The Go! Team – Get Up Sequences Part One

The Go! Team es una de esas bandas que no ha cambiado su propuesta en años, pero la verdad es que tampoco hace falta. El combo de Brighton liderado por Ian Parton sorprendió a todo el mundo allá por 2004, cuando editaron un álbum de debut en el que cabía prácticamente de todo. Eso sí, siempre con un propósito: hacer bailar. Y así han seguido, mezclando funk con indie-rock, hip-hop, o pop, y llenando su música de color y buen rollo. Algo de lo que dan buena cuenta en su sexto trabajo.

Get Up Sequences Part One’ podría haber marcado un antes y un después en la carrera de The Go! Team. Ian Parton empezó a componer estas canciones tras perder la audición en su oído derecho por una rara enfermedad. Y eso, unido a la pandemia, puede resultar de lo más deprimente para alguien que se dedica a hacer canciones. Pero ninguna de las dos cosas se nota en estos diez temas. Es más, es un disco que te pone las pilas desde el primer minuto.

Let the Seasons Work” es un corte perfecto para empezar un disco. Todo un himno en el que esas trompetas a lo Rocky se fusionan con ritmos funk, unas flautas, y un estribillo de lo más pop. Una efusividad que también aparece en “Pow”, en la que, además, tiran del hip-hop old school de la mano de Ninja. Y ojito con ese sampler de Curtis Mayfield que meten. Y la verdad es que recordar los principios del hip-hop se les da de maravilla, porque, en la mucho menos efusiva, “Cookie Scene”, también dan buena cuenta de ello.

The Go! Team también tienen tiempo para relajarse un poco y pisar el pedal del freno. Pero, aun así, sus canciones siguen sonando luminosas. Ahí está la deliciosa “We Do it but Never Know”, donde se meten en terrenos del soul más setentero. O la juguetona “A Bee Without its Sting”, que desprende buen rollo por todos los lados. Al igual que esa “World Remember Me Know” final, donde sacan a relucir ese mundo caribeño que tanto les gusta. Y no hay que olvidarse de los instrumentales, porque ese breakbeat con armónica de “A Memo for Disco” no puede ser más genial. Al igual que esa pachanga que se sacan de la manga en “Tame the Great Plains”.

Lo dicho: buen rollo de principio a fin.

7,8

Islands – Islomania

En 2016, tras publicar dos trabajos el mismo día, Nicholas Thorburn decidió que ya iba siendo hora de dar carpetazo a Islands. Y la verdad es que no fue una mala idea, porque su proyecto principal estaba empezando a ir un poco a la deriva. Sobre todo, en cuestión de sonido, ya que la banda canadiense paso de ser una de las más originales en el mundo del indie-rock de principio de siglo, a convertirse en un grupo más. Eso sí, con buenas canciones. Y eso es precisamente lo que le ha hecho resucitar a la banda. Porque estamos ante todas las canciones que tenia compuestas y que no podía sacar por otro lado.

Islomania’ sigue el mismo camino de los últimos discos de Islands. Es más, yo diría que incluso va mucho más allá, y es el disco más pop y fácil de su carrera. Algo que tiene su parte buena y su parte mala. Porque, por un lado, cuando les sale una canción redonda, su propuesta es incuestionable. Sin embargo, cuando los temas son más irregulares, se quedan un poco en tierra de nadie y sonando a cosas un tanto trilladas. Afortunadamente, ganan la partida las primeras. Aunque por poco margen.

Estamos ante un disco que tiene en el amor y en la música dance a sus principales influencias. De hecho, está lleno de ritmos para irse a la pista de baile. Solo hay que escuchar esa “A Passionate Age”, donde unas guitarras a lo Nile Rodgers y un sonido disco se alían con un vocoder de lo más robótico -no voy a mencionar al famoso dúo francés porque creo que no fueron ellos los que inventaron estos sonidos, y Thorburn se ha podido fijar en muchas otras cosas a la hora de componer esta canción-. O la estupenda “Natural Law Party”, donde tira hacia un pop bailongo un tanto más Talking Heads. Y si nos vamos a “Never Let You Down”, nos encontramos con un synth-pop en el que no puede negar la influencia de New Order.

Thorburn sigue teniendo talento para crear canciones de pop donde las guitarras se convierten en aliadas de la pista de baile. Es el caso de “(We Like To) Do It with the Lights On”, uno de esos irresistibles temas marca de la casa. Pero también de la ochentera “Carpenter”, que no puede ser más The Cars y que tiene unos coros finales que me encantan. Y ojo, que no se olvida de su lado más rock. Además, con bastante acierto, porque “Set the Fairlight” es todo un torbellino acelerado en el que se saca de la manga unas guitarras que son puro The Strokes. Un hit en toda regla.

