Hovvdy – True Love

Hovvdy es una banda que nunca me ha convencido del todo. Sus canciones, melancólicas y tristes, no me terminaban de entrar, y dejé de intentarlo a media que iban pasando sus discos. Pero esto ha cambiado con su último trabajo. Y es que estamos ante uno de esos discos que reflejan un cambio de vida. En los dos años que han transcurrido desde su último trabajo, Charlie Martin y Will Taylor, los dos miembros del dúo, se han casado, e incluso uno de ellos ha tenido un niño. Por eso ahora nos encontramos con una colección de canciones mucho más esperanzadora y, sobre todo, más interesante.

El título del disco ya lo dice todo. Ese “amor verdadero” al que alude es la piedra angular de estas canciones. Y eso se refleja muy bien en el tema principal. “True Love” es la canción más viva de su carrera, además de uno de esos temas que se quedan en el subconsciente tras una escucha. Y lo bueno es que no es la única canción que tira hacia sonidos más luminosos. Ahí tenemos la estupenda “Junior Day League”, donde se animan un poco más que de costumbre y construyen un perfecto tema de pop. O esa “Joy” en la que reflejan toda la alegría de su título.

Sí es cierto que estamos ante un disco mayormente tranquilo, eso no ha cambiado, pero aquí hay una pequeña diferencia con el resto de sus álbumes. Y básicamente es que, lo que antes producía cierta tristeza o una sensación de la melancolía, ahora produce paz y esperanza. Y todo gracias a ese tono sosegado y acogedor con el que cuenta todo el álbum. Sus guitarras jamás se pasan de la raya, y ese piano que envuelve unas cuantas canciones del álbum, aumenta la sensación de calidez. Así, solo hay que dejarse llevar y sumergirse en temas como “GSM”, “Blindsided”, o esa estupenda “Around Again” y su vibrante final. Y ojo que, cuando bajan un poco más el ritmo, también aciertan. Solo hay que escuchar la preciosa “Lake June”, o esa “Hope” algo más sucia, pero igual de emocionante. Además, cierran el disco a lo grande, con una majestuosa “I Never Wanna Make You Sad”.

True Love’ es uno de esos discos que pueden cambiar una carrera y abrir una nueva vía en un grupo ya consolidado como Hovvdy. A mí, desde luego, me ha convencido.

7,9

Sufjan Stevens & Angelo De Augustine – A Beginner’s Mind

Sufjan Stevens lleva un par de años de lo más productivos. Primero fue ‘The Ascension’, ese álbum mucho más electrónico que publicó el año pasado, y que estaba bastante bien. Luego vinieron una serie de discos de música ambiental que no escuchó nadie. Y ahora nos deja un trabajo junto al músico de folk Angelo De Augustine, el cual, afortunadamente, hace que nos olvidemos de esos cinco discos que ha editado en los últimos meses. Porque sí, aquí reaparece el Sufjan Stevens más folkie e intimista. Y el apoyo de De Augustine le da un poco de frescura a esta faceta suya.  

El proceso de creación de este ‘A Beginner’s Mind’ es un tanto curioso. Los dos se fueron durante a un mes a la cabaña que el batería de The National tiene en los Catskills, al norte de Nueva York, y allí se pusieron una especie de ritual diario. Todas las noches veían una película, a la mañana siguiente cada uno escribía lo que le viniera a la cabeza, y por la tarde se juntaban para compartir ideas. Evidentemente, todas esas películas que vieron, donde hay títulos tan conocidos como ‘La Cosa’ o ‘El Silencio de los Corderos’, terminaron influyendo en las canciones. Aunque hay que decir que más en el título que en las letras en sí.

