Shannon And The Clams – Year Of Spider

Shannon Shaw se ha convertido en una de las caras más visibles del punk y el garage-rock de la Bahía de San Francisco. Primero, formando parte de los geniales Hunx and His Punx, y desde hace ya más de una década con su propia banda: Shannon And The Clams. Junto al guitarrista Cody Blanchard, que lleva tocando con ella desde la universidad, se han hecho con una discografía en la que exploran buena parte de los sonidos norteamericanos de los 50, 60 y 70. Así, en sus discos, no solo se puede escuchar garage y punk, también rockabilly o doo-wop.

Year of Spider’ nace después de una mala época para Shaw. Y la verdad es que la historia que lo inspiró no tiene desperdicio. Al parecer, para ver cómo capeaba esa crisis que tenia en su vida, se lo ocurrió visitar a una astrologa. Y esa astrologa le dijo que canalizara el poder de Durga, una diosa hindú vigilante que se reconoce por sus ocho brazos. Por lo que Shaw, que tiene pavor a las arañas, llegó a la conclusión de que “se estaba protegiendo de lo que más temía”. Algo que le ha hecho salir de su zona de confort y componer el disco más ecléctico de su carrera.

En el sexto álbum de Shannon And The Clams hay un poco de todo. Es más, si miráis la lista de las canciones que lo han inspirado -ojo, que hay una de nuestra Marisol-, os encontrareis con poco más de una hora de lo más variada. Y eso se traslada a los temas de este trabajo. En él, tenemos esos clásicos chutes de nostalgia en el que recupera a los grupos de chicas de los 50 y 60 (“Do I Wanna Stay” y “I Need You Bad”); coqueteos con la psicodelia (“Midnight Wine” y “Godstone”), o pop de lo más soleado (“Flowers Will Return”). Pero también hay algún acercamiento al disco, como en la estupenda “All Of My Cryin’”. Aunque eso sí, lo mejor sigue siendo cuando se pone retro y entrega una delicia como “In The Hills, In The Pines”, o cuando tira del sonido de Phil Spector en “Mary, Don’t Go”.

Aunque fallan un poco en los dos temas finales, Shannon And The Clams han sacado un sexto trabajo de lo más completo, y lo que es mejor, de lo más entretenido.

7,6

Molly Burch – Romantic Images

Siempre me ha gustado el rollo retro a medio camino entre los 50 y 60 que tenia Molly Burch. La artista de Austin cuenta con una de esas voces que se adaptan perfectamente a esos sonidos añejos, pero creo que a su música le faltaba un pequeño empujón para que me terminara de convencer del todo. Y ese empujón ha llegado con su tercer trabajo, si no contamos su álbum navideño, claro. Porque, más allá de su evidente cambio de sonido, también hay un cambio de actitud. Estamos ante una Molly Burch más optimista, que ha decidido escribir sobre todo lo bueno que tiene en su vida, y dejar el desamor para otro momento. Y eso siempre es un acierto.

Romantic Images’ es un disco producido por Tennis, y la verdad es que se nota bastante. Además, tanto en los temas más animados, como en los más reposados. Todas sus canciones tienen ese aire setentero que tanto le gusta al matrimonio de Baltimore. Y hay que reconocer que es todo un acierto, porque la voz de Burch se adapta de maravilla a este cambio. De hecho, cuando aparece su lado más disco, como es el caso de la estupenda “Emotion”, donde también ha contado con la ayuda de Wild Nothing, resulta insuperable.

Uno de los puntos fuertes de este trabajo es la elegancia con la que Burch encara sus canciones. Su capacidad vocal -estudió canto en la universidad- funciona de maravilla entre bolas de espejo y ritmos que se adentran en la pista de baile. Ahí está la deliciosa “Games”, en la que se acerca sin remordimientos al pop de los ochenta. O “Heart of Gold” y “Took a Minute”, donde fusiona a la perfección el soft-pop y el disco. Pero también sabe lo que se hace cuando se sienta al piano y decide que es hora de irse de lleno al pop elegante de los setenta. Lo hace nada más empezar, con esa estupenda “Control” en la que no puede evitar fijarse en Kate Bush. O en dos bonitas baladas como “New Beginning” y “Back in Time”. Pero atención a esa “Easy” tan melosa y sintética, que es una delicia.

