Happyness – Write In

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Happyness es una de esas bandas empeñadas en recuperar el indie-rock y el indie-pop de los noventa, y hasta ahora lo han hecho muy bien. Su álbum de debut reflejaba su pasión por bandas como Yo La Tengo o Teenage Fanclub, y en su sobresaliente Ep del año pasado, pulían esas influencias y añadían otras más clásicas, como los Beach Boys. Algo que se aprecia mucho más en este “Write In”, el que es su segundo álbum.

Falling Down’, el maravilloso single que sirvió de adelanto de este trabajo, presentaba a la banda inglesa mucho más relajada y elegante que nunca. Y es que, las guitarras distorsionadas y la energía más propia del indie-rock, no están tan presentes en este álbum. Tan solo desgarran las guitarras, y siempre desde un punto de vista más pop, en ‘Anytime’, ‘Bigger Glass Less Full’, y la ya conocida ‘Anna, Lisa Calls’, una de las dos canciones que han incluido de su último Ep. Aunque la primera es un poco más ruidosa, y la última un poco más cristalina, las tres nos recuerdan a los mejores Teenage Fanclub, y eso siempre es un punto a favor.

La banda londinense le ha pillado el punto al piano, que cuenta con una gran presencia en este disco. De ahí la influencia de los Beach Boys más relajados y ensoñadores que comentaba un poco más arriba. Algo que resulta evidente en canciones como ‘The Reel Starts Again [Man As Ostrich]’, ‘Through Windows’ o ‘Victor Lazarro’s Heart’, tres cortes en los que nos dejan un sonido mucho más clásico, y algo alejado del habitual indie-rock. Pero, para los que gozan con los sonidos noventeros más relajados, también tienen un par de ases guardados en la manga. Se trata de ‘Uptrend/Style Raids’, que bien podría ser una fusión entre Pavement y Yo La Tengo, y la ya conocida ‘Tunnel Vision On Your Part’, con la que cierran el álbum de una forma inmejorable.

Quizá, tras el buen sabor de boca que me dejó el primer adelanto, no me ha parecido un trabajo tan directo como el que me esperaba, pero si es un disco notable. Además de la confirmación de que utilizan sus influencias con elegancia y sin tirar de lo más evidente.

7,7

The New Pornographers – Whiteout Conditions

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The New Pornographers tienen discos mejores y peores, pero, como mínimo, siempre notables. Eso es algo que se puede decir de muy pocos grupos con una carrera tan longeva como la suya. Suyos son muchos de los grandes estribillos de estas dos últimas décadas, en las que nos han hecho vibrar con sus canciones de pop alegre, y nos han llegado al corazón con sus temas más melancólicos (‘The Bleeding Heart Show’ me sigue emocionando como el primer día). Por eso mismo no vamos a tenerles en cuenta que hayan sacado un disco un tanto continuista, y que hayan querido aprovechar el tirón del sobresaliente “Bill Bruisers”, su anterior trabajo. Además, se les ha ido Dan Bejar, que por primera vez aparece en los créditos un álbum del combo canadiense.

Whiteout Conditions” reincide en el sonido de su anterior trabajo, donde los teclados tomaron bastante protagonismo. Prácticamente, todas las canciones tienen una capa sintética que, dicho sea de paso, les sienta muy bien. Y es que, esa producción tan compacta, le da un toque de lo más atractivo a sus temas de pop saltarín. Ahí está esa ‘Play Money’, que abre el disco de la mejor forma posible; con la voz de Neko Case llevándose todo el protagonismo, a la que también podemos escuchar en el ochentero tema que da título al álbum, el cual viene a continuación. Y siguiendo la buena racha, aparece ‘High Ticket Attractions’, el que fue el primer single, y todo un hit marca de la casa. Lo malo es que, a partir de aquí, no logran dar con la fórmula perfecta en todas las canciones.

El séptimo trabajo de los canadienses peca de irregular a partir de ‘Second Sleep’, su sexta canción. Y es que, tras otros dos cortes notables como ‘This Is The World Of Theater’ y ‘Darling Shade’, aparece este corte aburrido, que no termina de despegar. Afortunadamente, la cosa mejora con ‘Colosseums’, su estribillo onomatopéyico, y su toque juguetón. Pero, como ya he dicho antes, la segunda parte es muy irregular, y solo vuelven a dar con la perfección pop en ‘Clock Wise’. Aunque hay que decir que, la minimalista ‘We’ve Been Here Before’, tiene su punto. Y bueno, la acelerada ‘Avalanche Alley’, con la que cierran el disco, tampoco está nada mal.