Musicalmente, se mueven en ese folk tranquilo en el que sus voces se adentran en paisajes sonoros protagonizados por guitarras con bien de eco. Además de algún teclado que otro. Y como dato curioso, hay que recalcar que los dos cuentan con un timbre de voz muy parecido, por lo que casi nunca sabes a quién está cantando en ese momento. La prueba está en cortes como “You Give Death A Bad Name” -sí, todo parece indicar que hay una pequeña coña con la canción de Bon Jovi– o “Murder and Crime”, los cuales podrían estar en un cualquier disco de Sufjan Stevens. Algo que no deja en muy buen lugar a Angelo De Augustine, que parece que ha terminado cediendo ante el sonido del de Detroit. Aunque la verdad, si es para crear canciones tan bonitas como “(This Is) The Thing”, “It’s Your Own Body And Mind” o “Lacrimae”, no creo que le importe mucho.

No todo es folk intimista en este trabajo. Hay unos pocos momentos en los que se salen un poco de la norma. Aunque solo sea porque la instrumentación es más rica. Es el caso de “Reach Out”, el tema que abre el disco, en el que prácticamente se adentran en los discos navideños de Stevens -algo que también ocurre con “The Pillar of Souls”-. Pero también en “Lady Macbeth In Chains”, que es bastante más animada y al menos cuenta con una batería. Aunque el lado más efusivo del disco llega con “Back To Oz”, un tema con una sección rítmica más potente y una guitarra eléctrica que cuenta con bastante protagonismo. Por cierto, que es una canción inspirada en ‘Return To Oz’, una secuela horrorosa que se hizo en los ochenta del ‘El Mago de Oz’.

Desde luego, si sois de los que disfrutáis del Sufjan Stevens más folk, este trabajo os va a encantar. Porque, aunque se haya ido a lo fácil, hay que reconocerle que le sigue funcionando muy bien. Y bueno, no solo a él, también a De Augustine, que a veces se me olvida que estamos ante un disco hecho a pachas. Eso sí, la portada es un horror.

7.9

Bachelor – Doomin’ Sun

Estaba claro que, tarde o temprano, Melina Duterte (Jay Som) y Ellen Kempner (Palehound) tenían que coincidir y hacer algo juntas. Las dos artistas llevan años elogiándose la una a la otra, y dejando caer que la unión de sus dos talentos podría dar con algo realmente interesante. Y aquí estamos, con un nuevo proyecto llamado Bachelor, en el que demuestran que no estaban nada equivocadas.

Resulta curioso como compusieron y grabaron las canciones de este disco. Alquilaron una casa en Topanga (California), y durante dos semanas llevaron un plan de trabajo a rajatabla. Se levantaban tarde, almorzaban, trabajaban juntas durante unas horas, se daban espacio otro par de horas, y veían la tele hasta bien entrada la madrugada. Ese autoaislamiento, que ocurrió un poco antes del obligatorio que vivió todo el mundo, solo fue alterado por algún amigo y alguna pareja que pasó por allí a colaborar. Así, Buck Meek y James Krivchenia de Big Thief, se dejaron caer una tarde y grabaron unas guitarras y unas baterías. Y Annie Truscott, de Chastity Belt, y novia de Duterte, además de compañera en Routine, tocó el violín en varios temas. Todo lo demás nació de la complicidad que vivieron ellas dos durante esas dos semanas.

A pesar de que con sus otros proyectos las podemos meter en el carro del indie-rock, ‘Doomin’ Sun’ va mucho más allá. De hecho, desde aquí, advierto que no es uno de esos trabajos de pegada fácil como parecía que iba a ser tras escuchar los singles. Y es que, en esos temas que sirvieron de adelanto, es donde nos muestran su lado más directo. Así, en la inicial “Back of My Hand”, se dejan llevar por una caja de ritmos y se hacen con el tema más pegadizo y popero del álbum -ojo con ese vídeo en el que supuestamente secuestran a Harry Styles-. Y en “Stay in the Car” deciden que hay que endurecer las guitarras e irse al indie-rock de los noventa. Algo que también hacen en la más reposada “Anything al All”. Pero el resto del álbum tira hacia otro lado.

En buena parte del disco se meten de lleno en un mundo más introspectivo en el que el folk tiene más presencia. Es el caso de la delicada y minimalista “Went Out Without You”, o de la algo más preciosista “Sick of Spiraling”. Y cuando lo fusionan con un mundo más ensoñador, nos dejan pequeñas joyas como “Spin Out” y “Aurora”, que son realmente bonitas. Eso sí, para cerrar prefieren volver a la acústica y el minimalismo en el delicioso tema titular.

