Los Planetas – Las canciones del agua

No sé si Los Planetas tenían este álbum planeado desde hace tiempo o simplemente es algo que ha ido surgiendo con el tiempo. Para mi gusto, la banda granadina ha estado un poco perdida durante el último año y medio, y los singles llenos de “actualidad” que han ido sacando en estos meses no han terminado de cuajar. Y creo que no ha sido del todo culpa suya Simplemente que la gente está saturada de información y necesita la música, el cine o la lectura como vía de escape. O al menos eso es lo que me pasa a mí. Pero lo cierto es que, ahora, en el conjunto de un álbum, y acompañados otro tipo de temas de temática diferente, la cosa vuelve a funcionar igual de bien que en todos sus álbumes.

Las canciones del agua’ está dividido en dos partes. La primera es la que dedican a Granada, su tierra, y para mi gusto, la mejor del álbum. Es más, la empiezan con “El manantial”, una adaptación de un poema de Lorca que ya forma parte de las mejores canciones de su carrera. Doce minutos en los que dan protagonismo al piano y a los instrumentos de cuerda -el formato que han llevado en sus últimos conciertos-. Y la verdad es que no puede resultar más emocionante su constante vaivén de subidas y bajadas. Al igual que “Se quiere venir”, donde cogen una canción del trapero Khaled y la convierten una preciosa balada. Tampoco están nada mal sus “Alegrías de Graná” -la cuota flamenca del álbum-, y su versión de “La morralla” de Carlos Cano, que es el momento más rock de todo el disco.

La segunda parte está dedica a lo que ha pasado alrededor del mundo en estos últimos dos años. Temas que ya conocemos y que encajan bastante bien en este concepto que le dan al disco. Así, entre sonidos que evocan al space-rock o a su pop guitarrero de los noventa, nos dejan un puñado de canciones en las que se mojan a su manera. Porque lo cierto es que, salvo en su lucha contra el capitalismo, que aparece en parte de sus últimos trabajos, no dejan muy claras sus posturas. Si sabemos que la estupenda “La nueva normalidad” está compuesta tras ver unos vídeos de las protestas tras la muerte de George Floyd y que ánima a reaccionar y luchar por nuestros derechos y libertades. O que “El antiplanetismo” critica a esa gente que no es capaz de tener un pensamiento crítico y adopta unas ideas que venden en las tertulias de la tele o en la prensa. Algo que más o menos también dejan claro en “El apocalipsis zombie”, el único tema de esta segunda parte que no fue single previamente.

Tengo que reconocer que no me esperaba mucho del nuevo álbum de Los Planetas, pero, una vez más, han conseguido dar con un trabajo coherente. Y eso que se podría decir que en él meten prácticamente todas las facetas de su música que han ido puliendo en los últimos años.

8

Yard Act – The Overload

Con apenas dos años de vida, Yard Act se han convertido en una de las grandes esperanzas del nuevo rock británico. El grupo de Leeds debutó y despegó con un single en pleno confinamiento, y a partir de ahí no han parado. De hecho, editan su primer álbum con una multinacional y puede que se coloquen en el primer puesto de las listas británicas de la semana que viene. Como siempre pasa en estos casos, hay que preguntarse si realmente es para tanto y si realmente merecen tanto la pena. Y esta vez hay que decir que sí. Tienen todo lo necesario para que su propuesta vaya más allá del hype de turno.

The Overload’ es el álbum definitivo de la era post-Brexit. James Smith, su cantante, y compositor de buena parte de los temas que contiene este disco, tiene talento de sobra para diseccionar a la sociedad de su país. Smith arremete contra el capitalismo salvaje que vive el Reino Unido, y que, lamentablemente, se puede transpolar a buena parte del mundo. Así, nos deja canciones en las que lanza dardos contra los hombres de negocios grises (“The Incident”), o contra el anticapitalista que cambia de parecer en cuanto le llueve algo de dinero (“Rich”). Pero también es capaz de hacer una letra brillante sobre un señor que no quiere nada más que una vida tranquila, y sin lujos, y muere prematuramente de cáncer (“Tall Poppies”).

