Andy Shauf – Wilds

El año pasado conocimos a Judy, la chica que había roto el corazón de Andy Shauf, y la protagonista de ‘The Neon Skyline’, su anterior trabajo. Lo que no esperábamos es que fuera haber una segunda entrega de “canciones inspiradas en Judy”. Pero claro, la pandemia, y el parón de su gira de presentación, le hicieron ponerse a trabajar en esas canciones que se habían quedado fuera del disco. Y de ahí nace ‘Wilds’, el que es su séptimo trabajo.

A pesar de ser los “descartes” de su anterior álbum, el artista canadiense no nos está vendiendo las sobras. Las nueve canciones de ‘Wilds’ funcionan a la perfección y construyen un disco de lo más coherente. Es más, en él, ahonda más en la relación -creo que es ficticia, pero no estoy muy seguro -, con Judy. Ahí está esa pequeña joya llamada “Spanish on the Beach”, en la que narra unas vacaciones con su ex en las que ella no para de hablar en español y él no se entera de nada. O la bonita ‘Television Blue’, donde recuerda otras vacaciones más idílicas y menos problemáticas. Además de algún un tema más sombrío, como es el caso de “Believe Me”, en la que describe una riña doméstica.

Musicalmente, y como era de esperar, sigue metido de lleno en su folk con tintes cinematográficos. Y eso es lo que más me gusta de sus canciones. Me encanta ese toque sixties que tienen algunos de sus temas, el cual, por cierto, lo aleja del lado más aburrido del folk. Así, con los mismos ingredientes de siempre, consigue que temas como “Judy (Wilds)” o “Jaywalker”, funcionen a la perfección. Porque siempre hay una guitarra o una batería que sobresale y lleva la canción un poco más allá. Además, está su voz, reposada y llena de calidez. Y esa voz le viene de maravilla a “Jeremy’s Wedding (Wilds)”, el bonito tema que cierra el álbum, y que casi es un homenaje al “Sweet Jane”.

7,7

Mac McCaughan – The Sound of Yourself

Mac McCaughan es uno de esos artistas incansables que cuenta con una buena cantidad de proyectos. El principal, por supuesto, es Superchunk, pero también nos ha dejado una buena cantidad de discos como Portastatic. Además, es uno de los dueños del sello Merge Records, con el que ha editado discos tan importantes como el ‘Funeral’ de Arcade Fire o el ‘In The Aeroplane Over The Sea’ de Neutral Milk Hotel. Pero también cuenta con una carrera en solitario con la que ahora publica su segundo trabajo. Y ojo, que el primero estaba bastante bien. Aunque sí es cierto que no tuvo mucha repercusión.

A pesar de que el disco se llama ‘The Sound of Yourself’, estamos ante un trabajo lleno de colaboraciones de amigos. Y es que, según el propio McCaughan, quería que otros artistas mejoraran sus canciones. Así, por aquí, nos encontramos con TORRES, con Yo La Tengo al completo, o con Matt Douglas de los Mountain Goats. Pero sí es cierto que gran parte de lo que escuchamos aquí sale del pequeño estudio que tiene en su casa.

Estamos ante un disco más introspectivo que su álbum de debut, que era mucho más pop, e incluso contaba con algún coqueteo a con la electrónica. El hecho de que estas canciones estén compuestas justo después de hacer una banda sonora ha propiciado que meta unos cuantos temas instrumentales que, por desgracia, se hacen un poco eternos. Algo que, para mí, lastra un poco el disco. Pero bueno, es cuestión de fijarse en los otros cortes del álbum. Y la verdad es que ahí no falla. Y eso que está un poco más contenido de lo habitual, pero temas como “The Sound of Yourself” o “Burn a Fax”, que se mueven a cámara lenta, son notables. Sobre todo, el segundo, que gracias a ese saxo tiene un toque The Blue Nile que es una maravilla.

No es que el disco sea muy efusivo, pero sí que cuenta con algunos temas más potentes. Es el caso de la estupenda “I Hear The Radio”, en la que una fuerte base rítmica se fusiona con un teclado que es una maravilla, y con las voces de Michael Benjamin Lerner (Telekinesis) y Annie Hayden (Spent). O de “Circling Around”, la que es la canción más Superchunk del disco. Aunque lo mejor llega con esa pequeña joya a medio camino entre el folk y el indie-rock llamada “Dawn Bends”, donde cuenta con Yo La Tengo como banda de acompañamiento.

