Ezra Furman – All Of Us Flames

Cada vez me gusta más el camino que ha tomado la carrera de Ezra Furman. La artista norteamericana lleva unos cuantos discos desgranando parte de la sociedad de su país a base de temas de rock que parten de muchas influencias. De hecho, en su anterior trabajo, reflejaba el cabreo que tenia en una colección de canciones punk que hizo que incluso se destrozara un poco la voz. Ahora vuelve con un nuevo trabajo en el que baja bastante las revoluciones, y recupera el sonido del estupendoTransangelic Exodus’, pero en el que no pierde ese espíritu crítico que tanto me gusta.

Como no podía ser de otra manera, ‘All Of Us Flames’ está compuesto en el grueso de la pandemia. Aunque sí es cierto que, salvo alguna referencia al fin del mundo, o a como era antes, no es el tema principal del disco. Una vez más, Furman se vuelve a centrar en su identidad como persona trans. Y lo hace desde el orgullo al que le ha costado un poco llegar. Algo que cuenta en una estupenda entrevista que ha dado para Jenesaispop. Pero también desde su perspectiva como judía, y de cómo esas dos identidades pueden llegar a chocar.

Musicalmente, estamos ante un álbum que recupera su sonido más retro. No obstante, menciona a Bob Dylan como una de las mayores influencias. Algo que no resulta complicado de ver en “Train Comes Through”, el tema que abre el disco. O en esa delicada “Book Of Our Names” en la que escribe su propio texto sagrado. Pero casi se podría decir que es un pequeño repaso a una época concreta de la música norteamericana. Lo que también nos lleva a encontrarnos con alguna canción que tiene como mayor referencia a los grupos de chicas de los 50 y 60, como es la preciosa “Dressed in Black”. Eso sí, todo adornado con la producción rota y sucia de John Congleton.

Hay otra influencia importante en algunas canciones de este trabajo, y no es otra que la de Bruce Springsteen. Algo que no sorprende mucho, porque ya estaba en algunas canciones de sus últimos discos. Además, con ella consigue dar con los mayores himnos del álbum. Temas infalibles como “Forever in Sunset” y “Lilac and Black”, donde entran en juego los teclados más épicos, y donde la voz de Furman se desgarra con más pasión que nunca. Pero también hay una parte del álbum más relajada, y algo sintética, que me ha gustado mucho. Es el caso de la rota “Ally Sheedy in The Breakfast Club”, en la que cuenta como el personaje de Ally Sheedy en ‘El club de los cinco’ marcó su infancia. O de la más sofisticada y pop “Poor Girl A Long Way From Heaven”, que es una delicia. Aunque eso sí, para terminar, prefiere volver a Dylan y entregar la delicada “Come Close”.

7,9

black midi – Hellfire

Resulta curioso, pero, a medida que he ido creciendo, y escuchando más música, me he vuelto más intransigente con los artistas más experimentales. Cuando tenía 20 años también contaba con una mente más abierta (musicalmente) que ahora, que prefiero una buena canción pop de tres minutos que otra cosa. Pero también es verdad que hay grupos que te hacen volver emocionarte por descubrir nuevos sonidos. Es el caso de black midi, una banda que mezcla todo tipos de estilos, y con ellos crea una locura musical que, cuando menos, resulta de lo más interesante. De hecho, solo han necesitado tres años para convertirse en uno de los grupos más importantes del nuevo rock británico.

Hellfire’ es su tercer trabajo, y como en los dos anteriores, cada canción son varios mundos diferentes. Aquí hay rock progresivo, post-punk, flamenco, influencias del Scott Walker más esquivo, jazz, y mil cosas más. Y, como digo, hay temas en los que todo eso suena a la vez. De hecho, si miráis la lista de gente que ha trabajo en el álbum, veréis que cuenta con casi una veintena de músicos que han tocado todo tipo de instrumentos. Además de la destreza musical con la que cuenta la propia banda, que es tremenda. Y ojo con la labor de producción y mezcla, que es realmente brutal.

Otro de los puntos fuertes de black midi son las letras de Geordie Greep, que cuentan todo tipo de historias. Como la de “Welcome to Hell”, donde un soldado en shock rellena su baja militar con todo tipo de excesos. O la de la sorprendente “Eat Man Eat”, en la que nos dejan una extraña historia en la que hay canibalismo y homofobia. Y lo hacen con unas palmas y un ritmo que tienen una influencia clara del flamenco. Porque, como ya he dicho, aquí hay de todo. Aunque también tengo que decir que son expertos en entregar autenticas apisonadoras sonoras en las que la voz de Greep, que cambia de registro constantemente, se adentra en espídicos ritmos en los que el jazz, el post-punk y el art-rock se fusionan con absoluta normalidad. Como en esa bestialidad llamada “Sugar/Tzu”, o la inabarcable “The Race Is About To Begin”.

