Matthew E. White – K Bay

La primera vez que escuché el último trabajo de Matthew E. White pensé que se le había ido la olla. “Genuine Hesitation”, el que fue su primer adelanto, me gustó una barbaridad por el buen rollo que despertaba, y por su enorme parecido al “All In My Mind” de Love & Rockets, un tema que me encanta. Pero, cuando escuché el disco entero hace unas semanas, me pareció una locura. Porque hay que reconocer que no ha hecho un trabajo muy fácil de asimilar a la primera escucha y que descoloca por su enorme variedad. Algo que, tras unas cuantas vueltas, termina siendo uno de sus puntos fuertes.

K Bay’ es su primer trabajo en solitario en seis años, además del nombre del estudio que ha creado recientemente en su casa. Eso sí, no ha estado parado todo este tiempo. Porque, además de haber sacado discos junto a Lonnie Holley y Flo Morrissey, también ha producido a unos cuantos artistas. Y bueno, en 2016 editó esa deliciosa “Cool Out” a pachas con Natalie Prass. Así que tampoco es que le hayamos echado mucho de menos.

White es uno de los magos del sonido de la actualidad. Lo deja claro en sus producciones y, evidentemente, también en sus discos. Algo que se aprecia aquí, porque, a pesar de contar con algún hueso duro de roer, todas las canciones del disco tienen un sonido espectacular. Además, da igual el estilo en el que se adentre, saca lo mejor en cada momento. Puede irse hacia sonidos más electrónicos y bailongos y dejarnos una estupenda “Genuine Hesitation”, o meterse de lleno en el mundo del musical y entregar una espectacular “Only in America / When The Curtains of the Night Are Peeled Back”.

Una de las cosas que quedan claras con este disco, es que Matthew E. White quería divertirse al hacerlo. De hecho, se lo pasa pipa entregando una “Electric” en la que tira de ritmos hip-hop y sonidos funk. O yéndose a la música disco en la ultra pegadiza “Let’s Ball”. Pero también metiéndose de lleno en un soul épico y sententero en “Never Had It Better”. Y, por supuesto, jugando con todas las posibilidades que le da el rock. Porque, se puede entretener entregando un rock más actual en “Nested”, o tirando de sonidos más clásicos, como es el caso de “Judy” y “Hedged In Darkness”. Por cierto, ésta última es puro Bowie.

7,6

I’ll Be Your Mirror: A Tribute to The Velvet Underground & Nico

Los discos tributo hay que cogerlos con muchas pinzas. Y más cuando se trata de una de las grandes obras maestras del pop y el rock, como es el álbum de debut de The Velvet Underground & Nico. Hay que tener valor para enfrentarse una de las colecciones de canciones más influyentes de la historia, pero claro, cuando tienes a un elenco de artistas como el que aquí, la cosa cambia. Buena parte de ellos ya forman parte de la historia del rock, y no es la primera vez que revisan a la Velvet –Michael Stipe y Thurston Moore lo hicieron en varias ocasiones con sus respectivas bandas-, así que atacan las canciones sin miedo, pero sí con mucho respeto.

I’ll Be Your Mirror: A Tribute to The Velvet Underground & Nico’ llega casi a la vez que el esperado documental sobre la banda que ha hecho Todd Haynes, el cual se estrenará el próximo 15 de octubre en Apple TV. Aunque creo que también lo hará en algunas salas. Así que parece que en estos meses finales de 2021 vamos a tener a la mítica banda neoyorquina de lo más presente. Eso sí, son dos proyectos totalmente diferentes. De hecho, aunque parezca que el sello Verve se está aprovechando del tirón del documental, los artistas empezaron a trabajar en estas canciones mucho antes de la pandemia. No obstante, estaba siendo supervisado por Hal Willner, el experto en recopilaciones y amigo personal de Lou Reed que, tristemente, falleció en la primera ola de la COVID-.

