Japanese Breakfast – Soft Sounds From Another Planet

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Seguro que muchos de vosotros recordáis ‘Everybody Wants To Love You’, una de las mejores canciones de 2016, y el mayor éxito de Japanese Breakfast. Aquella canción formaba parte de un debut que puso a la coreana Michelle Zauner en el punto de mira de la prensa musical, sobre todo la estadounidense, y la convirtió en una de las promesas del rock femenino. Ahora vuelve con un segundo trabajo en el que, no solo confirma su talento, también da muestras de una inquietud musical, la cual se refleja en un cambio de sonido bastante apreciable.

Si en su debut tiraba hacia el indie-rock de corte lo-fi, en este “Soft Sounds from Another Planet”, se va hacia un sonido mucho más claro y atmosférico, en el que la electrónica se fusiona con unas guitarras cercanas al shoegaze y unos paisajes de teclados de lo más ensoñadores. No obstante, estamos ante un álbum que empezó con la idea de ser un disco conceptual sobre el cosmos, y que poco a poco fue yéndose por diferentes caminos. El caso es que suena mucho más esplendoroso que su debut, y se acerca a esa idea de “banda sonora para un musical de ciencia ficción” que tenía cuando empezó el álbum.

El disco se abre con ‘Diving Woman’, una sedosa canción shoegaze, en la que Zauner, irónicamente, confiesa sus ganas de ser una ama de casa tradicional. Es junto a ‘Road Head’, que viene a continuación, la canción más atmosférica del álbum. Y es que, a medida que va pasando el disco, va soltándose y cambiando de estilo constantemente. Gracias a sus inquietudes musicales, nos encontramos con joyas como ‘Machinist’, en la que se va a la pista de baile y se deja llevar por los sonidos más ochenteros (ese saxo final); sedosas baladas, como la que da título al disco, o ‘Boyish’, que tienen un toque sixities delicioso; himnos indie-rock como ‘12 Steps’, y un delicioso medio-tiempo llamado ‘The Body Is a Blade’. Incluso se atreve a cerrar el disco con sentido del humor, el que deja ver en un pequeño corte instrumental llamado ‘Here Come the Tubular Bells’.

Quizá, por su eclecticidad, cuesta un poco pillarle el punto de buenas a primeras, pero, con las sucesivas escuchas, entra bastante bien. Además, nos muestra a una chica con un gran talento.

7,9

Waxahatchee – Out in the Storm

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No me hace especial ilusión el revival de los noventa, ya que me da bastante pereza y no le veo mucho sentido. Quizá es porque lo viví intensamente en su día y las bandas que se han apuntado a este carro no me dicen demasiado. Una de las corrientes que más está reavivando este sonido, es el rock femenino. Son muchas las chicas que en los últimos años han cogido la guitarra y el pedal de distorsión, y se han puesto a emular a grupos como Belly o Throwing Muses. Por lo general lo están haciendo bastante bien, pero, como ya he dicho antes, es algo que no me llama demasiado la atención. Aunque, afortunadamente, siempre hay excepciones. Como la australiana Courtney Barnett, y Katie Crutchfield, la chica que se esconde tras el nombre de Waxahatchee.

No es la primera vez que esta mujer de Alabama me sorprende. Ya lo hizo con algunas de las canciones de sus anteriores discos, donde, por ejemplo, no le hacía ascos a la electrónica y nos dejaba un tema tan maravilloso como ‘La Loose’. Algo que no repite en este “Out in the Storm”, ni falta que le hace. Su cuarto trabajo es una gran colección de canciones de indie-rock, en el que, salvo tres o cuatro baladas, todos los temas están plagados de distorsión. Y lo que es mejor, de buenas melodías. Además, cuenta con una estupenda producción de John Agnello, que sabe muy bien lo que es grabar este tipo de sonidos.

Crutchfield nos deja bien claro desde el principio hacia donde quiere ir. ‘Never Been Wrong’ abre el disco con potencia, y con esas guitarras distorsionadas tan características de los noventa. Aunque es un corte notable, no es ni de lejos el mejor del álbum, ese honor le corresponde a la maravillosa ‘Silver’, con la que es imposible no acordarse de Tanya Donelly y sus chicas. Lo bueno es que hay un par de temas más que están a la altura. Tanto ‘Hear You’, con esa crudeza que se desvanece en un estribillo redondo y de lo más melódico, como la sucia ‘No Question’ –por cierto, este corte me ha recordado una barbaridad a los R.E.M de “Monster”-, me han parecido de lo mejor de todo este revival noventero de los últimos años.

