Julia Shapiro – Zorked

Hay todo un mundo alrededor de un grupo como Chastity Belt. La banda de Seattle no solo cuenta con una discografía notable, también con varios satélites que, al final, acaban uniéndose entre sí y creando una escena musical. Son varias de ellas las que cuentan con otros proyectos, y la verdad es que resulta curioso cómo, al final terminan cerrando un círculo. Como ejemplo tenemos el nuevo trabajo de Julia Shapiro, el cual está producido por Melina Duterte (Jay Som y Bachelor), que, a su vez, colabora con Annie Truscott, otra de las integrantes de Chastity Belt, y su novia, en Routine. Y la verdad es que todos estos proyectos resultan de lo más interesantes.

Julia Shapiro es otra de las artistas que tuvo muy mala suerte con la pandemia. Harta de su vida en Seattle, acabó aceptando un trabajo en una discográfica de Los Ángeles y llegó a la ciudad californiana el día que empezaba el confinamiento. Así que, de repente, se encontró en un impersonal apartamento turístico de una ciudad que no era la suya. Pero Melina Duterte la rescató, se la llevó a su casa, y allí crearon un pequeño estudio en el que grabaron las canciones de este ‘Zorked’. Una palabra que, para ella, es algo así como una forma de decir que está fumada.

Evidentemente, aunque la propia Shapiro no quería, la situación en la que se encontraba acaba influyendo en estas canciones. Pero no fue lo único que la inspiró a la hora de escribir. Según ella misma, los sueños, la hierba y el tarot cuentan con un papel importante en estas canciones. No obstante, analizaba una carta del tarot todos los días. Y, de hecho, esa estupenda “Death (XIII)” que lo abre, es algo así como su análisis de la carta de la muerte.

Musicalmente, estamos ante un disco en el que las guitarras pesadas tienen un fuerte protagonismo. Aconsejada por Duterte, se metió de lleno en el shoegaze y llevo sus canciones al sonido de My Bloody Valentine, Jesu o DIIV. Tres grupos que, como ya sabréis, entra dentro de esa etiqueta, pero cuentan con un sonido diferente. Y eso es algo que se nota en este disco. Porque tenemos un punto más melódico y ensoñador en cortes como “Come With Me” y “Wrong Time”, pero también algún tema donde las capas de distorsión son las protagonistas, como es el caso de la mencionada “Death (XIII)” y de “Pure Bliss”. Y ojo, porque también menciona a Elliott Smith. Algo que resulta evidente en “Hall of Mirrors”, el tema acústico que cierra el álbum.

Puede que no le fuera muy bien a su llegada a Los Ángeles, pero al final, Julia Shapiro exprimió esa situación adversa, y con lo que sacó de ella ha terminado creando una estupenda colección de canciones.

7,9

Dean Wareham – I Have Nothing To Say To The Mayor Of L.A.

Cuando empezó la promoción del nuevo álbum de Dean Wareham y vi que era su primer trabajo con canciones nuevas en siete años, me quedé un poco alucinado. En parte porque, gracias a sus diferentes proyectos, no ha dejado de estar presente en todo este tiempo. Sobre todo, con Luna, con los que ha hecho giras y ha publicado algún que otro disco de versiones. Pero también durante la pandemia con esos conciertos que hizo desde su casa junto a Britta Phillips, su mujer y compañera de banda en Dean & Britta. Unos conciertos con los que pagaron la hipoteca y que más tarde salieron bajo el nombre de ‘Quarantine Tapes’. Además de alguna banda sonora y de alguna participación en películas y series. Así que no es que haya estado muy parado.

I Have Nothing To Say To Mayor Of L.A’ es una de las colecciones de canciones más políticas de Dean Wareham. De hecho, el título ya lo dice todo. Pero es que, además, en sus letras, hay continuas referencias al comunismo. Como en el caso de la bonita “Red Hollywood”, donde nos cuenta la historia de John Garfield, un actor que perdió su carrera por la caza de brujas. O en “The Last Word”, que está inspirada en la vida de Eleanor Marx, la hija de Karl Marx, que escribió varios libros y fue una activista comunista. Además de un tema como “Why Are We in Vietnam?”, en la que habla de el intervencionismo norteamericano en otros países.

