Hatchie – Giving The World Away

Hatchie es una de esas artistas a las que me cuesta mucho ponerles alguna pega. El proyecto de la australiana Harriette Pilbeam tiene todo lo necesario para gustarme, y lo cierto es que nunca me defrauda. Su primer EP lo disfruté como un enano. Algo que también me ocurrió con su álbum debut. Y, por si esto fuera poco, todos los singles y versiones que ha sacado entre medias, me han parecido notables. Así que, como os podréis imaginar, estaba deseando que saliera su segundo trabajo. Y más después de escuchar esa buena cantidad de adelantos que ha ido sacando a lo largo de los últimos meses.

Pilbeam ha cambiado durante la pandemia. Todo está mierda que hemos vivido en los dos últimos años, la ha llevado a componer canciones en las que el amor ya no es tema principal. Ahora entran en juego la depresión, la soledad, la angustia, o las dudas sobre la incipiente madurez. Lo que hace que sus nuevos temas tengan un tono un tanto más serio. Y es que, con la ayuda del productor Jorge Elbrecht, de su marido, y líder de Rinse, Joe Agius, y James Barone, que toca la batería con Beach House, ha creado un conjunto de canciones que beben de mil influencias. Porque sí, el dream-pop y el shoegaze vuelven a ser los protagonistas, pero de muchas formas diferentes. Y ahí está parte del encanto de este disco.

Giving The World Away’ tiene un comienzo arrollador. “Lights On” es un potente tema de pop con tintes de shoegaze en el que se hace con un estribillo absolutamente demoledor. Algo que, además, riega con un buen chorro de electrónica. Un guion que sigue en “Quicksand”, el gran hit del disco. Y es que, a esta canción compuesta a pachas Dan Nigro, el que es el colaborador de Olivia Rodrigo, no le falta de nada. Tiene el ritmo dance perfecto, el estribillo pegadizo, y el toque ensoñador de Hatchie. Como tampoco le falta de nada a “This Enchanted”, el cruce perfecto entre el mundo shoegaze y el sonido Manchester de finales de los ochenta. Una época a la que también se acerca en “The Rhythm”, donde encontramos un piano house, una guitarra de lo más cruda, y sonidos cercanos a los primeros años del tecno de los noventa. Además de en el tema titular, donde el piano vuelve a cobrar protagonismo.

A pesar de que hay unas cuantas canciones que se van hacia mundos más synth-pop y dance, lo cierto es que, buena parte del álbum, tira más hacia caminos más dream-pop. Y la verdad es que, cuando actualiza las enseñanzas de Cocteau Twins, y le das su toque personal, acierta de pleno. Es el caso de “Twin” y su vibrante crescendo final; de la sedosa “Take My Hand”, o de esa preciosidad llamada “Don’t Leave Me In The Rain”. Además de “Sunday Song”, donde quita muchas de las capas que suenan en prácticamente todo el álbum, y se saca de la manga una bonita canción de pop más minimalista. Y ojo con “The Key” y sus potentes guitarras shoegaze, las cuales recuerdan a los mejores Slowdive.

8

Un comentario

  1. yellowsnow77 · abril 26

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