Shamir – Shamir

Shamir sigue a su ritmo, editando discos cada dos por tres, y dejando que su lado más rock siga mandando en su música. Y es que, la transformación que sufrió tras el éxito de su primer trabajo, es de las más curiosas que se han visto en la música actual. También es cierto que tuvo una crisis psicótica, con la que descubrió que era bipolar, se mudó de Las Vegas a Filadelfia, y ahora está de lo más contento con su género. O, mejor dicho, sin él, porque se considera una persona negra, queer y no binaria.

Shamir’ es su segundo trabajo de 2020 tras es el potente ‘Cataclysm’, el cual publicó el pasado mes de marzo sin mucho éxito. En gran parte ha sido por su culpa, ya que se autoedita sus propios trabajos, y no hizo mucha promoción de él. De hecho, tardó bastante en subirlo al gigante del streaming sueco -no todo el mundo puede asumir los gastos de subir la música a esa plataforma-. Todo lo contrario que con este álbum homónimo, el cual está promocionando muy bien desde su primer adelanto. Y hace bien, porque el disco está lleno de hits potenciales y tiene muchas posibilidades.

Estamos ante otro trabajo grabado íntegramente en la cuarentena. Aunque sí es cierto que, como Shamir siempre graba los discos en su casa, tampoco hay mucha diferencia. Es más, se podría decir que se lo ha currado un poco más, e incluso suena algo más profesional. Y también mucho más pop, porque, aunque no ha dejado de lado la música de guitarras, sí que ha suavizado un poco su sonido. Así, se ha sacado de la manga una buena tanda de temazos con sabor al pop de los 90 -menciona a Gwen Stefani como una de sus influencias-. Es el caso de la tremenda “On My Own”, que se ha convertido en un pequeño éxito. Pero también de la preciosa “Running”, o de la algo más la acelerada “Pretty When I’m Sad”. Y ojo, porque el lado más rock que aparece en “Diet” también es estupendo. Como lo es esa fusión de hard-rock y pop que encontramos en “Paranoia”, o ese regreso a su lado más lo-fi en “I Wonder”, que no puede ser más TV On The Radio.

Es innegable que estamos ante ese disco que puede hacer resurgir a Shamir, ya que parece que por fin ha dado con el sonido que estaba buscando durante todos estos años. Y eso es algo que se nota en sus canciones, que brillan como hacía tiempo que no lo hacían.

7,9

Black Marble – I Must Be Living Twice Ep.

La crisis sanitaria ha llevado a muchos artistas a lanzarse al mundo de las versiones y a destrozar las canciones de otros desde el salón de su casa. Pero hay artistas que se toman este asunto como algo más que un entretenimiento con el que pasar las horas muertas durante un confinamiento. Uno de ellos es Chris Stewart, el hombre que se esconde tras Black Marble. El norteamericano ya tenía grabadas antes de la pandemia las versiones que forman su nuevo Ep, las cuales ha tocado en su directos decenas de veces. Y, de hecho, no es más que una petición de algunos de los seguidores de sus conciertos, que siempre le preguntaban cuando las iba a grabar.

I Must Be Living Twice’ entra dentro de ese synth-pop de dormitorio que tan bien se le da al de Brooklyn. Así, a pesar de haber elegido a cinco artistas muy diferentes, le ha dado un sonido de lo más coherente a este Ep. También es cierto que hay temas que no ha cambiado mucho, como es el caso del “Johnny and Mary” de Robert Palmer, al cual solo le ha bajado un poco las revoluciones y le ha dado algo más de oscuridad. Algo parecido a lo que hace con “Emma’s House”, uno de los clásicos de The Field Mice. Y quizá también con “Poison Tree”, un viejo tema de Grouper, al cual no le ha quitado su sobriedad, pero sí le ha dado algo más claridad.

Lo mejor del Ep llega con las versiones de Wire y Lives of Angels. Aquí sí que hay cambios sustanciales respecto a las canciones originales. Así, en la primera, convierte un tema post-punk de la última etapa de la banda de Londres, en todo un pegadizo himno de synth-pop. Más interesante todavía es la revisión que hace de “Golden Age”, un tema de 1983 de la banda de inglesa de culto Lives of Angels. Aquí, saca a relucir todo el alma pop escondido en la canción original, y crea un tema en el que casi se adentra en mundos más new-romantic. Una joya.