Musicalmente, estamos ante otro disco en el que Dean Wareham explota ese pop ensoñador lleno de guitarras limpias que tantos buenos resultados le ha dado en todos estos años. No obstante, vuelve a estar producido por Jason Quever, líder de Papercuts, y uno de esos magos del sonido dream-pop. Además de Britta Phillips, que también ha colaborado en estas canciones. Y juntos, han conseguido dar con unas cuantas joyas marca de la casa. Es el caso de esa “Cashing In” tan bella y delicada. O de la algo más animada “Robin & Richard”, que recuerda bastante a su época con Luna. Pero también hay momentos estelares en su faceta más lánguida. Ahí está esa “The Past Is Our Plaything” marcada por unas guitarras que son pura americana. O de “As Much as it Was Worth” y su delicado toque sixties.

Dice Wareham, medio en broma, que el buen clima de Los Ángeles no le deja tiempo para escribir canciones. Y quizá, por eso, ha metido un par de versiones. Eso sí, no son dos canciones muy reconocibles. Sobre todo, “Under Skyes”, que es una vieja canción de un desconocido grupo de los sesenta llamado Lazy Smoke. Y no sé como será la canción original, pero esta versión es una maravilla. De hecho, es de lo mejor del disco. Algo más reconocible es “Duchess”, un tema de Scott Walker que tocaban en esos conciertos de la cuarentena, y que han decidido meter en este trabajo.

No es que haya cambiado mucho la propuesta de Dean Wareham en estos años, y la verdad es que importa poco, porque el artista norteamericano, aunque nacido en Nueva Zelanda, sigue siendo un genio a la hora de fabricar este tipo de canciones de sonidos ensoñadores.

7,7

Film School – We Weren’t Here

Film School son una de las bandas más persistentes del shoegaze actual. Con más de veinte años de carrera, el grupo liderado por Greg Bertens ha pasado por varios cambios de formación y algún que otro descanso. Además, han vivido momentos realmente absurdos. Como cuando les vapulearon al principio de su carrera por recuperar el shoegaze, y pocos años después, cuando se puso de moda otra vez, les auparon a lo más alto de esa escena. Pero la verdad es que siempre han ido a su rollo y no se han dejado llevar por lo que estaba de moda en un momento u otro.

We Weren’t Here’ es su segundo álbum tras el descanso de casi ocho años que se tomaron en 2010. Un disco que, como no podría ser de otra manera, está creado en plena pandemia y con cada miembro del grupo en su casa. Algo que no les afectó mucho, ya que, al estar media banda en Los Ángeles, y la otra media en San Francisco, es la forma que tenían de trabajar desde hace unos años. Pero sí que les afectó el hecho de estar confinados, ya que, como dice el propio Bertens, “trabajar en estas canciones fue una vía de escape y todos se involucraron al máximo”. Algo que, la verdad, se nota en resultado final.

Supongo que los metemos en el carro del shoegaze por inercia, pero en sus discos coquetean con muchas cosas y no se ciñen a un sonido en concreto. Su nuevo trabajo no es una excepción, y sí, puede que empiecen con un tema como “Superperfection”, que es shoegaze de manual, pero no es el sonido predominante. Es más, a las primeras de cambio, en “Said Your Name”, ya aparecen unos teclados luminosos y un tono más ensoñador. Porque, si hay algo que me gusta de Film School, es que no tienen problemas en tirar de electrónica cuando les conviene. Ahí está ese pepino llamado “The More I Know”, donde una caja de ritmos de lo más motorik lleva la voz cantante. O esa fantástica “Drone 2” tan bailable y tan manchesteriana.

No voy a negar que el shoegaze y el dream-pop ocupan un parte importante de este trabajo. Aunque eso sí, siempre desde el lado más amable y melódico del asunto. Solo hay que escuchar esa bonita y etérea “Stratospheric Tendencies”, en la que envuelven sus guitarras en un manto de teclados ensoñadores. Algo que también ocurre en “Isla”, otro de los grandes momentos del disco. Aunque lo mejor de esta faceta llega al final, que es cuando entra “Take What Your Need”, un tema donde se animan un poco más y donde hacen rugir las guitarras. Pero ojo con su línea de teclado, que, casi sin quererlo, se convierte en la protagonista absoluta de la canción.

