Palm Ghosts – Post Preservation

Palm Ghosts se formó en 2013, cuando Joseph Lekkas empezó a componer canciones para salir de la depresión y ansiedad con las que llevaba viviendo unos meses. Así, mientras trabajaba en un almacén de Filadelfia, compuso y grabó los temas que acabaron formando su álbum de debut. Lo que no se esperaba era que tuvieran una acogida tan positiva, y que acabara teniendo una banda al completo en un sitio tan diferente como Nashville. Pero ahí está, con su sexto disco recién editado, y con algunos temas suyos sonando en series tan populares como Clarice y 13 Reasons Why.

Tengo que reconocer que yo no supe de la existencia de Palm Ghosts hasta hace unos meses, cuando di con “World Dissolve”, un single que editaron el pasado verano y que cayó en una de las recopilaciones mensuales. Ahí ya pude comprobar que estamos ante un grupo con un evidente sonido ochentero. De hecho, ellos mismos lo describen como «la banda sonora de un baile de graduación de los 80 en una zona de guerra como Nashville». Y es cierto que buena parte de estas canciones podrían haber sonado en una película de John Hughes con Molly Ringwald de protagonista. Así que ya sabéis, si os apetece un buen chute de nostalgia, este es vuestro disco.

Tengo un poco de sentimientos encontrados con este ‘Post Preservation’. Por un lado, cuando se van hacia sonidos más electrónicos y puramente ochenteros, suenan estupendamente y nos dejan canciones notables. Sin embargo, en un par de ocasiones, se dejan llevar por un sonido que acaba convirtiéndoles en una especie de U2 de segunda. Es el caso de “Fractured” y “Close To The Dirt”, que tiran bastante de esa épica que contenían los discos de los 80 de Bono y compañía. Y bueno, la primera tiene un pase, pero es que en la segunda casi se acercan a Coldplay. Y por ahí no paso.

Ellos mismos hablan de New Order, The Cure, o David Bowie como principales influencias. Y es cierto que el sonido de los primeros si se puede apreciar en “Silent Fall”, en la que, con la ayuda de Anne McCue, se van a mundos más electrónicos. Incluso en “No Joy”, que es mucho más dance y nos puede llevar a esa época en la que la banda de Manchester se volvió loca con Ibiza. Pero lo cierto es que yo también noto una fuerte influencia de bandas de aquella época mucho más mainstream. De hecho, “Signal” y “Prefix Patriots” no puede sonar más a Duran Duran. Y si nos vamos a “She Lies Awake”, la que es la joya de la corona del álbum, nos encontramos con una estupenda canción que parece un cruce entre Simple Minds, Echo and the Bunnymen, y sí, otra vez U2. Y yo encantado.

7,6

Field School – When Summer Comes

Supongo que los seguidores más poperos del blog tienen más o menos presentes a Math and Physics Club, ese combo de indie-pop de Seattle que, a lo largo de los últimos quince años, nos ha dejado algunos discos más que interesantes. Aunque sí es cierto que su último trabajo ya data de 2018. Pero bueno, ya sabéis, entre medias, hemos tenido una pandemia. Y lo cierto es que esa ha sido la razón por la que Charles Bert, cantante y guitarrista de la banda, emprendió una nueva aventura llamada Field School. Porque, al ver que no tenia la oportunidad de grabar con sus compañeros de banda, decidió componer y grabar él solo estas canciones en su casa de Olympia. Incluso aprendió a tocar algunos instrumentos sobre la marcha. Y hay que decir que ha dado con una colección de canciones deliciosa.

Bert describe el sonido de Field School como jangle y fuzz pop con tintes de lo-fi. Ahí es nada. Un sonido que le viene muy bien a sus canciones melancólicas, las cuales hablan del cambio de estaciones, o de esos paisajes con los que cuenta la zona noroeste de los Estados Unidos. Lo que hace que ‘When Summer Comes’ sea un disco con una fuerte influencia de la escena de Olympia. Una ciudad que, por otro lado, siempre ha contado con una gran cultura musical. De hecho, ahí tenemos un sello como K Records, que en cuatro décadas ha publicado referencias de bandas como Talulah Gosh, Heavenly, o Beat Happening. Por no hablar de su enorme influencia en la escena alternativa de los noventa.

