Lala Lala – I Want The Door To Open

Lala Lala me conquistó de pleno con ‘The Lamb’, un trabajo estupendo lleno de temazos de indie-rock un tanto lo-fi, pero enormemente melódicos. Además, todas las colaboraciones que ha ido sacando desde entonces, que han sido unas cuantas, también me han gustado bastante. Sobre todo, esa “Siren 042” junto a WHY?. Pero Lillie West, que es la jefa de este proyecto, también es una artista inquieta a la que no le gusta quedarse estancada en ningún estilo. Algo que hemos podido comprobar en todos esos singles que ha sacado en estos últimos tres años, y algo que resulta mucho más evidente en su tercer trabajo.

‘I Want The Door To Open’ es una reinvención total. Por aquí no hay ni rastro de ese indie-rock lo-fi que hizo que su segundo trabajo fuera aclamado por la crítica de medio mundo. De hecho, se podría decir que no se casa con ningún estilo en concreto. Estamos ante una colección de canciones que van hacia muchos caminos distintos. Por su tono, mayormente sereno, se podría decir que, principalmente, se ha ido hacia un mundo más ensoñador, pero no seria del todo cierto. Lo que sí es verdad es que la electrónica juega un papel más importante, y que las guitarras ya no rugen como antes.

Estamos ante un trabajo menos directo que su predecesor en el que hay pocos temas que entren de buenas a primeras. De hecho, se podría decir que tan solo ‘DIVER’ ejerce ese papel. No obstante, fue elegido primer adelanto. Y es que aquí, West, recupera esa intensidad épica con la que contaban sus dos primeros trabajos. Aunque eso sí, cambia las guitarras por una sección de vientos de lo más potente. Y la verdad es que le funciona muy bien. Pero también le funciona bien cuando se mete en otras facetas nuevas de su música. Así, nos encontramos con la estupenda electrónica minimalista de “Color of the Pool”, el dream-pop delicado de “Prove It” y “Castle Life”, o un estupendo acercamiento a sonidos más comerciales en “Beautiful Directions”. Además de alguna colaboración jugosa, como la de Kara Jackson, que pone su voz entre aceleradas percusiones en “Straight & Narrow”. O la de Benjamin Gibbard en “Plates”, que la verdad es que ha conseguido acercar a la de Chicago al sonido de los mejores Death Cab For Cutie.

Puede que no estemos ante un álbum tan notable como su anterior trabajo, pero sí ante un cambio de dirección que resulta muy interesante y que la mete de lleno en un mundo nuevo. Ahora solo le falta pulirlo un poco.

7,6

Fred Again.. – Actual Life (April 14 – December 17 2020)

Fred John Philip Gibson, más conocido como Fred again…, o FRED, tan solo tiene 26 años, pero ya cuenta con una carrera como productor que ya quisieran muchos. Ha estado a los mandos de los discos de buena parte de la música británica actual, como Stormzy, FKA Twigs o ese pedazo de single que sacó Romy de The xx el año pasado. Pero también sabe que lo que es trabajar con veteranos de la talla de Brian Eno (su mentor), Underworld o Roots Manuva. Además, puede presumir de ser el productor más joven con un Brit Award. Pero ahora, tras estar editando singles un par de años, ha llegado el turno de que sean sus propias canciones las que cobren protagonismo.

Con un título como ‘Actual Life (April 14 – December 17 2020)’ ya os podéis imaginar por donde van los tiros en este trabajo. Sí, esa mierda de año pasado que vivimos, y que seguimos viviendo, es el tema principal de este disco. Pero no penséis que es un álbum con un tono triste, el músico británico guarda en todo momento la esperanza de que esto se acabará pronto. De ahí ese “We Can Make It Through” que aparece a lo largo de casi todo el disco, y que viene de Carlos, un obrero de Atlanta. Porque, esa es otra, ha construido este disco en torno a los samplers de voces de gente de la calle, de amigos, o personas que se ha encontrado en las redes sociales. Y la verdad es que, como idea, es brillante.

