Iceage – Seek Shelter

A pesar de ser un gran grupo -que se lo digan a Pitchfork, que ha puesto sus cinco discos dentro de la categoría “Best New Music”-, siempre me había tirado un poco para atrás la crudeza que tenía la música de Iceage. Por eso no habéis visto ninguno de sus álbumes por aquí -sí alguna canción en las recopilaciones-. Pero esto ha cambiado con su nuevo trabajo, en el que el grupo danés se adentra en otros caminos algo más blandos. Y lo mejor es que lo hacen sin perder su personalidad y dejando que sus canciones se adapten con toda facilidad del mundo a esta nueva faceta.

Seek Shelter’ está producido por Pete Kember, más conocido como Sonic Boom, y líder de Spacemen 3. Algo que se nota desde el primer corte. Para empezar, varias canciones cuentan con un coro Gospel, lo que les acerca a propuestas como Spiritualized o Primal Scream. Pero lo bueno es que no han perdido ese toque Nick Cave con el que ya contaban. Así que la mezcla no puede resultar más interesante. Algo que se puede apreciar nada más empezar, con la estupenda “Shelter Song”, o con esa “High & Hurt” que vienen a continuación, la cual no puede sonar más a la banda de Jason Pierce.

El quinto álbum del grupo de Copenhague cuenta con varias sorpresas. Y la primera llega en forma bailable. “Vendetta” es pura psicodelia dance, y un temazo que a mí me ha recordado bastante a los Primal Scream que fusionaban el rock y la música de baile (los mejores). Pero pronto cambian de tercio, porque, en “Drink Rain” dejan descansar las guitarras, pillan el piano y unas trompetas, y nos dejan un corte de lo más delicado y clásico. Además de delicioso. Y, por si esto fuera poco, en la estupenda “Gold City”, coquetean con el rock de estadio, y se acercan bastante al mejor Bruce Springsteen. Sí, ya sé que esto puede sonar raro, pero la verdad es que la canción es todo un acierto. Además, para los que prefieren algo más sucio y contundente, se reservan la enérgica “Dear Saint Cecilia”. Eso sí, para cerrar, vuelve la intensidad con la sobresaliente “The Holding Hand”.

Supongo que este cambio descolocará un poco a algunos seguidores de Iceage, pero a mí, después de cuatro discos, me parece absolutamente necesario. Y creo que la jugada les ha salido redonda.

8

girl in red – if i could make it go quiet

No cabe duda de que la noruega Marie Ulven, más conocida como girl in red, es una de las nuevas estrellas del pop y rock actual. Lo lleva petando desde que editó su primer single, allá por 2018, cuando apenas tenia 18 años. Y todo desde la independencia más absoluta -en esos días, ahora cuenta con una distribución que ya quisieran muchos-. Pero, de alguna manera, ha conectado con la gente de su edad. La de Horton representa muy bien a esta nueva generación que lo tiene tan jodido, y que, con edades tan cortas, saben lo que es la depresión y el ver que el futuro está negro de cojones. Algo que la pandemia ha terminado rematar. Así que es normal este enorme éxito que tiene.

if could make it go quiet’ es su álbum de debut, y según ella misma, “una colección de canciones en las que habla de su salud mental y de las diferentes caras del amor”. De ahí que muchas de sus letras nos cuenten historias de amor en las que sus pretendientas no la corresponden -tremendo ese pepinazo de indie-rock llamado “You Stupid Bitch”-, o en las que se rebaja por una migaja de amor -pone los pelos de punta cuando canta eso de “When your silver is my gold” en la preciosa “midnight love”-. Porque estamos ante uno de esos discos en los que la artista se desnuda emocionalmente. Y a sus 22 años ya tiene mucho que contar.

Producido por ella misma junto a Matias Tellez, y con la colaboración de Finneas -sí, el hermanísimo de la Eilish- en alguna canción, el álbum de debut de girl in red no descubre nada en cuanto a sonido. Pero ojo, que eso no significa que no se le dé bien meterse en diferentes berenjenales. Porque sí es cierto que es un tanto ecléctico y maduro para una chica de su edad. Coquetea con el hip-hop en la inicial “Serotonin”, que la verdad es que es un temón; deja la guitarra en un segundo plano en “Body And Mind” y “hornylovesickmess”, y se mete en terrenos más electrónicos en “Rue”. Además de dejarse seducir por mundos más épicos en la estupenda “Apartment 402”, y de hacer una delicia pop como “.”.

