The Weeknd – After Hours (Deluxe)

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Supongo que os sorprenderá ver un disco de The Weeknd por aquí. Aunque tengo que decir que ya puse algunos de sus primeros trabajos en la anterior etapa del blog. Pero bueno, el caso, es que me sorprende hasta a mí. Porque, para ser sincero, desde que se convirtió en una estrella, no he seguido mucho su carrera. Evidentemente, conozco temas como ‘Starboy’ o ‘Can’t Feel My Face’, que han sonado en todas partes, pero no he seguido muy de cerca sus discos. Pero, por alguna razón, no sé si por las buenas críticas, o el aburrimiento de la cuarentena, he escuchado bastante su nuevo trabajo en estas semanas. Y me ha gustado.

After Hours” es un trabajo curioso, porque creo, Abel Makkonen Tesfaye, se ha dejado llevar por una especie de sexto sentido que le ha hecho distanciarse un poco de su lado más comercial. De hecho, tiene cortes que me recuerdan a sus comienzos, cuando hacia un R&B más oscuro. Solo hay que escuchar esa ‘Alone Again’ que lo abre, en la que se mete en los sonidos urbanos, pero desde una perspectiva menos comercial de lo habitual. Algo que también se aprecia en la más potente ‘Heartless’, o la etérea ‘Faith’. Eso sí, tampoco es que se haya pegado un tiro en el pie, y haya decidido boicotear su lado más comercial. Ahí están ‘Too Late’ y ‘Hardest To Love’, que entran dentro de la típica canción The Weeknd de los últimos años. Además de ‘Scared To Live’, una balada que podría haber hecho cualquier banda de los ochenta.

Lo mejor del disco, y lo que me ha hecho escucharlo habitualmente, no llega hasta el noveno corte. Porque, el canadiense, ha cambiado de rollo a la hora de hacer las canciones más comerciales del álbum. Y viendo las cifras que manejan estos temas, parece que no se ha equivocado. El trío formado por ‘Blinding Lights’, ‘In Your Eyes’ y ‘Save Your Tears’, es de lo mejor que he escuchado este año. Tanto la efusividad synth-pop de la primera, como la delicadeza, también sintética, de la segunda, y el pop con sabor a los ochenta de la tercera, funcionan a la perfección. Además, un poco más tarde, aparece el tema que da título al álbum, en el que se ha hecho un Chromatics de manual. No obstante, la banda de Portland, ha hecho un remix de ‘Blinding Lights’, por lo que tiene pinta del que canadiense es bastante seguidor de ellos. Y ojo, porque en ‘Repeat After Me (Interlude)’ están acreditados Kevin Parker de Tame Impala, y Daniel Lopatin, el hombre que se esconde tras Oneohtrix Point Never. Lo que demuestra que Tesfaye está atento a otros tipos de música.

Hay que celebrar que uno de los artistas más comerciales de la actualidad tenga tanto talento, porque, independientemente de que nos guste su rollo, o no, es innegable que lo tiene.

7,6

Porches – Ricky Music

Porches

Porches, o lo que es lo mismo, el proyecto de Aaron Maine, me gusta a ratos. Ya lo comenté cuando puse su anterior trabajo, que no entiendo muy bien el entusiasmo que hay con él. Pero sí reconozco que tiene algo interesante. Sobre todo cuando se pone un tanto más electrónico y se anima un poco más. Algo que no hace mucho en su nuevo trabajo. Eso sí, tengo que reconocer que es un trabajo coherente en el que, parece, ha encontrado su camino.

La mayor parte de “Ricky Music” se mueve en ese R&B sintético que tantos artistas practican ahora. Y la verdad es que se le da bastante bien este rollo. Además, cuenta con colaboraciones de Dev Hynes y Zsela, que saben muy bien lo que se hacen ese ámbito. De hecho, ‘rangeover’, que aparece como el bonus track, y es el tema en el que colabora Hynes, también es lo mejor de su carrera. Pero no le hace falta contar con nadie para darnos buenos temas en este aspecto. Ahí está esa preciosidad llamada ‘Do U Wanna’, que tienen un cencerro que me chifla. O esa ‘Lipstick Song’ y su emociónate despegue final.

