Iceage – Seek Shelter

A pesar de ser un gran grupo -que se lo digan a Pitchfork, que ha puesto sus cinco discos dentro de la categoría “Best New Music”-, siempre me había tirado un poco para atrás la crudeza que tenía la música de Iceage. Por eso no habéis visto ninguno de sus álbumes por aquí -sí alguna canción en las recopilaciones-. Pero esto ha cambiado con su nuevo trabajo, en el que el grupo danés se adentra en otros caminos algo más blandos. Y lo mejor es que lo hacen sin perder su personalidad y dejando que sus canciones se adapten con toda facilidad del mundo a esta nueva faceta.

Seek Shelter’ está producido por Pete Kember, más conocido como Sonic Boom, y líder de Spacemen 3. Algo que se nota desde el primer corte. Para empezar, varias canciones cuentan con un coro Gospel, lo que les acerca a propuestas como Spiritualized o Primal Scream. Pero lo bueno es que no han perdido ese toque Nick Cave con el que ya contaban. Así que la mezcla no puede resultar más interesante. Algo que se puede apreciar nada más empezar, con la estupenda “Shelter Song”, o con esa “High & Hurt” que vienen a continuación, la cual no puede sonar más a la banda de Jason Pierce.

El quinto álbum del grupo de Copenhague cuenta con varias sorpresas. Y la primera llega en forma bailable. “Vendetta” es pura psicodelia dance, y un temazo que a mí me ha recordado bastante a los Primal Scream que fusionaban el rock y la música de baile (los mejores). Pero pronto cambian de tercio, porque, en “Drink Rain” dejan descansar las guitarras, pillan el piano y unas trompetas, y nos dejan un corte de lo más delicado y clásico. Además de delicioso. Y, por si esto fuera poco, en la estupenda “Gold City”, coquetean con el rock de estadio, y se acercan bastante al mejor Bruce Springsteen. Sí, ya sé que esto puede sonar raro, pero la verdad es que la canción es todo un acierto. Además, para los que prefieren algo más sucio y contundente, se reservan la enérgica “Dear Saint Cecilia”. Eso sí, para cerrar, vuelve la intensidad con la sobresaliente “The Holding Hand”.

Supongo que este cambio descolocará un poco a algunos seguidores de Iceage, pero a mí, después de cuatro discos, me parece absolutamente necesario. Y creo que la jugada les ha salido redonda.

8

Caroline Kingsbury – Heaven’s Just a Flight

Caroline Kingsbury no ha podido evitar que su vida privada se cuele en su álbum de debut. La artista de Los Ángeles ha escrito un disco en el que su salida del armario juega un papel importante. Pero también el hecho de ver morir a su hermano de cáncer. Así que ya os podéis imaginar la emoción que le ha puesto a estas canciones. Eso sí, no estamos ante un disco que desprenda tristeza, todo lo contrario, suena más esperanzador que otra cosa. Y es que, según comenta a ella misma, a su hermano le hubiera gustado que fuera así.

Heaven’s Just a Flight’ es la primera referencia de Fortune Tellers, el sello que ha creado Peter Matthew Bauer, el que fuera bajista de The Walkmen. Y sorprende un poco, la verdad, porque no tiene nada que ver con la música que suele hacer Bauer. De hecho, solo hay que ver su portada para hacerse una idea de por donde van los tiros. Sí, los ochenta vuelven a ser una referencia importante en una nueva artista de nuestros días. Pero ojo que, a pesar de irse descaradamente a esa década, estamos ante un trabajo un tanto ecléctico, donde juegan un papel importante, tanto las guitarras, como los teclados.

Se podría decir que estamos ante un disco conceptual que empieza con la liberación que siente la artista norteamericana al empezar una nueva vida, y que termina con la vuelta a su casa para cuidar de su hermano enfermo. Solo hay que ver la secuencia del álbum, que en su primera parte cuenta con temas tan efusivos como “Fall In Love” o “Breaking Apart”, que se meten en un rock y un pop que refleja esa parte más americana de la música popular norteamericana de los ochenta. Y muy bien, por cierto. Además de esa “Kissing Someone Else” tan pop, donde la propia artista ha reconocido que quería hacer una canción tipo Madonna. Eso sí, con una letra en la que habla de salir del armario. Sin embargo, en su segunda parte, empiezan los cortes que reflejan la enfermedad de su hermano. Ahí es donde entra el dream-pop de “Lose”, el pop sintético y potente de “In My Brain” -el hermano se murió por un tumor en el cerebro-, o esa “My Brother’s Voice” tan oscura. Además del tema titular, que deja atrás la tristeza y presenta un lado más efusivo, y de esa preciosa “Hero” con la que casi termina el álbum. Y digo casi, porque el último tema es una corta balada acústica llamada “Funeral”.

