Clap Your Hands Say Yeah – The Tourist

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Creo que soy de los pocos que todavía siguen defendiendo la música de Clap Your Hands Say Yeah, o mejor dicho, de Alec Ounsworth, que es el único miembro del grupo. Quizá, porque le honra haber arriesgado durante todos estos años, aunque en algunas ocasiones no le saliera bien. Podría haber seguido la línea de ese estupendo debut que sorprendió a medio mundo, pero, en lugar de eso, creó una alianza con el productor Dave Fridmman, y empezó a fijarse más en cómo sonaba su música, en lugar de crear canciones más o menos fáciles. Pero siempre nos ha dejado algún que otro estribillo sobresaliente, y una buena dosis de melodías. Todo esto, entre ritmos y estructuras de canciones algo atípicas. Algo a lo que vuelve en su nuevo trabajo, aunque sí es cierto que en menor medida.

Se podría decir que “The Tourist” es su álbum más “convencional” en mucho tiempo. Solo hay que escuchar ‘The Pilot’, la hermosa canción, sin apenas artificios, que lo abre. Solo le hace falta una guitarra acústica, un poco de instrumentación épica, y su voz, que vuelve a emocionar como no lo hacía hace más de una década. Algo que vuelve a conseguir en la extraña, pero seductora ‘Unfolding Above Celibate Moon (Los Angeles Nursery Rhyme)’. Sobre todo en su parte final, donde entra una armónica de lo más sucia. Además de hacerse con un solo de guitarra muy poco propio en él. Y es que, parece que le ha cogido el gusto a esto de las guitarras potentes, porque en la intensa ‘Down (Is Where I Want To Be)’, el tema que lo precede, tira de distorsión y nos deja algo que podríamos considerar como grunge.

Ya decía más arriba que, este, es su trabajo más accesible en mucho tiempo, y hay varios temas que lo demuestran. Por ejemplo, ‘Better Off’, una pequeña maravilla que no desentonaría en su álbum de debut. Además, mejora alguna de las canciones que aparecían en ese trabajo, ya que, la notable influencia de Fridmann, que aquí solo mezcla, le da un sonido más actual a estas canciones. Otro buen ejemplo es la acelerada ‘The Vanity of Trying’, donde es más que evidente que vuelve a los viejos tiempos. Incluso en ‘Ambulance Chaser’, que es un poco más esquiva, encontramos cosas de su pasado.

Otro de las cosas buenas de este trabajo, es que parece que ha encontrado su propio sonido. Quizá, por eso, ha elegido ‘Fireproof’, una canción que no suena a nada de lo que ha hecho hasta ahora, pero que está bastante bien. Peor le ha quedado ‘A Chance to Cure’, en la que emplea demasiado tiempo en una primera parte extraña, y un poco sin sentido, pero que, poco a poco, va llegando a una parte final bonita e interesante.

Sé que es complicado darle más oportunidades, pero creo que, si fuisteis de los que amasteis su debut, deberías escuchar este trabajo. Os va a sorprender muy gratamente.

7,9

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Tim Cohen – Luck Man

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Todo lo que tenga relación con The Fresh & Onlys siempre va a ser bien recibido en este blog. Otra cosa es que luego no supere mis expectativas, como el nuevo trabajo de Tim Cohen, cantante del combo de San Francisco. Quizá, y dado que su banda lleva un pequeño tiempo de sequía, me esperaba algo más en la onda que ha seguido siempre. Sin embargo, se ha decantado por un sonido más tranquilo, y un tanto folk, que no le sienta mal, pero tampoco excesivamente bien. Aunque sí es cierto que el toque hippie no lo ha perdido.

De primeras, “Luck Man” es un álbum difícil, sin apenas singles redondos que llevarse a los oídos. Tan solo esa ‘John Hughes’, que está bien, pero lejos de las mejores canciones de su banda. Y bueno, también podríamos considerar un hit esa ‘Meet is Murder’ tan oscura, pero brillante, que, por cierto, lo único que tiene en común con el mítico tema de The Smiths, es su alegato ecologista.