Tengo que reconocer que me gusta mucho como le sienta ese sonido lo-fi a las composiciones de Bert. Sobre todo, porque la distorsión cuenta con más protagonismo que en sus canciones con Math And Physics Club. Y eso hace que el indie-pop que aparece en temas como “Loving Me Was Never Gonna Work Out”, “Jennifer Valentine”, o “Moon Jellies”, suene más vigoroso y agresivo. Aunque eso sí, nunca pierde el tono melódico del asunto, como bien muestra en “Is This Our Love Song?”, o en esa “You Will Be Light” final, que son un buen ejemplo de como hacer buen pop con algo de suciedad.

Sí es cierto que por aquí también aparece ese pop más twee que ha marcado la carrera de su banda. Pero incluso en esta faceta suena un poco más efusivo. Solo hay que escuchar “I Just Want to Paint You in Pictures”, todo un himno pop lleno de guitarras que brillan, pero que cogen un poco de suciedad en su parte final. O el tema titular, que lo lleva a mundos más soleados. Además, está muy acertado en los cortes más reposados. Como en la preciosa “I’m Starting to Feel a Bit Like Myself Again”, que es algo así como si Teenage Fanclub tratarán de ser la Velvet. O la esperanzadora “Don’t Let This Moment Pass You By”, que te acoge con su monótono ritmo de guitarra y su estribillo de autoayuda. Además de esa joya llamada “If You See Me Around Just Act Like You Didn’t”, donde vuelve a ensuciar un poco su sonido.

7,8

Weyes Blood – And in the Darkness, Hearts Aglow

No tenía muchas esperanzas puestas en el nuevo trabajo de Weyes Blood. Y eso que el anterior me encantó. Pero sí es cierto que me ha costado un poco meterme en los singles previos que ha ido sacando. Lo que me lleva a la conclusión de que, al final, estos adelantos no valen para hacerse una idea previa de por dónde va a ir un álbum. Y menos uno como este, en el que no se propicia el buscar un focus track, como dicen ahora, que se convierta en viral y termine petándolo. Pero es innegable que Natalie Mering tiene un talento excepcional, y al final, también me ha terminado de enganchar al darle unas cuantas vueltas completas al disco.

Según la propia Mering, ‘And in the Darkness, Hearts Aglow’, es la segunda parte de una trilogía que empezó con ‘Titanic Rising’. Al parecer, aquél, era el relato de una catástrofe que estaba por venir. Y, como ya os podéis imaginar, en este nuevo trabajo ya estamos en plena catástrofe. Pero ojo, que en un principio no iba a ser así, ya que tenía pensado hacer un disco con canciones menos catastróficas, pero la dichosa pandemia lo cambió todo. Así que, al final, termino por escribir una colección de canciones en las que habla del narcisismo de la población, del mal uso de las redes sociales, y del amor, claro. Aunque eso sí, asegura que, si no hay otro contratiempo, el cierre de la trilogía tendrá un final feliz.

La gran mayoría de canciones de ‘And in the Darkness, Hearts Aglow’ se cuecen a fuego lento. De hecho, son de duración generosa, y muchas de ellas se van a los seis minutos. Además, apuesta por un pop muy clásico que empieza reposadamente y termina en un derroche de épica orquestal. Y hay que decir que le funciona a la perfección. Algo que resulta evidente en cortes como “It’s Not Just Me, It’s Everybody” o “Grapevine”, en los que su voz te acoge de la forma más cálida entre un manto de instrumentos de cuerda. O en esa “A Given Thing” protagonizada por un piano, con la que cierra el álbum, y que no puede resultar más emocionante.

