Palm Ghosts – Post Preservation

Palm Ghosts se formó en 2013, cuando Joseph Lekkas empezó a componer canciones para salir de la depresión y ansiedad con las que llevaba viviendo unos meses. Así, mientras trabajaba en un almacén de Filadelfia, compuso y grabó los temas que acabaron formando su álbum de debut. Lo que no se esperaba era que tuvieran una acogida tan positiva, y que acabara teniendo una banda al completo en un sitio tan diferente como Nashville. Pero ahí está, con su sexto disco recién editado, y con algunos temas suyos sonando en series tan populares como Clarice y 13 Reasons Why.

Tengo que reconocer que yo no supe de la existencia de Palm Ghosts hasta hace unos meses, cuando di con “World Dissolve”, un single que editaron el pasado verano y que cayó en una de las recopilaciones mensuales. Ahí ya pude comprobar que estamos ante un grupo con un evidente sonido ochentero. De hecho, ellos mismos lo describen como «la banda sonora de un baile de graduación de los 80 en una zona de guerra como Nashville». Y es cierto que buena parte de estas canciones podrían haber sonado en una película de John Hughes con Molly Ringwald de protagonista. Así que ya sabéis, si os apetece un buen chute de nostalgia, este es vuestro disco.

Tengo un poco de sentimientos encontrados con este ‘Post Preservation’. Por un lado, cuando se van hacia sonidos más electrónicos y puramente ochenteros, suenan estupendamente y nos dejan canciones notables. Sin embargo, en un par de ocasiones, se dejan llevar por un sonido que acaba convirtiéndoles en una especie de U2 de segunda. Es el caso de “Fractured” y “Close To The Dirt”, que tiran bastante de esa épica que contenían los discos de los 80 de Bono y compañía. Y bueno, la primera tiene un pase, pero es que en la segunda casi se acercan a Coldplay. Y por ahí no paso.

Ellos mismos hablan de New Order, The Cure, o David Bowie como principales influencias. Y es cierto que el sonido de los primeros si se puede apreciar en “Silent Fall”, en la que, con la ayuda de Anne McCue, se van a mundos más electrónicos. Incluso en “No Joy”, que es mucho más dance y nos puede llevar a esa época en la que la banda de Manchester se volvió loca con Ibiza. Pero lo cierto es que yo también noto una fuerte influencia de bandas de aquella época mucho más mainstream. De hecho, “Signal” y “Prefix Patriots” no puede sonar más a Duran Duran. Y si nos vamos a “She Lies Awake”, la que es la joya de la corona del álbum, nos encontramos con una estupenda canción que parece un cruce entre Simple Minds, Echo and the Bunnymen, y sí, otra vez U2. Y yo encantado.

7,6

Weyes Blood – And in the Darkness, Hearts Aglow

No tenía muchas esperanzas puestas en el nuevo trabajo de Weyes Blood. Y eso que el anterior me encantó. Pero sí es cierto que me ha costado un poco meterme en los singles previos que ha ido sacando. Lo que me lleva a la conclusión de que, al final, estos adelantos no valen para hacerse una idea previa de por dónde va a ir un álbum. Y menos uno como este, en el que no se propicia el buscar un focus track, como dicen ahora, que se convierta en viral y termine petándolo. Pero es innegable que Natalie Mering tiene un talento excepcional, y al final, también me ha terminado de enganchar al darle unas cuantas vueltas completas al disco.

Según la propia Mering, ‘And in the Darkness, Hearts Aglow’, es la segunda parte de una trilogía que empezó con ‘Titanic Rising’. Al parecer, aquél, era el relato de una catástrofe que estaba por venir. Y, como ya os podéis imaginar, en este nuevo trabajo ya estamos en plena catástrofe. Pero ojo, que en un principio no iba a ser así, ya que tenía pensado hacer un disco con canciones menos catastróficas, pero la dichosa pandemia lo cambió todo. Así que, al final, termino por escribir una colección de canciones en las que habla del narcisismo de la población, del mal uso de las redes sociales, y del amor, claro. Aunque eso sí, asegura que, si no hay otro contratiempo, el cierre de la trilogía tendrá un final feliz.

