Katy J Pearson – Sound of the Morning

Katy J Pearson es una de esas artistas que picotea un poco de varios estilos. Lo que hace que algunos la metan en carro del folk, otros en el del rock, y unos cuantos más en el del pop. Incluso, se ha dicho que tiene un tono de voz muy a lo Dolly Parton. Aunque eso sí, pasado por el falsete de Kate Bush. Y lo cierto es que, al final, con toda esta fusión de influencias, la artista británica consigue dar con una propuesta absolutamente personal y de lo más interesante. No obstante, su álbum debut, recibió muy buenas reseñas en 2020. Y este segundo álbum va por el mismo camino.

En los dos años que han pasado desde su álbum de debut, Katy J Pearson ha explorado unas cuantas facetas más dentro del mundo de la música. Primero, colaborando vocalmente en el último trabajo de su amigo Orlando Weeks. Y un poco más tarde subiéndose al escenario con los geniales Yard Act. De hecho, el disco está coproducido por Ali Chant, que también ha producido el debut de estos últimos. Pero el caso es que, todas estas aventuras musicales, le han servido de inspiración para las canciones de este ‘Sound of the Morning’, que es un tanto más pop y directo que primer trabajo. De hecho, se podría decir que es toda una colección de hits.

Aunque el disco se abre con el introspectivo, y algo folk, tema que le da título, no es el camino que sigue mayoritariamente en el resto del álbum. Aunque hay que decir la canción está bastante bien. Pero el caso es que prefiere irse hacia el mundo del pop. Y hay que decir que acierta de pleno. Solo hay que escuchar esa joya llamada “Talk Over Town”, en la que se va al lado más indie del asunto. O esa “Riverbed” algo más “americana”, que es una autentica delicia. Además de la acelerada “Confession”, donde se acerca a los noventa, o ese himno lleno de guitarras potentes llamado “Alligator”.

Katy J Pearson está en uno de esos momentos de su carrera en el que todo le sale bien. Porque hay veces que lleva ese pop a mundos algo más extraños, y sale más que bien parada. Es el caso de “Howl”, donde se mete en mundos un poco mas avant-garde y se saca de la manga una canción menos evidente, pero igual de adictiva. De hecho, su estribillo, coronado por unas trompetas, es de los mejores del álbum. O de “Float”, en la que se adentra en terrenos del slow-disco y se hace con uno de los grandes temas del álbum. Además, como dato curioso, a la batería está Morgan Simpson de black midi. Eso sí, para terminar, vuelve al pop vigoroso y nos deja la estupenda “Willow’s Song”.

8.1

Beabadoobee – Beatopia

Bea Kristi me sorprendió con el primer EP de Beabadoobee, que era una autentica delicia llena de himnos de indie-rock noventero, pero me defraudó un poco con su álbum de debut, el cual se me hizo un poco bola. Y es que, creo que es una artista que funciona mejor en pequeñas dosis. Algo que me confirma su segundo trabajo. Porque la artista londinense ha vuelto a dejarse llevar y nos deja una colección de canciones un tanto excesiva y demasiado larga. Además, está vez, parece que se ha decantado por irse hacia los 2000 y dejar los 90 de lado. Lo que tampoco me termina de convencer mucho.

Beatopia’ está inspirado en un mundo imaginario que Kristi se inventó a los 7 años, cuando su familia se mudó a Londres y se encontró en un colegio de mayoría blanca en el que no encajaba. Hasta que sus profesores y el resto de los alumnos se enteraron y empezaron a burlarse de ella. Así que lo terminó encerrando en algún lado de su cabeza y no lo ha sacado hasta ahora. Y, curiosamente, para contarnos este mundo tan personal, se ha aliado con Jacob Bugden de The 1975, que ha coescrito casi todas las canciones del álbum. De hecho, algunas de ellas, como “Beatopia Cultsong”, “Sunny Day” o “The Perfect Pair”, no pueden sonar más a la faceta más relajada de la banda londinense. Lo que, para mi gusto, no es bueno.

