The Jesus and Mary Chain – Damage and Joy

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Las vueltas discográficas de los grupos míticos me dan mucho miedo. Por norma general, no consiguen satisfacer las expectativas creadas, y al final, esos nuevos discos, se convierten en un bache en su carrera. Véase el caso de Pixies, que desde su reunión han sacado dos trabajos de lo más irregulares. Afortunadamente, parece que esto no les va a pasar a The Jesus and Mary Chain, que vuelven tras 19 años con un trabajo notable. Aunque también hay que decir que, la primera parte de la carrera de los escoceses, no fue perfecta, y cuentan con algún que otro disco menor.

En “Damage and Joy”, los hermanos Reid se han ido a lo fácil, y han hecho una especie de resumen de su carrera. Es un trabajo largo, en el que no se han dejado fueran ninguna de sus múltiples facetas. Lo bueno es que han conseguido dar con varios temas redondos, que entran directamente en su abultada lista de grandes canciones.

Si eres de los que prefiere la faceta más rock y stoner de la banda, tienes cosas tan notables como ‘Amputation’ o ‘Get On Home’, en las que también meten su pequeña dosis de electrónica. Pero es en esa fusión de pop y noise, tan característica suya, donde están más acertados. Ahí es donde nos encontramos lo mejor del disco. Temas como ‘All Things Pass’, ‘The Two of Us’, una de las dos canciones en las que colabora Isobel Campbell, o ‘Presidici (Et Chapaquiditch)’, se meten de lleno entre lo más interesante de su carrera. Además de esa ‘Always Sad’ que ya conocíamos, y que es una delicia.

Algo en lo que casi nunca han fallado los escoces, es en las baladas dulces y sucias, de aires retro. Aquí hay unas cuantas y, como no, en ellas están muy bien acompañados. Para empezar, en ‘Song for a Secret’, que casi parece una revisión de su ‘Sometimes Always’, volvemos a encontrarnos con la voz de Isobel Cambell, que junto con Jim Reid, convierten este tema en su mayor homenaje a la Velvet. Pero no se conforman con reclutar a la mítica componente de Belle and Sebastian, en ‘Black and Blues’ se sacan de la manga una de las mejores canciones del disco con la ayuda de Sky Ferreira. Y ya sin cantantes femeninas de por medio, nos dejan ‘Los Feliz (Blues and Greens)’, un pedazo de baladón en el que un irónico “God Bless America” protagoniza el estribillo.

No suelo leer críticas de un disco antes de escribir mi opinión, pero en este caso sí que he ojeado un par, y las dos coinciden en que es un disco prescindible, en el que solo se imitan a ellos mismos. Puede ser, pero, a día de hoy, ningún otro grupo ha conseguido recrear su sonido tan bien como ellos, y no será porque no les han salido imitadores en todos estos años.

7,7

Real Estate – In Mind

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En el último año, Real Estate han sufrido un cambio importante en su formación, y han visto como Matt Mondaline, uno de sus miembros fundadores, dejaba la banda. Un duro golpe que el resto de la banda de New Jersey ha solventado de la mejor forma posible: haciendo grandes canciones. Y es que, a pesar de una encontrarse con una baja tan importante –Mondaline no solo era uno de los guitarristas, también era uno de los principales compositores-, han logrado hacer otro de esos trabajos de pop irresistible.

In Mind” reincide en las mismas influencias de siempre, y prácticamente no hay ningún cambio respecto a sus anteriores trabajos. Quizá, y para mi desgracia, están un poco más densos en temas como ‘Serve The Song’, en la que las guitarras cristalinas se convierten en guitarras psicodélicas, en ‘After The Moon’ y en la excesivamente larga ‘Two Arrows’. Pero la esencia sigue siendo la misma.