Poco a poco, el disco va entrando, y con las sucesivas escuchas encuentras un motón de detalles interesantes. Entre ellos los arrebatos que le dan de vez en cuando, como en el estribillo de ‘Wall About Window’, o en la parte final de ‘I Need a Wife’. Además de ‘Irony’, la canción más Fresh & Onlys del disco, y la única en la que las guitarras rugen –su parte final es maravillosa-. Pero también su faceta más folk termina resultando atractiva. Principalmente, porque le mete algunos elementos un poco pop, como los teclados de la bonita ‘Shine’, el estribillo de ‘Bedfellows’, o el tono juguetón de ‘Breathe and Die’.

Sí, está lejos de los discos que hace con su banda, pero no es un mal trabajo. Solo hay que darle unas cuantas oportunidades.

7,2

The Bats – The Deep Set

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Una de las mayores alegrías que te puede dar el mundo de la música, es comprobar que los artistas de siempre, esos que han servido de influencia a otros, no fallan. Es el caso de The Bats, la mítica banda de Nueva Zelanda, que vuelve este año tras seis años sin editar disco. El grupo de Robert Scott sigue fiel a su sonido, ese que sirvió para que muchas de las bandas de indie-rock de finales de los ochenta y principio de los noventa decidieran coger un instrumento y crear sus propias canciones. Aunque sí es cierto que, en sus últimos trabajos, se han calmado un poco y la energía punk que tenían al comienzo ya no aparece tantas ocasiones.

The Deep Set” es una auténtica delicia, en la que priman las buenas melodías, y esa dejadez instrumental que los caracteriza – que se lo digan a Pavement, que dieron buena cuenta de ella a lo largo de toda su carrera-. No obstante, la muestran a las primeras cambio en ‘Rooftops’, el tema que abre el disco. En él recuperan el indie-pop de mediados de los ochenta, y nos dejan un tema que recuerda mucho a sus comienzos, y por extensión también a los primeros R.E.M. Y es que, Michael Stipe y los suyos siempre fueron unos seguidores confesos de ese Dunedin Sound que venía de Nueva Zelanda. Un sonido que aquí aparece representado en temas como ‘Rock and Pillars’, la intensa y sublime ‘Walking Man’, o en ese fantástico single llamado ‘No Trace’. Además de ‘Antlers’, que nos lleva directamente a mediados de los ochenta.

En sus últimos trabajos también han abierto la puerta a otros sonidos más “adultos”, y este álbum no iba a ser menos. Ahí está la muy clásica ‘Looking for Sunshine’, o esa ‘Diamonds’, en la que se guardan la eléctrica para sacar de paseo la acústica. Incluso se ponen un tanto esquivos en ‘Steeley Gaze’ y la fronteriza ‘Shut Your Eyes’. Además de algo aburridos en ‘Durkestan’.

The Deep Set” es un trabajo de notable alto, en el que la banda neozelandesa demuestra que, tras más de tres décadas de carrera, sigue sobrada de talento.

7,9

Grandaddy – Last Place

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Junto con Six By Seven, Grandaddy fue la banda que más escuché allá por el 2000. El grupo de Modesto se convirtió en una auténtica obsesión, y me hice con todo el material que iban sacando –en aquella época lo de bajarse música todavía estaba muy verde-. Poco a poco, y disco a disco, esa obsesión se me fue pasando, y el último trabajo que sacaron, el irregular “Just Like the Fambly Cat”, no me terminó de convencer. Eso no quita que reciba con ilusión el anuncio de un nuevo álbum tras una década sin editar nada. Sobre todo si viene acompañado de un single de adelanto como ‘Way We Won’t’.

No es que me sorprendiera mucho el anuncio de este “Last Place”, ya que la banda lleva girando desde 2013 y, tarde o temprano, tenían que caer canciones nuevas. Lo que sí me sorprende es la línea que han tomado en este trabajo. Y es que, en lugar de dar continuación a su anterior trabajo, se han ido hacia su mejor época; la de “The Sophtware Slump”. Incluso recuperan la figura de Jed en ‘Jed the 4th’, donde se marcan otro tema lánguido y melancólico. Y es que, parte del álbum, tira hacia ese rollo. Sobre todo al final, donde nos encontramos con esa preciosidad llamada ‘That’s What You Get for Gettin’ Outta Bed’, con la normalita ‘This is the Part’ y con la intensa ‘A Lost Machine’.

