Dima Pantyushin & Sasha Lipsky – Peshekhod

Además de ser un país donde se pasan por el forro buena parte de los derechos humanos, Rusia también es toda una fabrica de nuevas bandas más que interesantes. Generalmente, cercanas a los sonidos post-punk y algo oscuros. Pero ese no es el caso de Dima Pantyushin y Sasha Lipsky, una pareja de artistas de Moscú que este año publica su álbum de debut. Y es que, aquí, estamos ante un synth-pop puramente ochentero y arty -en realidad, Pantyushin es un artista visual-, que resulta bastante resultón. Y todo gracias a ese punto retro que tienen sus canciones.

Peshekhod’ (peatón en ruso) es una especie de paseo y reflexión sobre la vida en la capital rusa. Y es que, a lo largo del todo disco, acompañamos a un moscovita mientras piensa en su trabajo y su existencia. O al menos eso es lo que dice la nota de prensa, porque, como os podréis imaginar, no controlo el ruso. El caso es que, todos esos sintetizadores y sonidos retro, le vienen como anillo al dedo a sus divagaciones rusas. Y eso que, en algunos casos, como en “Pigeon” o “Inner Light”, se les va la mano poniéndose teatrales y haciéndose un Sparks.

Lo bueno de este álbum de debut llega en su faceta más pop. Son capaces de llevar su frialdad sintética a la pista de baile y dejarnos hits del tal calibre como “Book” o “House (with an attic)”, la que, sin duda, es la gran canción del disco. Pero también se les da muy bien acercarse a un pop muy convencional salido directamente de los ochenta. Es el caso de la estupenda “Enthusiast”, donde, entre un ritmo bailongo, y un teclado juguetón, aparece un saxo. Una faceta que también se deja ver en la bonita y melancólica “Changes”. Y todavía tienen más que ofrecer, porque en “Ray of Sunshine” y “Telephone” se relajan un poco, y entregan un synth-pop elegante y arty que es una delicia.

Puede que el debut de Dima Pantyushin y Sasha Lipsky suene demasiado a sus influencias, pero la verdad es que las maneja bien, y con ellas han conseguido un disco notable y lleno de temas que te conquistan. Y eso, cantando en ruso, no es nada fácil.

7,7

Perfume Genius – IMMEDIATELY Remixes

Mike Hadreas tenía muy claro que las canciones de ‘Set My Heart On Fire Immediately’, el que fue su último trabajo bajo el nombre de Perfume Genius, y el mejor disco de 2020 para un servidor, podrían tener una segunda lectura. Y así, con la ayuda de unos cuantos artistas, se ha liado la manta a la cabeza y les ha dado una nueva vida a todas las canciones de ese trabajo. Y la verdad es que ha sido todo un acierto, porque, a pesar de que no todos los remixes son perfectos, sí que estamos ante un trabajo que nos muestra a un Hadreas diferente.

La primera sorpresa de ‘IMMEDIATELY Remixes’ llega nada más empezar. Esa “Whole Life” que lo abre, y que en su versión original casi parecía una nana, aquí, y de la mano de Jaakko Eino Kalevi, se convierte en una preciosa canción de pop un tanto más animada. Sí es cierto que nos es la tónica del resto del disco, en el que hay momentos realmente estresantes -el remix de “Just a Touch” que ha hecho Danny L Harle es duro de roer-, o alguna revisión más o menos desafortunada – tenia muchas esperanzas puestas en el remix que hace Westerman de “Nothing at All”, pero ha optado por construir algo que no tiene nada que ver con la canción original-. Aun así, hay momentos muy buenos.

Prácticamente, toda la primera parte del disco es de diez. El suave toque electrónico que le ha dado A.G. Cook a “Describe”, es una pasada, y nos deja la canción con una limpieza que no contaba la original. Luego tenemos ese lado ochentero que tienen algunas de las nuevas versiones. Es el caso de “Without You”, que más que un remix de Jim-E-Stack, parece uno de Womack & Womack. O esa “Jason” con toques de house que se saca de la manga Planningtorock. Pero lo mejor llega en “On The Floor” y “Your Body Changes Everything”. La primera sigue en la línea de la versión original, pero Initial Talk le da un toque mucho más electrónico, y por qué no decirlo, bastante más petardo, y la convierte en un hit pop de los ochenta. Sin embargo, Boy Harsher llenan la segunda de oscuridad, y hacen de ella un magnifico tema de coldwave. Lo mejor del disco, sin duda. Aunque también tengo que reconocer que me ha gustado mucho la delicadeza sintética que aporta Katie Dey a “Borrowed Light”.