La propuesta de Bachelor funciona, y lo hace porque han dejado sus otros proyectos fuera y han fusionado sus talentos para crear algo nuevo. Y su debut es una buena muestra de ello.

7,9

The Natvral – Tethers

Kip Berman ha dado una cambio bastante radical a su carrera. El que fuera líder de The Pains of Being Pure at Heart, se ha embarcado una carrera en solitario bajo el nombre de The Natvral, que nada tiene que ver con el indie-pop de su antigua banda. Ha dejado atrás las influencias británicas de los ochenta y se ha metido de lleno en un rock y folk americanos que beben directamente de Bob Dylan, Leonard Cohen y Tom Petty. Y hay que reconocer que no se le da nada mal acercarse a estos sonidos, porque ha sacado un disco de debut de lo más disfrutable. 

Tethers’ funciona mucho mejor que el Ep que editó hace un par de años, en el que solo nos encontrábamos con su guitarra y voz, y con una faceta demasiado intimista. Ahora se ha hecho con una banda al completo y la cosa ha cambiado bastante. Sus canciones suenan vibrantes y vivas, y resulta mucho más fácil dejarse llevar por su propuesta. Porque, al fin y al cabo, Berman sigue siendo un gran compositor, y da igual que el envoltorio de sus temas ahora sea diferente. 

Kip Berman tira de sus influencias con descaro y no tiene problema en hacer temas que suenan bastante a esos totems de la música norteamericana. Así, en “Why Don’t You Come Out Anymore?” y “Sun Blisters”, tira del Bob Dylan menos folk y se hace con dos temas que son una maravilla; en “New Moon” se va hacía el lado más intimista de Leonard Cohen y nos deja una preciosa balada, y en “Stay in the Country” se deja llevar de la mejor forma posible por el Tom Petty de finales de los ochenta. Y no pasa nada, porque lo hace tan bien, que no importa que suene a otros. 

Lo que más me ha gustado de este disco, ha sido encontrarme con un Berman más épico y emocionante. Se le da maravilla ese rock más clásico en el que un órgano y un piano libran una batalla con una guitarra. Es el caso de “New Year’s Night”, el que podría ser el gran hit del disco. O de la más delicada “Runaway Jane”, que es una autentica delicia. Aunque el mejor ejemplo de esto es “Alone In London”, el tema que cierra el disco. Aquí nos deja una canción que empieza con una guitarra sosegada, pero que, poco a , y a medida que van entrando más instrumentos, se acaba convirtiendo en un tema de lo más emocionante.

Sinceramente, tras su primer Ep, que no me terminó de convencer mucho, no me esperaba demasiado del álbum de debut de The Natvral, pero me he encontrado con un disco lleno de fuerza y de canciones estupendas. 

8

Julien Baker – Little Oblivions

La música de Julien Baker te puede gustar más o menos, pero hay que reconocer que, a sus 25 años, lleva una carrera digna de elogio. La facilidad con la que se abre en sus letras, tan personales y tristes, ha hecho de ella una de las grandes compositoras de la actualidad. En parte porque, en muchas de ellas, refleja ese conflicto que tiene con su religión cristiana y su homosexualidad. Además de hablar de sus adicciones y de cómo lidiar con ellas. De ahí que su música siempre tenga un poso de tristeza, pero es que, claro, ha vivido demasiado en un plazo muy corto de tiempo.

Little Oblivions’ presenta un cambio importante respecto a sus dos trabajos anteriores. A pesar de que lo ha compuesto, tocado, y producido ella misma, está concebido para ser interpretado en directo por una banda al completo. La de Tennessee ha pasado de no meter ni una sola batería y hacer un folk muy poco efectista, a llenar sus canciones de capas de instrumentos. Por aquí hay guitarras que rugen un poco más que antes, un baño electrónico constante, y una sección rítmica más rica. Lo que hace que sus canciones sean mucho más fáciles y directas de escuchar.