Musicalmente, estamos ante un claro ejemplo de lo mucho que ha cambiado la música electrónica en Reino Unido. Por supuesto, hay muchos momentos centrados en el mundo del club. Pero siempre cuentan con un toque melancólico, como en el caso de “Kyle (I Found You)”, un tema que editó antes de la pandemia. O de las geniales “Dermot (See Yourself In My Eyes)” y “Julia (Deep Diving)”, donde los pianos juegan un papel importante y consiguen hacerte bailar de la forma más melancólica posible. Y es que, hay que reconocer que lo mejor de este trabajo llega cuando se pone más bailongo. Ahí está esa brutal “Marnie (Wish I Had U)”, donde se saca de la manga un contundente beat. O la más oscura “Sabrina (I Am A Party)”, la que, quizá, es la canción más triste del disco, ya que se mete de lleno en el mundo de la depresión.

Donde no me termina de convencer mucho es en los cortes más reposados que beben directamente de James Blake o Bon Iver -en el último interludio del disco canta unos segundos de -“22 (OVER S∞∞N)”. Pero bueno, son casi una anécdota dentro del disco. Además, prefiere acabar el álbum bailando, y con la ayuda de The Blessed Madonna en “Marea (We Lost Dancing)”.

7,8

Django Django – Glowing in the Dark

Django Django siguen a lo suyo, y bien que hacen, porque no les va nada mal. No es que sean unas súper estrellas de la música, pero están en una buena posición media. Además, en lo importante, que son sus discos, no fallan. Sí es cierto que siguen haciendo un poco lo mismo de siempre, y mezclando estilos imposibles en cada trabajo, pero eso también forma parte de su encanto. Y así, se han plantado en el que es su cuarto álbum. Un disco que es puro Django Django, y que cumple de sobra con lo que esperamos de ellos.

A la hora de enfrentarse a un disco de Django Django, hay que saber que podemos encontrarnos con cualquier estilo musical en todo momento. Esa dualidad que tienen, en la que siempre están enfrentando su faceta más electrónica con una más rock, hace que, en muchas ocasiones, se dejen llevar. Algo que se puede apreciar muy bien en este ‘Glowing In The Dark’. Y es que, al final, terminan mezclando ese rock con aires de los setenta, con todo lo que pillan. Algo que se puede apreciar perfectamente en la juguetona “Got Me Worried”, o en “Waking Up”, donde reclutan a Charlotte Gainsbourg para hacerse con una pequeña delicia de pop retro. Pero también en la acelerada “Right the Wrongs”, y en la psicodélica “Night of the Buffalo”. Incluso se meten en terrenos folk en la más prescindible “The World Will Turn”.

Si tengo que elegir, me quedo con su lado más dance. Y cuando digo dance, no necesariamente me refiero a su faceta más electrónica. Un claro ejemplo de esto es la tremenda “Spirals”, que abre el disco de la mejor forma posible. Y estamos hablando de una canción de guitarra, bajo y batería que, eso sí, cuenta con unos sintetizadores de lo más retro -ojo con el remix tan dark y tan chulo que han hecho MGMT-. Eso sí, cuando tiran de electrónica, también obtienen grandes resultados. Ahí está el tema titular, en el que se hacen un Hot Chip de manual -no me extraña que les han hecho un remix-, o la synthpoperaHold Fast”, que tarda en despegar, pero cuando lo hace, es irresistible. Además de la delicada “Free from Gravity” y de “Asking for More”, que no puede ser más ochentera (para bien).

Estamos ante un disco continuista, eso es innegable, pero tampoco tiene porque ser necesariamente malo. Al final, de aquí, se sacan una buena cantidad de canciones notables, y eso es lo importante.