Lo que me parece más curioso de este quinto álbum de Weyes Blood, es la elección de singles. Que ojo, como ya he dicho antes, me han terminado gustando, pero hay varios cortes en el álbum mucho más directos. Empezando por “Children of the Empire”, una joya de claro sonido retro -me flipa como suena ese chasquido de dedos que aparece a mitad de canción- que se pega a la primera. O ese balandón llamado “Hearts Aglow”, el cual va subiendo de intensidad hasta llegar a un tramo final épico y maravilloso. Incluso “Twin Flame”, en la que se sale del guion y se va hacia caminos más sintéticos, resulta mucho más pegadiza. Y si nos vamos a “The Worst Is Done”, nos encontramos con un delicioso, y animado, corte de pop de claros aires setenteros. Así que sí, estamos ante un disco más variado de lo que podría parecer en un principio.

8,1

Depresión Sonora – El arte de morir muy despacio

Ya comenté ayer que estaba de lo más enganchando a la nueva corriente post-punk nacional. Y entre los artistas que mencionaba, estaban Depresión Sonora, que no es otra cosa que el proyecto de Marcos Crespo, un madrileño que ha logrado un éxito notable en apenas un par de años. Y lo ha conseguido sin un sello grande detrás, y de una forma muy casera. No obstante, su primera maqueta, se convirtió en una de las bandas sonoras de los días de pandemia. Tanto en España, como en América Latina, donde está consiguiendo bastante reconocimiento. De hecho, ya sabe lo que es tocar en México, y para el año que viene tiene una gira que lo llevará a países como Chile, Perú, Costa Rica o Colombia.

Con tan solo una escucha de sus canciones, ya es fácil darse cuenta de las razones que lo han llevado a triunfar al otro lado del charco. Por allí, la escena dark y post-punk, está más que consolidada y cuenta con una buena legión de seguidores. Y hay que reconocer que Crespo maneja de maravilla estos sonidos donde las guitarras oscuras, pero muy melódicas, y las cajas de ritmos aceleradas, se llevan buena parte del protagonismo. Sí es cierto que se le notan las influencias por todos los lados, y que a veces coge prestadas cosas muy evidentes –“Voy a explotar” casi podría ser una versión del “Disorder” de Joy Division-, pero lo hace con bastante talento. Además, le da un toque bastante personal.

El arte de morir despacio’ es álbum conceptual dividido en tres partes en el que Crespo aborda tres etapas vitales de su vida. Así, el disco se abre con ‘Parte I: introducción a la entropía”, que presenta un lado más sintético con uno teclados que se van acelerando poco a poco. Pero, inmediatamente después, nos deja “Bienvenido al caos”, la que podría ser la mejor carta de presentación para alguien que no ha escuchado a Depresión Sonora en su vida. Aquí aparecen todos sus ingredientes favoritos a la hora de crear una canción. Es decir, las cajas de ritmos aceleradas, las guitarras melódicas, un estribillo muy pop, y una letra que refleja la mierda de mundo que le ha tocado vivir a su generación. Una formula que casi calca en “Veo tan dentro”. Aunque esta vez estamos ante una canción de amor. Eso sí, la canción de amor por excelencia del álbum es “Dos adolescentes y su primer amor”, en la que baja la velocidad al mínimo y entrega un tema de lo más bonito.

La segunda parte se abre con “Parte II: la abrazo con fuerza”, y en ella ya vemos un cambio en sus letras, que son más deprimentes y derrotadas. Además, en su parte final, nos deja el momento más potente e intenso de todo el álbum. Esa intensidad también se deja ver en “Te mientes a ti mismo para ser feliz” y “Voy a explotar”, en las que aparece su faceta más oscura. Sin embargo, en la tercera parte, la cual se abre con “Parte III: muerte y resurrección”, nos presenta una supuesta liberación que llega con la muerte. Y eso se refleja en cortes como “Fumando en mi funeral” y “Dónde están mis amigos”, que suenan tristes, pero muy pop. Una faceta que refuerza en “Como todo el mundo”, el tema que cierra el disco con el estribillo más pop de su corta carrera.

