Caitlin Rose – CAZIMI

Este año he echado en falta más discos de rock femenino con sabor norteamericano. Ya sabéis, artistas jóvenes que han crecido con la música de raíces heredada de sus padres, pero que no pueden evitar darle ese toque indie que lo inundaba todo cuando nacieron. Algo que se puede aplicar perfectamente a la carrera de Caitlin Rose, una chica de Nashville que despuntó hace más de una década con un álbum de debut donde dejaba ver todas sus raíces tejanas. Así siguió en su continuación, aunque ahí ya dejaba ver un tono más rock en algún tema que otro –“Only a Clown” era estupenda-. Y ahora, nueve años después, vuelve con un tercer trabajo en el que nos encontramos con una Rose absolutamente renovada.

 ‘CAZIMI’ se terminó de grabar justo antes de la pandemia, por lo que supongo que Rose ha preferido guardarlo en un cajón hasta que las cosas se pusieran un poco mejor y pudiera darle una promoción como se merece. Y hay que decir que se merece todo, porque es un trabajo vibrante y lleno de grandes canciones. Rose se ha rodeado de lo mejores músicos de Nashville, y les ha dado fuerza a sus composiciones. De hecho, apenas hay rastro de ese country que inundaba su debut, y cuando lo hay, está acompañado de una faceta mucho más indie-rock. Algo que se puede apreciar fácilmente en las estupendas “How Far Away” y “Holdin’”. Además de en ese baladón llamado “Blameless”.

No me extraña nada que se haya decidido por sacar a la luz su lado más rock, porque lo maneja de maravilla. Solo hay que escuchar un tema como “Nobody’s Sweetheart”, que empieza de la forma más contenida, pero que termina creciendo en su segunda parte. De hecho, ese estribillo acompañado de una potente batería es de lo más alucinante. Un guion que también sigue en la emocionante “Lil’ Vesta”. Incluso en esa “Getting It Right” que hace junto a Courtney Marie Andrews, una canción que, en condiciones normales, estaría destinado a convertirse en un himno de country-rock, pero su batería potente, y sus teclados, la meten mundos más pop.

Caitlin Rose nos tiene reserva alguna sorpresa que otra en este trabajo. La primera llega nada más empezar con “Carried Away”, una delicada balada que va creciendo poco a poco, y que cuenta con una evidente influencia del “Sweet Jane”. Una referencia que ya dice lo mucho que ha cambiado su forma de ver la música. Pero esa es solo la primera sorpresa, porque en “Modern Dancing” saca las cajas de ritmos y los teclados, y se hace con toda una delicia de pop-rock absolutamente bailable. Unos teclados que aparecen de nuevo en “Only Lies”, el tema que cierra el álbum de la forma más épica y vibrante posible.

7.9

Fell Runner – What I Am

Fell Runner es una banda de Los Ángeles a la que no tenia el gusto de conocer hasta hace unos días, cuando compartió una canción suya un colega tuitero -thanks Clap-. Y la verdad es que fue amor a la primera escucha. Sobre todo, porque, como muy bien comentaba este amigo, era una canción que recordaba bastante a The Walkmen. Banda que, por cierto, se ha vuelto a unir para dar una serie de conciertos por Estados Unidos -espero que se acerquen por Europa en algún momento-. Pero bueno, volviendo a Fell Runner, tampoco os hagáis una idea equivocada, porque su música va mucho más allá de esa influencia. De hecho, su nuevo álbum, tiene varios momentos que son inclasificables.

What I Am’ es su tercer trabajo. Aunque casi se podría decir que es un mini-álbum, porque tiene ocho canciones y dura poco más de 25 minutos. Lo bueno es que, en ese corto periodo de tiempo, nos ofrecen una propuesta de lo más variada. Y es que, si echamos un vistazo a su biografía, podemos ver que definen su música como una fusión sonidos africanos e indie-rock. Algo que se puede apreciar en algunos temas del disco, como es el caso de “Dinner’s Ready!” y “Sailing”, donde nos muestran que su faceta más rock casa de maravilla con unos ritmos que se van a África. Unos sonidos que también aparecen en “Their Voices”. Aunque eso sí, de una forma más reposada y recordando a los mejores Local Natives.