Estamos ante un trabajo un tanto más reposado que el anterior en el que hay un exceso de baladas. Lo que hace que, una vez más, sean los temas más indie-rock los que destacan sobre el resto. Ahí vuelve a demostrar que sabe muy bien lo que hace. Solo hay que escuchar la estupenda “10:36”, donde se deja llevar por un sonido guitarrero, pero también por una caja de ritmos. O “Talk”, que es una delicia llena de guitarras alegres y potentes. Además de “Don’t Get The Deal”, en la que la alianza con Bugden, que hace la segunda voz, funciona de maravilla. Y bueno, ese final sucio que le da a “Fairy Song”, también tiene su rollo.

No se puede decir que no haya intentado evolucionar en este trabajo. De hecho, cuenta con varios experimentos, y aunque alguno no le salga bien, por lo menos arriesga algo. Y lo cierto es que, la gran mayoría sí que le funcionan. Es el caso de esa ensoñadora y sintética “See You Soon”, donde vuelve a tirar del sonido de The 1975. O de la calidez acústica y casi bossa que nos deja en “Broken CD”. Pero lo mejor de estos temas que se salen de su sonido habitual, es el pop electrónico que aparece en “Tinkerbell is Overrated”, donde se alía con PinkPantheress, y juntas se sacan de la manga una maravilla pop.

7,3

Grace Ives – Janky Star

Grace Ives es una artista de Brooklyn que tuvo un relativo éxito con su álbum de debut. Un trabajo que era una pequeña locura un tanto lo-fi, y que estaba protagonizado por una de caja de ritmos Roland 505. Y lo bueno es que, con ella, se acercaba a una gran variedad de estilos. Además, en canciones que, por lo general, no llegaban a los dos minutos. Pero esto ha cambiado en su segundo trabajo. Salvo esa caja de ritmos, claro, que sigue siendo el eje central de su música. Aunque ahora se hace acompañar por un piano, una guitarra, y unos cuantos ingredientes más. Además, también está mejor producido.

Janky Star’ está coproducido por Justin Raisen, un productor de Los Ángeles que ha estado a los mandos de los últimos trabajos de Yves Tumor, Charli XCX, o Kim Gordon. Y eso es algo que se nota en el resultado final, porque, juntos, han sacado un sonido maravilloso. Sin alejarse nunca del pop, Ives se saca de la manga unos ritmos absolutamente deliciosos-se nota que maneja de maravilla esa Roland 505-, y los adereza con otro tipo de sonidos. Ahí está esa joya llamada “Loose” y su ritmo absolutamente contagioso, que hace una semana que me tiene loco. Además de esa trompeta que aparece en su estribillo. O esa “Angel of Business” tan pop que adereza con un sonido de lo más metálico.

Se puede decir que estamos ante un álbum de lo más variado en el que Ives se deja llevar por su caja de ritmos. Y esta le lleva al pop electrónico en la ensoñadora “Isn’t Lovely”; al sonido de Charli XCX en la potente “Burn Bridges”, o al R&B pitufado en “Back In LA”. Pero ojo, que las guitarras también tienen su parte de protagonismo. Y con ellas consigue sacar una faceta más rock en varios temas. Es el caso de la eufórica “Shelly”, que no puede resultar más contagiosa. O de “On The Ground”, donde, además de su guitarra, aparece uno de esos ritmos potentes que tanto le gustan. Aunque eso sí, para acabar, se va al pop más mainstream y nos deja una pequeña maravilla como “Lullaby”.

Sin duda alguna, Grace Ives es una caras más interesantes del pop actual. Y este segundo trabajo, tan ecléctico y contagioso, es una buena prueba de ello.

8

Bruce Hornsby – ‘Flicted

Para la gran mayoría de los mortales, entre los que me incluyo, Bruce Hornsby es ese artista que lo petó en 1986 con “The Way It Is”. Aquella canción, y su famosa línea de piano, que estaba inspirada en los vagabundos de Nueva York, se convirtió en un éxito mundial y le reportó bastante fama. Algo que aprovechó con su siguiente trabajo, con el que también consiguió algún hit que otro. Pero, desde entonces, y tras finiquitar The Range, que era la banda que le acompaño durante esos años, se dedico a otras cosas. Entre ellas, ser músico de sesión, tocar en directo con Pat Metheny y Grateful Dead, o hacer bandas sonoras. Pero desde hace un tiempo está inmerso de nuevo en su carrera en solitario, con la que, además, nos está dejando unos discos bastante sorprendentes.