The Sound of Yourself’ no es un disco tan directo como su álbum de debut, pero sí que contiene un buen puñado de canciones notables. Además, siempre es un placer encontrarse con McCaughan.

7,4

Sufjan Stevens & Angelo De Augustine – A Beginner’s Mind

Sufjan Stevens lleva un par de años de lo más productivos. Primero fue ‘The Ascension’, ese álbum mucho más electrónico que publicó el año pasado, y que estaba bastante bien. Luego vinieron una serie de discos de música ambiental que no escuchó nadie. Y ahora nos deja un trabajo junto al músico de folk Angelo De Augustine, el cual, afortunadamente, hace que nos olvidemos de esos cinco discos que ha editado en los últimos meses. Porque sí, aquí reaparece el Sufjan Stevens más folkie e intimista. Y el apoyo de De Augustine le da un poco de frescura a esta faceta suya.  

El proceso de creación de este ‘A Beginner’s Mind’ es un tanto curioso. Los dos se fueron durante a un mes a la cabaña que el batería de The National tiene en los Catskills, al norte de Nueva York, y allí se pusieron una especie de ritual diario. Todas las noches veían una película, a la mañana siguiente cada uno escribía lo que le viniera a la cabeza, y por la tarde se juntaban para compartir ideas. Evidentemente, todas esas películas que vieron, donde hay títulos tan conocidos como ‘La Cosa’ o ‘El Silencio de los Corderos’, terminaron influyendo en las canciones. Aunque hay que decir que más en el título que en las letras en sí.

Musicalmente, se mueven en ese folk tranquilo en el que sus voces se adentran en paisajes sonoros protagonizados por guitarras con bien de eco. Además de algún teclado que otro. Y como dato curioso, hay que recalcar que los dos cuentan con un timbre de voz muy parecido, por lo que casi nunca sabes a quién está cantando en ese momento. La prueba está en cortes como “You Give Death A Bad Name” -sí, todo parece indicar que hay una pequeña coña con la canción de Bon Jovi– o “Murder and Crime”, los cuales podrían estar en un cualquier disco de Sufjan Stevens. Algo que no deja en muy buen lugar a Angelo De Augustine, que parece que ha terminado cediendo ante el sonido del de Detroit. Aunque la verdad, si es para crear canciones tan bonitas como “(This Is) The Thing”, “It’s Your Own Body And Mind” o “Lacrimae”, no creo que le importe mucho.

No todo es folk intimista en este trabajo. Hay unos pocos momentos en los que se salen un poco de la norma. Aunque solo sea porque la instrumentación es más rica. Es el caso de “Reach Out”, el tema que abre el disco, en el que prácticamente se adentran en los discos navideños de Stevens -algo que también ocurre con “The Pillar of Souls”-. Pero también en “Lady Macbeth In Chains”, que es bastante más animada y al menos cuenta con una batería. Aunque el lado más efusivo del disco llega con “Back To Oz”, un tema con una sección rítmica más potente y una guitarra eléctrica que cuenta con bastante protagonismo. Por cierto, que es una canción inspirada en ‘Return To Oz’, una secuela horrorosa que se hizo en los ochenta del ‘El Mago de Oz’.

Desde luego, si sois de los que disfrutáis del Sufjan Stevens más folk, este trabajo os va a encantar. Porque, aunque se haya ido a lo fácil, hay que reconocerle que le sigue funcionando muy bien. Y bueno, no solo a él, también a De Augustine, que a veces se me olvida que estamos ante un disco hecho a pachas. Eso sí, la portada es un horror.

7.9

Heartless Bastards – A Beautiful Life

Heartless Bastards llevan casi dos décadas de carrera y van por su sexto álbum, pero, para mí, eran unos completos desconocidos hasta hace unas semanas. Y eso que en Estados Unidos cuentan con un éxito moderado y con las alabanzas de alguno de los miembros de Spoon o de Jack White. Y es que, el grupo de Ekira Wennerstrom, que es la que, además de llevar la voz cantante, compone todas las canciones, tira hacia un rock bastante americano que yo no suelo tolerar muy bien. Algo que parece que ha cambiado con su último trabajo, que es un tanto más ecléctico que los anteriores.  