Una vez más, cuando se sale del mundo sedoso, nos entrega el que es el mejor momento del disco. Se trata de ‘Madonna’, todo un himno synth-pop, luminoso y bailable, al que solo se puede poner una pega: el autotune. Y con todo, resulta brillante. Algo que también ocurre con ‘I Wanna Ride’, en la que juega a meterse en mundos más propios de Chromatics. Y la verdad es que acierta de pleno. Eso sí, no puedo decir lo mismo de la parte final del disco, que es más irregular. Y es que, en cortes como ‘Fuck_3’ o ‘Wrote Some Songs’, parece que la ha invadido la pereza, y resultan un tanto aburridos. Menos mal que está por ahí la bonita ‘Hair’, que consigue subir un poco el listón de esta parte de final.

Al final, estamos ante un disco entretenido, con varios momentos notables. Además, tan solo dura 26 minutos, así que está bien darle otra oportunidad a este chico.

7,4

Christine and the Queens – La vita nuova

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Desde luego, no se puede decir que Heloïse Letissier, más conocida como Christine and the Queens, sea una artista perezosa. Todo lo contrario, tras publicar uno de los grandes discos de pop de 2018, el pasado año, nos dejó ‘Gone’, su colaboración con Charli XCX y uno de los temas de 2019. Ahora, sin que nadie lo esperara, vuelve con un EP de seis canciones -bueno, cinco más una versión en inglés de uno de ellos-, que está muy lejos de ser el típico lanzamiento de transición o de descartes. Porque sí, la artista francesa, vuelve a demostrar que, cuando se trata de pop elegante y sintético, está a años luz de la mayoría de artistas femeninas de la actualidad.

La vita nuova”, título sacado de la primera obra de Dante, sigue con esa mezcla de idiomas que tanta gusta a la de Nantes. Eso sí, está cantando mayormente en francés, aunque hay momentos en los que pasa al inglés, al italiano, e incluso al castellano. Dejando bien claro ese carácter totalmente europeo que tiene su música. Porque sí, aquí sigue habiendo ecos del synth-pop de los ochenta. Sobre todo en el tremendo tema titular, en el que podemos escuchar a la norteamericana Caroline Polachek, a la cual mete un buen lamentón en el espectacular cortometraje que acompaña al Ep.

A pesar de ser tan europea, buena parte del Ep cuenta con un sonido cercano a ese pop norteamericano con toques funk y bailable que tanto furor hizo en los ochenta. Ahí está ese pedazo de hit llamado ‘Je disparais dans tes bras’ – o ‘I disappear in your arms’, depende la versión que elijáis-, en el que resucita al mejor Michael Jackson. Al igual que en ‘Nada’, donde baja las revoluciones, y se saca de la manga un temazo de R&B de lo más sintético. Aunque, lo mejor, llega en ‘People, I’ve been sad’, un tremendo baladón, elegante, sedoso, y absolutamente ochentero, que te deja del revés con la primera escucha.

Da gusto con Christine and the Queens y su forma hacer pop comercial en la actualidad. Porque ahora, que se apuesta por lo fácil, ya sea yéndose hacia el mundo latino, o editando canciones que parecen hechas por un algoritmo, ella va a su bola. Y hace bien, porque, cuando hay talento y ganas, las cosas salen rodadas.

8,1

Caribou – Suddenly

Caribou

Está claro que la vida familiar influye en la carrera de todo tipo de músicos. Dan Snaith, más conocido como Caribou, dedicó buena parte de su anterior trabajo al nacimiento de su hija y, ahora, cinco años después, vuelve con un disco que tiene como nexo común los cambios que la vida familiar proporciona en tu día a día. Quizá, por eso, estamos ante el disco más ecléctico y sorprendente del canadiense. Y no es que meta algún corte más pop de lo habitual, como hace siempre, es que, directamente, cada canción es un mundo. Y rizando un poco más el rizo, hay cortes que cambian radicalmente a medida que van pasando los minutos.

Suddenly” se abre con ‘Sister’, que casi es una nana cantada por el propio Snaith. Y es que, el de Ontario, está más cantarín que nunca e, inmediatamente después, nos entrega ‘You And I’, un corte puramente pop, y coronado por una deliciosa batería, en el que la electrónica solo cobra protagonismo en el estribillo. Y ojo, porque, encima, al final, se atreve con un solo de guitarra. Es un poco lo que decía más arriba, que sabes cómo empieza la canción, pero nunca cómo va a terminar. A excepción de los hits más bailongos marca de la casa, en los que todo sigue igual, y en los que no falla. Porque, tanto ‘Never Come Back’, como ‘Ravi’, se van hacia ese formula basada en la repetición constante de una frase o un sampler. Pero le vuelve a funcionar. Sobre todo en la segunda, que nos trae a un Caribou de lo más luminoso.

