Psymon Spine – Charismatic Megafauna

Psymon Spine es una de esas bandas curiosas salidas de la fauna de Brooklyn. Noah Prebish y Peter Spears, sus dos creadores, se conocieron en la universidad en 2017, y vieron que tenían una visión común de lo que tenia que ser un grupo, y gustos parecidos. Desde entonces, se han ido incorporando nuevos miembros, como la cantante y multi-instrumentista Sabine Holler, a la que Prebish conoció cuando formaba parte de Barrie, otra de las bandas de Brooklyn que está despuntando. Y juntos han creado un proyecto un tanto imposible de definir, porque es bastante ecléctico y algo loco.

Según ellos mismos, su intención siempre ha sido la de fusionar influencias como Talking Heads y Os Mutantes, con la escena dance neoyorquina. Y cuando hablan de esa escena, se refieren a una gran cantidad de épocas. Y es que, aquí hay algo de aquellos míticos años del Danceteria -la discoteca, nada que ver con ese horror que crearon dos bandas españolas hace un par de años-, del techno noventero (“Solution”), e incluso del dance rock que practicaban bandas como The Rapture o LCD Soundsystem (“Channels”). Pero eso es solo una pequeña parte de lo que encontramos en este disco, ya que la gran mayoría de canciones se van hacia paisajes ensoñadores de lo más sintéticos.

Charismatic Megafauna’ se abre con “Confusion”, un tema que, realmente, crea confusión. Y es que, de buenas a primeras, puede parecer que estamos ante otra banda que tira de eso pop meloso y perezoso que hace Mac DeMarco, pero, afortunadamente, no es así. Sus influencias son más ricas, y aunque se dejan llevar por sonidos más o menos reposados, se salen de eso mundo inmediatamente. Ahí está “Modmed” y su sonido groovy, en la que, por cierto, colabora Andrew VanWyngarden de MGMT. O “Jacket (Don’t Want You Back)”, en la que se dejan llevar por los ochenta más artys. Algo que también ocurre con la bailonga “Jumprope”, que parece creada para la pista de baile de ese Danceteria. Pero lo mejor del álbum llega con “Milk”, toda una delicia de pop sintético y ensoñador, en la que pone la voz la propia Barrie. Para que veamos que no hay malos rollos.

No estamos ante un disco perfecto, eso es así, pero sí ante un trabajo interesante y con muchas lecturas, que confirma que Psymon Spine es una banda que no tiene intención de casarse con ninguna escena.

7,4

James Blake – Before Ep

Me sorprende mucho que este nuevo Ep de James Blake no haya tenido una repercusión más grande. De hecho, son muchos los grandes medios que ni siquiera han hecho una crítica de él. Ya no solo Pitchfork, que está en guerra con el artista británico desde hace un par de años, es que ni siquiera aparece en su perfil de metacritic. Y es raro, porque presenta un cambio sustancial respecto a su anterior trabajo. O por lo menos muestra su lado más dance, y eso ya es una buena noticia.

Before’ nos presenta a un James Blake de lo más cómodo con los ritmos más bailongos. De hecho, el mismo ha confesado que, por fin, se siente a gusto empleando su voz en estos ritmos más movidos. Y tengo que confesar que le siente de maravilla. Solo hay que escuchar cómo se emociona a la hora de cantar en “I Keep Calling”, el corte que abre el Ep con bien de ritmos garage. O ese lado más pop que aparece en “Do You Ever”, en la que incluso se atreve a doblar su voz.

Sí es cierto que los otros dos cortes del disco no presentan un cambio muy significativo en su carrera. Tanto el tema que da título al Ep, como “Summer Of Now”, cuentan con esa delicadeza que siempre ha caracterizado su música. Lo único es que en la primera mete una base un poco más machacona, y ensucia un poco la canción al final. Pero la segunda, con esa voz pitufada, podría entrar cualquiera de sus anteriores trabajos.

Creo que James Blake ha hecho bien en acercarse a estos ritmos un tanto más movidos, porque hay que reconocer que se estaba estancado un poco en su mundo introspectivo, y que su anterior trabajo, que a mí me gustó, no tuvo un recibimiento muy entusiasta.