La gran mayoría de canciones de ‘And in the Darkness, Hearts Aglow’ se cuecen a fuego lento. De hecho, son de duración generosa, y muchas de ellas se van a los seis minutos. Además, apuesta por un pop muy clásico que empieza reposadamente y termina en un derroche de épica orquestal. Y hay que decir que le funciona a la perfección. Algo que resulta evidente en cortes como “It’s Not Just Me, It’s Everybody” o “Grapevine”, en los que su voz te acoge de la forma más cálida entre un manto de instrumentos de cuerda. O en esa “A Given Thing” protagonizada por un piano, con la que cierra el álbum, y que no puede resultar más emocionante.

Lo que me parece más curioso de este quinto álbum de Weyes Blood, es la elección de singles. Que ojo, como ya he dicho antes, me han terminado gustando, pero hay varios cortes en el álbum mucho más directos. Empezando por “Children of the Empire”, una joya de claro sonido retro -me flipa como suena ese chasquido de dedos que aparece a mitad de canción- que se pega a la primera. O ese balandón llamado “Hearts Aglow”, el cual va subiendo de intensidad hasta llegar a un tramo final épico y maravilloso. Incluso “Twin Flame”, en la que se sale del guion y se va hacia caminos más sintéticos, resulta mucho más pegadiza. Y si nos vamos a “The Worst Is Done”, nos encontramos con un delicioso, y animado, corte de pop de claros aires setenteros. Así que sí, estamos ante un disco más variado de lo que podría parecer en un principio.

8,1

Phoenix – Alpha Zulu

Ayer, viendo que Cut Copy no eran capaces ni de llenar la mitad de La Riviera madrileña, me di cuenta de lo mucho que ha cambiado el mundo de la música en apenas una década. Las bandas que lo petaban hace diez años y que figuraban en letras grandes en los festivales más importantes, ya no brillan como antes. Y no creo que sea porque sus discos sean malos. De hecho, el último de los australianos está bastante bien. Simplemente supongo que no han logrado conectar con la generación posterior. Y esto viene a colación porque hoy sale el primer trabajo de Phoenix en cinco años, y todos sabemos que los franceses fueron una de las grandes bandas de la explosión indie de principio de siglo. Aunque sí es cierto que los de Versalles juegan en una liga superior y es una banda más que consolidada.

Phoenix es una banda que ha triunfado en todo el mundo sin renegar de su nacionalidad. Es más, son más franceses que las Torre Eiffel, y sus letras contienen constantes referencias a su país. Lo que hace que su éxito tenga bastante mérito. Así que, grabar estas canciones en un emblema parisino como es Musée des Arts Décoratifs del Louvre, ha tenido que ser todo un honor para ellos. Aunque han confesado que, en un principio, se vieron abrumados por tanta belleza, pero que al final terminó siendo una inspiración para ellos. Y es que, también hay que decir que no todas las bandas cuentan con un privilegio así. Pero claro, ser uno de los grupos más famosos de Francia, tiene que valer para algo. Además, el museo estaba cerrado por la pandemia, así que no causaron ninguna molestia.

Alpha Zulu’ es un disco en el que Phoenix hacen de Phoenix. Ni más, ni menos. Además, es un poco batiburrillo de ideas y sus canciones no cuentan con ningún tipo de conexión como sí lo hacían las de su anterior trabajo. Dicho así, parece que estamos ante un álbum fallido, pero no. Al final, es un conjunto de ideas que no tienen nada que ver, pero que funcionan bien. Además, es el primer disco que han producido ellos mismos después de la muerte de Philippe Zdar, el que siempre ha sido su productor, y casi el quinto miembro del grupo. Y hay que decir que no lo han hecho nada mal.

