Kids on a Crime Spree – Fall In Love Not In Line

Kids on a Crime Spree es uno de los grupos menos prolíficos que ha dado el indie en los últimos quince años. El trío de San Francisco publica su música cuando le viene bien, y es fácil que pasen muchos años sin saber nada de ellos. De hecho, tras su álbum de debut en 2011, solo han editado un single doble y un split junto a Terry Malts. Hasta ahora, que vuelven con el segundo trabajo de su carrera.

La versión oficial de esta tardanza echa la culpa a una grabadora de 16 pistas que han tenido que arreglar. Y es que, el trío formado por Mario Hernandez, Becky Barron y Bill Evans, sigue apostando por el sonido analógico para grabar sus canciones. Algo que entra dentro de sus muchos aciertos. Porque si quieres hacer canciones que beben del sonido Brill Building, de los Ramones, o de las producciones de Phil Spector, mejor que lo hagas como se hacia antes. Y gracias a eso, sus canciones suenan de lo más auténticas.

Fall In Love Not In Line’ es una apisonadora sonora en la que van a toda leche. 24 minutos en los que cogen todas esas influencias, las ensucian con unas buenas guitarras y le dan algo de velocidad. Y así, mezclan el garage con el pop 60s en “Karl Kardel Building”; se adueñan del riff de “I Wanna Be Your Dog” en “Vital Points”, o se convierten en los Ramones en “All Things Fade”. Porque sí que parece que han endurecido un poco su sonido. Y la prueba de ello es lo potentes que suenan temas como “When Can I See You Again?” y “Goods Get Got”. Eso sí, siempre desde una perspectiva pop. Porque, además, no se olvidan de meterse de lleno en ese bubblegum-pop que manejan tan bien y que aquí aparece en temas como “Boomdoom” y “Steve, Why Are You Such a Liar?”.

Kids on a Crime Spree vuelven más potentes que nunca y con uno de esos discos con los que es imposible aburrirse. Solo espero que no estemos ante el único trabajo de su carrera en esta década.

8

Petite League – Joyrider

Petite League es el proyecto de Lorenzo Gillis Cook, un chaval de Syracuse, New York, que un día de 2015 decidido grabar las canciones que iba componiendo. Todo muy lo-fi y muy casero. Y así sigue seis años después, con una colección de temas tremenda a sus espaldas, y con un quinto trabajo recién salido del horno. Porque, aunque cuenta con su banda para las giras, sigue haciendo todo en sus discos excepto tocar la batería. Y sí, a pesar de que ya no necesita tirar de ese sonido casero con el que empezó, es fiel a sus principios, y no se sale de ahí.

Ya sabéis que no soy muy aficionado a los discos muy lo-fi, y menos en esta época, que puedes hacer uno con un sonido cojonudo en tu propia casa, pero hay veces que las canciones ganan la partida. Y es que, Lorenzo, es todo artesano del pop, y ni ese sonido escacharrado que presentan sus temas, logra eclipsarlos. Estamos ante un trabajo lleno de buenas melodías, estribillos redondos, y ritmos que van del garage al bubblegum. Sí, nada nuevo, pero este chico lo hace de maravilla.

Joyrider’ empieza a toda velocidad, y con una “Moon Dogs” que recuerda bastante a los Strokes más primerizos. Más garage se pone en “St. Michael”, el tema que viene a continuación, y todo un chute de energía guitarrera. Pero Lorenzo también disfruta de momentos más acústicos y menos potentes. Es el caso de “Naked”, una delicia en la que se deja llevar por una faceta más melancólica. Una faceta que también aparece en la estupenda, y muy The Lemonheads, “Greyhound”, y en “Marathon”, con la que cierra el álbum de la forma más austera. Pero lo mejor del disco siguen siendo los cortes en los que las guitarras rugen de la forma más pop posible. Es el caso de la acelerada “Dark Disco”, de la muy new-wave “New Tricks”, o del indie-rock de “Joyrider”.

Me ha gustado mucho la propuesta de este chico, pero sí es cierto que también me gustaría escuchar sus canciones con una producción decente. Porque creo que, si ya son notables dentro del mundo lo-fi, con un buen sonido pueden resultar excelentes.

7,8

Helen Love – Power On

Con la tontería, Helen Love ya llevan 28 años fusionando el pop bubblegum con el punk más melódico. La banda de la propia Helen Love, fanática de los Ramones, y entusiasta de todo lo que sea una buena melodía y un estribillo pegadizo, está viviendo una especie de segunda vida en los últimos años. Su anterior trabajo tuvo bastante repercusión dentro del circuito indie, que es donde se ha movido siempre, y los llevo a tocar en varios festivales importantes. Entre ellos, el Primavera Sound. Así que podemos decir que están ante uno de sus mejores momentos. Y eso se nota en su último álbum.

Power On’ es su noveno trabajo, y según la propia banda, su vuelta a su faceta más punk. Love ha redescubierto su vieja colección de discos, y se ha venido arriba con su lado más guitarrero. De hecho, para grabarlo, solo necesitaron un ampli barato, sus guitarras, la batería, y un viejo Casio -su única concesión al mundo electrónico-. Toda una declaración de intenciones, con la que consiguen su trabajo más fresco en mucho tiempo. Y es que, su energía, y su punto melódico, hacen que estas canciones se peguen al oyente con una facilidad pasmosa.