7,8

Lala Lala – I Want The Door To Open

Lala Lala me conquistó de pleno con ‘The Lamb’, un trabajo estupendo lleno de temazos de indie-rock un tanto lo-fi, pero enormemente melódicos. Además, todas las colaboraciones que ha ido sacando desde entonces, que han sido unas cuantas, también me han gustado bastante. Sobre todo, esa “Siren 042” junto a WHY?. Pero Lillie West, que es la jefa de este proyecto, también es una artista inquieta a la que no le gusta quedarse estancada en ningún estilo. Algo que hemos podido comprobar en todos esos singles que ha sacado en estos últimos tres años, y algo que resulta mucho más evidente en su tercer trabajo.

‘I Want The Door To Open’ es una reinvención total. Por aquí no hay ni rastro de ese indie-rock lo-fi que hizo que su segundo trabajo fuera aclamado por la crítica de medio mundo. De hecho, se podría decir que no se casa con ningún estilo en concreto. Estamos ante una colección de canciones que van hacia muchos caminos distintos. Por su tono, mayormente sereno, se podría decir que, principalmente, se ha ido hacia un mundo más ensoñador, pero no seria del todo cierto. Lo que sí es verdad es que la electrónica juega un papel más importante, y que las guitarras ya no rugen como antes.

Estamos ante un trabajo menos directo que su predecesor en el que hay pocos temas que entren de buenas a primeras. De hecho, se podría decir que tan solo ‘DIVER’ ejerce ese papel. No obstante, fue elegido primer adelanto. Y es que aquí, West, recupera esa intensidad épica con la que contaban sus dos primeros trabajos. Aunque eso sí, cambia las guitarras por una sección de vientos de lo más potente. Y la verdad es que le funciona muy bien. Pero también le funciona bien cuando se mete en otras facetas nuevas de su música. Así, nos encontramos con la estupenda electrónica minimalista de “Color of the Pool”, el dream-pop delicado de “Prove It” y “Castle Life”, o un estupendo acercamiento a sonidos más comerciales en “Beautiful Directions”. Además de alguna colaboración jugosa, como la de Kara Jackson, que pone su voz entre aceleradas percusiones en “Straight & Narrow”. O la de Benjamin Gibbard en “Plates”, que la verdad es que ha conseguido acercar a la de Chicago al sonido de los mejores Death Cab For Cutie.

Puede que no estemos ante un álbum tan notable como su anterior trabajo, pero sí ante un cambio de dirección que resulta muy interesante y que la mete de lleno en un mundo nuevo. Ahora solo le falta pulirlo un poco.

7,6

GRMLN – Laughing Shadow

GRMLN es el proyecto de Yoodoo Park, un artista nacido en Japón pero criado en California, que cuenta con una discografía casi inabarcable. Desde que empezó su carrera en 2012 ha publicado casi una veintena de discos -solo en 2018 editó seis, y uno de ellos era doble-. De hecho, aunque al principio fichó por Carpark Records, hace ya un tiempo que se los publica el mismo, porque no hay un sello que puede con ese ritmo. Y menos uno independiente. Pero bueno, no le va nada mal, y la verdad es que su último trabajo, y el segundo de este año, es estupendo.

Park tiene muy claro como quiere suenen sus canciones. El dream-pop lleno de efectos de guitarra, y el indie-rock más melódico, son su prioridad. Y eso es lo que nos entrega en este ‘Laughing Shadow’. Es más, prácticamente lo ha divido en dos, y casi hay un 50% de una cosa, y un 50% de otra. Aunque yo diría que sale ganando el lado más reposado y bucólico. Y es que hay que reconocer que se le da maravilla hacer este tipo de canciones en las que las guitarras se doblan y consiguen dar con un sonido de lo más preciosista. Sirvan de ejemplo las estupendas “Another Turning Car”, “Glass”, y “Wings”.

Su faceta más acelerada también está muy bien representada en este trabajo. Park pilla la caja de ritmos y se viene arriba en unos cuantos temas. Es el caso de la acelerada “Old Days”, que tira bastante del sonido de DIIV. Es más, cuenta con un tema llamado “In The Sun”, el cual también suena bastante a la banda de Brooklyn. De hecho, casi parece un pequeño homenaje, porque acordaros que el mayor éxito de DIIV se llamaba “Under The Sun”. Pero, para ser justos con Park, hay que decir que sabe cuando salir de ahí. La prueba es “Destructive Surfer”, el que es el mayor pepinazo del disco. En él, se acelera mucho más, ensucia un poco su guitarra, y mete otra en el estribillo que le da rollazo tremendo. Y luego tenemos “Midnight Train Station”, donde baja velocidad, pero se hace con un punteo de guitarra que casi recuerda más a los Pixies que a otra cosa.

