Amen Dunes – Freedom

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A pesar de que cuenta con una abultada discografía, y de que graba para un sello al que le tengo pillado el punto, como es el caso de Sacred Bones, no conocía a Amen Dunes. Hasta ahora, este proyecto del neoyorquino Damon McMahon se me había escapado, pero su nuevo disco ha caído en mis manos y llevo días sin soltarlo. Lo curioso, es que, para grabar en ese sello, que suele tirar de artistas más experimentales, su música resulta bastante fácil de escuchar. Es más, a mí me recuerda un poco a los primeros The Verve, y algo a los geniales Majical Cloudz. Aunque su propuesta es más rock que la de estos últimos.

Freedom” es su quinto trabajo, y en él encontramos una colección de canciones de pegada fácil, donde su voz, intensa y de lo más sentida, es la gran protagonista. Y según escribo esto, me acaba de venir a la memoria a quién me recuerda su forma de cantar, y no es otro que el cantante de Live, aquella banda de los noventa que tuvo unos cuantos hits. Evidentemente, su música, tiene muy poco que ver con lo que hacían estos, pero sí que no puedo evitar que me vengan a la cabeza cuando escucho su voz. Comparaciones aparte, McMahon, cuenta con una cualidad importante, y es que, es uno de esos artistas capaces de hacer canciones muy personales, pero, a su vez, muy asequibles para el oyente medio. Es el caso de ‘Blue Rose’, ‘Time’, ‘Miki Dora’ o ‘Dracula’, que entran dentro de la faceta más animada del disco, que, dicho sea de paso, tampoco es que sea la alegría de la huerta. Y ojo, porque la primera ya se ha convertido en una de mis canciones favoritas de lo que va de año.

Cuando se relaja un poco más, y se pone un poco más intenso, me gusta a medias. Sí me conquista con el sonido añejo de ‘Calling Paul the Surffering’, con la minimalista ‘Satudarah’, que es realmente bonita, y con ese pedazo baladón llamado ‘Belive’. Sin embargo, cuando se pone un poco más espeso, y envuelve su música en psicodelia, como es el caso de ‘Skipping School’, me resulta un tanto más cargante. Afortunadamente, es sola una pequeña anécdota, porque lo suyo es otra cosa. Como bien vemos al final del álbum, donde vuelve a emocionar en el tema que da título al álbum, y donde abre su música a la electrónica en la fantástica ‘L.A’. Un cierre perfecto para un disco realmente notable.

8

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Car Seat Headrest – Twin Fantasy

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No soy muy seguidor de los discos conceptuales, que suelen alargarse más de la cuenta, y resultar algo pesados. Si a esto le unimos el hecho de que tampoco entiendo muy bien los elogios que recibe constantemente la música de Car Seat Headrest, resulta bastante lógico que no me guste su nuevo trabajo. Pero la lógica no siempre funciona, y esta disección de una relación con otro chico que Will Toledo hace en “Twin Fantasy”, me ha gustado bastante. Y es que, nunca he negado que el chico tenga un gran talento, pero, hasta ahora, me faltaba algo para que sus canciones me terminaran de emocionar. Además, su afición a los pedales de voz me parece contraproducente para su música. Afortunadamente, en este trabajo, es algo que ha rebajado bastante.

Otra de las cosas que resultan sorprendentes de Toledo, es lo prolífico que puede llegar a ser. Antes de fichar por el sello Matador, llegó a subir nueve discos a su bandcamp, y no es raro verle hacer versiones de otros artistas constantemente. Lo extraño es lo que ha hecho con este “Twin Fantasy”, que no es otra cosa que una revisión de uno de esos discos que hay en su bandcamp. El de Virginia ha vuelto a grabar el álbum al completo, sacando a la luz todo el potencial que tenían sus canciones, y que él, muy acertadamente, ha sabido ver.

Meterse de lleno en “Twin Fantasy”, es adentrarse en una montaña rusa de emociones; esas que proporcionan cualquier relación sentimental, y que dejan exhausto a cualquiera. Will Toledo relata esta relación con un chico de principio a fin, y lo hace a su estilo, con su indie-rock lo-fi, y sin temor a dejar que las canciones se lleven solas. Así, nos encontramos un tema que sobrepasa los 13 minutos, y otro que se va más allá de los 16. Pero esto tiene truco, ya que ‘Beach Life-In- Death’, se compone de varias canciones en una, y en sus trece minutos, pasa del indie-rock potente y épico, a la dejadez al más puro estilo Pavement, para volver a las guitarras más potentes y la aceleración. Sin embargo, los 16 minutos de ‘Famous Prophets (Stars)’ si se componen de una sola canción, pero llega a subir y bajar de intensidad unas cuantas veces.