Una de las cosas que más sorprenden del séptimo álbum de Caribou, es que está plagado de sonidos más actuales que nada que tienen que ver con su propuesta habitual. Así, en ‘Sunny’s Time’, tiene tiempo para adentrarse en el mundo del hip-hop mientras juega con unos pianos desafinados. Y en ‘New Jade’ y ‘Like Loved You’, no tiene problema en sacarse de la manga un par de cortes que son puro R&B del siglo XXI. Y la verdad es que le han quedado muy bien. Pero también tiene tiempo para echar un vistazo al pasado y meterse de lleno en sonidos más funk y soul. Es el caso de la tremenda ‘Home’, que casi parece hecha por un James Brown pasado de vueltas. Y todo gracias a un sampler de la cantante de soul de los setenta Gloria Barnes. O la delicada ‘Lime’, en la cual se adentra en un disco de lo más elegante. Eso sí, no se olvida de su lado más minimalista y etéreo, donde aparecen cortes como ‘Magpie’ (hola Air), o la extensa ‘Cloud Song’ (hola Radiohead), con la que cierra el álbum volviendo a retocar los teclados hasta el exceso, y logrando uno de los momentos más bonitos de todo el disco con esa guitarra final.

7,7

Tennis – Swimmer

Tennis

Hay que reconocer que Tennis nos los ponen muy fácil. El matrimonio de Baltimore está muy cómodo con su sonido elegante y sofisticado y, desde aquél “Young & Old” de 2012, no han dejado de avanzar con la producción de cada de disco. Y es que, cada vez suenan mejor y más compactos. Algo que no creo que sea fruto de los productores que escogen, más que nada es el resultado de una banda que conoce su propuesta mejor que nadie y sabe dónde quiere llegar. Así que, entre eso, y que su nuevo disco tan solo dura media hora, es casi imposible no disfrutar de sus nuevas canciones.

Swimmer” es un trabajo que nace de una mala época para Patrick Riley y Alaina Moore, ya que, a finales de su última gira, él perdió a su padre, y ella tuvo que ser hospitalizada tras desmayarse en un supermercado y pegarse un susto de muerte. Así que, buena parte del disco, habla de ese apoyo que se dan el uno al otro, tanto como matrimonio, como compañeros de banda. Y la verdad es que se les da muy bien reflejar eso en sus canciones, las cuales, siguen indagando en ese r&b pulcro y setentero que tanto les gusta.

El quinto trabajo de Tennis se abre con ‘I’ll Haunt You’, uno de esos baladones con piano, al más puro estilo Carole King, que tan bien manejan. Algo a lo que vuelven al final del disco, con la estupenda ‘Matrimony II’. Pero sí es cierto que el resto del disco es un tanto más variado. Porque, tenemos un corte como ‘Need Your Love’, en el que se ponen un tanto más efusivos y nos entregan uno de los hits del álbum. Y también hay temas más delicados y ensoñadores, como es el caso de ‘How To Forgive’, en el que encima se adentran en terrenos más electrónicos, o esa épica ‘Runner’, que es una maravilla. Y ojo, porque también se ponen un poco más hippies, y se sacan de la manga ‘Echoes’ y ‘Tender As A Tomb’. La primera, es una pequeña delicia en la que destaca su guitarra, más happy, y más Paul Simon, de lo normal. Además de esos coros iniciales. Y la segunda, tira por el mismo camino, e incluso sube un poco su rollo étnico. De hecho, podría formar parte del último trabajo de Vampire Weekend sin ningún tipo de problema. Pero lo mejor disco llega con ‘Swimmer’, una emocionante balada con un estribillo absolutamente irresistible. Aunque ‘Late Night’, que también es del mismo palo, se le queda cerca.

Supongo que tendría que revisar sus trabajos anteriores, pero creo que se podría decir fácilmente que estamos ante el segundo mejor disco de Tennis. “Young & Old” es muy difícil de superar.

