Taraka – Welcome to Paradise Lost

Supongo que el nombre de Taraka Larson no os dirá mucho, pero si menciono de Prince Rama, muchos y muchas os acordareis de este excéntrico dúo de Brooklyn que hacia un pop bailongo y psicodélico de lo más chulo. Junto a su hermana Nimai, tuvieron una carrera de lo más productiva y llegaron a editar nueve discos en apenas una década, pero en 2019 anunciaron su separación. De hecho, la propia Taraka, juró que dejaba la música por completo y que no quería volver a grabar más discos. Un juramento que no le ha durado ni dos años, porque ahora nos deja el que es su álbum de debut en solitario.

Welcome To Paradise Lost’ nace de una especie de auto-confinamiento que se impuso la propia Taraka. Incomunicada en una calurosa casa de Texas sin internet y con una serpiente como única acompañante -supongo que la de la portada-, Larson empezó a plantearse un poco su futuro. Así que, ayudada por alguna que otra fumada, y una colección de discos de grunge y punk de su adolescencia, las canciones empezaron a brotar. De hecho, lo hicieron de la forma más natural posible, ya que cogió su guitarra y una grabadora, y prácticamente surgieron todas a las primeras de cambio. Eso sí, luego tomaron cuerpo y se enriquecieron con la ayuda de sus amigos Ryan Sciaino (Spank Rock, Prince Rama, Win Win) y Tim Koh (Gang Gang Dance, Conan Mockasin, Haunted Graffiti).

Estamos ante uno de los discos que más me ha sorprendido en los últimos meses. En parte, porque no me esperaba que su carrera virara hacia mundos más punk y guitarreros, y en parte porque las canciones son un artefacto sonoro de lo más potente. Ahí está el tema titular, que es todo un torbellino punk de lo más melódico. O “Ride or Die”, que no puede sonar más a 1977 y al CBGB. Pero ojo, que también sabe lo que es irse al grunge más melódico y entregar una joya como “Psychocastle”.

Otra de las cosas que me ha sorprendido de este álbum es que sabe irse hacia diferentes palos sin que el disco se resienta. Así, es capaz de tirar hacia una new-wave un tanto loca y acerarse a los B-52’s psicotrópicos en las geniales “Total Failure” y “0010110”. O de dejar el punk de lado y entregar un delicioso tema de pop guitarrero en “So Happy For You”. Incluso le sale bien irse al rock de los sesenta en “Bad Bonezz”. Y para terminar de sorprender, “Old Gloves”, una preciosa balada al piano que cierra el disco de la forma más cinematográfica posible.

8

N0V3L – Non Fiction

El post-punk no ha dejado de estar ahí desde finales de los setenta, que fue cuando vivió su explosión, pero sí es cierto que en los últimos años no han parado de salir grupos que tiran de este rollo. Solo hay que escuchar a bandas como Squid o Black Midi, que lo fusionan con otros estilos y se van al rollo menos melódico del asunto. Pero siempre hay muchas formas de ver un mismo sonido, y ahí es donde entran los canadienses N0V3L. Lo suyo se aleja de las enseñanzas de The Fall que tanto gustan a los grupos británicos, y se adentra en terrenos crudos, pero más cercanos a la new-wave de los ochenta. Algo que, yo, personalmente, prefiero.

Para entender ‘Non Fiction’, el que es su segundo trabajo, hay que estar un poco al corriente de su entorno. Estamos ante una banda de claro carácter político y totalmente anticapitalista. De hecho, pertenecen al Crack Cloud Collective, una especie agrupación de artistas de Vancouver que hace un poco de todo. Y todo esto se refleja en las letras y el sonido del disco, que tiran hacia el pesimismo y dan buena cuenta de la mierda de mundo en el que vivimos. De ahí ese titulo tan esclarecedor.

Guitarras algo chirriantes, bajos crudos pero muy rítmicos, ritmos entrecortados…La propuesta de N0V3L no inventa nada nuevo, pero sí que suena autentica. Y es que, me gusta que se adentren en otros mundos y se acerquen a sonidos más melódicos. Solo hay que escuchar temas como “Untouchable” o “Group Disease”, que son una maravilla, y que incluso pueden recordar a los primeros Talking Heads. Es más, ese juego de guitarras que tienen, también nos puede hacer pensar en Television. Algo que también puede pasar con la notable “Stranger”.

