Bob Mould – Blue Hearts

Bob Mould está muy cabreado con el mundo en el que vivimos, y especialmente con su país. El músico estadounidense no puede más con Trump, con la hipocresía de la religión, o con la pasividad de los grandes mandatarios ante el cambio climático. Temas, todos ellos, que salen a la luz en ‘Blue Hearts’, su disco número catorce, y lo que él mismo ha calificado como “la colección de canciones protesta más pegadiza que ha escrito jamás”. Además del trabajo “más crudo y polémico de su carrera en solitario”.

Mould nos engaña empezando el disco con “Heart on My Sleeve”, un corte acústico en el que se lamenta de la falta de acción frente al cambio climático. Además, lo hace desde la resignación, y desde la posición de una persona de 59 años que ya no sabe qué hacer para creer en este mundo. Pero este no es el tono del resto del álbum. A partir del segundo corte entra el Mould enfadado y rabioso, el cual, junto a su sección rítmica de siempre –Jon Wurster a la batería y Jason Narducy al bajo-, nos deja media hora de indie-rock acelerado y contundente.

El de Nueva York tiene dardos para todos. Así, en “Next Generation”, ánima a las nuevas generaciones a salir a la calle y a luchar por sus derechos; en “American Crisis” le da un buen repaso a las miserias de su país – “Here’s the newest American Crisis/ Thanks to Evangelical ISIS”-, y en “Baby Needs a Cookie” se burla todo lo que puede de Trump. Pero, es más, cuando se pone algo melancólico, y se acuerda de las tardes lluviosas en las que su madre le llevaba a misa, aprovecha para hacer un tema como “Forecast in the Rain”, y criticar a la iglesia. Tan solo se sale de esta rabia constante para repasar algunas antiguas relaciones amorosas, o sexuales. Es el caso de la enérgica “When You Left”, y de la algo más oscura “Leather Dreams” (el título lo dice todo).

Bob Mould ha hecho uno de esos discos en los que no se corta un pelo a la hora de soltar todo lo que le pasa por la cabeza. Además, lo hace sin ningún tipo de filtro, porque no puede ser más directo y claro en sus letras. Y eso, unido a que está de lo más acertado con las melodías y los estribillos, hace que nos encontremos ante uno de los mejores trabajos de su carrera.

7,7

Ezra Furman – Twelve Nudes

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Mirado desde fuera, puede parecer que el 2018 pasado fue un gran año para Ezra Furman. Su anterior trabajo, el estupendo “Transangelic Exodus”, recibió unas críticas estupendas y, además, tuvo la oportunidad de participar en “Sex Education”, una de las series con más éxito de la temporada. Pero, al parecer, no fue así. Por lo menos en el plano personal. Y es que, como persona queer, Furman no está muy contento con la situación que vive su país, por eso se encerró con su grupo en un estudio de Oakland, bebieron, fumaron, y parieron las partes más ruidosas del que es su nuevo disco. Tanto, que incluso llegó a lastimarse la voz. De ahí que diga que es “su disco punk”.

Según Furman, este “Twelve Nudes” tiene dos héroes personales que le han inspirado. La primera es la a poetisa, filósofa y ensayista canadiense Anne Carson, cuyo trabajo ha servido de inspiración para el título del álbum. Y el segundo no es otro que el tristemente fallecido Jay Reatard. Y es que, estas once canciones, cuentan con la fuerza que tenía la música del de Memphis, pero también con ese punto melódico que la hacía más interesante. Así que, entre berridos, distorsiones, y suciedad, nos encontramos con 28 minutos absolutamente irresistibles, llenos de grandes melodías, y deliciosos estribillos.

El disco se abre con Furman pidiéndonos un poco de calma en ‘Calm Down aka I Should Not Be Alone’. Y lo hace de la forma menos calmada posible, porque es uno de los cortes más sucios y efusivos del disco. De hecho, no me extraña que se dejara la voz grabándolo. Una suciedad que también aparece en temas como ‘Rated R Crusaders’, en la estupenda ‘Thermometer’, que cuenta con un punteo irresistible, o en esa ‘What Can You So But Rock ’n’ Roll’ con la que cierra el álbum. Pero hay mucho más que este tipo de canciones. Furman se ha sacado la manga una colección de canciones sumamente atractivas, y lo que es mejor, ese toque Springsteen que ya tenía su anterior trabajo, sigue muy vivo. Así, nos encontramos con temas sucios y desgarrados, pero altamente melódicos. Es el caso de ‘Evening Prayer aka Justice’, ‘Transition From Nowhere to Nowhere’, de la efusiva ‘My Teeth Hurt’, o de esa hostia de realidad que le mete a la sociedad norteamericana en ‘In America’. Además de ‘I Wanna Be Your Girlfriend’, una balada retro que es una auténtica delicia.

