Gary Olson – Gary Olson

Como mucha otra gente, de vez en cuando necesito una cura de guitarras ruidosas, ritmos machacones o discos en los que la producción brilla por su ausencia. Y para eso hay una serie de artistas que hacen un pop preciosista en el que no hay sorpresas, pero sí mucha calidad. Por norma general suelen venir de Reino Unido, pero esta vez no es el caso. Gary Olson es un viejo conocido para los aficionados a este tipo de música, ya que durante casi dos décadas lideró a los estupendos The Ladybug Transistor, uno de los grupos de Brooklyn más british de la historia. Y con ese sonido sigue en su carrera en solitario.

El debut del neoyorquino huele a ese pop que practicaban en los ochenta Prefab Sprout, Lloyd Cole o The Blue Nile, pero también a bandas más contemporáneas, como Belle & Sebastian o The Divine Comedy. Y es que, estamos ante un disco sin sobresaltos donde las guitarras acústicas ganan la partida, los instrumentos de cuerda están a la orden del día, y las trompetas se dejan ver asiduamente. Todo esto aderezado con la delicada voz de Olson, que es de esas que te envuelven y te dan bastante paz.

El disco empieza con “Navy Boats”, un precioso corte de pop lleno de vientos, que ya nos da una idea de por donde van a ir los tiros en este trabajo. Canciones mayormente reposadas para disfrutar sin prisas, como es el caso de “Giovanna Please”, “Postcard from Lisbon”, o “Diego It’s Time” – no he conseguido saber quién es el Diego que protagoniza la canción-. Pero ojo, porque también se anima un poco de vez en cuando. Como buen artesano del pop, sabe cuando acelerar un poco sus canciones, y conseguir algo parecido a un hit. Es el caso de la magnifica “Some Advice”, donde incluso se atreve a meter unos bongos. O de “Afternoon into Evening” y “A Dream for a Memory”, dos de las pocas canciones en las que las guitarras cuentan con un poco de electricidad. Pero también de esa “The Old Twin” con la que cierra el álbum. Un tema que, a mí, particularmente, me ha recordado a Luna. Y eso siempre es bueno.

Si queréis un disco bonito y sin complicaciones para este verano, estáis ante el trabajo perfecto. Yo tengo que claro de que será uno de mis acompañantes fijos en estos días estivales.

7,9

Sondre Lerche – Patience

Se podría decir que “Patience” es el final de una trilogía que dio comienzo tras el divorcio de Sondre Lerche en 2014. Tres discos que empiezan por la letra P, y tres discos que no tienen mucho que ver entre sí. Porque, si en “Please” se iba hacia el pop de guitarras, y en “Pleasure” hacia mundo más sintéticos, en este último trabajo ha encontrado una nueva inspiración: la música ambiental. Pero no os asustéis, porque solo es una de las muchas influencias que se pueden apreciar en un disco variado y lleno de grandes momentos.

Esta nueva pasión por la música ambiental viene acompañada de su principal vía de escape: el running. Al parecer, el artista noruego, se ha aficionado a este deporte, y para practicarlo necesita música más o menos tranquila. De hecho, comenta que el año pasado corrió la maratón de Nueva York acompañado de una de lista de reproducción con canciones de William Basinski, The Field, y Steve Reich. Así que podríamos decir que ha hecho su propio disco para correr.

El noruego, afincado ahora en Los Angeles, es uno de esos magos del pop que, por alguna razón, no terminan de despegar a lo bestia. En este noveno trabajo vuelve a dar buenas muestras de ello. Ahí está ese pop sofisticado que aparece en el tema que abre y da título al disco. Lerche envuelve su música agradable en un manto electrónico, y de paso, nos deja una de las frases del año (“Patience, i’m Coming”). Es una línea que sigue en otras canciones del álbum como ‘Are We Alone Now’ o ‘Don’t Waste Your Time’, que también cuentan con cierto aire cinematográfico. Algo que se acentúa en ‘I Love You Because It’s True’, ‘Put The Camera Down’, que ha compuesto a pachas con el mítico Van Dyke Parks, o ‘My Love Is Hard To Explain’, las cuales casi parecen salidas de un musical.

Lerche es muy listo, y sabe que no puede vender un disco sin sus dos o tres hits. Por eso editó como primer single ‘You Are Not Who I Thought I Was’, todo un temazo de glam-pop que, gracias a unas estupendas trompetas, también cuenta con un cierto aire soul. Y para los que disfrutamos de la faceta synth-pop de su anterior trabajo, nos deja la estupenda ‘That’s All There Is’. Por último, tendríamos ‘I Can’t See Myself Without You’, en la que vuelve al pop cálido del primer disco de la trilogía.