Si hay algo que siempre me ha gustado de la música de Will Toledo, es cuando ha ido directo al grano, como ocurría en aquel genial ‘Something Soon’. Aquí está que se sale en este tipo de temas, y va directo al grano y con decisión en unas cuantas canciones del disco. Ahí está esa maravillosa ‘Nervous Young Inhumans’, que tanto bebe de The Cars, o esa ‘Bodys’ absolutamente strokera. Además de dejarnos algunas canciones más contenidas, pero llenas de guitarras potentes, como es el caso de ‘Sober to Death’ y ‘Cute Thing’, que son maravillosas. Incluso se anima con la acústica, y nos deja la curiosa ‘Stop Smoking (We Love You)’, en la que ruega a su pareja que deje de fumar, que no quiera que muera. Parece que no le falta sentido de humor al chico.

Al final, el muy perro de Will Toledo, ha conseguido que me guste su música. Y es que, hay que reconocer que tiene bastante talento.

8,2

Hookworms – Microshift

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Tengo que reconocer que, hasta hace unos días, que un seguidor del blog me los recomendó por Twitter, no tenía ni idea de quiénes eran Hookworms. Y la verdad es que me alegro de esa recomendación, porque me he encontrado con una banda realmente interesante. Formados en Leeds hace ocho años, estos cinco chicos, pertenecen a esa oleada del rock británico más “arty”; esa que huye de la simpleza que inunda buena parte de la música de guitarras de su país. Gracias a esto, han recibido muy buenas críticas, y han logrado que se fijen en ellos fuera del Reino Unido. Es más, su álbum de debut, fue elegido el mejor de 2013 por publicaciones como Brooklyn Vegan y Drowned in Sound.

Microshift” es su tercer trabajo, y en él encontramos cambios importantes en su sonido. Sus dos primeros discos eran más sucios, y las guitarras rugían con bastante intensidad. Además, su cantante, se dejaba su desgarrada voz en cada canción. Sin embargo, ahora, sus canciones suenan más expansivas y envolventes, dejando que sea su lado más pop el que gane la partida. Han llenado el disco de cajas de ritmos, samplers caseros, loops, y sintetizadores modulares, logrando dar con un sonido vigoroso, y cercano al krautrock y a la psicodelia. Y lo más importante: logran que funcione. Canciones como ‘Ullswater’ y ‘Opener’ que llegan a los ocho minutos, casi se hacen cortas, y los siete minutos de ‘Negative Space’, son absolutamente maravillosos y de lo más pegadizos. Sobre todo esa emocionante parte final.

La acelerada ‘Static Resistance’ es la canción que más recuerda a los antiguos Hookwoorms, que eran un poco más acelerados y urgentes. Aquí traen de nuevo esa aceleración, pero cambian las guitarras sucias por un sintetizador modular que hace que estemos ante un tema absolutamente kraut. Pero también saben utilizar sus nuevos juguetes para crear canciones más tranquilas y ensoñadoras. Es el caso de ‘Each Time We Pass’, un tema cautivador, en el que colabora Alice Merida Richards, la cantante de Virginia Wings. Sin embargo, sus cacharros se les atragantan en ‘Boxing Day’, una pequeña locura que resulta un poco insoportable. Afortunadamente, lo solucionan poco después con ‘Shortcomings’, el tema que cierra el disco, y la canción en la que el pop aparece de nuevo.

Ojo con Hookworms, que nos pueden dar muchas alegrías y convertirse en una de las bandas favoritas de los críticos de buena parte del mundo. De momento, Pitchfork ya les ha dado su bendición.

7,8

Ezra Furman – Transangelic Exodus

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Ezra Furman es un/a artista peculiar que se ha ido moldeando como persona a través de su carrera musical. Furman afirma que es una persona “queer”, no conforme con su género, y cuya identidad ha ido surgiendo a medida que iba sacando sus discos en solitario. Una identidad que ahora explora en todo su esplendor en “Trasangelic Exodus”, su último trabajo.