7,6

Empress Of – I’m Your Empress Of

empress of

Creo que, aunque Dua Lipa, y alguna más, se hayan hecho con el mando del pop femenino comercial, hay una artista que les da mil vueltas a todas. Se trata de Lorely Rodriguez, más conocida como Empress Of. La de Los Angeles tiene talento de sobra para crear canciones lo suficientemente comerciales como para petarlo. Además, las compone ella, y no cuenta con siete productores para hacer una canción de tres minutos que suena igual que un millón de temas más. Quizá, por eso, tiene bastante más personalidad, y sus canciones no son un refrito de estrellas del pop de otra década.

I’m Your Empress Of” es un disco que llega tras una ruptura sentimental. Pero no estamos ante un trabajo deprimente con el cortamos las venas. Todo lo contrario, Lorely decidió llevar la ruptura de la mejor forma posible: bailando. Además, le salió casi solo. Se metió en su estudio casero, y en apenas dos meses, ya tenía el disco terminado. Estamos ante un trabajo en el que la pista de baile es la protagonista, y en el que no te da ni un respiro (prácticamente no hay cortes entre pista y pista). Todo regado de una multitud de influencias, donde entran el house más retro, el synth-pop, el r&b o los ritmos latinos.

El tercer trabajo de Rodriguez empieza con el tema que le da título, el cual, curiosamente, protagoniza su madre. Toda una declaración de intenciones (una más en su carrera), y otra reivindicación de sus orígenes hondureños. A partir de ahí, los ritmos sintéticos y bailables, no paran de sucederse. Ahí está esa gema pop llamada ‘Bit of Rain’, donde los sintetizadores tienen un puntito algo sucio. O ‘Love Is a Drug’, en la que juega a meterse en la cultura club norteamericana de los ochenta. Algo que perfecciona en ‘Give Me Another Chance’, todo un himno para entregarse de lleno a la pista de baile. Pero no todo es tan sintético y anglosajón. Tanto ‘Void’, como ‘Maybe This Time’, tiran de sus influencias latinas. Y ojo, que también se entrega a un baile más oscuro y denso, como es el caso de la genial ‘U Give It Up’.

A pesar de ser un disco centrando en la música dance, también tiene tiempo para dejarnos algunas canciones más lentas. Es el caso de ‘Should’ve’, en la que se va un poco por las ramas y se mete en sonidos un tanto menos amables. O de ‘What’s The Point’, donde sí acierta de pleno yéndose hacia un terreno algo más ensoñador. De hecho, acaba el disco con varios cortes de este palo, donde destacan un medio tiempo de corte ochentero como ‘Not The Same’, y los arrebatos que aparecen en ‘Awful’, el último corte del álbum.

7,8

Locate S,1 – Personalia

locate_S_1_Cover

Si habéis seguido un poco el blog en los últimos meses, sobre todo sus recopilaciones, os habréis encontrado en más de una ocasión con el nombre de Locate S,1. Este proyecto, liderado por Christina Schneider, me tiene loco desde que escuché ‘Personalia‘, el tema que da tema a su segundo trabajo. En él, nos mostraba un rock absolutamente bailable, en el que se dejaba llevar por una base rítmica de lo más apasionada (el bajo es irresistible). Todo un hit que nos muestra el talento que puede llegar a tener esta artista de Atlanta. Algo que sigue dando buenas muestras en su nuevo álbum.

Producido por Kervin Barnes de of Montreal, que también es su pareja, “Personalia” es uno de esos discos que te arrasan desde la primera escucha. Aquí hay rock, disco, algo parecido al reggae, y mucho pop. A veces todo a la vez, y a veces de una forma más sencilla. El caso, es que ha dado en el clavo, y nos muestra una colección de canciones en la que hay muy poco relleno.