Patience” es un disco variado en el que el noruego vuelve a demostrar que es uno de los compositores más interesantes de la actualidad. Eso sí, no es tan directo como el anterior y cuesta un poco más pillarle el punto. Pero también es mejor.

7,5

Jonathan Bree – After The Curtains Close

No sé si os acordáis de The Brunettes, un dúo de Nueva Zelanda que nos dejó algunos cuantos trabajos notables en la primera década del siglo. Yo recuerdo especialmente “Structure and Cosmetics”, su disco de 2007. Pero sí es cierto que no les seguí mucho la pista después. Es más, me había olvidado de ellos hasta la semana pasada, que fue cuando me topé con este trabajo de Jonathan Bree. ¿Quién es este hombre? os estaréis preguntando algunos. Pues no es otro que la parte masculina de ese dúo, que se ha convertido en uno de los artistas más interesantes de su país. 

After The Curtains Close” es su cuarto trabajo en solitario, el cual viene precedido de “Sleepwalking”, un disco con el que lo petó hace un par de años en Nueva Zelanda. Así que, quizá, estemos ante el álbum más importante de su carrera. Y la verdad es que se ha tomado la molestia de que, por lo menos, lo parezca. Su pop, a medio camino entre el rollo crooner, y el sonido más orquestal, suena de maravilla. Además, en buena parte del disco, hay una pátina electronica que lo hace más apetecible todavía. Y, por si esto fuera poco, cuenta con algunas veces femeninas invitadas. Es el caso de Princess Chelsea, a la que ha producido algún trabajo en el pasado, y el de Britta Phillips, la mítica bajista de Luna

El disco se abre con ‘Happy Daze’, en la que da buena muestra de todos esos ingredientes que comentaba más arriba. Pero, a mitad de canción, todo cambia, y se deja llevar por un subidón de cuerdas y teclados, que es una delicia. Además, al final entran unas campanas que son una delicia. Todo esto le da un toque bastante cinematográfico que planea por prácticamente todo el álbum. Porque no es difícil ver cómo la música de las películas de los sesenta le han servido de influencia en cortes como ‘Heavenly Division’, ‘Kiss My Lips’, o ‘In The Sunshine’. Y si ya nos vamos a ‘Meadows in Bloom’, la canción en la que aparece Phillips, nos encontramos con un tema que no desentonaría en la cabecera de una de las primera películas de James Bond

Una de las cosas buenas que tiene este disco, es que, de vez en cuando, se anima un poco más, y nos deja algún que otro hit más directo. Es el caso de la estupenda ‘Waiting on the Moment’, en la que se atreve a irse un poco hacia la pista de baile, o de la algo más sucia ‘Until We’re Done’, donde se acerca bastante a los Air más movidos. Y es que, el dúo francés, es otra de las inspiraciones que se aprecian en buena parte del disco. Solo hay que escuchar la bonita ‘Children’ para darse cuenta. Aunque eso sí, creo que me gusta más cuando se pone un poco crooner y nos deja un tema como ‘No Reminders’, que es una autentica pasada. 

7,8

Hazel English – Wake Up!

Hazel English

Estoy bastante convencido de que, en estos meses de cuarentena, el artista, o la artista, que haga un trabajo más o menos asequible, directo, y sin complicaciones, va a terminar triunfando. Porque, personalmente, ahora mismo, mi cabeza no está muy predispuesta a meterse de lleno en un disco que requiera mucho esfuerzo. De hecho, este fin de semana, lo he intentado con el alabado nuevo disco de Fiona Apple, y lo que único que me he llevado ha sido un buen dolor de cabeza. Sin embargo, el álbum de debut de Hazel English ha sido la compañía perfecta para leer, para cocinar o para, simplemente, estar tirado en el sofá sin hacer nada. 

Sería un error meter a Hazel English entre las nuevas cantautoras de rock que han salido en estos años. La australiana, afincada en California, cuenta con un alma pop que la saca de ese grupo y la mete en un mundo más amplio. Porque, en este “Wake Up!”, hay referencias al pop de los sesenta, al mundo ensoñador de los primeros Beach House, o a un indie-pop directo y pegadizo. Un conjunto de canciones realmente potente, al que es difícil encontrarle un pero. De hecho, creo que ha dado con el equilibrio perfecto entre todas esas referencias, lo que hace que su propuesta suene de lo más fresca.