Lo que no ha cambiado son sus conflictos con su religión, sexualidad y adicción. Es más, este trabajo está compuesto después de haber tenido una recaída. Pero tengo que decir que ahora, con toda esa riqueza instrumental que le ha dado, se lleva mucho mejor toda esa tristeza que desprenden. Y es que, nada más empezar, con “Hardline” y su estruendoso final, ya nos muestra lo bien que le sienta ese cambio. Le ha pillado el punto a este tipo de canción épica regada de electrónica, a las que es imposible ponerle ninguna pega. Temas como “Faith Healer”, “Relative Fiction” o “Favor”, suenan inmensos y hacen que su música esté más viva que nunca. Por cierto, que en la última se deja acompañar de Lucy Dacus y Phoebe Bridgers, sus dos compañeras en Boygenius. Pero es que, incluso cuando no mete tanta capa electrónica, también sale reforzada. “Heatwave”, con su guitarra acústica y su tono animado, no puede sonar mejor. Y la ascendente “Ringside” resulta de lo más emocionante.

No todo es perfecto en este trabajo, y al igual que en sus dos anteriores discos, peca algo de repetición. Es cierto que en un par de temas como “Bloodshot” y “Repeat” se sale un poco de la línea que lleva en todo el disco, pero no es suficiente para darle ese toque un poco más variado que necesita. Y es una pena, porque en la segunda se va a una electrónica un tanto minimalista que le sienta muy bien. Algo que demostró el otro día con su versión del “Everything in Its Right Place” de Radiohead. Y luego hay que decir que tampoco está especialmente acertada en las baladas, y cortes como “Crying Wolf” y “Song in E” se quedan un poco pequeños al lado de tanta épica.

7,9

Beabadoobee – Fake It Flowers

El año pasado, cuando puse el último Ep de Beabadoobee, comentaba que entraba dentro de ese grupo de artistas jóvenes que le tenían un poco de tirria al formato álbum, y ahora entiendo la razón. Bea Kristi, que es la chica que se esconde bajo ese complicado nombre, acaba de publicar su disco de debut, y la verdad es que le funcionaba mucho mejor el formato Ep. Su indie-rock tan marcado en los noventa pierde frescura cuando va más allá de la quinta o sexta canción, y aunque no puedo decir que no se le dé bien, sí creo que está demasiado marcado en esa época.

Quizá, ‘Fake It Flowers’ no me ha sorprendido tanto por sus múltiples adelantos. Ha llegado a sacar hasta cinco singles antes de editar el disco, y eso elimina el efecto sorpresa. Pero es que, aunque su música viva del pasado, ella es una chica de ahora, y sabe que hay que subir constantemente canciones a las plataformas de streaming para que no se olviden de ti. Lo malo es que, dentro de ese grupo de canciones, se encuentran algunos de los mejores cortes del álbum, y claro, una vez que los tienes tan escuchados, ya no es lo mismo. Así, “Care”, “Worth It” y “Together”, que forman parte de ese indie-rock deudor de Belly o Veruca Salt, siguen sonando estupendamente, pero claro, eso ya lo sabia antes de ponerme el disco por primera vez.

Sí es cierto que se ha dejado alguna sorpresa por ahí. Es el caso de “Dye It Red” y su irresistible estribillo lleno de guitarras cristalinas. O de las potentes “Charlie Brown” y “Yoshimi, Forest, Magdalena”, donde las guitarras rugen un poco más y termina acercándose a cosas más escurridizas, como pueden ser Throwing Muses o algunas bandas de la escena Riot Grrrl. Y bueno, luego cuenta con esa faceta más relajada, casi ensoñadora, que al fin y al cabo es la que más éxito le ha proporcionado – su “Coffe” ya lleva más de 50 millones de reproducciones en Spotify-. A mí, personalmente, no me dice mucho, y temas como o “Horen Sarrison” o “How Was Your Day?” me resultan un tanto plomizos. Prefiero cuando adorna un poco más las canciones, como en “Emo Song”, donde mete una pequeña pátina electrónica, o “Futher Away”, que entra dentro un mundo más dream-pop.