Desde el principio del álbum, en el que nos deja una ‘Sanctimitus Detrimitus‘ algo más experimental, pero en la que no pierde su toque pop (me ha recordado un poco a la Blondie más esquiva), no para de dejarnos un hit detrás de otro. Ahí está ‘Whisper 2000‘, el corte que viene a continuación, en el que juega con el pop más bailongo. Algo que también deja ver en la aeróbica ‘Classical Toys‘, o en esa ‘Hot Wife‘ de lo más efusiva. Y si ya nos vamos a ‘Even The Good Boys Are Bad‘, en la que aparece Barnes, podemos comprobar que se le da muy bien acercarse al sonido de la banda de su novio.

Donde baja un poco la guardia es en los temas más reposados. Porque, aunque el reggae sintético de ‘After The Final Rose‘ es notable, sí que le cuesta llevar a mejor puerto el resto de temas de estas características. Así, nos deja una ‘Community Porn‘ un tanto sosa, y una ‘Futureless Hives of Bel Air‘ excesivamente psicodélica. Menos mal que el toque esoñador que le da a ‘Hello‘ sí que le sienta bien a su música.

7,8

Blue Hawaii – Open Reduction Internal Fixation

Blue Hawaii

Blue Hawaii han tenido una de las evoluciones más curiosas de los últimos años. Lo que empezó siendo uno proyecto de electrónica minimalista, tranquila y elegante, ha terminado convirtiéndose en un acercamiento sin complejos al house y la música de baile. Eso sí, sin perder esa clase y elegancia que les caracteriza. Porque, el cuarto trabajo del dúo canadiense, es un disco creado para bailar, en el que los ritmos se aceleran y los beats se encrudecen. Todo ello regado con su buen hacer a la hora de crear melodías ensoñadoras, y algún que otro estribillo redondo.

Open Reduction Internal Fixation” se abre con ‘All The Things’, o lo que es lo mismo, su forma estupenda forma de ver ese estilo bautizado como UK Garage. Y es que, estamos ante uno de los mejores cortes del disco, o por lo menos, uno de los más pegadizos. Porque, tras él, nos dejan ‘Still I Miss U’, una delicada balada que está bien, sin más. Y partir de aquí, empieza la fiesta. El house más básico aparece en los siguientes cortes, y no siempre terminan de acertar. Está bien que le quieran dar elegancia con un saxo en ‘All That Blue’, pero les ha quedado un poco aburrido. Algo que también ocurre con ‘Sparkle’, la cual, tampoco termina de despegar. Porque, puestos a elegir, es preferible que se desmelenen un poco más, como hacen ‘On a High’, donde se aceleran bastante más y se van abiertamente a la pista de baile.

En la parte final del disco vuelven a bajar las revoluciones, y lo intentan, pero también se quedan a medias. ‘Trust’ cuenta con una atmosfera y un ritmo chulo, pero fallan a la hora de rematar la canción con una buena melodía y un estribillo decente. Afortunadamente, sí aciertan un poco más en ‘Can We Go Back’, el tema que cierra el álbum. En él, se dejan llevar por un sonido un tanto más lo-fi, pero consiguen darle un pequeño toque de emoción. Algo que falta en buena parte del disco.

Desde luego, Blue Hawaii, saben crear atmosferas y sonidos interesantes, pero les cuesta mucho terminar de redondear su propuesta, y se terminan quedando en una especie de medianía pasable, pero no memorable.

6,8

Holy Ghost! – Work

HolyGhost_WORK_cover-8bit-1554293442-640x640

De entre todos los grupos que graban, o han grabado para el sello DFA, Holy Ghost! siempre han sido los que más se han lanzado a la pista de baile. Este dúo de Nueva York, formado por dos amigos que se conocen desde la infancia, ha sabido rescatar como nadie buena parte de la música dance de su ciudad. Especialmente del disco, un estilo en el que se han ido metiendo poco a poco, y actualizando a medida que iban sacando discos. Algo que se acentúa en su nuevo trabajo, el cual publican en West End Records, el mítico sello de música disco neoyorquino.

Work” es puro Nueva York, y su sonido nos retrotrae a esa ciudad, y a los convulsivos ochenta. De hecho, solo hay que ver esa portada, obra del artista conceptual Agnes Denes, que nos muestra un collage de 1982 en el que se ve a un granjero con un tractor en Battery Park. Pero no se quedan ahí, porque el álbum se abre con dos temas de puro disco llamados ‘Epton on Broadway’. Para que no haya lugar a dudas de cuál es su ciudad, y lo mucho que los ha influido a la hora de crear su música.