7,6

Sleaford Mods – Spare Ribs

Nunca he sido muy fan de Sleaford Mods. Su música siempre me ha parecido algo agresiva y un tanto “malrollera”, pero esto ha cambiado con su nuevo trabajo. El dúo británico acaba de publicar el que es su álbum mas completo -en lo que a instrumentación se refiere-, y un disco de esos que impactan a la primera escucha. Porque, además, han logrado hacer algo que muy pocos consiguen, y es que no hay quién les ponga una etiqueta. Lo suyo puede ser hip-hop, puede ser post-punk, o puede ser punk a secas, pero nadie es capaz de meterlos dentro de un estilo en concreto. Y eso me parece todo un logro en estos días en los que se etiqueta todo.

Spare Ribs’ es otro hostión a la actual Gobierno Británico y la sociedad alienada de su país. A lo que se les ha unido la crisis de la COVID 19. No obstante, el disco se grabó en esas pocas semanas de (más o menos) tranquilidad que tuvimos entre la primera y la segunda ola. Y, de hecho, el título viene de la indiferencia que tuvo su gobierno con los muertos de la primera ola (¿os acordáis de Boris Johnson pasando de todo la primavera pasada?). De ahí lo de que somos “costillas de repuesto”. Afortunadamente, para ellos, eso ha cambiado ahora, y la psicópata de turno la tenemos más cerca los que vivimos en Madrid.

Uno de los puntos fuertes del que es su disco número once, son las invitadas que aparecen en él. Realmente son solo dos, pero le dan otro rollo a su música. Primero tenemos a la australiana Amy Taylor, que cambia su energía punk por el hip-hop en esa bomba electrónica que es “Nudge It”. Y luego a Billy Nomates, que le da un punto más melódico a la electrónica minimalista de “Mork n Mindy”. Los dos son dos temazos como la copa de un pino, pero no son los únicos que hay por aquí. Cuando Jason Williamson y Andrew Fearn tiran de su faceta más post-punk, aparecen cosas tan buenas como “Shortcummings”, “Glimpses” y “I Don’t Rate You”. Pero quizá me gustan más cuando se van hacia sonidos más electrónicos. Y es que, en cortes como “All Day Ticket” y “Thick Ear”, se sacan de la manga unas bases absolutamente irresistibles. Y ojo, porque en esa “Fishcakes” final, se ponen más melódicos que nunca. Eso sí, también están de lo más oscuros.

Sin duda alguna, Sleaford Mods son una de las bandas que mejor han adaptado a estos tiempos el lado más combativo de la música británica. Y su nuevo trabajo es una estupenda prueba de ello.

8

The Avalanches – We Will Always Love You

Es un poco extraño que The Avalanches hayan decidido publicar su nuevo trabajo un 11 de diciembre, cuando ya están todas las listas de lo mejor del año cerradas, y la gente está a otras cosas. Y lo digo porque, tras ver unas cuantas críticas del álbum, podría haber entrado en muchas de esas listas. Pero bueno, supongo que esto no les importará mucho cuando han decidido que salga en estas fechas. Y la verdad es que yo me alegro, porque así salimos un poco de los repasos, los cuales, en el fondo, me dan un poco de pereza.

We Will Always Love You’ es todo un collage sonoro, y una especie de proeza del corta y pega. Evidentemente, y viniendo de The Avalanches, no estoy diciendo nada nuevo, porque han hecho del sampler su forma de vida, pero no deja de ser algo sorprendente lo bien que lo manejan. Además, esta vez, fusionan toda su maquinaria de sonidos con un buen plantel de colaboraciones de lo más reconocibles. Y lo mejor de todo, es que estamos ante un álbum totalmente coherente, y con una línea sonora bastante clara. Algo que me parece realmente sorprendente, porque habiendo tantas personas implicadas, lo normal es que cada uno vaya por su lado, pero este no es el caso.