Si hay que etiquetarlos en algún lado, lo más correcto sería meterles dentro del mundo del art-rock. Más que nada, porque, a pesar de que cuenta con temas bastante asequibles y que se pegan a la primera, su forma de atacarlos se sale de lo convencional. Ahí tenemos “Turn Off The Lights”, que cuenta con una guitarra de lo más arrítmica, pero también con un efusivo estribillo de lo más pegadizo. O “Running Shoes”, el tema que tanto suena a The Walkmen, y en el que, al igual que la banda neoyorquina, se decantan por dejar que la batería vaya a su bola. Aunque eso sí, sin perder el ritmo y dando con una melodía y un estribillo deliciosos.

Parte de este tercer álbum de Fell Runner nace del confinamiento. De ahí que algunas de sus canciones hablen directamente de esos días. Es el caso de “Movies” y “There Will Come A Day”, donde bajan el ritmo y se calman bastante para recordarnos las sensaciones que tuvimos muchos y muchas durante esos meses. Aunque sí es cierto que lo hacen de forma muy diferente, ya que en la primera se van hacia un lado más preciosista y nos dejan una estupenda balada que crece en su estribillo. Sin embargo, en la segunda, prefieren darle protagonismo a una voz sin tratar que tan solo se deja acompañar por una guitarra. Y la verdad es que les funciona muy bien.

7,8

Heather – Old Cry, I Walk

No tenía ni idea de la existencia de Heather hasta unos días que me topé con su segundo trabajo. De hecho, pensaba que eran británicos y no de Barcelona, como me he enterado después. Aunque bueno, a mi favor tengo que decir que, Heather Cameron, su cantante, es de Glasgow. Así que algo de las islas sí que hay por aquí. Además de su música, claro, porque estamos ante una banda que bebe del lado más guitarrero de lo noventa y de estilos como el shoegaze, o el britpop más potente. Y hay que decir que lo hacen con un enorme talento. 

Al igual que otras muchas bandas de rock actuales, Heather no se ciñen solo al lado más guitarrero y ruidoso del asunto. Nada más empezar, con la misteriosa “I”, ya dejan ver que saben jugar otras cartas. Aunque eso sí, parece que no dejan la Inglaterra de los noventa, porque, en esta canción me han recordado un poco a Portishead. Sobre todo, la voz de Cameron. Una influencia que crece mucho más en “The Walker and the Wall”, donde se sacan de la manga un estupendo tema con apenas una guitarra acústica y la delicada voz de Cameron. 

Una de las cosas que hacen de este ‘Old Cry, I Walk’ algo especial, es la variedad de sus canciones. Porque, aunque estén centradas en ese rock con bien de distorsión, lo atacan de maneras muy diferentes. Así, tenemos un lado más shoegaze, como el que presentan en las estupendas “Revere It” y “Breathe”. Pero también se dejan llevar por un pop bastante ruidoso, pero muy melódico, como el que presentan en “Fallen Empire” y “Watching Lovers”. Dos canciones que me ha recordado un poco a Echobelly. Y eso siempre es bueno.  Además de en esa melancólica y preciosa “Beyond the Pale”, donde rebajan el nivel de distorsión y dejan que las guitarras suenen más limpias. 