Caroline Kingsbury maneja muy bien esas influencias tan ochenteras que planean por todo el disco. Y lo hace, tanto cuando las guitarras rugen, como cuando son los teclados los que se quedan con el protagonismo. La única pega que se le puede poner es que se le ha ido un poco la mano con la duración. Pero bueno, supongo que es el tiempo que necesitaba para contar su historia.

7,8

Bodies of Water – It’s This What It’s Like

A Bodies of Water los conocí por Music Go Music, el que fue su hermano pequeño durante un periodo corto de su carrera. Y me consta que no soy el único. Aquél primer disco tan deudor de ABBA y de la música disco de los setenta enamoró a muchos y muchas, y su segundo trabajo no hizo más que continuar con el idilio. Pero un buen día, David y Meredith Metcalf decidieron que ya era hora de centrarse de nuevo en su proyecto principal. Y aquí siguen, en plena forma, y con el que es el primer disco de Bodies of Water en cuatro años.

No lo ha tenido fácil el matrimonio del norte de Los Ángeles en estos últimos dos años, ya que a los incendios que vivieron a finales de 2019, se le unió la pandemia y dejó aparcadas las grabaciones de estas canciones más tiempo del que esperaban. Y es que, no estamos hablando de una banda cualquiera que pueda grabar tranquilamente en el dormitorio de su casa. Bodies of Water casi es un colectivo en el que se llegan a juntar hasta once músicos, y eso en plena pandemia es algo casi imposible de organizar. Pero al final lo consiguieron.

It’s This What It’s Like’ sigue la estela setentera que tienen todos sus proyectos, pero es bastante más variado de lo habitual. Para empezar, están más bailongos que nunca. A su rock y pop lleno de letras imposibles de descifrar, le han dado un toque de calidez que le viene de maravilla. Así, nada más empezar, se dejan llevar por un sonido disco algo psicodélico que es una delicia, y nos entregan “Every Little Bird”. Algo a lo que vuelven en la también estupenda “Trust Your Love”, donde dan buena cuenta de los bongos, y te hacen bailar desde el primer segundo. Y lo mejor es que van un poco más allá, y no tienen ningún problema en ponerse más étnicos y entregar una delicia como “Never Call Me Again”, o de llevar su indie-pop hacia la pista de baile en la maravillosa “I Knew Brother”.

En la otra mitad del disco prefieren relajarse y entregar unas cuantas baladas que, ojo, también beben de los setenta. Ahí está esa épica y grandilocuente “I’ll Go With You”, que los acerca a los ABBA más melancólicos. O la estupenda “Say Goodnight”, donde juegan con sonidos más cercanos al r&b. Además de esa “Illuminate Yourself” final, que cierra el disco con unos buenos coros y con mucha épica.

Lo dicho: Bodies of Water están en plena forma. Ahora solo falta que recuperen a su hermano pequeño y nos den otra alegría.

7,9

Godspeed You! Black Emperor – G_d’s Pee AT STATE’S END!

No me matéis, pero nunca me he sentido muy atraído por la música de Godspeed You! Black Emperor. Y es que, la primera vez que me puse con ellos, fue allá por el 2000, con el que precisamente sigue siendo su disco más aclamado. Pero en aquella época no estaba yo muy por la labor de meterme una buena dosis de post-rock. Así que ahí los dejé, aparcados más de dos décadas. Pero, como digo siempre, nunca es tarde para volver a retomar la carrera de un grupo (en este caso colectivo). Aunque tengo bastante trabajo por delante. 

G_d’s Pee AT STATE’S END!’ es su séptimo trabajo, y el cuarto tras su regreso en 2010. Y, según he podido leer por ahí, también es en el que vuelven un poco a las tormentas más eléctricas. Lo que hizo que, hace unos días, cuando le di la primera escucha, me explotara a la cabeza. No voy a ser yo el que diga que son unos expertos en los crescendos propios del post-rock, pero sí puedo decir que, como prácticamente nuevo oyente, me han dejado totalmente alucinado. Y no solo eso, también su faceta más avant-garde y reposada me ha cautivado a la primera. Ahí está “Fire at Static Valley”, que una preciosidad. 

