EMA – Exile in the Outer Ring

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Me he pasado medio verano con este disco metido en el iPhone, pero no he podido escucharlo. No por falta de tiempo, si no por falta de interés. Y es que, pasarme mis vacaciones escuchando un trabajo que es el mal rollo hecho disco, no entra dentro de mis planes. Pero ahora, que ya llevo unas semanas levantando el país, me he puesto con él. Además, sorprendentemente, se ha convertido en uno de mis discos de cabecera de los últimos días.

EMA es una artista muy poco convencional, y sus discos siempre tienen un pequeño toque experimental. Lo bueno es que siempre sabe fusionar esa experimentación con un sonido un tanto más pop. Algo que repite en este “Exile in the Outer Ring”, donde hay ruido y mal rollo, pero también suavidad y melancolía. Como la que muestra en ‘7 Years’, el precioso tema inicial, que no es otra cosa que una delicada balada con tintes lo-fi. O en ‘Receive Love’, donde la claridad le gana la partida a la distorsión. Y luego tenemos la fantástica ‘Always Bleed’, en la que fusiona el noise con un tono más ensoñador y, para colmo, mete unas guitarras heredadas de New Order, que son una delicia.

El tercer trabajo de la de Dakota del Sur, está dedicado a sus vecinos; esa “White Trash” que ha puesto al rubio oxigenado en la Casablanca. Digamos que es un tortazo, por cierto, bien merecido, que da a la Norteamérica actual. Y lo hace con temas tan crudos y esquivos como ‘Breathlyzer’, ‘I Wanna Destroy’ o ’33 Nihilistic and Fermale’, donde hay ecos de la primera PJ Harvey, o de los Sonic Youth más oscuros. Afortunadamente y, como ya he comentado antes, sabe rebajar parte de esa crudeza, y darle un toque más melódico. Ahí está esa ‘Aryan Nation’, que casi podría ser un hit. O ‘Down and Out’, que gana puntos con su simpleza. Además, es un descanso de tanto ruido.

Exile in the Outer Ring” es un disco crudo, rabioso y de difícil digestión, pero también es un trabajo absolutamente necesario, que nos recuerda la mierda de mundo en el que vivimos.

8

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The National – Sleep Well Beast

Sleep Well Beast Cover Art

Los últimos cuatro trabajos de The National son excelentes, y es una de las bandas que más he disfrutado en la última década, pero no voy a negar que ya les tocaba cambiar un poco el chip. Algo que, más o menos, han hecho en este nuevo álbum. Los norteamericanos han dado un pequeño giro a su música (sin pasarse mucho), metiendo más elementos electrónicos y oscureciendo un poco más sus canciones. Incluso suenan un poco más duros que de costumbre en un par de cortes. Quizá, en alguna ocasión, estos nuevos ingredientes, no les terminan de funcionar, pero era absolutamente necesario refrescar un poco su sonido.

Veo “Sleep Well Beast” como un disco de transición hacia otro rumbo. El típico álbum en el que buscas un nuevo camino sin dejar de ir por el de siempre. También lo veo un disco mucho menos directo que los anteriores, en el que cuesta un poco más adentrarse en las canciones, y en el que andan un poco más escurridizos. Es algo que se ve nada más empezar, con ‘Nobody Else Will Be There’, una canción casi desnuda, en la que no hay efectismos. Esa es la tónica de gran parte del disco, que es mayormente pausado. Aunque eso sí, en otros cortes, como ‘Empire Line’ o ‘I’ll Still Destroy You’, sí se han sacado el as de la manga, y las han impregnado de su intensidad habitual. Sobre todo la segunda, que cuenta con una fusión de cajas de ritmos y baterías reales, brutal. Además de un final potente y explosivo. Y si ya nos vamos a ‘Walk it Back’, nos encontramos con uno de los temas más extraños de la banda, en el que los samplers de voces y ruidos varios, están a la orden del día.

Para los que no quieran experimentos, y necesiten los The National de toda la vida, hay varios cortes. ‘Day I Die’ es uno de sus típicos hits contundentes; una canción que va de la mano con ‘Mr. November’ o ‘Mistaken for Strangers’. Y lo mejor es que todavía les sigue funcionando. Y, aunque ‘The System Only Dreams in Total Darkness’ tiene algún ingrediente nuevo, como ese riff contundente, no deja de ser una pura canción The National con un estribillo irresistible. Aunque más irresistibles se ponen cuando les da por la melancolía y se sacan de la manga las maravillosas ‘Guilty Party’ y ‘Carin At The Liquor Store’, que son deliciosas. Incluso ‘Dark Side of the Gym’ que, a pesar del título, es la canción más convencional del álbum, tiene su punto.