He leído por ahí que PJ Harvey es una de sus principales influencias. Y hay que decir que se nota bastante en alguna canción. Es el caso de “Immaculate”, que nos deja ver un lado más crudo y menos directo su propuesta. O de “Perfect Life”, donde bajan el ritmo, pero no la intensidad de sus guitarras. Además de esa “Make Our Names” de lo más misteriosa y oscura. Y, por si esta variedad de estilos no fuera suficiente, todavía tienen tiempo para dejarnos “Avenge”, un trallazo motorik lleno de guitarras potentes y ruidosas, en el que Cameron se anima con el spoken-word

7,9

Petite League – Thrill Seekers

Hace casi dos años, cuando cayó por aquí el anterior trabajo de Petite League, comentaba que se les iba un poco la mano con el sonido lo-fi, pero que lo compensaban con estupendas canciones de lo más melódicas. Bueno, pues esto ha cambiado un poco (para bien) en su nuevo álbum. Porque, aunque Lorenzo Gillis sigue grabando todo de la forma más casera, y acompañado únicamente de Henry Schoonmaker, su inseparable batería, ha logrado dar con un sonido más limpio que de costumbre. Y eso hace que su proyecto sea todavía más interesante.

Gillis tiene un talento tremendo para crear estupendas canciones de pop con un envoltorio más sucio y rock. Y eso es algo que, junto a Schoonmaker, nos muestran desde el primer corte de este ‘Thrill Seekers’. “Bloody Knuckless” entra dentro de su lado más new-wave y garage. De hecho, tiene un aire a los setenta que es una absoluta maravilla. Porque, como siempre, saben cuándo dar con un buen estribillo. Algo que también sucede con “Dagger Eyes”, donde se aceleran un poco más, pero donde nunca pierden el tono melódico. Un guion que también siguen en la notable, y muy potente, “Hurricane Shimmy”, o en la algo más noise “New York 2022”.

Lo bueno de este nuevo álbum de Petite League es que, en gran parte, bajan un poco el nivel de intensidad guitarrera y se mete en terrenos más pop. Así, nos dejan una “Mets” en la que apenas pisan el pedal de distorsión. Y les funciona de maravilla. Como también les funciona estupendamente irse hacia sonidos más neozelandeses y entregar dos joyas como “Pantone Karaoke” y “Dyslexic Poetry”. Además de entregarse a la Velvet más ruidosa en la melancólica “Nite Stairs”. Pero es que, incluso va más allá, y se da un baño de guitarras acústicas en la bonita “Floating Blue”. O se dejan ayudar por sus vecinas Sorry Mom, con las que se sacan de la manga un estupendo tema de new-wave llamado “Patience”. Aunque eso sí, para cerrar, reclutan a toda la banda que llevan en directo, y vuelven a la distorsión más melódica en “Disarray”.

No cabe duda de que Petite League es uno de los proyectos de rock más interesantes de la actualidad. Algo que se puede apreciar claramente en este ‘Thrill Seekers’ que, además, cuenta con una portada de lo más bonita. La pena es que su música no tenga algo más de repercusión.

7,9

Los Punsetes – AFDTRQHOT 

Los Punsetes están más enfadados que nunca. Algo que, si escuchamos su discografía, parece imposible. La banda madrileña se ha especializado en crear pequeños hits llenos de letras mordaces e irónicas. Y a veces ni siquiera se molestan en tirar de esa ironía y van directos al grano. Pero nunca han sido tan contundentes en su odio como en este séptimo trabajo. Y es que, prácticamente, todas las canciones de este álbum están dedicadas a gente que odian o que les cae mal. Incluso se permiten el lujo de “dedicar” un pequeño himno a esa mitad de España que “les sobra”.

Hay que decir que Los Punsetes jugaron al despiste con el primer single que editaron de este ‘AFDTRQHOT’. Esa “Ocultismo” que presentaron hace unos meses hacia presagiar un cambio de sonido en la banda. Y la verdad es que resultó de lo más interesante ver a la banda madrileña meterse de lleno en otros sonidos. Porque, además de su habitual indie-rock, en su más de nueve minutos, nos encontrábamos psicodelia, efectos de voz, cambios de ritmo, o guitarras acústicas que se fusionan con las eléctricas. Y todo esto aderezado con una letra en la que meten cera al capitalismo o la iglesia, y en la que hay frases lapidarias como «no hay liquido más espeso que el odio que te proceso». Pero lo cierto es que es la rara avis del disco, porque en el resto siguen siendo Los Punsetes de toda la vida.