Evidentemente, al ser un disco de remixes y pasar por las manos de tantos artistas, hay de todo un poco, pero hay que reconocer que son más las revisiones acertadas que las que no. Así que no se puede decir que estemos ante un experimento fallido.

7,5

The Weather Station – Ignorance

Estamos ante uno de los discos más importantes de 2021. Y no es que lo diga yo, es que lo dicen varios de los grandes medios internacionales, que lo han puesto por las nubes. Incluso, un periódico como The Guardian, ha colocado la palabra “masterpiece” al lado de las cinco estrellas de su crítica. Algo que se veía venir, porque los singles que publicó el año pasado Tamara Lindeman con este proyecto llamado The Weather Station, ya dejaban ver que aquí había algo más que interesante. Eso sí, yo tengo que decir que no soy tan entusiasta, pero sí que me parece un trabajo notable y entiendo las reacciones que está provocando.

Una vez más, estamos ante un disco que tiene muy presente una ruptura sentimental. Eso sí, lo hace desde el cambio que eso conlleva, y ese cambio ha hecho que su música sufra una trasformación. Hasta ahora, Lindeman, era una artista folk muy bien considerada, que ya obtenía muy buenas críticas con sus discos, pero ahora su música ha pasado a otro nivel. En este ‘Ignorance’, que ya hace su quinto álbum, ha metido dos baterías, un saxo, sintetizadores, instrumentos de cuerda, alguna flauta, o unas buenas dosis de guitarra eléctrica. Con todos estos ingredientes, se mete de lleno en un pop elegante, y con sabor a los 70 y los 80, en el que no le hace ascos a sonidos más jazz. Y ahí es donde consigue desmarcarse de otras propuestas de este estilo.

Lindeman juega muy bien sus cartas desde el primer corte del disco. Esa “Robber” que lo abre es una autentica joya, en la que juega con el saxo y con la sección rítmica para buscar ese toque jazzy. Esto, unido a la intensidad que va cogiendo la canción, y a su voz, sosegada, pero imponente, hace que el combo sea perfecto. Pero, aunque este tema es sobresaliente, lo mejor llega cuando se va al pop más directo. Cortes como “Atlantic”, “Tried to Tell You” o “Parking Lot”, nos presentan una Lindeman más animada y vibrante, que no tiene miedo a dejarse llevar por ese lado más melódico. Y lo bueno es que este sonido es el que se adueña de casi todo el álbum, porque canciones como “Loss”, “Separated” y “Heart” también tiran hacia ese mundo más colorido.

Os decía más arriba que yo no era tan entusiasta con este trabajo, y eso es debido a su parte final. Y es que, temas como “Trust” y “Subdivisions”, que son más íntimos, se me quedan algo empequeñecidos en comparación con ese sonido mucho más compacto que ha conseguido a lo largo del disco. Pero bueno, repito eso de que entiendo el entusiasmo, porque el cambio que ha dado a su música es digno de elogio. Además, ha dado con una propuesta bastante personal, lo que no es fácil.

8

Midnight Sister – Painting the Roses

No soy yo muy aficionado a eso del art-pop, pero de vez en cuando hay cosas dentro de esta etiqueta que sí me gustan. Porque, para ser sinceros, creo que pocos, o nadie, saben que entra dentro de esas dos palabras juntas. Así que, básicamente, todo lo que sea un pop poco convencional, lo meten ahí. Y la verdad es que Midnight Sister, el dúo de Los Angeles formado por Juliana Giraffe y Ari Balouzian, encaja perfectamente en esa descripción. De hecho, son dos artistas multidisciplinarios que hacen canciones, así que parece que la etiqueta está creada expresamente para ellos.

Painting The Roses’ es su segundo trabajo, y en él nos dejan unas cuantas canciones que, principalmente, beben de varios elementos la música de los setenta. Así, nos encontramos con toques glam, algo de disco, otro poco de folk, y una pequeña obsesión por el soft-rock más elegante. Todo enfocado con su personalidad, que no deja de ser una tanto extraña, pero también muy interesante.