No estamos ante un disco perfecto, ya que hay algún que otro tema un tanto edulcorado y demasiado básico, pero sí que nos presenta a una artista joven con muchas buenas ideas en la cabeza. Y lo que es mejor: sabe cómo ejecutarlas.

7,6

Dinosaur Jr. – Sweep It Into Space

Hay que reconocer que, a esta segunda etapa que Dinosaur Jr. emprendieron en 2005, se le pueden poner muy pocas pegas. Evidentemente, han sacado unos discos mejores que otros, pero todos han sido, como mínimo, notables. Y nadie que los haya visto encima de un escenario en estos últimos quince años, puede decir que sus directos no sean buenos y contundentes. Y todo esto haciendo lo mismo de siempre, y cambiando muy poco su forma de ver el indie-rock. Eso sí, también es cierto que, entre disco y disco, nos suelen dejar unos cuantos años de sequía. Así que, cuando llega un nuevo trabajo suyo, siempre causan un poco de expectación.

Sweep It Into Space’ es otro de los discos que han sufrido retrasos por la pandemia. El confinamiento les pilló con el álbum casi terminado, pero no listo del todo. Así que, tras meses de interminables arreglos, en los que J Mascis quería llenar todo de solos a lo Thin Lizzy -afortunadamente, no le dejaron-, lograron terminarlo a finales de año. Y hay que decir que, no sé si será por ese tiempo extra que han tenido, pero les ha quedado muy bien. Aunque también tendrá algo que ver la coproducción de Kurt Vile, que les ha pulido bastante su sonido.

Es probable que estemos ante el disco más melódico y directo de Dinosaur Jr. en años. La conjunción de las guitarras acústicas con las eléctricas, que juega un papel importante en todo el álbum, funciona a la perfección. Y creo que ahí tiene un poco de culpa Vile. Solo hay que escuchar esa “I Ran Away” donde el de Filadelfia toca su guitarra de doce cuerdas. Es toda una delicia en la que han rebajado su nivel de distorsión, y han apostado por dar rienda suelta a su lado más armonioso. Algo que también se puede apreciar en “And Me”, donde se sacan de la manga una guitarra que es puro The Cure. Eso sí, los solos de Mascis siguen ahí. Y, por si esto fuera poco, también se atreven con un baladón como “Garden”. Una canción compuesta por Lou Barlow, que los de Pitchfork han calificado como “english-folk pastiche”, y que a mí me flipa. Pero, quizá, lo más sorprendente del disco, llegue con “Take It Back”, en la que se ponen juguetones y le dan protagonismo a un mellotrón.

Los Dinosaur Jr. de siempre también están muy presentes en el disco. Pero también creo que, esta vez, sus trallazos guitarreros de indie-rock, tienen un punto más melódico. Y la verdad es que les viene muy bien. Temas como “I Ain’t”, “Hide Another Round” o “I Expect It Always”, entran de maravilla. Y ojo, que cuando endurecen un poco sus guitarras, no pierden ese punto más asequible. Ahí está “I Met The Stones”, la cual, a pesar de contar con unos riffs casi metaleros, también tiene su lado más pop. O “Walking To You”, que es cruda, pero muy melancólica.

Dinosaur Jr. siguen teniendo mucho que decir, y su disco número doce es una buena prueba de ello.

7,9

Beach Youth – Postcard

No sé si será por las hordas de franceses borrachos que me encuentro todos los fines de semana en mi ciudad -sí, en plena pandemia-, pero aquí estoy con otra banda del país vecino. Eso sí, estos cantan en inglés. Y es que, Beach Youth es un grupo formado por cuatro chavales normandos que están muy cómodos con unas influencias totalmente anglosajonas. Lo suyo es el indie-pop británico de los ochenta, en muchas de sus variantes, y el surf-pop de los sesenta. Porque, además, lo que tienen muy claro, es que su música siempre tiene que sonar a verano. Algo que consiguen sin muchas complicaciones en su álbum de debut.