Molly Burch ha hecho bien en darle un giro a su sonido y en adelantar un par de décadas sus influencias, porque creo que no me equivoco si digo que, por lo menos, estamos ante su trabajo más entretenido.

7,8

Bodies of Water – It’s This What It’s Like

A Bodies of Water los conocí por Music Go Music, el que fue su hermano pequeño durante un periodo corto de su carrera. Y me consta que no soy el único. Aquél primer disco tan deudor de ABBA y de la música disco de los setenta enamoró a muchos y muchas, y su segundo trabajo no hizo más que continuar con el idilio. Pero un buen día, David y Meredith Metcalf decidieron que ya era hora de centrarse de nuevo en su proyecto principal. Y aquí siguen, en plena forma, y con el que es el primer disco de Bodies of Water en cuatro años.

No lo ha tenido fácil el matrimonio del norte de Los Ángeles en estos últimos dos años, ya que a los incendios que vivieron a finales de 2019, se le unió la pandemia y dejó aparcadas las grabaciones de estas canciones más tiempo del que esperaban. Y es que, no estamos hablando de una banda cualquiera que pueda grabar tranquilamente en el dormitorio de su casa. Bodies of Water casi es un colectivo en el que se llegan a juntar hasta once músicos, y eso en plena pandemia es algo casi imposible de organizar. Pero al final lo consiguieron.

It’s This What It’s Like’ sigue la estela setentera que tienen todos sus proyectos, pero es bastante más variado de lo habitual. Para empezar, están más bailongos que nunca. A su rock y pop lleno de letras imposibles de descifrar, le han dado un toque de calidez que le viene de maravilla. Así, nada más empezar, se dejan llevar por un sonido disco algo psicodélico que es una delicia, y nos entregan “Every Little Bird”. Algo a lo que vuelven en la también estupenda “Trust Your Love”, donde dan buena cuenta de los bongos, y te hacen bailar desde el primer segundo. Y lo mejor es que van un poco más allá, y no tienen ningún problema en ponerse más étnicos y entregar una delicia como “Never Call Me Again”, o de llevar su indie-pop hacia la pista de baile en la maravillosa “I Knew Brother”.

En la otra mitad del disco prefieren relajarse y entregar unas cuantas baladas que, ojo, también beben de los setenta. Ahí está esa épica y grandilocuente “I’ll Go With You”, que los acerca a los ABBA más melancólicos. O la estupenda “Say Goodnight”, donde juegan con sonidos más cercanos al r&b. Además de esa “Illuminate Yourself” final, que cierra el disco con unos buenos coros y con mucha épica.

Lo dicho: Bodies of Water están en plena forma. Ahora solo falta que recuperen a su hermano pequeño y nos den otra alegría.

7,9

Rhye – Home

Creo que no soy el único que piensa que Rhye se están repitiendo constantemente. La banda canadiense, liderada por Mike Milosh, ya lleva unos cuantos discos actualizando el R&B más ochentero, y en especial, esa influencia evidente de Sade. Y sí, es cierto que lo hacen muy bien, tanto en disco, como encima de un escenario, porque tienen un directo bastante notable. Pero también es cierto que, tras tres trabajos, la fórmula está empezando a dar bastantes señales de agotamiento. Así que tenemos que comenzar a diseccionar sus discos y quedarnos con lo realmente interesante. 

Lo de que el álbum se llame ‘Home’ no es ninguna casualidad. Atiende a ese hogar/estudio, que se ha montado Milosh en su casa de las montañas de Santa Monica. Allí se creo este disco en 2019. Y, como dato curioso, hasta allí voló el Coro Nacional Femenino Danés -ganaron un concurso que organizo el Gobierno de Dinamarca-. 49 voces infantiles que sirven de apoyo a la susurrante voz de Milosh. Este es el único ingrediente nuevo que presenta este trabajo, ya que, hasta ahora, se lo cantaba todo él solito. El resto sigue en la misma linea de siempre. 