Ezra Furman va mejorando su propuesta en solitario con cada disco que va editando, y ya nadie puede negar que es de lo mejor que hay en el rock norteamericano actual. Además, cuenta con compromiso social, y no tiene reparos a la hora de denunciar las mierdas de su país, y eso siempre es un plus.

8

Ceremony – In The Spirit World Now

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Ceremony es una de las bandas de punk-rock norteamericanas más interesantes de la actualidad. A lo largo de su carrera, han pasado por varias fases, que van del punk más abrasivo, al rollo más oscuro, o a la new-wave. Estas ganas de salirse un poco del punk más evidente, les ha llevado a grabar para todo tipo de sellos, entre ellos el “indie” Matador, y acercarse a otro tipo de público que va más allá del punk. Una inquietud que vuelven a mostrar en su nuevo trabajo, el primero en cuatro años, donde se adentran en sonidos más sintéticos.

In The Spirit World Now” está compuesto y pensado para darle importancia a los sintetizadores. Gran parte de los temas cuentan con una parte sintética, la cual lleva su música a terrenos más pop. De hecho, he leído por ahí, que este trabajo es una especie de fusión entre la música de Wire, Devo y New Order. No puedo estar más de acuerdo, porque hay un poco de todos estos grupos a lo largo del disco.

El álbum se abre con un trallazo de post-punk llamado ‘Turn Away The Bad Thing’, en el que demuestran que saben llevar la rabia hacia su lado más melódico. Además, cuenta con un puente en el que podemos escuchar la voz de Chelsea Wolfe. Un sonido que también aparece ‘Years of Love’, ‘Never Gonna Die Now’ o ‘Calming Water’. Pero también en el tema que da título al álbum, donde un teclado algo estridente y los coros del estribillo, nos hacen acordarnos de los Wire del “Pink Flag”.

Lo mejor del disco llega cuando se ponen algo más juguetones y no tienen ningún problema en reivindicar a Devo. Es el caso de la ultra-pegadiza ‘Further I Was’, donde los sintetizadores se alinean con una sección rítmica simple, pero efectiva. O de ‘Say Goodbye To Them’, que también es puro new-wave. Es una lástima que no sigan por ese camino en el resto de temas del disco, porque, al final, canciones como ‘We Can Be Free’ o ‘I Want More’, tenían posibilidades, y les han quedado un tanto simplonas. Por no decir que no están muy lejos de Kaiser Chiefs. Casi prefiero que se relajen un poco y se acerquen a sonidos más oscuros, como es el caso de la notable ‘Presaging the End’.

No es un disco perfecto, pero al menos sí que es un trabajo en el que intentan no quedarse estancados. Además, con buenos resultados en unas cuantas ocasiones.

7,3

Mannequin Pussy – Patience

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Resulta curioso el camino que han tomado Mannequin Pussy en su nuevo trabajo. La banda de Filadelfia siempre ha llenado sus discos de canciones de punk energético y chillón que, a mí, particularmente, no me dice nada, pero las cosas han cambiado en disco. El punk sigue bien representado en algunos de los cortes del álbum, pero hay una buena parte del mismo en el que se alejan de él, y se meten de lleno en una especie de indie-rock de lo más melódico. De hecho, se podría decir que hay dos discos diferentes en uno.

Patience” es el disco más ambicioso de la banda norteamericana. En él, dejan claro que pueden ir más allá de los típicos dos acordes del punk, y lo reflejan muy bien en unas cuantas canciones. Empezando por ‘Drunk II’, todo un himno, en el que las guitarras suenan más contenidas y melódicas de lo habitual. Y si ya nos vamos a ‘Fear/+/Desire’, nos encontramos con un tema en el que se atreven con una acústica, y se acercan a las Hole de “Celebrity Skin”. Pero su lado más pop no termina aquí, porque en ‘Who You Are’ y en ‘In Love Again’, se dejan llevar por su lado más melódico, y nos dejan dos cortes sobresalientes.

Dentro de lo que podríamos llamar su lado más punk y acelerado, también hay cosas que resultan interesantes. Una de ellas es el corte que da título al álbum, donde sí se aceleran, pero no se ponen muy intensos y gritones. Algo que sí ocurre en un corte como ‘Cream’, en el que se fijan bastante en el movimiento riot grrrl de los 90 (todo el disco tiene un aire claro a esa década), o en las muy cortas ‘Drunk I’ y ‘Clams’. Menos mal que, a mitad de disco, meten ‘High Horse’, la que podríamos calificar como su “balada”. Eso sí, con muchas comillas, porque acaba en una tormenta de guitarras densa y cruda.