A Beautiful Life’ es una especie de continuación del primer trabajo en solitario que editó Wennerstrom hace tres años. Más que nada, porque casi no ha podido contar con la banda con la que graba habitualmente, y ha tenido que recurrir a otros músicos para que le ayuden con estas canciones. Y la verdad es que se ha rodeado muy bien, porque por aquí están Lauren Gurgiolo (Okkervil River), David Pulkingham (Patty Griffin), Greggory Clifford (White Denim), Jesse Chandler (Mercury Rev/Midlake) y Bo Koster (My Morning Jacket). Además de Andrew Bird, que toca el violín en la psicodélica “The River”.

El disco se abre con “Revolution”, un auténtico torbellino rockero que va subiendo de intensidad a medida que van pasando sus seis minutos. De hecho, en su parte final, en la que Wennerstrom canta con ganas eso de “The revolution is in your mind”, me ha recordado bastante a Patti Smith. Y es que, la cantante de Ohio no puede negar que es uno de sus grandes referentes. Por lo menos en su faceta más rock, como también demuestra en “Photograph”. Pero, como ya he dicho antes, aquí van un poco más allá. Así, se meten en un pop de aires sixties en la preciosa “You Never Know”. O deciden jugar con unas guitarras un tanto funk en la estupenda “How Low”. Además de rebajar las revoluciones y hacerse un Phil Spector en “When I Was Younger”, o de entregar un baladón de lo más sofisticado en el tema que da título al álbum.

Quizá se les ha ido un poco la mano con la duración y su parte final se hace un poco bola, pero el sexto trabajo de la banda de Ohio tiene un buen puñado de canciones notables. Además, en él, consiguen sonar frescos con ingredientes del pasado, algo que me parece muy complicado.

7,6

José González – Local Valley

Hace seis años, cuando José González editó su anterior trabajo, el folk seguía siendo un estilo que ocupaba un buen espacio en la webs y revistas de tendencias. Pero con el tiempo, eso, se ha ido diluyendo y, aunque no ha caído en el olvido, sí que ya no es la tendencia. Y la verdad es que no me extraña mucho, porque es algo que no da mucho más de sí. González se ha dado cuenta de eso, y en su nuevo trabajo encontramos una paleta sonora algo más rica de lo habitual. Aunque eso sí, el folk sigue siendo el gran protagonista.

Grabado a las afueras de Gotemburgo, en el estudio casero que tiene cerca de la costa y al lado de un bosque lleno de abedules, ‘Local Valley’ cuenta con una cualidad importante cuando se trata de un disco de folk: no aburre. Su secuencia, que fusiona muy bien los temas más reposados y delicados con los más animados, hace que se te pase en un suspiro. Además, esa mezcla de idiomas -por primera vez también canta en castellano y sueco-, también lo hace mucho más ameno.

Tengo que reconocer que la primera vez que escuché “El Invento”, la canción que sirvió de primer adelanto, y la que abre el álbum, me quedé un poco descolocado. No me cuadraba mucho escuchar a González cantar en castellano, pero al final me terminó entrando. De hecho, ahora me parece una de las canciones más bonitas del año. Quizá, también, por la historia que hay detrás, ya que nace de las clases de español que le da a su hija pequeña. Y es que, el artista sueco, sigue siendo un maestro a la hora de emocionar con apenas una guitarra y su voz. Algo que se aprecia en cortes como “Visions” y “Horizons”, que también son de las que te tocan la patata.

Como decía más arriba, estamos ante un disco un tanto más variado de lo habitual. Por aquí, su folk, coge fuerza y se vuelve un tanto más vigoroso. Así, canciones como “Head On” y “Valle Local”, logran que te eches unos pocos bailes con ellas. Y si ya nos vamos a “Swing”, en la que incluso se atreve con una caja de ritmos, nos encontramos con un cálido tema en el que casi se acerca a la bossanova. Y la verdad es que le sienta muy bien. Pero hay más, porque en “Tjomme”, donde también aparece esa caja de ritmos, tira hacia un mundo más psicotrópico, el cual, también tiene su punto.

7,6

Big Red Machine – How Long Do You Thing It’s Gonna Last?

El segundo trabajo de Big Red Machine es algo más que la continuación del proyecto que comenzaron Aaron Dessner (The National) y Justin Vernon (Bon Iver) hace unos años. Su primer álbum era un disco en el que los dos contaban con prácticamente el mismo protagonismo, pero eso ha cambiado en este disco. El propio Vernon habla de él como un “trabajo comunista” por la cantidad de colaboraciones que tiene. Además, también confiesa que, está vez, quería quedarse a un lado y que estas canciones fueran de todos los colaboradores que aparecen en el disco. De hecho, solo ha escrito unas cuantas líneas y cantando en unas pocas canciones.

