Veik – Surrounding Structures

Últimamente, cuando me dispongo a escuchar música un tanto oscura, prefiero que se vaya hacia caminos menos trillados. La saturación post-punk que hemos tenido en las últimas dos décadas, llena de clones de Joy Division sin chicha, y con camisetas de la banda Manchester en todas las grandes tiendas de ropa, me ha hecho desconfiar de buena parte de estos grupos. Por eso prefiero a las bandas que, dentro de ese mundo, se esfuerzan en hacer algo diferente. Y ahí es donde entran los franceses Veik, que debutan con un álbum algo difícil, pero, a la vez, muy atrayente.

Surrounding Structures’ es un trabajo que tiene dos ingredientes principales. Por un lado, tenemos las guitarras algo crudas y densas, que son las que los acercan al mundo post-punk. Sin embargo, por el otro, tenemos una capa de sintetizadores analógicos que hacen que se adentren en mundos krautrock. Y hay que reconocer que esa fusión es lo que hace que este disco sea de lo más interesante. Bueno, eso, y una clara obsesión por salirse de los convencionalismos musicales. Además de unas letras que reflejan la apatía y la ansiedad del mundo en el que vivimos. Aunque ellos aseguran que no es un disco político, y que solo reflejan lo que tienen alrededor.

Aunque, como ya he dicho, no se van a lo fácil, en sus canciones siempre hay algo que te termina enganchando. Solo hay que escuchar la hipnótica “Difficult Machinery”, que abre el álbum dejando claro que han absorbido muy bien las enseñanzas de Neu! y Can. O esa “Singularism” que viene a continuación, donde la crudeza y pesadez inicial, se convierte en algo mucho más melódico en su parte final. Y todo por uno de esos sintetizadores analógicos que manejan tan bien. Y ojo, que también tienen tiempo para acercarse al synth-pop. Es el caso de “Political Apathy”, una canción en la que analizan aquellas protestas de los chalecos amarillos que inundaron Francia (y media Europa) en 2018. Y lo hacen con un ritmo más acelerado de lo habitual, y entregando el estribillo más fácil del disco.

Si es cierto que, a medida que van pasando las canciones, el disco se va yendo hacia caminos más abruptos. Pero, aun así, logran triunfar. Ahí está “Life Is a Time Consuming Experience”, donde se lo toman con toda la calma del mundo, pero donde también consiguen emocionar con esa preciosa línea de sintetizador. O esa locura kraut que supone “Château Guitar”, la cual es una absoluta barbaridad. Además de lo bien que llevan los seis minutos de densidad con los que cuenta “Downside (I Wanna Know)”, en la que presentan su lado más post-punk.

Lo dicho: dame oscuridad, pero hazlo de una forma diferente.

7,7

Andrew Hung – Devastations

Fuck Buttons llevan en un descanso indefinido desde 2013, año en el que publicaron su tercer trabajo. Un descanso que ha servido a sus dos miembros para centrarse en sus carreras en solitario. Y la verdad es que no han parado desde entonces, porque Benjamin John Power ha estado muy ocupado con Blanck Mass, el que es su proyecto personal, y Andrew Hung no ha podido estar más pluriempleado. Y es que, aparte de componer unas cuantas bandas sonoras y producir a unas cuantas artistas –Beth Orton entre ellas-, también se ha embarcado en una carrera bajo su nombre.

Devastations’ es su segundo trabajo, y según la nota de prensa que acompaña al álbum, es como el primer rayo de sol después de un periodo de oscuridad. Porque, al parecer, Hung no lo ha pasado muy bien en los últimos años. Y eso se nota en el sonido del disco, que, a pesar de tener un tono un tanto oscuro, no puede ser más esperanzador. Además, no puede ser algo más personal, porque Hung se ha encargado de tocar todos los instrumentos, de producir y mezclar sus canciones, y hasta de hacer la pintura que ilustra su portada.