Otra de las cosas que hace que se salgan un poco del sonido típico del post-punk, es ese saxo que planea a lo largo de prácticamente todo el álbum. Un saxo que le da un toque sereno a “Falling in Line”, donde bajan la intensidad de las guitarras y levantan el pie del acelerador. Algo que también hacen el los estupendos, y muy oscuros, siete minutazos de “Status”. Pero hay que reconocer que lo mejor llega cuando se aceleran y se ponen un poco más agresivos. Y ahí no fallan, y temas como “Apath” o “Violent and Paranoid” dan buenas muestras de ello. Además, en la parte final de la segunda fusionan el saxo con un teclado y hacen maravillas. Aunque eso sí, para cerrar, deciden que es mejor bajar el ritmo y entregar una “Notice of Foreclosure” más reposada y algo más melódica. A pesar de que en su letra asumen que es imposible cambiar este mundo de mierda.

7,6

Motorama – Before The Road

Me encanta la constancia que tienen Motorama. La banda rusa lleva años yendo contracorriente, fabricando un pop con tintes oscuros que nunca lo va a petar, y que cambia más bien poco. Pero esto les ha brindado una buena ristra de seguidores, y la verdad es que, mirando sus números en las plataformas de streaming, se podría decir que no les va nada mal. A mí, particularmente, me entretienen bastante, y puedo decir perfectamente que siempre les daré una oportunidad a sus discos. De hecho, han caído todos sus trabajos por aquí. Incluso los dos primeros, pero esos estaban en el blog antiguo que me borraron allá por 2013.

Siempre se me olvida que es casi imposible encontrar una entrevista con Motorama o una explicación de qué van sus discos. Ellos se limitan a decir que son una banda rusa que se fija en el post-punk y la new-wave, y que las letras de sus canciones van del clima de la ciudad de Rostov del Don. Y la verdad es que esta temática llena de menciones a estrellas y abruptos paisajes rusos le viene de maravilla a su combinación de guitarras luminosas, mantos de teclados, y ritmos un tanto espídicos.

Quizá, la mayor diferencia entre este ‘Before The Road’ y su anterior trabajo, es que estamos ante una vuelta al sonido más frío y pulcro. Las guitarras acústicas, que en ese disco tenían bastante protagonismo, aquí brillan por su ausencia. Además, les cuesta un poco irse hacia otros caminos, y salvo la más electrónica, y estupenda, “Up”, estamos ante una colección de canciones bastante minimalista. Así que los que disfruten de esta faceta de Motorama, estarán encantados con temas como “The Tower”, “Pole Star” o “Azure Height”, los cuales siguen al dedillo su decálogo post-punk. Algo que también ocurre con la genial “Sailor’s Song”. Eso sí, cierran el disco bajando un poco el ritmo y entregando una bonita balada sintética llamada “Little Mystery”.

Creo que se han quedado un poco cortos y que le falta algo más de esa variedad que tenían sus últimos trabajos. Algo que no entiendo, porque el año pasado editaron “The New Era” y “Today and Everyday”, dos temas que no han incluido, y que le hubieran dado un poco de heterogeneidad a este álbum.

7,4

Kelley Stoltz – Ah! (Etc)

Es casi imposible seguir la carrera de Kelley Stoltz, porque entre sus discos bajo su nombre, y sus discos con seudónimos, cuenta con una discografía inabarcable -veo que el año pasado sacó tres trabajos con canciones nuevas y un directo-. Así que, de vez en cuando, me cuadra, y escucho alguno de sus álbumes. Es lo que me ha pasado con su nuevo trabajo, que me topé con él la semana pasada, y me entró de maravilla a la primera escucha. Porque, lo que es innegable, es que uno de los grandes artesanos del pop de la actualidad, y cuando está inspirado, no hay quién le tosa.

Ah! (Etc)’ es una especie de vuelta al pop más colorista del artista norteamericano. Unas canciones que, según él mismo, se tenían que haber escrito en los 60 y en los 80. Y la verdad es que esas dos décadas están muy bien representadas a lo largo del disco. Y es que, es fácil que te vengan a la cabeza numerosas bandas de aquellos años cuando escuchas estos temas. Solo hay que darle una vuelta a la estupenda, y acelerada, “Team Earth”, que abre el disco a lo grande y con unos coros con son puro Beach Boys. O “The Quiet Ones” y “She Like Noise”, que no pueden sonar más a la faceta new-wave de Elvis Costello. Y ojo que, en la primera, la guitarra pertenece a Will Sergeant de Echo and the Bunnymen.