Quizá no sea el gran disco que esperábamos tras cinco años de parón, pero sí que es un trabajo de lo más entretenido. Además, tiene unos cuantos temazos para añadir a su colección.

7,4

Lou Hayter – Private Sunshine

Puede que estemos ante el primer trabajo de Lou Hayter, pero la artista británica no acaba de aterrizar en esto de la música. Empezó su carrera hace más de una década, siendo una de las fundadoras de los estupendos New Young Pony Club, donde tocaba los teclados y hacia los coros. Además, en 2013, publicó el álbum de debut de Tomorrow’s World, el dúo que formo con JB Dunckel de Air. Aparte de una carrera como DJ, y de hacer música para las pasarelas de moda. Así que ya le tocaba meterse de lleno en su carrera en solitario.

Private Sunshine’ es un trabajo que se ha ido cociendo con los años y en sus ratos libres. Pero, al igual que otros muchos artistas, consiguió retocarlo durante la pandemia, y luego lo pulió en un estudio de grabación. Y la verdad es que suena de maravilla -está mezclado por Dave Bascome, que trabajó en el ‘So’ de Peter Gabriel y en los primeros discos de Tears For Fears-. Sobre todo, porque es un trabajo en el que la británica ha encontrado su sonido, el cual está lleno de influencias de los ochenta. Y es que, Hayter, se crio con la música de Prince, The Human League, y la factoría de Stock, Aitken and Waterman. Pero también con cosas más dance, como 808 State, o con algo de post-punk -menciona a los maravillosos The The-. Y de todo eso hay un poco en este álbum.

El disco empieza con su faceta más sofisticada. La británica también comenta que el pop elegantón de la Costa Oeste norteamericana le ha servido de influencia. Y eso es lo que encontramos en cortes como “Cherry on Top” y “Telephone”, que se van hacia el lado más sensual y soul. Pero, poco a poco, va cambiando de rollo. Así, en “My Baby Just Care for Me”, el mundo sintético cobra protagonismo. Y en “Time Out of Mind”, convierte una canción original de Steely Dan en una Madonna. Porque Ciccone es otra de sus grandes influencias reconocidas. De hecho, hay más muestras de esto, como “Cold Feet”, que es una delicia ochentera. Y siguiendo en los ochenta, con “Still Dreaming” no puede negar que se ha fijado en Bananarama. Lo bueno es que se le dan muy bien estos sonidos y las canciones son notables. Y ojo, porque lo de mencionar a 808 State más arriba no era nada gratuito. La prueba es “This City”, que presenta su faceta más bailable y se va directa al dance británico que cerró aquella década. Eso sí, con un estribillo fascinante que hace que se convierta en la mejor canción del disco.

Estamos ante un debut notable, pero claro, con esa carrera que tiene a sus espaldas, lo raro es que le hubiera salido mal. Además, es perfecto para los meses de verano que ahora llegan.

7,7

Fred Again.. – Actual Life (April 14 – December 17 2020)

Fred John Philip Gibson, más conocido como Fred again…, o FRED, tan solo tiene 26 años, pero ya cuenta con una carrera como productor que ya quisieran muchos. Ha estado a los mandos de los discos de buena parte de la música británica actual, como Stormzy, FKA Twigs o ese pedazo de single que sacó Romy de The xx el año pasado. Pero también sabe que lo que es trabajar con veteranos de la talla de Brian Eno (su mentor), Underworld o Roots Manuva. Además, puede presumir de ser el productor más joven con un Brit Award. Pero ahora, tras estar editando singles un par de años, ha llegado el turno de que sean sus propias canciones las que cobren protagonismo.

Con un título como ‘Actual Life (April 14 – December 17 2020)’ ya os podéis imaginar por donde van los tiros en este trabajo. Sí, esa mierda de año pasado que vivimos, y que seguimos viviendo, es el tema principal de este disco. Pero no penséis que es un álbum con un tono triste, el músico británico guarda en todo momento la esperanza de que esto se acabará pronto. De ahí ese “We Can Make It Through” que aparece a lo largo de casi todo el disco, y que viene de Carlos, un obrero de Atlanta. Porque, esa es otra, ha construido este disco en torno a los samplers de voces de gente de la calle, de amigos, o personas que se ha encontrado en las redes sociales. Y la verdad es que, como idea, es brillante.