7,9

Okay Kaya – Watch This Liquid Pour Itself

Okay Kaya

La noruega, con residencia en Brooklyn, Kaya Wilkins, se ha convertido en una de las sensaciones de los últimos años. Ya no solo musicalmente con su proyecto Okay Kaya, también como modelo, desfilando para Balenciaga, Calvin Klein o Marc Jacobs, y como actriz, donde ha hecho sus pinitos en el cine independiente. Una toda terreno que, tras encandilar a King Krule o Jamie xx, publicó un primer trabajo con unas críticas más que notables. En ellas, se destacaba su buen hacer a la hora de fusionar el pop con la música lounge, y de ahí, pasar de vez en cuando a unos sonidos más propios de la mejor Sade. Ahora vuelve con un segundo álbum, y parece que hay algunos cambios (musicales).

Wilkins nunca ha tenido problema en contar historias personales en sus canciones. De hecho, para ella, escribir es toda una terapia que la ayuda con sus problemas mentales y sus traumas. Su primer trabajo era una buena prueba de ello, y todo un arrebato de sinceridad. Y su segundo álbum va por el mismo camino. Eso sí, lo hace con bastante sentido del humor, y es capaz de sacarte una sonrisa con una canción que habla de un internamiento en un psiquiátrico tras una depresión (‘Psych Ward’). Historias que adorna con dulces toques folk, y una calma que sobrevuela por casi todo el disco. De hecho, es un trabajo bastante cálido.

Okay Kaya tiene claro que no quiere enrollarse mucho en sus canciones, y nos deja 15 cortes que, en total, no llegan a los cuarenta minutos. La gran mayoría de ellos, se van hacia terrenos reposados en los que hay un poco de todo. Así, nos encontramos con deliciosas gemas de pop sixties (‘Insert Generic Name’ o ‘Overstimulated’), sedosos cortes cercanos al R&B (‘Baby Little Twin’ y ‘Symbiosis’), o algunos arrebatos más experimentales (‘Hallelu Ya Hallelu Me’ y ‘Givenupitis’). Pero, entre todas estas referencias tan suaves, y en muchos casos, etéreas, hay unos cuantos cortes que se salen de la norma. Y ahí es donde sale ganando. Porque, el electro-pop de ‘Asexual Wellbeing’ es absolutamente delicioso, y le da el que podría convertirse en su mayor hit. Más tarde nos encontramos con ‘Mother Nature’s Bitch’, donde vemos que tiene aptitudes para lanzarse al disco más clásico. Lástima que apenas lo desarrolle durante un minuto y medio. Y si nos vamos a ‘Stonethrow’, nos encontramos con un corte de synth-pop algo lo-fi, que es una auténtica delicia. Además de la ya mencionada ‘Psych Ward’, donde sale a la luz su faceta más rock.

Desde luego, no se puede negar que, como propuesta sonora interesante, este “Watch This Liquid Pour Itself”, cubre las expectativas con creces. Eso sí, creo que, si desarrollara sus canciones con más ganas, podría dar con una colección de temas sobresaliente. De momento, se queda en el notable.

7,4

Kaytranada – BUBBA

Kaytranada

Kaytranada se ha pegado un tiro en el pie publicando su último trabajo un 13 de diciembre. El músico canadiense de ascendencia haitiana tenía muchas posibilidades de meterse en unas cuantas listas de lo mejor del año con este álbum, pero ahora que ya está todo el pescado vendido, se ha quedado en una especie de limbo. Algo que, la verdad, no deja de ser un tanto absurdo, porque lo de publicar las listas con tanta antelación no tiene ni pies ni cabeza. De hecho, yo mismo podría haber metido fácilmente entre mis discos favoritos del año este trabajo. Pero bueno, dejemos las listas para otro momento, y disfrutemos de esta maravilla.

BUBBA” es toda una masterclass de como actualizar los sonidos de la música negra, y fusionarlos con un lado de lo más pop. Por aquí hay ecos de R&B, Soul, Funk. Estilos, todos ellos, ejecutados con mucha clase y talento. Es un disco sin sobresaltos, con el que, curiosamente, no puedes dejar de bailar. El toque sensual que encontramos en muchas de sus canciones resulta de lo más atractivo, y que haya conseguido darle un equilibrio al álbum con todos los invitados que tiene, es casi un milagro. Porque sí, estamos ante uno de esos trabajos en los que hay muchas voces distintas. Entre ellas las de estrellas como Kali Uchis o Pharrell Williams.