La mayor parte del tiempo, ‘Postcard’, juega a dos bandas. Por un lado, tenemos una faceta más efusiva y acelerada, la cual les emparenta con buena parte de esos grupos que a principio de este siglo fusionaban el surf con el indie-rock. Ahí es donde entra un trallazo con alma pop como es “Love Yourself II”, que cuenta con uno de los grandes estribillos del disco. Además de nuna acelerada, y algo más punk, “In My Chest”. Pero luego tienen una faceta más british, que los lleva a componer delicias pop como “Two Bedrooms” y “Around Me”, o un corte como “Upside Down”, que no puede jugar más con la psicodelia británica de los sesenta.

Fuera de esas dos facetas, que están bastante bien, aparece un lado más melancólico, y más invernal, que les sienta estupendamente. De hecho, puede que las dos canciones que más me gustan del disco aparezcan aquí. Y es que, “Farawell”, con ese triste punteo de guitarra tan The Smiths, no puede ser más bonita. Pero es en “A Changed Man” donde juegan sus mejores cartas. Aquí se hacen con una de esas canciones de pegada inmediata que te tocan la patata a la primera escucha. Toda una delicia melancólica, en la que se dejan llevar por unas preciosas y limpias guitarras que estallan en un estribillo redondo. Eso sí, no cierran muy bien el disco. Y es que, la acústica “Say Something” termina haciéndose un tanta larga e insípida, y lo de hacerse un Orange Juice en “Back Home” no me termina de convencer mucho.

Ahora que se acerca el segundo verano pandémico de nuestras vidas, no está de más empezar a recopilar algunos discos para disfrutar de los días estivales -aunque sea con mascarilla-. Y el debut de Beach Youth es perfecto para eso.

7,5

Rat Columns – Pacific Kiss

Una vez más, hay que irse hasta Australia para encontrarse con un buen disco de pop. Concretamente, a Perth, esa ciudad alejada del resto de la civilización que tantos buenos grupos nos ha dado –Tame Impala entre ellos-. De allí es David West, el líder absoluto de Rat Columns. Aunque hay que decir que toda su aventura musical empezó en San Francisco hace ya unos cuantos años. Además, también tiene una fuerte conexión con Nueva York. Así que se podría decir que estamos ante un proyecto que se ha cocido por unas cuantas partes del mundo. No obstante, el disco que hoy nos ocupa, está grabado en Brooklyn.

Aunque David West empezó su carrera más centrado en el mundo del garage, poco a poco, se ha ido metiendo en mundos mucho más pop. Eso sí, el pop en todas sus variantes, porque en este ‘Pacific Kiss’ hay un poco de todo. Y la verdad es que esa variedad es lo que hace de este trabajo algo diferente. Además, prácticamente aciertan en todas sus facetas.

El disco empieza metiéndose de lleno en las enseñanzas de The Byrds, y por extensión, de Teenage Fanclub. Eso es lo que nos encontramos en los tres temas iniciales, donde destaca el lado más jangle de “Hey! I Wanna Give You the World”, y el punto más power-pop que tiene “I Can’t Live on Love”. Pero, en el cuarto tema, cambian de rumbo, y suavizan bastante su música. Y lo hacen para acercarse a Prefab Sprout y entregar una preciosa “No Stranger to Life”. Una faceta a la que vuelven en la reposada “She’s Coming Home”. Pero todavía hay otro giro de guion. Y es que, en cortes tan potentes como “Feeding the Fire” y “Soul Kiss I”, las guitarras rugen un poco más y se adentran en terrenos más propios del indie-rock. De hecho, la segunda, me ha recordado bastante a los primeros The Shins. Lo que siempre es una buena noticia. Y para terminar de rematar la jugada, entregan “Athens”, donde nos dejan siete estupendos minutos de indie-rock contenido y emocionante.

Pues tengo que reconocer que me he llevado una grata sorpresa con este trabajo de Rat Columns, una banda a la que no conocía -me la recomendó un seguidor de Twitter-, que maneja bastante bien todo lo que tenga que ver con el pop.