La carrera en solitario de Andrew Hung tiene pocos puntos en común con la de Fuck Buttons. Sí que tira de esa épica que inundaba los discos de su banda, pero aquí lo hace desde un punto de vista más rock, e incluso más pop. De hecho, el único tema que se puede asemejar un poco a esa época es “Battle”, el corte que lo abre. Y lo hace porque es mayormente instrumental y cuenta con unos teclados épicos como protagonistas. En el resto del álbum hay un poco de todo. Así, en “Promises”, tira hacia un synth-pop algo oscuro, donde no puede evitar acordarse de Robert Smith a la hora de cantar. Pero, inmediatamente después, nos deja “Brother”, en la que una sucia guitarra se alinea con una potente batería. Y es que, este instrumento tiene bastante presencia a lo largo del álbum. Además, de diferentes formas, porque en “Colour” marca el ritmo de una forma un tanto juguetona. Y eso que la canción tira hacia un mundo más melancólico. Pero en “Light” y “Wave” aporta serenidad a las dos canciones más reposadas de todo el disco.

La parte final del álbum es un tanto más electrónica. Porque, aunque también hay baterías y guitarras, son los sintetizadores los que se llevan el protagonismo. Ahí está esa estupenda “Space”, en la que no puede haber más capas de teclados épicos. Además de su voz, que refleja desesperación. Y para cerrar, prefiere volver al synth-pop y entregar “Goodbye”, la cual no puede ser más deliciosa. Además, en ella, rebaja esa épica que inunda todo el disco y que termina resultando un poco cargante. De hecho, es el gran fallo del disco, si estuviera un poco más contenido, sus canciones serian más disfrutables.

7,3

Squid – Bright Green Field

No sé qué está pasando en Reino Unido con la música de guitarras, pero, cuando medio mundo está a otra cosa, allí están a tope con el rock y no paran de salir bandas de este tipo. Además, haciendo cosas realmente interesantes. Solo hay que ver el grupo que hoy nos ocupa. Squid vienen desde Brighton, y desde que el año pasado firmaron con el sello Warp, se han convertido en una de las sensaciones de su país, y de media Europa. Y lo mejor es que lo han hecho con algo realmente inclasificable, porque, aunque los podemos meter dentro del rock, aquí hay muchas cosas más.

Producido por Dan Carey, que ha estado a los mandos de buena parte de los últimos grandes discos de la música británica, “Bright Green Field” es un álbum complejo y difícil de asimilar de buenas a primeras. Sus canciones no entienden de estructuras convencionales, pero, de alguna manera, enganchan. Son capaces de hacer una canción como “G.S.K.”, donde, gracias a un saxo, el post-punk se adentra en terrenos del jazz. O de endurecer su sonido y entregar ocho de los minutos más intensos de 2021 en “Narrator”. Un tema en el que colabora la cantante Martha Skye Murphy, que termina aullando al más puro estilo Lydia Lunch. Y así durante todo el disco, porque cada canción es una sorpresa.

La forma de cantar de Ollie Judge, que, como dato curioso, también es el batería, recuerda a muchas cosas. Principalmente, porque tira del spoken-word constantemente, y hay momentos en los que parece Mark E. Smith, y otros en los que se acerca a James Murphy. Porque, además, también cuentan con alguna canción que se acerca a ese dance-punk que lo inundó todo a principio de siglo. Es el caso de la estupenda primera parte de “Boy Racers”, o de esa pequeña locura que es “Peel St.”. Y es que, cuando se aceleran, nos dejan los mejores momentos del disco. Es el caso de “Paddilng”, que va a toda leche, y cuenta con el estribillo más facilongo de todo el álbum. O ese intenso final que supone “Pamphlests”, donde el post-punk se alía con el krautrock y con ritmos de lo más bailables. Una autentica barbaridad.

Donde me dicen menos es en la parte central del álbum, que están un poco jazzy y algo más sosos. El saxo se convierte en el protagonista en temas como “Documentary Filmmaker” y “Global Groove”, que la verdad es que me aburren un poco. Sí funciona bastante mejor “2010”, la cual recuerda a los Radiohead de la época ‘Amnesiac’. Eso sí, hasta que las guitarras arrancan y entra una tormenta de distorsión. Porque, como ya he dicho antes, su música es imprevisible.