No todo es calma y melancolía. La primera parte del álbum se la han reservado para lo que podríamos llamar los hits. Ahí está ‘Way We Won’t’, que lo abre, o ‘Evermore’, el potente y sintético nuevo single. Además de una canción totalmente pop, como es ‘Brush with the Wild’, en la que se sacan de la manga un estribillo magnifico, o de algún tema más acelerado de lo normal, como es ‘Check Injin’. Por supuesto, no pueden faltar los medios tiempos emocionantes, y aquí hay dos. El primero es ‘The Boat is in the Barn’, en el que tiran de teclados para emocionar de lo lindo. Sin embargo, en ‘I Don’t Wanna Live Here Anymore’, prefieren dar el protagonismo a esa guitarras densas, que manejan de maravilla, y con las que siempre obtienen buenos resultados.

No les ha quedado un trabajo redondo, y no está a la altura de sus mejores trabajos, pero sí es un disco notable, y una vuelta de lo más decente.

7,8

Flo Morrissey & Matthew E. White – Gentlewoman, Ruby Man

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No soy muy aficionado a los discos de versiones, pero, de vez en cuando, sale alguno que me resulta interesante. Ya sea porque el artista, o los artistas, me gustan especialmente, o porque la selección de canciones es curiosa y ecléctica. Esto es justo lo que ocurre con “Gentlewoman, Ruby Man”, el álbum conjunto que acaban de editar la británica Flo Morrissey y el norteamericano Matthew E. White. En él, llevan a su terreno artistas tan dispares como Frank Ocean, The Velvet Underground o Leonard Cohen. Incluso se atreven con el tema principal de la película Grease.

La historia de cómo llegaron a conocerse y acabaron haciendo este trabajo, es de lo más curiosa. Y es que, fue el propio White quien, tras ver que no paraban de comparar la música de Morrissey con la suya, se puso en contacto con ella. A partir de ahí todo fue rodado. Algún concierto conjunto, alguna que otra versión aislada, y al final este álbum. Su unión ha sido todo un acierto, y la fusión de sus voces y su música funciona a la perfección. Otra cosa es el trato que le han dado a dos o tres de las versiones, que no terminan de cuajar – la de James Blake resulta un tanto aburrida- . Aunque la mayoría sí lo hacen.

En los discos de versiones, suele ser habitual que, la canción que menos tiene que ver con los intérpretes, sea la que más acabe gustando. Aquí se lleva la palma ‘Thinking About You’, el mayor hit de Frank Ocean, el cual convierten en un cálido tema de soul-rock delicioso. Aunque se le queda muy cerca su sensual reinterpretación del tema principal de Grease. Sí esa que compuso Barry Gibb y cantó Frankie Valli. Y la tercera en el pódium es el ‘Sunday Morning’ de la Velvet, que pasa de ser una dulce nana, a un enérgico tema de rock sixties y cercano al Wall of Sound de Phil Spector.

Como era de esperar, cuando llevan a su terreno temas más cercanos a lo que suelen hacer habitualmente, aciertan de pleno. Es el caso de ‘Look At What The Light Did Now’, de los norteamericanos Little Wings, o de ‘Everybody Loves The Sunshine’, del músico de jazz y soul Roy Ayers. Incluso les ha quedado bien la versión, tan oscura, que han hecho del ‘Suzanne’ de Leonard Cohen.

Gentlewoman, Ruby Man” es algo más que una mera anécdota y un capricho de dos artistas. Funciona como álbum propio, aunque las canciones sean de otros.

7,5

Nada Surf – Peaceful Ghosts

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Creo que ya he comentado por aquí más de una vez lo poco que me gustan los discos en directo, y la poca utilidad que, a mi parecer, tienen. Los veo como una recopilación más y, sinceramente, en los tiempos que corren, en los que cualquiera se puede hacer su propia recopilación, me parecen todavía más absurdos. Aunque también tengo que decir que, el disco que más disfruté en mi pre-adolescencia, fue el 101 de Depeche Mode. Pero claro, eran otros tiempos.