7,7

Du Blonde – Homecoming

Beth Jeans Houghton, más conocida como Du Blonde, ha terminado hasta las narices de la industria musical y de que la ninguneen constantemente. Así que, un buen día, decidió que lo que mejor era hacer todo ella misma. El resultado es ‘Homecoming’, un disco escrito, grabado, producido, y editado por la artista inglesa. Lo único que hay externo son las colaboraciones de amigos tan famosos como Shirley Mason de Garbage, Andy Bell de Ride, o Ezra Furman. Hasta los vídeos se los ha hecho ella misma, ya que también es ilustradora y creadora de contenidos de animación. Y puede estar contenta, porque el resultado es notable.

El tercer trabajo de Du Blonde es todo un torbellino en el que la de Londres se mete lleno en un garage, algo pop, y en un indie-rock muy noventero. Eso sí, no olvida ese lado más meloso y retro que tanto le gusta -la preciosa “Take Me Away” es un buen ejemplo-. Y todo esto en apenas 25 minutos que dura el álbum. Así que podríamos decir que va directa a grano.

Tenemos dos partes algo diferenciadas en este disco. Por un lado, están esos pildorazos de indie-rock absolutamente noventero que tanto recuerda a bandas como Belly o Pixies. De hecho, esa “Medicated” en la que colabora Manson -qué malo es el último single de Garbage, por cierto-, recuerda una barbaridad al “Where Is My Mind?”. Pero hay que reconocer que, a pesar de los parecidos tan notables, se le da muy bien este rollo. Ahí está la estupenda “Pull The Plug”, que abre el disco de la mejor forma posible. O esa pequeña maravilla llamada “I Can’t Help You There”, donde colabora el grupo de punk feminista de Londres The Farting Suffragettes. Y si nos vamos a “All The Way”, nos encontramos con un melódico medio tiempo en el que la acompaña Andy Bell. Sin embargo, también se deja llevar por ese lado cercano al garage y al mundo más sixties. Algo que también se le da muy bien. Sobre todo, porque se pone de lo más melódica y entrega joyitas como “Smoking Me Out” o “I’m Glad That We Broke Up”, donde aparece el siempre interesante Ezra Furman.

Du Blonde ha hecho una apuesta arriesgada con este trabajo, pero creo que puede estar tranquila, porque ha creado un disco bien majo y lleno de temazos.

7,8

Dry Cleaning – New Long Leg

La verdad es que, hace dos años, cuando puse los dos Eps de Dry Cleaning, no me esperaba que se fueran a convertir en una de las bandas de rock más importantes de su país. El grupo de Londres está teniendo una repercusión importante con su álbum de debut, que ya cuenta con muy buenas críticas y que no va nada mal en ventas -tienen todo agotado en su bandcamp-. Algo que me parece un poco sorprendente, porque no creo que su post-punk sea para todo tipo de público, pero tener un sello como 4AD detrás tiene sus ventajas.

New Long Leg’ es un disco que puede resultar un tanto desesperante. Manejan muy bien las guitarras y se dejan llevar estupendamente por los sonidos post-punk o indie-rock, pero entiendo que a mucha gente no le entre su propuesta de buenas a primeras. Más que nada por el uso excesivo del spoken-word por parte de Florence Shaw, que se pasa todo el disco recitando entre crudos sonidos de guitarra -el único comentario de un usuario que tienen en metacritic dice que parece que está leyendo el prospecto de un medicamento-. Porque también están un poco más áridos que en sus dos primeros lanzamientos, y se echa en falta un toque más melódico. 

Lo mejor de este album de debut llega cuando se ponen mucho más accesibles. La voz de Shaw funciona de maravilla en un tema como “Scratchcard Lanyard”, que cuenta con una fusión de guitarras acústicas y eléctricas que es una maravilla.  O en esa “Strong Feelings” con tintes electrónicos en la que juegan con un ritmo de lo más monótono, pero absolutamente funcional. Algo que también ocurre con la notable “Leafy”. 

Por otro lado, cuando se acercan a Sonic Youth, también nos dejan momentos brillantes. Es el caso de “Her Hippo” y “New Long Leg”, que tiran de sonidos oscuros y post-punk, pero desde una perspectiva menos árida. Es más, en la primera la protagonista es la acústica, y en la segunda Shaw incluso se atreve a cantar un poco más. Y entre lo mejor también tengo que mencionar “More Big Birds”, que es una pequeña delicia en la que aparece un piano.