El disco se abre con “Doctor Says”, un tema donde dan buena muestra de lo bien que se les da jugar con los sonidos retro. Aquí, sacan parte de su faceta soft-rock, y parte de su faceta glam, que juntas, funcionan estupendamente. Pero también lo hacen por separado, porque, tanto en “Satellite”, como en “Foxes”, los dos temas que vienen a continuación, se meten de lleno en estas facetas. En la primera juegan con ese rock sedoso y elegante que tantos adeptos tiene en estos días, y en la segunda se adentran a tope en el mundo del glam. De hecho, es un corte que es puro Bowie del 72.

Una de las cosas buenas que tiene este trabajo, es que también es muy variado. Eso sí, siempre con la mirada puesta en los setenta. Ahí está ese himno disco llamado “Sirens”, toda una joya en la que se van a una pista de baile de lo más elegante. Algo a lo que también se acercan en “Limousine”, otra de las joyas del álbum. Pero también saben hacer temas notables cuando bajan el ritmo y se ponen un poco más “arty”. Es el caso de las muy cinematográficas “My Elevator Song” y “Song for the Trees”, y de esa estupenda balada llamada “Wednesday Baby”. Además de la curiosa “Dearly Departed”, que con ese saxo me ha recordado bastante al último trabajo de U.S. Girls.

Es un disco curioso y, en algunos momentos, algo escurridizo, pero tiene unos cuantos cortes estupendos y termina enganchando.

7,8

God Sad Happy Bad – Shapes

Micachu and the Shapes es uno de esos grupos que me sonaban de oídas pero que nunca me había parado a escuchar. Hasta ahora, porque, aunque estemos ante un trabajo de Good Sad Happy Bad, lo que nos encontramos aquí es el nuevo álbum de Micachu and the Shapes. Y es que, Mica Levi, la artífice de este proyecto, además de reconocida productora y compositora de bandas sonoras, ha decido rebautizar a su banda con el nombre del disco que editaron en 2015. No sé cuál ha sido la razón que le ha llevado a esto, pero me alegro, porque me ha descubierto a su formación y me he encontrado con un trabajo absolutamente fantástico.

Shades’ es un disco inclasificable al que la etiqueta de art-rock le viene como anillo al dedo. Pero no os asustéis, dentro de este pequeño universo de Levi, hay bastante espacio para el pop. De hecho, hay momentos en los que parecen unos Papas Fritas poseídos por el espíritu de Sonic Youth. Y es que, esta vez, Levi se ha quedado al margen en cuestiones vocales, y ha dejado que sea la teclista Raisa Khan la que lleve la voz cantante. Ella ha preferido jugar con esa guitarra tuneada -como Lee y Thurston- y sacar unos sonidos realmente alucinantes. Además, han metido a Cj Calderwood al saxo y a las programaciones electrónicas.

Todo este baile de puestos en la formación ha hecho que su música suene de lo más fresca. Así, desde el principio, con ese instrumental lleno de psicodelia llamado “Do It”, nos encontramos con un sonido que brillante que te atrapa con bastante facilidad. Y si a esto le añadimos ese toque más pop, vemos que aparecen auténticas joyas, como la delicada “Star”, la juguetona “Honey”, o esa delicia llamada “Shades”. Eso dentro de su lado más amable, porque cuando la guitarra de Levi ruge, lo hace sin contemplaciones. Eso sí, también consiguen momentos de lo más memorables. Es el caso de “Blessed”, de la muy potente “This Skin” -es impresionante como suena esa guitarra-, de la más oscura “Reaching”, o de ese tremendo dúo final formado por “Pyro” y “Universal”.

Puede que estemos ante el quinto trabajo de la banda, pero el cambio de nombre, y esos bailes en la formación que comentaba más arriba, le han dado un nuevo aire a su música. Así que podríamos decir que han rejuvenecido con este trabajo.

8

Braids – Shadow Offering

Poco a poco, y con cada nuevo disco que han ido sacando, los canadienses Braids han ido adaptando su música a un pop más convencional. Sus comienzos, en los que experimentaban un poco con la electrónica, ya quedan lejos. Y eso es lo primero que notamos al darle una escucha a este ‘Shadow Offering’. Su primer trabajo en cinco años es mucho menos sintético de lo habitual, y la instrumentación más clásica toma mucho más protagonismo. No obstante, está producido por Chris Walla, el ex guitarrista de Death Cab For Cutie.