Whiteout Conditions” no es ni mucho menos un mal trabajo, pero sí da la sensación de que se han quedado atrapados en su zona de confort, y es algo continuista. Aun así, no faltan esos temazos que nos levantan el ánimo cualquier día tonto.

7,4

 

Spiral Stairs – Doris & the Daggers

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A pesar de que soy muy fan de Pavement, no conocía a Spiral Stairs, el proyecto de Scott Kannberg, uno de sus guitarristas. Al igual que tampoco conocía a Preston School of Industry, su primer proyecto en solitario, el cual finiquitó en 2004. Pero bueno, tampoco es que haya tenido demasiada actividad, así que es normal que se me haya pasado.

Doris and The Daggers” es su segundo trabajo, y llega ocho años después de su debut. Es un álbum totalmente influenciado por la muerte de Darius Minwalla, el que fuera batería de Preston School of Industry, y colaborador en el primer trabajo de Spiral Stairs. Además de formar parte de The Posies durante 14 años. Pero no penséis que estamos ante un disco triste, todo lo contrario. Kannberg tira hacia indie-rock, pero no le pierde la vista al pop, y hay canciones que cuentan con un cierto tono alegre.

Para crear este disco, se ha rodeado de amigos, que tiene unos cuantos, y muy famosos. Por aquí aparecen Matt Berninger de The National, Kevin Drew y Justin Peroff de Broken Social Scene, o Kelley Stolz. Incluso Jason Lytle de Grandaddy, protagoniza el vídeo de ‘Dance (Cry Wolf)’, el tema tan Roxy Music que abre el álbum. Juntos han creado un disco realmente interesante, en el que nos encontramos varios temazos. Ahí está la bonita en ‘Exiled Tonight’, en la que Berninger pone su voz; la frescura de ‘Emoshuns’, que suena a Pavement que da gusto, y que cuenta con la voz de Kevin Drew, o el indie-rock sin complicaciones, pero muy efectivo, de ‘Dundee Man’ y ‘Angel Eyes’.

A pesar de que seguir las directrices rockeras que han marcado su carrera, le sientan muy bien, lo mejor del álbum llega cuando se va hacia otro camino. La inclusión de trompetas en la parte final de ‘The Unconditional’, y en prácticamente toda ‘Trams (Stole My Love)’, es todo un acierto. Sobre todo en la segunda, que con ese toque soul, se convierte en el mejor tema del disco. Aunque, eso sí, tiene un cierto aire al ‘It Never Rains in Southern California’ de Albert Hammond.

A pesar de que tiene algún tema menor, como ‘No Comparison’ y el que le da título y lo cierra, es un disco notable, y creo que puede gustar mucho a los que eran seguidores de su banda principal.

7,7

Los Planetas – Zona temporalmente autónoma

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Si habéis estado en España durante este fin de semana, es muy probable que hayáis acabado leyendo alguno artículo sobre el nuevo disco de Los Planetas. Las redes sociales se han llenado de críticas (tanto buenas como malas); Victor Lenore, el renegado del indie, les ha dedicado toda su mala baba en uno de sus artículos sensacionalistas que solo buscan el click, y cientos de personas han compartido sus impresiones en Twitter o Facebook. Esto es algo que pasa con pocos grupos, y Los Planetas nos han vuelto a dejar claro que, a pesar de haber pasado siete años desde su último trabajo, siguen teniendo un tirón importante.

Se han dicho tantas cosas de este “Zona temporalmente autónoma” en los últimos días, que uno y no sabe que pensar. Por un lado, están los que creen que están menos anglosajones que nunca, y que sus canciones están más centradas en el flamenco que en otras ocasiones. Sin embargo, hay gente que piensa que no, que están más pop que en sus dos trabajos anteriores. El caso es que las dos opiniones son aceptables, y eso es algo bueno. Si en “La leyenda del espacio”, consiguieron adaptar el flamenco al mundo del shoegaze –aquel discazo parecía creado por un Kevin Shields enamorado de Granada-, aquí han hecho lo propio con el pop más ensoñador. Es un disco en el que los teclados tienen un protagonismo importante, y en el que la distorsión guitarrera apenas aparece. Pero, a su vez, cuenta con varias canciones potentes y grandilocuentes. Una mezcla perfecta, que supera de largo al irregular “Una ópera egipcia”.