Donde creo que sus música se resiente un poco y termina cansando, es en los cortes algo más crudos. Un tema como “Unsmart Lady”, con esas guitarras casi grunges, no me dice nada y me resulta un tanto cargante. Y en “A.L.C” se meten de lleno en un art-rock bastante insulso. Eso sí, para cerrar nos dejan “Every Day Car”, la cual, a pesar de esos dos minutos centrales de distorsiones de guitarra, cuenta con un final arrollador.

El álbum de debut de Dry Cleaning es notable, pero, tras esos dos primeros Eps tremendos que sacaron en 2019, me esperaba algo más. 

7,6

Wurld Series – What’s Growing

Una de las cosas que me han gustado del segundo trabajo de Wurld Series, es que no esconden sus influencias. La banda de Nueva Zelanda ha dejado bien claro que el indie-rock norteamericano de los primeros noventa es su mantra, y eso se nota bastante en las canciones de este nuevo álbum. De hecho, es bastante fácil que te vengan a la cabeza Pavement escuchando buena parte del disco. Pero oye, lo hacen muy bien. Además, para desengrasar un poco, también nos presentan una faceta más psicodélica, british y sixties, que también les sienta estupendamente. 

What’s Growing’ es un trabajo directo que va al grano y con el que es imposible aburrirse. 15 de canciones, de los cuales, la gran mayoría, no pasan de los dos minutos. Así, en cortes como “Moved In”, “Grey Men”, o “Eliminator” dejan que las guitarras sucias y algo pesadas tan típicas de aquellos años, se dejen llevar por un lado más melódico. Y funciona, porque, además, tienen cero relleno y casi van directas al estribillo. Pero también les funciona ponerse un poco más melosos y densos y entregar un corte como “Nap Gate”, en el que nos muestran esa faceta más ralentizada y perezosa de su indie-rock. Algo a lo que también vuelven al final del disco, en ese caramelo distorsionado que es “Feeling Crushed”. O “Distant Business”, que es todo lo contrario: una canción enérgica y absolutamente abrumadora. 

Como comentaba más arriba, también cuentan con un lado más británico y algo psicodélico. Eso sí, es una psicodelia cercana al folk. Algo que podemos ver en la deliciosa “Supplication”, donde juegan con las guitarras acústicas y con un órgano de lo más añejo. O ese delicado instrumental llamado “Growing (For Now)”, que es una preciosidad. Incluso, “I See”, en la que sacan los bongos a pasear, tiene su punto. Pero es quizás es en “Moat” donde muestran sus mejores cartas. Aquí, deciden que va siendo hora de juntar esas dos facetas que dejan ver en todo el disco, y hacerse con una canción donde el indie-rock se da la mano con ese lado más psicodélico. Y es todo un acierto, porque ese duelo entre una guitarra contundente y el órgano, resulta de lo más atractivo.  

Lo dicho: Wurld Series no esconden sus influencias. Y hacen bien, porque se les nota relajados y haciendo lo que les gusta. Algo que influye en el buen resultado final. 

7,7

IAN SWEET – Show Me How You Disappear

Jilian Medford se ha labrado una carrera más o menos interesante dentro del mundo del indie-rock femenino. Con su dos primeros trabajos bajo el nombre de IAN SWEET, logró buenas críticas y algo de repercusión en Estados Unidos, su país. Pero le faltaba dar con ese disco que la diferenciara un poco del resto de sus compañeras de escena, y eso ha llegado con su tercer trabajo. Un álbum que es el resultado de una crisis de ansiedad, y algo así como el ejercicio posterior a unas semanas en las que tuvo jornadas con terapias de hasta seis horas. Y ojo, porque ha hecho muy bien sus deberes.

Lo primero que sorprende de ‘Show Me How You Disappear’ es que ha dejado atrás el lado más eufórico del rock, y ha pisado el freno. Estamos ante un trabajo de canciones mayormente reposadas, pero ojo, que no es un disco de baladas. Por aquí hay distorsiones que entran sin avisar, cajas de ritmos que la acercan a otros mundos, y bastante épica contenida. No obstante, ella mismo ha declarado que antes de componer este disco repaso la discografía completa de Coldplay, el que es su grupo favorito. Pero no os asustéis, aquí solo se ha quedado con la capacidad de emocionar que tenían los de Chris Martin en sus primeros trabajos.