Los de New Jersey son unos expertos en hacer canciones acogedoras, cálidas y preciosistas. Emplean las influencias de The Byrds y The Beach Boys como pocos y, aunque no hacen nada nuevo, sí que tienen perfeccionada su propuesta. Cuando se ponen en plan hit, como es el caso de ‘Darling’, ‘White Light’, ‘Saturday’ y, sobre todo ‘Stained Glass’, que es el mejor corte del disco, no hay quién les gane. Lo bueno es que, cuando se relajan, también saben hacer cosas notables. Ahí está ‘Time’, en la que casi se van a la bossanova, esa preciosidad llamada ‘Same Sun’, o ‘Diamond Eyes’, donde amplían sus influencias, y se van hacia un folk con algún toque psicodélico. Es más, en ella, casi parecen Yo La Tengo (¿será cosa de la proximidad?).

Si no fuera por esos dos o tres temas más densos, que, la verdad, se hacen un poco aburridos, estaríamos ante uno de sus mejores trabajos. Aun así, dan en la diana en gran parte del disco, así que no nos podemos quejar.

7,9

 

 

Recomendaciones en Streaming: Los Punsetes – ¡Viva!

Los Punsetes

No puedo evitarlo: disco que sacan Los Punsetes, disco al que me engancho a las primeras de cambio. Su caso es de lo más increíble, ya que no hacen nada nuevo, e incluso se podría decir que se repiten bastante, pero saben hacer hits como pocos en este país. Y su nuevo álbum, el quinto ya, es otro ejemplo contundente de esto.

Se podría decir que Los Punsetes son igual de madrileños que el chotis o el cocido, y quizá, por eso, me entran tan bien sus canciones. Esto no significa que sean un grupo exclusivo para los oyentes de la capital, pero sí es cierto que, tanto su humor, como su ironía, son muy de Madrid. Además de sus contadas alusiones a esta ciudad. Pero aparte de eso, la gran mayoría de sus letras retratan temas con los que cualquiera se podría identificar. Esta vez lanzan sus iras contra los votantes del PP –“viva el presidente, viva el gobierno, gracias a vosotros van a ser eternos”-, contra alguna banda que otra (la letra de ‘Tu puto grupo’ es enorme), o contra la corrupción (‘Humanizando los polígonos’). Como podéis ver, temas totalmente universales.

No todo es rabia e ira en las canciones de Los Punsetes, también saben lo que es una ruptura sentimental. Ahí está esa popera ‘Alphaville’, en la que optan por escapar para olvidar a una persona querida, o ‘Presagios de partida’, donde la ruptura acaba en una adicción a la pornografía. Incluso afrontan un tema como la muerte en ‘Mabuse’, o lo que es lo mismo, un testamento sonoro en forma de hit.

A pesar de que casi todo el álbum tiene un tono bastante pop, al final aparecen Los Punsetes más contundentes y oscuros. Ya sea en forma de hit acelerado, casi punk, en ‘Camino’, o desplegando toda su furia noise en las partes finales de ‘El manual’ y ‘Estrellas distantes’, los dos cortes que cierran en el álbum a base de tormentas guitarreras.

Quinto disco, y quinto pepinazo, pocos grupos en este país pueden presumir de eso.

8,3

The Shins – Heartworms

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Empiezo a creer que, incluso, el propio James Mercer, está cansado de su proyecto principal. Ya no solo es que The Shins saquen un disco cada cinco años, es que, tanto en su anterior trabajo, como en éste, se nota una pereza y una falta de ilusión que no se veía en los primeros años de su carrera. Lejos quedan los tiempos en los que sacaban discos sobresalientes como “Chutes Too Narrow” y “Wincing the Night Away”, y ahora son solo capaces de crear unas pocas canciones buenas, y algunas otras decentes. Y eso olvidándome de las mediocres, que también hay alguna por ahí.

Heartworms” es un popurrí, en el que hay un poco de todo, y claro, en algunos temas se les va de las manos. Solo así se explica esa horrorosa ‘Painting a Hole’ y sus toques árabes, que joden el buen inicio que tiene el álbum con ‘Name for You’. Y es que, también voy a ser bueno, y decir que, al menos, han conseguido dar con tres singles redondos. Aparte de la ya nombrada ‘Name for You’, también han sabido recuperar a los mejores The Shins, en ‘Rubber Ballz’, y en ‘Half a Million’, todo un temazo pop, directo y fresco, que está por encima del resto del álbum.