El primer tortazo del disco llega nada más empezar. “España corazones” es todo un anti-himno en el que se meten en un buen fregado criticando a esa España de banderitas y en el que nos dejan perlas como «España, España, España, país, bandera, España, con más tontos que listos, con más fuerza que maña». Pero, a pesar de esa mala leche que destilan, estamos ante una canción muy pop y absolutamente pegadiza. Y ojo con su parte final, donde se sacan de la manga un segundo estribillo brutal. Y así siguen en el resto del álbum. Sacando la garra más noise para desear la muerte en a un grupo de personas en “Cerdos” y “Que te vaya mal”, o hablando de los esfuerzos que tenemos que hacer con gente que no nos cae bien, como es el caso de “Cosas que no me gustan”.

Siempre he pensado que lo mejor de Los Punsetes es lo bien que fusionan su agresividad verbal con una faceta musical muy pop. Gracias a eso, logran dar con un tema como “Hola, destrucción”, en la que se sacan de la manga un pequeño himno de noise-pop con una letra deprimente. O “No puedes correr”, donde incluso se ponen más melódicos. Y lo hacen deseando que a alguien le caiga una «lluvia de hostias». Aunque eso sí, para cerrar el disco prefieren irse hacia su lado más sucio y entregar una reposada “Fomo” en la que las guitarras rugen como nunca.

8

Dazy – OUTOFBODY

Dazy es el proyecto de James Goodson, un publicista independiente de Virginia que durante la pandemia se entretuvo componiendo y grabando canciones como si no hubiera un mañana. Y todo desde su propia casa, claro. Muchas de ellas aparecieron en ‘MAXIMUMBLASTSUPERLOUD: The First 24 Songs, una especie de recopilación en la que ya se veían por donde iban a ir los tiros en su carrera. Unos tiros que viran hacia un power-pop lleno de riff potentes, pero absolutamente melódicos. Pero no se queda ahí, porque en su música ahí influencias tan dispares como The Jesus and Mary Chain, el punk-rock de los noventa, Nirvana, o el pop de los sesenta.

La duda principal es sigue consigue llevar esa mezcolanza a buen puerto. Y hay que decir que sí lo hace. Más que nada, porque al final, es el pop el que gana la partida. Además, para ser un proyecto casero, todo suena a lo grande. Los riffs son contundentes, las cajas de ritmos se hacen notar, y no tiene ningún problema subir de intensidad su power-pop cuando la situación lo requiere. Solo hay que escuchar “Out of Body”, la canción que abre el álbum, y una muestra de lo bien que fusiona el rock más guitarrero con su lado más pop. De hecho, en ella, cuenta con un deje a los primeros Oasis. El cual, por cierto, es más acusado en cortes como “Motionless Parade” y “Gone”.

OUTOFBODY’ tan solo dura 25 minutos, pero en ese corto periodo de tiempo nos deja doce canciones que merecen bastante la pena. Sobre todo, cuando aparece su lado más pop. Es el caso de “Deadline”, que cuenta con unos guitarrazos propios de los hermanos Reid, y con un estribillo de lo más melódico. O “Ladder” y “Asking Price” en las que vuelve al britpop más sucio y guitarrero. Y en el Reino Unido sigue en “Choose Yr Ramone”, un tema en el que aparece el sonido Manchester. Aunque sí es cierto que la letra habla de los Ramones. Además de “Inside Voice”, en la que demuestra que puede dejar de lado la distorsión y entregar una bonita balada.