Como buen alquimista del pop, sabe fusionar muy bien estas referencias y darles un sonido más actual. Ahí está la muy sixtiesNever Change Enough”, que no puede ser más deliciosa. O “Some Other Time”, donde entra la influencia de The Byrds, y se hace con la gran joya del disco. Pero, en este salto de décadas que supone este trabajo, también aparecen influencias de esos grupos que en los 80 llevaron la new-wave a sus cotas más altas. El caso más evidente es la estupenda “Cold”, la cual, con esos teclados, no puede sonar más a The Cars. Algo que también ocurre con la notable “Chasing the Light”, y con la más escurridiza “Darkness Too”. Y como esto es un viaje en el tiempo constante, en “Moon Shy” apuesta por irse hacia el lado más psicodélico del pop de los sesenta, e incluso se atreve a hacerse un Scott Walker en toda regla.

Una vez más, Kelley Stoltz entrega una colección de canciones pop incontestable. Y ya van unas cuantas.

7,8

Devon Williams – A Tear in the Fabric

Devon Williams

Han pasado seis años desde la publicación del último trabajo de Devon Williams. Desde entonces, el músico de Los Angeles, ha vivido dos circunstancias personales que han cambiado su vida. Por el lado bueno, está el nacimiento de su hija hace cuatro años, pero, por desgracia, también ha tenido que vivir el reciente fallecimiento de su padre. Dos momentos que le han llevado a crear las canciones de “Tear in The Fabric”, el cuarto trabajo de su carrera en solitario. Y, a juzgar por el tono de muchas de ellas, parece que ha elegido el lado más positivo de la vida. Como tiene que ser. 

Cuando puse su anterior trabajo por aquí, hablaba de ese pop angelino con tintes lo-fi que practican grupos como Part-Time o Ariel Pink, pero la cosa ha cambiado desde entonces. El pop pletórico sigue ahí, pero solo que ahora está bien facturado, y con un sonido brillante que le da más vida. Y es que, como dice su sello, lo suyo es una fusión de la mejor new-wave con el jangle-pop más enérgico de los ochenta. Algo que por aquí siempre será bien recibido. 

Devon Williams está tan pletórico y confiado en sí mismo, que no tiene ningún problema en empezar el disco con una canción como ‘Followed Me Back’. Y digo esto, porque es uno de esos cortes directos que se pueden comer fácilmente el resto de un trabajo. Pero no, el norteamericano cuenta con varios cañonazos nuevaoleros como este, y lo demuestra en canciones como ‘Out of Time’, que casi diría que es incluso mejor, ‘For My Memory to Collect’, ‘Borderline’, o ‘Snake in the Grass’. Todas ellas notables, y todas con un sabor a The Cars que es una delicia. Sobre todo la última, que casi parece un homenaje. Pero no solo de estos temas vive el de Los Angeles, también sabe cuando calmarse un poco, y entregar cortes más reposados. Es el caso del tema que da título al álbum, que es una preciosidad, de ‘In Babylon’, la cual envuelve en un manto de teclados, o de esa ‘Domesticated’ en la que mete un saxo y tira hacia los ochenta más elegantes. Y ojo, porque también le queda tiempo para salirse un poco de la linea del resto del álbum, y entregar un tema como ‘Slow Motion’, que es mucho más power-pop. 

Sin duda alguna, puedo decir que estamos ante uno de los discos pop del año. 

8

The Strokes – The New Abnormal

The Strokes

Siempre he sido defensor de The Strokes. Es más, creo que si no se hubieran ido por las ramas y hubieran seguido tratando de hacer otro “Is This It”, estaríamos ante una banda de lo más insulsa al más puro estilo Pearl Jam. Y sí, no voy a negar que se han equivocado unas cuantas veces, y que un disco como “Angles” no hay por donde cogerlo -aun así, cuenta con dos de sus mayores éxitos en las plataformas de streaming-, pero al menos siempre consiguen levantar interés con cada nuevo trabajo que editan. Porque, al final, ese teclado a lo A-ha, o esa copia descarada de un tema de los ochenta, terminan convenciendo, y nos llevan a pensar que estamos ante una banda que hace lo que da la real gana. 