Donde no me convence tanto es en los temas más reposados. Si creo que se le da bien tirar de acústica y hacer un medio tiempo como ‘8 Ball’, o convertir el órgano en el protagonista, como hace en ‘Recite Remorse’. Y sobre todo ponerse ensoñadora en ‘Sparks Fly’, un pedazo de baladón de lo más bonito. Lo malo es cuando las canciones están más desnudas, y nos remite a esas otras chicas de guitarra acústica que dieron el coñazo en aquellos noventa.

Con artistas como Waxahatchee de por medio, sí que merece la pena adentrarse en cualquier revival. Lástima que la gran mayoría no tengan el talento que tiene ella.

7,9

Streaming.

Broken Social Scene – Hug of Thunder

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Han pasado siete años desde el anterior trabajo de Broken Social Scene, pero poco ha cambiado en la música del combo canadiense. Su nuevo trabajo vuelve a ser una brillante colección de canciones, ecléctica y sin ningún tipo de desperdicio. Y es que, adentrarse en un disco de los de Toronto, es adentrarse en muchos mundos diferentes. El rock, el pop ensoñador, la electrónica…un sinfín de elementos están presentes, y cada uno de sus muchos componentes aporta algo. Una especie de ensalada donde todos los ingredientes casan a la perfección.

En los últimos meses hemos escuchado unos cuantos adelantos de este “Hug of Tender”, que nos han ido dando una idea de por dónde irían los tiros. El primero fue ‘Halfway Home’, todo un himno potente y épico que, tras una pequeña intro, es el encargado de abrir el álbum. Una forma inmejorable de entrar en el disco, que sigue en todo lo alto con ‘Protest Song’, donde se meten de lleno en el indie-rock de voces femeninas. Pero, inmediatamente después, se relajan, y nos dejan otro de los grandes momentos del álbum. ‘Skyline’ forma parte de la faceta más ensoñadora del grupo, a la que, muy acertadamente, vuelven más tarde en la canción que da título al disco y en la sedosa ‘Victim Lover’.

Quizá, el único cambio radical que hay en el álbum, es la escasez de distorsión. Y es que, en comparación con sus anteriores trabajos, parece que aquí no están preocupados en hacer demasiado ruido. Es más, lo han condesado casi todo en los cuatro minutos que dura ‘Vanity Pail Kids’, un potente tema con riffs cercanos al heavy, del que todavía no sé qué pensar. Sin embargo, sí tengo claro que me gusta bastante la parte final del álbum, donde meten cortes un poco más electrónicos, como ‘Please Take Me With You’, y la estupenda ‘Gonna Get Better’. Y si ya nos vamos a ‘Mouth Guards of the Apocalypse’, nos encontramos con un cierre, un tanto extraño, en el que los ritmos electrónicos (y algo arabescos), dan paso a un crudo estribillo en el que sí sacan a pasear las guitarras potentes y distorsionadas. Además, la terminan con unas trompetas, que siempre vienen bien.

Han tardado siete años en volver, pero la espera ha merecido la pena, ya que no han perdido ni un ápice de su talento, y siguen teniendo una personalidad arrolladora.

8

All We Are – Sunny Hills

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No sé si os acordáis de All We Are y de su álbum de debut, el cual cayó hace unos años por aquí. En él nos dejaban una delicada colección de canciones cercanas al trip-hop y al dream-pop; una fusión que ellos mismos definían como “unos Bee Gees puestos de diazepan”. Algo que ahora ya da igual, porque, en su segundo trabajo, han cambiado totalmente de estilo, y han endurecido y animado su música. Algo que les hace mucho más interesantes.