A pesar de sus buenas intenciones a la hora de recrear el sonido de una época, no se puede decir que estemos ante un gran trabajo. “Work” funciona por momentos, porque, al final, termina resultando un tanto repetitivo. Y cuando no lo es, meten una balada como ‘Heaven Knows What’, que no puede ser más aburrida. Eso sí, cuando aciertan, son infalibles. Ahí está ‘Anxious’, la cual, con esos teclados tan vintage, nos mete de lleno en una especie de disco actual. Algo que también sucede con ‘Do This’ o ‘One Pete’, dos temas un tanto más reposados, en los que las guitarras a lo Chic, toman protagonismo. Y luego tenemos el synth-pop de ‘Soon’, en la que cruzan el charco y se van a Europa (casi parece una canción de Tears For Fears).

Holy Ghost! no se han olvidado de ese tipo de canción más bailable, y un tanto más acelerada, que tan buenos resultados les ha dado en el pasado (‘Dumb Disco Ideas’ sigue sonando de maravilla), y aquí meten un par de ejemplos. El primero es ‘My Happy House’, donde se meten de lleno en los sonidos más cercanos a su antiguo sello, ya que, se podría decir, que es un dance más actual. Y luego tenemos ‘Escape From Los Angeles’, en la que se marcan un clásico de la casa. Eso sí, la fórmula les sigue funcionando bastante bien.

Quizá, con un par de canciones menos, estaríamos ante un disco un poco menos irregular. Lamentablemente, no es así, y hay que hacer una pequeña criba antes de escucharlo.

7,4

Pet Shop Boys – Agenda EP

badc3dbbf598664a3e4f63a2fd548740

Una de las cosas que más me gustan de Pet Shop Boys, es como dan en la diana con unas letras llenas de ironía, sarcasmo y mucha mala uva. Lo llevan haciendo desde el principio de su carrera, y se han convertido en unos auténticos especialistas de los dobles sentidos, y de soltar verdades como templos con una elegancia absoluta. Por eso estoy encantado de que hayan decidido hacer el que es su EP abiertamente político. Además, ha llegado por sorpresa, porque lo anunciaron el martes pasado y han ido estrenando una canción cada día hasta hoy.

Agenda” es un repaso a una parte de la mierda que hay en nuestra sociedad actual, y en él le dan cera a temas como el capitalismo brutal, la tontería con las redes sociales que todos tenemos encima, el Brexit, o el drama de la inmigración. Además, por una vez, son bastantes directos en sus letras, y con solo leer los títulos, uno ya se puede imaginar por dónde van los tiros. Para empezar, nos encontramos con una estupenda, y clásica, balada de los Pet Shop Boys. ‘Give stupidity a chance’ está dedicada a Trump y a los políticos de su país que han ideado todo el Brexit. Además de a los que han dado esa “oportunidad” a los populistas. Pero en ‘On social media’ cambian las tornas, y son (o somos) los que estamos enganchados a las redes sociales su siguiente diana. El caso es que, entre dardos contra la gente que pontifica en twitter o que se siente feliz porque tiene muchos likes, nos dejan un temazo que nos recuerda a sus primeros noventa, y que es todo un rompe pistas. Aunque lo mejor viene en ‘What are going to do about the rich?’, toda una hostia contra todos esos millonarios que se están haciendo con las ciudades a golpe de talonario. Algo que ellos sabrán muy bien, porque Londres es una de las urbes del mundo donde más se está dejando ver este capitalismo salvaje. Con estos ingredientes, se sacan de la manga el tema más pop que han hecho en los últimos años, en el que se hacen con un estribillo infalible (esas trompetas son irresistibles) y una melodía para el recuerdo. Para cerrar el EP bajan las revoluciones y se ponen bastante más serios. ‘The forgotten child’ es una preciosa balada que refleja el problema de la inmigración y lo llevan a la peor perspectiva posible: la de los niños que la sufren y mueren en el intento de conseguir una vida mejor.