Estamos ante un trabajo que cuenta con varias canciones que, seguramente, se convertirán en futuros hits de su carrera. Es el caso del juguetón tema titular, donde nos encontramos con su faceta más bailable. O de esa “After Midnight” tan deliciosa, y tan Phoenix. Además de algunas buenas incursiones en sonidos más electrónicos. Ahí tenemos la ultra pegadiza “All Eyes on Me”, que te saca a la pista de baile a las primeras de cambio. O esa “Indentical” tan comedida, pero, a la vez, tan interesante. Y, evidentemente, no faltan los hits pop, como “Tonight” donde reclutan a Ezra Koenig de Vampire Weekend -sí, es el mismo tema de siempre, pero sigue funcionando-. Pero ojo, que también se meten por primera vez en terrenos más oscuros y entregan una extraña “Winter Solstice”. O una preciosa balada sintética como “My Elixir”. Así que sí, el batiburrillo de canciones de Phoenix funciona.

7,8

Arctic Monkeys – The Car

Nunca he sido muy seguidor de Arctic Monkeys, pero sí que pensaba que su anterior trabajo había caído por aquí, porque la verdad es que me gustó bastante. Eso sí, parece que no tanto como para hacer una reseña en el blog. El caso es que creo que la banda de Alex Turner está llevando su carrera de una forma bastante inteligente. Porque puede que, de buenas a primeras, a sus seguidores más rockeros no les termine de gustar esta nueva faceta más reposada y elegante que ha tomado su carrera, pero al final, consiguen que, tanto público, como crítica, se rindan ante ellos. Y eso, tras más de quince años de carrera, y siete discos, es algo que consiguen muy pocas bandas.

Según la propia banda, ‘The Car’ sigue donde lo dejaron con ‘Tranquility Base Hotel & Casino’. Aunque eso sí, esta vez no estamos ante historias de ciencia-ficción, y sí canciones que hablan de amor, o de experiencias propias vividas por Turner -hay hasta una mención a una presentación una televisión española-. Y todo ello regado con una instrumentación acojonante, en la que, además del buen hacer del resto de la banda, nos encontramos con una orquesta de 18 personas. Y es que, si hay unas protagonistas en este disco, son las cuerdas. Ellas lo riegan todo y consiguen que este rock, con tintes de soul, funk, e incluso pop francés de aire retro, se convierta en algo apabullante. De hecho, no sé cómo lo estarán haciendo en directo, pero espero que se lleven a parte de esa orquesta.

Lo mires por donde lo mires, ‘The Car’ es un disco con un sonido apabullante. Quizá no tiene un tema tan directo como ese “Four Out Of Five” que sobresalía en su anterior trabajo, pero es una colección de canciones de lo más coherente que va cogiendo tono a medida que las vamos escuchando. Esa elegancia y sofisticación con la cuenta “There’d Better Be a Mirrorball”, ya hace que nada más empezar te pique la curiosidad por todo lo que viene después. Y hay que decir que no defrauda. Turner se mete de lleno en el mundo del falsete, y con la ayuda de su banda, y de esa orquesta, nos deja una colección de temas en la que hay retazos de funk setentero (“I Ain’t Quite Where I Think I Am” y “Jet Skis On The Moat”); un chamber-pop que acaba volviéndose glam (“Body Paint”), o una elegancia de lo más cinematográfica (“The Car” y “Big Ideas”).

También hay alguna sorpresa que otra. Es el caso de “Sculptures Of Anything Goes”, un corte oscuro en el que dejan que una caja de ritmos lleve la voz cantante. Aunque eso sí, en su parte final aparecen esas cuerdas que lo inundan todo y convierte la canción en el tema principal de una película de James Bond. O de esa “Hello You” que nos presenta el lado más cálido del álbum y a la banda en plena efusividad soul. Un soul que también es la base de “Perfect Sense”, el tema que cierra el álbum de una forma más tranquila y, como no podía ser de otra manera, de lo más orquestal.

8

The 1975 – Being Funny In A Foreign Language

Había dos cosas que lastraban los últimos trabajos de The 1975: la primera era su duración, que a todas luces era excesiva y terminaba por hacer del disco algo irregular cuando podía haber sido sobresaliente con tan solo meter la tijera. La otra era su poca originalidad. Que, lo cierto, es que era un tanto ecléctica, porque un mismo disco podían sonar como Radiohead, como una boyband de los noventa, o como cualquier grupo de rock mainstream de los ochenta. Y parece que, por fin, se han dado cuenta de esto, porque su nuevo trabajo es el más corto de su carrera y en el que van más directos al grano.