La verdad, no he tenido tiempo de escuchar todos sus discos detenidamente, pero sí son igual de interesantes que este, no entiendo como este chico no tiene mucho más éxito.

7,9

Art School Girlfriend – Is It Light Where You Are

Art School Girlfriend, el que es el proyecto de la galesa, Polly Mackey, se ha ido metiendo en nuestras vidas poco a poco. Desde que publicara su primer single en 2017, esta artista británica ha ido escalando posiciones y haciéndose un hueco en la difícil escena de su país. Y ahora, tras unas cuantas referencias, entre las que hay un par de EPs, publica el que es su álbum de debut. Un disco que llega después de una ruptura con su novia de toda la vida, por lo que nos encontramos con una Mackey más melancólica que de costumbre.

Hay dos formas de plasmar una ruptura amorosa en un disco. Por un lado, el artista se puede desfogar y entregar un trabajo lleno de canciones de superación y esperanza. Y por el otro, se puede regodear en su tristeza y melancolía, y dejarnos un disco reflexivo en el que analiza esa ruptura. ‘Is It Light Where You Are’ pertenece al grupo de los segundos, pero también es cierto que no es un disco para cortarse las venas. Principalmente, porque la música de Mackey siempre ha tenido ese tono lánguido y sombrío que la emparenta con bandas como Beach House, o con artistas más electrónicos, como John Maus o Molly Nilsson.

Estamos ante un disco mayormente reposado, en el que las texturas electrónicas se fusionan con melodías de lo más ensoñadoras, y con esa languidez a la hora de cantar de Mackey. Lo bueno, es que, por normal general, sus canciones suelen buscar otro camino en su parte final. Así, en esa “In The Middle” que lo abre, se deja llevar por una distorsión de lo más sucia -más de una vez ha confesado que le gusta bastante el shoegaze de los 90-. Y, por poner otro ejemplo, en el tema titular se decanta por meter unos ritmos un poco más bailongos.

Aunque no le vienen nada mal esos ataques finales a sus canciones, hay que reconocer que tampoco los necesita. Y ese es su acierto, porque no resulta fácil emocionar sin esos momentos más efectistas, y con tan solo su serenidad. Pero ella lo consigue en cortes tan notables como “Softer Side” y “Low Light”, en los que presenta ese lado más Beach House. Pero también en esa “Good As I Wanted” más electrónica, y en la sedosa “Bored of Myself”. Y ojo, que cuando se va abiertamente al mundo más sintético, nos deja un estupendo arrebato de electro minimalista llamado “Colour Me”.

7,7

Piroshka – Love Drips & Gathers

Hace pocas semanas que Netflix ha estrenado This Is Pop, una serie documental en la que repasan de forma supuestamente graciosa algunos momentos destacados de la música de las últimas seis décadas. Y uno de esos momentos es el britpop. 45 minutos bastante básicos, en los que, por supuesto, dan protagonismo a la batalla entre Blur y Oasis. Pero al menos hay una serie de entrevistas con artistas de aquella época, y entre ellas aparece Miki Berenyi de Lush, que, entre otras cosas, habla de cómo los animaron a dejar el shoegaze y meterse de lleno en sonidos más pop. Algo que hicieron con acierto. Lo que me extraña es que también tiene unas palabras un tanto malas para ese shoegaze que los vio nacer. Más que nada, porque el nuevo álbum de Piroshka, su banda actual, vira hacia ese sonido.

La propia banda, formada por gente de Lush, Elastica y Modern English, reconoce que en su primer álbum tiraron del britpop, pero que en este ‘Love Drips & Gathers‘ han decidido sacar su lado más shoegaze. O, mejor dicho: dream-pop. Y es que, por aquí, nos encontramos con una buena cantidad de canciones etéreas, donde los teclados, y un mellotrón, tienen bastante protagonismo. De hecho, son pocos los temas donde las guitarras se convierten en protagonistas. Eso sí, cuando lo hacen, nos dejan una maravilla de noise-pop como “Scratching at the Lid”, o un curioso acercamiento al mundo Manchester en “V.O”. Una canción que, por cierto, está dedicada a Vaughan Oliver, el creador de las míticas portadas del sello 4AD.