Para contarnos todas estas historias, Yard Act se apoyan en el lado más british del post-punk. Así que durante poco más de media hora, podemos escuchar a James Smith tirando de la forma de cantar de su compadre Mark E. Smith. Pero lo bueno es que no se queda ahí. Buena parte de las canciones del disco explotan en un estribillo pegadizo que les da un toque mucho más pop. Solo hay que escuchar esa “The Overload” que lo abre, la cual cuenta con uno de esos estribillos de lo más coreables. Además de un ritmo de lo más bailongo. O esa “Payday” en la que sus guitarras se fusionan con un teclado juguetón. Una canción que, por cierto, me ha recordado un poco a Tom Tom Club. Y ojo, porque la influencia de la banda norteamericana no se queda ahí, y en “Pour Another” incluso se acercan a los mismísimos Talking Heads.

Se podría decir que la otra gran influencia de este disco es el britpop. Especialmente Jarvis Cocker y sus Pulp. Con esto no digo que se saquen un “Common People” de la manga, pero sí que hay unos pocos temas en los que la forma de cantar de Smith se asemeja bastante a la de Cocker. Es el caso de esa “Dead Horse” en la que nos hablan de las “fake news” mientras nos hacen bailar. O de “Land Od The Blind”, que es más british que las Fish and Chips.

Yard Act superan con nota la prueba del álbum de debut y entregan uno de los primeros grandes trabajos de 2022.

8

Broken Social Scene – Old Dead Young (B-Sides & Rarities)

Que alguien me corrija si me equivoco, pero creo que ningún disco de caras-b y rarezas ha pasado a la historia de la música. Y por desgracia, no va a ser Broken Social Scene la primera banda que lo consiga. El combo canadiense cuenta con una amplia carrera de más de dos décadas, y en todos estos años les ha dado tiempo a descartar un buen puñado de canciones de sus álbumes principales. Y eso que es uno de esos grupos a los que les cuesta meter la tijera en sus discos, que suelen ser bastante largos. Pero la verdad es que no hay mucho que destacar en esta recopilación caras-b y rarezas que ahora editan.

Lo mejor que tiene ‘Old Dead Young (B-Sides & Rarities)’ es que funciona como un disco normal de Broken Social Scene. Porque, si habéis seguido un poco a la banda, ya sabréis que sus álbumes son de lo más eclécticos y tienen una secuencia que parece hecha sin ningún tipo de criterio. Algo que también ocurre con este trabajo, en el que pasan de la calma a la tempestad en menos de lo que canta un gallo. Además de haber cortes de indie-rock estridente –“Do The 95” me ha parecido insoportable-, coqueteos con la electrónica, o temas más delicados y ensoñadores. Así que lo mejor es ir picoteando y buscar los mejores cortes del álbum.

Hay un tipo de canción de Broken Social Scene que nunca falla. Es esa en la que se ponen más melódicos y dejan que las cajas de ritmos asomen tímidamente entre sus guitarras limpias y su batería. Un ejemplo de esto es “Curse Your Fail” que, sin ser un tema sobresaliente, sí que resulta de lo más interesante de este álbum. Y el otro podría ser “Stars And Spit”, en la que básicamente cogen dos de las mejores canciones de su segundo trabajo –“Stars And Sons” y Lover’s Spit”, y hacen una especie de mash-up que funciona estupendamente. Y siguiendo por ese camino un tanto más electrónico, hay que fijarse en la bonita “National Anthem of Nowhere” y en la acelerada “Until It’s Dead”.

Evidentemente, el indie-rock de guitarras potentes también está presente. Pero he de decir que no forma parte de lo mejor del álbum. Tan solo me parece destacable “Golden Facelift”, una de esas canciones en la que pasan de la calma a la tempestad con toda la facilidad del mundo. O “Canada Vs. America”, la cual, a pesar de ser de lo más ruidosa, también es muy melódica. Aunque lo mejor de esta faceta está en la eufórica y algo épica “Old Dead Young”, que por algo da título al álbum. Y ojo, porque si nos vamos a su lado más intimista, nos dejan “This House Is On Fire”, uno de los grandes momentos del disco.

Al final, como todos los discos de este tipo, te salen unas cuantas canciones interesantes, y otras tantas que, si no se publican, tampoco pasa nada.