Creo que no me equivoco si digo que en este 2021 nos vamos a encontrar con pocos momentos más intensos como el combo formado por “Job’s Lament” y “First of the Last Glaciers”. Resulta alucinante cómo va subiendo la primera y culmina con esa guitarra final -es flipante como suena esa puta guitarra-, y cómo recoge el testigo la segunda. Son 14 minutos en total de tensión sonora que reflejan lo mejor de un género que parece que vuelve a vivir un buen momento. Pero no se quedan ahí, también brillan a lo grande en ““Government Came” (9980.0kHz 3617.1kHz 4521.0 kHz)”, donde se van hacia el lado más épico del post-rock en once minutos realmente bellos. Y ojo, porque en ese tema dividido en tres y llamado “Cliffs Gaze / cliffs’ gaze at empty waters’ rise / ASHES TO SEA or NEARER TO THEE”, nos dejan toda una sorpresa. Y es que, en su parte final, se vienen arriba, y aceleran su música dejando totalmente de lado la calma que suelen tener sus canciones. Y sí, es una autentica pasada. 

Pues sí, con más de veinte años de retraso, me uno al club de seguidores de Godspeed You! Black Emperor. 

8,1

The Natvral – Tethers

Kip Berman ha dado una cambio bastante radical a su carrera. El que fuera líder de The Pains of Being Pure at Heart, se ha embarcado una carrera en solitario bajo el nombre de The Natvral, que nada tiene que ver con el indie-pop de su antigua banda. Ha dejado atrás las influencias británicas de los ochenta y se ha metido de lleno en un rock y folk americanos que beben directamente de Bob Dylan, Leonard Cohen y Tom Petty. Y hay que reconocer que no se le da nada mal acercarse a estos sonidos, porque ha sacado un disco de debut de lo más disfrutable. 

Tethers’ funciona mucho mejor que el Ep que editó hace un par de años, en el que solo nos encontrábamos con su guitarra y voz, y con una faceta demasiado intimista. Ahora se ha hecho con una banda al completo y la cosa ha cambiado bastante. Sus canciones suenan vibrantes y vivas, y resulta mucho más fácil dejarse llevar por su propuesta. Porque, al fin y al cabo, Berman sigue siendo un gran compositor, y da igual que el envoltorio de sus temas ahora sea diferente. 

Kip Berman tira de sus influencias con descaro y no tiene problema en hacer temas que suenan bastante a esos totems de la música norteamericana. Así, en “Why Don’t You Come Out Anymore?” y “Sun Blisters”, tira del Bob Dylan menos folk y se hace con dos temas que son una maravilla; en “New Moon” se va hacía el lado más intimista de Leonard Cohen y nos deja una preciosa balada, y en “Stay in the Country” se deja llevar de la mejor forma posible por el Tom Petty de finales de los ochenta. Y no pasa nada, porque lo hace tan bien, que no importa que suene a otros. 

Lo que más me ha gustado de este disco, ha sido encontrarme con un Berman más épico y emocionante. Se le da maravilla ese rock más clásico en el que un órgano y un piano libran una batalla con una guitarra. Es el caso de “New Year’s Night”, el que podría ser el gran hit del disco. O de la más delicada “Runaway Jane”, que es una autentica delicia. Aunque el mejor ejemplo de esto es “Alone In London”, el tema que cierra el disco. Aquí nos deja una canción que empieza con una guitarra sosegada, pero que, poco a , y a medida que van entrando más instrumentos, se acaba convirtiendo en un tema de lo más emocionante.

Sinceramente, tras su primer Ep, que no me terminó de convencer mucho, no me esperaba demasiado del álbum de debut de The Natvral, pero me he encontrado con un disco lleno de fuerza y de canciones estupendas. 

8

The Underground Youth – The Falling

A esto es lo que le llamo yo un cambio radical. The Underground Youth siempre han sido una de las bandas más particulares del post-punk actual, y además de las típicas influencias que suelen tener estas formaciones, también solían mencionar a gente como Bob Dylan o Nick Cave. Pero esta vez, el dúo de Manchester, afincando en Berlín, ha dado un giro de lo más drástico a su música. En su décimo trabajo se olvidan de la distorsión y de la densidad con la que contaban sus canciones, y se meten de lleno en un sonido de lo más cinematográfico, lleno de y cuerdas, y con un cierto toque fronterizo. Toda una sorpresa, que la verdad es que resulta de lo más agradable.