Me he dejado ‘Turtleneck’, y el tema que da título al disco, para el final. Y lo he hecho porque creo que son las dos canciones que más sorprenden. La primera, más que nada, porque es un corte áspero, guitarrero y crudo que, todavía, no sé si me termina de gustar. Está claro que, su estribillo, en el que Matt Berninger se deja la voz, mola bastante, pero el resto no me termina de convencer. Sin embargo, en la segunda, se adentran en un minimalismo electrónico que me ha recordado bastante a los Radiohead del “Kid A” y el “Amnesiac”. No está mal, pero no sé si va mucho con ellos.

Está claro que, para evolucionar, hay que arriesgar, y ahí te puedes equivocar un poco. Es lo que les ha pasado a The National en alguno de los momentos de este álbum, que no es tan bueno como los anteriores, pero, aun así, es sobresaliente.

8,1

The War On Drugs – A Deeper Understanding

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En una entrevista reciente, los “malotes” de The Killers comentan que el rock ya no triunfa porque no hay suficientes bandas buenas (entiendo que ellos sí lo son). Supongo que esta afirmación tan estúpida se debe a que no han escuchado a The War On Drugs, porque si no es incompresible que digan semejante tontería. Y es que, la banda de Filadelfia publica hoy mismo su cuarto álbum, el cual, una vez más, es sobresaliente.

A Deeper Understanding” reincide en el sonido de su anterior trabajo y, en él, apenas encontramos cambios. Pero no pasa nada, esa fusión de rock ochentero y sintetizadores que ha logrado Adam Granduciel, sigue funcionando a la perfección. El líder de la banda norteamericana es de lo más meticuloso a la hora de meterse en un estudio, y el sonido que saca a sus discos tiene que rozar la perfección. Y lo mejor es que lo consigue. La influencia de Springsteen, los sintetizadores que envuelven todo, la épica, las cajas de ritmos, los solos de guitarra…todo vuelve a estar aquí, y todo encaja perfectamente.

La estrategia de The War On Drugs ha estado muy clara desde que empezaron la promoción de este álbum. Conscientes de lo que tenían entre manos, han ido soltando adelantos como churros (cinco en total), los cuales han levantado una gran expectación. Y no es para menos, ya que es imposible no caer rendido ante esa maravilla, con aires del Springsteen más pop, que es ‘Holding On’, o dejarse engatusar por su faceta más electrónica en ‘Up All Night’. Y su nos vamos a su faceta más intimista, nos encontramos con una maravillosa ‘Pain’, y con ‘Strangest Thing’, la que se podría considerar la canción del disco. Este pedazo de baladón, que estalla en el tercer minuto con un punteo de guitarra melancólico y épico, es de ese tipo de temas que pone la piel de gallina; una pequeña joya que ya está entre lo mejor de su carrera.

Con estos adelantos tan potentes, lo lógico es pensar que está todo el pescado vendido. Pues no, tienen unos cuantos ases más en la manga más. Uno de ellos es ‘Nothing to Find’, que es su clásica canción pop, con su ritmo acelerado, su armónica, y un teclado final absolutamente contagioso. Y luego tenemos ‘In Chains’, que empieza tranquila y culmina en un estribillo que haría vibrar cualquier estadio. Están un poco menos acertados están en los dos temas que cierran el disco, pero, con todo, son notables. Sobre todo ‘You Don’t Have To Go’, en la que vuelven a emocionar de lo lindo.

Por si había alguna duda, con este disco, The War On Drugs dejan muy claro que son una de las grandes bandas de nuestros días. Además, lo son con sus propias normas, con sus canciones largas, que se hacen cortas, y que son capaces de emocionar a la persona más fría del mundo.

8,4

Japanese Breakfast – Soft Sounds From Another Planet

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Seguro que muchos de vosotros recordáis ‘Everybody Wants To Love You’, una de las mejores canciones de 2016, y el mayor éxito de Japanese Breakfast. Aquella canción formaba parte de un debut que puso a la coreana Michelle Zauner en el punto de mira de la prensa musical, sobre todo la estadounidense, y la convirtió en una de las promesas del rock femenino. Ahora vuelve con un segundo trabajo en el que, no solo confirma su talento, también da muestras de una inquietud musical, la cual se refleja en un cambio de sonido bastante apreciable.