7

Cat Power – Covers

Cat Power es una de esas artistas que pueden hacer cosas que me gustan mucho -aquel ‘Sun’ de hace una década me pareció una maravilla-, y cosas que no me gustan nada -su anterior trabajo me pareció soporífero-. Y luego, evidentemente, tiene discos que me gustan a medias. Su última colección de versiones, que ya es la tercera, es de estos últimos. Principalmente, porque, a la hora de llevar canciones de otros a su terreno, como mínimo, las hace diferentes e interesantes. Además, no suele irse a lo evidente y los artistas que elige son de lo más variopintos

Frank Ocean, Nick Cave, The Pogues, Billie Holiday… la lista de artista que ha elegido para este ‘Covers’ vuelve a ser de lo más curiosa. Y más curiosas son alguna de las versiones que hace. Lo podemos comprobar nada más empezar con “Bad Religion”, uno de los temas del ‘Chanel Orange’ de Frank Ocean. Aquí, Chan Marshall cambia el órgano original por un piano, y convierte un tema que se iba hacia el góspel en un corte de rock totalmente distinto. O esa “A Pair Of Brown Eyes”, que pasa de ser un típico himno folk de The Pogues, a una introspectiva y bonita balada que solo se ve alterada al final por una tímida pandereta. Además de transformar un tema de rock clásico, como es el “Againts the Wind” de Bob Seger, en un corte emocionante y algo ensoñador. O coger “I Have a Dream Joe”, una de las canciones más animadas de Nick Cave & The Bad Seeds, y hacer algo de lo más lúgubre y oscuro.

Evidentemente, no hace algo nuevo de cada corte, pero sí que mejora algunos. Empezando por la elección más sorprendente del disco, que es la de elegir un tema de Dead Man’s Bones, aquel grupo que se montó Ryan Gosling hace unos años. La versión original de “Pa Pa Power” era un tanto oscura y árida, y eso que tenia un coro infantil, pero aquí Marshall la convierte en un pegadizo tema de indie-rock de lo más luminoso. También le da algo de vida a “White Mustang”, el tema de su amiga Lana del Rey. Y ojo, que cuando cambia la guitarra acústica por el piano, y ataca el “Here Comes a Regular” de The Replacements, nos deja uno de los grandes momentos del álbum. Eso sí, para terminar, se va a los años cuarenta, y hace una versión bastante fiel, pero actualizada, del “I’ll Be Seeing You” de Billie Holiday. Y sale bastante airosa, que enfrentarse a una de las mejores interpretes de la historia no es fácil.

Cat Power vuelve a demostrar que es capaz de hacer cosas realmente interesantes con las canciones de otros. Porque, al fin y al cabo, como interprete, es imposible encontrarle algún fallo.

7,5

Rural France – RF

Soy una persona que no se complica mucho la vida, y si una nota de prensa de un disco avisa de que estamos ante una colección de canciones inspirada en bandas como The Beach Boys, Guided By Voices y Teenage Fanclub, ya me tienen casi ganado. Además, si esto viene acompañado de un sonido que deja fuera los artificios y va directo al grano, ya me conquistan del todo. Por eso, la semana pasada, cuando escuché por primera vez el segundo trabajo de Rural France, fue un flechazo instantáneo.

El dúo británico, formado por Tom Brown y Rob Fawkes, dos londinenses que un buen día dejaron su ciudad para mudarse a las verdes praderas de Wiltshire, no ha necesitado mucho para grabar estas canciones. De hecho, tenían una especie de lema, que más o menos era algo así como “si suena bien, es bueno”. Y así, durante una ola de calor en 2018, y con unas buenas dosis de cerveza en el cuerpo, escribieron esta colección de canciones. Unas canciones que luego grabaron en el garaje de uno de ellos y que conservan la calidez de los días en que se compusieron.

Guitarras afiladas, melodías soleadas, y letras que reflejan un poco ese estado de embriaguez -son capaces de rimar confeti con Tom Petty-. Y la verdad es que la combinación les sale redonda. Porque, a pesar de estar grabado en un garaje, el sonido lo-fi no se come las canciones. Así, nos dejan pequeñas joyas soleadas como “Clementine” o “Hosepipe Ban”, que tienen la suciedad justa para que su estupenda melodía no se pierda entre la distorsión. O esas aceleradas “Sling Yr Hook” y “Stolen Beer”, las cuales reflejan muy bien esa influencia confesada de Guided By Voices. Pero ojo, que cuando bajan el nivel de distorsión, son capaces de entregarnos temas tan deliciosos como “You Haven’t Been In Love” y “Runner-Up”, en los que, por supuesto, muestran esa otra influencia confesada, la de Teenage Fanclub.