Los tres componentes de All We Are son inmigrantes en Reino Unido, y eso es algo que se nota en las letras del álbum. Como es lógico, la situación política actual, tan absurda y racista, del país en el que viven, les ha cabreado bastante. Ahí están ‘Human’ y ‘Animal’, los dos singles del disco, que muestran una agresividad que no aparecía por ningún lado en su álbum de debut. Tanto la una coma la otra, nos muestran una faceta del trío mucho más potente y cruda, en la que las guitarras rugen y los ritmos se aceleran. Sobre todo en la segunda, donde entra en juego la electrónica, y crean uno de los mejores temas de los últimos meses. Además, para presentarlas, han creado una especie de corto, en el que vemos como la especulación pone en guardia a un pequeño pueblo del Reino Unido.

Uno de los puntos fuertes de “Sunny Hills” es el toque post-punk que le han dado a algunos de sus temas. El mejor ejemplo es ‘Burn It All Out’, el corte que lo abre. Aquí nos muestran unas guitarras cristalinas al más puro estilo The Cure, que hacen que nos adentremos de lleno en su lado más oscuro. Un lado que aparece de nuevo tanto en ‘Youth’, como en ‘Waiting’. Eso sí, son dos cortes muy diferentes. La primera es toda una delicia, en la que se fijan en la faceta más ensoñadora y pop de la banda de Robert Smith. Sin embargo, en la segunda, se ponen mucho más crudos y oscuros. Pero no solo de esto viven All We Are, también saben cómo hacer una canción de funk oscuro y sucio como ‘Dance’, o hacer un tema intenso y épico como ‘Punch’, con la que cierran el álbum.

Aunque me gustaba lo que hacían en su primer trabajo, me gusta mucho más este nuevo sonido, así que ha sido un buen cambio.

7,8

Land Of Talk – Life After Youth

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Land Of Talk fueron uno de los secretos mejor guardados de los últimos años de la década pasada. La banda canadiense sacó dos álbumes, y unos cuantos Eps, en los que había colaboraciones de miembros de Stars, Arcade Fire o Broken Social Scene. Incluso Justin Vernon (Bon Iver) llegó a producir su primer trabajo. Lo malo es que, ni con todas esas colaboraciones y amistades, lograron a dar con el éxito, lo que hizo que anunciaran su separación en 2010. Pero, afortunadamente, han decido probar de nuevo. Y han hecho bien, porque su nuevo álbum es realmente interesante.

Poco ha cambiado en su propuesta en los últimos años, siguen practicando un indie-rock delicado sin demasiados sobresaltos. Además, como la gran mayoría de las bandas canadienses que se van hacia este estilo, tienen un cierto toque un tanto más pop, y en sus canciones hay algo más que guitarras distorsionadas. Otra cosa que no ha cambiado es el tema de las colaboraciones, y en los créditos de este trabajo podemos ver los nombres de Sharon Van Etten, Steve Shelley de Sonic Youth o Sal Maida, bajista de Roxy Music y Sparks. Además, la producción corre a cargo de John Agnello, todo un experto en este sonido.

Uno de los puntos fuertes de Land Of Talk, es la voz de Elizabeth Powell, que se desenvuelve de maravilla entre el mundo guitarrero; ese del que dan buena cuenta en ‘Yes You Were’ y ‘World Made’. Pero no se quedan en ese sonido, y otros de los puntos fuertes de este “Life After Youth” es su diversidad. Cuando aparecen los teclados, son capaces de fabricar canciones tan sobresalientes como ‘Spiritual Intimidation’, ‘This Time’, en la que podemos escuchar la voz de Van Etten, o ‘Heartcore’. Incluso esa esquiva ‘Inner Lover’, que casi podría ser una canción de Beach House, tiene su punto. Al igual que también saben lo que se hacen cuando su música se vuelve más amable. Es el caso de ‘Loving’, una canción bonita y agradable, que no desentonaría como el tema romántico de cualquier película de los noventa, o del toque oldie de ‘Florida’, con la que cierran el álbum. Además, en las dos nos volvemos a encontrar con Sharon Van Etten, que se han implicado a tope en el disco.

Desde luego, con discos así, no está nada mal que los grupos lo intente de nuevo. A ver si esta vez tiene un poco más de suerte.