Musicalmente, estamos ante un claro ejemplo de lo mucho que ha cambiado la música electrónica en Reino Unido. Por supuesto, hay muchos momentos centrados en el mundo del club. Pero siempre cuentan con un toque melancólico, como en el caso de “Kyle (I Found You)”, un tema que editó antes de la pandemia. O de las geniales “Dermot (See Yourself In My Eyes)” y “Julia (Deep Diving)”, donde los pianos juegan un papel importante y consiguen hacerte bailar de la forma más melancólica posible. Y es que, hay que reconocer que lo mejor de este trabajo llega cuando se pone más bailongo. Ahí está esa brutal “Marnie (Wish I Had U)”, donde se saca de la manga un contundente beat. O la más oscura “Sabrina (I Am A Party)”, la que, quizá, es la canción más triste del disco, ya que se mete de lleno en el mundo de la depresión.

Donde no me termina de convencer mucho es en los cortes más reposados que beben directamente de James Blake o Bon Iver -en el último interludio del disco canta unos segundos de -“22 (OVER S∞∞N)”. Pero bueno, son casi una anécdota dentro del disco. Además, prefiere acabar el álbum bailando, y con la ayuda de The Blessed Madonna en “Marea (We Lost Dancing)”.

7,8

Roosevelt – Polydans

Cuando puse el anterior trabajo de Roosevelt por aquí, comenté que el músico alemán llevaba una carrera en ascenso creativo, y ahora que acaba de publicar su tercer álbum, me reafirmo en lo dicho. El de Viersen ha pasado de entregar un debut con muy buenos singles, y poco más, a fabricar unos discos de lo más completos. Ya no solo sabe hacer temas que te enganchan a la primera, ahora vienen acompañados de cortes que enriquecen muy bien esos singles, y logra que no pares de bailar y cantar durante 45 minutos. Y según él mismo, esa ha sido su intención con este tercer trabajo, en el que ha querido crear un homenaje a toda la música de baile que le gusta.

Polydans’ es un disco muy variado en el que Roosevelt pica un poco de todos esos palos de la música de baile que le gustan. Evidentemente, ese sonido balearic que le dio a conocer, está muy bien representado en varios cortes. Temas como “Strangers”, el cual, al parecer, le costó una barbaridad hacer, “Feels Right”, o “See You Again”, se mueven en ese lado más cálido de su música. Y si nos vamos a “Close to My Heart”, nos encontramos con que se mete de lleno en eso que llaman yacht-rock. Y lo hace con mucho acierto, porque es una delicia de canción.

Al ser un disco un tanto ecléctico, nos topamos con varias sorpresas agradables. La primera llega nada más empezar, con esa acelerada “Easy Way Out” en la que va a tope y directo a la pista de baile más eufórica. Algo que también ocurre con “Echoes”, donde los beats van a toda leche y se deja llevar por ese ímpetu bailongo. Pero también sorprende justamente con lo contrario. “Forget” es un corte más reposado y frío, en el que el protagonismo se lo llevan unos sintetizadores más crudos y distantes. Algo así como si le saliera su influencia alemana. Aunque lo mejor del disco llega con “Lovers”. En ella, nos deja una optimista canción de amor en la que se mete de lleno en el synth-pop más ochentero. De hecho, cuenta con una intro que recuerda bastante al “Messages” de OMD. Pero lo mejor es su estribillo happy y ese sinte juguetón que lo adorna. Ya podría experimentar más con estos sonidos, porque se le dan muy bien.

Lo dicho: Roosevelt sigue creciendo con cada disco que va editando.

7,7

Jessie Ware – What’s Your Pleasure?

Si lo miramos bien, tiene todo el sentido del mundo que Jessie Ware se haya lanzado el mundo de la música disco. La artista británica ha derrochado elegancia y clase durante el principio de su carrera, y todo sabemos que eso es algo que le viene muy bien a este estilo de música. Además, para ser sincero, creo que ya necesitaba un cambio un tanto drástico. Su soul molaba, pero tras tres discos, esa fórmula estaba un poco agotada.