Tengo que reconocer que el lado más punk-pop me tira menos. Todas esas bandas de los noventa que sonaban igual no me dicen nada -y eso que en aquella época tuve mi par de años en los que los escuchaba-. Lo bueno es que Dazy lo mezcla todo muy bien, y aunque la base de algunas canciones tira hacia ese sonido, las envuelve muy bien en mundos más pop. Ahí está la acelerada “Split”, la cual corona con un delicioso teclado. O esa “AWTCMM?” tan californiana que adereza con unos punteos de guitarra bien sucios, y que al final resulta simpática y entretenida. Más o menos, como todo el álbum.

7,6

The Haunted Youth – Dawn Of The Freak

The Haunted Youth aparecieron en mi radar hace casi dos años, cuando publicaron ese pedazo de single llamado “Teen Rebel”. Desde entonces, este grupo belga liderado por Joachim Liebens ha publicado una buena cantidad de singles que han terminado por afianzar su propuesta. Es más, en este corto periodo de tiempo, se han convertido en una de de las bandas más exportables de Bélgica. Incluso se han pasado por algunos festivales españoles. Y ahora, por fin, publican el que es su primer trabajo. Aunque hay que decir que han estado un poco ratas, ya que una buena parte de los temas que lo componen, ya han salido como single. 

Podríamos meter a The Haunted Youth en el carro del dream-pop con tintes de shoegaze. Ellos mismos han reconocido que sus influencias están formadas por grupos como DIIV o Slowdive. Pero también mencionan a MGMT o Tame Impala. Y quizá, ahí es donde reside su encanto, ya que, de vez en cuando, se salen de ese camino ensoñador. Solo hay que escuchar ese tema acústico llamado “Fist In My Pocket” con el que cierran el álbum, y con el que casi se acercan al folk de los sesenta. O esa pequeña joya de aires ochenteros, llena de teclados y absolutamente luminosa que es “Stranger”. 

Como era de esperar, lo mejor de este ‘Dawn Of The Freak’ llega con los temas más directos. Y es que, hay que decir que se les da de maravilla jugar con sus guitarras cristalinas y con esos teclados ensoñadores que lo envuelven todo. Ahí está la ya mencionada “Teen Rebel”, una de esas canciones de la que nunca te cansas. O esa “Broken” tan épica en la que salen a relucir las enseñanzas de The Cure, otra de sus influencias confesadas. Además de “Coming Home”, el tema más potente y pop del disco, y toda una maravilla de lo más esplendorosa. Y ojo con los siete minutos de “Gone” y su final lleno de guitarras ruidosas pero muy melódicas. 

Los belgas también manejan estupendamente el lado más reposado del dream-pop, el que, para mi gusto, es el más complicado de llevar a cabo. Porque todo el mundo puede crear un tema lleno de teclados etéreos y acogedores y de guitarras que brillan, pero lo difícil es conseguir dar con esa melodía que se te queda en la cabeza. Ellos lo consiguen mucha facilidad en un corte como “Shadows”, que es de esas canciones que se van cociendo a fuego lento y te van atrapando poco a poco. O en esa “House Arrest” de final super épico y emocionante. Pero ojo, que no necesitan llenar sus canciones de esa épica arrebatadora para llevarlas a buen puerto. Y la prueba la tenemos en “I Feel Like Shit And I Wanna Die”, una delicada canción que, a pesar de tener ese título tan deprimente, es toda una preciosidad.

8

Drugdealer – Hiding In Plan Sight

A pesar de que estamos ante el tercer trabajo de Drugdealer, y de que la banda norteamericana ya lleva una década de carrera, nunca me había parado a escucharlos. Y la verdad es que no sé cuáles son las razones de este desliz, porque su rollo me va bastante. O por lo menos, lo que me encontrado en este último álbum. Un disco que, según la nota de prensa, se disfruta mejor con una botella de vino. Y tengo que decir que no puedo estar más de acuerdo, porque su pop-rock sofisticado, y de claro sonido añejo, es de lo que acogen de maravilla en días otoñales como este.