Lo primero que podemos pensar al escuchar ‘Born Like’, el tema que abre este trabajo, es que estamos ante ese tipo de artista retro que bebe del pop orquestal de los sesenta. Y de eso ahí, porque otros temas del álbum, como ‘Like a Drug’, que cuenta con el inevitable rimo de batería del ‘Be My Baby’, o ‘Work It Out’ tiran por ese camino, el cual le sienta de maravilla a su voz clara y delicada. Si es innegable que, gran parte del disco, se deja llevar por un sonido añejo, pero le pone muchas ganas y no se hace repetitivo. Así, nos encontramos con canciones tan perfectas como ‘Off My Mind’, donde tira más hacia sonidos de los setenta, la hippie ‘Five and Dime’, o la exageración pop de ‘Waiting’, donde no se corta a la hora de ser excesiva. Pero ojo, que también saca las garras y, en alguna ocasión, las guitarras se llenan de distorsión. Es el caso de ‘Shaking’, en la que se pone un poco más dura sin dejar de lado su dulzura pop. O de la psicodelia sixties de ‘Milk and Honey’, el que probablemente sea el corte más sucio de todo el álbum. Pero lo mejor de toda esta faceta, y casi diría del todo el disco, es el tema que le da título. Aquí nos deja un corte que es puro new-wave, en el que se saca de la manga un estribillo y una melodía absolutamente irresistibles. Todo un hit en el que se va directa a finales de los setenta.  

Aunque, gracias a sus Eps y sus singles, ya sabíamos de su potencial, no deja de ser una sorpresa que se haya se sacado de la manga un álbum de debut tan solido y con tantos momentos memorables. Me da a mí que vamos a tener Hazel English para rato. 

8

Andy Shauf – The Neon Skyline

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A pesar de contar con una larga carrera a sus espaldas, que incluye ser el batería de un grupo de rock cristiano, Andy Shauf no despegó hasta 2016, cuando editó su excelente “The Party”. Su forma de ver el folk, en la que había muchos tintes pop, y un poco más de ánimo de lo habitual, nos encandilo a muchos. Porque, la verdad, es que era un disco precioso. Ahora, cuatro años después, publica el que es su sexto trabajo, y la cosa sigue más o menos igual.

The Neon Skyline” es algo así como un álbum conceptual, en el que el propio Shauf, sentado en su bar favorito, nos cuenta como espera que aparezca Judy, el que es el amor de su vida. Así, entre cerveza y cerveza, nos deja canciones que empiezan siendo esperanzadoras, y terminan más bien mal. Quizá, por eso, el tono del álbum es un poco menos festivo que el anterior, y sigue una línea clara. Por eso no hay una canción tan destacable como esa pequeña joya llamada ‘The Magician’. Pero sí que es un trabajo equilibrado en el que todos los cortes funcionan.

Una de las cosas que más me gustan de la música de Shauf, es como lleva al folk sonidos más propios del chamber-pop, o el toque peliculero que tienen algunas de sus canciones. Así, nos encontramos con estupendos temas como ‘The Neon Skyline’, ‘Where Are You Judy’, ‘Things I Do’ o ‘Fire Truck’, que podrían sonar de fondo en una comedia romántica de los sesenta. Aunque, quizá, el tema estrella de esa película, y de este álbum, sería ‘Try Again’. Aquí aparece su lado más puramente pop, mandando el folk a paseo, y entregándonos todo un hit en potencia. Algo que, la verdad, debería hacer más a menudo.

Que tenga su lado más pop, no significa que descuide su faceta más folk. El canadiense sabe cómo hacer buenas canciones de este tipo. Cortes como ‘Clove Cigarette’ o ‘Living Room’, que presentan una faceta más intimista y delicada, son notables. Además, como no solo se vale de su guitarra, y mete muchos más elementos (Shauf toca un motón de instrumentos), se hacen bastante amenas. Ahí está ‘Thirteen Hours’, que cuenta con unos arreglos jazzy de lo más elegantes. O ‘Changer’, que cierra el disco de la forma más bonita, y con una buena dosis de reverb.

Una vez más, estamos ante un trabajo para escuchar del tirón con el que dejarse llevar durante poco más de media hora. Algo que cada vez me gusta más.