What’s Your Pleasure?” es un disco sensual que nos lleva directamente a otra época y otro lugar. Concretamente al Nueva York de finales de los setenta y esas discotecas en las que el disco se hizo con todo. Joyas, champagne, cocaína, sexo, y mucho baile, podría ser el resumen perfecto. Y es que, la inglesa, está desatada en este trabajo, y no se corta un pelo a la hora llenar estos temas de referencias sexuales. Unos temas que suenan a clásicos de aquella época, pero que, a su vez, también resultan de lo más frescos. Lo de llenar de instrumentos de cuerda estas canciones ha sido todo un acierto, y es algo que se puede apreciar desde el primer momento con ‘Spotlight’, el pedazo de hit que abre el álbum. Pero también en la estupenda ‘Step Into My Life’, o en ese baladón final llamado ‘Remember Where You Are’.

Lo bueno de este disco, es que, a pesar de tener un nexo común, es muy variado. Así, encontramos temas que tiran hacia sonidos un poco más funk, como es el caso de ‘Ooh La La’ y ‘Read My Lips’. Pero también otros que se van hacia mundos más electro. Ahí tenemos la estupenda canción que da título al álbum, o ‘Soul Control’, las cuales se acercan una barbaridad a las pistas de baile de los primeros ochenta. De hecho, en la genial ‘Mirage (Don’t Stop)’, rinde un homenaje a Bananarama y su ‘Cruel Summer’. Pero ojo, que en ‘Save a Kiss’ se pone un poco más contemporánea y se saca de la manga todo un himno en el que se acerca al mundo del Robyn. Aunque, para ser justos, también podría ser una canción con una notable influencia del ‘I Feel Love’ de Donna Summer.

Jessie Ware se ha sacado de la manga un disco brillante, elegante y sensual, con el que no vais a poder parar de bailar en todo el verano.

8

The Orielles – Disco Volador

The Orielles

Halifax, el de Reino Unido, no el de Canadá, es considerado como uno de los condados más aburridos de Inglaterra. Quizá, por eso, de allí, han salido algunos artistas de lo más conocidos–entre ellos Ed Sheeran, que ha esparcido ese aburrimiento por todo el mundo-. Pero yo me quedo con The Orielles, porque esta joven banda tiene poco de aburrida. El trio está formado por las hermanas Hand-Halford, que han huido a Manchester en cuanto han podido, y por Henry Carlyle-Wade, que, según ellos mismos, siempre han sido “los raros de Halifax”. Y la verdad es que, tras escuchar sus canciones, sí que podemos decir que, por lo menos, son poco convencionales.

Disco Volador” es su segundo trabajo, y en él han pegado un pequeño cambio respecto a su debut. En su primer álbum, estaban más centrados en el indie-pop, y las guitarras rugían un poco más. Aquí tiran más hacia el baile. Pero es un baile de lo más retro. No necesitan pátinas electrónicas para lanzarse a la pista. Porque, lo que escuchamos aquí, son ecos de Stereolab, algo de Broadcast, órganos que recuerdan a otras épocas, y un toque de psicodelia que le da otro rollo a su pop.

Dicen los miembros de The Orielles que les recomendaron no editar ‘Come Down On Jupiter’ como primer single, porque es un tema que no cuenta con un estribillo claro, y una pequeña montaña rusa que va cambiando de estructura y ritmo cada dos por tres. Pero ellos, muy acertadamente, pasaron. Y es que, es una canción que define a la perfección el espíritu del disco. En ella, encontramos buena parte de lo que vamos a escuchar en los 40 minutos siguientes. Además, si tiene un estribillo claro. Porque, a pesar de que se van constantemente hacia sonidos nada convencionales, siempre tienen tiempo para meter un buen estribillo en alguna parte. Ya sea entre un manto de órganos retro, como en el caso de ‘Rapid I’, o yéndose hacia terrenos más psicodélicos, como en la genial ‘Bobbi’s Second World’. Una canción, por cierto, que nos cuenta la curiosa historia de una gata que tiene que dar el paso a la madurez.

Uno de los puntos fuertes del álbum, es que también saben moverse en terrenos más “normales”. Ahí está la deliciosa ‘Memoirs of Miso’, en la que meten un saxo puramente ochentero en una canción más centrada en el dream-pop. O ‘Whilst The Flowers Look’, que es una preciosidad. Además de esa joya de indie-pop psicodélico llamada ‘The Square Eyed Pack’, en la que no tienen problema en meterse en terrenos más hippies. Eso sí, al final, lo que quieren es bailar, y lo dejan bien claro en ‘7th Dynamic Goo’ y ‘Space Samba (Disco Volador Theme)’, que son fantásticas.

Quizá no es el disco que esperaban sus seguidores después de su aclamado debut, pero sí es un trabajo que funciona por ese afán de salirse de lo convencional. Eso sí, siempre con el pop como punto de inicio.