Rural France han publicado uno de esos discos que se pasan en un suspiro, y no porque apenas dure 25 minutos, sino porque todas sus canciones son de notable alto. Y algunas sobresalientes.

7,9

Aeon Station – Observatory

La vida sigue tras el repaso a lo mejor del año, y todavía quedan algunos discos de este 2021 que merecen la pena escuchar. Es el caso del álbum de debut de Aeon Station, que no es otro que Kevin Whelan, uno de los dos compositores de los míticos The Wrens. Y es que, tras editar en 2003 el influyente ‘The Meadowlands’, el grupo de New Jersey dejó de publicar discos. Aunque eso sí, llevan años prometiendo un nuevo álbum. Pero al final parece que, Charles Bissell, el otro compositor de la banda, no está muy por la labor y el resto de miembros se han volcado en este proyecto. Porque aquí no solo está Kevin Whelan, también aparecen como invitados Greg Whelan y Jerry MacDonald.

Observatory’ es un disco que encantará a los seguidores de The Wrens. Y es que, Whelan y sus compañeros, siguen prácticamente donde lo dejaron hace casi dos décadas. Es decir, que estamos ante un emocionante álbum de indie-rock en el que se preocupan más de las melodías que de tirar de efectismos. Y les funciona muy bien, porque consiguen su propósito de tocarte la patata. Sobre todo, en temas como “Leaves” o “Air”, que son de esos cortes que empiezan de lo más calmados y van subiendo de intensidad a medida que pasan los minutos. Es más, terminan el primero con unos coros que ponen los pelos de punta.

La emoción y la melancolía se palpa a lo largo de todo el álbum. Incluso en los temas más acelerados y pesados. Más que nada, porque hay un piano por ahí que tiene bastante protagonismo. Solo hay que escuchar como adorna la estupenda “Fade”. O el toque que le da a la deliciosa “Everything at Once”, que no puede ser más bonita. Pero ojo, que también tiene tiempo para sacar a relucir su lado más potente y guitarrero. Y lo hace en “Queens”, una apisonadora sonora que, en un principio, iba a ir en ese nuevo álbum de The Wrens que, parece, que al final no verá la luz. Lo bueno es que la canción no pierde ese punto de emoción que tiene todo el álbum. Y, de nuevo, es gracias a unos coros que entran la segunda parte. Un guion que también siguen en la acelerada, y estupenda, “Better Love”.

Puede que no estemos ante el esperado nuevo álbum de The Wrens, pero sí ante lo más parecido. Además, es estupendo, y solo falla un poco en un par de temas acústicos que bajan un poco el listón. Lo demás es casi perfecto.

7,9

Julie Doiron – I Thought Of You

Aunque estamos ante el primer trabajo de Julie Doiron en nueve años, no se puede decir que la artista canadiense haya estado muy parada en todo este tiempo. Para empezar, ha hecho una alianza con Phil Elverum y su proyecto Mount Eeire, con el que ha editado dos trabajos. Pero también formó Julie & The Wrong Guys, una banda cercana al punk que se sale totalmente de su lado folk -no hay que olvidar que Doiron fue fundadora de Eric’s Trip, una de las bandas de indie-rock canadienses más importantes de los noventa-. Además, también publicó en el sello madrileño acuarela tres trabajos cantando en español. Así que, como podéis ver, ha estado de lo más ocupada.

I Thought of You’ se grabó en una remota cabaña en el bosque. Allí, junto Daniel Romano, el musico, productor, poeta, artista visual, y dueño del sello que edita el álbum, grabaron una colección de canciones que destacan por su calidez. A medio camino entre el indie-rock y el folk, Doiron da una lección de como encarar una canción en todas las pistas del álbum. Porque, si hay algo en lo que ha mejorado a lo largo de los años, es en interpretar sus canciones. Cada vez lo hace mejor, más segura, y con más registros. Ya no solo porque cante una canción en francés -genial esa “Et Mon Amour”-, sino porque sabe llevar a su terreno vocal cualquiera de los estilos que aparecen en este álbum.