7,8

LNZNDRF – II

Siempre he pensado que la base rítmica es de lo mejor que tienen The National. Sobre todo, su batería, que lleva unos cuantos años sacándose de la manga unos ritmos cojonudos. Por eso es normal que me gusten tanto LNZNDRF, la banda en el que nos encontramos esa sección rítmica (los hermanos Devendorf), junto a Ben Lanz, que también forma parte de The National, además de tocar con Beirut, y Aaron Arntz, al que hemos podido ver en los conciertos de Grizzly Bear. Cuatro amigos que, de vez en cuando, se reúnen para dar salida a si lado más kraut, experimental y post-punk.

Al igual que en su estupendo álbum de debut, las canciones de este ‘II’ se toman su tiempo y no van con prisas. Grabadas en interminables jam sessions, y editadas después para darles forma, los ocho temas de este trabajo se mueven dentro de esos sonidos mayormente oscuros que mencionaba más arriba, pero también cuentan con un lado más melódico que hacen que entren de maravilla a la primera. Y esa es su gran baza, que de cortes extensos que se van a los seis y siete minutos, te sacan algo fácil de escuchar.

Lo primero que nos encontramos es “The Xeric Steppe”, un corte instrumental que cuenta con una onírica intro de más de tres minutos, pero que, a partir de ahí, se convierte en una autentica locomotora motorik. Y es que, está claro que tienen predilección por estos ritmos espídicos del kraut, como bien muestran otra vez en “Chicxulub”, en la que aparece una batería que te cansa el brazo solo de escucharla. Algo que también ocurre con esa “Ringwoodite” tan psicodélica y algo chamán.

Quizá, lo que sí que encontramos en este trabajo, y que no aparecía en su debut, son algunos momentos más pop. Y yo me alegro bastante. Sobre todo, porque hay dos temas en los que están especialmente acertados. El primero es “Brace Yourself”, el que fue el primer adelanto, y una canción absolutamente irresistible. Su ritmo, simple, pero muy efectivo, se fusiona de maravilla con su estribillo, y con esa guitarra que planea durante toda la canción. El segundo viene inmediatamente después de la mano de “You Still Rip”. Aquí se van hacia un post-punk de lo más melódico, que a mí, particularmente, me ha recordado a los Psychedelic Furs más pop. Y ojo, porque esa balada lisérgica y envolvente que es “Cascade”, y la robótica “Gaskiers”, también funcionan muy bien. Eso sí, para cerrar, prefieren volver al krautrock y en “Stowaway” nos dejan con toda una tormenta sonora.

Supongo que, al no ser la cara visible de The National, se les presta menos atención, pero ahora mismo creo que, de los proyectos en solitario de sus miembros, éste, es el más interesante.

8

Casper Clausen – Better Way

Tengo que reconocer que no me ha parado a escuchar demasiado a Efterklang. La banda danesa nunca ha terminado de llamarme la atención, pero sí que me han gustado otros proyectos que han surgido de uno de sus miembros. Concretamente de Casper Clausen, que hace unos años nos sorprendió con Liima, una banda en la que se metía de lleno en terrenos más sintéticos. Y la verdad es que obteniendo muy buenos resultados –“1982” se convirtió en una de mis canciones favoritas de 2017-. Ahora debuta en solitario, y lo hace experimentando y volviendo a darle una vuelta de tuerca su música.

Better Way’ es un trabajo creado en Lisboa, la ciudad donde vive, y la ciudad que le ha servido de inspiración para componer estas canciones. Según él mismo, escribía las canciones en el que camino que recorría de su casa en el barrio de Almada, hasta el estudio, situado en la otra punta de la ciudad. Ese paseo diario alrededor del Tajo le ayudo a dar forma a estas canciones. Así, cuando llegaba al estudio, ya tenía media parte hecha. La otra media se la dejó a la experimentación, y a jugar con un sonido cada día. De ahí que estemos ante un trabajo en el que hay avant-pop, krautrock, synth-pop o rock progresivo.

