Beirut – Gallipoli

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Beirut siempre me ha parecido el proyecto de un norteamericano idealizando el viejo mundo y sus músicas, algo por lo que nunca he llegado a creérmelo mucho. De hecho, salí espantando de un concierto suyo en un Primavera Sound. Pero esto ha cambiado con su último trabajo, el cual, por cierto, está recibiendo algunas de las peores críticas de su carrera (parece que me gusta llevar la contraria). Y es que, a pesar de que sigue con “world tour” de influencias, hay algo en este disco que sí me ha hecho conectar con su música. Quizá sea esa conexión con Berlín que tiene, y que se aprecia en varios de sus temas. O quizá sea que me pille un poco más abierto de mente que en otras ocasiones.

Al igual que sus influencias, “Gallipoli” es un disco gestado en muchas partes del mundo. Grabado entre las ciudades de Nueva York, Berlín y la Apulia italiana, el quinto disco de Beirut, o Zach Condon, que para el caso es lo mismo, es un poco más occidental que de costumbre. De hecho, temas tan bonitos como ‘When I Die’, ‘I Giardini’ (mi favorita), o ‘Landslide’ no distan mucho de lo que pueden hacer otras bandas de su país (me vienen a la cabeza The National). Incluso, esa ‘Varieties of Exile’, que es preciosa, tiene un aire a The Magnetic Fields. Y si ya nos vamos a ‘On Mainau Island’ y ‘Family Curse’, vemos que la frialdad de Berlín le ha cautivado del todo.

Sí es cierto que el mundo balcánico sigue bien representando en algunos temas. Principalmente, por el uso de las trompetas que hace en el corte que da título al álbum, que la verdad es que me ha entrado muy bien, o en la un poco más esquiva ‘We Never Lived Here’. Algo más extraña es ‘Corfu’ (hay que ver lo que le gusta bautizar a sus canciones con los lugares del mundo que le enamoran), una pieza instrumental en la que, supongo, que trata de llevar a su terreno los sonidos de esa zona del mediterráneo que tanto le han cautivado.

La verdad es que me ha sorprendido este disco, porque, a pesar de que tiene cosas que me siguen chirriando, es un trabajo bastante bonito. Y lo más importante, cuando termina ese precioso instrumental llamado ‘Fin’, me dan ganas de ponerme el álbum al completo de nuevo. Y eso no es muy habitual.

7,7

LNZNDRF – LNZNDRF

LNZNDRF

Me quito el sombrero ante los miembros de The National y su carrera musical sin descanso. Los de Ohio (o Brooklyn, como prefiráis), llevan tres años de gira ininterrumpida, están preparando su nuevo trabajo, y encima no paran de sacar proyectos paralelos. No sé cuándo descansarán, pero por mí que no lo hagan nunca. Sobre todo después de escuchar el debut de LNZNDRF, el grupo que se han montado los hermanos Devendorf junto a Ben Lanz, habitual colaborador de Beirut, Sufjan Stevens, y los propios The National. Todo un supergrupo que ha creado uno de los discos más interesantes de lo que llevamos de 2016.

Siendo banda de la sección rítmica de The National, es normal que tiren hacia el kraut, el rock intenso y la experimentación. Dicho así, parece que se han puesto raritos y han hecho un disco difícil. Pues no, se han sacado de la manga ocho canciones a las que no cuesta nada pillarles el punto, y eso que algunas de ellas son densas y largas. Como mejor ejemplo podemos coger los siete minutos de Future You, el tema con el que abren el disco. Aquí se van hacia un kraut-rock bastante melódico, al que llenan de guitarras intensas en su parte final. Algo parecido a lo que hacen en la maravillosa Hypno-Skate, en la que Bryan Devendorf vuelve a demostrar que sabe lo que es llevar el peso de una canción con su batería. Una batería que también se deja notar en Samarra, el experimental e hipnótico corte con el que cierran el álbum.

Muchos se preguntarán si hay algo parecido a The National en estas canciones. La respuesta es sí, y se llama Beneath The Black Sea. Aquí se acuerdan de su banda madre, pero se aceleran un poco y le dan más ritmo a ese estilo tan reconocible. Incluso la voz de Lanz tiene un cierto parecido con la de Matt Berninger – al fin y al cabo los dos están buscando el timbre de voz de Ian Curtis -. Les ha quedado de maravilla, y no estaría mal que probaran esto en el próximo disco de The National. Otro de los puntos fuertes del álbum es Mt Storm, donde se relajan un poco y se atreven con un estribillo más melódico y épico. Eso sí, lo acompañan unas guitarras crudas y realmente intensas. Sí me ha costado pillarle el punto a Kind Things, en la que se ponen más esquivos y algo más electrónicos. No está mal, pero no es de lo mejor del disco.

LNZNDRF han sacado un gran debut, y creo que no me equivoco al decir que también será uno de los discos de 2016. Además, los hermanos Devendorf también pueden presumir haber sacado un álbum mejor que el del jefe.

8