7,9

Margarita Quebrada – Gas lágrima

Estoy totalmente enganchado a esta corriente de bandas nacionales que hacen un post-punk oscuro y algo electrónico. Artistas jóvenes como Dharmacide, Depresión Sonora, o Margarita Quebrada, que son los que caen hoy por aquí. Y me gusta porque, a pesar de tirar de un sonido tan anglosajón, le dan un toque muy spanish. De hecho, al escuchar las canciones de este álbum de debut de Margarita Quebrada, más de una vez me ha venido a la cabeza los primeros años de La Ruta Valencia -son de allí-. Años en los que en una noche se mezclaban bandas de post-punk, synth-pop, e incluso rock -el extended del “Rain” de The Cult era un clásico de esas noches-, y que nada tienen que ver con lo que se puso de moda después. Además, es algo que está de actualidad, ya que incluso han hecho una serie.

Margarita Quebrada debutaron en 2020 con ‘Luces’, un EP de cinco canciones en el que se iban hacia un post-punk muy melódico y sintético en el que las cajas de ritmos aceleradas contaban con bastante protagonismo. Y algo de eso hay en este ‘Gas lágrima’. Además, nada más empezar, con la estupenda y pegadiza “Azul”. O en la algo más electrónica “No sé cuántas horas”, donde los teclados ya empiezan a sonar de forma diferente, y donde encontramos la colaboración del canario Luz Futuro, otro de los artistas de esta escena que están despuntando. Pero, poco a poco, la cosa empieza a cambiar. Así, nos encontramos con una canción como “Otro lado”, que empieza como un hit de synth-pop, y termina con un ataque de voces y ritmos distorsionados. Y todo esto con la ayuda de dos artistas femeninas como Xenia y Merina Gris.

A medida que el disco va cogiendo forma, también se va volviendo más bailable. Los sonidos post-punk desaparecen y, en su lugar, nos encontramos con una canción puramente electrónica como “Llanto gris”, en la que no tienen ningún problema en samplear un hit tan enorme como el “Children” de Robert Miles. Y lo que es mejor, salir airosos de ello. O con el tema titular, donde juegan con las voces entre ritmos electrónicos y bailables. No obstante, según he leído por ahí, es un homenaje a Sophie. Lo bueno es que también saben llevar esta faceta más electrónica a su lado más pop. Y ahí es cuando nos dejan temas notables como “Descongelada” y “Odio que me mires”. Aunque en la segunda se vuelvan un poco locos con los teclados chirriantes. Aunque para locura, “Tu mitad”, que sirve de cierre del álbum, y en la que junto a Blu Boi, llenan su música de cajas de ritmos hiper-aceleradas y contundentes.

7,9

CD Ghost – Night Music

No he encontrado mucha información de CD Ghost. Tan solo que es un dúo formado por Cody Han y Blake Dimas, y que está afincado en Los Ángeles. Lo que sí sé es que me cautivaron al instante hace unos meses, cuando escuché por primera vezOn My Mind”, uno de los adelantos de este álbum de debut. Y es que, estos dos chicos han dado con la mezcla perfecta de eso que ahora se llama darkwave, y el synth-pop más melódico. Además, para rematar, también tienen un toque ensoñador que hace de su propuesta algo todavía más interesante.

Night Music’ es un álbum que se compuso con los dos miembros del dúo a miles de kilómetros de distancia. Por un lado, Blake Dimas estaba en Los Ángeles, pero en aquella época Cody Han se encontraba en Beijing. Y, según ellos mismos, estamos ante un trabajo que es “similar a sentarse tranquilamente durante la noche, observar sus cambios, y el ascenso de la luna mientras el aire fresco te empieza a rodear”. Una descripción un tanto poética, pero la verdad es que también es muy acertada. Más que nada, porque es un disco frío y sintético, pero, a la vez, también un tono acogedor y cálido.

Lo que más me gusta de este debut de CD Ghost es cuando los teclados brillan y se quedan con todo el protagonismo. Es el caso de “Sleepwalk”, un tema que nos presenta ese lado un tanto darkwave que tanto les gusta, pero que también cuenta con un sonido muy luminoso y ensoñador. Y si nos vamos a temas como “Nowhere” y “On My Mind”, nos encontramos con dos cortes que son puro synth-pop. De hecho, la segunda, es una semi-balada absolutamente deliciosa. Pero incluso van mucho más allá en su inclusión en mundos más pop, y en temas como como “If Only” y “I Don’t Wanna Live Forever” se meten hasta en mundos algo bailables. Y hay que decir que con bastante acierto.