Si en su debut tiraba hacia el indie-rock de corte lo-fi, en este “Soft Sounds from Another Planet”, se va hacia un sonido mucho más claro y atmosférico, en el que la electrónica se fusiona con unas guitarras cercanas al shoegaze y unos paisajes de teclados de lo más ensoñadores. No obstante, estamos ante un álbum que empezó con la idea de ser un disco conceptual sobre el cosmos, y que poco a poco fue yéndose por diferentes caminos. El caso es que suena mucho más esplendoroso que su debut, y se acerca a esa idea de “banda sonora para un musical de ciencia ficción” que tenía cuando empezó el álbum.

El disco se abre con ‘Diving Woman’, una sedosa canción shoegaze, en la que Zauner, irónicamente, confiesa sus ganas de ser una ama de casa tradicional. Es junto a ‘Road Head’, que viene a continuación, la canción más atmosférica del álbum. Y es que, a medida que va pasando el disco, va soltándose y cambiando de estilo constantemente. Gracias a sus inquietudes musicales, nos encontramos con joyas como ‘Machinist’, en la que se va a la pista de baile y se deja llevar por los sonidos más ochenteros (ese saxo final); sedosas baladas, como la que da título al disco, o ‘Boyish’, que tienen un toque sixities delicioso; himnos indie-rock como ‘12 Steps’, y un delicioso medio-tiempo llamado ‘The Body Is a Blade’. Incluso se atreve a cerrar el disco con sentido del humor, el que deja ver en un pequeño corte instrumental llamado ‘Here Come the Tubular Bells’.

Quizá, por su eclecticidad, cuesta un poco pillarle el punto de buenas a primeras, pero, con las sucesivas escuchas, entra bastante bien. Además, nos muestra a una chica con un gran talento.

7,9

Waxahatchee – Out in the Storm

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No me hace especial ilusión el revival de los noventa, ya que me da bastante pereza y no le veo mucho sentido. Quizá es porque lo viví intensamente en su día y las bandas que se han apuntado a este carro no me dicen demasiado. Una de las corrientes que más está reavivando este sonido, es el rock femenino. Son muchas las chicas que en los últimos años han cogido la guitarra y el pedal de distorsión, y se han puesto a emular a grupos como Belly o Throwing Muses. Por lo general lo están haciendo bastante bien, pero, como ya he dicho antes, es algo que no me llama demasiado la atención. Aunque, afortunadamente, siempre hay excepciones. Como la australiana Courtney Barnett, y Katie Crutchfield, la chica que se esconde tras el nombre de Waxahatchee.

No es la primera vez que esta mujer de Alabama me sorprende. Ya lo hizo con algunas de las canciones de sus anteriores discos, donde, por ejemplo, no le hacía ascos a la electrónica y nos dejaba un tema tan maravilloso como ‘La Loose’. Algo que no repite en este “Out in the Storm”, ni falta que le hace. Su cuarto trabajo es una gran colección de canciones de indie-rock, en el que, salvo tres o cuatro baladas, todos los temas están plagados de distorsión. Y lo que es mejor, de buenas melodías. Además, cuenta con una estupenda producción de John Agnello, que sabe muy bien lo que es grabar este tipo de sonidos.

Crutchfield nos deja bien claro desde el principio hacia donde quiere ir. ‘Never Been Wrong’ abre el disco con potencia, y con esas guitarras distorsionadas tan características de los noventa. Aunque es un corte notable, no es ni de lejos el mejor del álbum, ese honor le corresponde a la maravillosa ‘Silver’, con la que es imposible no acordarse de Tanya Donelly y sus chicas. Lo bueno es que hay un par de temas más que están a la altura. Tanto ‘Hear You’, con esa crudeza que se desvanece en un estribillo redondo y de lo más melódico, como la sucia ‘No Question’ –por cierto, este corte me ha recordado una barbaridad a los R.E.M de “Monster”-, me han parecido de lo mejor de todo este revival noventero de los últimos años.

Donde no me convence tanto es en los temas más reposados. Si creo que se le da bien tirar de acústica y hacer un medio tiempo como ‘8 Ball’, o convertir el órgano en el protagonista, como hace en ‘Recite Remorse’. Y sobre todo ponerse ensoñadora en ‘Sparks Fly’, un pedazo de baladón de lo más bonito. Lo malo es cuando las canciones están más desnudas, y nos remite a esas otras chicas de guitarra acústica que dieron el coñazo en aquellos noventa.

Con artistas como Waxahatchee de por medio, sí que merece la pena adentrarse en cualquier revival. Lástima que la gran mayoría no tengan el talento que tiene ella.

7,9

Streaming.