Tengo que reconocer que su primer álbum, en el que tiraban hacia un rollo más electrónico, no me terminó de convencer. Es más, me pareció un poco aburrido. Pero esto ha cambiado en este ‘How Long Do You Think It’s Gonna Last?’. Lo de ahora se asemeja bastante más a lo que hacen con sus respectivas bandas. Bueno, más bien vira hacia el sonido de The National. Quizá, porque Dessner se lleva un buen tanto por ciento de la composición. Aunque también tiene mucho que ver ese elenco de colaboradores de lujo, donde destacan Taylor Swift, Robin Pecknold de Fleet Foxes, o Sharon Van Etten.

Estamos ante un trabajo un tanto largo al que sobran tres o cuatro canciones. Pero también es verdad que, más allá de esos temas que sobran, están de lo más acertados. Solo hay que escuchar esa preciosa “Latter Days” que lo abre, en la que Anaïs Mitchell, que cuenta con un papel importante en el álbum, se adentra en sonidos propios de Bon Iver junto a Vernon. O esa maravilla llamada “Phoenix”, que ya se ha convertido en una de mis canciones del año. Y es que, aquí, el que impone su ley, es Robin Pecknold, el líder de Fleet Foxes, que lleva a todo el grupo a su terreno y logra una joya de canción. Otro de los grandes momentos del álbum es cuando aparece Taylor Swift. La mega estrella del pop colabora en dos canciones. La primera es “Birch”, en la que tiene un perfil más bajo, y tan solo hace los coros. Sin embargo, en “Renegade”, se lleva todo el protagonismo y se hace con la canción más pop de todo el álbum. Toda una delicia en el que los ritmos electrónicos se adentran en terrenos más folkies.

A pesar de que son pocas las canciones donde no hay una colaboración, también se las apañan para destacar ellos solos. Es el caso del folk acústico de “The Ghost of Cincinnati”, en el que casi se acercan a Simon & Garfunkel. Pero también de “Magnolia”, donde, gracias a su sección rítmica y al piano, vuelven a tirar hacia The National. Aunque hay que reconocer que, al final, lo que más destaca en el álbum son esas colaboraciones. Así, en su parte final, nos dejan otras cuantas que funcionan muy bien. Ahí está la emocionante “Mimi”, en la que Ilsey Juber, que a muchos no os sonará, pero que ha escrito alguno de los grandes éxitos del pop actual, pone a la voz. Y la verdad es que la tiene muy bonita. O de esa “Easy to Sabotage” tan intensa y algo épica, en la que juegan con la voz e Naeem. Y digo juegan, porque tiran bastante del autotune. Eso sí, sorprende que en “Hutch”, donde han reclutado a Sharon Van Etten, Lisa Hannigan y Shara Nova (My Brightest Diamond), no consigan hacer algo más que una canción correcta.

7,5

Clairo – Sling

Claire Cottrill, más conocida como Clairo, tan solo tiene 22 años, pero ya he tenido que justificar su carrera más de una vez. Lo bueno es que, todos esos haters que decían que era un producto musical que había contado con la ayuda de los amigos influyentes de su padre, se han tenido que comer sus palabras. Su estupendo álbum de debut obtuvo unas críticas excelentes, y todas las colaboraciones que han venido después, han agrandado aun más ese prometedor inicio de carrera. Eso sí, parece que el primer bache está llegando con su segundo trabajo, el cual ha recibido alguna que otra alabanza, pero también alguna que otra reseña de lo más tibia.

No es que ‘Sling’ sea un mal trabajo, todo lo contrario, es uno de esos discos hechos con mimo en los que todo esta en su sitio. La producción del solicitado Jack Antonoff funciona a la perfección, y Clairo se confirma como una gran compositora de canciones. El problema es el envoltorio que ha elegido para estos temas. La de Atlanta se ha metido de lleno en ese folk femenino que se hizo tan popular en los setenta. Es un disco en el que se puede apreciar muy fácilmente la influencia de Carole King, The Carpenters o Joni Mitchell, y la verdad es que es un sonido que termina resultando un tanto anodino. Por no decir que hay momentos en los que aburre un poco.