7,7

Tindersticks – No Treasure But Hope

Tindersticks

Tindersticks es uno de esos grupos que no se come mucho la cabeza a la hora de sacar un disco. Y no lo digo como algo malo, simplemente, saben que tienen su público y de ahí no se van a salir. Algo que me parece estupendo, porque, lo que hacen, lo hacen de maravilla. Eso sí, conmigo, no siempre consiguen que me acerque a sus discos. Principalmente porque, muchas veces, me dan un tanto de pereza. Así que solo me adentro en sus trabajos de vez en cuando.

Si me he parado a escuchar este “No Treasure But Hope”, el que es su disco número doce, es porque he leído que han tratado de capturar la energía e intensidad que consiguen en sus directos. Y la verdad es que, las veces que les he visto, me han encantado. Pero claro, resulta un tanto complicado plasmar las sensaciones de un directo en un estudio. Algo que consiguen en unas cuantas canciones, pero no en todas. Sin duda alguna, los mejores momentos del disco, llegan en los temas más directos. Como ‘The Amputees’, ese estupendo single con el que adelantaban el álbum. O esa preciosa balada llama ‘Pinky In The Daylight’, que pone los pelos de punta. Aunque ninguna como esa intensa ‘Tough Love’, en la que sí captan de verdad las sensaciones de sus actuaciones en vivo.

Es posible que estemos ante uno de sus trabajos más reposados, y eso, tratándose de Tindersticks, es mucho reposo. La gran mayoría de canciones se van cociendo a fuego lento, llegando a su clímax en el momento justo. El caso más evidente es de ‘Trees Fall’, que cuenta con todos los ingredientes de una típica canción suya. Es decir, la voz profunda de Stuart A. Staples, ese pequeño toque de jazz, y una buena dosis de pop orquestal. Pero sí es cierto que tratan de salirse de su zona de confort de vez en cuando. Y la verdad es que les sienta bien entregarse a sonidos más cálidos en ‘Take Care In Your Dreams’, o dejarse llevar por sonidos más propios de la música tradicional griega en ‘See My Girls’ (el disco se ha grabado en el país mediterráneo).

Tindersticks han hecho otro bonito disco para disfrutar sin prisas y de forma relajada. Un caramelo para sus seguidores, y un hueso duro de roer para los que no lo son.

7,5

Purple Mountains – Purple Mountains

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David Berman es uno de esos artistas introspectivos que ha tenido una vida un tanto jodida. El que fuera líder de Silver Jews, una de las bandas de indie-rock más personales surgidas en los noventa, cuenta con un historial de adicciones, intentos de suicidio y depresiones, de lo más abultado. Afortunadamente, todavía sigue por aquí. Eso sí, han tenido que pasar once años para escuchar algo de material nuevo suyo. Berman disolvió Silver Jews en 2009, y desde entonces ha estado descansado en su casa de Nashville, hasta que le ha picado el gusanillo de nuevo y ha formado estos Purple Mountains. Un grupo que es el mejor ejemplo de ese dicho que dice “el que tuvo, retuvo”.

Purple Mountains es la banda de Berman, pero el de Virginia se ha rodeado de un grupo de músicos de lo más notables. Entre ellos, Jeremy Earl y Jarvis Taveniere, de Woods, que además producen el disco – en un principio lo iba a producir Dan Bejar, pero no terminó de cuajar la cosa-. El caso, es que, juntos, se han sacado de la manga un debut al que se le pueden poner muchas etiquetas. Porque, aunque muchos lo califiquen como country, aquí hay un poco de todo, y se podría decir que es un trabajo con un sonido muy americano.

Berman juega con la música de raíces de su país a lo largo del todo el disco. Así, lo abre con un pizpireto corte llamado ‘That’s Just the Way That I Feel’, en el que sí se mete de lleno en la América más profunda. Aunque, eso sí, le da un cierto toque de soul que lo hace diferente (y mucho más entretenido). Y como no quiere casarse con ningún estilo, inmediatamente después, nos deja ‘All My Happiness is Gone’, uno de los grandes temas del álbum, en el que se deja llevar por un chamber-pop que es una auténtica delicia. Una canción que forma parte de la faceta más animada del disco, donde también entran cortes como ‘Margaritas at the Mall’, con sus estupendas trompetas, o la elegante ‘Storyline Forever’.