Broken Social Scene – Hug of Thunder

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Han pasado siete años desde el anterior trabajo de Broken Social Scene, pero poco ha cambiado en la música del combo canadiense. Su nuevo trabajo vuelve a ser una brillante colección de canciones, ecléctica y sin ningún tipo de desperdicio. Y es que, adentrarse en un disco de los de Toronto, es adentrarse en muchos mundos diferentes. El rock, el pop ensoñador, la electrónica…un sinfín de elementos están presentes, y cada uno de sus muchos componentes aporta algo. Una especie de ensalada donde todos los ingredientes casan a la perfección.

En los últimos meses hemos escuchado unos cuantos adelantos de este “Hug of Tender”, que nos han ido dando una idea de por dónde irían los tiros. El primero fue ‘Halfway Home’, todo un himno potente y épico que, tras una pequeña intro, es el encargado de abrir el álbum. Una forma inmejorable de entrar en el disco, que sigue en todo lo alto con ‘Protest Song’, donde se meten de lleno en el indie-rock de voces femeninas. Pero, inmediatamente después, se relajan, y nos dejan otro de los grandes momentos del álbum. ‘Skyline’ forma parte de la faceta más ensoñadora del grupo, a la que, muy acertadamente, vuelven más tarde en la canción que da título al disco y en la sedosa ‘Victim Lover’.

Quizá, el único cambio radical que hay en el álbum, es la escasez de distorsión. Y es que, en comparación con sus anteriores trabajos, parece que aquí no están preocupados en hacer demasiado ruido. Es más, lo han condesado casi todo en los cuatro minutos que dura ‘Vanity Pail Kids’, un potente tema con riffs cercanos al heavy, del que todavía no sé qué pensar. Sin embargo, sí tengo claro que me gusta bastante la parte final del álbum, donde meten cortes un poco más electrónicos, como ‘Please Take Me With You’, y la estupenda ‘Gonna Get Better’. Y si ya nos vamos a ‘Mouth Guards of the Apocalypse’, nos encontramos con un cierre, un tanto extraño, en el que los ritmos electrónicos (y algo arabescos), dan paso a un crudo estribillo en el que sí sacan a pasear las guitarras potentes y distorsionadas. Además, la terminan con unas trompetas, que siempre vienen bien.

Han tardado siete años en volver, pero la espera ha merecido la pena, ya que no han perdido ni un ápice de su talento, y siguen teniendo una personalidad arrolladora.

8

All We Are – Sunny Hills

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No sé si os acordáis de All We Are y de su álbum de debut, el cual cayó hace unos años por aquí. En él nos dejaban una delicada colección de canciones cercanas al trip-hop y al dream-pop; una fusión que ellos mismos definían como “unos Bee Gees puestos de diazepan”. Algo que ahora ya da igual, porque, en su segundo trabajo, han cambiado totalmente de estilo, y han endurecido y animado su música. Algo que les hace mucho más interesantes.

Los tres componentes de All We Are son inmigrantes en Reino Unido, y eso es algo que se nota en las letras del álbum. Como es lógico, la situación política actual, tan absurda y racista, del país en el que viven, les ha cabreado bastante. Ahí están ‘Human’ y ‘Animal’, los dos singles del disco, que muestran una agresividad que no aparecía por ningún lado en su álbum de debut. Tanto la una coma la otra, nos muestran una faceta del trío mucho más potente y cruda, en la que las guitarras rugen y los ritmos se aceleran. Sobre todo en la segunda, donde entra en juego la electrónica, y crean uno de los mejores temas de los últimos meses. Además, para presentarlas, han creado una especie de corto, en el que vemos como la especulación pone en guardia a un pequeño pueblo del Reino Unido.

Uno de los puntos fuertes de “Sunny Hills” es el toque post-punk que le han dado a algunos de sus temas. El mejor ejemplo es ‘Burn It All Out’, el corte que lo abre. Aquí nos muestran unas guitarras cristalinas al más puro estilo The Cure, que hacen que nos adentremos de lleno en su lado más oscuro. Un lado que aparece de nuevo tanto en ‘Youth’, como en ‘Waiting’. Eso sí, son dos cortes muy diferentes. La primera es toda una delicia, en la que se fijan en la faceta más ensoñadora y pop de la banda de Robert Smith. Sin embargo, en la segunda, se ponen mucho más crudos y oscuros. Pero no solo de esto viven All We Are, también saben cómo hacer una canción de funk oscuro y sucio como ‘Dance’, o hacer un tema intenso y épico como ‘Punch’, con la que cierran el álbum.

Aunque me gustaba lo que hacían en su primer trabajo, me gusta mucho más este nuevo sonido, así que ha sido un buen cambio.

7,8