No sabemos si ha sido cosa de la banda, o de su productor, pero el caso es que ‘Being Funny In A Foreign Language’, es el álbum coherente de The 1975. Y es que, tras los mandos, está Jack Antonoff, que de producir discos redondos va sobrado. Aunque no hay que quitarle merito a la banda, porque gran parte de la culpa de que estemos ante un disco más directo, la tienen esas letras un tanto simplistas en la que aseguran que el amor nos salvará de la catástrofe (creo que Arturo Pérez-Reverte no está de acuerdo con esto). Un cierto optimismo que acaba reflejándose en el resultado final de las canciones.

Hay que decir que se nota bastante la mano de Antonoff a lo largo de todo el disco. Lo que más abunda en este nuevo álbum de The 1975 son los temas de pop-rock con un cierto sabor americano, y muy ochenteros. Un sonido que protagonizaba el último trabajo de Bleachers, la banda de Antonoff. Y lo cierto es que los de Manchester se han adaptado muy bien a ese sonido, porque, otra cosa no será, pero cuando van a por el hit, son infalibles. Ahí está la deliciosa “Happiness”, en la que incluso se atreven con un solo de saxo; el rock de estadio de “Looking For Somebody (To Love)”, que hay que reconocer que les sienta de maravilla, o esa “I’m In Love With You” tan facilona, y a la vez, tan efectiva. Además de la juguetona “Wintering”.

Están acertados hasta en sus habituales salidas de tono. El “The 1975” que abre este álbum -todos sus discos se abren con una canción llamada así- funciona bastante bien como carta de presentación. Aunque quizá sea porque es un evidente “homenaje” al “All My Friendsde LCD Soundsystem. Y una balada un tanto atípica, como es “Part Of The Band”, en la que podemos escuchar a Japanese Breakfast, termina resultando atractiva. Además, se puede decir que suena a ellos mismos en lugar de a otras cosas. Algo que no se puede decir de “Oh Caroline”, un sedoso medio tiempo que es puro ochentas. Aunque hay que reconocer que, una vez más, se les da muy bien lo de sonar como otros. Algo que también se puede decir de esa balada ensoñadora llamada “About You”, que casi parece una versión ralentizada del “Heroes” de Bowie. Una influencia que, por otro lado, no han escondido nunca.

8

Totally Enormous Extinct Dinosaurs – When The Lights Go

Han pasado diez años desde que Orlando Higginbottom, más conocido como Totally Enormous Extinct Dinosaurs, se convirtiera en una estrella de la electrónica con su álbum de debut. El músico británico lo tenia todo para entrar en ese selecto grupo de djs que coparon todos los festivales a mediados de la década pasada. Además de ser requeridos para hacer remixes de grandes estrellas del pop -Higginbottom llegó a remezclar a Lady Gaga, Katy Perry y Sky Ferreira-, pero vio que eso no era lo suyo. Además, tuvo problemas con la bebida propiciados por sus peleas con su sello -al parecer, no ha obtenido beneficios de ese primer disco-. Esta situación le llevó a mudarse a Los Ángeles para desaparecer y centrarse en su vida, pero sin olvidarse de su música. Y eso es lo que hizo hasta la pandemia, que fue cuando empezó a dar forma a este segundo trabajo.

When The Lights Go’ es un disco que nace de todas las composiciones que ha recolectado durante todo esto tiempo -llegó a tener hasta 100-. Algo que, de alguna manera, le ha llevado a repasar lo que ha sido su vida en estos últimos años. Así que, con una selección de 17, se volvió a Reino Unido para pasar la pandemia con su familia, y de paso, terminar de pulir estos temas. Pero Higginbottom es una persona a la que le gusta perderse por el mundo, y estando tan cerca de Portugal, no pudo evitar pasar un tiempo en Lisboa y trabajar en estos temas.