The Falling’ cuenta con un sonido claramente americano, muy de western, y bastante oscuro. Porque, eso sí, ese lado más oscuro no se lo han quitado. La voz de Craig Dyer suena de lo más dramática y profunda, y esas cuerdas y guitarras acústicas que la acompañan, le dan un toque de lo más sombrío. Como muestra el tema que lo abre y que le da título, donde, quizá, muchos vean un sonido parecido al que ha dado a conocer a Orville Peck, pero aquí hay más intensidad y mucho más drama. Y eso es lo que termina llevando el disco por el buen camino.

A lo mejor se me ha ido un poco la cabeza, pero creo que otra de las grandes influencias de este trabajo es Leornard Cohen. Es que me resulta más que evidente en esa pequeña maravilla folk llamada “Vergiss Mich Nicht”, la cual, gracias a su armónica y a su baile de guitarras, resulta de lo más deliciosa. Pero la influencia del canadiense también aparece en la bella “And I…”, en la intensa “A Sorrowful Race”, y en la emocionante “Cabinet Of Curiosities”. Aunque eso sí, en esta última también dejan ver algo de ese lado más fronterizo.

Estamos ante un trabajo en el que las canciones van a un ritmo pausado y en el que apenas hay tiempo para momentos contundentes. Es más, de ocho temas, tan solo dos cuentan con una batería. Y ojo, que es una sección rítmica bastante tranquila. En “Egyptian Queen” nos dejan una especie de oscuro vals en el que la influencia de Nick Cave es más que evidente. Y luego, en “For You Are The One”, sí que sacan algo más de garra y fuerza. Pero también es cierto que no pierden ese toque americano y fronterizo con el que cuenta todo el álbum.

En su nuevo álbum, The Underground Youth no es que salgan de su zona de confort, es que prácticamente la dinamitan y se meten de lleno en un terreno que no esperábamos lo que habíamos seguido un poco su carrera. Pero, a pesar de la sorpresa inicial, es un cambio bastante interesante y que funciona muy bien.

7,7

Arab Strap – As Days Get Dark

Para la generación “indie” que vivimos los primeros Festivales de Benicàssim y escuchábamos Viaje a los sueños polares religiosamente, Arab Strap eran ese grupo algo extraño, pero tremendamente atrayente, al que era imposible describir. El dúo formado por Aidan Moffat y Malcolm Middleton siempre se ha movido por el lado oscuro del rock, pero eso no les ha impedido coquetear con sonidos más elegantes, o con elementos electrónicos. Una fórmula que repiten en el que es su primer trabajo en nada más y nada menos que 16 años. Eso sí, desde una perspectiva bastante más madura, que los años pasan para todos.

As Days Get Dark’ es un disco oscuro y intrigante, pero tremendamente bello. Un trabajo que está plagado de referencias a la madurez –“Well Mick Jagger does it / And he’s older than me…” canta Aidan Moffat en la estupenda “I Was Once a Week Man”-, pero que también refleja algunos de los problemas de la sociedad actual, como la xenofobia o las adicciones. Además de su temática habitual, donde el sexo y la muerte siempre han tenido un papel importante. Pero ojo, que hay momentos en lo que hacen de forma positiva, como en esa “The Turning of Our Bones” inicial, que es todo un canto al amor libre y desinhibido. Aunque eso sí, musicalmente, es uno de los temas más oscuros del disco.

Al igual que en sus primeros trabajos, Arab Strap han conseguido hacerse con una colección de temas tremendamente personales, pero muy asequibles a la vez. Es una cualidad que pocas bandas tienen. Y ellos no la han perdido. Ahí están “Compersion, Pt.1” o “Here Comes Comus!”, las cuales representan su lado más rock y directo. Pero también juegan muy bien sus cartas en los cortes más reposados, que prácticamente son el 80% del álbum. “Bluebird”, en la que una guitarra acústica se deja acompañar por una delicada caja de ritmos, no puede ser más bonita. O “Tears On Tour”, que tira de épica contenida y resulta absolutamente emocionante -ese punteo de guitarra final estremece-. Y si nos vamos a “Sleeper”, nos encontramos con una balda siniestra, y algo barroca, en la que nos llevan de viaje en un aterrador tren nocturno. Pero lo mejor del álbum llega en “Fable of the Urban Fox”, un tema que empieza con una guitarra que no puede ser más folkie, y acaba convirtiéndose en un corte que se va por una senda electrónica, y casi bailable. Y todo para dejarnos una alegoría de la xenofobia.

Arab Strap han vuelto en plena forma, con un trabajo muy personal, en el que no huyen de su pasado, pero sí que abren una puerta al futuro. Eso sí, la portada es un espanto.