A pesar de que su faceta más relajada y ensoñadora me parece más básica, sí que tengo que decir que también tiene momentos bastante notables. Sobre todo, cuando se lanzan hacia sonidos que podrían entrar en los últimos discos de Beach House. Y es que, temas como “Dancing With a Ghost” o “Rewind” están dentro de ese dream-pop sintético y frío, que, sin embargo, resulta muy acogedor. De hecho, es la opción que escogen para cerrar el disco, porque, aunque “World Spins Slow” es un poco más épica y efusiva, no deja de tener ese toque ensoñador.

7,8

Christine and the Queens – Redcar les adorables étoiles (prologue)

Creo firmemente que Héloïse Letissier es uno de los artistas de pop más interesantes de la actualidad. Y digo uno, porque hace apenas unos meses se declaró un hombre trans. Bajo el seudónimo de Christine and the Queens, nos has dejado un par de discos realmente notables. Además de ese EP de 2020 llamadoLa vita nouva’, el cual contenía esa maravilla llamada “People, I’ve been sad”. Y ahora, dos años después, vuelve con un cambio de rumbo en su carrera. Para empezar, lo de Chris ya se acabó, y se supone que ahora se presenta bajo el nombre de Redcar. Aunque ya os digo que en las plataformas de streaming sigue apareciendo como Christine and the Queens. Y luego tenemos un cambio de sonido bastante pronunciado.

Redcar les adorables étoiles (prologue)’ es un disco un poco apresurado que nace de la repentina muerte de su madre en 2019. De hecho, lo de Redcar viene porque, tras su fallecimiento, no paraba de ver coches rojos todo el rato. Y es un disco apresurado porque lo compuso y grabó en tan solo dos semanas. De hecho, ha tenido sus más y sus menos con la discográfica, que ya ha dejado claro que esto algo así como el prólogo del disco que ya ha grabado junto al productor Mike Dean (Madonna o Lana del Rey), el cual saldrá el año que viene. Y lo cierto es que resulta evidente que estamos ante una producción más casera. Además de ante un sonido mucho más oscuro.

Al parecer, tanto este disco, como el que viene, forman parte de un proyecto inspirado en ‘Angels In America’, una obra de teatro sobre la peor época del SIDA -se estrenó en el 91-, que tuvo bastante éxito en su adaptación para la televisión. Es más, la podéis ver en HBO, y ya os digo que es absolutamente recomendable. Pero también es muy oscura y trata el tema de una forma bastante cruda -no creo que se pudiera tratar de otra forma en aquella época-. Algo que se refleja en el sonido de este disco, que deja de lado su faceta más funk, para meterse en un mundo sintético inspirado en los Depeche Mode más dark, Roxy Music, o Fad Gaget. Y lo cierto es que ha dado con una mezcla un tanto curiosa, y con un hilo conductor bastante coherente. Eso sí, de cara a su éxito, tiene una gran pega: apenas hay singles potenciales.

Rascando un poco, se pueden encontrar algunos temas que sirvan para vender el disco. Es el caso de “Tu sais ce qu’ll me faut”, y su potente caja de ritmos que retumba entre sus lamentos vocales. También funciona muy bien “rien dire”, una preciosa balada sintética en la que pierde un poco la oscuridad. O ese ataque de synth-pop lo-fi que es “Looking for love”. Además de “Je te vois enfin”, en la que resulta evidente esa influencia de los Depeche Mode de mediados de los ochenta. Pero lo cierto es que tampoco le hace falta ser muy directo para dar con unas cuantas canciones redondas. Es el caso de “Ma bien aimée bye bye”, que lleva en mi cabeza todo el fin de semana. O de la densa y etérea “la chanson du chevalier”. Además de “Les âmes amantes”, que cierra el disco con un synth-pop extraño, pero a la vez, muy atrayente.