‘’Flicted’ es el tercer volumen de una trilogía basada en las composiciones que Hornsby hizo en su día para Spike Lee. Unos discos en los que se ha rodeado de artista actuales, como Justin Vernon y Sean Carey de Bon Iver, The Staves, yMusic o Blake Mills. De hecho, estos dos últimos también aparecen por aquí. Además de Ezra Koenig de Vampire Weekend, Danielle Haim, o Rob Moose. Y, por si esto fuera poco, en la producción han contado con la ayuda de Ariel Rechtshaid, uno de los productores de moda actuales. Lo que hace que estemos ante un álbum ecléctico y, porque no decirlo, algo loco. Pero, precisamente eso, es lo que le da bastante rollo.

El objetivo de Bruce Hornsby en este disco era hacer algo más optimista en general. Aunque fuera hablando de la COVID y recurriendo a la ciencia como principal inspiración. Algo que ya se nota desde el principio con esa “Sidelines” en la que se alía con Ezra Koenig y Blake Mills para construir una extraña, pero preciosa canción. Además, no puede sonar más a los Beach Boys. Y eso siempre es bueno. Pero también esa etérea “Days Ahead” junto a Danielle Haim, que es como una brisa de aire fresco en un día de verano. Además de “Is This It” y “Had Enough”, los dos temas en los que colabora el colectivo de Brooklyn que atiende al nombre de yMusic. Y dos canciones que me han recordado bastante a gente como Paul Simon o Peter Gabriel.

También es cierto que no le hace falta llenar sus canciones de colaboraciones para sacar adelante temas de lo más interesantes. Es el caso de “Tag”, una delicia que tiene un precioso estribillo bañado en unas guitarras de lo más cristalinas. O en “Too Much Monkey Business”, una especie reinvención en clave hip-hop del viejo tema de Chuck Berry, que sí es cierto que tiene un poco de truco, porque en realidad cuenta con la colaboración de Leon Russell. Aunque en un principio no esté acreditado. Y luego tenemos “Maybe Now” y “Bucket List”, donde sorprende yéndose a la electrónica y a la pista de baile. Aunque eso sí, para cerrar, nos deja “Point Omega”, en la que aparecen sus influencias más jazz, y en la que recupera el piano.

7,8

Craig Finn – A Legacy of Rentals

Nunca he sido muy seguidor de la carrera de The Hold Steady, y mucho menos de la Craig Finn en solitario. El líder de la banda de Minnesota ya lleva unos cuantos trabajos bajo su nombre, pero, si os soy sincero, ni siquiera me acordaba -y eso que metí una canción suya en una recopilación de 2015-. Hasta ahora que, por pura casualidad, me he topado con su último álbum. Y tengo que decir que me ha calado desde la primera escucha. Porque, a diferencia de lo que hace con su banda principal, aquí se relaja bastante y nos deja una colección de canciones más centradas en la belleza que en la fuerza del rock. Y hay que decir que sabe lo que se hace.

A Legacy of Rentals’ es un trabajo que, como muchos otros, está escrito en los primeros días de la pandemia. Y lo cierto es que fue una época dura para Craig Finn, ya que, aparte de que tuvo que estar más o menos separado de su pareja, que es enfermera en un hospital, también vio como algunos amigos suyos sucumbían a la enfermedad. Así que estamos ante un trabajo que se inspira en los que ya no están. Aunque eso sí, apenas hay referencias a esto en estas canciones, pero sí se podría decir que aparecen en un segundo plano. Porque, al final, Finn hace lo de siempre, que no es otra cosa que contarnos historias de personas con vidas complejas. Y en eso es un experto.