The New Abnormal” es su primer álbum en siete años, y la verdad es que, aunque algo ha cambiado, sí es cierto que las referencias siguen siendo las mismas. Los ochenta, una vez más, están más que presentes. Solo hay que ver la portada, que no es otra cosa que una obra de Basquiat. O los “homenajes” tan descarados a artistas de aquella época -han tenido que acreditar a Billy Idol y The Psychedelic Furs para que no les caiga una demanda-. Pero si es cierto que, al final, es un trabajo que termina sonando a ellos mismos. Y un aviso para sus seguidores más rockeros: están más cerca del comienzo de su carrera que nunca. 

Creo que, por fin, han pillado el punto a la fusión de new-wave y pop electrónico que tanto se les ha resistido durante estos años. Digamos que hay momentos que están más comedidos. Es el caso de ‘The Adults Are Talking’, el tema que lo abre. En él, nos encontramos con un ritmo totalmente sintético, pero que viene acompañado de esas guitarristas “strokeras” que tanto nos gustan. Además, en los primeros tres minutos, Julian Casablancas está de lo más comedido al cantar. Luego ya se anima con uno de sus alaridos. Y así siguen en ‘Selfless’, una especie de balada en la que, incluso, se acercan a un sonido un tanto sixties. Porque ojo, estamos ante el que, quizá, sea el trabajo más reposado de su carrera. Además de su disco con las canciones más largas. Cortes como el sintético ‘At The Door’, o el denso ‘Not The Same Anymore’, representan a unos The Strokes que se toman las cosas con mucha más calma. Y la verdad es que les sienta bien no ser tan efusivos. De hecho, ‘Eternal Summer’, la canción en la que han tenido que acreditar a los Psychedelic Furs (se acerca bastante al ‘The Ghost In You’), empieza de maravilla, pero se termina estropeando por ese ataque de rabia que entra a mitad de tema. Y, en ese nueva zona de confort en la que han entrado, se podrían meter ‘Why Are Sunday’s So  Depressing’ y ‘Ode To The Mets’, que la verdad es que son bastante diferentes. Porque, en la primera, sacan las guitarras a rugir, pero en la segunda tiran hacia ese lado totalmente sintético que tanto les gusta últimamente. Eso sí, en las dos, se lo toman con mucha calma.

Una de las cosas buenas que tiene este trabajo, es que cuenta con dos de sus mejores canciones hasta la fecha. Sí, han conseguido sacarse de la manga dos cortes que pueden entrar fácilmente entre lo mejor de su discografía. El primero es ‘Brooklyn Bridge To Chorus’, un trallazo en el que perfeccionan esa fusión entre pop sintético y new-wave que comentaba más arriba. Todo un hit en en el que, esta vez sí, manda un teclado. Y el segundo es el, de sobra conocido, ‘Bad Decissions’. La canción en la que fusilan el ‘Dancing With Myself’ de Billy Idol, y esa joya de Modern English llamada ‘I Melt With You’ -si fuera ellos, ya estaría pidiendo derechos-, también es el mejor single que han sacado en años. De hecho, ni siquiera, su larga duración, consigue que el tema decaiga. Y, una vez más, es porque están más comedidos. 

Sinceramente, creo que este trabajo no defraudará a sus seguidores más puritanos, esos que llevan 20 años esperando otro “Is This It”, pero, a su vez, creo que también gustará a los que prefieren en lado más absurdo y loco de la banda neoyorquina. 

7,7

 

 

Ceremony – In The Spirit World Now

ceremony

Ceremony es una de las bandas de punk-rock norteamericanas más interesantes de la actualidad. A lo largo de su carrera, han pasado por varias fases, que van del punk más abrasivo, al rollo más oscuro, o a la new-wave. Estas ganas de salirse un poco del punk más evidente, les ha llevado a grabar para todo tipo de sellos, entre ellos el “indie” Matador, y acercarse a otro tipo de público que va más allá del punk. Una inquietud que vuelven a mostrar en su nuevo trabajo, el primero en cuatro años, donde se adentran en sonidos más sintéticos.

In The Spirit World Now” está compuesto y pensado para darle importancia a los sintetizadores. Gran parte de los temas cuentan con una parte sintética, la cual lleva su música a terrenos más pop. De hecho, he leído por ahí, que este trabajo es una especie de fusión entre la música de Wire, Devo y New Order. No puedo estar más de acuerdo, porque hay un poco de todos estos grupos a lo largo del disco.

El álbum se abre con un trallazo de post-punk llamado ‘Turn Away The Bad Thing’, en el que demuestran que saben llevar la rabia hacia su lado más melódico. Además, cuenta con un puente en el que podemos escuchar la voz de Chelsea Wolfe. Un sonido que también aparece ‘Years of Love’, ‘Never Gonna Die Now’ o ‘Calming Water’. Pero también en el tema que da título al álbum, donde un teclado algo estridente y los coros del estribillo, nos hacen acordarnos de los Wire del “Pink Flag”.