7,5

Tilly and the Wall – Woo!

No sé si los seguidores más viejos del blog se acuerdan de Tilly And The Wall. Yo mismo, a pesar de que puse alguno de sus discos hace porrones de años, me había olvidado de ellos. Y es que, tampoco tuvieron un éxito muy importante, pero sí que fueron bastante reconocidos por la crítica. Quizá, por eso, ahora, se reedita el que fue su primer mini-álbum, el cual publicaron ellos mismos en 2003. Además, también han lanzado una recopilación con lo mejor de su carrera, así que parece que este es el año del resurgimiento de la banda de Omaha.

Woo!’ esta grabado de una forma bastante amateur y, curiosamente, en el sótano de Conor Oberst. El líder de Bright Eyes fue uno de sus máximos apoyos, y siempre que pudo se los llevó de gira o les echó un cable. En cualquier caso, ese amateurismo, le viene bien a este trabajo. Principalmente, porque destaca de una de las características principales que tenia la banda: contaban con una bailarina de claquet como percusionista. Algo que se deja ver en una buena parte del disco. Solo hay que escuchar esa “I Can’t Belive You” que lo abre, en la que nos presentan su pop dulce y lo-fi con un buen zapateo. Y así siguen en “Shake Shake”, el corte que viene a continuación, o en esa “Sad for Days” que lo cierra.

Lo bueno que tiene este mini-álbum, es que en él ya se puede ver que eran una banda con un gran talento para las melodías pop. Algo que se aprecia de sobra en cortes más reposados, como es el caso de “Do You Dream At All?”, que casi podría pasar por una canción de Belle & Sebastián. O esa “In Bed All Day”, en la que incluso se acercan un poco al folk. 

Sin lugar a dudas, estas seis canciones reflejan el principio de una de las bandas más personales del pop norteamericano de la pasada década. La lástima es que se quedaran en una banda de culto más que en otra cosa. 

7,9

Young Guv – Guv I / Guv II

young guv

Me gusta mucho cuando el miembro de un grupo se sale por completo de su sonido en una banda paralela. Es el caso de Ben Cook, guitarrista de los potentes Fucked Up, que tiene un proyecto llamado Young Guv, en el que se deja llevar por su pasión por el power-pop y el indie-pop. Y la verdad es que se le da bastante bien. Por lo menos en estos dos Eps, llamados, muy originalmente, “Guv I” y “Guv II”. El resto de sus trabajos no los he escuchado, a ver si me pongo un día con ellos.

El primer volumen de “Guv” se publicó el pasado mes de agosto, de ahí que muchos de nosotros ni nos enteráramos. De hecho, ha sido gracias al segundo, que se publicó hace pocas semanas, por lo que hoy estoy hablando de ellos. En esta primera entrega, nos encontramos con su faceta más clásica. Con esto me refiero a que, sus preferencias, tiran más hacia grandes artistas de eso que llamamos power-pop. Así, resulta inevitable no acordarse Elvis Costello, Big Star o The Romantics. Y es que, temas como ‘Patterns Prevail’, ‘Every Flower I See’, o ese balandón llamado ‘Didn’t Even Cry’, cuentan con ese sonido propio del pop de guitarras de mediados de los setenta. Pero, a pesar de que es un estilo bastante trillado, se le da bastante bien, y consigue que suene fresco. Y cuando se actualiza un poco, y se mete en terrenos más cercanos al indie-rock, como es el caso de ‘Roll With Me’, también acierta de pleno. Aunque claro, en un trabajo de estas características, es imposible que no aparezcan dos grupos claves: The Byrds y Teenage Fanclub. Los primeros se dejan ver en esa maravilla de aires sixties llamada ‘Luv Always’, donde aparecen esas guitarras cristalinas tan del mítico grupo de los sesenta. Y los segundos aparecen en dos cortes tan deliciosos como ‘High On My Mind’ y ‘A Boring Story’.