Como álbum de debut, ‘Fake It Flowers’ no está mal, tiene media docena de canciones que son estupendas, pero es un poco irregular. También es cierto que ese sonido tan de los noventa me tira un poco para atrás. Quizá, si se hubiera ido un poco más hacia el pop, como en aquella magnifica “She Plays Bass”, la cosa hubiera funcionado mejor.

7,4

Fleet Foxes – Shore

Fleet Foxes se han unido al grupo de bandas que lanza su nuevo disco por sorpresa. Eso sí, ellos se lo han currado un poco más, y han editado su cuarto trabajo a la hora exacta en la que el otoño de 2020 ha entrado en nuestras vidas –eso sí, en el horario de la Costa Este norteamericana-. Algo que no es casual, porque su música siempre ha sido la banda sonora perfecta para esta melancólica estación. Pero dejando de lado la forma en la que se ha editado, hay que decir que siempre es una buena noticia encontrarse con canciones nuevas de la banda de Robin Pecknold. Porque más allá de los gustos de cada uno y una, es innegable que Fleet Foxes es una de las bandas más importantes de los últimos tiempos.  

Shore’ es un disco marcado por la pandemia. Pero no de la forma en la que se puede pensar en un principio. Pecknold se encontraba grabando el disco en Los Angeles cuando la cosa se puso fea en su país, así que se tuvo que volver a su piso de Nueva York y parar todo. Ahí, en ese apartamento, el cual está junto a un hospital, pudo ver la realidad más dura de la pandemia. Así que, cuando pudo salir por primera vez, fue una liberación y una inspiración para terminar el álbum. Porque, a pesar de las circunstancias, Pecknold siguió con su idea inicial, que no era otra que la de crear un disco más optimista.  

Se podría decir que ese tono optimista ha hecho que nos encontremos con algunos temas bastante más animados de lo habitual cuando hablamos de Fleet Foxes. Porque Pecknold ha decidido mirar el lado bueno de las cosas. Así, vemos como una canción como “Sunblind“, la cual está dedicada a los músicos muertos que han aportado algo a su vida, especialmente a su gran amigo Richard Swift, se convierte en un chute de optimismo. O como el folk que ha caracterizado su carrera, suena más vivo que nunca en cortes como “Jara” y “Maestranza”. Incluso hay un par de tema que podríamos considerar un acercamiento a sonidos más mainstream. Se trata de “Can I Belive You” y “A Long Way Past The Past”, dos medios tiempos que se meten de lleno en un rock más convencional. Y no pasa nada, porque suenan muy bien. Al igual que suena muy bien “Young Man’s Game”, todo un derroche de vitalidad que sorprende por su energía y por el abandono de la languidez que solemos encontrar en sus canciones. Pero ojo, que no dejan de lado su faceta más folk, y en cortes como “Featherweight”, “For A Week Or Two” y “Quiet Air / Gioia”, dan buena cuenta de ella.  

Puede que estemos ante el disco más ecléctico de Fleet Foxes, y la verdad es que yo lo celebro, porque su folk hay días que me entra, y días que no. Así que agradezco un poco de variedad. 

7,9 

Julia Jacklin – Crushing

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Como cada año, en los últimos días de diciembre, le doy un repaso a esos discos que aparecen en las listas de lo mejor del año, y que, por alguna razón, se me han pasado. Empiezo por Julia Jacklin, que el pasado febrero publicaba “Crushing”, su segundo trabajo, con el cual recibió unas críticas de lo más entusiastas. Y no es para menos, porque se le da muy bien conjugar folk e indie-rock, y hacer canciones notables con los ingredientes de siempre.