Una de las razones por las que este “Hellfire” me ha conquistado, es por su parte final. Y es que, tras unos cuantos temas que son una auténtica locura, en los últimos momentos consiguen relajarse un poco. Es el caso de “Dangerous Liaisons”, donde Greep se deja llevar por una especie de espíritu crooner. Aunque sí es cierto que, en algún momento de la canción, no pueden evitar reventarlo todo un poco y hacer que su ritmo pausado se rompa. O esa “The Defence”, que prácticamente es una balada épica y de cierto toque setentero. Eso sí, para cerrar, entregan “27 Questions”, otra de esas canciones en las que hay 40 estilos musicales diferentes. De hecho, termina con un lado bastante cinematográfico, ya que nos cuenta la historia de un actor que no consigue convencer a su audiencia.

7,9

Bartees Strange – Farm to Table

Bartees Strange se convirtió en una de las sensaciones de 2020 con ‘Live Forever’, un álbum de debut que entró en prácticamente todas las listas de lo mejor de ese año. Menos en la mía, que lo descubrí unos meses más tarde. En aquél trabajo predominaba el indie-rock, pero desde una perspectiva un tanto diferente, ya que no tenía problema en hacer un rap de vez en cuando, o dejarse llevar por otro tipo de sonidos más escapistas y electrónicos. Unos cambios de dirección que también aparecen en su segundo trabajo. Aunque sí es cierto que aquí se sale de la tangente en menos ocasiones.

Una de las cosas que más sorprenden de la propuesta de ‘Farm to Table’, es que su rock suena de lo más vigoroso y deslumbrante. Porque puede que a veces recuerde a otras bandas -la influencia de sus adorados The National y de TV On The Radio resulta evidente-, pero lo cierto es que Strange es capaz de impregnar su propia personalidad a estas canciones. Solo hay que escuchar “Heavy Heart”, que abre el álbum con una potencia sorprendente, y con una fusión de baterías nerviosas y guitarras esplendorosas. Pero a mitad de canción sorprende con un derroche de épica coronado por una trompeta. O ese lado más pop que aparece en la deliciosa “Mullholland Dr.” Además de ese pedazo de hit llamado “Wretched”, donde arropa su rock en un manto de electrónica. Algo que se repite en la también estupenda “Cosings”.

Si es cierto que en la segunda parte de este ‘Farm to Table’ baja bastante el ritmo. Y es que, a partir de “Tours”, que no es otra cosa que una balada de tintes folk, el rock va perdiendo protagonismo. Así, nos deja una delicada canción al más puro estilo Prince llamada “Hold The Line”, la cual, por cierto, está dedicada a la hija de George Floyd. Porque esa es otra, sus letras son bastante más sociales y combativas de lo que se suele ver en el indie-rock actual. Un buen ejemplo de esto es “Escape This Circus”, donde se va a su lado más pop para hablarnos del capitalismo. Aunque sí es cierto que en su tramo final explota en una tormenta de guitarras y voces distorsionadas. Y ojo, porque, volviendo al plano musical, en “Black Gold” se atreve con lo que podríamos llamar el sonido Bon Iver. Y, como en prácticamente todo el álbum, sale bien parado.

No cabe duda de que ‘Farm to Table’ aúpa a Bartees Strange a la primera línea del indie-rock actual. Además, muy merecidamente.

7,9

Craig Finn – A Legacy of Rentals

Nunca he sido muy seguidor de la carrera de The Hold Steady, y mucho menos de la Craig Finn en solitario. El líder de la banda de Minnesota ya lleva unos cuantos trabajos bajo su nombre, pero, si os soy sincero, ni siquiera me acordaba -y eso que metí una canción suya en una recopilación de 2015-. Hasta ahora que, por pura casualidad, me he topado con su último álbum. Y tengo que decir que me ha calado desde la primera escucha. Porque, a diferencia de lo que hace con su banda principal, aquí se relaja bastante y nos deja una colección de canciones más centradas en la belleza que en la fuerza del rock. Y hay que decir que sabe lo que se hace.

A Legacy of Rentals’ es un trabajo que, como muchos otros, está escrito en los primeros días de la pandemia. Y lo cierto es que fue una época dura para Craig Finn, ya que, aparte de que tuvo que estar más o menos separado de su pareja, que es enfermera en un hospital, también vio como algunos amigos suyos sucumbían a la enfermedad. Así que estamos ante un trabajo que se inspira en los que ya no están. Aunque eso sí, apenas hay referencias a esto en estas canciones, pero sí se podría decir que aparecen en un segundo plano. Porque, al final, Finn hace lo de siempre, que no es otra cosa que contarnos historias de personas con vidas complejas. Y en eso es un experto.

Una de las cosas que hace de este trabajo algo especial, es esa sección de cuerdas que acompaña estas canciones. Además de las voces de Cassandra Jenkins y Annie Nero, que se dejan escuchar en muchos de estos temas. Ahí está esa “Messing With the Settings” que lo abre, en la que Finn tira de monologo hasta que llega su estribillo, que es una absoluta preciosidad. O en esa balada algo etérea, y casi ensoñadora, llamada “The Year We Fell Behind”, la cual, a pesar de sus cinco minutos, se hace corta. Algo que también ocurre con “Curtis & Shepard”, donde el protagonismo se lo lleva una coqueta caja de ritmos. Unos ritmos más electrónicos que también aparecen en “This is What It Looks Like”, el estupendo tema que cierra el álbum.