7,8

El segundo volumen empieza como acaba el primero: acordándonos de la banda de Norman Blake. Y es que, ‘She’s A Fantasy’ es puro Teenage Fanclub. Pero no es la única canción que tira por estos derroteros. La potente ‘Try Not To Hang On So Hard’, y ‘Can I Just Call U’, que es un poco más acelerada de lo normal en estos casos, también beben bastante de los escoses. Y hasta aquí las similitudes con el primer volumen, porque en esta segunda entrega entran en juego las cajas de ritmos y los sonidos un poco más electrónicos. Y es que, en los primeros trabajos que hizo con este proyecto, estos ingredientes estaban más que presentes, y aquí los recupera y los emplea de formas muy diferentes. Tenemos el soft-pop cercano al disco de ‘Caught Lookin’’; el pop ochentero sin complejos de ‘Trying To Decide’; el lo-fi a lo Ariel Pink de ‘Song About Feeling Insane’, o esa balada sintética y ensoñadora llamada ‘Can’t Say Goodbye’, la cual, podría haber fabricado cualquier grupo de los ochenta. Y lo mejor de todo, es que todas ellas funcionan a la perfección, por lo que hay que decir que, en este caso, lo de ser bastante ecléctico, le ha venido bien.

7,9

Tenemos que estar muy atentos a estos Young Guv de Ben Cook, porque, en pocos meses, ha editado un buen puñado de canciones notables. Y eso no creo que haya sido fruto de la suerte.

Part Time – Modern History

part time

David Loca y sus Part Time ya son unos habituales del blog. La banda de San Francisco ha pasado por aquí unas cuantas veces y, aunque no han caído todos sus discos, sí que he hablado de unos cuantos. De hecho, el año pasado, os recomendé su anterior trabajo, que estaba bastante bien. La lástima es que, en su nuevo álbum, no hayan seguido el mismo camino. Porque Loca, que se encarga de todo lo que suena en sus discos, se ha venido muy arriba, y nos ha dejado un trabajo que se va más allá de la hora. Y claro, un disco de bedroom-pop tan largo, termina resultando bastante excesivo.

Modern History” reincide en ese pop lo-fi angelino del que tantos discos se han nutrido en la última década. Cuenta con su toque sintético, sus guitarras cristalinas, y esa aura de suspense hollywoodiense tan característica de la meca del cine. Hasta ahí bien, porque ese rollo es el que encontramos en cortes como ‘White Agents’, ‘Everyone’s Got a Gun’, ‘Some Will Crawl’, el tema titular, o ‘Mints’. Canciones que, a pesar de ser bastante lo-fi, funcionan bien. Y es que, esa mejora de la producción que había en su anterior trabajo, aquí brilla por su ausencia. Algo que también termina cansando un poco.

Loca ha querido experimentar con nuevos sonidos en este trabajo, y de ahí que sea tan irregular. Porque, cuando se sale de su zona de confort, no logra brillar en todos los momentos. Así, nos encontramos con una buena cantidad de cortes instrumentales, o pseudo instrumentales, como ‘A Pixies Dream’ o ‘Egyptian Moon’, que pueden llevar al tedio más absoluto. Sí es cierto que luego hay nuevas influencias que sí se le dan bien. Es el caso de esa ‘The Adventures of Sally the Sea Turtle’ tan jipi, o del rock psicodélico de ‘Happy Birthday Ricky’, que es una rareza bastante curiosa. Además de hacer su propia banda sonora de Drive en ‘Perennials’, o de tirar al synth-pop más primitivo en ‘Vertebraeker’ y ‘Drugs Drugs Drugs (Synthetic)’, que no están nada mal.

Es un error muy común en todos estos artistas de pop lo-fi lo de lanzarse a la piscina y editar todo lo que tienen a mano. Y claro, al final, sus carreras se resienten, porque, de vez en cuando, hay que saber cuándo parar.

6,9

Clairo – Immunity

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Llevo buena parte del verano escuchando este disco, pero hasta hoy no había leído nada de la historia de Clairo, y la verdad es que hay bastante salseo detrás de ella. Principalmente, porque la han acusado de valerse de los contactos de su padre –un alto ejecutivo con muy buenos amigos en la industria musical-, para llegar hasta donde está ahora. Además de ponerle la etiqueta de “industry plant”, que es algo así como un producto, ya sea musical, u otra cosa, muy bien planeado, pero que se vende como algo independiente y nuevo. Vamos, un clásico. Pero, tras todo esto, hay una gran artista que nos presenta un álbum de debut de lo más sólido, en el que hay un buen número de canciones notables.