Una de las “polémicas” del disco ha sido ‘Islamabad’, el tema que lo abre, y que cuenta con parte de la letra de una canción de Yung Beef. Los defensores del trap no tardaron ni un segundo en venirse arriba, aprovechando la oportunidad para dar el coñazo con todo lo bueno que tiene este estilo de música. El caso es que el tema es uno de los mejores cortes del disco, y realmente es una canción más de Los Planetas con un par de frases de Yung Beef al final. El tema forma parte de su faceta más ensoñadora, esa que empezaron con ‘La copa de Europa’, y perfeccionaron en “Unidad de desplazamiento”, su disco del 2000. Es lo que predomina en este trabajo, ya sea en su lado más flamenco, con las notables ‘Una cruz a cuestas’, en la que vuelve a colaborar Soleá Morente, y en la propia ‘Soleá’, o en su lado más pop, donde nos dejan la asombrosa ‘Seguiriya de los 107 Faunos’, una revisión de un tema del grupo argentino 107 Faunos, en la que están más cerca de Cocteau Twins que del mundo del flamenco.

Otra cosa que también se comentado, es que al disco le faltan ese par de hits que siempre han tenido todos sus trabajos. Algo con lo que no estoy de acuerdo. Es más, tiene media docena de canciones que entran entre lo mejor de su discografía. Aunque sí es cierto que están más relajados, y ahora las guitarras no rugen como antes. Pero eso no significa que ‘Hierro y níquel’, la preciosa ‘Porque me lo digas tú’, ‘Espíritu Olímpico’, o el tema que da título al álbum, no tengan alma de hit. Y si ya cogemos ‘ljtihad’, con ese robo que J hace del ‘Isla de encanta’ de los Pixies, nos encontramos con todo un himno pop irresistible. Incluso esa ‘Libertad para el solitario’, tan folk, tiene su punto.

Zona temporalmente autónoma” no es un disco perfecto, es demasiado largo –esa ‘Guitarra roja’, tan abiertamente política, se hace un poco pesada- y tiene alguna canción que realmente sobra, como es el caso de ‘Hay una estrella’, que quedaría mejor de cara-b de un futuro single. Pero, a pesar de estos dos o tres fallos, sí que es un gran disco, y la mejor prueba de que Los Planetas todavía tienen mucho que decir.

8,1

Desperate Journalist – Grow Up

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En una entrevista que ha dado recientemente J de Los Planetas, que, por cierto, editan su nuevo disco hoy, comenta que el indie solo se ha consolidado en España. Supongo que se referirá a bandas como Lori Meyers, León Benavente o Vetusta Morla, que yo, sinceramente, no metería en el carro del indie. Algo parecido pasa en Reino Unido, donde grupos catalogados como indies, bien porque graban fuera de una multinacional, pero distribuidos por una de estas, o bien porque que les interesa subirse a ese barco, copan las listas de ventas. Pero yo, y mucha gente, entiende lo del indie como algo diferente. Es más una actitud y una manera diferente de ver las cosas, que estar en un sello u otro. Y ahí es donde entran bandas como Chorusgirl, Manhattan Love Suicides, o Desperate Journalist, la que nos ocupa hoy.

Seguro que el nombre de estos londinenses os suena, ya que he hablado de ellos varias veces. Pero, por si acaso os habéis olvidado, os recuerdo que lo suyo es el post-punk a lo The Cure, endulzado con melodías y estribillos muy pop, y con la potente voz de Jo Bevan, de la que siempre dicen que tiene un deje a lo Morrissey a la hora de cantar. “Grow Up” reincide en esto, y apenas cambios respecto a su debut y sus Eps previos; siguen siendo especialistas en hacer hits contundentes y guitarreros. Yo encantado, ya que, lo que más me gusta de ellos, es esa habilidad que tienen para llevar el pop al mundo de la distorsión y el guitarreo. Solo hay que escuchar ‘Resolution’ o ‘Be Kind’ para ver de lo que hablo, y para enamorarse de ellos a la primera escucha. Pero no se quedan ahí, y también llevan la influencia de The Smiths a su terreno, sacándose de la manga maravillas como ‘Why Are You so Boring?’ y ‘I Try Not To’.

Cuando se ponen un poco más oscuros, me gustan un poco menos, pero también tienen cosas notables en esta faceta. ‘Hollow’, el tema que abre el disco, es una de ellas. Esos bajos a lo The Cure suenan de maravilla, y sus guitarras, tan oscuras, pero a la vez tan limpias, son irresistibles. Al igual que resulta irresistible la contundente ‘All Over’. Sin embargo, cuando bajan el nivel de distorsión, no terminan de cuajar bien el asunto. Tan solo ‘Your Genius’, me ha parecido notable en esta faceta, y eso que me recuerda un poco a The Cranberries, una banda que no me gusta nada. Pero la verdad es que les ha quedado muy bien.

Grow Up” es un disco continuista, lo cual me parece normal, ya que tan solo es su segundo álbum. Además, si te sale bien algo, no es necesario cambiar de buenas a primeras.