Con tanta colaboración, y con un minutaje tan largo (dura 71 minutos), es difícil quedarse con unos pocos temas. Sobre todo, porque la gran mayoría funcionan bastante bien. Pero bueno, si tengo que elegir, me quedo con ese lado más ensoñador que presentan algunas canciones. Es el caso de “The Divine Chord”, en la que MGMT y Johnny Marr unen fuerzas para crear un de tema que casi parece un villancico. O de esa maravillosa “Interstellar Love”, donde fusionan la voz de Leon Bridges con un sampler de Alan Parsons. Y si ya nos vamos a “Gold Sky”, nos encontramos con una pequeña joya, en la que Kurt Vile se hace un spoken word por encima de un sampler de Pat Metheny, y con los coros de Wayne Coyne de fondo. Incluso, cuando se relajan un poco más, y tiran hacia un soul futurista, también consiguen grandes resultados. Es el caso de “Reflecting Light”, donde Sananda Maitreya, que no es otro que Terence Trent D’Arby, envuelve la canción con su sedosa voz. O de “Until Daylight Comes”, en la que consiguen que Tricky suene algo más luminoso.

No todo tiene un tono relajado en este trabajo, también saben hacernos bailar. De hecho, buena parte de lo mejor del disco entra dentro de esta faceta. Ahí está el funk-soul de “On The Sunn!”, en la que aparece Perry Farrell. O esa maravilla llamada “We Go On”, donde Mick Jones -sí, el de los Clash– y Cola Boyy, se unen al The Yarra Voices Choir, para hacer el tema más pegadizo de todo el álbum. Pero ojo, que también hay algún notable tema sin colaboraciones. Es el caso de “Music Makes Me High”, un tema en la que se valen de unos cuantos samplers para crear todo un himno disco.

8

Andy Bell – The View From Halfway Down

Andy Bell es todo un superviviente. El que fuera guitarrista de Ride, supo capear muy bien el fin de la primera etapa del grupo formando Hurricane # 1 y entrando en la alineación de Oasis y Beady Eye. Además de algún trabajo de producción y algunas colaboraciones con artistas de música electrónica. De hecho, el año pasado, publicaba un disco de este palo bajo el nombre de Glok. Pero ahora ha sentido la necesidad de publicar el que es el primer trabajo en solitario bajo su nombre. Aunque, como no, ha sido el confinamiento el que le ha llevado a terminar de pulir estas canciones que llevaban años rondando por su cabeza.

The View From Halfway Down’ resume bastante bien la carrera de Andy Bell. Más que nada porque tiene un poco de todo, y en él encontramos temas que giran en torno al lado más pop de Ride, algo de psicodelia british, y una buena dosis de electrónica suave. Una mezcla un tanto extraña, pero que da buenos frutos. Aunque sea por separado.

Lo mejor viene de su lado más guitarrero, que tampoco lo es tanto, la verdad. Está muy cómodo en su faceta más pop. Algo que demuestra nada más empezar el disco, con ese hit instantáneo llamado “Love Comes in Waves”, una canción que nos recuerda a los primeros Teenage Fanclub, y que es una autentica delicia. Pero no es el único tema de este palo en el que consigue buenos resultados. “Skywalker” es incluso más pop, y un poco más interesante. Sus melódicos seis minutos, en los que da protagonismo a una guitarra cristalina, y a un ritmo cercano al kraut, son lo mejor del álbum.

En el lado más psicodélico y electrónico está un poco más irregular. Le funciona bien ponerse psicotrópico en un corte como “Indica”, donde las guitarras acústicas se fusionan con elementos electrónicos y con alguna que otra distorsión, y en “Cherry Cola”, que es más british todavía. Pero ese instrumental más guitarrero llamado “Aubrey Drylands Gladwell” no me dice mucho. Y en el aspecto electrónico, un tanto de lo mismo. Por un lado, tenemos la etérea, y muy larga, “I Was Alone”, que no me convence demasiado. Sin embargo, en “Heat Haze on Weyland Road”, sí que consigue que esta faceta más sintética funcione. En parte, porque es una canción más melódica. Además, cuenta con un saxo que le da un toque de lo más interesante.