Bedroom-pop, dream-pop, R&B, lo-fi, indie…“Immunity” se mueve entre varios estilos musicales, cuando nos los fusiona todos a la vez, y la mezcla resulta de lo más interesante. A pesar de que cuenta con la ayuda de Rostam, el antiguo miembro de Vampire Weekend, que produce el disco y colabora en varias canciones, ella se ha encargado de casi todo. Algo que lleva haciendo desde la adolescencia, cuando subía sus temas al bandcamp. Lo bueno, es que Rostam, que es lo más parecido a un genio de la producción que tenemos ahora, le ha dado un sonido impresionante a sus canciones, que brillan y están llenas de matices.

El disco se abre con ‘Alewife’, una balada que bien podría haber formado parte del anterior trabajo de Vampire Weekend. En ella, consigue que el tono lo-fi se adentre en terrenos más delicados, y se fusione de maravilla con un piano y un teclado. Pero, a pesar de que estamos ante un disco un tanto reposado, no es un disco lleno de baladas. Es algo que se deja ver desde ‘Impossible’, el segundo corte, donde le da casi todo el protagonismo a la batería, la cual se adentra en mundos del “funky drummer”. Pero sobre todo en ‘Sofia’, en la que entran en juego las cajas de ritmos, y la guitarra de Danielle Haim, para crear todo un hit de lo más esperanzador. Y es que, su voz, delicada y dulce, casa de maravilla con esa fusión de ritmos r&b y sonido lo-fi. Algo que se ve perfectamente en ‘North’ y ‘Bags’, que son de lo mejor del disco.

La parte final del álbum sí es que más calmada. Pero no pasa nada, porque también sabe muy bien lo que se hace. Lo demuestra muy bien en la minimalista ‘White Flag’, que cuenta con una guitarra a lo New Order que es una delicia. O en ‘Feel Somenthing’, donde juega un poco a ser Lykke Li. De hecho, la nueva faceta urban de la cantante sueca, también asoma en la parte final de ‘I Wouldn’t Ask You’, la estupenda canción que cierra el álbum.

8

Trudy and the Romance – Sandman

trudy and the romance

Los medios ingleses dicen que la música de Trudy and the Romance es inclasificable, y tan solo se mojan para decir que beben del rock de los 50. Algo que sí resulta evidente con una escucha. Pero este trío de Liverpool va mucho más allá. El toque sucio que tienen sus grabaciones, y su afición por las bandas sonoras de Disney -sí, eso es algo que han confesado ellos mismos, y que se ve a lo largo de todo el disco-, hace que sus canciones suenen diferentes. O por lo menos, no como el típico grupo de los dosmiles que se fija en el garage de los 50.

Sandman”, o lo que es lo mismo, del disco con la portada más fea del año, es su álbum debut. Aunque, eso sí, llevan sacando singles y girando desde 2015. Un recorrido que les ha hecho cambiar un poco, porque hay algo de diferencia entre sus primeros singles y las canciones de este trabajo. Sobre todo, de madurez, ya que aquellos primeros temas sonaban un poco más convencionales, y en estos, ya muestran un sonido más propio.

Curiosamente, lo mejor de este debut, son las baladas. En ellas es donde dan muestras de querer hacer algo diferente, y salirse un poco de lo que se hace en el rock de su país. Ahí está ‘My Baby’s Gone Away’, en la que su cantante le pone un dramatismo especial a su forma de cantar, y donde los pianos y los coros se fusionan con una producción un tanto lo-fi. Algo que también ocurre con ‘The Crying Girl’ o ‘Candy Coloured’, en las que no puede ser más evidente la influencia de Elvis. Pero es en esos temas que beben de las bandas sonoras de Disney, donde mejores resultados obtienen. O por los menos, donde se ponen más interesantes. Porque ‘Doghouse’, con ese estribillo redondo, y esos coros, es casi perfecta. Y si ya nos vamos a ‘Sand Orchestra’ y ‘Lullabye’, nos encontramos con dos canciones que podrían haber salido de una película de los cincuenta.