Estamos ante un álbum en el que no dan ni un respiro. Media de hora gloriosa de estribillos, guitarras, y ritmos acelerados. Además de múltiples referencias a otros artistas. Solo hay que escuchar esa “Debbie Take Control of the Stereo”, en la que meten parte del “Pump It Up” de Elvis Costello. O “Power of the Music”, donde no se cortan un pelo y meten el estribillo del “Come On, Let’s Go” de Ritchie Valens. Además de temas redondos como “Jackie from the Estate” o “No 1 Star”, que no pueden sonar más a los Ramones. Porque, todos estos “homenajes” forma parte de su rollo, y hay que reconocer que es una de las cosas que le dan encanto a su propuesta. Además de hacer canciones de punk-pop perfectas, como bien demuestran en “Dead in My Head”, “Top of the Pop Chart” o en esa “Summer Pop” final.

Es una pena que Helen Love hayan sacado este disco en plena pandemia y que no podamos disfrutarlo en una sala de conciertos o en un festival al aire libre, porque es toda una invitación a un pogo frenético de media hora. Pero no pasa nada, de momento lo disfrutamos en casa, y nos lo guardamos en la recamara para cuando toda esta mierda se acabe.

8

Crocodiles – Crimes Of Passion

Crocodiles es una de esas bandas que no empezó muy bien, y que poco a poco se han ido haciendo con una discografía de lo más interesante. De su primer trabajo apenas podemos destacar ese maravillo I Wanna Kill, y poco más. Pero en su segundo disco ya encontramos unos cuantos temas notables entre los que destacaban Hearts Of Love, y la contundente Mirrors. Han seguido una progresión que ya quisieran muchos, y su tercer trabajo ya era un disco casi redondo (poco había que descartar en ese Endless Flowers), pero en este cuarto álbum se han salido por completo.

Los de San Diego se han mudado, y ahora viven a medio camino entre en Londres y Nueva York, y para llevar un poco la contraria, ahora es cuando su música suena más pop y soleada. Es todo un acierto, ya que como he estado comentado por twitter esta mañana, cuanto más melódicos y poperos se ponen, mejores canciones sacan. Y este Crimes Of Passion es un buen ejemplo.

Para la producción del disco han confiado en Sune Rose Wagner, el líder de The Raveonettes, que ha hecho un trabajo excelente, y ha llevado su sonido un poco más allá. Si es cierto que hay momentos en los que parecen la banda danesa (She Splits Me Up es puro Raveonettes), pero para mi gusto, eso no es nada malo. Las dos bandas tienen unas influencias similares (The Jesus & Mary Chain, el rock norteamericano de los cincuenta y los sesenta…), y lo que han hecho es unir fuerzas. Por supuesto, el experimento funciona, y la prueba son estos 34 minutos de rock.

Crimes Of Passion se abre con I like in the Dark, un tema donde tratan de engañarnos metiendo un toque soul, y la voz de Afrodyete, miembro del grupo angelino Breakestra. A pesar de que no es su rollo, es un muy buen tema para abrir el álbum, y funciona. Además, en el segundo corte ya son los mismos de siempre, y nos dejan un delicioso tema de pop ruidoso, con una fuerte influencia sixties, llamado Marquis de Sade. Los hermanos Reid se dejan escuchar en casi todas las canciones del disco, pero uno de los casos más evidentes es Cockroach. El single de presentación del álbum, es un trallazo de apenas tres minutos, en el que meten un teclado con el que se han ganado el cielo. Además, pocos imitan tan bien esa pose chulesca que adoptaban los escoceses. En Heavy Metal Clouds y Teardrop Guitar siguen en esa linea, y aunque no están tan acertados como en el tercer corte, consiguen que por lo menos no pierdas la atención en el disco.

Hay dos canciones que me vuelven loco en este disco. Una de ellas es She Splits Me Up (la otra viene más adelante), que ya he comentado antes que suena mucho a The Raveonettes. Es un precioso tema con una guitarra limpia (con algo de suciedad) en primer plano, y un estribillo delicioso. Sin olvidarse de la inocencia del pop de los sesenta, claro. Me tiene absolutamente encandilado. Al igual que Me and My Machine Gun, donde casi parecen Echo & The Bunnymen. Gimme Some Annihilation es el tema más flojo del álbum, y casi se lo podrían haber dejado fuera. Pero bueno, no molesta, y además, a continuación llega mi otra canción favorita del disco: Virgin. esta es una de esas canciones que derrochan melancolía y nos dejan un melódico estribillo imposible de olvidar. Y es que le sienta de maravilla ponerse tiernos. Solo hay que ver como acaban el disco, con esa delicada Un Chant d’ Amour, en la que se dejan el ruido y la chulería de lado. Una preciosidad.

Desde luego, como sigan ascendiendo con cada disco, no sé donde van a terminar.

8,2

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