Según la propia banda, el disco está inspirado en un eclipse solar, y parece que eso ha hecho que estemos ante el disco más sofisticado y claro de su carrera. Un trabajo en el que la voz de Raphaelle Standell-Preston, que no puede estar más en primer plano, es la gran protagonista. Un disco que también tiene un poso orquestal y que, por momentos, me ha recordado a Kate Bush. Principalmente por la voz de ella, que suena teatral y, en algunos casos, algo excesiva. Eso sí, para bien, porque le pega bastante a su música esa exageración.

La intensidad que asoma en casi todo el álbum se puede ver desde el principio con “Here 4 U”. Es un tema en el que está clara esa influencia de Kate Bush que mencionaba más arriba, y que cada vez es más común en los grupos actuales. Algo que también se aprecia en la estupenda “Eclipse (Ashley)”, o en la épica “Upheaval II”. Pero ojo, que no han perdido del todo su lado sintético, pero sí lo han adaptado a este pop que practican ahora. Ahí está la notable “Young Back”, con la que incluso nos podemos echar unos bailes, o la algo excesiva “Fear of Men”. Pero si hay un tema que sobresale dentro de esta faceta más electrónica, y de prácticamente todo el álbum, es “Snow Angel”. Estamos ante un corte de nueve minutos en la que dejan que sea un ritmo totalmente motorik el que lleve el peso. Además, cuenta con un arrebato ecologista de la propia Standell-Preston, el cual, por cierto, me ha recordado un poco a la Patti Smith reivindicativa de los setenta; esa que casi recitaba en lugar de cantar.

Quizá les falta perfeccionar un poco este nuevo sonido, que a veces resulta un poco frío, pero la verdad es que el disco es bastante disfrutable y tiene unos cuantos temas notables.

7,4

Okay Kaya – Watch This Liquid Pour Itself

Okay Kaya

La noruega, con residencia en Brooklyn, Kaya Wilkins, se ha convertido en una de las sensaciones de los últimos años. Ya no solo musicalmente con su proyecto Okay Kaya, también como modelo, desfilando para Balenciaga, Calvin Klein o Marc Jacobs, y como actriz, donde ha hecho sus pinitos en el cine independiente. Una toda terreno que, tras encandilar a King Krule o Jamie xx, publicó un primer trabajo con unas críticas más que notables. En ellas, se destacaba su buen hacer a la hora de fusionar el pop con la música lounge, y de ahí, pasar de vez en cuando a unos sonidos más propios de la mejor Sade. Ahora vuelve con un segundo álbum, y parece que hay algunos cambios (musicales).

Wilkins nunca ha tenido problema en contar historias personales en sus canciones. De hecho, para ella, escribir es toda una terapia que la ayuda con sus problemas mentales y sus traumas. Su primer trabajo era una buena prueba de ello, y todo un arrebato de sinceridad. Y su segundo álbum va por el mismo camino. Eso sí, lo hace con bastante sentido del humor, y es capaz de sacarte una sonrisa con una canción que habla de un internamiento en un psiquiátrico tras una depresión (‘Psych Ward’). Historias que adorna con dulces toques folk, y una calma que sobrevuela por casi todo el disco. De hecho, es un trabajo bastante cálido.

Okay Kaya tiene claro que no quiere enrollarse mucho en sus canciones, y nos deja 15 cortes que, en total, no llegan a los cuarenta minutos. La gran mayoría de ellos, se van hacia terrenos reposados en los que hay un poco de todo. Así, nos encontramos con deliciosas gemas de pop sixties (‘Insert Generic Name’ o ‘Overstimulated’), sedosos cortes cercanos al R&B (‘Baby Little Twin’ y ‘Symbiosis’), o algunos arrebatos más experimentales (‘Hallelu Ya Hallelu Me’ y ‘Givenupitis’). Pero, entre todas estas referencias tan suaves, y en muchos casos, etéreas, hay unos cuantos cortes que se salen de la norma. Y ahí es donde sale ganando. Porque, el electro-pop de ‘Asexual Wellbeing’ es absolutamente delicioso, y le da el que podría convertirse en su mayor hit. Más tarde nos encontramos con ‘Mother Nature’s Bitch’, donde vemos que tiene aptitudes para lanzarse al disco más clásico. Lástima que apenas lo desarrolle durante un minuto y medio. Y si nos vamos a ‘Stonethrow’, nos encontramos con un corte de synth-pop algo lo-fi, que es una auténtica delicia. Además de la ya mencionada ‘Psych Ward’, donde sale a la luz su faceta más rock.