Andy Bell debuta en solitario con un disco curioso en el que no se va a lo fácil, y en el que consigue varios momentos brillantes. Solo le hace falta pulir un poco su lado más electrónico y psicodélico para lograr que todo funcione a la perfección.

7,6

Sufjan Stevens – The Ascension

Hay una palabra que define totalmente el nuevo trabajo de Sufjan Stevens: excesivo. Creo que el musico norteamericano ha hecho un disco inabarcable en sus primeras escuchas, ya no solo por su larga duración, que se va hasta los ochenta minutos, también por su cantidad de matices. Porque decir que estamos ante el disco más electrónico de Sufjan Stevens es quedarse muy corto. Cada canción es un mundo y una especie de confesión del de Detroit, que está bastante más místico de lo normal. Algo normal dada la situación que vive su país, y el mundo en general. Así que, por un lado, tiene su punto descubrir la gran cantidad de referencias musicales y de la cultura popular que hay en todo el disco, pero, sin embargo, también es compresible que de algo de pereza meterse muy de lleno en él.

Sufjan Stevens ha hecho este trabajo el solo en su nueva residencia en las montañas de Catskills, al norte del estado de Nueva York. Y es que, en tan solo un año, se ha fabricado una nueva vida en el campo lejos de Brooklyn -se quedó sin su estudio por la maldita gentrificación-. Y quizá, esa calma, es la que ha hecho que las canciones de este ‘The Ascension’ sean tan extensas. Stevens se toma su tiempo a la hora de hacer despegar estos temas, pero lo bueno es que, al final, siempre despegan. Y hay veces que lo hacen muy a lo bestia. Es el caso de “Make Me An Offer I Cannot Refuse”, el tema que lo abre, que termina metiéndose casi en mundos más industriales. O de esa “Ativan”, la cual acaba convirtiéndose en una corte de lo más bailable. Y es que, una de las referencias musicales que ha nombrado en numerosas entrevistas, es la producción del ‘Rhythm Nation’ de Janet Jackson. Y la verdad es que ese sonido metalizado que tenia ese trabajo, se deja ver en temas tan chulos como “Lamentations”, “Death Star” o la genial “Goodbye To All Star”.

Si es cierto que, aunque se venga arriba de vez en cuando, en gran parte del disco se deja llevar por una electrónica más sedosa y reposada. Y ya sabemos lo bien que se le dan a Sufjan Stevens este tipo de canciones. Así que hay momentos realmente bonitos, como los de “Run Away With Me” o “Sugar”. Pero lo mejor llega cuando este tipo de temas explotan hacia mundos más épicos. Porque, a ver quién se resiste a la tremenda “Tell Me You Love Me”. O a los 12 minutazos de subidas y bajadas que encontramos en “America”. Eso sí, se merece una buena colleja por hacer que el synth-pop de “Video Game” sea la rareza del disco. Me espera más temas de este palo, porque la verdad es que le sienta de maravilla meterse en estos terrenos más animados y poperos. Y sí, según él mismo, lo de “I Don’t Wanna Be Your Personal Jesus”, es una referencia al clásico de Depeche Mode.

8

Jennifer Touch – Behind The Wall

Siempre me ha extrañado un poco que el techno más frío no se acercara más a menudo al pop. Supongo que porque, en un principio, son dos estilos antagónicos y tanto, por un lado, como por el otro, no están muy dispuestos a fusionarlos. Pero hay veces en las que los artistas están dispuestas a saltarse lo establecido. Una de ellas es la alemana Jennifer Touch, que acaba de publicar su primer trabajo, en el que no tiene ningún problema en darle algo de calor a la frialdad de la música electrónica.