Mannequin Pussy han sacado el mejor disco de su carrera, y el más corto, porque, a pesar de que tan solo dura 25 minutos, ya es más que es sus anteriores trabajos, que no llegaban a los 20 minutos. Debe de ser que están madurando.

7,9

Art Brut – Wham! Bang! Pow! Let’s Rock Out!

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La verdad es que, tras siete años sin saber nada de ellos, no creo que fueran muchos los que se esperaran un nuevo trabajo de Art Brut. Hasta hace unos meses, claro, que fue cuando editaron un nuevo single. El cual, para sorpresa de muchos, yo incluido, estaba bastante bien y mostraba a la banda en muy buena forma. Y es que, los de Eddie Argos, siempre han sabido cómo animar a un muerto con su punk rock abrasivo y sus letras llenas de ironía y mala leche. Algo a lo que vuelven en el que es su quinto álbum.

A pesar de que la banda ahora está afincada en Berlín, “Wham! Bang! Pow! Let’s Rock Out!“, no puede ser un disco más británico. Hay continuas referencias la cultura popular british (deberían hacerse mirar esa obsesión que tienen con el Top of the Pops), y cuenta ese aire macarra que caracteriza el rock salido de las islas. Aunque sí es cierto que le dedican un tema a Berlín, el cual, casualmente, es de los más flojos del disco. Y es que, lo suyo es darle al rock acelerado, y aderezado, con estribillos redondos. Una buena muestra son los dos temas que abren el álbum, en los que dan buen uso de las trompetas. De hecho, en ‘I Hope You’re Very Happy Together’, entran de maravilla y hacen que su estribillo sea más redondo todavía. Como también son redondas ‘She Kissed Me – And It Felt Like a Hit’ (guiño al tema de The Crystals), y ‘Wham! Bang! Pow! Let’s Rock Out’ en las que se ponen un poco más abrasivos. Por cierto, hablando de guiños, me encanta el que le hacen a Lionel Richie y su ‘Dancing On The Celling’.

Uno de los temas más sorprendentes del disco es Veronica Falls. Sí, como el grupo. Ya no solo porque meten parte de uno de sus estribillos, también porque es un corte mucho más pop de lo normal. Y la verdad es que esa una faceta que les sienta bien. Eso sí, no he logrado saber si se mofan un poco de ellos, si es un homenaje, o si simplemente les venía bien hacerlo así. Y es que, lo de hacer referencias a otros grupos, u homenajes, según como se mire, forma parte de su forma de hacer música. Otro ejemplo es ‘Hospital!’, en la que, si os fijáis un poco en el puente de la canción, escuchareis la melodía del ‘Daddy Cool’ de Boney M.

Lo nuevo de Art Brut es una sorpresa muy agradable, porque, siendo sinceros, no esperábamos de ellos un nuevo álbum tan interesante y divertido.

7,7

Ex Hex – Rips

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Si pensabas que ya se había explotado todo lo que se tenía que explotar de los ochenta, estas muy equivocado. Todavía queda un poco de donde rascar. Prueba de ello es el nuevo grupo de Mary Timony, una chica que ha pasado por Wild Flag y Sleater-Kinney, y que ahora lidera estas Ex Hex. Lo suyo es el rock más macarra de finales de los setenta que tan popular se hizo a principio de la década siguiente. Todo aquello que empezaron The Runaways y que otras bandas de chicas fueron adaptando a otros estilos (también hay mucho de The Go Go’s por aquí). Eso sí, ellas dicen que lo que les unió es su amor por The Voidoids. De todas formas, todo esto da igual, ya que al final han conseguido su propósito, que no es otro que hacer un álbum de punk-rock entretenido y brillante.

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Dicen que Rips es un disco que habla de “chicos malos” esos “que se peleaban en patio del colegio y después te robaban la cartera”. No sé sí la delincuencia juvenil era algo muy habitual en los colegios estadounidenses, pero sí es cierto que todo el álbum desprende ese sonido macarrilla y callejero; muy de chupa de cuero. También dicen que “hay que estar muy atento al disco” ya que “se pasa en un suspiro”. Algo en lo que también coincido con ellas. Es un trabajo que se disfruta muy fácilmente, donde sueltan hits con una facilidad pasmosa. Y es que es un disco creado para pasarlo bien, en el que te dejan pasmado a base de riffs cortantes que se fusionan con buenos estribillos y grandes melodías.

Es cierto que me resultan más brillantes cuando tiran un poco más hacia el pop y se acercan a la new-wave, como es el caso de Don’t Wanna Lose, que tiene un estribillo que es puro The Pretenders, o las fantásticas You Fell Apart y How You Got That Girl (en esta me han recordado mucho a The Romantics). Por no hablar de lo bien que suenan Waterfall o Radio On. Pero también tienen su encanto cuando se ponen mucho más macarras y nos sueltan trallazos como Beast y Hot And Cold, la que fue su carta de presentación, y mi primer flechazo con ellas.

