal. Algo normal dada la situación que vive su país, y el mundo en general. Así que, por un lado, tiene su punto descubrir la gran cantidad de referencias musicales y de la cultura popular que hay en todo el disco, pero, sin embargo, también es compresible que de algo de pereza meterse muy de lleno en él.

Sufjan Stevens ha hecho este trabajo el solo en su nueva residencia en las montañas de Catskills, al norte del estado de Nueva York. Y es que, en tan solo un año, se ha fabricado una nueva vida en el campo lejos de Brooklyn -se quedó sin su estudio por la maldita gentrificación-. Y quizá, esa calma, es la que ha hecho que las canciones de este ‘The Ascension’ sean tan extensas. Stevens se toma su tiempo a la hora de hacer despegar estos temas, pero lo bueno es que, al final, siempre despegan. Y hay veces que lo hacen muy a lo bestia. Es el caso de “Make Me An Offer I Cannot Refuse”, el tema que lo abre, que termina metiéndose casi en mundos más industriales. O de esa “Ativan”, la cual acaba convirtiéndose en una corte de lo más bailable. Y es que, una de las referencias musicales que ha nombrado en numerosas entrevistas, es la producción del ‘Rhythm Nation’ de Janet Jackson. Y la verdad es que ese sonido metalizado que tenia ese trabajo, se deja ver en temas tan chulos como “Lamentations”, “Death Star” o la genial “Goodbye To All Star”.

Si es cierto que, aunque se venga arriba de vez en cuando, en gran parte del disco se deja llevar por una electrónica más sedosa y reposada. Y ya sabemos lo bien que se le dan a Sufjan Stevens este tipo de canciones. Así que hay momentos realmente bonitos, como los de “Run Away With Me” o “Sugar”. Pero lo mejor llega cuando este tipo de temas explotan hacia mundos más épicos. Porque, a ver quién se resiste a la tremenda “Tell Me You Love Me”. O a los 12 minutazos de subidas y bajadas que encontramos en “America”. Eso sí, se merece una buena colleja por hacer que el synth-pop de “Video Game” sea la rareza del disco. Me espera más temas de este palo, porque la verdad es que le sienta de maravilla meterse en estos terrenos más animados y poperos. Y sí, según él mismo, lo de “I Don’t Wanna Be Your Personal Jesus”, es una referencia al clásico de Depeche Mode.

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