Una parte del álbum está formada por temas más reposados, en los que Berman se deja llevar y expande su sonido. Uno de ellos es ‘Snow is Falling in Manhattan’, donde se mete de lleno en ese rock cercano al soul y al góspel, que tanto nos recuerda a los últimos discos de Spiritualized. Y la verdad es que le sienta muy bien. Como también le sienta muy bien fusionar los sonidos fronterizos con los más elegantes en ‘I Loved Being My Mother’s Son’, un precioso tributo a su madre. Eso sí, para cerrar el disco, vuelve ponerse muy americano, y nos deja el juguetón ‘Maybe I’m the Only One Form Me’.

Ojo con este disco, que ya está en la carrera para convertirse en uno de los trabajos del año. De hecho, está teniendo unas críticas de lo más entusiastas en los medios de su país. Y no es para menos, porque es un gran disco.

8

The Divine Comedy – Office Politics

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Neil Hannon había prometido un disco con influencias ochenteras, más o menos electrónico, e influenciado por los grupos que escuchaba en su adolescencia. Supongo que sería un troleo del músico británico, porque nada que ver. Por los menos en lo que a electrónica se refiere. Porque que el que esperara un álbum lleno de temas de synth-pop y de corte ochentero, que se vaya olvidando. Y eso que, él mismo, menciona a Depeche Mode, OMD, The Human League o Heaven 17 en ‘Psychological Evaluation’, uno de los innecesarios temas robóticos que aparecen en el disco. Pero nada, es un trabajo más de The Divine Comedy, y bastante irregular, por cierto.

Office Politics” es un disco conceptual en el que explora una oficina de trabajo cualquiera, además de una reflexión sobre la tecnología y el papel que juega en nuestra sociedad. De hecho, en la edición deluxe, que tiene 15 temas más, y que es la que os dejo aquí, hay un tema que se llama ‘The Amazon Pirates’. Algo que fusiona los dos conceptos de este álbum, porque si trabajáis en una oficina, ya sabréis la cantidad de paquetes de Amazon que llegan al día.

El último trabajo de The Divine Comedy no empieza nada mal, pero se va deshinchando a medida que van pasando los temas. Encima es excesivamente largo. Pero, volviendo al principio, hay que destacar varios cortes. El primero es ese ‘Queuejumper’ que sirvió de primer single, y que nos trae de nuevo al Neil Hannon más divertido y alegre. Todo un hit, con el que logra captar la atención desde el primer tema del disco. Tras ella, llega el tema titular, donde sí que aparecen algunos sintetizadores, y una guitarra funk digna de alguna producción de los ochenta. Además, de unos coros femeninos que le dan rollo a la canción. Pero el mejor corte del disco es ‘Norman and Norma’, un pedazo de baladón marca de la casa, con el que consigue emocionar como hace años que no lo hacía. A partir de aquí, que es el tercer corte, el disco va cuesta abajo.

Buceando entre sus 16 canciones, hay cosas notables, pero nunca sobresalientes. Se le da bien el rollo funk con algún punto de soul. Algo que sí nos recuerda a los ochenta. Es un estilo que se puede escuchar en temas como ‘Absolutely Obsolete’, que no está mal, y en ‘The Life And Soul Of The Party’, la cual entra dentro de lo mejor del disco. Y es que, esos coros del estribillo, resultan irresistibles. Tampoco está mal esa balada en plan Prince llamada ‘A Feather In Your Cap’. Lo malo es que no hay mucho más donde rascar. Porque el rock crudo de ‘Infernal Machines’ no me dice absolutamente nada, y la parte final del disco, en la que recupera su lado más chamber y teatral, resulta de lo más aburrida.

Al final, “Office Politics”, es otro disco más de la última época The Divine Comedy, en el que nos deja unos pocos temas notables, y otros tantos prescindibles. Solo que esta vez es mucho más largo de lo habitual.

6,8

Sonny and the Sunsets – Hairdressers from Heaven

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El año pasado me reconcilié con Sonny Smith gracias a “Rod For Love”, el que, oficialmente, fue su primer trabajo en solitario. Aunque esto es un decir, porque, aunque sus trabajos vengan firmados con la coletilla de “The Sunsets”, él es que hace todo. El caso, es que, en ese trabajo, se fue directo y sin obstáculos hacia el pop. Allí no había producciones lo-fi, ni se iba a por las ramas, todo estaba en su sitio. Algo parecido a lo que pasa aquí.