8

Nick Cave & Warren Ellis – Carnage

Con que hayáis seguido el blog un poco de tiempo, ya sabréis que no soy muy seguidor de Nick Cave, porque creo que nunca ha caído un disco suyo por aquí. Ni de su carrera con los Bad Seeds, ni con Grinderman, ni ninguna de sus bandas sonoras. Y sí, tiene un talento descomunal y es uno de los mejores músicos de la historia, pero a mi nunca me ha terminado de llegar. Hasta ahora, que me he topado con su primer trabajo con Warren Ellis fuera del mundo de las bandas sonoras.

Carnage’ es otro disco que nace del confinamiento y de la necesidad de crear que muchos músicos han tenido al no poder girar. La pandemia truncó parte de la última gira de Nick Cave, y la que le traía a España, pero el australiano no contempló la opción de descansar. Y tampoco Warren Ellis, porque compusieron este disco en poco más de dos días, y en lo que ellos han calificado como “un proceso acelerado de intensa creatividad”. Y aquí es cuando te das cuenta del talento tan enorme que tienen. Porque crear un trabajo tan desgarrador y bello en un periodo tan corto de tiempo, no está al alcance de todos.

“Un disco brutal, pero hermoso, anidado en una catástrofe colectiva”. Esta frase del propio Cave describe bastante bien las sensaciones que te dejan las canciones de este álbum. Estamos ante un trabajo oscuro, pero vibrante, que se erige como una banda sonora perfecta para estos días convulsivos que vivimos. Y ya no solo estamos hablando de la pandemia, también de otros temas de actualidad que preocupan al mundo. Es el caso de “White Elephant”, en la que, claramente, hacen referencia al asesinato de George Floyd por parte de un policía. Una canción que cuenta con una primera parte oscura, en la que Cave llena su interpretación de rabia, y que cambia por completo en su segunda mitad, donde aparece un coro de góspel de lo más esperanzador.

Creo que, musicalmente, estamos ante un disco de lo más rico. Evidentemente, cuenta con ese poso cinematográfico que han ido creando en su carrera conjunta, lo que les da un toque diferente a los temas de Cave. Los teclados, sobrios y oscuros en muchas ocasiones, junto a las cuerdas, que también inundan el disco, se unen a lo solemnidad que suele desplegar el australiano. Un combo perfecto, que nos deja una barbaridad de lo más inquietante, como es el caso de la inicial “Hand of God”, donde, una vez más, hay referencias al cielo y al infierno, y todo adornado con unos coros espeluznantes. O esa “Old Time” casi fronteriza que nos traslada a un árido campo del viejo oeste.

Sobre todo, estamos ante un disco lleno de canciones que son pura belleza. Es el caso del emotivo tema titular, en el que se sacan de la manga un coro infantil, y donde Cave vuelve a recordar a su hijo fallecido. O de la serena “Alburquerque”, que, con apenas un piano y unas cuerdas, suena de la más esperanzadora. Algo que también ocurre con “Lavender Fields”. Pero es en “Shattered Ground”, la que podríamos calificar como la canción de amor del disco, donde más me han emocionado. Y es curioso, porque, al igual que toda la parte final del álbum, es de lo más minimalista, y aquí apenas cuenta con unos teclados como base instrumental. Eso sí, unos teclados que lo envuelven todo. Y para cerrar, nada mejor que “Balcony Man”, un clásico tema al piano de Nick Cave, en el que va subiendo de intensidad, para llegar a ese épico final en el que no para de repetir “This morning is amazing and so are you”. Ellos dos sí que son increíbles.

8,1

Chris Brokaw – Puritan

Chris Brokaw es conocido principalmente por ser miembro de Codeine y Come, dos de los grupos que pusieron el slowcore en el mapa –“Saints Around My Neck” sigue siendo una de mis canciones favoritas de la historia-. Además de haber formado parte de The Lemonheads, y de haber sido músico de acompañamiento de Thurston Moore y de un buen montón de artistas más. Pero también cuenta con una extensa carrera en solitario. En ella, hay mucha banda sonora, y algún que otro disco en el que saca su vena más indie-rock y directo. Algo que se puede apreciar muy bien en su último trabajo.