7,7

The Jesus and Mary Chain – Damage and Joy

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Las vueltas discográficas de los grupos míticos me dan mucho miedo. Por norma general, no consiguen satisfacer las expectativas creadas, y al final, esos nuevos discos, se convierten en un bache en su carrera. Véase el caso de Pixies, que desde su reunión han sacado dos trabajos de lo más irregulares. Afortunadamente, parece que esto no les va a pasar a The Jesus and Mary Chain, que vuelven tras 19 años con un trabajo notable. Aunque también hay que decir que, la primera parte de la carrera de los escoceses, no fue perfecta, y cuentan con algún que otro disco menor.

En “Damage and Joy”, los hermanos Reid se han ido a lo fácil, y han hecho una especie de resumen de su carrera. Es un trabajo largo, en el que no se han dejado fueran ninguna de sus múltiples facetas. Lo bueno es que han conseguido dar con varios temas redondos, que entran directamente en su abultada lista de grandes canciones.

Si eres de los que prefiere la faceta más rock y stoner de la banda, tienes cosas tan notables como ‘Amputation’ o ‘Get On Home’, en las que también meten su pequeña dosis de electrónica. Pero es en esa fusión de pop y noise, tan característica suya, donde están más acertados. Ahí es donde nos encontramos lo mejor del disco. Temas como ‘All Things Pass’, ‘The Two of Us’, una de las dos canciones en las que colabora Isobel Campbell, o ‘Presidici (Et Chapaquiditch)’, se meten de lleno entre lo más interesante de su carrera. Además de esa ‘Always Sad’ que ya conocíamos, y que es una delicia.

Algo en lo que casi nunca han fallado los escoces, es en las baladas dulces y sucias, de aires retro. Aquí hay unas cuantas y, como no, en ellas están muy bien acompañados. Para empezar, en ‘Song for a Secret’, que casi parece una revisión de su ‘Sometimes Always’, volvemos a encontrarnos con la voz de Isobel Cambell, que junto con Jim Reid, convierten este tema en su mayor homenaje a la Velvet. Pero no se conforman con reclutar a la mítica componente de Belle and Sebastian, en ‘Black and Blues’ se sacan de la manga una de las mejores canciones del disco con la ayuda de Sky Ferreira. Y ya sin cantantes femeninas de por medio, nos dejan ‘Los Feliz (Blues and Greens)’, un pedazo de baladón en el que un irónico “God Bless America” protagoniza el estribillo.

No suelo leer críticas de un disco antes de escribir mi opinión, pero en este caso sí que he ojeado un par, y las dos coinciden en que es un disco prescindible, en el que solo se imitan a ellos mismos. Puede ser, pero, a día de hoy, ningún otro grupo ha conseguido recrear su sonido tan bien como ellos, y no será porque no les han salido imitadores en todos estos años.

7,7

Real Estate – In Mind

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En el último año, Real Estate han sufrido un cambio importante en su formación, y han visto como Matt Mondaline, uno de sus miembros fundadores, dejaba la banda. Un duro golpe que el resto de la banda de New Jersey ha solventado de la mejor forma posible: haciendo grandes canciones. Y es que, a pesar de una encontrarse con una baja tan importante –Mondaline no solo era uno de los guitarristas, también era uno de los principales compositores-, han logrado hacer otro de esos trabajos de pop irresistible.

In Mind” reincide en las mismas influencias de siempre, y prácticamente no hay ningún cambio respecto a sus anteriores trabajos. Quizá, y para mi desgracia, están un poco más densos en temas como ‘Serve The Song’, en la que las guitarras cristalinas se convierten en guitarras psicodélicas, en ‘After The Moon’ y en la excesivamente larga ‘Two Arrows’. Pero la esencia sigue siendo la misma.

Los de New Jersey son unos expertos en hacer canciones acogedoras, cálidas y preciosistas. Emplean las influencias de The Byrds y The Beach Boys como pocos y, aunque no hacen nada nuevo, sí que tienen perfeccionada su propuesta. Cuando se ponen en plan hit, como es el caso de ‘Darling’, ‘White Light’, ‘Saturday’ y, sobre todo ‘Stained Glass’, que es el mejor corte del disco, no hay quién les gane. Lo bueno es que, cuando se relajan, también saben hacer cosas notables. Ahí está ‘Time’, en la que casi se van a la bossanova, esa preciosidad llamada ‘Same Sun’, o ‘Diamond Eyes’, donde amplían sus influencias, y se van hacia un folk con algún toque psicodélico. Es más, en ella, casi parecen Yo La Tengo (¿será cosa de la proximidad?).

Si no fuera por esos dos o tres temas más densos, que, la verdad, se hacen un poco aburridos, estaríamos ante uno de sus mejores trabajos. Aun así, dan en la diana en gran parte del disco, así que no nos podemos quejar.

7,9