7,7

Dazy – OUTOFBODY

Dazy es el proyecto de James Goodson, un publicista independiente de Virginia que durante la pandemia se entretuvo componiendo y grabando canciones como si no hubiera un mañana. Y todo desde su propia casa, claro. Muchas de ellas aparecieron en ‘MAXIMUMBLASTSUPERLOUD: The First 24 Songs, una especie de recopilación en la que ya se veían por donde iban a ir los tiros en su carrera. Unos tiros que viran hacia un power-pop lleno de riff potentes, pero absolutamente melódicos. Pero no se queda ahí, porque en su música ahí influencias tan dispares como The Jesus and Mary Chain, el punk-rock de los noventa, Nirvana, o el pop de los sesenta.

La duda principal es sigue consigue llevar esa mezcolanza a buen puerto. Y hay que decir que sí lo hace. Más que nada, porque al final, es el pop el que gana la partida. Además, para ser un proyecto casero, todo suena a lo grande. Los riffs son contundentes, las cajas de ritmos se hacen notar, y no tiene ningún problema subir de intensidad su power-pop cuando la situación lo requiere. Solo hay que escuchar “Out of Body”, la canción que abre el álbum, y una muestra de lo bien que fusiona el rock más guitarrero con su lado más pop. De hecho, en ella, cuenta con un deje a los primeros Oasis. El cual, por cierto, es más acusado en cortes como “Motionless Parade” y “Gone”.

OUTOFBODY’ tan solo dura 25 minutos, pero en ese corto periodo de tiempo nos deja doce canciones que merecen bastante la pena. Sobre todo, cuando aparece su lado más pop. Es el caso de “Deadline”, que cuenta con unos guitarrazos propios de los hermanos Reid, y con un estribillo de lo más melódico. O “Ladder” y “Asking Price” en las que vuelve al britpop más sucio y guitarrero. Y en el Reino Unido sigue en “Choose Yr Ramone”, un tema en el que aparece el sonido Manchester. Aunque sí es cierto que la letra habla de los Ramones. Además de “Inside Voice”, en la que demuestra que puede dejar de lado la distorsión y entregar una bonita balada.

Tengo que reconocer que el lado más punk-pop me tira menos. Todas esas bandas de los noventa que sonaban igual no me dicen nada -y eso que en aquella época tuve mi par de años en los que los escuchaba-. Lo bueno es que Dazy lo mezcla todo muy bien, y aunque la base de algunas canciones tira hacia ese sonido, las envuelve muy bien en mundos más pop. Ahí está la acelerada “Split”, la cual corona con un delicioso teclado. O esa “AWTCMM?” tan californiana que adereza con unos punteos de guitarra bien sucios, y que al final resulta simpática y entretenida. Más o menos, como todo el álbum.

7,6

Soft Kill – Canary Yellow

Hace dos años, cuando puse por aquí el anterior trabajo de Soft Kill, comentaba que era un buen disco al que le faltaba algo de coherencia. Y es que, aunque la oscuridad era el trasfondo del ese álbum, cada canción era un mundo diferente. Algo que ha cambiado por completo en el sexto disco de la banda de Oregón. Estamos ante el que puede que sea el álbum más luminoso de su carrera, y en el que, además, se acercan a mundos mucho más pop. De hecho, casi se podría decir que podemos sacar la etiqueta post-punk de la ecuación. Y hay que decir que han dado en el clavo con este sonido más pop y amable.

Lo que más sorprende de ‘Canary Yellow’ es el protagonismo con el que cuentan las guitarras acústicas y la limpieza que planea a lo largo de buena parte del álbum. Eso, unido a los teclados brillantes y ensoñadores, y a la melancólica voz de su cantante, que no puede sonar más a la de Robert Smith, hace que nos vayamos a mundos más indie-pop. Además de a los inevitables ochenta. Y la verdad es que se les da de maravilla acercarse a ese sonido, porque canciones como la intensa “Cracked Candles”, la algo más oscura “Rock & Blows”, o esa “Congratulations Text” tan melancólica, son estupendas. Además de esa joya llamada “Cicero” que adelantaron hace ya unos cuantos meses.