Si vemos su biografía, podemos entender porque ha decidido fusionar estos dos mundos. Ella misma comenta que creció con los discos pop de los ochenta de la colección de sus padres. Pero también, poco a poco, y a medida que ha ido creciendo, se ha ido metiendo en la escena la música electrónica alemana. De ahí que este “Behind The Wall” tenga momentos algo más synth-pop, y momentos que están más pensados para una pista de baile más cañera. Y ojo, porque también tiene una faceta más oscura que maneja muy bien.

Como era de esperar, yo me quedo con los momentos más pop. Y es que, a ver quién se resiste a esa impresionante ‘Attic’, a la acelerada ‘Daria’, o ‘Iggy’s Sight’ en la que no se corta a la hora de robar la línea de bajo del ‘I Wanna Be Your Dog’. Y si ya nos vamos a ‘Imaginary Boys’ y ‘Chemistry’, nos encontramos con un synth-pop oscuro que es una maravilla. Porque, como ya he dicho antes, ese lado oscuro le sienta muy bien, y lo va demostrando a lo largo del álbum y en temas como ‘The Wall’ y ‘Flatlands’.

Su faceta más cañera es un poco más dura de llevar. Porque, por ejemplo, en la contundente ‘Teflon’, se olvida completamente del pop, y se deja llevar por un ritmo un tanto machacón. Sin embargo, en ‘I Love You, Let’s Go’, que puede meterse dentro de esta facera más techno, sí que se ha molestado en darle un toque más melódico. Y claro, la cosa funciona mucho mejor.

Quizá se ha equivocado metiendo tantas canciones en el disco, el cual casi dura una hora, pero sí es cierto que este debut nos vale para encontrarnos con una artista de música electrónica -con alma pop, eso sí- de lo más interesante.

7,5

Caribou – Suddenly

Caribou

Está claro que la vida familiar influye en la carrera de todo tipo de músicos. Dan Snaith, más conocido como Caribou, dedicó buena parte de su anterior trabajo al nacimiento de su hija y, ahora, cinco años después, vuelve con un disco que tiene como nexo común los cambios que la vida familiar proporciona en tu día a día. Quizá, por eso, estamos ante el disco más ecléctico y sorprendente del canadiense. Y no es que meta algún corte más pop de lo habitual, como hace siempre, es que, directamente, cada canción es un mundo. Y rizando un poco más el rizo, hay cortes que cambian radicalmente a medida que van pasando los minutos.

Suddenly” se abre con ‘Sister’, que casi es una nana cantada por el propio Snaith. Y es que, el de Ontario, está más cantarín que nunca e, inmediatamente después, nos entrega ‘You And I’, un corte puramente pop, y coronado por una deliciosa batería, en el que la electrónica solo cobra protagonismo en el estribillo. Y ojo, porque, encima, al final, se atreve con un solo de guitarra. Es un poco lo que decía más arriba, que sabes cómo empieza la canción, pero nunca cómo va a terminar. A excepción de los hits más bailongos marca de la casa, en los que todo sigue igual, y en los que no falla. Porque, tanto ‘Never Come Back’, como ‘Ravi’, se van hacia ese formula basada en la repetición constante de una frase o un sampler. Pero le vuelve a funcionar. Sobre todo en la segunda, que nos trae a un Caribou de lo más luminoso.