Hace unos meses, cuando escuché ese adelanto llamado “Black Rain”, pensaba que por fin iba a cambiar su sonido, y que la cosa parecía que se animaba un poco. Pero no, este pedazo de himno disco, perfecto para un anuncio de colonia, es la rareza del disco. Tan solo se le acerca un poco la también estupenda “Come In Closer”, en la que los instrumentos de cuerda tienen bastante protagonismo -precioso su final-. Y bueno, quizá también “Safeword”, que cuenta con una parte más movidita. Y es que, alguien tendría que decirle que se anime más a menudo, porque su música gana muchos puntos. 

Es cierto que no podemos ignorar parte de su lado más sedoso y elegante, porque ahí también acierta de vez en cuando. Solo hay que escuchar “Beautiful”, una canción con un título que ya lo dice todo. O el soft-rock de “Hold You Down”, en la que se puede escuchar a ese coro danés. Aunque lo mejor de esta faceta viene con “Helpless” y “My Heart Bleeds”. La primera es una deliciosa y emocionante balada, en la que consigue su R&B siga sonando fresco. Y la segunda desprende toda esa calidez que muchas veces presenta su música. Y sí, las dos suenan una barbaridad a Sade

Creo que a Rhye le hace falta hacer lanzarse a la piscina y hacerse un Jessie Ware. Es decir, que nos obsequie con un disco al completo para bailar y disfrutar sin complejos. Seguro que de ahí saldría reforzado. 

7,1

Pearl Charles – Magic Mirror

Pearl Charles es una de esas artistas que ha crecido acompañada de música. Con tan solo cinco años empezó a cantar, con 18 formó un dúo de country-pop, poco más tarde se dedicó a tocar la batería en la banda de garage-rock The Blank Tapes, y desde 2015 lleva una carrera en solitario que está en continuo ascenso. Y es que, tras un Ep y un álbum de debut que obtuvieron buenas críticas, ahora publica un segundo trabajo que se está convirtiendo en una de las sorpresas de este inicio de 2021. Y no es para menos, porque aquí hay buen material.

Magic Mirror’ es algo así como una especie de repaso a una buena parte de la música americana que se hizo desde los sesenta hasta los ochenta. Es decir, que por aquí hay toques de soft-pop, disco, country rock, e incluso folk. Todo hecho con sumo detalle y elegancia. Aunque eso sí, empieza el disco haciéndose un ABBA de manual. Y es que, esa “Only for Tonight” que lo abre, no puede beber más del grupo sueco más famoso de la historia. Algo que siempre es bueno, porque si se hace bien, te pueden salir joyas como esta. Es la canción del disco, y una de las mejores de lo que llevamos de año. Y sí, se podría decir que es su “Dancing Queen”. Solo hay que ver su vídeo.

Es cierto que el resto del álbum tira hacia sonidos menos disco. Se le da bastante bien el pop sofisticado de los setenta, y lo demuestra en las estupendas “What I Need”, “Imposter” y “Slipping Away”, tres temas que a mi me han recordado mucho a lo que suele hacer en solitario Eleanor Friedberger. Pero no se queda ahí, también disfruta de ese lado más meloso que tenia el pop de aquella época. Así, el piano y los instrumentos de cuerda se convierten en los protagonistas de la bonita “Don’t Feel Like Myself”, y una steel guitar hace que “Take Yoir Time” tire hacia su faceta más country. Pero yo me sigo quedando con el pop sofisticado y elegante, donde entran las maravillosas “All The Way” y “Sweet Sunshine Wine”.

Desde luego, si queréis dar con un buen disco, nada complicado, refinado, y lleno de buenas canciones, estáis ante el trabajo el perfecto.

7,9

Midnight Sister – Painting the Roses

No soy yo muy aficionado a eso del art-pop, pero de vez en cuando hay cosas dentro de esta etiqueta que sí me gustan. Porque, para ser sinceros, creo que pocos, o nadie, saben que entra dentro de esas dos palabras juntas. Así que, básicamente, todo lo que sea un pop poco convencional, lo meten ahí. Y la verdad es que Midnight Sister, el dúo de Los Angeles formado por Juliana Giraffe y Ari Balouzian, encaja perfectamente en esa descripción. De hecho, son dos artistas multidisciplinarios que hacen canciones, así que parece que la etiqueta está creada expresamente para ellos.