Si hay que algo que tienen en común estas versiones, es que buena parte de ellas han respetado la idea original. Porque, salvo Michael Stipe, que hace una curiosa, pero bonita revisión del “Sunday Morning”, y St. Vincent, que junto a Thomas Bartlett destrozan el “All Tomorrow’s Parties”, el resto están bastante comedidos. Y quizá sea mejor así, porque al final, cada artista ha elegido muy bien su canción. Así, a Matt Berninger le sienta estupendamente dar una poco de sobriedad al “I’m Waiting For The Man”; Sharon Van Etten consigue emocionar con su “Femme Fatale”, y Kurt Vile le da frescura al “Run Run Run”. Aunque lo mejor llega con la intensa revisión de “Heroin” que hacen Bobby Gillespie y Thurston Moore. Y es que, el líder de Primal Scream, parece que ha nacido para cantar esta canción, y si hablamos de distorsiones, qué mejor que llamar al mítico guitarrista y cantante de Sonic Youth. Pero también hay destacar la delicada versión que hace Courtney Barnett de “I’ll Be Your Mirror”, y el derroche de juventud que impregna King Princess a “There She Goes Again”.

No me he olvidado de lo que podríamos llamar los “temas más ariscos del disco”. Y es que, si tengo que decir que no son mis favoritos del álbum original, pero sí que sé ver la influencia que han ejercido en muchas bandas. Algo que se puede apreciar estupendamente en cómo le queda de bien el “The Black Angel’s Death Song” a Fontaines D.C. – ¿Cuántos grupos de post-punk han copiado esa forma de cantar en las últimas cuatro décadas? -. Incluso Iggy Pop, que tan solo un par de años después de que se editará este álbum publicó el debut de los Stooges, deja claro que fueron una influencia crucial es su música reinterpretando la ruidosa “European Son”.

7,7

Heartless Bastards – A Beautiful Life

Heartless Bastards llevan casi dos décadas de carrera y van por su sexto álbum, pero, para mí, eran unos completos desconocidos hasta hace unas semanas. Y eso que en Estados Unidos cuentan con un éxito moderado y con las alabanzas de alguno de los miembros de Spoon o de Jack White. Y es que, el grupo de Ekira Wennerstrom, que es la que, además de llevar la voz cantante, compone todas las canciones, tira hacia un rock bastante americano que yo no suelo tolerar muy bien. Algo que parece que ha cambiado con su último trabajo, que es un tanto más ecléctico que los anteriores.  

A Beautiful Life’ es una especie de continuación del primer trabajo en solitario que editó Wennerstrom hace tres años. Más que nada, porque casi no ha podido contar con la banda con la que graba habitualmente, y ha tenido que recurrir a otros músicos para que le ayuden con estas canciones. Y la verdad es que se ha rodeado muy bien, porque por aquí están Lauren Gurgiolo (Okkervil River), David Pulkingham (Patty Griffin), Greggory Clifford (White Denim), Jesse Chandler (Mercury Rev/Midlake) y Bo Koster (My Morning Jacket). Además de Andrew Bird, que toca el violín en la psicodélica “The River”.

El disco se abre con “Revolution”, un auténtico torbellino rockero que va subiendo de intensidad a medida que van pasando sus seis minutos. De hecho, en su parte final, en la que Wennerstrom canta con ganas eso de “The revolution is in your mind”, me ha recordado bastante a Patti Smith. Y es que, la cantante de Ohio no puede negar que es uno de sus grandes referentes. Por lo menos en su faceta más rock, como también demuestra en “Photograph”. Pero, como ya he dicho antes, aquí van un poco más allá. Así, se meten en un pop de aires sixties en la preciosa “You Never Know”. O deciden jugar con unas guitarras un tanto funk en la estupenda “How Low”. Además de rebajar las revoluciones y hacerse un Phil Spector en “When I Was Younger”, o de entregar un baladón de lo más sofisticado en el tema que da título al álbum.

Quizá se les ha ido un poco la mano con la duración y su parte final se hace un poco bola, pero el sexto trabajo de la banda de Ohio tiene un buen puñado de canciones notables. Además, en él, consiguen sonar frescos con ingredientes del pasado, algo que me parece muy complicado.

7,6

Shannon And The Clams – Year Of Spider

Shannon Shaw se ha convertido en una de las caras más visibles del punk y el garage-rock de la Bahía de San Francisco. Primero, formando parte de los geniales Hunx and His Punx, y desde hace ya más de una década con su propia banda: Shannon And The Clams. Junto al guitarrista Cody Blanchard, que lleva tocando con ella desde la universidad, se han hecho con una discografía en la que exploran buena parte de los sonidos norteamericanos de los 50, 60 y 70. Así, en sus discos, no solo se puede escuchar garage y punk, también rockabilly o doo-wop.