Desde luego, no se puede negar que, como propuesta sonora interesante, este “Watch This Liquid Pour Itself”, cubre las expectativas con creces. Eso sí, creo que, si desarrollara sus canciones con más ganas, podría dar con una colección de temas sobresaliente. De momento, se queda en el notable.

7,4

Dan Deacon – Mystic Familiar

Dan Deacon

Han pasado cinco años desde “Gliss Riffer”, el que es el último álbum oficial de Dan Deacon, y el que más popularidad le dio en su día. Pero el de Baltimore no ha estado parado durante todo este tiempo. De hecho, ha estado muy ocupado haciendo bandas sonoras, una actividad que, según el mismo, le llena mucho y le hace seguir en el mundo de la música. Además, también ha tenido tiempo para estrenarse como productor para otros. Concretamente para el tercer álbum de la banda de art-punk Ed Schrader’s Music Beat. Vamos, que no es que haya estado muy parado.

Según la nota de prensa de su propio sello, “Mystic Familiar” es su trabajo más abiertamente emocional y transcendental. Además, es el primer disco donde muestra su voz tal y como es, sin pasarla por todo tipo de filtros. Y la verdad es que se agradece y le viene bastante bien a las canciones. Porque sí es cierto que estamos ante un disco más expansivo, en el que los países de teclados cobran protagonismo, y en el que se pone un tanto más épico de lo habitual. De hecho, algunos temas, tienen un cierto toque a banda sonora. Eso sí, no es la tónica.

Si hay algo que se le da bien a Dan Deacon, es hacernos bailar sin caer topicazos. Lo que podríamos llamar sus “canciones más normales”, no lo son tanto. Así, en este trabajo, vuelve a llenar sus composiciones de beats aceleradísimos, cacharrería electrónica, y una buena cantidad de teclados de lo más expansivos. Con estos ingredientes consigue hacerse con unos cuantos temas absolutamente notables. Es el caso de ‘Sat By A Tree’, todo un hit, y una pequeña locura, a la que es imposible resistirse. O esa tetralogía llamada ‘Arp’, donde nos deja cuatro cortes que resumen bastante bien lo que nos encontramos en el disco. Porque, una de las cosas buenas de este álbum, es que nunca sabes cuándo te va a sorprender. Así, pasa del lado más ambiental, como es el caso de ‘Become a Mountain’ y ‘Weeping Birch’, a venirse arriba y crear toda una tormenta de teclados, como es el caso de ‘My Friend’ y ‘Bumble Bee Crown King’. Además, entre medias, es capaz de dar con ‘Fell Into the Ocean’, un relajado tema de synth-pop, que debe de ser la canción más amable de toda su carrera.

Mystic Familiar” confirma que Dan Deacon sigue yendo a su bola, pero también confirma que puede llevar su música a terrenos más pop sin necesidad de cambiar de personalidad. Algo que no es nada fácil y que ya intentó con su anterior trabajo, en el que se fue al pop, pero perdió parte de su lado más experimental.

7,5

Dog In The Snow – Vanishing Lands

Dog In The Snow

Dog In The Snow es el proyecto musical de Helen Ganya Brown, una chica inglesa de ascendencia tailandesa, a la que le va bastante el mundo oscuro. De hecho, quizá, se mete en demasiados “lugares comunes” cuando hablamos de oscuridad. Así, cita entre sus influencias visuales, a David Lynch o Ingmar Bergman. Además, su nombre viene de una novela de Kafka. Todo bastante predecible cuando se habla del mundo dark. Pero lo bueno, es que, musicalmente, sí que ha dado con una formula bastante interesante. Ella misma cita a Sufjan Stevens, Scott Walker o Brian Eno entre sus influencias. A lo que yo añado a Kate Bush, algo que resulta evidente nada más escucharla. Y si a esto le añades una dosis de electrónica, nos queda algo de lo más apañado.