El segundo álbum de Totally Enormous Extinct Dinosaurs es una colección de canciones pop que se aleja bastante de su debut. El músico británico tiene muy claro que no quiera saber nada del oficio de DJ, el cual detesta y pone a parir en cuanto tiene ocasión, y quiere crear canciones que puede llevar al directo con una banda. De hecho, esa fue una de las fricciones que hubo con su sello, que no le proporcionó los medios para hacer una gira en condiciones. Esto no significa que deje la electrónica de lado, todo lo contrario, sigue siendo la protagonista. Pero ahora, con ella, se adentra en el pop más absoluto. Y así consigue dar con unas cuantas joyas de corte ochentero, como es el caso de “Crosswalk”, “Story”, o “When The Lights Go”. Pero también con hits dance con sabor a los noventa, como “Never Seen You Dance” y su pegadizo piano house.

Casi se podría decir que le ha cogido manía a la pista de baile. Y es que, en buena parte del disco, pisa el freno y se entrega de lleno a la balada sintética. Algo que se aprecia perfectamente en las delicadas, y estupendas, “Friend”, “Treason” y “Be With You”, donde sigue de lleno en esos ochenta que nunca se acaban. Pero es que, incluso, se atreve a irse al soft-rock y entregar “The Sleeper”, un delicioso tema que acaba con épico solo de guitarra sintetizado. Sí es cierto que también tiene tiempo de salirse de esa década, pero no del tono reposado y triste que tiene prácticamente todo el álbum. Así, nos deja una genial “Blood in the Snow”, donde habla de que le gustaría tener hijos, pero no en este mundo de mierda. Y ojo que, de vez en cuando, también tiene ganas de volver a bailar. Y ahí es cuando entra en juego un pelotazo como “Sound & Rhythm”.

7,7

Jockstrap – I Love You Jennifer B

Guste o no, Jockstrap es uno de los proyectos musicales más fascinantes de los últimos años. Fundado por Georgia Ellery y Taylor Skye allá por 2017, prácticamente se convirtieron en una banda de culto con su primer EP y, desde entonces, no han parado de recibir elogios de la crítica. Algo que ha terminado de explotar con su álbum de debut. Porque, si echáis un vistazo a las listas provisionales de lo mejor de este año, veréis que este trabajo está muy arriba. Además, muy cerca de esa barbaridad que han editado Black Country, New Road, la otra banda donde milita Georgia Ellery.

Muchos os preguntareis que es lo que tienen Jockstrap para haberse convertido en una de las sensaciones de los últimos años. Pues, para empezar, no tener ningún tipo de complejo musical. Es prácticamente imposible ponerle una etiqueta a su música. Y lo es, porque mezclan todo lo que se les ponga por delante. En este ‘I Love You Jennifer B’ hay pop de lo más comercial, folk con sabor a los sesenta, jazz retro, techno, o incluso alguna canción grabada en el baño con tan solo un arpa. Y lo más increíble es que unas cuantas veces lo mezclan todo en el mismo corte. Además, con resultados realmente sorprendentes.

Se mire por donde se mire, ‘I Love You Jennifer B’ es una autentica locura. Desde el principio, con esa “Neon” llena de suciedad y guitarras que se acercan al post-rock, ya se ve que no estamos ante una banda muy convencional. Pero tienen algo con lo que ganan al oyente: su punto melódico. Hagan lo que hagan, no lo pierden en prácticamente ningún momento. Así, te dejan estupendas e inclasificables canciones como “Jennifer B” o “Debra”, donde los ritmos electrónicos toman el mando. Además, en la segunda, no tienen ningún problema en meter una melodía de lo más árabe. O con delicadas canciones que se adentran en un folk de lo más retro, como es el caso de “What’s It All About?” y “Lancaster Court”.

No estamos ante un disco que busque el single fácil, pero algo de eso hay. Una de las partes más asequibles del álbum aparece en “Greatest Hits”, un tema de dance pop apoyado en un piano delicioso, que está lleno de extrañas referencias que van de Madonna a Maria Antonieta. O en una locura tan deliciosa como “Concrete Over Water”, donde pasan de una delicadeza con aire a banda sonora de musical, a unos estridentes sintetizadores y un ritmo dance machacón. Aunque es en esa “Glasgow”, con su toque folk, y sus cuerdas, donde más fácil se lo ponen a sus oyentes. Pero tengo que decir que a mí me engancharon con “50/50”, una extravagancia techno que te anima a saltar a la pista de baile más cercana.