Se podría decir que el disco va de más a menos. Principalmente, porque la mejor parte es cuando saca las garras y se pone más rockera. Y todas estas canciones prácticamente están en la primera mitad del álbum. Así, empieza a lo grande con “You Gave Me the Key” y “Thought of You”, dos temas de lo más directos que demuestra porqué Julie Doiron es una de las madrinas del nuevo indie-rock femenino. Pero ojo, que también le funciona esa especie de viaje psicodélico lleno de guitarras llamado “Just When I Thought”, o la aspereza de “Cancel the Party”.

Dentro del lado más reposado de este trabajo, destaca esa parte en la que su folk se adentra en terrenos más pop. Es lo que ocurre con la deliciosa “Good Reason” y con la algo retro “How Can We?”. Además, también destaca un tema como “Darkness to Light”, que se mete de lleno en el mundo de la americana. Lo cierto es que su parte final es relajada, pero también cuenta con un toque de aspereza. De hecho, un tema como “Ran” me ha recordado bastante a Patti Smith. Y en la genial “The Letters We Sent” deja que las guitarras cobren fuerza en su parte final. Es más, hubiera sido un corte perfecto para cerrar el álbum a lo grande. Algo que no consigue con la acústica “Back to the Water”.

7,6

Ovlov – Buds

Últimamente no escucho mucho indie-rock. Principalmente, porque acabé saturado de un estilo de música que me lleva acompañando tres décadas y que, realmente, no ha evolucionado mucho. Pero siempre hay un disco que consigue reconciliarte con algo, y en mi caso ha sido el tercer trabajo de los norteamericanos Ovlov. Aunque casi habría que decir que estamos ante el proyecto de Steve Hartlett y su familia. De los miembros originales que formaron la banda hace una década, ya no queda ninguno, y Hartlett ha contado con la ayuda de sus dos hermanos, e incluso de su padre, el cual, sorprendentemente, toca el saxo en una canción.

Buds’ es, sin duda alguna, el disco más pop de Ovlov hasta la fecha. Quedarse solo ante el proyecto y sin rendir cuentas con nadie, ha hecho que salga a la luz la faceta más melódica de Hartlett, y eso son palabras mayores. No es que haya rebajado la intensidad de sus guitarras fuzz, pero ahora se acoplan a una voz que está más en un primer plano, y a ese pulso melódico que tiene todo el disco. Incluso en un tema prácticamente punk como es “Baby Shea”, que abre el álbum de la forma más potente posible, gana el lado más pop.

Estamos ante un disco corto que apenas dura 25 minutos y en el que van directos al grano. Y lo cierto es que, en su gran mayoría, están más calmados. Lo que no significa que no suenen con crudeza. Ahí está la estupenda “Eat More”, la cual, a pesar de contar con un repetitivo e hipnótico ritmo, acaba en una tormenta de guitarras fuzz. O la perezosa “Cheer Up, Chihiro!”, que cuenta con una buena dosis de distorsión pesada. Pero ojo, que aquí es donde sorprenden con ese saxo tocado por su padre.

Sí es cierto que se deja ver un alejamiento de los sonidos más pesados en unas cuantas canciones. Y quizá, ese, es el mayor acierto. Porque canciones como “Land of Steve-O”, con ese solo final tan Dinosaur Jr., o las perezosas “The Wishing Well” y “Moron Pt. 2”, son una delicia. Y ojo, porque en la estupenda “Strokes” no dejan lugar a duda de que se han inspirado en la famosa banda neoyorquina. Aunque eso sí, lo pasan por su filtro fuzz. Un filtro que protagoniza la final “Feel The Pain”, la cual, no tiene nada que ver con J Mascis y compañía.

8

Courtney Barnett – Things Take Time, Take Time

No tenía mucha intención de darle demasiada cancha al nuevo álbum de Courtney Barnett. Los singles previos no me dijeron mucho y había leído por ahí que era un disco un tanto fallido. Pero a principio de semana decidí empezar a escucharlo, y desde entonces, no he podido parar. Sí es cierto que no es un álbum tan directo como los anteriores y que no tiene descargas rockeras como “Pedestrian at Best” o “Nameless, Faceless”. De hecho, lo ha grabado sin su banda y solo ha necesitado la ayuda de Stella Mozgawa de Warpaint. Pero la verdad es que en conjunto funciona muy bien, y hasta esos singles que por separado no me decían mucho, aquí encajan a la perfección.