Evidentemente, el nuevo disco en directo de Nada Surf es el culpable de que haya escrito esa parrafada de más arriba. De hecho, os preguntareis por qué hablo de él, si los directos no me van un carajo. Básicamente es por dos razones. La primera, y la principal, es porque son nuevas versiones de sus canciones, en las que han dado el protagonismo a la instrumentación de cuerda. La segunda es algo más personal, ya que, aunque últimamente están un poco de capa caída, Nada Surf es uno de esos grupos que lleva años acompañándome, y siempre saco un hueco para escuchar su nuevo material.

Peaceful Ghosts se grabó el pasado verano junto a dos orquestas, la ORF Radio Symphony Orchestra de Vienna, y la Babelsberg Film Orchestra de Berlín. Es más, fueron las propias radios a las que pertenecen esas orquestas, las que propusieron a la banda hacer este experimento. El resultado es bastante interesante, y hay algunas canciones menores de la discografía de los neoyorquinos que ganan muchos puntos. Es el caso de The Fox, un tema que ya contaba con algunos vientos, y que aquí se engrandece de forma sorprendente. Pero es en los temas de su último trabajo, el irregular You Know Who You Are, donde más se notan las mejoras. Canciones un tanto sosas, como Believe You’re Mine o Animal, suenan más imponentes es interesantes. Además, tanto Rushing como Out of the Dark, que eran de lo mejor de ese trabajo, también están mejoradas.

Por supuesto, de las canciones más famosas de su discografía, han elegido las más sosegadas, y las que son menos ruidosas. Estas ya funcionaban en sus versiones originales, así que poco más que decir de Beatiful Beat, Blizzard of ‘77, 80 Windows o Inside of Love. Simplemente disfrutar de ellas en su nueva faceta orquestal.

Desde luego, es un disco para fans, como todos los discos en directo, así que si no os van mucho, ni le prestéis atención. O si, a lo mejor esta faceta sí os convence.

7,4

Recomendaciones en Streaming: Cómo Vivir en el Campo – CVEEC 3

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Y ahora vuelas alto, y ahora vuelas alto, tú, ya nada te viene grande”. Llevo tarareando este estribillo sin parar desde hace unas semanas, y no me canso de él. Pertenece a Cricket o croquet, el primer single del nuevo álbum de Cómo Vivir en el Campo, que, con el permiso de Triángulo de Amor Bizarro, va camino de convertirse en mi disco nacional del año.

El tercer trabajo de los madrileños es una colección de canciones ecléctica, en la que importa muy poco si un tema es de un estilo u otro. Han conseguido que los diferentes géneros musicales que pululan por el disco se fusionen a la perfección, logrando así, un trabajo rico en variedad, pero muy homogéneo. Y es que, el indie-rock de esa maravillosa Cricket o croquet que comentaba más arriba, se lleva de maravilla con el kraut de El grande, o el pop guitarrero de Prometiste que no lo harías. Dos canciones que también están muy arriba entre mis obsesiones de las últimas semanas. A su vez, todos estos temas, no desentonan con esa especie de bossanova con aires de dream-pop llamada Aléjate de mí, mandarina, que es una auténtica delicia. Como tampoco desentona el pop juguetón de Club de canciones.

Si es cierto que la parte intermedia de “CVEEC 3” es una especie de oasis en mitad del disco, en el que se dejan llevar por un pop de clara influencia sixties, que los hace todavía más interesantes. Aun así, uno no se queda con la sensación de que está ante otra banda. Y eso que hay un tema de folk gamberro como Corazón y bolsillo, o temas más “clásicos” como Solo es para ti y Jud, que nos recuerdan a las mejores bandas del pop patrio de los sesenta.

Por si todo esto no fuera suficiente, también saben lo que es relajarse y fijarse en otras bandas más lejanas y diferentes. En la parte final del disco se enfrentan a los sonidos más americanos en Cachito de cielo, que casi parece una fusión entre Mojave 3 y los Beach Boys. O nos recuerdan que ellos también son seguidores de Galaxie 500 en Pósters heavys.

CVEEC 3” es un trabajo enorme, en el que hay talento y personalidad a raudales.

8,6