Es un trabajo producido por Sonic Boom, el líder de Spaceman 3, y eso se nota en el resultado final. Las canciones se toman su tiempo, y aquí no hay prisa ni necesidad alguna de ir directos al estribillo. Pero la cosa funciona. Solo hay que escuchar los casi nueve minutos de “Used To Think”, el tema que lo abre. Aquí juega con ritmos kraut, sonidos electrónicos, y un lado pop, que hacen que la canción se pase en un suspiro. Es junto a “8 Bit Human”, en la que directamente se va a la pista de baile, la canción más animada de todo el disco. El resto se va hacia sonidos más reposados. Bueno, miento, en la segunda parte de “Feel It Coming”, se adentra en terrenos más propios de los Talking Heads.

Me gusta especialmente cuando utiliza las texturas sintéticas para hacer canciones reposadas y sin sobresaltos. Es el caso de la estupenda “Dark Heart”, o de la emocionante “Little Words”. Aunque también hay que reconocer que “Falling Apart Like You”, en la que una guitarra acústica se convierte en protagonista, también le funciona. Eso sí, para cerrar, vuelve a las texturas sintéticas en “Ocean Wave”, la cual es notable.

7,7

Thurston Moore – By The Fire

Sonic Youth llevan unos meses editando online viejos conciertos y muy activos en las redes sociales – se han hecho un Instagram y un bandcamp, y el pasado fin de semana hicieron una Twitter Listening Party por el 25 aniversario del ‘Washing Machine’-. Si fuera otro grupo, esto podría ser señal de una posible reunión, pero viniendo de ellos y sabiendo las diferencias irreconciliables que tienen Kim Gordon y Thurston Moore, tiene pinta de que hay algún miembro de la banda que está nostálgico. Además, cuentan con sus propios proyectos en solitario, así que no vamos a montarnos películas, porque no va a pasar.

Thurston Moore está muy cómodo con su carrera en solitario, y desde que se fue a vivir a Londres no ha parado de editar singles y álbumes. El último es ‘By The Fire’, el que ya supone su séptimo trabajo en solitario, y otra vuelta de tuerca a su sonido. Porque sí es cierto que, si hay algo que ha caracterizado la carrera en solitario de Moore, es la fusión del lado más melódico de Sonic Youth, con su faceta más experimental. Algo que aquí resulta evidente en sus más de 80 minutos.

Moore empieza el disco con dos pepinazos que nos podrían hacer pensar que estamos ante el disco más Sonic Youth de su carrera. “Hashish” y “Cantaloupe” son dos cortes que gustarán bastante a los que añoran los noventa de la banda neoyorquina. Es más, la primera casi parece una adaptación del “Sunday”, y la segunda tiene un pequeño aire a “Sugar Kane”. Lo que es normal, porque también está Steve Shelley por aquí. Pero todo cambia a partir del tercer corte, los temas cada vez son más largos, y la faceta experimental empieza a ganar protagonismo. Aunque eso sí, no deja de estar de lo más melódico. Como prueba tenemos ese cañonazo llamado “Breathe”, que en sus más de diez minutos cuenta con guitarras lisérgicas y psicodélicas, tormentas de distorsión, y un toque kraut que es una maravilla. O “Siren”, en la que explaya bien a gusto en una deliciosa y envolvente melodía. Además de “Dreamers Work”, donde explora su lado más folk.

Si es cierto que hay un par de huesos un poco más duros de roer. Porque los primeros ocho minutos de distorsión con los que cuenta “Locomotives” no son aptos para todo el mundo. Aunque hay que decir que luego la canción mejora bastante. Y bueno, “Venus”, con la que cierra el álbum, no deja de ser una de esas jam sessions llenas de ruido que tantas veces amenizan sus directos. Lo bueno es que, entre medias, nos deja la potente, y algo diferente “They Believe In Love [When They Look At You]”.