Me he reconciliado con Pet Shop Boys tras el batacazo que supuso “Super”, un disco que los llevó a lo peor de la música dance actual. Pero no canto victoria, porque en su siguiente trabajo volverá a ser Stuart Price el que esté a los mandos de la producción. Ya podrían repetir con Tim Powell (Xenomania), que ha producido este EP y ha recuperado lo que más me gusta del dúo de Londres.

8

Toro y Moi – Outer Peace

v600_cak131_toroymoi_outerpeace_900

Hace unos años, cuando apareció todo aquello que se hizo llamar chillwave, parecía que había unos cuantos artistas que se iban a comer el mundo con su fusión de electrónica casera y pop, pero todo se quedó en un espejismo. Entre todos esos artistas que despuntaron a principio de esta década, estaba Chaz Bundick, que se escondía bajo el nombre de Toro y Moi y que incluso llegó a meter algún disco suyo en las listas norteamericanas. De hecho, es de los pocos músicos de esa etiqueta que todavía saca discos regularmente. Precisamente, porque, poco a poco, se ha ido desligando de ese movimiento y se ha centrado en otros muchos estilos. Algo que vuelve hacer en su nuevo trabajo.

Puede parecer que “Outer Peace” es un disco oportunista, ya que es un trabajo ecléctico en el que se deja llevar por algunos de los estilos que están de moda, pero el chico lo hace bien y nos deja unos cuantos buenos temas. Sobre todo cuando se lanza a la pista de baile –no hay que olvidar que hace unos años editó un disco dance bajo el nombre de Les Sins-. Es el caso de la estupenda ‘Fading’, que abre el disco de la mejor forma posible. O del funk sintético de ‘Ordinary Pleasure’ y ‘Freelance’, que son una delicia. Aunque lo mejor llega con ‘Laws of Universe’ y ‘Who Am I’, los cuales son los cortes más bailongos y electrónicos de todo el disco. Por cierto, que en la primera hay un pequeño guiño a LCD Soundsystem y su ‘Daft Punk Is Playing At My House’.

La parte más irregular del disco aparece en los temas más reposados y R&B. Y es que, no es que le salgan mal, tanto ‘Miss Me’, en la que cuenta con la colaboración de Abra, como ‘New House’, están bien, pero quizá sí que dejan una pequeña sensación de que está tratando de convertirse en Blood Orange. Algo que también sucede en ‘Monte Carlo’, en la que, de paso, se acerca al trap, y la verdad es que no le ha quedado mal.

Al igual que en sus anteriores trabajos, estamos ante un disco algo irregular que no va a cambiar el mundo, ni su carrera, pero también estamos ante un álbum que tiene momentos muy entretenidos y algún que otro temazo. Todavía hay esperanza para Toro y Moi.

7,2

Matthew Dear – Bunny

matthew-dear-bunny-cover-art

Matthew Dear está etiquetado como un artista de música electrónica, pero es una etiqueta bastante perezosa y generalista. El de Texas nunca ha tenido ningún problema en acercarse al post-punk, el shoegaze y otros estilos más relacionados con el rock. Es más, siempre ha citado entre sus principales influencias a David Bowie y Talking Heads. Además, ha hecho remixes para bandas como Spoon, MGMT o The Drums. Por lo tanto, no sorprende que, en su nuevo disco, haya unas cuantas guitarras, colaboraciones como las de Tegan & Sara y el cantante de Protomartyr, y temas que prácticamente suenan a Lou Reed. Lo mejor de todo esto, es que se le da bastante bien.

Bunny” debe de ser uno de los discos más pop de su carrera, pero es un pop un tanto atípico, en el que hay muchos elementos y en el que no se va a lo fácil. Algo que es un poco contradictorio tratándose de este tipo de música. Sí es cierto que hay algún tema que podríamos calificar de más convencional, como esa ‘Bad Ones’ donde ponen las voces Tegan & Sara, las cuales, por cierto, también colaboran en la más extraña ‘Horses’. O ‘Modafinil Blues’, en la que se va un dance de lo más amable. Y eso que, según su mujer, “su voz suena como la de un adolescente borracho tratando de imitar a Tom Waits”. Algo que no impide que en ‘Duke of Dens’ y ‘Electricity’ nos deje un par de hits tremendos. Sobre todo la segunda, que es un temazo de lo más bailable en la que se pone de lo más melódico en su estribillo.