Puritan’ es un su decimo álbum, y si de verdad te gusta el buen rock, deberías darle una escucha. Y no es que lo diga yo, lo dice el mismísimo Mark Lanegan, que ha escrito el texto promocional del disco. Además, cuenta con un par de regalos para los seguidores de Come, porque Thalia Zedek, la que fue su compañera de banda, pone la voz y la guitarra a dos de las canciones del álbum. La primera es “The Bragging Rights”, donde aparece el lado más folkie y relajado de Brokaw, y la segunda es la preciosa versión que hacen de “The Night Has No Eyes”, una vieja canción de Karl Hendricks, el difunto rockero de Pittsburgh. Pero esto es solo una pequeña parte de todo lo bueno que hay en este disco.

Cuando Brokaw pisa el pedal de distorsión, no hay quién le tosa. Más de treinta años jugando con las posibilidades que le da su guitarra, le han convertido en un experto de estos sonidos. Solo hay que escuchar el tema que lo abre y que le da título, donde se recrea en un océano de escalas propias de los mejores Sonic Youth. O esa barbaridad llamada “The Heart of Human Trafficking”, en la que pone al día las enseñanzas del Neil Young más eléctrico. Y si nos vamos a “Report to an Academy”, podemos comprobar que no tiene ningún reparo en endurecer su sonido. Pero también sabe cuando rebajar un poco la intensidad eléctrica y dejar que el pop entre el juego, como en el caso de la escueta “I Can’t Sleep”. Aunque ojo, que en su faceta más indie-rock es capaz de sacarse de la manga una joya como “Periscope Kids”, en la que deja las últimas canciones de Guided By Voices a la altura del betún.

Según Mark Lanegan, estamos ante “un clásico de principio a fin”. Yo no soy tan entusiasta, pero si creo que es un gran disco de rock. Y eso ahora mismo es todo un logro.

7,8

Tindersticks – Distractions

Una de las cosas que ha dejado claras Stuart A. Staples durante la promoción del último trabajo de Tindersticks, es que no es un disco de confinamiento, y que, a pesar de que se grabó el pasado septiembre, se compuso mayoritariamente en febrero. Algo que no sé muy bien por qué se ha encargado de recalcar tanto, porque dudo mucho que hubiera cambiado las ideas que tenían para este álbum. Y es que, a pesar de la sorpresa inicial, que ya comentaré más adelante, sigue siendo un trabajo que es puro Tindersticks. Y lo único que veo diferente, es que están más minimalistas y sombríos que nunca.

Distractions’ es un disco de canciones largas en el que el grupo británico se explaya bien a gusto en el desarrollo de cada una. Como mejor ejemplo de esto tenemos el tema inicial, el cual se va más allá de los once minutos. Estamos ante un corte oscuro, algo claustrofóbico, y muy electrónico. Esa es la sorpresa, las cajas de ritmos sirven de apoyo a la voz a la dramática voz de Staples, que aquí, casi se convierte en Alan Vega de Suicide -es absolutamente desgarrador cuando canta eso de “Can’t stop the fadin’/Can’t stop the fadin’…”-. Lo malo es que, salvo alguna pincelada más, esa electrónica no aparece en más cortes del disco. Y es una pena, porque les sienta muy bien.

Como decía un poco más arriba, están especialmente sombríos y reposados en este trabajo. Sobre todo, en sus temas propios. Una canción como “I Imagine You”, en la que apenas aparece un piano y un leve susurro de Staples, no es para todo el mundo. Aunque sí es cierto que en los dos cortes finales consiguen transmitir un poco más de emoción. Y es que un tema como “Tue-moi”, el cual está dedicado a las victimas del atentado del Bataclan- Tindersticks solían actuar mucho allí-, pone los pelos de punta. Y esa extensa “The Bough Bends” con la que cierran, resulta de lo más electrizante en su parte final.

Resulta muy curioso que, de un disco de siete canciones, tres sean versiones. Pero Tindersticks son así, y, además, es algo que se les da muy bien. De hecho, las tres, son de lo mejor del disco. Ahí está esa delicada versión que hacen del “A Man Needs A Maid” de Neil Young, donde se dejan ayudar por la estupenda voz de Gina Baker. O la elegante revisión que hacen de “Lady With The Braid”, una canción un tanto folk de Dory Previn. Pero lo mejor llega con su particular homenaje a Television Personalities. “You’ll Have to Scream Louder” era un oscuro y ruidoso tema que cautivó a Staples cuando era joven. Y no es casualidad que lo recupere ahora, porque, según él mismo, es un corte que está de plena actualidad por su carácter reivindicativo. Eso sí, lo ha pasado por su filtro, y lo ha convertido en una deliciosa canción de Tindersticks.

7,5