Painting The Roses’ es su segundo trabajo, y en él nos dejan unas cuantas canciones que, principalmente, beben de varios elementos la música de los setenta. Así, nos encontramos con toques glam, algo de disco, otro poco de folk, y una pequeña obsesión por el soft-rock más elegante. Todo enfocado con su personalidad, que no deja de ser una tanto extraña, pero también muy interesante.

El disco se abre con “Doctor Says”, un tema donde dan buena muestra de lo bien que se les da jugar con los sonidos retro. Aquí, sacan parte de su faceta soft-rock, y parte de su faceta glam, que juntas, funcionan estupendamente. Pero también lo hacen por separado, porque, tanto en “Satellite”, como en “Foxes”, los dos temas que vienen a continuación, se meten de lleno en estas facetas. En la primera juegan con ese rock sedoso y elegante que tantos adeptos tiene en estos días, y en la segunda se adentran a tope en el mundo del glam. De hecho, es un corte que es puro Bowie del 72.

Una de las cosas buenas que tiene este trabajo, es que también es muy variado. Eso sí, siempre con la mirada puesta en los setenta. Ahí está ese himno disco llamado “Sirens”, toda una joya en la que se van a una pista de baile de lo más elegante. Algo a lo que también se acercan en “Limousine”, otra de las joyas del álbum. Pero también saben hacer temas notables cuando bajan el ritmo y se ponen un poco más “arty”. Es el caso de las muy cinematográficas “My Elevator Song” y “Song for the Trees”, y de esa estupenda balada llamada “Wednesday Baby”. Además de la curiosa “Dearly Departed”, que con ese saxo me ha recordado bastante al último trabajo de U.S. Girls.

Es un disco curioso y, en algunos momentos, algo escurridizo, pero tiene unos cuantos cortes estupendos y termina enganchando.

7,8

The Avalanches – We Will Always Love You

Es un poco extraño que The Avalanches hayan decidido publicar su nuevo trabajo un 11 de diciembre, cuando ya están todas las listas de lo mejor del año cerradas, y la gente está a otras cosas. Y lo digo porque, tras ver unas cuantas críticas del álbum, podría haber entrado en muchas de esas listas. Pero bueno, supongo que esto no les importará mucho cuando han decidido que salga en estas fechas. Y la verdad es que yo me alegro, porque así salimos un poco de los repasos, los cuales, en el fondo, me dan un poco de pereza.

We Will Always Love You’ es todo un collage sonoro, y una especie de proeza del corta y pega. Evidentemente, y viniendo de The Avalanches, no estoy diciendo nada nuevo, porque han hecho del sampler su forma de vida, pero no deja de ser algo sorprendente lo bien que lo manejan. Además, esta vez, fusionan toda su maquinaria de sonidos con un buen plantel de colaboraciones de lo más reconocibles. Y lo mejor de todo, es que estamos ante un álbum totalmente coherente, y con una línea sonora bastante clara. Algo que me parece realmente sorprendente, porque habiendo tantas personas implicadas, lo normal es que cada uno vaya por su lado, pero este no es el caso.

Con tanta colaboración, y con un minutaje tan largo (dura 71 minutos), es difícil quedarse con unos pocos temas. Sobre todo, porque la gran mayoría funcionan bastante bien. Pero bueno, si tengo que elegir, me quedo con ese lado más ensoñador que presentan algunas canciones. Es el caso de “The Divine Chord”, en la que MGMT y Johnny Marr unen fuerzas para crear un de tema que casi parece un villancico. O de esa maravillosa “Interstellar Love”, donde fusionan la voz de Leon Bridges con un sampler de Alan Parsons. Y si ya nos vamos a “Gold Sky”, nos encontramos con una pequeña joya, en la que Kurt Vile se hace un spoken word por encima de un sampler de Pat Metheny, y con los coros de Wayne Coyne de fondo. Incluso, cuando se relajan un poco más, y tiran hacia un soul futurista, también consiguen grandes resultados. Es el caso de “Reflecting Light”, donde Sananda Maitreya, que no es otro que Terence Trent D’Arby, envuelve la canción con su sedosa voz. O de “Until Daylight Comes”, en la que consiguen que Tricky suene algo más luminoso.