No solo obtienen buenos resultados en su faceta más tranquila, también se les da bien ponerse un poco más eufóricos de vez en cuando. Es el caso del tema que le da título al álbum, donde se van hacia un garage de lo más melódico, y en el que no se olvidan de los coros que inundan todo el disco. O de ‘Midnight’s Blue Girl’, la cual es un poco más pop.

Desde luego, se puede decir que estamos ante un proyecto curioso que, además, funciona bastante bien. De hecho, están obteniendo bastante reconocimiento en su país, el cual ya se han peinado varias veces.

7,7

Karen O & Danger Mouse – Lux Prima

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Puede que Yeah Yeah Yeahs sea una de las bandas más perezosas de la actualidad. Su último disco data de 2013, y no tiene pinta de que este año vayan a sacar algo nuevo. Además, tampoco tocan mucho en directo, y son contadas las actuaciones que hacen cada temporada. Quizá, por eso, Karen O va picoteando de aquí y allá, haciendo colaboraciones, o canciones para películas. Aunque los otros miembros no están parados, porque veo que el guitarrista acaba de entrar a formar parte de The Rentals, y el batería tiene un proyecto en solitario de jazz experimental. ¿Se habrán separado? Espero que no.

Lo que nos ocupa hoy, es esta nueva aventura que se ha montado Karen O con Danger Mouse, productor de lujo y miembro de Gnarls Barkley y Broken Bells. Una unión curiosa que, por supuesto, da unos resultados igual de curiosos. No puedo decir que funcione en todo momento, pero creo que sí están bien coordinados. No obstante, Mouse es un rey del sonido y la producción, y siempre está bien escuchar la voz de la neoyorquina. Así que, cuando los astros se alinean, aparecen los buenos momentos. Es el caso de ‘Woman’, todo un trallazo de neo-soul, que casi parece un remix Yeah Yeah Yeahs hecho por el propio Mouse. También funcionan esa especie de pop sesentero al que se asoman en ‘Leopard’s Tongue’, y el folk cósmico de ‘Ministry’. El resto ya es más irregular.

Se han venido un poco arriba empezando el disco con el tema de nueve minutos que le da título. Aunque se podría decir que son tres cortes en uno, porque tiene tres partes muy diferenciadas. Primero, una especie de intro ambiental, y algo espacial, que pasa a un llamativo r&b lo-fi, y que termina con una parte que bien podría haber salido de un disco de Air. Una canción que sirve de resumen para lo que nos encontramos en el resto del álbum. Porque ese soul cósmico también aparece en la deliciosa ‘Turn The Light’, y el pop etéreo es el protagonista de la algo sosa ‘Drown’. Además, en la preciosa ‘Reveries’, se adentran en terrenos lo-fi para irse hacia un folk que acaba de forma un tanto épica. De hecho, se podría decir que el único tema de rock es ‘Redeemer’, y tampoco es que sea muy destacable. Casi prefiero el pop chanson de ‘Nox Lumina’, con la que cierran el álbum.

No se puede decir que sea un álbum perfecto, pero sí que se han coordinado bien y han creado un trabajo coherente que tiene algunos momentos notables.

7,5

Molly Nilsson – Twenty Twenty

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No puedo ser más fan de Molly Nilsson y de su synth-pop ochentero de tintes lo-fi. La artista sueca, afincada en Berlín, ha conseguido hacerse con una discografía de lo más interesante sin necesidad de recurrir a gente externa que se interponga en su carrera. Ella compone todas sus canciones, toca todos los instrumentos en su propio estudio, hace las portadas, edita los discos en su sello, organiza sus giras…No deja que nada se inmiscuya en su música, ni siquiera Spotify, plataforma a la que le tiene tirria y en la que solo encontrareis uno de sus trabajos. Y así, con esa independencia, ya por su octavo álbum.