Thurston Moore sigue dando buenas muestras de que puede hacer cosas realmente notables en solitario. Aunque bueno, sí es cierto que está muy bien acompañado por Steve Shelley a la batería y Deb Googe (My Bloody Valentine) al bajo. Algo que realmente ayuda.

7,9

Wand – Laughing Matter

Wand

Me parece bastante curioso que nunca me hubiera parado a escuchar a Wand. La banda de Los Angeles, liderada por Cory Hanson, ya lleva unos cuantos años, y otros cuantos discos, recibiendo buenas críticas, y llevando el rock hacia otro punto de vista. Además, está en la órbita de artistas como Mikal Cronin, Ty Segall o together PANGEA, por lo que es muy extraño que nunca haya oído hablar de ellos. Pero bueno, gracias a las listas de final de año, me he parado a escuchar su quinto trabajo, y me he llevado una más que grata sorpresa.

Quizá, al escuchar por primera vez este “Laughing Matter”, podríamos pensar que estamos ante unos Radiohead que siguen pensando en el rock. Más que nada, porque si atendemos a temas como ‘Scarecrow’, ‘xoxo’, o el maravilloso ‘Wonder’, se podría decir que siguen las directrices del lado más guitarrero de los de Oxford. Eso sí, esto hay que cogerlo con pinzas, porque, aunque la influencia está ahí, ellos mismos tienen su propia personalidad, y hay muchos matices que les hacen diferentes. Para empezar, su rock, no es tan evidente, y es un tanto más difícil de escuchar. Ahí está ‘Evening Star’, en la que Cory Hanson casi parece Thom Yorke, pero ellos mismos se preocupan de que la cosa cambie según va avanzando la canción. Y es que ese es el gran acierto del disco, que lo que parece evidente, termina no siéndolo, y siempre te acaban sorprendiendo. Así, son capaces de convencer en diferentes estilos, ya sea algo cercano al slowcore, como es el caso de los nueve minutos de ‘Airplane’, o llenando de suciedad y energía un tema de space-rock como ‘Lucky’s Sight’.

Otro de los grandes aciertos de este disco, es que no se niegan a entregar algún hit que otro. Ahí está la sorprendente y enérgica ‘Walkie Talkie’, en la que se van hacia un rock potente, pero absolutamente melódico. De hecho, no hay quién se la quite de la cabeza con tan solo un par de escuchas. Algo que también sucede en ‘Thin Air’, donde se meten en terrenos un tanto más kraut. Y ojo, porque también saben hacer cortes reposados de lo más notables. Es el caso de ‘Rio Grande’, un pedazo de baladón porque el que más de alguna estrella del rock mataría.

Estamos ante uno de esos discos que se cuecen a fuego lento, y que necesita unas cuantas escuchas para disfrutar de todos sus matices. Además, es un álbum bastante extenso, por lo que hay que tomárselo con calma. Eso sí, una vez que te adentras en él, te atrapa de lo lindo.

7,8

Corridor – Junior

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Corridor han tenido el honor de ser la primera banda francófona que edita un disco en Sub Pop. Y es que, tras quedarse prendados de sus dos primeros trabajos, el mítico sello norteamericano decidió fichar a la banda de Montreal sin dudarlo ni un momento. Eso sí, había una condición que tenían que cumplir: tener el disco preparado antes de que se acabara el año. Algo que parece que no ha costado mucho a los canadienses, ya que, en apenas dos meses, tenían el álbum al completo terminado.

Si alguna vez escuchasteis algo de sus anteriores trabajos, “Junior” os va a sorprender bastante. No porque haya un cambio de estilo, que no lo hay, sino por su sonido. Tanto “Le voyage éternel”, como “Supermercado”, contaban con un lado lo-fi que, a su vez, daba un toque más oscuro a su música. Algo que ha cambiado completamente en este disco. Ahora, su indie-rock, suena más potente, luminoso y expansivo. Y la verdad es que les viene muy bien esta claridad, porque cuentan con una sección rítmica que es todo un lujo. Ahí tenemos ese maravilloso acercamiento al kraut llamado ‘Domino’, en el que un estupendo bajo toma todo el protagonismo. O la enérgica ‘Pow’, en la que los teclados entran en juego y se fusionan con unas guitarras que son una delicia.