No todo tiene un tono relajado en este trabajo, también saben hacernos bailar. De hecho, buena parte de lo mejor del disco entra dentro de esta faceta. Ahí está el funk-soul de “On The Sunn!”, en la que aparece Perry Farrell. O esa maravilla llamada “We Go On”, donde Mick Jones -sí, el de los Clash– y Cola Boyy, se unen al The Yarra Voices Choir, para hacer el tema más pegadizo de todo el álbum. Pero ojo, que también hay algún notable tema sin colaboraciones. Es el caso de “Music Makes Me High”, un tema en la que se valen de unos cuantos samplers para crear todo un himno disco.

8

Jessie Ware – What’s Your Pleasure?

Si lo miramos bien, tiene todo el sentido del mundo que Jessie Ware se haya lanzado el mundo de la música disco. La artista británica ha derrochado elegancia y clase durante el principio de su carrera, y todo sabemos que eso es algo que le viene muy bien a este estilo de música. Además, para ser sincero, creo que ya necesitaba un cambio un tanto drástico. Su soul molaba, pero tras tres discos, esa fórmula estaba un poco agotada.

What’s Your Pleasure?” es un disco sensual que nos lleva directamente a otra época y otro lugar. Concretamente al Nueva York de finales de los setenta y esas discotecas en las que el disco se hizo con todo. Joyas, champagne, cocaína, sexo, y mucho baile, podría ser el resumen perfecto. Y es que, la inglesa, está desatada en este trabajo, y no se corta un pelo a la hora llenar estos temas de referencias sexuales. Unos temas que suenan a clásicos de aquella época, pero que, a su vez, también resultan de lo más frescos. Lo de llenar de instrumentos de cuerda estas canciones ha sido todo un acierto, y es algo que se puede apreciar desde el primer momento con ‘Spotlight’, el pedazo de hit que abre el álbum. Pero también en la estupenda ‘Step Into My Life’, o en ese baladón final llamado ‘Remember Where You Are’.

Lo bueno de este disco, es que, a pesar de tener un nexo común, es muy variado. Así, encontramos temas que tiran hacia sonidos un poco más funk, como es el caso de ‘Ooh La La’ y ‘Read My Lips’. Pero también otros que se van hacia mundos más electro. Ahí tenemos la estupenda canción que da título al álbum, o ‘Soul Control’, las cuales se acercan una barbaridad a las pistas de baile de los primeros ochenta. De hecho, en la genial ‘Mirage (Don’t Stop)’, rinde un homenaje a Bananarama y su ‘Cruel Summer’. Pero ojo, que en ‘Save a Kiss’ se pone un poco más contemporánea y se saca de la manga todo un himno en el que se acerca al mundo del Robyn. Aunque, para ser justos, también podría ser una canción con una notable influencia del ‘I Feel Love’ de Donna Summer.

Jessie Ware se ha sacado de la manga un disco brillante, elegante y sensual, con el que no vais a poder parar de bailar en todo el verano.

8

Okay Kaya – Watch This Liquid Pour Itself

Okay Kaya

La noruega, con residencia en Brooklyn, Kaya Wilkins, se ha convertido en una de las sensaciones de los últimos años. Ya no solo musicalmente con su proyecto Okay Kaya, también como modelo, desfilando para Balenciaga, Calvin Klein o Marc Jacobs, y como actriz, donde ha hecho sus pinitos en el cine independiente. Una toda terreno que, tras encandilar a King Krule o Jamie xx, publicó un primer trabajo con unas críticas más que notables. En ellas, se destacaba su buen hacer a la hora de fusionar el pop con la música lounge, y de ahí, pasar de vez en cuando a unos sonidos más propios de la mejor Sade. Ahora vuelve con un segundo álbum, y parece que hay algunos cambios (musicales).

Wilkins nunca ha tenido problema en contar historias personales en sus canciones. De hecho, para ella, escribir es toda una terapia que la ayuda con sus problemas mentales y sus traumas. Su primer trabajo era una buena prueba de ello, y todo un arrebato de sinceridad. Y su segundo álbum va por el mismo camino. Eso sí, lo hace con bastante sentido del humor, y es capaz de sacarte una sonrisa con una canción que habla de un internamiento en un psiquiátrico tras una depresión (‘Psych Ward’). Historias que adorna con dulces toques folk, y una calma que sobrevuela por casi todo el disco. De hecho, es un trabajo bastante cálido.