Year of Spider’ nace después de una mala época para Shaw. Y la verdad es que la historia que lo inspiró no tiene desperdicio. Al parecer, para ver cómo capeaba esa crisis que tenia en su vida, se lo ocurrió visitar a una astrologa. Y esa astrologa le dijo que canalizara el poder de Durga, una diosa hindú vigilante que se reconoce por sus ocho brazos. Por lo que Shaw, que tiene pavor a las arañas, llegó a la conclusión de que “se estaba protegiendo de lo que más temía”. Algo que le ha hecho salir de su zona de confort y componer el disco más ecléctico de su carrera.

En el sexto álbum de Shannon And The Clams hay un poco de todo. Es más, si miráis la lista de las canciones que lo han inspirado -ojo, que hay una de nuestra Marisol-, os encontrareis con poco más de una hora de lo más variada. Y eso se traslada a los temas de este trabajo. En él, tenemos esos clásicos chutes de nostalgia en el que recupera a los grupos de chicas de los 50 y 60 (“Do I Wanna Stay” y “I Need You Bad”); coqueteos con la psicodelia (“Midnight Wine” y “Godstone”), o pop de lo más soleado (“Flowers Will Return”). Pero también hay algún acercamiento al disco, como en la estupenda “All Of My Cryin’”. Aunque eso sí, lo mejor sigue siendo cuando se pone retro y entrega una delicia como “In The Hills, In The Pines”, o cuando tira del sonido de Phil Spector en “Mary, Don’t Go”.

Aunque fallan un poco en los dos temas finales, Shannon And The Clams han sacado un sexto trabajo de lo más completo, y lo que es mejor, de lo más entretenido.

7,6

The Killers – Pressure Machine

The Killers se han convertido en una de las bandas que más escucho últimamente. Algo que jamás pensé que pasaría. Pero hay que reconocer que, tanto su anterior trabajo, como este que acaban de publicar, dignifican bastante la carrera del grupo de Las Vegas. Y es que, esta madurez en la que han entrando de repente, sienta muy bien a sus canciones. Unas canciones que tienen a Bruce Springsteen como su máxima influencia. En concreto, el lado más intimista del artista de New Jersey. Lo que se podría decir que no es una novedad en su carrera, porque Springsteen siempre ha estado ahí, pero desde su faceta más épica y efusiva.

Lo más evidente es decir que ‘Pressure Machine’ es el ‘Nebraska’ de The Killers. Salvando las distancias, claro. Pero es que es así. Ya no solo por su sonido, también por ese nexo común que tiene todo el álbum. Y es que, estamos ante un álbum que nos lleva hasta Nephi, el pequeño pueblo de Utah en el que Brandon Flowers pasó su adolescencia. Un retrato de esa Norteamérica más profunda, que viene acompañado por los audios de sus propios habitantes, los cuales fueron grabados por un locutor de la NPR. Algo que resulta un tanto efectista, pero que termina funcionando muy bien. 

Si su anterior trabajo destacaba por su derroche de épica, este lo hace por todo lo contrario. Están más comedidos que nunca, y eso les ha llevado a crear canciones como “West Hills” o “Terrible Thing”, las cuales se alejan por completo de la pomposidad que suele caracterizar su música. O esa preciosa “Runaway Horses”, donde junto a Phoebe Bridgers, nos cuentan la historia de una chica que llora la que podría ser la futura muerte de su caballo. Incluso en temas más animados, como es el caso de “Cody” o “In Another Life”, se dejan llevar por la contención. 

Evidentemente, estamos hablando de una banda como The Killers, y sería muy raro que dejaran pasar la oportunidad de obsequiarnos con unos cuantos hits marca de la casa. Pero incluso en estos temas cambian un poco de rumbo. Ahí está la emocionante “Quiet Town”, donde destacan las guitarras acústicas y una armónica. O esa “Sleepwalker” en la que hay un pulso entre su épica de siempre y esta faceta más comedida. Aunque eso sí, en “In The Car Outside”, no pueden evitar ser los Killers de siempre. Pero no pasa nada, porque es un temazo de lo más vibrante, en el que además, meten unas guitarras que son puro New Order

Está claro que hay que empezar a tomarse a The Killers mucho más en serio, porque llevan dos álbumes realmente notables en poco más de un año.  