Vanishing Lands” está hecho para transmitir una buena dosis de frialdad. Desde su portada, con esa foto en blanco y negro de una postal de lo más invernal, hasta su forma de encarar las canciones, en las que no da pie a ningún paisaje soleado. Y la verdad es que lo consigue desde el primer momento. Porque esa ‘Light’ que abre el disco, donde se deja llevar por una base rítmica electrónica y cruda, es brillante. Más que nada, porque sabe dotar la canción de algo más que una estética fría y oscura. Aquí hay chicha, y las buenas melodías y los estribillos redondos se van sucediendo a lo largo del disco. Eso sí, mejor cuando le da un poco de ánimo al asunto y se mete de lleno en sonidos más puramente electrónicos. Y es que, a ver quién se resiste a cortes puramente synth-pop como ‘Dual Terror’ o ‘Fall Empire’. Y ojo, que tampoco se le da nada mal ponerse un poco más cruda, y dejarnos un tema como ‘Icaria’, que cuenta con un pequeño tono más industrial.

La nota de prensa de su sello reincide en que lo suyo es el dream-pop con algo de art-rock, y la verdad es que hay bastante de eso. Un buen ejemplo es la intensa ‘Bloom’, que despliega épica por todos los lados. Quizá demasiada en su parte final. Se le da mejor fijarse en Cocteau Twins y hacer cortes un tanto menos pomposos, como es el caso de ‘This Only City’ y ‘Gold’. Pero ojo, que por mucho que quiera esconder su propuesta en un mundo oscuro, al final del disco nos demuestra que tiene un corazón pop. Y es que, curiosamente, esa ‘Dark’ que cierra el álbum, es la canción más luminosa del mismo, y auténtica delicia.

Habrá que seguir muy de cerca su propuesta, porque, aunque tira de referencias muy manidas, aquí hay bastante talento y una buena colección de canciones. De hecho, le he podido dar un par de escuchas a su álbum de debut, y tampoco está nada mal.

7,9

Jenny Hval – The Practice of Love

jenny hval

Hasta ahora, la música de Jenny Hval era bastante personal y, por qué no decirlo, algo rarita. La Noruega es una de las muchas artistas que buscan llevar su música más allá de lo meramente comercial. No obstante, también es escritora, y sus discos suelen ser conceptuales. Algo que ha cambiado un poco con su último trabajo. No porque de repente se haya lanzado a la radio fórmula, sigue creando temas de lo más personales e interesantes, pero ahora lo hace desde otra perspectiva. La que le da el mundo de la electrónica, la cual utiliza para llevar sus canciones oscuras a mundos más amables.

The Practice of Love” es otro trabajo lleno de sonidos oníricos y algo trascendentales. Hval utiliza todas las posibilidades que le da la electrónica, y termina creando unos preciosos paisajes sonoros fríos y melancólicos. Pero, ahora, se deja llevar un poco más y, en algunos momentos, se acerca a sonidos más bailables. Es el caso de ‘High Alice’, donde toda su introspección se fusiona con unos ritmos bailables más propios de una pista de baile norteamericana de finales de los ochenta (me han venido a la cabeza DNA). Más acelerada está en ‘Six Red Cannas’, en la que no tiene ningún problema en irse a la música electrónica europea de los noventa. Eso sí, muy bien acompañada por Vivian Wang, Felicia Atkinson, y Laura Jean, que colaboran a lo largo de todo el disco.

Lo bueno del séptimo trabajo de la artista noruega, es que, con tan solo ocho canciones, y en apenas 33 minutos, nos deja un álbum de lo más completo. Tenemos la electrónica sucia de ‘Lions’, donde se adueña del famoso “funky drummer”, ese ritmo que ha sido protagonista de tantas grandes canciones. Eso sí, lo rompe en mil pedazos, y con él construye una estupenda canción de lo más ensoñadora. Una destrucción que también aparece en la emocionante ‘Accident’, en la que parece que no quiere que el ritmo siga un patrón en concreto. Lo bueno es que consigue un estupendo resultado final. Y lo mejor es todavía hay canciones más interesantes en el disco. Y es que, a ver quién se resiste al synth-pop melancólico de ‘Ashes to Ashes’, que ya se ha convertido en una de las canciones de este 2019. O esa ‘Ordinary’ final, que ejerce maravillosamente de canción de cierre con ese crescendo tan emocionante.

Jenny Hval ha conseguido algo que no es nada fácil, que es crear una música más comercial y asequible, sin perder la personalidad que ha mostrado a lo largo de toda su carrera.

8