Rips es un trabajo muy entretenido, concebido para hacer el cabra mientras los escuchas, y para recordarte que hubo un tiempo en el que eras joven. Un bofetón en la cara a base de hits rockeros.

8

Parquet Courts – Tally All the Things That You Broke Ep

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Desde luego, parece que Parquet Courts se han empeñado en que vivamos la época dorada del CBGB y el punk neoyorquino, y a este paso lo van a conseguir. Si en su anterior trabajo, el que les dio a conocer, ya demostraban que podían revivir esos años, en este nuevo Ep lo confirman, y además sorprenden con nuevos sonidos. Otra cosa es que acierten

Uno de los hándicaps de Parquet Courts es su punto melódico, que hace que sus temas no suenen tan desgarrados, a pesar de que su cantante tiene una voz un tanto desagradable. Saben cómo hacerte un hit guitarrero de apenas dos minutos (ahí está ese Borrowed Time, que era una joya), y descolarte inmediatamente después con un tema un tanto más incómodo. Es algo que vuelven hacer aquí, donde empiezan con You’ve Got Me Wonderin’ Now, una canción punk-rock de poco más de dos minutos que roza la perfección. Además, meten una flauta, y se quedan tan anchos. En Descend (The Way) siguen por el mismo camino, pero están un poco menos acertados. Para mi gusto le falta un buen estribillo, y Andrew Savage deberían cantar en lugar de escupir graznidos por la boca. Algo que también le pasa en The More It Works, un tema donde las guitarras suenan de lo más melódicas, pero la voz no. Y es que parece que están intentando no hacer un nuevo Borrowed Time, algo que para mi gusto es un grave error. Además, en esta canción se van a los cinco minutos, cuando no era necesario.

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El cambio principal viene en las dos últimas canciones, donde nos dejan una pequeña, e indescriptible, anécdota de minuto y medio llamada Fall On Yr Face, y la gran sorpresa del Ep. Y es que cierran estos veinte minutos de música con He’s Seeing Paths, un tema de siete minutos donde se van al hip-hop de la vieja escuela. Sí, no me he vuelto loco. De repente encontramos influencias de los Beastie Boys en su música, y construyen una canción de hip-hop sin samplers, en la que ellos tocan todos los instrumentos. Suena totalmente Old-School, y la verdad es que tiene su punto.

Es un Ep un tanto decepcionante, y creo que deberían centrarse en hacer temazos de punk melódico, que tienen talento para ello.

6,5

Terry Malts – Nobody Realizes This Is Nowhere

Por alguna razón que desconozco, y no entiendo, Terry Malts evitaron que se les relacionara con Magic Bullets, banda a la que pertenecen sus tres miembros. Supongo que será por las diferencias musicales que hay entre una banda y otra, pero vamos, que sigo sin entenderlo. Afortunadamente, entraron en razón, y ya no esconden que también pertenecen a una de las mejores bandas de pop de lo que llaman la Bay Area. Y es que aunque disfracen su música de punk, el trío de San Francisco hace canciones de puro pop acelerado y ruidoso. Digamos que tiran de los Ramones, de los Husker Dü más asequibles, e incluso de The Jesus & Mary Chain. Además, están en Slumberland, uno de los mejores sellos de pop de nuestros días.

La continuación de Killing Time (uno de mis discos favoritos de 2012) sigue por el mismo camino, y no cambian absolutamente nada -a ver quién es el listo que le dice a un punk-rocker que cambie de un disco a otro-. Es decir, está lleno de canciones que no suelen pasar los dos minutos en las que las guitarras aceleradas y las melodías pop se fusionan con una contundente base rítmica y la voz grave (casi parece un crooner) de su cantante.

Es un disco para disfrutar como un crío, y no pararse a pensar que esto está hecho desde hace mucho tiempo. También os digo que es difícil sonar fresco con algo tan sumamente sobado, y ellos lo hacen de maravilla. Y es que a veces se dan los factores correctos, y por lo que sea, algo así es capaz de hacernos vibrar otra vez. Two Faces, Human Rice, They’re Feeding, Buy Buy Baby, So Serious o Walking Without You cumplen su función sobradamente. Algunas son más pop, otras son más punk, pero todas las canciones del disco tienen algo que te hace mover la cabeza de un lado a otro. Incluso cuando se ponen en plan Psychocandy, algo que hacen en Comfortably Dum (supongo que esto será una coña con el tema de Pink Floyd).

No, no van a cambiar el mundo, pero quizá te lleven a esos días en los que escuchaste por primera vez a los Ramones, y solo podías pensar en ir a un concierto a hacerte unos buenos pogos. Algo es algo.

7,2