Okay Kaya tiene claro que no quiere enrollarse mucho en sus canciones, y nos deja 15 cortes que, en total, no llegan a los cuarenta minutos. La gran mayoría de ellos, se van hacia terrenos reposados en los que hay un poco de todo. Así, nos encontramos con deliciosas gemas de pop sixties (‘Insert Generic Name’ o ‘Overstimulated’), sedosos cortes cercanos al R&B (‘Baby Little Twin’ y ‘Symbiosis’), o algunos arrebatos más experimentales (‘Hallelu Ya Hallelu Me’ y ‘Givenupitis’). Pero, entre todas estas referencias tan suaves, y en muchos casos, etéreas, hay unos cuantos cortes que se salen de la norma. Y ahí es donde sale ganando. Porque, el electro-pop de ‘Asexual Wellbeing’ es absolutamente delicioso, y le da el que podría convertirse en su mayor hit. Más tarde nos encontramos con ‘Mother Nature’s Bitch’, donde vemos que tiene aptitudes para lanzarse al disco más clásico. Lástima que apenas lo desarrolle durante un minuto y medio. Y si nos vamos a ‘Stonethrow’, nos encontramos con un corte de synth-pop algo lo-fi, que es una auténtica delicia. Además de la ya mencionada ‘Psych Ward’, donde sale a la luz su faceta más rock.

Desde luego, no se puede negar que, como propuesta sonora interesante, este “Watch This Liquid Pour Itself”, cubre las expectativas con creces. Eso sí, creo que, si desarrollara sus canciones con más ganas, podría dar con una colección de temas sobresaliente. De momento, se queda en el notable.

7,4

Holy Ghost! – Work

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De entre todos los grupos que graban, o han grabado para el sello DFA, Holy Ghost! siempre han sido los que más se han lanzado a la pista de baile. Este dúo de Nueva York, formado por dos amigos que se conocen desde la infancia, ha sabido rescatar como nadie buena parte de la música dance de su ciudad. Especialmente del disco, un estilo en el que se han ido metiendo poco a poco, y actualizando a medida que iban sacando discos. Algo que se acentúa en su nuevo trabajo, el cual publican en West End Records, el mítico sello de música disco neoyorquino.

Work” es puro Nueva York, y su sonido nos retrotrae a esa ciudad, y a los convulsivos ochenta. De hecho, solo hay que ver esa portada, obra del artista conceptual Agnes Denes, que nos muestra un collage de 1982 en el que se ve a un granjero con un tractor en Battery Park. Pero no se quedan ahí, porque el álbum se abre con dos temas de puro disco llamados ‘Epton on Broadway’. Para que no haya lugar a dudas de cuál es su ciudad, y lo mucho que los ha influido a la hora de crear su música.

A pesar de sus buenas intenciones a la hora de recrear el sonido de una época, no se puede decir que estemos ante un gran trabajo. “Work” funciona por momentos, porque, al final, termina resultando un tanto repetitivo. Y cuando no lo es, meten una balada como ‘Heaven Knows What’, que no puede ser más aburrida. Eso sí, cuando aciertan, son infalibles. Ahí está ‘Anxious’, la cual, con esos teclados tan vintage, nos mete de lleno en una especie de disco actual. Algo que también sucede con ‘Do This’ o ‘One Pete’, dos temas un tanto más reposados, en los que las guitarras a lo Chic, toman protagonismo. Y luego tenemos el synth-pop de ‘Soon’, en la que cruzan el charco y se van a Europa (casi parece una canción de Tears For Fears).

Holy Ghost! no se han olvidado de ese tipo de canción más bailable, y un tanto más acelerada, que tan buenos resultados les ha dado en el pasado (‘Dumb Disco Ideas’ sigue sonando de maravilla), y aquí meten un par de ejemplos. El primero es ‘My Happy House’, donde se meten de lleno en los sonidos más cercanos a su antiguo sello, ya que, se podría decir, que es un dance más actual. Y luego tenemos ‘Escape From Los Angeles’, en la que se marcan un clásico de la casa. Eso sí, la fórmula les sigue funcionando bastante bien.

Quizá, con un par de canciones menos, estaríamos ante un disco un poco menos irregular. Lamentablemente, no es así, y hay que hacer una pequeña criba antes de escucharlo.

7,4