Una de las bazas de esta artista australiana es la intensidad y la fuerza que le pone a sus canciones. Así, en los temas más reposados del álbum, consigue arrastrar al oyente hacia propuesta con mucha facilidad. El mejor ejemplo es ‘Don’t Know How To Keep Loving You’, un baladón un tanto sucio, que resulta de lo más emocionante. Además, en ella, me ha recordado un poco a los grandes momentos que nos han brindado Big Thief este año. Pero no es la única canción notable de estas características. Ahí está esa preciosa ‘Body’ que abre el disco, o esas desgarradoras ‘Turn Me Down’ y ‘Comfort’ que lo cierran. Y es que, el hecho de que el álbum esté inspirado en las relaciones amorosas fallidas, da para mucha intensidad.

No todo son canciones reposadas y cercanas al folk, también sabe pisar el pedal de distorsión y acelerar un poco su propuesta. Es más, con ‘Pressure to Party’ se ha sacado la manga uno de los grandes hits de la temporada. Y en ‘You Were Right’ se acerca bastante a ese hit instantáneo que todo artista busca. Aunque, eso sí, lo que más me ha gustado es el pop de ‘Head Alone’, que empieza siendo bastante inofensiva, y termina con una buena dosis de distorsión. Toda una joya.

No cabe duda de que Julia Jacklin tiene talento, y con este segundo trabajo se ha metido de lleno en ese selecto club de artistas femeninas que hacen un rock de lo más interesante. Además, cuenta con bastante personalidad. Solo hay que escuchar su versión del ‘Someday’ de los Strokes, la cual ha convertido en una preciosa balada de aires retro, que poco tiene que ver la enérgica canción original.

7,6

Big Thief – U.F.O.F / Two Hands

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Seguro que más de uno y de una han echado en falta que hable por aquí de Big Thief. Normal, porque la banda de Brooklyn está siendo una de las sensaciones del año. Sobre todo en lo que a la crítica que se refiere, que se ha deshecho en elogios con los dos trabajos que han sacado en los últimos meses. Pero yo no soy tan entusiasta. Digamos que, tras unas cuantas escuchas, “U.F.O.F.”, el álbum que editaron en febrero, no me terminó de convencer mucho. Ha tenido que llegar su hermano gemelo, para que me anime (y me fuerce un poco) a volver a escucharlo. Bueno, eso, y una sensación de que había algo que no había pillado en su momento. Hoy en día, sigo sin pillarlo mucho, pero al menos sí que he logrado disfrutar de estos dos discos.

Es innegable que Big Thief tienen algo especial que hace que su rock, con toques de folk, resulte de lo más interesante. Para empezar, está el talento de Adrianne Lenker, compositora principal de la banda, y una de esas artistas que hace canciones como churros. Porque no solo está al frente de Big Thief, también cuenta con una carrera en solitario. La cual, por cierto, ha terminado fusionando con la del grupo, porque hay varios temas de su último trabajo que han terminado apareciendo en este. El caso, es que, su voz, un tanto peculiar, se adapta de maravilla a la melancolía de las guitarras acústicas del grupo. Por eso es imposible resistirse a cortes como ‘UFOF’, ‘Cattails’ o ‘Strange’, que representan lo que podíamos llamar la faceta más asequible de la banda. O por lo menos la más directa. Porque, aunque baladas como ‘Open Desert’, ‘Orange’ o ‘Century’, también resulten de lo más atractivas, son un poco más difíciles. Pero ojo, porque, aunque no exploten mucho su lado más guitarrero, sí saben cuándo darle a la distorsión. Y es que, esa ‘Jenni’ que aparece casi al final, es una auténtica delicia en la que se acercan a los mejores Low.

Mirándolo bien, y haciendo un repaso a sus dos primeros trabajos, la evolución hacia sonidos más introspectivos de ‘U.F.O.F’, es de lo más lógica, porque es algo que, poco a poco, ya iba entrando con más asiduidad en sus canciones.