Una de las cosas que hace de este trabajo algo especial, es esa sección de cuerdas que acompaña estas canciones. Además de las voces de Cassandra Jenkins y Annie Nero, que se dejan escuchar en muchos de estos temas. Ahí está esa “Messing With the Settings” que lo abre, en la que Finn tira de monologo hasta que llega su estribillo, que es una absoluta preciosidad. O en esa balada algo etérea, y casi ensoñadora, llamada “The Year We Fell Behind”, la cual, a pesar de sus cinco minutos, se hace corta. Algo que también ocurre con “Curtis & Shepard”, donde el protagonismo se lo lleva una coqueta caja de ritmos. Unos ritmos más electrónicos que también aparecen en “This is What It Looks Like”, el estupendo tema que cierra el álbum.

A pesar de ser un álbum algo melancólico, Finn se deja llevar por la esperanza en unas cuantas canciones. Lo que también hace que sean más directas. Es el caso de “The Amarillo Kid”, donde nos cuenta la historia de un traficante de drogas que huye con todo el alijo. Y lo hace con un ritmo juguetón y un teclado de lo más pop. O esa “Birthdays” tan americana, pero absolutamente pegadiza y deliciosa. En la que, además, y muy acertadamente, mete un solo de saxo de lo más Springsteen. Además de esa “Due to Depart” en la que se deja llevar por un tono más sombrío, pero que, la verdad, resulta bastante asequible. Aunque eso sí, hacia el final, vuelve a dejarse llevar por un spoken-word, y nos entrega “A Break from the Barrage”, una de esas canciones delicadas que van creciendo poco a poco. Y es estupenda.

8

My Idea – Cry Mfer

Lo de Lily Konigsberg es un no parar. La artista neoyorquina, de la que ya han caído por aquí algunos de sus lanzamientos en solitario, cuenta con una carrera de lo más prolífica y llena de diferentes proyectos. El último se llama My Idea, y nace de la grabación de su álbum de debut en solitario. Y es que, estamos ante un dúo formado por la propia Konigsberg y por Nate Amos, de la banda de pop experimental Water From Your Eyes. Amos produjo ese debut y la química que se estableció entre ellos los hizo crear este proyecto. Aunque, como bien dejan claro a lo largo de su primer trabajo, no todo es tan bonito como parece.

Cry Mfer’ es uno de los discos más sinceros que recuerdo. Estamos ante un trabajo en el que Konigsberg y Amos relatan buena parte de la relación, algo toxica, y con una adicción que otra, que han tenido durante los últimos meses. Pero lo bueno es que lo hacen con sentido del humor. De hecho, a lo largo del álbum, se puede apreciar esa complicidad que han tenido a los dos a lo largo del proceso de grabación, y que se refleja en alguna que otra risa cómplice, conversaciones distendidas, y hasta un eructo que suena por ahí.

Al igual que los discos en solitario de Konigsberg, el álbum de debut de My Idea es bastante ecléctico. Aunque siempre desde la perspectiva del pop. Así, tenemos el delicado tema titular, que abre el álbum yéndose a un pop sintético un tanto ochentero. Pero, inmediatamente después, se sacan de la manga una deliciosa “Crutch” en la que apuestan por el indie más acústico. Y con ese sonido acústico siguen en la juguetona, y algo folkie, “Baby I’m the Man”. Aunque lo mejor llega cuando sacan a pasear la eléctrica y les da por hacer pegadizas canciones de indie-pop. Es el caso de “Yea”, “One Tree Hell”, o “I Should Have Never Generated You”, que nos presentan su lado más animado.

En el resto del disco hay de todo. Tenemos un delicado tema de r&b electrónico como “Breathe You”; una balada como “Not Afraid Anymore”, en la que solo se dejan acompañar por un piano, o un tema como “I Can’t Dance Part 2”, en el que Amos tira de vocoder para tratar de hacer una canción a lo Justin Bieber -al parecer la grabó un poco perjudicado-. Aunque de una perspectiva algo más rock. Además de una “Pretty You” que se va hacia terrenos country, y una “Popstar” en la que se hacen con un synth-pop un tanto curioso que, la verdad, funciona muy bien.  Como prácticamente todo el álbum.