Louis Kevin Celestin, que así se llama en realidad el chico, es todo un experto en el mundo de las mixtapes, y cuenta con una buena colección en su haber. Quizá, por eso, en su segundo trabajo oficial, se deja llevar por ese espíritu, y nos deja un álbum con muy pocos cortes entre canción y canción. Con todo esto, el de Montreal, consigue hacerse con una ristra de hits de infarto, en la que casi es imposible decantarse por uno en concreto. Así, tenemos el funk sedoso e irresistible de ‘2 The Music’, el pop bailable de ‘10%’ (la Uchis es infalible), o los sonidos más minimalistas de ‘What You Need’, donde se hace acompañar por Charlotte Day Wilson para entregarnos el mejor corte del álbum. Eso sí, por poco, porque, tanto el urban de ‘Need It’, como el R&B más dance de ‘Taste’, se quedan muy cerca. Y ojo, porque a pesar de ser un trabajo largo, no baja el ritmo en todo su minutaje, y al final nos entrega una joya como ‘The Worst In Me’, y la ultrapegadiza ‘Midsection’, el cálido tema en el que colabora Pharrell Williams.

8

Beck – Hyperspace

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Menos mal que Beck es un tío inquieto y no le gusta mucho repetirse demasiado, porque en su anterior trabajo, el muy irregular Colors”, pegó bajón impresionante y se metió en un pop comercial que no le pegaba nada. Aunque, viendo los números que manejan las canciones de ese álbum en las plataformas de streaming, se puede decir que no le fue nada mal. Afortunadamente, no ha seguido por ese camino, y en su nuevo disco, se reinventa de nuevo. Eso sí, sin pasarse, que ya ha pasado por muchos estilos a lo largo de su cuarto de siglo de carrera.

Hyperspace” es el disco que Beck siempre ha querido hacer con Pharrell Williams. El famoso músico y productor, aparece acreditado como compositor en siete de sus once temas, y deja su huella en prácticamente todo el álbum. Eso sí, no es el único colaborador, por aquí también aparecen Chris Martin y Sky Ferreira, que ponen la voz en un par de temas. Además de los productores Greg Kurstin y Paul Epworth. Así que estamos ante el disco más colaborativo del californiano.

A pesar de ser un disco con tantos colaboradores, cuenta con un sonido muy homogéneo, y con una coherencia que sorprende. Estamos ante un trabajo más reposado, en el que los ritmos hip-hop se fusionan con cierto toque folk, y con su lado más minimalista. Algo que es todo un acierto, porque canciones como ‘Uneventful Days’, ‘Chemical’, ‘Dark Places’ o ‘Stratosphere’, recuerdan al Beck de “Morning Phase”, pero con una producción más actual y más electrónica. Bueno, la última también recuerda a Coldplay, pero porque es la canción donde aparece Chris Martin. Y luego tenemos ‘Everlasting Nothing’, un precioso tema en la que se deja llevar por su lado más soul y más setentero.

Quizá, la canción que no pinta mucho en el disco, es ‘Saw Lightning’. De hecho, es la más antigua y parece que está un poco metida con calzador. Su ritmo, mucho más bailable, y su rollo más desenfado (aquí aparece el Pharrell Williams más comercial), rompe bastante la línea del resto del álbum. Porque, uno entiende que necesite un hit más o menos directo para vender el disco, pero para eso está esa maravilla de pop sintético llamada ‘Die Waiting’, que es donde aparece Sky Ferreira. Y está sí que encaja de maravilla con el resto del álbum.

Resulta más que evidente que, con este trabajo, Beck ha querido actualizar su sonido sin perder buena parte de su personalidad, y ha hecho bien, porque el resultado es notable en buena parte del disco. Además, la portada mola.