El resto del disco tira hacia caminos más etéreos y delicados. Y la verdad es que, pese a la amarga sorpresa inicial, se le va pillando el punto. Algo de lo que tiene mucha culpa la voz de Berenyi, que se mueve de maravilla por esos sonidos ensoñadores y tranquilos. Ahí está la preciosa “The Knife Thrower’s Daughter”, en la que aprovechan al máximo su lado más minimalista. O “Loveable”, donde no tienen ningún inconveniente en irse hacia un mundo más psicodélico. Algo que también ocurre con la interesante “Echo Loco”. Aunque eso sí, al final, no pueden evitar acercarse a su lado más pop en la notable “Wanderlust”. Al igual que también se resisten a dejar el shoegaze de lado y cierran el disco con una oscura y ruidosa “We Told You”.

Tengo que decir que, tras los dos singles de adelanto, me esperaba un sonido diferente al que al final predomina en todo el álbum. Pero bueno, eso no significa que estemos ante un disco fallido, simplemente han decidido tirar por otros caminos.

7,4

Lucid Express – Lucid Express

Lucid Express son uno de los grupos más potentes de Hong Kong. El quinteto, que empezó hace más de una década bajo el nombre de Thud, no ha sido muy prolífico en todos estos años. Es más, aparte de unos cuantos singles, hasta ahora solo tenían un Ep editado en 2012. Pero todo cambió en 2019. Las protestas contra la ley de extradición en Hong Kong, los llevó a meterse de nuevo en un local de ensayo para evadirse de lo que estaba pasando a su alrededor. Y de ahí ha salido su álbum de debut como Lucid Express.

Estamos ante un trabajo que tiene a los clásicos del shoegaze y el dream-pop como máxima referencia. Un disco producido por Max Bloom, de los desaparecidos Yuck, donde las guitarras se fusionan con oníricos y ensoñadores paisajes de teclados. Además de un cierto toque sintético que le dan las cajas de ritmos. Y la verdad es que, aunque no sea una propuesta muy innovadora, sí puede decir que se les da muy bien y que estamos ante un álbum de lo más bello.

Una de las bazas que juegan a su favor, son sus escapadas hacia mundos más pop. Algo que hacen nada más empezar. “North Acton” es una delicada canción donde las guitarras cristalinas se enfrentan a unos teclados de lo más melódicos. Además, Kim, su cantante, tiene la voz perfecta para este tipo de temas. Es un guion que también siguen en la estupenda “Ado”, que es un tanto más animada, pero igual de melódica. Porque es innegable que son unos auténticos expertos en jugar con los elementos característicos del dream-pop. De hecho, “Hollowers”, y ese instrumental que han llamado “No Talk”, es lo mejor de este estilo que he escuchado últimamente.

Nos encontramos ante uno de esos discos en los que el shoegaze y el dream-pop se fusionan constantemente. Es el caso de “Hotel 65”, uno de esos temas que empieza lleno de paisajes ensoñadores, y se endurece en su estribillo con unas guitarras de lo más sucias. Aunque lo bueno para los amantes de este sonido llega al final. Sus dos últimos temas no pueden tirar más de My Bloody Valentine. Y sí, puede que sea una referencia demasiado trillada, pero hay que decir que, al menos, lo hacen de dos formas diferentes. En “Prime of Pride” son los teclados los que tienen mucha más importancia. De hecho, se parecen bastante a los de “To Here Knows When”. Pero, sin embargo, en “Ride the Night”, son las tormentas de guitarras las que se llevan el protagonismo. En cualquier caso, las dos, son estupendas.

Sin duda alguna, el debut de Lucid Express, es uno de los grandes discos de shoegaze y dream-pop de este 2021. Además de una estupenda carta de presentación para meterse de lleno en la desconocida escena musical de Hong Kong.

8

Cloudy Summer Days – Slow Dance

Cloudy Summer Days es el proyecto Joel Figueroa, un chico de Los Ángeles que, como muchos otros, hace música en su habitación. Y al igual que se sus compañeros y compañeros de la escena bedroom-pop, también es bastante productivo, ya que empezó su carrera en 2017 y ya cuenta con tres álbumes y unos cuantos singles más. Así que sí, estamos ante otro proyecto de dream-pop facturado desde la independencia más absoluta, pero hay algo que le diferencia un poco del resto: sus influencias. Figueroa se declara fan absoluto de los sonidos góticos y post-punk de los ochenta, y ese toque le da sus canciones algo de frescura.

