Ariel Pink – Dedicated to Bobby Jameson

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Sería absurdo enfrentarse a un disco de Ariel Pink desde una perspectiva normal. El de Los Angeles ha dado buenas muestras de que hace lo que le da la gana, y eso es algo que no va a cambiar. Y la verdad es que mejor que no lo haga, ya que, puede que su pasión por la baja fidelidad le resto algunos puntos a sus discos, pero también forma parte de su encanto. Como también forma parte de su encanto la película que se monta en cada trabajo y lo eclécticos que pueden llegar a ser éstos. Así que lo mejor es meterse en su mundo particular y disfrutar de sus canciones.

Bobby Jameson fue un malogrado cantante de los sesenta que editó varios discos y singles, pero que nunca llegó a triunfar. Tras pasar por un alcoholismo importante, dormir en las calles, y alguna enfermedad producida por la bebida, resurgió a mediados de la década pasada. Lo hizo contando su vida a través de una serie de vídeo-blogs en YouTube, hasta el pasado 2015, año en el que falleció. Todo esto impactó a Mr. Pink, que decidió dedicarle este trabajo y hacer una especie de historial conceptual con el personaje de Jameson de fondo.

Musicalmente, “Dedicated to Bobby Jameson” es otro galimatías de sonidos lo-fi, melodías pop, arrebatos punk, y algún que otro toque folk. El particular mundo de Pink, en el que los ochenta tienen un papel importante, se deja ver nada más empezar, con la histriónica ‘Time to Meet Your Good’, o con el post-punk sucio de ‘Time to Live’. Pero el norteamericano tiene un talento especial para crear pequeños himnos pop. Ahí es donde entra la maravillosa ‘Feels Like Heaven’, en la que nos deja un ensoñador tema de pop oscuro, el alegre corte que da título al disco, o la surfera ‘Bubblegum Dreams’. Incluso sorprende con una pseudo balada folk como ‘Another Weekend’, y con ‘Kitchen Witch’, en la que recupera su faceta más synth-pop. Y, bueno, luego está ‘Revenge of the Iceman’, que cierra el disco recordando lo que molaba el macarra de Andrew W.K.

Una vez más, Ariel Pink se ha salido con la suya, y ha conseguido que nos metamos en su mundo tan personal y extraño.

7,7

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Ducktails – Jersey Devil

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Jersey Devil” es el primer trabajo de Matt Mondaline con Ducktails tras dejar Real Estate. El de New Jersey ahora se dedica a tiempo completo a su proyecto en solitario, y es algo que se nota en este sexto álbum. Digamos que su bedroom-pop ya no es tan “bedroom”. Ha contado con la ayuda de John Anderson (Sky Ferreira y Girls) a la producción, y lo ha mezclado en los estudios que tienen Sonic Youth en Hoboken. Algo que se nota bastante en el sonido, que ha ganado en cuerpo y detalles.

El estilo sigue siendo el mismo, y por aquí nos volvemos a encontrar una colección de canciones ensoñadoras y reposadas. Pero, ahora, tienen un poco más de fuerza. Aunque tampoco mucha más, siguen siendo perezosas y preciosistas. Eso sí, resulta curioso que, ahora que ya no forma parte de Real Estate, suene más que nunca a ellos en ‘In the Hallway’, o que recupere parte de la distorsión de antaño en ‘Keeper of the Garden’. Incluso se pone algo marchoso en la genial ‘Shattered Morror Travel’, y en ese himno indie-pop llamado ‘The Rising Sun’.

Aunque se sale un poco del camino habitual en esos temas que he comentado más arriba, lo suyo sigue siendo ese pop de dormitorio sin sobresaltos. Es el caso de ‘Map to the Stars’, el precioso tema abre el disco, o de ‘Light a Candle’, que viene inmediatamente después. Pero es en la preciosa ‘Lover’ donde obtiene mejores resultados. Toda gracias a su batería, y su pequeño filtro sintético.