Cuentan que Michael Collins, líder de la banda, había perdido la inspiración en la pandemia y que estuvo a punto de tirar la toalla. Afortunadamente, un encuentro casual con la visionaria artista y compositora Annette Peacock en un festival en Marfa (Texas), hizo que esa inspiración perdida volviera a aparecer. Tras ponerle algo de su música, Peacock le aconsejo que subiera varios tonos su voz y confiara en ella. Y eso fue lo que hizo nada más llegar a Los Ángeles, donde las canciones de este ‘Hiding In Plan Sight’ empezaron a fluir.

Estamos ante un disco en el que ese soft-rock que tanto triunfó en los setenta está más que presente. Y aunque hay influencias más que evidentes, como la de Van Morrison, hay que reconocer que les ha quedado muy chulo. Solo hay que escuchar esa “Madison” que lo abre entre sedosos y acogedores toques soul. O la sensual “Someone to Love”, en la que incluso se atreven con un toque funk. Además de “New Fascination”, un corte mucho más animado, en el que, por supuesto, no se olvidan del saxo. Y ojo, porque también saben como hacernos bailar de la forma más delicada y entregar una autentica delicia como es “Valentine”.

A pesar de que ahora Collins confiaba más en su voz, también quería este trabajo tuviera algunos artistas invitados. Así, nos encontramos con el pop vigoroso de “Baby”, donde colabora el californiano Tim Presley. Y hay que decir que han dado con uno de los grandes temas de este 2022 – me tiene loco ese estribillo que entra tan efusivamente-. Pero también aparece por aquí la cantante folk Kate Bollinger, que pone su voz a la delicada, y muy sofisticada, “Pictures of You”. Además, cierran el álbum con una pequeña joya de rock-funk llamada “Posse Cut”, y en la que nos encontramos a Bambina, Sedona, y el siempre interesante Sean Nicholas Savage.

7,9

Frankie Cosmos – Inner World Peace

Algo ha cambiado en la vida de Greta Kline en estos últimos años. Hasta 2019, Kline publicaba discos de Frankie Cosmos con bastante asiduidad, pero la pandemia hizo que perdiera el interés por tocar la guitarra y componer canciones. De hecho, cuando se metió en el estudio con el resto de la banda a grabar estos temas, llevaban 500 días sin tocar juntos. Incluso hubo un momento en el que no sabía si todavía seguían como banda. Pero, afortunadamente, Frankie Cosmos seguía con vida, y entre todos y todas pudieron acabar la colección de canciones que forman, el que, oficialmente, es su quinto álbum de estudio.

Inner World Peace’ es otro álbum en el que Kline reflexiona sobre la madurez. Y es que, empezó su carrera tan temprano, que más de una década después todavía no ha cumplido los treinta. Y para dar vida a este tipo de reflexiones, hubo una especie de consenso entre todos los miembros de la banda. Porque, aunque sea Kline la que escribe las letras, el resultado final nace de las aportaciones que hacen el resto de sus compañeros. Así, cuando entraron en el estudio, Kline iba dispuesta a crear unos temas con un sonido más indie-rock, pero Lauren Martin y Luke Pyenson, teclista y batería de la banda, tiraban más hacia el folk de los 70 y el pop. Además de la “meditación y la claridad”. Y de esa mezcla, salieron un conjunto de temas que, realmente, solo suenan a ellos mismos.

Siempre he pensado que a Frankie Cosmos le sienta muy bien su faceta más pop. La delicada voz de Kline, que casi susurra, en lugar de cantar, es perfecta para esos temas que se dejan llevar por unas guitarras cristalinas y una tímida batería. Es el caso de la estupenda “Abigail”, que abre el disco de la forma más directa posible. Pero también de “Wayne” y su ritmo juguetón, o de la delicada “Street View”. Además de esa “F.O.O.F.” tan noventas y tan Breeders. Pero ojo, que tampoco está nada mal cuando las guitarras cuentan con algo de distorsión.  Solo hay que escuchar la potente “Magnetic Personality”, o lo bien que suena esa guitarra en “Heed The Call”. Además de como se va endureciendo el estribillo en “Empty Head”, la que, para mi gusto, es la mejor canción del álbum.