Slow Dance’ se nutre de bandas como The Church, Echo & The Bunnymen, New Order, o The Cure. Y no es que lo diga yo, es que el propio artista ha puesto una lista en su Spotify con todos los grupos que han servido de influencia. Claro, que en esa lista también aparecen cosas que no tienen nada que ver con ese sonido, como Evanescence, Blink 182, o Snow Patrol. Y ojo, que es algo que se nota, porque baladas como “One Last Time” y “Slow Dance”, no pueden sonar más a la banda escocesa. De hecho, son lo menos destacable del disco.

Lo verdaderamente interesante de este tercer trabajo de Cloudy Summer Days, es cuando se deja llevar por esas bandas oscuras de los ochenta que no tenían miedo al pop. Ahí está de lo más acertado, y temas como “I’ll Be by Your Side” o “Runaway”, suenan de maravilla. Y todo gracias a los teclados y a ese toque mucho más comercial. De hecho, la segunda casi podría ser su “Dancing in the Dark”. Y si nos vamos a “My Pretty Moon”, vemos que también sabe sacar buenos temas de las enseñanzas de Echo and the Bunnymen -supongo que esa referencia lunar no es casual-. Pero tampoco se le da nada mal tirar de clásicos de los ochenta como The Cure o New Order. Así, en “This Moment” y “Love Is In The Air” se acerca a los primeros años de la banda de Robert Smith. Y unas cuantas canciones, como “Too Young to Exist” o “In The Next Life”, cuentan con esas guitarras tan características del grupo de Manchester. Además de esa gema pop que se saca de la manga en “Secret Place”.

Estamos ante uno de esos discos en los que las influencias se notan bastante, pero la verdad es que se le da bien recrear algunos sonidos, y al final consigue dar con unos cuantos temas notables.

7,5

Drug Store Romeos – The World Within Our Bedrooms

La primera vez que escuché “Frame of Reference”, el que es el mayor éxito, y la mejor canción (hasta ahora) de Drug Store Romeos, me quedé absolutamente prendado de ella. De hecho, se coló en la lista de las mejores canciones de 2020. Y, hoy en día, me sigue pareciendo una canción absolutamente brillante y que sigue sonando fresca. No obstante, no he parado de escucharla en estos últimos días. Pero este joven trío británico es mucho más que una canción. Algo que se puede comprobar en ‘The World Within Our Bedrooms’, su notable álbum de debut.

Hay que reconocer que Drug Store Romeos es un grupo que lo tiene todo para que me guste. Su juventud los hace adorables, y su visión de la música también. Ese lado arty que tienen, el cual los ha llevado a componer las canciones utilizando frases de revistas viejas, tiene su rollo. Y el hecho de que buena parte del disco esté compuesto con viejos teclados de segunda mano, les da un punto extra. Porque, además, con ellos, consiguen un sonido muy particular, que los aleja un poco de otras propuestas ensoñadoras actuales. Bueno, eso, y su amor por Stereolab y Broadcast, que resulta evidente a lo largo de todo el álbum.

Estamos ante un disco extenso, quizá demasiado, por lo que hay temas de sobra para elegir. Para empezar, han elegido muy bien los singles. Tanto la bucólica, y algo melancólica, “Secret Plan”, como la ensoñadora “What’s On Your Mind”, cumplen de sobra su función. Y eso que suceder a “Frame Of Reference” es una tarea difícil. Pero no son los únicos temas que funcionan a la perfección. Saben muy bien lo que se hacen cuando se van a un dream-pop más genérico, como en el caso de “Building Song” y “Adult Glamour”. Aunque también cuando aceleran un poco el ritmo y nos entregan cortes como “Bow Wow” y “No Placing”, donde se dejan llevar por una línea de bajo hipnotizante. Algo que también pasa con esas canciones donde tiran del Casio vintage. Es el caso de “Elevator” y de la juguetona “Feedback Look”, que son maravillosas. Y ojo, que cuando se van hacia el dream-pop más lo-fi, como en el caso de “Walking Talking Marathon”, son capaces de acercarse con bastante acierto a los primeros Beach House.

Quizá se han excedido un poco en su duración, y le sobren dos o tres temas, pero estamos ante un trabajo que te acoge y te atrapa desde el principio. Además de uno de esos discos a los que siempre se puede volver cuando necesites una colección de canciones que te acompañe en una tarde un tanto melancólica.

8