7,7

Bleachers – Take The Sadness Out Of Saturday Night

Jack Antonoff se ha convertido en el productor por excelencia de los últimos años. El de New Jersey ha estado a los mandos de los algunos de los trabajos de Lorde, Lana del Rey, St. Vincent o Taylor Swift. De hecho, se llevó un Grammy por el último trabajo de la mega estrella del pop. Pero también cuenta con su carrera como musico, ya que formó parte de aquellos horrorosos Fun que lo petaron la década pasada, y desde hace unos años publica sus canciones bajo el nombre de Bleachers. Aunque eso sí, su propio proyecto no recibe tantos elogios como sus producciones.

Take the Sadness Out of Saturday Night’ es su tercer trabajo como Bleachers, y en él se ha dejado llevar por su amor por el vecino más famoso de su estado. Sí, no es casualidad que el primer adelanto del álbum fuera “Chinatown”. Su colaboración con Bruce Springsteen, que es un temazo en toda regla, es algo así como la canción que guía el resto del álbum. Y es que, es inevitable no pensar en el Bruce más ochentero cuando escuchamos temas como “Big Life” o “Don’t Go Dark”. De hecho, en esta última, no se corta un pelo y le da protagonismo a un teclado que es puro “Born To Run”. Pero bueno, hay que reconocer que no se le da nada mal.

Estamos ante todo un ejercicio de nostalgia de los ochenta -sí, otro más-. Aunque eso sí, los ochenta más yankees. Y la verdad es que hay momentos en los que está de lo más acertado. Como en el caso de esa “Stop Making This Hurt” tan pop y épica. Incluso en “How Dare You Want More”, donde se va hacia un rock más clásico, también se deja llevar por un ligero sonido ochentero. De hecho, cuenta con un saxo que hace que nos volvamos a acordar de Springsteen.

Antonoff resuelve muy bien los momentos más animados del disco, pero cuando se relaja un poco no logra estar del todo acertado. Sí que está bien en la bonita “Secret Life”, donde colabora Lana del Rey. O en “45”, en la que, a pesar de ser una canción acústica, está de lo más efusivo. Lo malo es que en cortes como “Strange Behavior” y “What’d I Do With All This Faith?” aburre hasta a las ovejas.

Jack Antonoff se ha puesto el listón muy alto con sus producciones para otros artistas, y eso hace que sus propias canciones no resulten tan sorprendentes. Porque, además, ni siquiera cuentan con una producción sobresaliente. Pero sí que es cierto que, cuando acierta, lo hace de pleno, y aquí lo consigue en unas cuantas ocasiones.

7,4

Bobby Gillespie and Jehnny Beth – Utopian Ashes

Hay que decir que sorprende un poco ver a Bobby Gillespie y Jehnny Beth metidos en este proyecto conjunto de corte tan clásico. Aunque también es cierto que Primal Scream nos tienen acostumbrados a cambios de rumbo repentinos. Y es que, aunque estemos ante un trabajo firmado a pachas por estos dos intérpretes, casi se podría decir que es un disco de Primal Scream junto a Jehnny Beth, porque detrás de la música están varios de los miembros de la banda escocesa. Además, las letras son Bobby. Eso sí, para estar en igualdad de condiciones, también aparece por aquí Johnny Hostile, colaborador habitual de la cantante de Savages.

Utopian Ashes’ nace de la necesidad que tienen estos dos artistas de rendir un homenaje a los dúos de country-soul tan habituales en los sesenta y setenta. Y hay que reconocer que, tras la sorpresa inicial, se puede decir que salen muy bien parados de esta aventura. Sobre todo Gillespie, que es más limitado vocalmente, pero que aquí sí está a la altura de Beth. Y eso que, como ya sabemos todos, ella tiene un buen montón de recursos vocales. El caso es que defienden muy bien estas canciones que hablan del deterioro de una pareja. Ficticia, eso sí, que el líder de Primal Scream está felizmente casado.

Estamos ante un disco hecho con mucho mimo, en el que, afortunadamente, tocan unos cuantos palos. Lo que hace que también sea más entretenido de lo esperado. Porque, además, es un gustazo escuchar unos temas que suenan tan bien. Así, nada más empezar, nos dejan “Chase It Down”, todo un himno soul lleno de cuerdas, con el que dejan bien claro que esto no es un disco de baladitas. Algo que también nos muestran en “Stones of Silence”, que cuenta con un sonido sixties y groovy que es una maravilla. Eso sí, tiene un aire importante al “Venus” de Shocking Blue. Además de esa maravilla llena de trompetas llamada “Living a Lie”.