Lo bueno que tiene Dear, es que, cuando se pone un poco más esquivo, también consigue llegar al oyente con facilidad. Es el caso de ‘Calling’ y ‘Can You Rush Them’, donde juega con la oscuridad y se adentra en el post-punk. O esa extraña, pero realmente adictiva, ‘Echo’, una canción que el mismo ha confesado que le recuerda a Lou Reed. Incluso en un tema como ‘Bunny’s Dream’, que prácticamente es instrumental y está más centrado en su faceta puramente electrónica, logra dar con ese punto que hace que te enganche de buenas a primeras. Y si nos vamos a la estupenda ‘Kiss Me Forever’, nos damos cuenta de porque siempre menciona a los Talking Heads entre sus influencias.

Está claro que Matthew Dear lleva veinte años en esto por algo, y que la suya es una carrera llena de discos notables. A la que ahora hay que sumar “Bunny”, que es una prueba más de que cuenta con un talento especial para fusionar la electrónica con otro tipo de sonidos más cercanos al rock.

7,8

The Blaze – Dancehall

nr1xyms7swnsa_600

En tan solo dos años, The Blaze se han convertido en una de las sensaciones de la música electrónica europea. Con tan solo un EP, estos dos primos franceses, se han metido en los carteles de los festivales más importantes, y en algunos de ellos, como el del Primavera Sound, en una posición bastante alta. La culpa de todo esto la tienen sus vídeos, los cuales acumulan millones de visitas en YouTube y les han hecho virales. Y es que, Guillaume y Jonathan Alric, además de ser músicos, también son realizadores cinematográficos, algo que han demostrado de sobra en los clips de sus canciones. Incluso se llevaron un premio en Cannes por el de ‘Territory’. Su sello es inconfundible, y en ellos nos dejan historias en las que los inmigrantes de su país suelen ser los protagonistas, logrando que las imágenes y su música se alineen y resulten de lo más emocionantes. Lo malo es que, por separado, no obtienen los mismos resultados, y sus canciones sin esas imágenes resultan menos impactantes.

Dancehall” es uno de esos trabajos que puede llevar la música electrónica a todo tipo de oídos, ya que es un disco con un sonido bastante amable y preciosista. Y ese, quizá, es su punto fuerte. Sus canciones, que podrían describirse como una fusión entre el house y la chillwave, consiguen emocionar en algunos momentos. Es el caso de ‘Heaven’, que es una canción dance bastante estándar, pero funciona bien. O ‘She’, que es un poco más acelerada y vibrante. Aunque, si soy sincero, cada vez que la escucho, me recuerda muchísimo a una canción, pero no termino de caer. Junto a estas dos, también hay que meter a ‘Faces’ entre lo mejor de este álbum de debut. De hecho, diría que es su tema más redondo. Quizá, porque se mueven en otros sonidos, dejando el house de lado y centrándose en su lado más melódico. Y es que, con ella sí que consiguen emocionar sin necesidad de que haya imágenes de por medio.

Del resto del álbum podría destacar ‘Places’, en la que también se relajan un poco y hacen la que es la canción más alegre de todo el disco. Y es que, esa melancolía con la que cuenta casi todo el álbum, termina saturando un poco y haciendo que se haga un tanto repetitivo. Así que sí, temas como ‘Rise’ o ‘Queens’ no están mal – a pesar de que en la primera me vienen a la cabeza los Safri Duo cada vez que la escucho, y la segunda es uno de los mejores ejemplos de que, con imágenes, sus temas son mucho más interesantes-, pero tampoco son la panacea. Luego tenemos cortes como ‘Runaway’ y ‘Breathe’, que no hay por dónde pillarlos. Y es que, lo de cantar, no es lo suyo.

Lo dicho, estamos ante un álbum que funciona mejor si le ponemos unas imágenes de por medio. Lo cual, no es nada malo, tan solo es otra forma de escuchar música.

7,1