8

Oliver Sim – Hideous Bastard

Tengo que empezar esta entrada diciendo que no soy nada objetivo con The xx y con todo lo que hacen por separado sus miembros. El trío británico me gusta demasiado, y lo que han hecho hasta ahora Jamie xx y Romy me encanta. El único que faltaba por sacar su propia música a la luz era Oliver Sim, y este año lo ha hecho por todo lo alto. Porque, a pesar de que los otros dos miembros empezaron antes, el disco en solitario de Jamie xx ya tiene siete años, y Romy solo cuenta con un estupendo single y algunas colaboraciones. Pero Sim ha empezado su carrera en solitario con un álbum completo, y con un corto cinematográfico que lo acompaña. Y sí, aquí podríamos aplicar eso de que lo bueno se hace esperar.

Hideous Bastard’ es un disco sorprendente. Y lo es por su sinceridad, y por lo curioso de sus influencias. Sim no solo se desnuda emocionalmente, hablando sin tapujos de su homosexualidad y de su condición de seropositivo desde los 17 años, también nos muestra su mundo particular. Y ahí es donde entra el cine de terror, que ha sido la gran influencia de este trabajo. Una buena parte de las letras hablan de monstruos -muchas veces metafóricamente-, o de los villanos de este tipo de películas. Porque, según ha comentado el propio Sim, no se siente identificado con los buenos de la peli.

Para hacer de todas estas ideas canciones ha contado con la ayuda de Jamie xx. Su compañero de banda, y amigo desde la infancia, ha producido el disco y se ha metido en su mundo particular. Porque, a pesar de no compartir algunos gustos musicales y cinematográficos, y que estamos un disco bastante queer y Jamie es hetero, se han fusionado perfectamente para crear el disco que Oliver quería. Por ejemplo, hay una notable influencia de los grupos masculinos de los sesenta. Solo hay que escuchar “GMT”, una bella canción que escribió en Australia y que está dedicada a su querida Londres. O lo soleada que suena la estupenda “Run The Credits”. Aunque en ella apuesta por Buffalo Bill, el malo de El Silencio de los Corderos, y deja de lado a las princesas Disney. Por no mencionar ese mundo crooner algo terrorífico que aparece en “Romance With a Memory”.

Hay momentos realmente bellos en este álbum de debut de Oliver Sim. El primero lo encontramos en la sintética “Hideous”, donde entabla un dialogo musical con Jimmy Somerville, que aporta su inconfundible falsete y se convierte en su ángel de la guarda que le da consejos. Además de ser la canción en la que confiesa que tiene VIH desde los 17 años. Luego tenemos “Never Here”, una pasada de canción que nos muestra el lado más The xx de todo el disco. Aunque bueno, esa delicada balada llamada “Saccharine” también podría estar dentro de un trabajo de su banda. Aunque, personalmente, creo que el gran momento del álbum llega con “Fruit”. Aquí se sale un poco del sonido del resto del álbum y se va al synth-pop para dejarnos una canción de lo más memorable.

8,1

Stella Donnelly – Flood

Stella Donnelly se convirtió en una de las artistas con más proyección de Australia con ‘Beware Of The Dogs’, un álbum de debut lleno de dardos de rock y pop en los que no se cortaba un pelo a la hora de hablar del machismo, el abuso de poder de los hombres, o políticos corruptos que negaban el cambio climático (el día que se pase por España va a flipar). Han pasado tres años desde que se publicó ese trabajo, y al igual que buena parte del mundo, la de Perth ha sufrido cambios con su vida gracias a la pandemia. Lo que la ha llevado a crear un segundo trabajo en el que busca más su felicidad y seguridad que otra cosa.