La parte más reposada del álbum también tiene unas cuantas joyas. Es el caso de esa sobria y triste “English Town”, que casi podría ser un vals. O de esa preciosidad llamada “Your Heart Will Always Be Broken”, donde se ponen un poco más épicos. Aunque lo mejor de esta faceta, y diría que también de todo el disco, es “Remember We Were Lovers”. Estamos ante un baladón de lo más emocionante y melancólico, que estalla en su tramo final con unas trompetas y unas cuerdas que son una maravilla. Una buena muestra de que se pueden hacer cosas muy interesantes con un sonido tan clásico. Así que chapó por Bobby y Jehnny.

8

Sleater-Kinney – Path of Wellness

Parece que Sleater-Kinney no acabaron muy contentas con el resultado de su anterior trabajo. O por los menos con esa producción más sintética obra de St. Vincent. Y es que, en su nuevo disco, y el primero desde 1996 sin Janet Weiss a la batería, han vuelto a un sonido mucho más rock en el que no hay tantas capas. De hecho, se lo han producido ellas mismas. Un pequeño riesgo, ya que volver a un rock un poco más crudo en estos tiempos que corren, es casi un suicidio. Pero estamos hablando de Sleater-Kinney, una banda que siempre ha sabido llevar su carrera de la forma más acertada. Y con apenas una escucha de este nuevo álbum, ya te das cuenta de que estamos ante otro acierto.

Path of Wellness’ nace de un verano complicado en Portland. La ciudad del noroeste de los Estados Unidos se convirtió en el epicentro de las protestas raciales que siguieron a la muerte de George Floyd. Y eso, más la pandemia que vivía todo el planeta, hizo que Carrie Brownstein y Corie Tucker se meterían en el estudio de grabación para evadirse del mundo que les rodeaba. Pero claro, eso no era fácil, y al final todos esos acontecimientos influyeron en el resultado del disco.

A pesar de que estamos ante un trabajo con muy pocos adornos y con un sonido más bien añejo, cuenta con canciones de pegada fácil. “High in The Grass” y “Worry With You” funcionan perfectamente como los singles principales. Sobre todo, la segunda, que cuenta con un estribillo de lo más pop. Pero también esa “Method” y su ritmo juguetón, el cual coronan con otro estribillo redondo – “I’m sorry, I’m singing about love/ And it sounds like hate”-. Además, su lado más punk y agresivo sigue intacto en cortes como “Shadow Town” y “Favorite Neighbor”. Dos temas en los que la forma de cantar me ha recordado bastante a los primeros años de Patti Smith. Una influencia evidente para un grupo de chicas que abrazan el punk y que llevan desde los 90 denunciando el machismo de la sociedad en la que vivimos. Algo que aquí hacen en la estupenda “Complex Female Characters”, donde hablan del sexismo en la industria del entretenimiento. Eso sí, para cerrar prefieren volver a esas protestas que hubo en su ciudad, y nos dejan una notable “Bring Mercy”. En la cual, por cierto, y gracias a un órgano, logran dar con un rock setentero bastante molón.

Sleater-Kinney no necesitan de muchos adornos para lograr dar con otra colección de canciones notable. Y van ya unas cuantas.

7,8

Iceage – Seek Shelter

A pesar de ser un gran grupo -que se lo digan a Pitchfork, que ha puesto sus cinco discos dentro de la categoría “Best New Music”-, siempre me había tirado un poco para atrás la crudeza que tenía la música de Iceage. Por eso no habéis visto ninguno de sus álbumes por aquí -sí alguna canción en las recopilaciones-. Pero esto ha cambiado con su nuevo trabajo, en el que el grupo danés se adentra en otros caminos algo más blandos. Y lo mejor es que lo hacen sin perder su personalidad y dejando que sus canciones se adapten con toda facilidad del mundo a esta nueva faceta.