Una vez más, un disco de Ducktails no va a cambiar el mundo, pero la verdad es que le ha quedado un álbum bonito e ideal para las próximas fechas otoñales.

7,5

South Out Louds – Ease My Mind

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Puede que South Out Louds no sean el grupo más interesante del mundo, y está claro que ya no van a salir de esa zona media en la que llevan metidos desde el principio de la década pasada, pero también es cierto que es un grupo que no molesta. Es cierto que esto no suena muy bien, pero es así. Dudo mucho que los suecos sean el grupo favorito de nadie, al igual que también creo que todo el mundo puede disfrutar de alguna canción suya de vez en cuando. Y es que, al fin y al cabo, sus discos cuentan con varias canciones notables, y su nuevo trabajo vuelve a ser un nuevo ejemplo de esto.

Dicen los miembros de Shout Out Louds, que “Ease My Mind” es una vía de escape y una necesidad de tomarse un descanso del miedo que da este mundo distópico y frágil en el que vivimos. Y es que, la música de los de Estocolmo siempre ha sido más de emociones que de análisis. Pero también voy a llevarles un poco la contraria, ya que, tras unas cuantas escuchas de este álbum, sí que les veo un poco menos festivos que de costumbre, además de algo más melancólicos.

Ease My Mind” es un trabajo más cercano al “Work” que a su disco anterior. Prácticamente, carece de esa pequeña pátina electrónica que suelen tener muchas de sus canciones, y es un disco mucho menos sintético. Quizá, el hecho de quitarse de encima su faceta más festiva, les reste un poco de puntos, pero la verdad es que la suplen muy bien con otros ingredientes. Esa vuelta al mundo más rock le sienta muy bien en la preciosa ‘Jumbo Jet’, que abre el álbum de una forma inmejorable, en la intensa ‘Paola’, la cual viene inmediatamente después, o en la épica ‘Oh Oh’. Pero es una balada como ‘Crying Game’, donde dan buenas muestras de lo bien que se les dan las guitarras. Y es que, una vez más, aquí vuelven a tirar de The Cure, y nos dejan su ‘Pictures of You” particular.

Donde suenan menos interesantes es en ‘Porcelain’ que, precisamente, es uno de los singles. Más que nada, porque ya la han hecho una decena de veces antes. Resultan menos repetitivos en ‘No Logic’, que es la única la concesión a la electrónica de todo el disco, o en el tema que da título al álbum, donde nos encontramos con una bonita balada de lo más otoñal.

Lo dicho, no van a cambiar la vida de nadie, pero han vuelto a sacar un disco en el que, al menos, hay media docena de canciones notables.

7,4

Alvvays – Antisocialites

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Sin duda alguna, creo que hacer indie-pop en 2017 es una de las cosas más arriesgadas dentro del mundo de la música. Muchos de los seguidores de este tipo de música se han ido hacia otro lado y los medios prefieren hablar de otras cosas más “actuales”, dejando de lado a este tipo de bandas. De hecho, casi se podría decir que el indie-pop ha vuelto a la independencia de la que salió. Luego, dentro de esta hornada, tenemos algunas bandas que cuentan con un poco más de suerte y ayuda de los medios. Una de ellas es Alvvays, la banda canadiense que debutó hace tres años con un delicioso trabajo lleno de buenas melodías y estribillos pegadizos cubiertos en un mar de lo-fi. Ahora vuelven con un segundo trabajo en el que siguen por el mismo camino, y agrandan su colección de hits poperos.