Por un lado, parece que se ha olvidado del todo de la baja fidelidad, y estamos ante otro disco bien producido. No obstante, la producción ha corrido a cargo de James Mercer y Yuuki Matthews de The Shins. Así que, por esa parte, no tengo ninguna pega. Sí que me gusta menos que, en un trabajo que no llega a la media hora, y que tan solo contiene nueve temas, se vaya por las ramas en ‘The Man Without a Past’, un instrumental que tiene su punto, pero que corta toda la coherencia que tiene el resto del álbum.

Aunque se centra en el pop, “Hairdressers from Heaven” es un trabajo un tanto ecléctico. Por un lado, tenemos las canciones más directas, como las maravillosas ‘A Bigger Picture’ y ‘Searchin’’, que no desentonarían en ese trabajo en solitario que mencionaba más arriba. Pero también se decanta en algún momento por cortes más chamber-pop, como ‘Someday I’d Like to Be an Artist’ y el tema que le da título al disco, que son una delicia. Además, no se olvida de su lado más rock, y en canciones como ‘Ghost Days’ y ‘Another Life, Another Body’, saca sus guitarras más sucias a paseo. Por supuesto, no hace falta decir que es todo un acierto. Como también lo es el toque country de ‘Take a Hard Look Down the Long Corridor’, o el lado juguetón que aparece en la pegadiza ‘Drug Lake’.

Llevo años diciendo que Sonny Smith es uno de los mejores compositores de pop de nuestros días, y él lleva años corroborándolo con discos de notable alto. Así que ya va siendo hora de que se le reconozca de una puta vez.

7,9

Gruff Rhys – Babelsberg

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Hace un par de semanas comenté que el disco de Tracyanne & Danny iba a ser el disco más bonito de 2018, y quizá me precipité un poco. Pero claro, en ese momento todavía no se había cruzado en mi camino el nuevo disco de Gruff Rhys. El galés, es uno de los mayores talentos del Reino Unido, y lo demostró tanto con los Super Furry Animals, como ahora, que está inmerso en su carrera en solitario. Aunque, por alguna razón que desconozco, no termina de llevarse el reconocimiento que se merece. Siempre obtiene buenas críticas, pero no pasa de ahí, y es una pena, porque es uno de los mejores compositores de los últimos veinte años. Algo que vuelve a resultar evidente en “Babelsberg”, el que es su nuevo trabajo.

El quinto álbum en solitario de Rhys es una preciosa colección de canciones en las que recupera su faceta más pop y más orquestal. Es de sobra conocido que es un gran seguidor de ese pop cinematográfico que inundó el mundo de la música en las décadas de los sesenta y setenta; ese que practicaban Tom Jones, Jimmy Webb o Burt Bacharach, los cuales sirvieron de inspiración para muchos grandes artistas que vinieron después. Son nombres que siempre han salido a la palestra a lo largo de su carrera, algo normal, porque se le da de maravilla recrear esos sonidos elegantes que nos retrotraen a otros tiempos. Y ojo, porque no es fácil hacerlo bien, y menos en tres días, que es lo que ha tardado en grabar este disco junto a la BBC National Orchestra of Wales.

Gruff Rhys también es un hombre concienciado con los problemas del mundo en el que vivimos. Solo hay que ver lo activo que estuvo con la campaña anti-Brexit de hace dos años, cuando nos dejó esa maravillosa oda al viejo continente llamada ‘I Love EU’. Según la nota de prensa, su nuevo trabajo está inspirado en lo divididas que están las grandes ciudades, y en el ascenso del ego delirante masculino. Además, en él, pretende retratar su preocupación por la deriva absurdista de la humanidad. El problema del plástico, que es lo que refleja en el vídeo de la preciosa ‘Frontier Man’, la canción que abre el disco, la cual, habla de ese ego masculino que mencionaba más arriba; el bombardeo constante de noticias las 24 horas del día en ‘The Club’, o las nuevas formas de asesinato auspiciadas por los gobiernos en ‘Drones in the City’, son solo algunos de los ejemplos. Pero el disco está lejos de ser un álbum oscuro, todo lo contrario, está lleno de bonitos hits de pop, como es el caso de ‘Oh Dear!’, ‘Limited Edition Heart’ o ‘Negative Vibes’. Además del precioso dúo junto a la actriz Lily Colle en ‘Selfies in the Sunset’, con la que cierra el álbum volviendo al tema del Brexit y a los días previos, en los que hicieron campaña juntos para que la gente votara en el referéndum.

American Interior” ya me pareció un gran disco, además de interesante por todo su rollo conceptual, pero este “Babelsberg” es mucho mejor, y todas sus canciones son, como mínimo, notables.

8,1