El mayor problema del nuevo álbum de The Shins, es que hay veces en las que se quedan a medias. Cuando consiguen dar con el estribillo perfecto, y una buena melodía, fallan en el envoltorio (‘Cherry Hearts’). Y si de repente se acercan al country, no llegan a redondear la canción del todo (‘Mildenhall’). Pero lo peor es que, cuando quieren volver a ser los de 2003, solo consiguen hacer un tema tan normalito como ‘Dead Alive’.

Donde no puedo reprocharles nada, es en los temas más reposados. Tanto en ‘Fantasy Island’, como en ‘So Now What’, consiguen dar con dos canciones en las que sí parece que le han puesto todas las ganas. Sobre todo en la primera, en la que, además, sí que dan con un envoltorio electrónico adecuado.

No es que “Heartworms” sea un mal trabajo, incluso se le podría considerar de notable, pero sí es decepcionante que, tras cinco años, solo sean capaces de llegar hasta aquí.

7,2

Tennis – Yours Conditionally

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Resulta curioso como Tennis han pasado de ser una anécdota, y una historia curiosa del mundo de la música – su primer trabajo vino tras recorrer toda la costa este de Estados Unidos en una pequeña embarcación de vela – a ser una banda respetada y con una carrera más que decente. Es cierto que debutaron con un disco lleno de temazos, pero nadie esperaba mucho más de ellos. Afortunadamente, se quitaron de encima el sonido lo-fi que impregnaba ese álbum, y se pusieron las pilas. Y tanto, porque, a partir de su segundo álbum, empezaron a mimar a la producción, y todos los trabajos que han venido después, han tenido un sonido espectacular. Incluido este.

Siempre con la mirada puesta en los setenta, tanto musicalmente, como estéticamente -el anuncio promocional del álbum es maravilloso-, el matrimonio de Baltimore ha vuelto a construir otra colección de canciones notable, en la que el soul blanco y el pop son los dos protagonistas absolutos. Tanto lo uno, como lo otro, lo manejan de maravilla. Solo hay que escuchar ‘In the Morning I’ll Be Better’, el tema que abre el álbum, para darse cuenta de que tienen la lección bien aprendida. Este baladón soul es tan solo una muestra de lo que pueden llegar hacer en este terreno, pero hay más. También saben fusionarlo con un toque funk y pop (‘My Emotions Are Blinding’), o acercarse al disco (‘Ladies Don’t Play Guitar’). Además de dejarnos otras baladas para el recuerdo (‘Baby Don’t Belive’ y ‘Modern Woman’).

Su faceta más pop también la tienen cubierta, aunque es cierto que está menos presente. El mejor caso lo encontramos en la estupenda ‘Fields of Blue’, donde meten unas guitarras mucho más indie-pop de lo normal, y más cercanas a los ochenta que a los setenta. También tienen un sonido más actual ‘Matrimony’ y ’10 Minutes 10 Years’, pero más que nada por su sección rítmica, que cuenta con unas bases un tanto electrónicas. El resto sigue siendo de lo más retro. Y como curiosidad nos encontramos ‘Please Don’t Ruin This for Me’, que es de lo más folkie.

Desde luego, “Yours Conditionally” demuestra que Tennis están muy cómodos en este mundo tan setentas en el que viven. Eso sí, que no se confíen mucho, que todo puede llegar a cansar.

7,5

Dams of the West – Youngish American

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No quiero ser pesimista, pero veo un poco negro el futuro de Vampire Weekend. La tardanza en su sacar su nuevo trabajo, la marcha de Rostam, y los proyectos en solitario de cada uno de ellos, no auguran nada bueno. Aunque, por supuesto, espero equivocarme, y que solo sea un descanso largo tras su gran obra maestra.

Después del fantástico disco en solitario de Baio, y los múltiples proyectos de Rostam, el siguiente en aventurarse en solitario es Chris Tomson, el batería de la banda. Lo hace bajo el nombre de Damns of the West, y bajo la supervisión de Patrick Carney de los Black Keys, que ha ejercido de productor.