Una de las cosas buenas que tienen Alvvays, es que le dan tanto al C-86, como al dream-pop de corte sixties. Gracias a esto, sus discos se hacen más amenos, y no son tan repetitivos, que es algo de lo que siempre se acusa a este tipo de bandas. Está bien encontrarse nada más empezar con ‘In Undertown’ y ‘Dreams Tonite’, dos temas en los que están contenidos y ensoñadores, y que luego continúen con dos trallazos guitarreros como ‘Plimsoll Punks’ y ‘Your Type’. Y así todo el álbum, en el que cambian de velocidad con una facilidad pasmosa. Además, es difícil quedarse con una de las dos facetas, ya que, tanto en una, como en otra, siguen de lo más acertados. Pero bueno, me voy a mojar, y voy a decir que, de la segunda parte del disco, me quedo con su lado más eufórico. Y es que, esa especie de homenaje el ‘Dreaming’ de Blondie que se han montado en ‘Lolipop (Ode to Jim)’, es absolutamente maravilloso. Pero claro, también resulta imposible resistirse a ‘Not My Baby’ y ‘Forget About Life’, donde están más melosos.

Canciones bonitas, pegadizas y entretenidas, ¿se puede pedir algo más?

7,7

The Pains Of Being Pure At Heart – The Echo of Pleasure

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La vida familiar y las giras mundiales no son cosas muy compatibles. Quizá, si eres una estrella y puedes permitirte ciertos tipos de lujos, sí, pero cuando tienes un grupo con ventas modestas que actúa en salas de 1000 personas, se hace muy complicado. Este dilema lo tuvo Kip Berman mientras escribía las canciones de este disco con su mujer embarazada de seis meses. De ahí, que el mismo reconoce que hizo este disco lo mejor pudo, porque podría ser el último. El caso es que, sea el disco final de los Pains, o no, es otro gran trabajo lleno de temazos de puro pop.

Evidentemente, la repentina madurez, y el amor que le tiene a su mujer, son los temas principales de “The Echo of Pleasure”. Ahí está esa ‘My Only’ con la abren el disco, donde Berman no para de repetir que ella es “la única” entre un delicioso mar de teclados ensoñadores. O ‘When I Dance With You’ (“When I dance with you, everything else just slides out of view… when I dance with you, I feel OK,”), el que debe de ser el tema más bailable que han sacado nunca, y todo un hit en el que se acercan al mundo electrónico. Y es que, casi todo el álbum, tiene una pequeña pátina electrónica. Eso sí, siempre desde el lado más pop. Gracias a eso, se sacan de la manga temas excepcionales, como el que da título al álbum, o la maravillosa ‘So True’, en la que Jen Goma vuelve a poner la voz principal.

En su anterior álbum, el sobresaliente “Days of Abandon”, se metieron de lleno en un pop un tanto más limpio, en el que nuevas influencias, como las de Aztec Camera o James, a los que versionaron unos meses más tarde, se fusionaban con su ya conocida pasión por el shoegaze. Algo que repiten de nuevo en unos cuantos temas de este álbum. Ahí es donde entran canciones como ‘Anymore’, con su melancólico riff de guitarra, la épica ‘The Garret’, que se está convirtiendo en mi tema favorito del álbum, y ‘The Cure for Death’, que es el corte más popero de todo el disco. Y, para terminar, ‘Stay’, una delicada balada, en la escuchamos a un Berman más seguro, que no necesita de artificios para emocionar; una casi inaudible guitarra acústica y un teclado le valen.

Quizá, sea el último disco de The Pains Of Being Pure At Heart, esperemos que no, pero si fuera así, al menos Kip Berman puede estar orgulloso de su carrera musical, porque es intachable.

8,1

The Clientele – Music for the Age of Miracles

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Quizá, a muchos seguidores de The Clientele no les suene de nada el nombre de Anthony Harmer, pero se podría decir que le deben una. Y es que, un encuentro casual en la calle entre este músico, amigo personal y colaborador de Alasdair MacLean, ha sido el causante de que tengamos nuevo disco de la banda británica. Hamer, que es un experto en el santoor, un instrumento iraní parecido al dulcémele, pidió a MacLean que le dejase arreglar sus nuevas canciones, y de ahí surgió el germen de lo que ahora es el nuevo trabajo de The Clientele. Algo que, en un principio, no estaba previsto, ya que McLean estaba ocupado con su familia, y con Amor de Días, el grupo que tiene junto a su mujer.

