Godspeed You! Black Emperor – G_d’s Pee AT STATE’S END!

No me matéis, pero nunca me he sentido muy atraído por la música de Godspeed You! Black Emperor. Y es que, la primera vez que me puse con ellos, fue allá por el 2000, con el que precisamente sigue siendo su disco más aclamado. Pero en aquella época no estaba yo muy por la labor de meterme una buena dosis de post-rock. Así que ahí los dejé, aparcados más de dos décadas. Pero, como digo siempre, nunca es tarde para volver a retomar la carrera de un grupo (en este caso colectivo). Aunque tengo bastante trabajo por delante. 

G_d’s Pee AT STATE’S END!’ es su séptimo trabajo, y el cuarto tras su regreso en 2010. Y, según he podido leer por ahí, también es en el que vuelven un poco a las tormentas más eléctricas. Lo que hizo que, hace unos días, cuando le di la primera escucha, me explotara a la cabeza. No voy a ser yo el que diga que son unos expertos en los crescendos propios del post-rock, pero sí puedo decir que, como prácticamente nuevo oyente, me han dejado totalmente alucinado. Y no solo eso, también su faceta más avant-garde y reposada me ha cautivado a la primera. Ahí está “Fire at Static Valley”, que una preciosidad. 

Creo que no me equivoco si digo que en este 2021 nos vamos a encontrar con pocos momentos más intensos como el combo formado por “Job’s Lament” y “First of the Last Glaciers”. Resulta alucinante cómo va subiendo la primera y culmina con esa guitarra final -es flipante como suena esa puta guitarra-, y cómo recoge el testigo la segunda. Son 14 minutos en total de tensión sonora que reflejan lo mejor de un género que parece que vuelve a vivir un buen momento. Pero no se quedan ahí, también brillan a lo grande en ““Government Came” (9980.0kHz 3617.1kHz 4521.0 kHz)”, donde se van hacia el lado más épico del post-rock en once minutos realmente bellos. Y ojo, porque en ese tema dividido en tres y llamado “Cliffs Gaze / cliffs’ gaze at empty waters’ rise / ASHES TO SEA or NEARER TO THEE”, nos dejan toda una sorpresa. Y es que, en su parte final, se vienen arriba, y aceleran su música dejando totalmente de lado la calma que suelen tener sus canciones. Y sí, es una autentica pasada. 

Pues sí, con más de veinte años de retraso, me uno al club de seguidores de Godspeed You! Black Emperor. 

8,1

Caribou – Suddenly

Caribou

Está claro que la vida familiar influye en la carrera de todo tipo de músicos. Dan Snaith, más conocido como Caribou, dedicó buena parte de su anterior trabajo al nacimiento de su hija y, ahora, cinco años después, vuelve con un disco que tiene como nexo común los cambios que la vida familiar proporciona en tu día a día. Quizá, por eso, estamos ante el disco más ecléctico y sorprendente del canadiense. Y no es que meta algún corte más pop de lo habitual, como hace siempre, es que, directamente, cada canción es un mundo. Y rizando un poco más el rizo, hay cortes que cambian radicalmente a medida que van pasando los minutos.

Suddenly” se abre con ‘Sister’, que casi es una nana cantada por el propio Snaith. Y es que, el de Ontario, está más cantarín que nunca e, inmediatamente después, nos entrega ‘You And I’, un corte puramente pop, y coronado por una deliciosa batería, en el que la electrónica solo cobra protagonismo en el estribillo. Y ojo, porque, encima, al final, se atreve con un solo de guitarra. Es un poco lo que decía más arriba, que sabes cómo empieza la canción, pero nunca cómo va a terminar. A excepción de los hits más bailongos marca de la casa, en los que todo sigue igual, y en los que no falla. Porque, tanto ‘Never Come Back’, como ‘Ravi’, se van hacia ese formula basada en la repetición constante de una frase o un sampler. Pero le vuelve a funcionar. Sobre todo en la segunda, que nos trae a un Caribou de lo más luminoso.

Una de las cosas que más sorprenden del séptimo álbum de Caribou, es que está plagado de sonidos más actuales que nada que tienen que ver con su propuesta habitual. Así, en ‘Sunny’s Time’, tiene tiempo para adentrarse en el mundo del hip-hop mientras juega con unos pianos desafinados. Y en ‘New Jade’ y ‘Like Loved You’, no tiene problema en sacarse de la manga un par de cortes que son puro R&B del siglo XXI. Y la verdad es que le han quedado muy bien. Pero también tiene tiempo para echar un vistazo al pasado y meterse de lleno en sonidos más funk y soul. Es el caso de la tremenda ‘Home’, que casi parece hecha por un James Brown pasado de vueltas. Y todo gracias a un sampler de la cantante de soul de los setenta Gloria Barnes. O la delicada ‘Lime’, en la cual se adentra en un disco de lo más elegante. Eso sí, no se olvida de su lado más minimalista y etéreo, donde aparecen cortes como ‘Magpie’ (hola Air), o la extensa ‘Cloud Song’ (hola Radiohead), con la que cierra el álbum volviendo a retocar los teclados hasta el exceso, y logrando uno de los momentos más bonitos de todo el disco con esa guitarra final.