7,6

Tame Impala – The Slow Rush

Tame Impala

Supongo que, a pesar de ser el proyecto de Kevin Parker, hubo algún momento en el que Tame Impala fueron un grupo. Algo de lo que no pueden estar más lejos en la actualidad. Ahora, más que nunca, es el niño mimado de Parker, que hace absolutamente todo en el estudio de su casa. Y la verdad es que hay que decir que es un genio, porque ha conseguido crear un sonido propio al que se le pueden poner pocas pegas. Aunque su nuevo disco tiene algunas.

The Slow Rush” es el fruto de cinco años de trabajo de Parker, que se ha desvivido con estas canciones. Y, como todo perfeccionista, las ha dado un buen montón de vueltas. De hecho, su lanzamiento, ha sufrido algún que otro retraso. Por desgracia, al ser su proyecto, no tiene a nadie que le aconseje y le diga que no haga cierto tipo de cosas. La primera, es que tiene que aprender a saber cuándo cortar. 57 minutos son demasiados para este trabajo, y algunas canciones están alargadas sin ningún tipo de fundamento. Un claro ejemplo es ‘Breathe Deeper’, uno de los mejores cortes del disco. Aquí, se va hacía sonidos más dance (esos pianos son maravillosos), pero le mete una parte final bastante más electro, que ni pincha ni corta. Y si ya nos vamos a esa balada tan 70s llamada ‘Posthumous Forgiveness’, nos encontramos con que un tema al que, fácilmente, le sobran dos minutos. Luego, curiosamente, no desarrolla una canción como ‘Glimmer’, a la que se le adivinan bastantes oportunidades de convertirse en su himno bailable. Una pena.

No hay que ser un genio para ver que “The Slow Rush” es un disco continuista. Y está bien, porque, cuando tienes un sonido propio, es lógico que juegues con él y con sus posibilidades. Algo que hace aquí metiendo una cosilla por aquí, y otra por allá. Para empezar, está bastante más bailongo. Además, desde el principio, porque esa ‘One More Year’ que lo abre, es todo un pepinazo de algo que podríamos calificar como “dance psicodélico”. Una faceta que explota sin tapujos en ‘Is It True’, en la que prácticamente se va al disco, y se saca de la manga el mejor tema del álbum (a ver quién se resiste a esas guitarras sintéticas que aparecen a mitad de canción). También está muy cómodo con el piano al más puro estilo house en ‘Borderline’, que lo tiene como base, haciendo de este tema un gran single.

Por supuesto, dos de las facetas que hicieron de “Currents” uno de los discos de 2015, también aparecen aquí. La primera, son esas baladas que se van al pop abrazando la psicodelia. Temas como ‘Instant Destiny’ o ‘One More Hour’ son absolutamente setenteros, y casi parece que están compuestos por unos Supertramp puestos de alguna sustancia. La segunda faceta pertenece a la de los hits de pop sin tapujos. Quizá, ninguno, se acerque a esa maravilla que es ‘The Less I Know The Better’, pero ‘I Might Be Time’ y ‘Lost In Yesterday’ sí que son notables. Y ojo, porque en ‘Tomorrow’s Dust’, no tiene ningún problema en sacar la acústica, y hacerse con una tremenda canción de folk psicodélico.

A pesar de sus fallos, y de su excesiva duración, estamos ante un buen trabajo. Además, se le van pillando muchos matices con cada escucha. Eso sí, se queda por debajo de su maravilloso disco anterior.

8

Hot Chip – A Bath Full of Ecstasy

Hot Chip

Hot Chip metieron un poco la gamba en su anterior trabajo, en el que decidieron llevar al estudio el sonido de su directo, y prescindir un poco de la electrónica. El resultado fue un tanto decepcionante, ya que le faltaba algo de gancho, y tan solo conseguían sacar su mejor faceta en unas pocas canciones. Algo que remedian en su nuevo álbum, que es bastante más sintético, mucho más cálido y, sobre todo, mucho más entretenido.

La banda de Londres ha confiado por primera vez en dos productores externos para que les ayuden a pulir el sonido de este trabajo. Y el resultado no puede ser más positivo. Tanto Philippe Zdar, como Rodaidh McDonald, han logrado sacar a la luz el lado más pop del grupo de Alexis Taylor. Y eso siempre está bien. Por cierto, que, lamentablemente, Zdar, que también formaba parte de Cassius, falleció la semana pasada al caerse desde su piso en una planta 19 de un edificio de París. El caso es que, antes de este extraño accidente que acabó con su vida, impregnó su buen hacer en este trabajo. Algo que también hizo con Phoenix, Franz Ferdinand o Cut Copy, que están dentro de ese tipo de bandas que fusionan de maravilla el pop y la electrónica.