Estamos ante un disco bastante variado, y el fruto de haber tenido un productor diferente para cada canción. Algo que quiso desde el principio la propia artista, porque entendía que cada tema necesitaba una mirada diferente. Pero ojo, que también ha contado con Chris Coady, que ha estado los mandos de algunos discos de Grizzly Bear, Beach House o Yeah Yeah Yeahs, para mezclarlo y darle coherencia. Así, para abrir, nos encontramos con una balada sucia como “My Favorite Cloud”, donde enfrenta en duelo a la acústica y la eléctrica. Pero las tornas cambian inmediatamente después con “Drink The Lake” y, sobre todo, con “Sword”, donde entran las cajas de ritmos, y un espíritu mucho más pop. Es más, en el caso de la segunda, es hasta bailable. Y con esa pose sintética sigue en la algo más intensa “Dirt”, que también cuenta con un bestial punteo de guitarra.

El resto del disco se nutre de esa mezcla de guitarras potentes y sucias, con algunas cajas de ritmos, y un con un tono más bien tristón. Y la verdad es que es todo un acierto, porque temas como “Sing Till I Cry”, “Get Better” o “Power”, no pueden resultar más emocionantes. Algo que también ocurre con la canción titular, donde una guitarra de lo más sucia se adentra entre tortuosos ritmos electrónicos.

Estamos ante el disco de confirmación de IAN SWEET, y ante una colección de canciones emocionantes y desgarradoras, pero que también cuentan con un poso de esperanza. Una de las sorpresas del año.

7,9

Painted Shrines – Heaven and Holy

Painted Shrines es el dúo formado por Jeremy Earl de Woods, y Glenn Donaldson, de The Skygreen Leopards, y más recientemente, The Reds, Pinks and Purples. Y claro, viniendo de estos dos geniecillos, es imposible que por aquí salga algo mal. Estamos ante uno de los trabajos más deliciosos y brillantes de lo que llevamos de año. Y eso que es un proyecto que hicieron en una semana de 2018 y que habían aparcado hasta ahora. Pero claro, el parón por la pandemia, y la ayuda de Jeff Moller, de Papercuts, que grabó el bajo de todas las canciones durante el confinamiento, los ha llevado a recuperar estas canciones. Y menos mal, porque hubiera sido una pena que se hubieran quedado en el olvido.

Heaven and Holy’ es un disco que juega con la sencillez, donde no buscan sorprender, pero sí que su música resulte de lo más agradable. Van directos al grano, y eso que el disco cuenta con cinco temas instrumentales. Pero la verdad es que hasta ahí aciertan. La energía que tiene “Panoramic”, con esa guitarra que guía sus apenas dos minutos, o esa pequeña maravilla llamada “The Bzc”, la cual, con su ritmo animado, y su juguetona guitarra, produce una sensación de buen rollo y libertad, funcionan a la perfección. Si es cierto que el mundo más psicodélico de “Soft Wasp” y “Coast” no es tan resultón, pero no desentonan con el resto del álbum.

Buena parte de las canciones de este disco tienen ese aire desenfadado y sincero con el que contaban los primeros trabajos de Woods. Eso, unido al toque pop que le da Donaldson, hace que nos encontremos ante media docena de temas que rozan la perfección. Y ojo, que otra de sus cosas buenas, es que no se cortan a la hora de pisar el pedal de distorsión. Algo que muestran en esa preciosidad llamada “Satures the Eye” que abre el álbum, en la que tiran de su lado más melancólico para crear una delicia de canción de aires sixties -la influencia de The Byrds es más que evidente en todo el disco-. O en “Painted Shrines”, donde les da un ataque de distorsión absolutamente brillante. Incluso en esa preciosa balada llamada que da título al disco, en la que, por cierto, cantan los dos, tiene una buena dosis de suciedad. Y cuando esa suciedad no aparece, nos dejan temas como “Gone” o “Not So Bad”, los cuales cuentan con una delicadeza pop que es una delicia -en Pitchfork mencionan a The Go-Betweens, y la verdad es que han estado acertados-.

Ojo con este primer trabajo de Painted Shrines, porque se puede convertir en una de las grandes sorpresas de 2021. Y la verdad, espero que así sea.

8,1