8

Según la propia banda, estos dos discos son gemelos, pero no parece que hayan querido darle una continuidad. Es más, el primero está grabado en las montañas de Washington, y el segundo en un sitio desértico de El Paso. Y, aunque siguen metidos de lleno en el rock acústico y melancólico, se podría decir que sí que es un poco más asequible. Para empezar, contiene ‘Forgotten Eyes’, la que probablemente sea la mejor canción que han sacado este año. Además de la más comercial, porque, esa parte final donde las guitarras acústicas y las eléctricas se disputan el protagonismo, es absolutamente brillante. Y es que, en este “Two Hands”, se animan un poco más a pisar el pedal de distorsión. Algo que se aprecia en la parte final de la estupenda ‘The Toy’, en la emocionante ‘Shoulders’, o en la impresionante ‘Not’, el otro gran tema que han sacado este año. Pero ojo, que también aparecen sonidos más luminosos y cálidos. Es el caso del corte que da título al álbum, el cual, según la propia Adrianne Lenker, es el tema de su carrera del que se siente más orgullosa, y el que podría seguir cantando cuando sea mayor. Y la verdad es que es toda una delicia.

Aunque los dos discos están muy bien, creo que, realmente, podrían haber sacado un álbum perfecto con once o doce canciones, porque, de estos 22 temas, no todos son sobresalientes, y al final acabas un poco empachado.

8

J Mascis – Elastic Days

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Siempre he pensado que, tras los muros de distorsión de Dinosaur Jr., se encuentran unas canciones de lo más melódicas que pueden funcionar sin toda esa tormenta guitarrera. En parte, por la voz melancólica y tristona de J Mascis, que se adapta de maravilla a un tipo de canción más reposada y limpia. Es algo que él mismo viene demostrando desde 2011, cuando editó su primer trabajo en solitario, el cual sorprendió por sus guitarras acústicas y su toque folk. Aunque más sorprendente fue el segundo, en el que se ponía más intimista, y en el que apenas había baterías. Ahora vuelve con un tercer trabajo que sigue la línea de los dos anteriores, confirmando que el norteamericano está muy cómodo con este sonido.

Elastic Days” es otro álbum de lo que podríamos llamar folk-rock. Una vez más, las acústicas, se fusionan con las eléctricas, que solo aparecen cuando toca el inevitable solo de guitarra. Y esa voz, la cual produce calma y sensación de paz. Eso sí, también es cierto que está bastante más animado que en el disco anterior, lo que hace que sea un álbum más fácil de asimilar.

Mascis empieza muy bien con ‘See You At The Movies’, un tema que puede que haya hecho unas cuantas veces ya, pero lo hace tan bien, que sigue resultando de lo más emotivo. Este tipo de canción, en el que se deja acompañar por amable ritmo de batería y en el que le pone un poco más de ganas –hace poco leí en una entrevista que todo el mundo le dice que siempre parece cansado-, es mi faceta favorita de su carrera en solitario. Y, afortunadamente, vuelve a ella a lo largo de casi todo el disco. Lo hace en cortes ‘Sky Is All We Had’, en la maravillosa ‘Picking Out The Seeds’, o en esa preciosa ‘Drop Me’, en la que también se deja acompañar por un piano. Pero ojo, que incluso se anima un poco más hacia el final. Buena prueba de ello es ‘Sometimes’, la cual cuenta con una segunda parte mucho más acelerada de lo normal, acercándose a lo que hace con Dinosaur Jr. Aunque, eso sí, sin tanta distorsión. O ‘Wanted You Around’, en la que también pisa un poco el pedal del acelerador y se saca de la manga un tema de lo más animado.

Dentro de la faceta más reposada del disco, también hay cortes notables. Ahí están ‘Web So Dense’ y ‘Give It Off’, dos baladas preciosas en las que el piano aparece de nuevo, o esa ‘Everything She Said’ con la que cierra el disco igual que lo abre, por todo lo alto. Aunque, eso sí, hay que decir que la mejor balada es que la da título al álbum, que cuenta con una melancolía y una tristeza de lo más bellas.

No os voy a engañar, lo nuevo de J Mascis es lo mismo de siempre, pero lo hace tan bien, que da igual. Además, prácticamente todas las canciones son de notable alto, por lo que casi podría decir que estamos ante su mejor trabajo en solitario.

7,7