Que estamos ante uno de los mejores trabajos de indie-rock del año, es algo de lo que nos damos cuenta desde el principio. ‘Topographe’ es una canción intensa, donde las guitarras, algo sucias, se alían con el toque de épica justo. Un tema perfecto para abrir un disco que apenas decae en sus casi cuarenta minutos de duración. Porque, da igual que desaceleren un poco su propuesta, temas como ‘Junior’, con ese estribillo tan efusivo que entra de repente, o la ensoñadora ‘Agent double’, son excepcionales. Y si ya nos vamos su lado más acelerado, nos encontramos con la espídica ‘Goldie’, y con la algo más extraña ‘Microscopie’, en la que incluso se atreven con unos bongos. Quizá, lo que no les siente muy bien, es experimentar un poco en ‘Milan’, un tema que no termina de despegar, y en el que se quedan a medias. Pero ojo, porque, cuando se atreven con una balada, nos dejan esa pequeña joya llamada ‘Bang’, que cierra el disco de la forma más emocionante posible.

No cabe duda de que Corridor han dado un salto de gigante con este tercer trabajo, y la verdad es que hay que felicitarles, porque les ha quedado un disco estupendo en el que casi todas las canciones son brillantes.

8

La Estrella de David – Consagración

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Tengo que reconocer que, en todos estos años que David Rodríguez lleva en la música, tan solo le he prestado un poco atención a su época con Beef –por ahí tengo el CD de “La Bohème”, que era un discazo-, pero poco más. Nunca me dio por escuchar a Telefilme y a La Estrella de David. Hasta ahora, que me he vuelto loco “Consagración”, el que es el tercer trabajo de su último proyecto.

Es cierto que la culpa de que me haya puesto a escuchar a La Estrella de David a estas alturas, es de ‘Cariño’, el que es el tema más pop de todo el disco. Pero, al final, tras unas pocas escuchas, me ha cautivado en todas sus facetas. Y es que, Rodríguez toca muchos palos en este trabajo, y en él podemos escuchar retazos de flamenco, canción de autor, ritmos funkies fusionados con sonidos más étnicos, algo de kraut-rock…Lo bueno es que, en todos, se sale con la suya e impregna todo con su sello personal. Un sello personal que se deja ver en sus letras, que rebosan sinceridad, sarcasmo y mucho costumbrismo. Y eso que muchas de las canciones giran en torno al amor. Eso sí, lo cuenta a su manera.

Aunque hay alguna colaboración, como la de La Bien Querida, que canta en ‘Me ha parecido que estuvo en mi cabeza’, casi todo el disco lo ha grabado el propio David en su casa. Pero sí es cierto que suena bastante mejor que sus dos trabajos anteriores. Y es que, él mismo dice que, ahora, maneja mejor todos esos programas para grabar sin muchos medios. Y es cierto, porque le ha quedado un disco con un sonido brillante y de lo más profesional. Algo que no es de extrañar, porque también es productor. Así, nos encontramos con esa ‘Cariño’ que mencionaba más arriba, en la que un ritmo kraut se fusiona con unas guitarras a lo New Order que se te meten en la cabeza al instante, y con unos teclados ensoñadores que son una delicia. Además de esa letra de amor sincera y triste, y de ese comienzo en el que, sin venir a cuento, menciona a Isabel San Sebastián, Curri Valenzuela y Pilar Rahola. Estos sonidos más pop y sintéticos aparecen de nuevo en ‘Noches de blanco Satán’, una canción de lo más sincera, en la que nos cuenta que, una vez, una chicha le entró en un bar y no supo qué hacer. Y luego está ‘Maracaibo’, un precioso y melancólico tema de indie-pop, en el que rememora amores pasados.