7,8

Streaming

Thurston Moore – Rock n Roll Consciousness

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A priori, un disco de Thurston Moore que contiene cinco canciones y se va hasta los 42 minutos, me da un poco de pereza, pero a los miembros de Sonic Youth siempre les doy una oportunidad. Y eso que, desde que se separaron, han tenido una incontinencia musical difícil de seguir. Además, salvo Lee Ranaldo, lo normal ha sido que se vayan hacia su faceta más experimental. Sobre todo Kim Gordon, que está haciendo discos un tanto difíciles de asimilar. Sin embargo, Moore se ha movido entre dos mundos, y sacado discos más experimentales, y otros mucho más llevaderos. Y, a pesar de la duración de los temas, este último forma parte de los segundos.

Es un poco arriesgado empezar un disco con una canción como ‘Exalted’, que se va a los doce minutos, y en la que Moore no empieza a cantar hasta el octavo, pero el neoyorquino maneja como nadie este tipo de canciones que empiezan calmadas, y que poco a poco van llenándose de distorsión. Además, al final entra su faceta más melódica. Es algo que también ocurre con ‘Turn On’, pero está, incluso, es todavía mucho mejor. En parte porque, la sección rítmica, de Steve Shelley, por supuesto, es brutal, pero también porque es un corte mucho más potente y una de esas canciones que en directo te dejan del revés. Aunque si hablamos de potencia, hay que mencionar ‘Cusp’, el mejor tema del disco, y una de las mejores canciones de su carrera. Aquí nos encontramos con un Moore muy melódico envuelto en una brutal tormenta de guitarras distorsionadas, y aceleradas. Una auténtica joya.

Los últimos minutos del disco los ocupan ‘Smoke of Dreams’ y ‘Aphrodite’, un par de cortes un tanto más áridos, en donde nos deja una de cal y otra de arena. La primera es una clásica “balada” –con su pequeño subidón en la parte intermedia- de Moore, que funciona bastante bien. Sin embargo, en la segunda, se deja fuera el tono más amable que contiene el resto del álbum, y nos deja un corte ocho minutos lleno de guitarrazos cortantes, y alguna que otra rallada más cercana a una jam session que a otra cosa.

Rock n Roll Consciousness” es un disco notable, con el que Thurston Moore se acerca a los cuarenta años de carrera en un estado de forma increíble.

7,8

Happyness – Write In

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Happyness es una de esas bandas empeñadas en recuperar el indie-rock y el indie-pop de los noventa, y hasta ahora lo han hecho muy bien. Su álbum de debut reflejaba su pasión por bandas como Yo La Tengo o Teenage Fanclub, y en su sobresaliente Ep del año pasado, pulían esas influencias y añadían otras más clásicas, como los Beach Boys. Algo que se aprecia mucho más en este “Write In”, el que es su segundo álbum.

Falling Down’, el maravilloso single que sirvió de adelanto de este trabajo, presentaba a la banda inglesa mucho más relajada y elegante que nunca. Y es que, las guitarras distorsionadas y la energía más propia del indie-rock, no están tan presentes en este álbum. Tan solo desgarran las guitarras, y siempre desde un punto de vista más pop, en ‘Anytime’, ‘Bigger Glass Less Full’, y la ya conocida ‘Anna, Lisa Calls’, una de las dos canciones que han incluido de su último Ep. Aunque la primera es un poco más ruidosa, y la última un poco más cristalina, las tres nos recuerdan a los mejores Teenage Fanclub, y eso siempre es un punto a favor.

La banda londinense le ha pillado el punto al piano, que cuenta con una gran presencia en este disco. De ahí la influencia de los Beach Boys más relajados y ensoñadores que comentaba un poco más arriba. Algo que resulta evidente en canciones como ‘The Reel Starts Again [Man As Ostrich]’, ‘Through Windows’ o ‘Victor Lazarro’s Heart’, tres cortes en los que nos dejan un sonido mucho más clásico, y algo alejado del habitual indie-rock. Pero, para los que gozan con los sonidos noventeros más relajados, también tienen un par de ases guardados en la manga. Se trata de ‘Uptrend/Style Raids’, que bien podría ser una fusión entre Pavement y Yo La Tengo, y la ya conocida ‘Tunnel Vision On Your Part’, con la que cierran el álbum de una forma inmejorable.

Quizá, tras el buen sabor de boca que me dejó el primer adelanto, no me ha parecido un trabajo tan directo como el que me esperaba, pero si es un disco notable. Además de la confirmación de que utilizan sus influencias con elegancia y sin tirar de lo más evidente.

7,7