7,7

Shura – forevher

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El amor es el tema más recurrente en el pop, aunque normalmente siempre sale cuando no se tiene, o lo que es peor, cuando se ha perdido. Pero hay excepciones, y el nuevo trabajo de Shura es una de ellas. La artista londinense se ha enamorado, y está ansiosa por contarnos todo lo relacionado con ese nuevo amor. Aunque tenga un inconveniente: la distancia. Y es que, se ha echado una novia al otro lado del charco, y buena parte del disco habla de lo que es llevar una relación cuando hay un océano de por medio. Vamos, que no si no hubiera algo de drama, no resultaría interesante.

forevher” supone un cambio importante respecto al primer trabajo de la artista británica. La mancuniana ha abandonado el pop ochentero que inundaba su debut, y se ha metido de lleno en un sonido más cercano al soul blanco de finales de los setenta. De hecho, hay momentos en los que casi parece una Carole King moderna. Como en ‘that’s me, just a sweet melody’, la delicada balada que abre el álbum, donde el único protagonista es el piano. Un instrumento que está muy presente en todo el disco. Y la verdad es que le sienta bien, porque canciones como ‘side effects’, ‘princess leia’ o ‘tommy’, nos muestran a una Shura bastante más madura y personal.

Se podría decir que estamos ante un sonido bastante más americano que el de su debut. Tanto en el rollo más clásico de ‘side effects’, el cual, si no fuera por ese vocoder, podría ser un corte de los setenta, como en ‘religion (u can lay your hands on me)’ o ‘forever’, que suenan más actuales. Aunque, eso sí, siempre con ese aire retro de fondo y con bastante elegancia (la producción de Joel Potts es una maravilla). Pero lo mejor llega cuando se anima un poco más y se atreve a fusionar la nueva Shura con la antigua. Es el caso de ‘the stage’, que termina con un buen baño de sintetizadores. O de ‘skyline, be mine’, la canción que cierra el disco metiéndose en terrenos más psicodélicos.

Shura ha dado un gran paso con este trabajo, donde nos muestra a una artista más madura, entregándonos un disco de lo más coherente, y yendo absolutamente a su bola.

7,8

Clairo – Immunity

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Llevo buena parte del verano escuchando este disco, pero hasta hoy no había leído nada de la historia de Clairo, y la verdad es que hay bastante salseo detrás de ella. Principalmente, porque la han acusado de valerse de los contactos de su padre –un alto ejecutivo con muy buenos amigos en la industria musical-, para llegar hasta donde está ahora. Además de ponerle la etiqueta de “industry plant”, que es algo así como un producto, ya sea musical, u otra cosa, muy bien planeado, pero que se vende como algo independiente y nuevo. Vamos, un clásico. Pero, tras todo esto, hay una gran artista que nos presenta un álbum de debut de lo más sólido, en el que hay un buen número de canciones notables.

Bedroom-pop, dream-pop, R&B, lo-fi, indie…“Immunity” se mueve entre varios estilos musicales, cuando nos los fusiona todos a la vez, y la mezcla resulta de lo más interesante. A pesar de que cuenta con la ayuda de Rostam, el antiguo miembro de Vampire Weekend, que produce el disco y colabora en varias canciones, ella se ha encargado de casi todo. Algo que lleva haciendo desde la adolescencia, cuando subía sus temas al bandcamp. Lo bueno, es que Rostam, que es lo más parecido a un genio de la producción que tenemos ahora, le ha dado un sonido impresionante a sus canciones, que brillan y están llenas de matices.

El disco se abre con ‘Alewife’, una balada que bien podría haber formado parte del anterior trabajo de Vampire Weekend. En ella, consigue que el tono lo-fi se adentre en terrenos más delicados, y se fusione de maravilla con un piano y un teclado. Pero, a pesar de que estamos ante un disco un tanto reposado, no es un disco lleno de baladas. Es algo que se deja ver desde ‘Impossible’, el segundo corte, donde le da casi todo el protagonismo a la batería, la cual se adentra en mundos del “funky drummer”. Pero sobre todo en ‘Sofia’, en la que entran en juego las cajas de ritmos, y la guitarra de Danielle Haim, para crear todo un hit de lo más esperanzador. Y es que, su voz, delicada y dulce, casa de maravilla con esa fusión de ritmos r&b y sonido lo-fi. Algo que se ve perfectamente en ‘North’ y ‘Bags’, que son de lo mejor del disco.

La parte final del álbum sí es que más calmada. Pero no pasa nada, porque también sabe muy bien lo que se hace. Lo demuestra muy bien en la minimalista ‘White Flag’, que cuenta con una guitarra a lo New Order que es una delicia. O en ‘Feel Somenthing’, donde juega un poco a ser Lykke Li. De hecho, la nueva faceta urban de la cantante sueca, también asoma en la parte final de ‘I Wouldn’t Ask You’, la estupenda canción que cierra el álbum.

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