La última época de David Rodríguez ha estado muy relacionada con el flamenco, ya que no solo ha producido los discos de La Bien Querida, también hay bastante de esto en sus trabajos previos. Aquí aparece en la intensa, pero realmente interesante, ‘Aceite’, en la que lo fusiona las palmas y las guitarras flamencas con un solo de eléctrica de lo más sucio. Pero también aparece en parte de ‘La canción protesta’, una pequeña locura en la que hay ritmos funkies, sonidos árabes, y palmas flamencas -mención aparte merece la letra de Luis Troquel, en la que se puede apreciar bastante mala leche-.

Por último, tenemos las baladas, donde, una vez más, vuelve a desplegar su propia personalidad. Ahí tenemos ‘La primera piedra’, una canción donde menciona El Museo del Jamón, las Olimpiadas de Barcelona, las Catedrales de Burgos y León, y en la que nos cuenta que nunca podrá hacer sus propias cecinas y morcillas por un trauma infantil con las armas. Y todo ello para hablar del mundo de los emprendedores. Pero también tenemos una canción clásica de amor como ‘Erosky’, que es bien bonita, y otra un tanto más retorcida en ‘Sonia’, que es un poco un más extraña. Además de esa ‘Amor sin fin’, con la que cierra un gran álbum yéndose hacia sonidos un poco más experimentales y minimalistas.

8

Hookworms – Microshift

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Tengo que reconocer que, hasta hace unos días, que un seguidor del blog me los recomendó por Twitter, no tenía ni idea de quiénes eran Hookworms. Y la verdad es que me alegro de esa recomendación, porque me he encontrado con una banda realmente interesante. Formados en Leeds hace ocho años, estos cinco chicos, pertenecen a esa oleada del rock británico más “arty”; esa que huye de la simpleza que inunda buena parte de la música de guitarras de su país. Gracias a esto, han recibido muy buenas críticas, y han logrado que se fijen en ellos fuera del Reino Unido. Es más, su álbum de debut, fue elegido el mejor de 2013 por publicaciones como Brooklyn Vegan y Drowned in Sound.

Microshift” es su tercer trabajo, y en él encontramos cambios importantes en su sonido. Sus dos primeros discos eran más sucios, y las guitarras rugían con bastante intensidad. Además, su cantante, se dejaba su desgarrada voz en cada canción. Sin embargo, ahora, sus canciones suenan más expansivas y envolventes, dejando que sea su lado más pop el que gane la partida. Han llenado el disco de cajas de ritmos, samplers caseros, loops, y sintetizadores modulares, logrando dar con un sonido vigoroso, y cercano al krautrock y a la psicodelia. Y lo más importante: logran que funcione. Canciones como ‘Ullswater’ y ‘Opener’ que llegan a los ocho minutos, casi se hacen cortas, y los siete minutos de ‘Negative Space’, son absolutamente maravillosos y de lo más pegadizos. Sobre todo esa emocionante parte final.

La acelerada ‘Static Resistance’ es la canción que más recuerda a los antiguos Hookwoorms, que eran un poco más acelerados y urgentes. Aquí traen de nuevo esa aceleración, pero cambian las guitarras sucias por un sintetizador modular que hace que estemos ante un tema absolutamente kraut. Pero también saben utilizar sus nuevos juguetes para crear canciones más tranquilas y ensoñadoras. Es el caso de ‘Each Time We Pass’, un tema cautivador, en el que colabora Alice Merida Richards, la cantante de Virginia Wings. Sin embargo, sus cacharros se les atragantan en ‘Boxing Day’, una pequeña locura que resulta un poco insoportable. Afortunadamente, lo solucionan poco después con ‘Shortcomings’, el tema que cierra el disco, y la canción en la que el pop aparece de nuevo.

Ojo con Hookworms, que nos pueden dar muchas alegrías y convertirse en una de las bandas favoritas de los críticos de buena parte del mundo. De momento, Pitchfork ya les ha dado su bendición.

7,8