Dicen que el batería es el miembro más prescindible de un grupo, pero parece que este no es el caso. Aunque no es un trabajo sobresaliente, “Youngish American” si tiene varias cosas destacables. Su sonido es una de ellas. Y es que, al contrario de lo que hacen sus compañeros en solitario, aquí sí hay un tufillo a Vampire Weekend. Algo que es bueno, por supuesto. Es más, los mejores momentos del disco llegan cuando aparece este sonido. Es el caso de ‘Death Wish’ o ‘The Inerrancy of You and Me’, dos estupendos temas pop.

Otro de los puntos buenos del disco, es que hay cortes bastante más potentes de los que suele hacer con su banda. Al ser batería, disfruta de lo lindo con una sección rítmica potente, y lo demuestra con creces en ‘Bridges and Tunnels’ y ‘Tell the Truth’, los dos temas iniciales, y dos cortes notables. Además, aquí sí podemos escuchar las guitarras distorsionadas, algo que no pasa en la música de los vampiros. Solo hay que escuchar ‘Will I Be Know to Her’ y ‘Pretty Good WiFi’ (al parecer está obsesionado con la tecnología), los dos temas más potentes y sucios de todo el disco.

Lo que no me ha gustado demasiado es su faceta más tranquila, la que saca a relucir en ‘Polo Grounds’ y el tema que da título al álbum, que me parecen un poco sosas. Además, no disfruto mucho de su voz, que para nada es bonita. Pero bueno, es un batería, y bastante que ha hecho un disco más que decente.

7,1

The Feelies – In Between

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Tras escuchar “In Between”, uno puede pensar que The Feelies se han hecho mayores, lo cual es cierto, porque deben de andar casi por los sesenta, pero más que nada me refería a la calma que han impregnado en su música. Una calma que ha llegado progresivamente, y que empezó con su ya lejano segundo disco. Poco a poco, las guitarras acústicas fueron ganando terreno, las baterías empezaron a desacelerar, y las canciones dejaron de tener ese punto frenético que inundaba su álbum de debut. Hasta llegar a este sexto trabajo, donde están más relajados que nunca.

No es casualidad que el disco empiece con un relajante sonido de lluvia, y unas ranas croando. La banda de New Jersey está de lo más zen, y ya desde el primer corte, el que da título al álbum, nos trasportan a un sonido familiar, casi hogareño, en el que las guitarras acústicas toman el poder. Algo que también ocurre en ‘Turn Back Time’, el corte que viene a continuación, donde aceleran un poco más (solo un poco), y meten una delicia de teclado. Y así siguen en temas como la fantástica ‘Stay the Course’ o ‘Time Will Tell’. Pero no todo son acústicas en el nuevo álbum de The Feelies.

No hace falta decir que la Velvet siempre ha sido una de las mayores influencias de Glen Mercer y compañía, ellos se han hartado de mencionarlo, y resulta más que evidente en algunas de sus canciones. Aquí, sobre todo, aparece la sombra de Lou Reed en ‘Flag Days’, que casi parece un homenaje (no hay que olvidar que Reed falleció después de que ellos sacaran su anterior trabajo).

Para los que esperan a los Feelies de los primeros años, también hay par de raciones. Primero tenemos la oscura ‘Been Replaced’, en la que se emocionan con los punteos de guitarra, e inmediatamente después ‘Gone, Gone, Gone’, donde aparecen de nuevo las guitarras y ritmos acelerados, creando así, una canción que nos remite a lo mejor de su primer trabajo.

Lo más curioso del álbum es su tema final. Si en algunos de sus discos anteriores, han decidido acabar con alguna versión, esta vez se han decantado por hacer una recreación del tema que abre este trabajo. ‘In Between (Reprise)’ no tiene nada que ver con el relax y la calma de los primeros minutos del disco, aquí se recrean durante nueve minutos en una canción sucia, llena de guitarras cortantes, que casi parece una jam session. Es como si nos estuvieran diciendo que no se han relajado tanto como parece.

Han tardado seis años en volver, pero no han perdido el fuelle. Aunque sí tengo que decir que la faceta tan limpia (incluso me ha parecido escuchar una guitarra española por ahí), que muestran en ‘When to Go’, no me ha gustado nada. Espero que solo sea una anécdota y no se convierta en algo habitual en sus próximos trabajos.

7,8

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