Lo nuevo de Ezra Furman es mucho más que un disco convencional, y un trabajo absolutamente necesario en la época en la que vivimos. El álbum, que no llega a ser conceptual, pero que nos cuenta su huida y un viaje en carretera junto a un ángel –nos sitúa en un mundo ficticio en el que los ángeles están mal vistos y se les ingresa para córtales las alas-, es todo un canto a la libertad, y a la elección de género y sexo. Además, Furman afirma que es una combinación de ficción con parte de su vida real.

Musicalmente, es un trabajo con una producción sucia, en el que encontramos influencias que van desde el rock de los cincuenta, a Bruce Springsteen, pasando por The Velvet Underground o el garage-punk. Y no, no es un trabajo fácil de digerir, pero, de alguna manera, te atrapa. La voz cascada, y absolutamente desgarradora de Furman, te mete de lleno en esta huida por carretera. Y lo hace desde ‘Suck the Blood from My Wound’, el himno donde cuenta como rescata a su ángel del hospital. Es un corte que abre el álbum con fuerza, y con un claro sonido a Springsteen. Pero no es engañéis, no todo tira hacia ese camino. El disco es más duro de roer, y salvo esa ‘Love You So Bad’, tan absolutamente pop y deliciosa, el resto es un poco más complicado. Aun así, no resulta complicado dejarse llevar por esa calma que precede a la tempestad en la maravillosa ‘Driving Down to L.A.’; por las pinceladas electrónicas de ‘Compulsive Liar’ y ‘From a Beach House’, o por la urgencia de ‘Maraschino-Red Dress $8.99 at Goodwill’. Además de esa genial ‘I Lost My Innocence’, con la que cierra el disco, que cuenta con un estribillo de lo más pegadizo (“I lost my innonce, to a boy named Vincent”).

Lo dicho, no es un disco fácil, pero, tras unas escuchas, termina resultando de lo más atractivo. Además, muchas veces, lo importante de una obra no es la obra en sí, sino el trasfondo que hay detrás.

7,6

Superchunk – What a Time to Be Alive

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Sé que es un poco absurdo, pero da pena que los discos de los grupos a los que les tengo cariño, no me terminen de entusiasmar. Es lo que me ha pasado con el nuevo trabajo de Superchunk, que se me ha hecho un poco bola. Y con esto no digo que sea un mal disco, pero, después de tantos años, el indie-rock sin más me ha dejado de llamar la atención. Cuando le dan un toque más pop, sí que me dice algo, como el caso de Waxahatchee, la cual, por cierto, colabora en este trabajo. Pero cuando es demasiado crudo, no me entra.

Superchunk han hecho su disco de toda la vida, ni más ni menos. Es un trabajo de indie-rock urgente, en el que van a toda leche, y que apenas dura media hora. Evidentemente, se pasa en un suspiro, pero también produce algo de indiferencia. Solo los temas con un claro acento más melódico, me han gustado de verdad. Es el caso del corte que da título al álbum, que me parece todo un himno indie-rock vigoroso y fresco. Además, para no variar, ha sido la elección de Trump la que ha inspirado esta canción, y gran parte del disco. También me han gustado ‘Break of Glass’ y ‘Erasure’. Aunque, con esta última, tengo alguna pega. A una canción creada por Superchunk, con Waxahatchee y Stephin Merritt de colaboradores, le pido mucho más, y ésta está bien, pero no es sobresaliente.

Será un topicazo, pero se me ha pasado la edad de disfrutar de canciones como ‘Lost My Brain’ y ‘Cloud of Hate’. La contundencia guitarrera y el ritmo acelerado, que casi está cerca del Hardcore, no son lo mío. Es más, creo nunca lo ha sido. Sin embargo, cuando se ponen potentes, pero algo más melódicos, les puedo dar una oportunidad. Canciones como ‘Dead Photographers’ y ‘I Got Cut’ bien la merecen. Aunque sigo prefiriendo su lado más suave, como el de ‘All for You’ y ‘Black Thread’, las dos canciones que cierran el disco.

Desde luego, si sois seguidores del indie-rock más puro, lo nuevo de Superchunk no os va a defraudar, pero si buscáis algo más, quizá no os termine de encandilar del todo.

7

Franz Ferdinand – Always Ascending

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No hay nada como tomarse un descanso y embarcarse en nuevos proyectos para volver con nuevas ideas y las fuerzas renovadas. El primer álbum no colaborativo de Franz Ferdinand desde 2013, y la continuación de su estupenda aventura con Sparks, es un buen ejemplo. Los escoceses vuelven con las pilas cargadas, con dos nuevos miembros (Nick McCarthy dejó la banda nada más acabar su anterior trabajo), y recuperando parte de esa electrónica que ya emplearon en “Tonight: Franz Ferdinand”. Además, también se les ha quedado algo del mundo teatral del dúo angelino, que es algo que siempre viene bien.