Una de las cosas que tenia claras Stella Donnelly al escribir las canciones de ‘Flood’, era que tenia que salir un poco de su zona de confort. Y empezó por componer buena parte del álbum con el piano. Pero no solo eso, su banda también aprovechó la situación para tocar otros instrumentos a los que no estaban muy acostumbrados. Incluso se puede escuchar a sus miembros masculinos hacer coros y cantar en algunos temas. Y la verdad es que, a pesar de no salir prácticamente del indie-pop en todo el disco, sí que cuenta con un sonido un tanto diferente del de su debut. Quizá, porque el piano se deja escuchar en muchas de sus canciones.

Lo que sí que sigue la australiana es el mismo guion que en su debut. Es decir, que hay una parte de temas un tanto más animados, y otros bastante más reposados. Y, al igual que en ese trabajo, ganan por goleada los más directos. Como esa “Lungs” en la que se saca de la manga un ritmo bailongo y de lo más adictivo. O la estupenda “How Was Your Day?”, que no es otra cosa que un magnifico corte de indie-pop. Además del tema titular, donde juega con un lado más ensoñador que le sienta muy bien. Como también le sienta bien dar protagonismo al piano en “Move Me” y “Cold”, dos de los cortes más deliciosos del álbum.

Sí es cierto que los temas más reposados también pueden resultar muy interesantes. Principalmente, porque es donde más experimenta con su sonido. Así, tenemos la delicada “Restricted Account”, que cuenta con un pequeño toque de jazz. O “Medals”, que la mete de lleno en el mundo del soft-rock. Además de esa “This Week” en la que aparecen unas trompetas un tanto soul. Aunque eso sí, también se deja llevar por la austeridad y nos deja una “Morning Silence” en la que tan solo necesita una guitarra acústica.

7,6

Katy J Pearson – Sound of the Morning

Katy J Pearson es una de esas artistas que picotea un poco de varios estilos. Lo que hace que algunos la metan en carro del folk, otros en el del rock, y unos cuantos más en el del pop. Incluso, se ha dicho que tiene un tono de voz muy a lo Dolly Parton. Aunque eso sí, pasado por el falsete de Kate Bush. Y lo cierto es que, al final, con toda esta fusión de influencias, la artista británica consigue dar con una propuesta absolutamente personal y de lo más interesante. No obstante, su álbum debut, recibió muy buenas reseñas en 2020. Y este segundo álbum va por el mismo camino.

En los dos años que han pasado desde su álbum de debut, Katy J Pearson ha explorado unas cuantas facetas más dentro del mundo de la música. Primero, colaborando vocalmente en el último trabajo de su amigo Orlando Weeks. Y un poco más tarde subiéndose al escenario con los geniales Yard Act. De hecho, el disco está coproducido por Ali Chant, que también ha producido el debut de estos últimos. Pero el caso es que, todas estas aventuras musicales, le han servido de inspiración para las canciones de este ‘Sound of the Morning’, que es un tanto más pop y directo que primer trabajo. De hecho, se podría decir que es toda una colección de hits.

Aunque el disco se abre con el introspectivo, y algo folk, tema que le da título, no es el camino que sigue mayoritariamente en el resto del álbum. Aunque hay que decir la canción está bastante bien. Pero el caso es que prefiere irse hacia el mundo del pop. Y hay que decir que acierta de pleno. Solo hay que escuchar esa joya llamada “Talk Over Town”, en la que se va al lado más indie del asunto. O esa “Riverbed” algo más “americana”, que es una autentica delicia. Además de la acelerada “Confession”, donde se acerca a los noventa, o ese himno lleno de guitarras potentes llamado “Alligator”.

Katy J Pearson está en uno de esos momentos de su carrera en el que todo le sale bien. Porque hay veces que lleva ese pop a mundos algo más extraños, y sale más que bien parada. Es el caso de “Howl”, donde se mete en mundos un poco mas avant-garde y se saca de la manga una canción menos evidente, pero igual de adictiva. De hecho, su estribillo, coronado por unas trompetas, es de los mejores del álbum. O de “Float”, en la que se adentra en terrenos del slow-disco y se hace con uno de los grandes temas del álbum. Además, como dato curioso, a la batería está Morgan Simpson de black midi. Eso sí, para terminar, vuelve al pop vigoroso y nos deja la estupenda “Willow’s Song”.

8.1