Lo mejor del disco llega cuando se ponen algo más juguetones y no tienen ningún problema en reivindicar a Devo. Es el caso de la ultra-pegadiza ‘Further I Was’, donde los sintetizadores se alinean con una sección rítmica simple, pero efectiva. O de ‘Say Goodbye To Them’, que también es puro new-wave. Es una lástima que no sigan por ese camino en el resto de temas del disco, porque, al final, canciones como ‘We Can Be Free’ o ‘I Want More’, tenían posibilidades, y les han quedado un tanto simplonas. Por no decir que no están muy lejos de Kaiser Chiefs. Casi prefiero que se relajen un poco y se acerquen a sonidos más oscuros, como es el caso de la notable ‘Presaging the End’.

No es un disco perfecto, pero al menos sí que es un trabajo en el que intentan no quedarse estancados. Además, con buenos resultados en unas cuantas ocasiones.

7,3

Bleached – Don’t You Think You’ve Had Enough?

bleached

Han sido muchos los discos que a lo largo de la historia del rock han reflejado las adicciones de los músicos que los han compuesto. Pero también son unos cuantos los que nos han contado la salida de esas adicciones. El nuevo trabajo de Bleached es uno de estos últimos. Y es que, las hermanas Clavin, se han pasado buena parte de su carrera dándole de más a la botella, hasta que hace un par de años decidieron parar. Así que estamos ante un disco, con un título bastante esclarecedor, por cierto, que nos habla del paso del alcoholismo a la sobriedad. Y la verdad es que tengo que decir que les siente bastante bien lo de estar sobrias.

Don’t You Think You’ve Had Enough?” es el disco más pop y más ecléctico de su carrera. De hecho, y de alguna manera, vuelven un poco a su álbum de debut. Más que nada, porque le han pillado de nuevo el gusto a las melodías más pop, y parece que se han pegado una buena dosis de The Go-Go’s y Blondie antes de componer este trabajo. Además, han dejado atrás su lado más punk, y por aquí nos encontramos temas cercanos al disco (‘Kiss You Goodbye’ es una delicia), o al dance-rock, como en ‘Hard To Kill’, en la que incluso se atreven con un cencerro que es puro The Rapture. Esto hace que estemos ante un disco de lo más entretenido.

La new-wave, de la que siempre han tirado bastante, es una de las grandes protagonistas de este álbum. Se les da muy bien recuperar lo mejor del rock femenino de finales de los setenta, y lo demuestran en temas tan notables como ‘Heartbeat Away’, ‘Daydream’, o ‘Rebound City’. Pero, lo bueno, es que, aquí, van un poco más allá y se adentran en terrenos más pop. Lo hacen en ‘Somebody Dial 911’, un tema que habla de lo que es convivir con un adicto, en el que incluso meten un teclado de lo más ochentero. Pero también están mucho más amables en ‘Silly Girl’, en la que incluso coquetean con sonidos más sintéticos. Y no es solo que se acerquen a otros estilos más amables, su rock, también es bastante más melódico. Ahí está la pegadiza ‘Real Life’, donde nos dejan un estribillo redondo. O ‘Awkward Phase’, donde también se vienen muy arriba en su parte central. Eso sí, para cerrar el disco, prefieren irse a terrenos más crudos, y nos dejan una especie de folk-grunge ‘Shitty Ballet’ que no está nada mal.

Me alegro de que hayan superado a sus adicciones, y que esto se vea reflejado en su música, porque, de ellas, siempre me ha gustado su lado más pop. Y eso es lo que predomina aquí.

7,6

Charly Bliss – Young Enough

charly bliss

Lo primero que me ha venido a la cabeza al escuchar el nuevo trabajo de Charly Bliss, es que suena como si a Carly Rae Jepsen le hubiera dado un ataque guitarrero. Casualmente, ahora leo que, la cantante canadiense, ha sido una de las principales influencias del grupo neoyorquino a la hora de componer las canciones de su segundo álbum. Bueno, ella, el “Melodrama” de Lorde, y la música de The Cars, así que, en un principio, nada puede salir mal.