La gente es muy mala, y cuando hace unos meses estrenaron ‘Always Ascending’, fueron muchos los que dijeron que se habían hecho un LCD Soundsystem de segunda. Algo con lo que no estoy nada de acuerdo, ya que es un tema puramente Franz Ferdinand visto desde el lado más electrónico. Además, sinceramente, no he encontrado un single tan potente en el último trabajo de James Murphy y compañía que, dicho sea de paso, es el mayor usurpador de la música actual. Y no es el único hit que hay en el disco, también tenemos la genial ‘Lois Lane’, donde juegan de maravilla con unos teclados de lo más ochenteros. O ‘Feel The Love Go’, donde incorporan un saxo de lo más sucio a su clásico juego de guitarras. Aunque el otro gran momento del disco es ‘Glimpse of Love’, en la que los teclados vuelven a ser los grandes protagonistas.

Una de las novedades que nos presenta “Always Ascending”, es unos Franz Ferdinand muchos más cinematográficos y melodramáticos. La influencia de Sparks es palpable en un corte como ‘The Academy Award’, en la que hacen referencias al mundo del cine, y nos dejan una de las mejores frases del año (“The Academy Award for good times goes to you”). El otro momento teatral del disco llega al final, con esa ‘Slow Don’t Kill Me Slow’, en la que encontramos a un Alex Kapranos suplicando que no le maten suavemente.

Evidentemente, los Franz Ferdinand de toda la vida, también están presentes. Y tengo que decir que es la faceta que menos me interesa de ellos. Cortes como ‘Lazy Boy’ o ‘Paper Cages’, están bien, pero no me matan, y los veo un poco repetitivos. Aunque luego lo compensan con pequeñas locuras como ‘Finally’ y su destartalado ritmo de batería.

Si erais de los que pensabais que el grupo escoces estaba muerto, no podíais estar más equivocados, porque “Always Ascending” es uno disco lleno de grandes canciones. Además, me la juego, y digo que estamos ante su mejor disco desde lejano “You Could Have It So Much Better… With Franz Ferdinand”.

7,8

Spinning Coin – Permo

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Sigo a mi rollo, resistiéndome a ponerme con las listas del año, y descubriendo discos de los últimos doce meses. Uno de los que me ha hecho tilín ha sido el debut de Spinning Coin, una banda de Glasgow apadrinada por The Pastels, que ha contado con la ayuda del mismísimo Edwyn Collins, que se ha implicado plenamente en la grabación del álbum. Así que, viniendo de donde vienen, y con estas credenciales, ya os podéis imaginar hacia donde van sus canciones. El pop guitarrero de los noventa es su mantra, pero no se quedan ahí, también hay una influencia evidente la escena neozelandesa de los ochenta. Y las dos cosas las llevan muy bien.

Las canciones de “Permo” se mueven entre el arrebato guitarrero y la delicadeza pop, logrando resultados notables en ambas facetas. Así, nos encontramos con que manejan de maravilla lo que yo llamo “guitarras escacharradas”, que no son otras que esas que casi suenan desafinadas. El primer ejemplo lo tenemos nada más empezar, con la deliciosa ‘Raining On Hope Stree’, pero hay más, como la acelerada ‘Sleepless’ y esa ‘Powerful’ tan Pavement. Y es que, los de Stephen Malkmus, que también tiraban de lo lindo de las bandas neozelandesas, son otras de sus referencias. Algo que podemos apreciar en la genial ‘Tin’, o en esa pequeña locura llamada ‘Be Free’.

De su faceta más reposada me quedo con temas como ‘Floating With You’, el sucio y delicioso ‘Starry Eyes’, y ‘Running With The World’, que tiene un punto Velvet que me encanta. Pero es en el tema final, llamado ‘I Feel The Need To Be An Actor’, donde más se salen del camino establecido en el resto del álbum. Aquí se van hacia un sonido más sixties, que, por momentos, puede recordar a los Yo La Tengo más tranquilos.

Permo” es, sobre todo, un disco de lo más entretenido, y todo un regalo para los seguidores del indie escoces de los noventa.

7,7