Sí es cierto que esos sonidos más reposados y menos indie-rock que tenían en mente los otros miembros del grupo, también tienen bastante protagonismo. Así, en “Aftershook”, fusionan su lado más pop con un pequeño punto de psicodelia; en la parte final de “A Work Call” se hacen con un estribillo repetitivo que casi parece salido de un disco de Stereolab, y en “One Year Stand” se dejan llevar por un sonido que no difiere mucho de los Yo La Tengo más reposados. Una descripción que también se adapta a la preciosa “Spare The Guitar”. Por lo tanto, parece que sí tenemos cambios en el último trabajo de Frankie Cosmos.

7,7

Dry Cleaning – Stumpwork

Me resulta muy sorprendente el éxito que están teniendo Dry Cleaning. La banda londinense hace una música que es, de todo, menos comercial, y, sin embargo, lograron auparse al cuarto puesto de las listas británicas con su álbum debut. Además de entrar en otros mercados, como el portugués. Supongo que será por el magnetismo que tienen sus canciones. O, mejor dicho, el que tiene Florence Shaw, que gracias a su spoken word constante logra que estos temas suenen de lo más interesantes. Aunque no hay que olvidarse de ese sonido tan peculiar que logra el resto de la banda, y que hace que no sepamos si estamos ante un grupo de post-punk, de indie-rock, o de art-pop. Creo que la respuesta es que son todo eso, y mucho más, a la vez.

Dry Cleaning publican este segundo trabajo convertidos en una de las grandes realidades del rock actual. Y creo que ese éxito que tuvieron con su debut ha hecho que se decanten por un sonido más accesible en este ‘Stumpwork’. Eso sí, siempre dentro de sus coordenadas musicales. Florence Shaw sigue recitando como si estuviera leyendo el prospecto de un medicamento, y el resto de su banda sigue sacando todo tipo de sonido a sus guitarras. Y creo que es todo un acierto, porque su debut al final resultaba un poco seco y denso, y aquí se acercan más a lo que hacían en sus primeros EPs.

Stumpwork’ empieza con los cinco minutos intrigantes de “Anna Calls From The Arctic”. Aquí ya se puede ver que tratan de hacer algo más accesible dejándose llevar por una tímida caja de ritmos y por unas guitarras que casi te acarician. Como lo hacen las acústicas que protagonizan la estupenda “Kwenchy Kups”, un tema en el que también aparecen unas guitarras que son puro Sonic Youth, y en el que Florence casi se arranca a cantar en su estribillo. Algo que sí hace en la maravillosa “Gary Ashby”, la que se podría decir que es la canción más pop de su carrera. Y si nos vamos a “Don’t Press Me”, nos encontramos con otro estribillo cantado, con un teclado ultra melódico, y con un ritmo de lo más juguetón. Como también lo es el de “Conservative Hell”, que con ese bajo casi parece una canción surf.

Dentro de su faceta más esquiva y experimental, también se puede ver un poco más de accesibilidad. Ahí la está la curiosa “Hot Penny Day”, en la que se dejan llevar por una sección rítmica que es casi funk, y por unas guitarras de lo más étnicas. O en esa “No Decent Shoes For Rain”, que se va cociendo a fuego lento y que termina con un derroche de guitarras áridas, pero muy melódicas. Un guion que también siguen en “Icebergs”, el tema que cierra el álbum, y en el que ni siquiera se han molestado en quitar un molesto acople de guitarra que sobrevuela a lo largo de sus más de cinco minutos. Lo que demuestra que siguen haciendo lo que les da la real gana. Solo hay que ver esa espantosa y asquerosa portada.

8