Una de las cosas que más sorprenden del séptimo álbum de Caribou, es que está plagado de sonidos más actuales que nada que tienen que ver con su propuesta habitual. Así, en ‘Sunny’s Time’, tiene tiempo para adentrarse en el mundo del hip-hop mientras juega con unos pianos desafinados. Y en ‘New Jade’ y ‘Like Loved You’, no tiene problema en sacarse de la manga un par de cortes que son puro R&B del siglo XXI. Y la verdad es que le han quedado muy bien. Pero también tiene tiempo para echar un vistazo al pasado y meterse de lleno en sonidos más funk y soul. Es el caso de la tremenda ‘Home’, que casi parece hecha por un James Brown pasado de vueltas. Y todo gracias a un sampler de la cantante de soul de los setenta Gloria Barnes. O la delicada ‘Lime’, en la cual se adentra en un disco de lo más elegante. Eso sí, no se olvida de su lado más minimalista y etéreo, donde aparecen cortes como ‘Magpie’ (hola Air), o la extensa ‘Cloud Song’ (hola Radiohead), con la que cierra el álbum volviendo a retocar los teclados hasta el exceso, y logrando uno de los momentos más bonitos de todo el disco con esa guitarra final.

7,7

Mura Masa – R.Y.C.

mura-masa_raw-youth-collage

Viendo las influencias y la historia musical que tiene a sus espaldas Alex Crossan, no me extraña que haya acabado haciendo un segundo trabajo como el que ha hecho. El hombre que se esconde tras el nombre de Mura Masa, es mucho más que un artista de música electrónica. De hecho, empezó tocando en grupos punk, y entre sus influencias confesadas, se encuentran The Smiths. Por eso no resulta extraño que en este “R.Y.C.”, haya una buena dosis de guitarras, baterías aceleradas, y voces pasadas por un buen filtro de distorsión. Es más, yo no me atrevería a calificarlo como un disco de música electrónica. Y, precisamente por eso, tiene bastante rollo.

Estamos ante un trabajo de nuestros días, en el que hay un buen montón de colaboraciones, y otro buen montón de estilos. No sé sí Crossan ya contaba con la lista de invitados confirmada antes de componer estas canciones, pero parece que están pensadas específicamente para cada colaborador. Solo hay que escuchar ‘Deal Wiv It’, el tema que ha hecho con el rapero Slowthai, que no puede sonar más a hip-hop british. O la delicada, y casi folk, ‘Today’, donde aparece Tirzah. Y si ya nos vamos a ‘Live Like We’re Dancing’, vemos que ha creado todo en clave nu-disco para que lo cante Georgia. El caso es que, todas ellas, funcionan bastante bien. Y ahí está la gracia de este disco.

De todas las colaboraciones que hay en el álbum, las que más se salen un poco de la norma, son las de Clairo y la de Ellie Rowsell (Wolf Alice). La primera sí que empieza como una típica canción de bedroom-pop de la artista norteamericana, pero va subiendo de intensidad, y cuando llega al estribillo, se convierte en tema más bailongo de todo el disco. Algo parecido pasa con ‘Teenage Headache Dreams’, que también cuenta con un ritmo bastante dance que muy poco tiene que ver con la banda de rock de Londres. Aunque, eso sí, al final aparecen las guitarras potentes.

No todo son colaboraciones en este trabajo, ya que Crossan se reserva unos cuantos temas para lucirse el mismo. Y bien que hace, porque algunos le han quedado estupendamente. Además, varios de ellos, representan la faceta más rock del disco. Solo hay que escuchar ‘Raw Youth Collage’, que lo abre con una delicada y deliciosa guitarra. O la casi punk ‘vicarious living anthem’, en la que la intensidad de la guitarra solista se convierte en la protagonista. Pero también sabe qué hacer con una buena base electrónica. Es el caso de ‘No Hope Generation’, donde acelera el ritmo, pero no se sale de su lado más pop. Y ojo, porque se podría decir que los ritmos hip-hop que utiliza en ‘In My Mind’, son casi lo mejor del álbum. Dejando ver que no necesita colaboradores para hacer temas sobresalientes.

Estamos ante un disco curioso que es fácil de desechar en una primera escucha. Sus cambios constantes de estilo y ritmo, y su ecléctica lista de colaboradores, chirrían de buenas a primeras, pero se le va encontrando el sentido con cada escucha, y al final, te acaba enganchando bastante.

7,7