Como ya he dicho, sacan muy poco las garras, y cuando lo hacen, las fusionan con un toque de suavidad. Es el caso de “Magic Garden”, que empieza con una efusividad guitarrera que poco tiene que ver con el resto del álbum, pero las guitarras acústicas van entrando poco a poco y se meten de lleno en un estribillo redondo y muy pop. Otro caso podría ser el “Domino”, que cuenta con una parte intermedia un tanto más cruda, aunque es solo un espejismo, porque en el resto de la canción están mucho más pop. De hecho, al final, se pasan un poco de frenada y se hacen con unos coros muy épicos que casi podrían ser de los U2 de los ochenta -los buenos.

Al igual que en su anterior trabajo, aquí también encontramos una voz femenina invitada. En este caso es Ruth Radelet, la que fuera vocalista de Chromatics, que tras la disolución de la banda ha emprendido una carrera en solitario. Con ella hacen “The Line”, un bonito corte coronado por una caja de ritmos en el que aparece la faceta más sintética del disco. Además de ese lado más dream-pop que también se deja ver en “Lake Shore Drive”, el tema que cierra el álbum. Aunque sí es cierto que aquí lo hacen de una forma más sucia y cercana al shoegaze. Algo que, como ya sabemos, también se les da muy bien.

7,8

Special Interest – Endure

Me sorprende bastante que esté hablando de un disco de Special Interest en el blog. Hasta este año, la propuesta del grupo de Nueva Orleans no me terminaba de convencer. Por un lado, me gustaba su discurso, muy queer, social y combativo, pero su punk abrasivo me tiraba para atrás. Pero esto ha cambiado con su tercer trabajo, porque no solo siguen manteniendo su discurso, ahora también se han preocupado por dar un toque más melódico a sus canciones. Incluso llegan a meterse en terrenos dance en más de una ocasión. Y todo esto sin perder la fuerza que siempre ha caracterizado su música.  

Endure’ nace de esa época de convulsión que vivió Estados Unidos en 2020, cuando sus ciudades se llenaron de protestas por el asesinato de George Floyd. En esa época fue cuando escribieron estas canciones, en las que no solo hablan del racismo evidente que hay en su país, también de la gentrificación, o de la cada vez más evidente brecha social y económica que vive la supuesta primera potencia del mundo. Y para reflejar este caos, han llenado sus canciones de cajas de ritmos que van a toda leche, bajos contundentes, y sus habituales guitarras rugientes. Además de ese vozarrón con el que cuenta Alli Logout

Lo primero que llama la atención del tercer trabajo de Special interest es su producción, que es mucho más limpia y se aleja bastante del lo-fi de sus dos primeros álbumes. Y gracias a esto, temas como “Cherry Blue Intention”, “Foul”, o “My Displeasure”, que son un tanto agresivos, entran bastante mejor que sus viejas canciones. Y si a esto le añadimos ese toque más electrónico que tiene el álbum, nos encontramos con cosas tan potentes como “Impulse Control” o “Concerning Peace”, donde esas cajas de ritmos aceleradas se fusionan con unos teclados oscuros, pero bastante melódicos. 

La otra gran banza de ‘Endure’ es su acercamiento a la pista de baile. Además, sin perder sus señas de identidad. Solo hay que escuchar esa “(Herman’s) House” en la que se van hacia un sonido dance de lo más sucio y en la que hay hasta referencias a la música disco. Algo que resulta curioso, porque, como ya sabréis, el punk y el disco fueron dos movimientos que estuvieron enfrentados. Aunque también es verdad que los dos nacieron de la contracultura. Y luego tenemos la joya de la corona del disco, y casi diría que de su carrera. “Midnight Legend” es una pegadiza canción en la que el punk desaparece y se van directos a la pista de baile más sofisticada. Además, cuentan con la colaboración del siempre interesante Mykki Blanco

7,9