En la nota de prensa de este álbum, la propia Molly Nilsson comenta que ese “Twenty Twenty” que le da título, viene de una especie de rayada que tuvo en la sala de espera de un aeropuerto de Tokyo en el que había un anuncio de las próximas olimpiadas de verano. A raíz de ahí, empezó a pensar que era un año que parecía lo suficientemente lejos como para ser el futuro, pero, a su vez, lo suficientemente cercano para verlo con claridad. Así que, entre supersticiones por ser un año bisiesto, además del de la rata, y mil cosas más que pasaban por su cabeza, se puso a componer las diez canciones que forman este trabajo.

Si en su anterior álbum, el genial “Imaginations”, logró dar con la mezcla perfecta entre los temas más movidos y los más reposados, aquí ha optado por dar protagonismo a estos últimos. La gran mayoría de canciones del disco son baladas sintéticas en las que la sueca despliega toda su melancolía entre teclados vintage y sonidos lo-fi. Así, nos encontramos con pequeñas maravillas como ‘Every Night Is New’, ‘A Slice Of Lemon’, o la minimalista ‘Serious Flowers’. Pero también se anima un poco de vez en cuando, y ahí es cuando entran en juego ‘Gun Control’ y ‘Days Of Dust’, en la que incluso aparecen algunas guitarras distorsionadas. Y no contenta con eso, también tiene tiempo de experimentar en el instrumental ‘Intermezzo: My Mental Motorcycle’, en donde el saxo se convierte en el gran protagonista.

Quizá no es tan redondo como su anterior trabajo, pero no deja de ser otra gran colección de canciones de una artista que ha demostrado que, yendo completamente a su bola, puede hacer muchas cosas interesantes.

7,8

Unknown Mortal Orchestra – Sex & Food

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Tengo que reconocer que llevo unos días dándole vueltas a este disco, y todavía no sé muy bien qué pensar de él. Por un lado, cuando escuché el primer single, no me gustó nada. Principalmente, porque ese sonido sucio no me cuadraba para nada con su anterior trabajo, en el que tiraba del funk y el soul. Dos estilos que, a la postre, siguen siendo protagonistas en este nuevo álbum, en el que también mete algo de rock, disco y psicodelia. Todo envuelto en una capa de baja fidelidad que recuerda un poco al sonido de sus primeros trabajos.

Los discos de Unknown Mortal Orchestra suelen girar en torno una misma temática, y este no es una excepción. Además, lo deja bien claro con el título, porque aquí lo que encontramos son canciones que hablan de sexo y comida. Lo que, según el mismo, son dos de las cosas más placenteras de la vida de una persona. Ruban Nielsen utiliza estos dos temas para hacer una radiografía del consumismo en el que estamos inmersos, y en cómo nos está afectando esta fiebre absurda que nos lleva a consumir sin necesidad alguna.

Si obviamos la corta intro que abre el disco, podríamos decir que “Sex & Food” empieza de la forma más potente posible. Porque, la primera canción como tal, es esa ‘American Guilt’ que eligió como primer single y, que como he dicho un poco más arriba, al principio no me gustó nada. Al final me ha terminado entrando, porque hay que reconocer que, ese riff tan cerdo, tiene su punto, pero no se va a convertir en una de mis canciones favoritas. Al igual que tampoco lo va a ser ‘Major League Chemicals’, la otra canción en la que vuelve a sacar a pasear las guitarras más sucias. Aunque, aquí, también le da protagonismo a un Hammond que mola bastante y suaviza un poco la canción.

En parte, el salto de popularidad que dio con su anterior trabajo, fue por culpa de los sonidos funk y soul, y de una mejoría en la calidad de sonido, así que sería absurdo no repetir la fórmula por la que tantos elogios recibió. Y la verdad es que acierta de pleno, porque temas como ‘Everyone Acts Crazy Nowadays’, ‘How Many Zeros’ o ‘Hunnybee’, que se centran en esos sonidos, son estupendos. Al igual que algunas de las baladas, como es el caso ‘If You’re Going to Break Yourself’ y ‘Ministry of Alienation’, que también son notables.

A pesar de que nos engañó con el primer single, no estamos ante el disco rock de Unknown Mortal Orchestra, y sí ante una continuación lógica de su anterior trabajo, en la que explora un poco con otros sonidos.

7,7