Seek Shelter’ está producido por Pete Kember, más conocido como Sonic Boom, y líder de Spacemen 3. Algo que se nota desde el primer corte. Para empezar, varias canciones cuentan con un coro Gospel, lo que les acerca a propuestas como Spiritualized o Primal Scream. Pero lo bueno es que no han perdido ese toque Nick Cave con el que ya contaban. Así que la mezcla no puede resultar más interesante. Algo que se puede apreciar nada más empezar, con la estupenda “Shelter Song”, o con esa “High & Hurt” que vienen a continuación, la cual no puede sonar más a la banda de Jason Pierce.

El quinto álbum del grupo de Copenhague cuenta con varias sorpresas. Y la primera llega en forma bailable. “Vendetta” es pura psicodelia dance, y un temazo que a mí me ha recordado bastante a los Primal Scream que fusionaban el rock y la música de baile (los mejores). Pero pronto cambian de tercio, porque, en “Drink Rain” dejan descansar las guitarras, pillan el piano y unas trompetas, y nos dejan un corte de lo más delicado y clásico. Además de delicioso. Y, por si esto fuera poco, en la estupenda “Gold City”, coquetean con el rock de estadio, y se acercan bastante al mejor Bruce Springsteen. Sí, ya sé que esto puede sonar raro, pero la verdad es que la canción es todo un acierto. Además, para los que prefieren algo más sucio y contundente, se reservan la enérgica “Dear Saint Cecilia”. Eso sí, para cerrar, vuelve la intensidad con la sobresaliente “The Holding Hand”.

Supongo que este cambio descolocará un poco a algunos seguidores de Iceage, pero a mí, después de cuatro discos, me parece absolutamente necesario. Y creo que la jugada les ha salido redonda.

8

Caroline Kingsbury – Heaven’s Just a Flight

Caroline Kingsbury no ha podido evitar que su vida privada se cuele en su álbum de debut. La artista de Los Ángeles ha escrito un disco en el que su salida del armario juega un papel importante. Pero también el hecho de ver morir a su hermano de cáncer. Así que ya os podéis imaginar la emoción que le ha puesto a estas canciones. Eso sí, no estamos ante un disco que desprenda tristeza, todo lo contrario, suena más esperanzador que otra cosa. Y es que, según comenta a ella misma, a su hermano le hubiera gustado que fuera así.

Heaven’s Just a Flight’ es la primera referencia de Fortune Tellers, el sello que ha creado Peter Matthew Bauer, el que fuera bajista de The Walkmen. Y sorprende un poco, la verdad, porque no tiene nada que ver con la música que suele hacer Bauer. De hecho, solo hay que ver su portada para hacerse una idea de por donde van los tiros. Sí, los ochenta vuelven a ser una referencia importante en una nueva artista de nuestros días. Pero ojo que, a pesar de irse descaradamente a esa década, estamos ante un trabajo un tanto ecléctico, donde juegan un papel importante, tanto las guitarras, como los teclados.

Se podría decir que estamos ante un disco conceptual que empieza con la liberación que siente la artista norteamericana al empezar una nueva vida, y que termina con la vuelta a su casa para cuidar de su hermano enfermo. Solo hay que ver la secuencia del álbum, que en su primera parte cuenta con temas tan efusivos como “Fall In Love” o “Breaking Apart”, que se meten en un rock y un pop que refleja esa parte más americana de la música popular norteamericana de los ochenta. Y muy bien, por cierto. Además de esa “Kissing Someone Else” tan pop, donde la propia artista ha reconocido que quería hacer una canción tipo Madonna. Eso sí, con una letra en la que habla de salir del armario. Sin embargo, en su segunda parte, empiezan los cortes que reflejan la enfermedad de su hermano. Ahí es donde entra el dream-pop de “Lose”, el pop sintético y potente de “In My Brain” -el hermano se murió por un tumor en el cerebro-, o esa “My Brother’s Voice” tan oscura. Además del tema titular, que deja atrás la tristeza y presenta un lado más efusivo, y de esa preciosa “Hero” con la que casi termina el álbum. Y digo casi, porque el último tema es una corta balada acústica llamada “Funeral”.

Caroline Kingsbury maneja muy bien esas influencias tan ochenteras que planean por todo el disco. Y lo hace, tanto cuando las guitarras rugen, como cuando son los teclados los que se quedan con el protagonismo. La única pega que se le puede poner es que se le ha ido un poco la mano con la duración. Pero bueno, supongo que es el tiempo que necesitaba para contar su historia.

7,8