The Reds, Pinks & Purples – Uncommon Weather

En los últimos meses, Glenn Donaldson se ha convertido en algo así como el nuevo héroe del indie-pop estadounidense. Algo para lo que, desde luego, ha hecho muchos méritos. Y es que, tras estar años tras Skygreen Leopards, son sus nuevos proyectos los que le están dando más alegrías. Ahí está el debut de Painted Shrines, el grupo que ha formado junto a Jeremy Earl de Woods, con el que ha sacado uno de los grandes discos de los últimos meses. Y, por supuesto, The Reds, Pinks & Purples, el que es su proyecto en solitario, y con el que editó uno de los mejores discos de 2020.

Donaldson también es un artista bastante prolífico que no puede parar de crear desde el pequeño estudio que se ha montado en su casa. Y es que, apenas ha pasado medio año de ese ‘You Might Be Happy Someday’, y ya tenemos por aquí su nuevo disco. ‘Uncommon Weather’ vuelve a ser una radiografía de San Francisco, la ciudad donde vive, y de cómo se ha convertido en un lugar de supervivencia para los que se dedican a la música. Además, como viene siendo habitual, ha sido compuesto, tocado, y grabado, íntegramente por él mismo. 

Volvemos a estar ante una preciosa colección de canciones que tienen el pop como principal protagonista. Con Television Personalities a la cabeza -“Pictures of the World” no puede sonar más a la banda de Dan Treacy-, las influencias de Donaldson se dejan ver en las trece canciones de este trabajo. Ecos de The Cure que aparecen en los bellos y nostálgicos teclados de “I Hope I Never Fall in Love”, “A Kick in the Face (That’s Life)” y “I Wouldn’t Die for Anyone”; homenajes al indie-pop británico de finales los ochenta en “The Biggest Fan” y el tema titular, o coqueteos con el mundo más ensoñador en “Life at Parties”. Y es que estamos ante todo un amante del pop con un talento enorme. Porque, además, ha conseguido hacerse con un sonido de lo más reconocible. Un sonido que aparece en la algo más sucia, pero, a su vez, reluciente, “Don’t Ever Pray in the Church on My Street”, o en la también sumamente bella “I’m Sorry About Your Life”. Además de en esas melancólicas “The Songs You Used to Write” y “Sympathetic”, con las que cierra el disco de forma bastante más delicada. 

Con su nuevo álbum bajo la etiqueta de The Reds, Pinks & Purples, Glenn Donaldson se une al club de los artistas capaces de sacar discos como churros y que todos, como mínimo, sean de notable alto. Y eso está al alcance de muy pocos. 

8

Painted Shrines – Heaven and Holy

Painted Shrines es el dúo formado por Jeremy Earl de Woods, y Glenn Donaldson, de The Skygreen Leopards, y más recientemente, The Reds, Pinks and Purples. Y claro, viniendo de estos dos geniecillos, es imposible que por aquí salga algo mal. Estamos ante uno de los trabajos más deliciosos y brillantes de lo que llevamos de año. Y eso que es un proyecto que hicieron en una semana de 2018 y que habían aparcado hasta ahora. Pero claro, el parón por la pandemia, y la ayuda de Jeff Moller, de Papercuts, que grabó el bajo de todas las canciones durante el confinamiento, los ha llevado a recuperar estas canciones. Y menos mal, porque hubiera sido una pena que se hubieran quedado en el olvido.

Heaven and Holy’ es un disco que juega con la sencillez, donde no buscan sorprender, pero sí que su música resulte de lo más agradable. Van directos al grano, y eso que el disco cuenta con cinco temas instrumentales. Pero la verdad es que hasta ahí aciertan. La energía que tiene “Panoramic”, con esa guitarra que guía sus apenas dos minutos, o esa pequeña maravilla llamada “The Bzc”, la cual, con su ritmo animado, y su juguetona guitarra, produce una sensación de buen rollo y libertad, funcionan a la perfección. Si es cierto que el mundo más psicodélico de “Soft Wasp” y “Coast” no es tan resultón, pero no desentonan con el resto del álbum.

Buena parte de las canciones de este disco tienen ese aire desenfadado y sincero con el que contaban los primeros trabajos de Woods. Eso, unido al toque pop que le da Donaldson, hace que nos encontremos ante media docena de temas que rozan la perfección. Y ojo, que otra de sus cosas buenas, es que no se cortan a la hora de pisar el pedal de distorsión. Algo que muestran en esa preciosidad llamada “Satures the Eye” que abre el álbum, en la que tiran de su lado más melancólico para crear una delicia de canción de aires sixties -la influencia de The Byrds es más que evidente en todo el disco-. O en “Painted Shrines”, donde les da un ataque de distorsión absolutamente brillante. Incluso en esa preciosa balada llamada que da título al disco, en la que, por cierto, cantan los dos, tiene una buena dosis de suciedad. Y cuando esa suciedad no aparece, nos dejan temas como “Gone” o “Not So Bad”, los cuales cuentan con una delicadeza pop que es una delicia -en Pitchfork mencionan a The Go-Betweens, y la verdad es que han estado acertados-.

Ojo con este primer trabajo de Painted Shrines, porque se puede convertir en una de las grandes sorpresas de 2021. Y la verdad, espero que así sea.

8,1

The Skygreen Leopards – Family Crimes

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Es imposible resistirse a la música de The Skygreen Leopards. El dúo californiano, formado por Donovan Quinn y Glenn Donalson, lleva más de una década editando discos en los que pop tiene mucho que decir. Por lo menos esa la primera impresión que me ha dado tras un rápido repaso a su extensa discografía. Y es que hasta hace unos días no conocía a estos chicos, y sus preciosas canciones, las cuales me han conquistado a las primeras de cambio. Pero no solo viven del pop, también se les da de maravilla meter algo de folk y country. Todo muy americano y con un sabor muy californiano.

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Si no te encariñas con Family Crimes tras escuchar su primera media docena de canciones es que algo raro te pasa. Y es que, en apenas 15 minutos, son capaces de hacer el mejor indie-pop (Leave The Family y My Friends), de recordarnos lo buenos que eran The Byrds (Love Is A Shadow), y de combinar el country y el folk de una manera maravillosa (Is It Love, Love, Love). Y es que, otra de las cosas buenas que tiene este disco, es la duración de las canciones, que no sobrepasan los tres los minutos. Gracias a esto, van directos al grano, se dejan de tonterías, y consiguen que las canciones funcionen desde el primer segundo.

La segunda parte del disco tiene el mismo guion que la primera y, aunque hay algún tema que no termina de cuajar (en Garden Blue se les va un poco la mano con el sonido añejo), nos dejan otra gran colección de canciones. Predomina el pop de varios quilates (It’s Not Love, Crying Green & Purple o Selling T- Shirts), pero también nos dejan Josephine y Mascara Priscilla, un par de temazos en clave folk.

No van a cambiar el mundo de la música con este disco (tampoco creo que lo pretendan), pero yo tengo claro que va a ser uno de mis discos de este verano. Es perfecto para estos días estivales.

7,9