Young Enough” supone un cambio importante en el sonido de este cuarteto de Brooklyn, que ha pasado del indie-rock noventero de su primer trabajo, a meterse de lleno en sonidos más propios de la nueva ola ochentera. Desde luego, para mi gusto, el cambio ha sido a mejor, y parece que no soy el único que piensa, porque el disco está recibiendo unas críticas de lo más entusiastas.

No os voy a engañar, estamos ante un disco que trata de ser lo más comercial posible. Cuenta con una producción grandilocuente, obra de Joe Chiccarelli (U2, The Killers, Beck o The Strokes), en la que resaltan bastante los teclados, y en la que las guitarras están bastante más limpias que en su debut. Algo que ayuda a sus nuevas composiciones, que son de puro pop acelerado, y que están llenas de estribillos y melodías que te atrapan a la primera escucha.

Quizá, nos engañen un poco con ‘Blown To Bits’, el tema inicial, donde las guitarras sí que suenan más potentes y se centran un poco en lo que hacían en su primer trabajo. Pero enseguida se van al pop sin tapujos en ‘Capacity’, la semi-balada que viene a continuación. Aunque lo mejor viene en las canciones en las que se aceleran un poco y se convierten en algo así como en unos Transvision Vamp del siglo XXI. Es el caso de la estupenda ‘Under You’, o de ese hit en potencia que es ‘Hard To Belive’. Y es que, lo de dar importancia a los teclados, no ha podido ser mejor idea. Porque no solo funciona en este tipo de temas, también en algunos más reposados, como el que da título al álbum, que es una pequeña joya pop, que tiene su mejor momento en ese aporreo de teclas que entra a partir del tercer minuto.

Llegados a este punto, muchos os preguntareis donde está la influencia de Carly Rae Jepsen. Muy fácil, solo hay que escuchar ‘Camera’ o ‘Chatroom’, los que, probablemente, son los dos cortes más pop del disco. Y ojo, porque aquí también están acertados. Sobre todo en la primera, que también cuenta con un tufillo a The Cars importante.

Con este trabajo, Charly Bliss demuestran que el rock más comercial también puede resultar de lo más interesante. Aunque sea tirando de nostalgia ochentera.

8

Tacocat – This Mess is a Place

Tacocat

Tacocat nacieron hace poco más de una década por una razón principal: hacer poderosos himnos feministas de punk-pop. Aunque, eso sí, siempre con bastante sentido del humor. Tras tres trabajos que les pusieron en el mapa, sobre todo en su ciudad, ahora publican un tercero con el mítico sello Sub Pop, en el que hay cambios significativos. Han cambiado buena parte de la garra y fuerza de antaño, por melodías más pop, y ahora están más cerca de la new-wave que del punk.

This Mess is a Place” se mete de lleno en ese sonido cercano al rock de finales de los setenta que tantas bandas practican hoy (me vienen a la cabeza Ex Hex). Todo ello aderezado con unas letras llenas de sentido del humor y de ironía. De hecho, tiene algo de conceptual, ya que asistimos al día después de las elecciones norteamericanas de 2016. Así que sí, estamos ante el enésimo disco de una banda norteamericana inspirado en la victoria de Donald Trump. Pero no pasa nada, siempre está bien que los acontecimientos políticos inspiren a diferentes tipos de artistas. Por muy malos que sean estos.

Hologram’ y ‘New World’, las dos canciones que abren el álbum, reflejan su faceta más potente y guitarrera. Es más, en el estribillo de la primera, se meten de lleno en sonidos más grunges, dejando claro que la influencia de su ciudad está ahí. Y no es la única canción en la que tiran hacia ese sonido, porque en ‘Little Friend’ fusionan su lado más pop con unas guitarras de lo más crudas, las cuales parecen recién salidas de 1992. Pero es en esa faceta más pop donde ofrecen mejores resultados. Ahí está la fresca, y algo bailable, ‘Grains of Salt’, donde se acercan a las Slits más desenfadas. O esa ‘The Joke of Life’ puramente sixties, en la que no tienen problema en meter unos coros de lo más retro. Además, cuando se aceleran un poquito, les salen cosas tan interesantes como ‘The Problem’. Y ojo, porque al final del disco, bajan todavía más las revoluciones, y nos entregan la deliciosa ‘Meet Me at La Palma’, y una nana oscura, y algo sucia, llamada ‘Miles and Miles’.

This Mess is a Place” es un disco divertido en el que las guitarras están al servicio de las buenas melodías y de los estribillos pegadizos. Nada nuevo, pero si perfecto para alegrarte un lunes como este.

7,4