Lo mejor de este trabajo llega cuando adorna un poco más sus canciones. Cuando no se adentra tanto el folk y sus temas se van hacia un pop un tanto soft, y muy setentas también, logra resultados notables. Es el caso de la inicial “Bambi”, de la reposada “Partridge”, o de la algo juguetona “Wade”. Además de esa estupenda “Management” llena de cuerdas que se ha dejado para el final. Pero lo mejor viene cuando se anima un poco. Lo malo es que solo lo hace en dos ocasiones. La primera es en “Amoeba”, toda una delicia pop en la que no se sale de esa década de los setenta, pero que sí tira hacia un mundo más pop -su estribillo es irresistible-. Y la segunda es en “Zinnias”, donde sale a relucir su lado más rock, aunque sí es cierto que lo hace desde el lado más acústico. Y bueno, para no ser malo, diré que el folk a lo Simon and Garfunkel de “Blouse” también funciona.

Desde luego, no es el disco que esperaba tras su debut, y me parece que es un cambio en su carrera que llega demasiado pronto. Porque, aunque ya lleve unos cuantos años en esto, creo que todavía tiene que explotar un poco su faceta más pop.

7,3

Kings of Convenience – Peace or Love

Creo que no me equivoco si digo que el anuncio del nuevo álbum de Kings of Convenience fue toda una sorpresa para muchos. El dúo noruego llevaba sin publicar un trabajo desde 2009, y sus componentes estaban a su rollo con sus otros proyectos –Erlend Øye con su carrera en solitario y su faceta como DJ, y Eirik Glambek Bøe haciendo música electrónica y dando clases de arquitectura-, pero la chispa surgió de nuevo entre ellos. Y nosotros encantados, porque, a pesar de no haber cambiado nada en su propuesta, siempre es un placer encontrarse con esa calidez que impregna todas sus canciones.

Aunque en su título te dan a elegir entre la paz y el amor, el cuarto trabajo de los noruegos está claramente inspirado en lo segundo. Sus once canciones giran alrededor de este sentimiento, y claro, como no podía ser menos, lo hacen entre guitarras acústicas, y acogedores ritmos bossanova. Además de su delicada forma de cantar, en la que casi se acercan al falsete. Y lo increíble es que sigue funcionando muy bien. Porque, a pesar de que solo se salen del guion metiendo una tímida caja de ritmos en la estupenda “Fever”, consiguen que los temas de este ‘Peace or Love’ se te queden grabados en la cabeza.

Kings of Convenience saben lo que esperan sus seguidores, y por eso no tienen ningún problema en empezar este disco con una canción como “Rumours”. Estamos ante un tema en el que sale a la luz su lado más preciosista y delicado, y hay que reconocer es que es una buena elección para abrir. Más que nada, porque te mete de lleno en su mundo, y te deja del revés con ese emocionante final en el que la guitarra sube un tono y entra el resto de instrumentación. Unos ingredientes que también aparecen en otros cortes del disco, como en “Ask For Help” y “Song About It”, que son maravillosos. Pero es en ese mundo más bossa donde consiguen los mejores momentos del disco. Y es que, a ver quién se resiste a esos violines que acompañan sus ritmos cálidos en “Rocky Trail”. O a esa “Angel” tan juguetona y llena de cuerdas. Aunque lo mejor llega con “Catholic Country”, una de las dos canciones donde podemos escuchar la voz de Feist -la otra es la intima “Love Is A Lonely Thing”-. Estamos ante uno de esos temas que te hacen bailar con tan solo una guitarra y una tímida batería que entra ya casi al final. Toda una delicia que puede convertirse en uno de los clásicos de la banda.

El nuevo álbum de Kings of Convenience no va a sorprender a nadie. Y ese es quizá el fallo que se le puede poner, pero la verdad es que, a estas alturas, creo que nadie podría esperar que cambiaran su propuesta. Además, se les da estupendamente, así que para qué cambiar ahora.

7,5

Rostam – Changephobia

Supongo que Rostam tuvo sus razones de peso para dejar Vampire Weekend, pero viendo como va su carrera en solitario, creo que no fue idea bastante arriesgada. Otra cosa es su carrera como productor, la cual le ha reportado un Grammy por su trabajo en el último disco de HAIM. Pero, al igual que Jack Antonoff, el de Bleachers, cuando se trata de hacer sus propias canciones, no llegan a ese nivel tan alto que tienen sus producciones. Y nadie niega que sean dos pedazo de músicos, pero funcionan mejor cuando trabajan con otros. Aunque también tengo que reconocer que este trabajo del neoyorquino es un poco mejor que su álbum de debut en solitario.