7,6

Orville Peck – Bronco

Orville Peck corre el riesgo de convertirse en una caricatura de sí mismo. Y es que, el músico canadiense, aunque nacido en Sudáfrica, no para llevar su personaje al extremo, y eso le puede terminar pasando factura. Porque, este vaquero, abiertamente gay, del que no se conoce su verdadera identidad -se supone que es el músico de punk Daniel Pitout, pero eso no está confirmado-, puede resultar excesivo en algunas ocasiones. Lo bueno es que le salva una cosa: sus canciones. Y es que, al final, detrás de esa mascara llena de borlas, se encuentra artista con un gran talento para componer temas que beben de la mejor música americana. Algo que podemos volver a comprobar en su segundo álbum.

Bronco’ es un disco que llega en el mejor momento para Peck. Y es que, desde que editó su primer trabajo, su popularidad no ha parado de crecer, y le hemos podido ver participando en el documental de Netflix This Is Pop, posando para algunas de las revistas de moda más importantes del mundo, o colaborando con Shania Twain. Pero, además, en las últimas semanas, ha contado con un empujón más gracias a la incursión de su “Dead of Night” en uno de los capítulos de la última temporada de Euphoria. Así que estamos ante un disco que tiene todos los ingredientes para llevar a este vaquero a una división superior.

Orville Peck ha hecho un disco largo, pero a la vez bastante entretenido. Junto al grupo de indie-rock canadiense Frigs, que se ha convertido en su banda de acompañamiento, ha dado con una colección de temas realmente notable. Además, va mucho más allá del country, porque aquí hay mucho de Roy Orbison, bastante de Elvis, e incluso temas que no desentonarían en un disco de Garth Brooks. Además, sus letras, en las que habla abiertamente de relaciones homosexuales dentro de un ambiente tan cerrado como el country, o en las que se burla de su propia obsesión por la cultura estadounidense, siguen siendo una de sus mejores bazas.

Estamos ante un disco que cuenta con varios temas de lo más directos y que funcionan estupendamente como single. Es el caso de “Daytona Sand”, que abre el álbum llenándolo de euforia vaquera. De esa “Lafayette” un tanto más festiva, o de “Bronco” y “Any Turn”, que son perfectas para bailar en cualquier bar de carretera de la Norteamérica más profunda. Pero es en la estupenda “C’mon Baby, Cry” donde juega sus mejores cartas. Y es que, en este tema en el que habla de la masculinidad toxica, se va hacia el mejor Roy Orbison y se saca de la manga una joya en la que no tiene miedo meter unas castañuelas y meterse de lleno en un mundo mucho más pop y sixties.  

No solo está acertado en los temas más eufóricos, también hay baladas y medios tiempos notables. De hecho, uno de los mejores momentos del álbum llega con “The Curse of the Blackened Eye”, una delicada balada compuesta a pachas con Tobias Jesso Jr., en la que nos habla de una relación abusiva. O esa “Kalahari Down” que empieza de forma sosegada y seria, y termina con un derroche de épica. Un guion que sigue en la también notable “Trample Out the Days”. Y es que hay que reconocer que se le da maravilla hacer temas emocionantes que se adaptan como anillo al dedo a esa voz profunda que tiene. Es el caso de “Outta Time”, todo un baladón en el que no tiene ningún problema en tirar de esa épica que tanto le gusta. Algo a lo que también recurre en “All I Can Say”, el estupendo tema que cierra el álbum. En el que, además, y muy acertadamente, le da más protagonismo a la voz de Bria Salmena, la cantante de Frigs.

7,7

Lucius – Second Nature

Creo que no me equivoco si digo que somos muchos los que nos hemos enterado de la existencia de Lucius gracias a las colaboraciones que han hecho en estos últimos años. Especialmente con esa “I Don’t Live Here Anymore” que daba título al último álbum de The War On Drugs. Pero lo cierto es que el dúo formado por Jess Wolfe y Holly Laessig cuenta con un carrera que abarca casi una década. Además, de con algún que otro éxito, como esa folkie “Two Of Us On The Run” que aparecía en su primer álbum. Aunque sí es verdad que su anterior trabajo data de 2016 y en estos años se han dedicado más a las colaboraciones o formar parte de la banda en directo de Roger Waters. Pero parece que por fin ha llegado su gran momento. 