7,7

Jenny Hval – The Practice of Love

jenny hval

Hasta ahora, la música de Jenny Hval era bastante personal y, por qué no decirlo, algo rarita. La Noruega es una de las muchas artistas que buscan llevar su música más allá de lo meramente comercial. No obstante, también es escritora, y sus discos suelen ser conceptuales. Algo que ha cambiado un poco con su último trabajo. No porque de repente se haya lanzado a la radio fórmula, sigue creando temas de lo más personales e interesantes, pero ahora lo hace desde otra perspectiva. La que le da el mundo de la electrónica, la cual utiliza para llevar sus canciones oscuras a mundos más amables.

The Practice of Love” es otro trabajo lleno de sonidos oníricos y algo trascendentales. Hval utiliza todas las posibilidades que le da la electrónica, y termina creando unos preciosos paisajes sonoros fríos y melancólicos. Pero, ahora, se deja llevar un poco más y, en algunos momentos, se acerca a sonidos más bailables. Es el caso de ‘High Alice’, donde toda su introspección se fusiona con unos ritmos bailables más propios de una pista de baile norteamericana de finales de los ochenta (me han venido a la cabeza DNA). Más acelerada está en ‘Six Red Cannas’, en la que no tiene ningún problema en irse a la música electrónica europea de los noventa. Eso sí, muy bien acompañada por Vivian Wang, Felicia Atkinson, y Laura Jean, que colaboran a lo largo de todo el disco.

Lo bueno del séptimo trabajo de la artista noruega, es que, con tan solo ocho canciones, y en apenas 33 minutos, nos deja un álbum de lo más completo. Tenemos la electrónica sucia de ‘Lions’, donde se adueña del famoso “funky drummer”, ese ritmo que ha sido protagonista de tantas grandes canciones. Eso sí, lo rompe en mil pedazos, y con él construye una estupenda canción de lo más ensoñadora. Una destrucción que también aparece en la emocionante ‘Accident’, en la que parece que no quiere que el ritmo siga un patrón en concreto. Lo bueno es que consigue un estupendo resultado final. Y lo mejor es todavía hay canciones más interesantes en el disco. Y es que, a ver quién se resiste al synth-pop melancólico de ‘Ashes to Ashes’, que ya se ha convertido en una de las canciones de este 2019. O esa ‘Ordinary’ final, que ejerce maravillosamente de canción de cierre con ese crescendo tan emocionante.

Jenny Hval ha conseguido algo que no es nada fácil, que es crear una música más comercial y asequible, sin perder la personalidad que ha mostrado a lo largo de toda su carrera.

8

Let’s Eat Grandma – I’m All Ears

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Estaba totalmente confundido con respecto a la música de Let’s Eat Grandma. Por alguna extraña razón, pensaba que este dúo británico hacia pop convencional, y ni me paré a escuchar su primer trabajo. El caso, es que vi que tocaban en el Primavera Sound y que gente de la que me fio, las elogiaba, así que me puse con ellas. La sorpresa ha sido mayúscula, porque me he encontrado con que, su segundo álbum, es una estupenda colección de canciones de pop experimental, o eso que los anglosajones llaman Avant-garde. Además de algunos retazos de synth-pop.

El comienzo de “I’m All Ears” no puede ser más cinematográfico, con esa ‘Whitewater’ en la que fusionan la electrónica al estilo “Drive” con una épica propia de una película de ciencia-ficción. Y es que, este tipo de cine, parece que es una de sus mayores inspiraciones, porque al final nos dejan la extensa ‘Donnie Darko’, con la que rinden un homenaje al film de culto dirigido por Richard Kelly. Además, en ella, también nos encontramos con un algún momento “banda sonora”. Y es que, once minutos dan para mucho.

Rosa Walton y Jenny Hollingworth tienen muy claro que quieren hacer pop, pero lo que no quieren es sonar convencionales. Y lo consiguen en unos cuantos temas del disco. Como en el caso de ‘Hot Pink’, donde, ayudadas por Sophie, la reina de la PC Music, y Faris Badwan de The Horrors, se sacan de la manga un inusual hit lleno de percusiones extrañas, guitarreos sintéticos y ruidos de todo tipo. Aparte de esto, a mí me ha recordado un poco a la última Lorde, y eso siempre es bueno.   Sí están un poco más convencionales cuando se van hacia el synth-pop, pero, con todo, canciones como ‘It’s Not Just Me’, ‘Falling Into Me’ o ‘I Will Be Waiting Be You’, no se van a lo fácil. Y, precisamente por eso, suenan más frescas que el 90% del pop de la actualidad. Algo que también ocurre con alguna balada del disco, como es el caso de la intensa y épica ‘Snakes & Ladders’. Pero es en los nueve minutos de ‘Cool & Collected’ donde muestran sus mejores cartas a la hora de ponerse intensas. Ese subidón de piano y ese estallido final, es de lo mejor que he escuchado este año.

No cabe duda de que estamos ante un grupo diferente y con mucho talento. Además, tiene pinta de que, con este segundo álbum, lo van a petar.

8