Dice Rostam que, a pesar de su título, las canciones de ‘Changephobia’ no representan un miedo al cambio. De hecho, tratan de todo lo contrario, de reconocer los miedos de cada uno y una, y enfrentarse a ellos. Quizá, por eso, estamos ante una colección de canciones amable, donde hay alguna reflexión sobre cambio climático (“These Kids We New”), o historias de amor queer en un viaje por carretera (“4Runner”). Y ojo, porque parece que está más atinado a la hora de hacer hits. De hecho, estas dos canciones son de lo mejor en su carrera en solitario. Al igual que la estupenda “From The Back of a Cab”, o ese coqueteo con el R&B que aparece en el tema que da título al álbum.

El propio Rostam ha confesado que el Bebop de los años 50 es una de las grandes influencias de este trabajo. Y eso se nota en el tono jazzy de algunas canciones y en ese saxo que aparece en unos cuantos temas del álbum. Ahí está la bonita “Unfold You”, que no puede tener un sonido más clásico. O esa dispersa “Starlight” final. Pero también hay momentos más electrónicos y algo más locos. Solo hay que escuchar la muy curiosa “Kinney”, que empieza con una caja de ritmos aceleradísima, y acaba con un torbellino de suciedad guitarrera. Y tampoco puede negar que ese sonido que impregnaba el tercer trabajo de Vampire Weekend también se cuela por aquí. Es algo evidente en las notables “Too Communicate” y “Next Thing”. De hecho, en la segunda, aparece ese teclado tan barroco, el cual era una de las claves del sonido de su antigua banda.

Rostam ha mejorado su propuesta en solitario, pero todavía le queda un poco para llegar al nivel que tienen sus producciones para otros, o para las composiciones que hacía con Vampire Weekend. Algo que es complicado, porque es un nivel muy alto.

7,6

The Underground Youth – The Falling

A esto es lo que le llamo yo un cambio radical. The Underground Youth siempre han sido una de las bandas más particulares del post-punk actual, y además de las típicas influencias que suelen tener estas formaciones, también solían mencionar a gente como Bob Dylan o Nick Cave. Pero esta vez, el dúo de Manchester, afincando en Berlín, ha dado un giro de lo más drástico a su música. En su décimo trabajo se olvidan de la distorsión y de la densidad con la que contaban sus canciones, y se meten de lleno en un sonido de lo más cinematográfico, lleno de y cuerdas, y con un cierto toque fronterizo. Toda una sorpresa, que la verdad es que resulta de lo más agradable.

The Falling’ cuenta con un sonido claramente americano, muy de western, y bastante oscuro. Porque, eso sí, ese lado más oscuro no se lo han quitado. La voz de Craig Dyer suena de lo más dramática y profunda, y esas cuerdas y guitarras acústicas que la acompañan, le dan un toque de lo más sombrío. Como muestra el tema que lo abre y que le da título, donde, quizá, muchos vean un sonido parecido al que ha dado a conocer a Orville Peck, pero aquí hay más intensidad y mucho más drama. Y eso es lo que termina llevando el disco por el buen camino.

A lo mejor se me ha ido un poco la cabeza, pero creo que otra de las grandes influencias de este trabajo es Leornard Cohen. Es que me resulta más que evidente en esa pequeña maravilla folk llamada “Vergiss Mich Nicht”, la cual, gracias a su armónica y a su baile de guitarras, resulta de lo más deliciosa. Pero la influencia del canadiense también aparece en la bella “And I…”, en la intensa “A Sorrowful Race”, y en la emocionante “Cabinet Of Curiosities”. Aunque eso sí, en esta última también dejan ver algo de ese lado más fronterizo.

Estamos ante un trabajo en el que las canciones van a un ritmo pausado y en el que apenas hay tiempo para momentos contundentes. Es más, de ocho temas, tan solo dos cuentan con una batería. Y ojo, que es una sección rítmica bastante tranquila. En “Egyptian Queen” nos dejan una especie de oscuro vals en el que la influencia de Nick Cave es más que evidente. Y luego, en “For You Are The One”, sí que sacan algo más de garra y fuerza. Pero también es cierto que no pierden ese toque americano y fronterizo con el que cuenta todo el álbum.

En su nuevo álbum, The Underground Youth no es que salgan de su zona de confort, es que prácticamente la dinamitan y se meten de lleno en un terreno que no esperábamos lo que habíamos seguido un poco su carrera. Pero, a pesar de la sorpresa inicial, es un cambio bastante interesante y que funciona muy bien.

7,7