Second Nature’ es un álbum que supone un cambio radical en su sonido. En parte, porque estamos ante disco mucho más pop. Un trabajo en el que recogen parte de la electrónica que inundaba su anterior entrega, y le dan la vuelta para hacer con ella algo de lo más pegadizo y bailable. Y hay que decir que funciona a la perfección. Principalmente, en esos momentos más funk que nos muestran en temas como “Second Nature” o “Next To Normal«, que son absolutamente contagiosas. Sobre todo, la segunda, que se mete de lleno en ese sonido tan setentero del que ha dado buena cuenta St. Vincent en su último trabajo. Pero lo mejor del álbum llega cuando se van abiertamente al pop electrónico. Ahí nos dejan una joya como “Dance Around It” en la que tenemos a Brandi Carlile, que también produce el disco, y Sheryl Crow, a los coros. O esa “LSD” tan emocionante que entra de pleno en la lista de canciones para bailar con lágrimas en los ojos. 

No todo está enfocado a mover el cuerpo en este trabajo. El dúo de Los Ángeles también se reserva algunos temas para irse hacia momentos más íntimos. Es el caso de “24”, todo un baladón sintético, en el que dan buenas muestras de las razones por las que otros artistas requieren sus voces en sus canciones. O esa “Heartbursts” absolutamente ochentera, que no puede ser más deliciosa. Además de esa “White Lies” final, en la que vuelven un poco al sonido más épico de sus anteriores trabajos. Pero ojo, que no nos podemos olvidar de “Promises”, donde se sacan de la manga un indie-pop algo blando, pero absolutamente pegadizo. Como tampoco nos podemos olvidar de “Tears in Reverse”, en la que enfrían un poco su propuesta con synth-pop algo más oscuro.

Sin duda alguna, estamos ante ese álbum que puede llevar a Lucius a pasar de división y darse a conocer fuera del mercado estadounidense. Por lo menos, tienen las canciones para conseguirlo. Ahora solo falta que el público responda.

7,9

CMAT – If My Wife New I’d Be Dead

Conocí a CMAT hace unos meses, cuando me llegó un correo incitándome a escuchar su single “No More Virgos”. Y tengo que reconocer que fue el título y la temática de la canción lo me hizo ponerme a ello. Pero lo cierto es que me conquistó del todo con tan solo una escucha. Estamos ante una artista de lo más completa, ya que no solo tiene una voz de lo más peculiar, la cual está a medio camino entre Dolly Parton y Kate Bush, también un talento enorme para crear canciones directas que se pegan como una lapa a la primera escucha. Además de un sentido del humor de lo más personal -tiene un deseo y una fuerte creencia de que Robbie Williams es su verdadero padre-. Lo que hace que su propuesta sea aún más entretenida.

En realidad, CMAT son las iniciales de Ciara Mary-Alice Thompson, una chica de Dublín que está obsesionada con la música country, la ropa de vaquera, y todo lo que tiene que ver con Texas. De hecho, comentaba hace poco, que iba a ir al SXSW de Austin con dos maletas vacías para volver a Irlanda con una buena cantidad de prendas de allí. Pero lo bueno de esto es que, aunque el disco tenga todo ese sabor tan norteamericano, en el fondo tiene un alma pop. Es más, se declara fan absoluta de Orange Juice. Y de esas dos facetas sale la estupenda colección de canciones que forman ‘If My Wife New I’d Be Dead’, el que es su álbum de debut.