Poco ha cambiado en estos siete años que hemos estado sin canciones nuevas de The Clientele. El grupo londinense sigue siendo un experto en capturar toda la esencia del mejor pop y trasladarla a sus canciones. La elegancia, el preciosismo y la delicadeza vuelven a ser sus señas de identidad en “Music for the Age of Miracles”, donde demuestran que no han perdido el talento. Solo que hay darle una escucha a ‘The Neighbour’, el tema que lo abre, y que nos envuelve con su pomposidad (en el buen sentido de la palabra) y su belleza. Algo que también ocurre con ‘Lunar Days’, la cual eligieron como primer single, la maravillosa ‘Falling Asleep’, o ‘Everyone You Meet’, todo un hit en potencia.

La influencia de Harmer también se deja ver en algunas partes del disco. Y, sinceramente, le agradecemos mucho el trabajo, pero no son las que restan unos pocos puntos al álbum. El toque árabe de ‘The Circus’, o la psicodelia y el spoken-word que se marca McLean en ‘The Museum of Fog’, no me terminan de convencer y se me hacen bola. Afortunadamente, casi son pequeñas anécdotas dentro del álbum, ya que, para acabar, vuelven a lo suyo y nos dejan ‘The Age of Miracles’, todo un temón marca de la casa.

Puede que este puto calor que hace en Madrid no sea lo mejor para adentrarse en un disco de The Clientele, que siempre han sido de lo más otoñales, pero, aun así, han logrado que me empape de su calidez. Eso sí, ahora mismo vuelvo a mi aire acondicionado.

7,9

Major Leagues – Good Love

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Para encontrar nuevas bandas de pop interesante, no hay nada como irse hasta Australia o Nueva Zelanda, y buscar en los catálogos de las decenas de sellos que hay en la otra parte del mundo. Solo hay que ver la cantidad de buenos grupos que, recuperando la tradición pop de las antípodas, han salido de allí en la última década (Twerps, The Goon Sax, Blank Realm…). Desde Brisbane, nos llega ahora el debut de Major Leagues, una banda mayoritariamente femenina, que recupera este sonido, pero que también va un poco más allá. Concretamente al indie-pop británico de mediados de los ochenta.

Good Love” es su álbum de debut, pero llevan dando guerra desde 2012, año en el que sacaron su primer single. Desde entonces, han sacado varios singles más y un par de Eps, en los que han ido puliendo su sonido y suavizándolo un poco. Aunque no demasiado, como bien muestran ‘Nono Jojo’ y ‘Holiday’, los dos temas más potentes de este trabajo. Incluso podríamos meter en este carro ‘It Was Always You’, el single principal, y todo un ejemplo de cómo fusionar las melodías pop y las guitarras sucias.

Gran parte del álbum está marcado por un tono más reposado y menos distorsionado. Lo bueno es que no son muy repetitivas. Así, nos encontramos con que abren el disco con la preciosa ‘Swimming Out’, en la que se dejan llevar por las enseñazas de The Clean, The Bats y, por extensión, Pavement (no sé si han cogido su nombre de la canción de estos). Algo que repiten en la juguetona ‘Jaimee and Anna’ y en ‘Special Angel’. Sin embargo, se ponen un poco más oscuras en ‘Curls’, y un poco más punk-pop en ‘Don’t Wanna’, en la que tiran hacia bandas como Heavenly o Black Tambourine. Incluso saben ponerse algo más melosas sin sonar cursis y moñas, como bien demuestran ‘Mess Up’ y ‘Dream Away’.

Pop sin complejos y sin complicaciones: esto es lo que no da esta banda australiana a la que todos deberías darle una oportunidad.

8