A Bath Full of Ecstasy” cuenta con algunas de las mejores canciones de Hot Chip en años. Empezando por esa emocionante ‘Melody of Love’ que lo abre. Los británicos se han puesto las pilas para conquistarnos con ese tipo de temas que llevan a la pista de baile su lado más épico, y este es uno de ellos. Quizá, el mejor del disco, porque no hay quien se resista a su melodía, y a ese sampler de la banda de góspel The Mighty Clouds of Joy. Pero hay muchos más cortes notables que se van a eso que ellos llaman “explosión de pop Technicolor”. Ahí está la synthpopera ‘Spell’, con ese delicioso estribillo robotizado. O las cálidas ‘Echo’ y ‘No Good’, que nos presentan a unos Hot Chip mucho menos tristones y fríos. Pero el otro gran corte del disco es ‘Positive’, todo un hit sintético, que cuenta con un estribillo redondo.

A pesar de ser una banda más centrada en la pista de baile, Hot Chip siempre han tenido un don especial para hacer baladas de lo más interesantes. Aquí nos dejan dos notables: ‘Why Does My Mind’ y ‘Clear Blue Skies’. La primera es una pequeña joya, en la que consiguen emocionar con un toque que, sinceramente, recuerda bastante a OMD. La segunda empieza de una forma más minimalista y tranquila, pero va subiendo poco a poco, y convirtiéndose en todo un baladón. Eso sí, la otra balada del disco, que es la que le da título, no me termina de convencer. Y es que, el vocoder y yo no somos buenos amigos.

Hot Chip mejoran bastante respecto a su anterior trabajo, y con este séptimo álbum consiguen ponerse de nuevo en lo más alto de la electrónica más popera.

7,9

Yeasayer – Erotic Reruns

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Yeasayer es otro de esos grupos que lo medio petaron a finales de la década pasada y principio de esta, y que ahora están un tanto olvidados. Ya lo comenté la semana pasada, cuando puse el último trabajo de Local Natives, que todo esto va muy rápido, y lo que hace diez años era lo más, llenaba las paginas de los medios, y los carteles de los festivales, ya no interesa. Y es una lástima, porque siguen sacando trabajos de lo más interesantes. Aunque, en este caso, hay que decir que se lo han ganado un poco, porque los dos discos anteriores del trio neoyorquino eran un tanto irregulares. Algo que arreglan en su nuevo trabajo.

Erotic Reruns” empezó a gestarse a finales de 2016, cuando Trump ganó las elecciones de los Estados Unidos. Una noticia que ha influido en muchas bandas en los últimos tres años que, normalmente, han expresado su enfado y frustración con sus canciones. Pero en el caso de Yeasayer es diferente. Lo que ellos se propusieron desde el principio, era crear una especie de antídoto para esos “tiempos oscuros” que venían. No es que huyan de la situación, simplemente la enfrentan hablando de amor, un sentimiento que, según ellos, ni Trump se puede cargar.

El quinto trabajo de los de Brooklyn es de lo más bailongo y pop. De hecho, se acercan mucho al Beck más evasivo en temas como ‘Ecstatic Baby’, ’24-Hour Hatefull Live!’ o ‘Fluttering In The Floodlights’, que cuentan con ese sonido pop que no le hace ascos al funk o la música de baile. Algo que también aparece en la inicial ‘People I Loved’, en la que incluso se atreven con un buen falsete que les acerca a Prince. Pero ojo, que cuando se relajan, nos dejan los mejores cortes del disco. Es el caso de ‘Blue Skies Dandelions’ y de, sobre todo, ‘Let Me Listen In On You’, que es el mejor tema del álbum. Curiosamente, también son las más políticas, porque en la primera se habla del todo el pollo que ha tenido Trump con Rusia, y en la segunda de la vigilancia masiva que hace la NSA a los ciudadanos estadounidenses – el que haya visto de The Good Wife o The Good Fight sabrá de los que hablo-. De hecho, su estribillo, no puede ser más directo: “I can make your dreams come true / If you let me listen in on you / Let me listen in on you”.

Quizá no se tan notable como ese “Odd Blood” que publicaron en 2010, pero es un disco de lo más entretenido. Además, solo dura 29 minutos, así que se pasa en un suspiro.

7,3