Como no podía ser de otra manera, ‘Things Take Time, Take Time’ está compuesto en pleno confinamiento. Un confinamiento que pasó sola en un apartamento de Melbourne. De ahí que la gran mayoría de las canciones reflejen la pereza de esos días. De hecho, “Rae Street” abre el álbum haciendo una pequeña radiografía de su vecindario porque, básicamente, no tiene otra cosa que hacer que mirar por la ventana. Y toda esa pereza le viene de maravilla a su voz, que siempre se ha dejado llevar por la languidez. Pero ojo, que Barnett no se hunde en la miseria, y pesar de tocar temas como la depresión, no se rinde y se dedica a buscar una salida a esa situación. Es más, puede que estemos ante su disco más alegre.

Musicalmente, estamos ante un trabajo un tanto minimalista en el que, como dato curioso, las cajas de ritmos están bastante presentes. Y la verdad es que eso le da un toque diferente a sus canciones. Sus guitarras perezosas casan de maravilla con esta pátina sintética en temas tan juguetones como “Sunfair Sundown” y “Before You Gotta Go”. O hacen que un tema reposado como “Here’s The Thing” se convierta en una autentica delicia. Además, consiguen rebajar la intensidad de “Turning Green”, que es un tanto arisca. Pero ojo, que esa Courtney Barnett que se acercaba al indie-rock más pop, también aparece por aquí. Y lo hace en temazos como “Take It Day by Day!” y “Write a List of Things to Look Forward To”, que son una joya. Además de “If Don’t Hear from You Tonight”, que no puede recordar más a The Lemonheads.

Parecía que no, pero la verdad es que, salvo un par de temas un poco flojos, el nuevo álbum de Courtney Barnett funciona igual de bien que sus anteriores trabajos.

7.7

Makthaverskan – För Allting

Makthaverskan llevan más de una década de carrera y ya van por su cuarto disco, pero yo no me he enterado de su existencia hasta hace solo unos días. Y eso que esta banda sueca cuenta con un cierto éxito fuera de su país y sus discos han sido reseñados la todopoderosa Pitchfork. Además, con muy buena nota. Y es que uno no tiene tiempo para escuchar todo lo que sale. Pero bueno, vayamos a lo importante, que es su cuarto trabajo.

Ya os comentaba ayer lo mucho que me gustaba que el rock siguiera dando buenos discos a estas alturas. Y este ‘För Allting’ no es más que otra prueba de ello. Principalmente, porque, a pesar de que siempre se les ha metido en el carro del post-punk, Makthaverskan nunca han tenido problema en ir hacia caminos más pop. Su base es un indie-rock potente y oscuro que bebe directamente de los ochenta. De hecho, a mi me han recordado bastante a Desperate Journalist. Porque, además, la voz de su cantante también está en un primer plano. Pero lo cierto es que seria injusto meterles en ese carro, porque aquí también coquetean con un lado más pop y melódico que hace que el disco resulte más interesante.

Empiezan el álbum de forma contundente con “This Time”, un tema con una potente base rítmica en el que, sin embargo, ya dejan ver esa faceta más pop. Más que nada por esas guitarras ultra melódicas y limpias que sobrevuelan durante toda la canción. Un guion que también siguen en temas tan estupendos como “Tomorrow” o “These Walls”. Además de en “Ten Days”, donde consiguen llenar de oscuridad su música dejando que la guitarra rítmica se vaya a terrenos fronterizos. Una influencia que, sin duda, viene de The Smiths. Y ojo, que también dan buen uso de las cajas de ritmos en “Caress”.

Como ya he dicho antes, van más allá del mundo post-punk. Solo hay que escuchar “Lova”, una pequeña maravilla que casi parece un cruce entre Joy Division y The Go-Go’s. O esa “All I’ve Ever Wanted to Say” en la que suenan totalmente luminosos y pop. Y si nos vamos a “Closer”, nos encontramos con que también saben bajar la intensidad de su rock y hacer una canción que se acerca bastante al dream-pop. Eso sí, con unas guitarras que nacen de las enseñanzas de New Order. Aunque nada como esa “Maktologen” final, que no es otra cosa que una bella canción de indie-pop en la que la oscuridad desaparece del todo y juegan a ser The Sundays. Y muy bien, por cierto.

7,7