Tengo que confesar que todo ese rollo country me daba un poco de pereza al principio, pero lo cierto es que lo maneja de maravilla, y como ya he dicho antes, de una forma muy pop. De hecho, solo hay que escuchar esa “Nashville” llena de cuerdas épicas que abre el disco para enamorarse de su mundo al instante. A partir de ahí ya resulta de lo más fácil meterse de lleno en el resto del disco. De hecho, lo siguiente que nos deja es “I Don’t Really Care for You”, el gran hit del álbum y una delicia de pop retro llena de coros y un piano que se mete en la cabeza al instante. Al igual que ese estribillo de la ochentera “No More Virgos”, en el que nos cuenta que no quiere saber nada de los hombres nacidos en septiembre.

La verdad es que el disco apenas cae en ningún momento, e incluso las canciones más reposadas enganchan. Ahí está esa “Peter Bogdanovich” en la que declara su amor al director de cine norteamericano –La última película es una de sus cintas favoritas-. O esa “2 Wrecked 2 Care” algo más country y en la que exagera su falsete al máximo. Además de ese himno vaquero llamado “I Wanna Be a Cowboy, Baby!”, que es una pasada. Aunque también tengo que decir que el tema que más me tira de la segunda parte del álbum es esa oda al alcoholismo llamada “Every Bottle (Is My Boyfriend)”, que es todo un hit pop. Y es que, si nos fijamos bien, al final el disco es más pop que country. Y quizá por eso me ha gustado tanto.

8

Charli XCX – Crash

Tengo un problema con las artistas pop de la actualidad. Y es que, más allá de los singles, los discos suelen cojear bastante. Algo que, en realidad, no es algo nuevo. La música pop está llena de álbumes de diez pistas en los que apenas destacan tres o cuatro canciones. Evidentemente, siempre hay excepciones, y artistas como Madonna o Janet Jackson nos han dejado algunos discos bastante más currados. Algo que ha intentado Charli XCX en su quinto trabajo, donde, afortunadamente, y para alivio de nuestros tímpanos, se olvida del hyperpop y de la PC Music. De hecho, cita como máxima influencia la Janet de los ochenta.

Crash’ es uno de esos discos con unos créditos más largos que un día sin pan. ¿Necesitas siete personas para escribir una canción pop? Personalmente, y viendo el resultado final, creo que no es necesario. No estamos ante un trabajo que vaya a revolucionar el pop y, sinceramente, tampoco está haciendo nada que no haya hecho nadie antes. Esto no significa que el disco no funcione, todo lo contrario, está lleno de hits absolutamente pegadizos. Y de eso es de lo que la artista inglesa puede presumir, porque, como ha demostrado a lo largo de su carrera, tiene un talento especial para escribir buenas canciones pop.

Una parte de este trabajo se va hacia ese pop ochentero más americano. De hecho, que en un principio se bautizara como “su disco Janet”, no sorprende lo más mínimo. Solo hay que escuchar el tema que le da título y que lo abre, en el que se deja llevar por unas cajas de ritmos cortantes que son puro ‘Rhythm Nation’. Algo que también ocurre con “New Shapes”, donde se deja acompañar por otras dos reinas como son Christine and The Queens y Caroline Polachek. Y luego tenemos una canción como “Baby”, en la que se adentra en mundos más funk y bailongos, o esa “Lightning” tan Taylor Dayne. Aunque sí es cierto que no deja de meter sus cosillas, y de vez en cuando juega con su voz y se le va un poco la mano con el pitufeo.

Lo bueno es que no solo se ha quedado en los ochenta y en Estados Unidos. El dance-pop europeo de los noventa también cuenta con bastante presencia en este trabajo. Ahí está ese pelotazo llamado “Good Ones”, el cual te lleva a la pista de baile con una facilidad tremenda. O esa “Beg For You”, en la que aparecen unos teclados de lo más trance. Además de la voz de Rina Sawayama. De hecho, no se ha cortado un pelo a la hora de utilizar en “Show Me Love” de Robin S en “Used To Know Me”. Y la verdad es que la canción le ha quedado de lo más resultona.

Desde luego, Charli XCX puede presumir de haber hecho uno de esos discos en los que casi todas sus canciones podrían ser singles. Ahora, también es cierto que es un tanto repetitivo y que hay veces que parece que ha puesto el piloto automático.

7,6