A pesar de ser un álbum algo melancólico, Finn se deja llevar por la esperanza en unas cuantas canciones. Lo que también hace que sean más directas. Es el caso de “The Amarillo Kid”, donde nos cuenta la historia de un traficante de drogas que huye con todo el alijo. Y lo hace con un ritmo juguetón y un teclado de lo más pop. O esa “Birthdays” tan americana, pero absolutamente pegadiza y deliciosa. En la que, además, y muy acertadamente, mete un solo de saxo de lo más Springsteen. Además de esa “Due to Depart” en la que se deja llevar por un tono más sombrío, pero que, la verdad, resulta bastante asequible. Aunque eso sí, hacia el final, vuelve a dejarse llevar por un spoken-word, y nos entrega “A Break from the Barrage”, una de esas canciones delicadas que van creciendo poco a poco. Y es estupenda.

8

Spiritualized – Everything Was Beautiful

Lo primero que pensé cuando escuché el último trabajo de Spiritualized es que Jason Pierce, o en este caso J Spaceman, había puesto el piloto automático. Porque, a simple vista, estamos ante otro trabajo de space-rock en el que no encontramos muchas diferencias con todo lo que ha editado desde el magnifico ‘Ladies and Gentleman We Are Floating In Space’. De hecho, el mismo hace un guiño a ese trabajo en la portada del disco, donde el envoltorio de un medicamento vuelve a ser el protagonista. Pero con Pierce/Spaceman nunca puedes dar nada por sentado, y al final, tras unas escuchas, he ido encontrando detalles que hacen que este noveno trabajo de Spiritualized resulte de lo más excitante.

Everything Was Beautiful’ es uno de los proyectos más ambiciosos de Pierce. El músico británico ha llegado a tocar hasta 16 instrumentos diferentes en este trabajo. Además, en él, han colaborado treinta músicos. Entre ellos su hija Poppy, a la que podemos escuchar justo al comienzo del álbum. De hecho, la idea inicial de Pierce era hacer un disco doble con las canciones de su anterior trabajo y las de este, pero el dueño de su sello se lo desaconsejo. Y lo cierto es que, si lo miramos bien, son dos trabajos que se complementan muy bien y tienen muchas cosas en común, como la figura del astronauta que tanto le gusta. Además de su sonido.

Estamos ante otro álbum en el que la psicodelia, el rock, o el gospel, se dan la mano y crean un conjunto de canciones de lo más especial. Como esa maravillosa “Always Together With You” que lo abre, que es una de esas canciones llenas de épica marca de la casa. Pero ojo, que tiene unos cuantos detalles que la hacen diferente, como esas castañuelas de su estribillo, las cuales le dan un toque de lo más spectoriano. Además, su segunda parte, que es todavía más épica, no puede resultar más emocionante. Al igual que ese gospel algo sucio que nos presenta en “Let It Bleed” (For Iggy)”, en la que coge prestada la letra del “Open Up And Bleed” de los Stooges para rendir un homenaje a Iggy Pop. Y luego tenemos “Crazy”, una preciosa canción de amor en la que aparecen los Spiritualized más amables y reposados.

La variedad es una de las cosas que hacen que los discos de Spiritualized siempre funcionen. Jason Pierce es un maestro a la hora de fusionar todas sus facetas y construir con ellas canciones que tienen su sello. Es el caso del rock enérgico y algo sucio, pero con un cierto toque de gospel, que nos presenta en la estupenda “Best Thing You Never Had (The D Song)”, toda una apisonadora llena de guitarras enérgicas y unas trompetas que casi se acercan al free jazz. Una faceta que también aparece en la mucho más sucia “The A Song (Laid In Your Arms)”, en la que nos deja una catarsis ruidosa no apta para muchos públicos. Pero también de ese derroche de psicodelia y krautrock que aparece en “The Mainline Song / The Lockdown Song”, en la que no tiene problema en dar el protagonismo a una flauta. Aunque eso sí, muy bien acompañada de un mar de guitarras y teclados. Y, para terminar, los casi diez minutos de “I’m Coming Home Again”, que tengo que decir que casi se hacen cortos.

8

Orville Peck – Bronco

Orville Peck corre el riesgo de convertirse en una caricatura de sí mismo. Y es que, el músico canadiense, aunque nacido en Sudáfrica, no para llevar su personaje al extremo, y eso le puede terminar pasando factura. Porque, este vaquero, abiertamente gay, del que no se conoce su verdadera identidad -se supone que es el músico de punk Daniel Pitout, pero eso no está confirmado-, puede resultar excesivo en algunas ocasiones. Lo bueno es que le salva una cosa: sus canciones. Y es que, al final, detrás de esa mascara llena de borlas, se encuentra artista con un gran talento para componer temas que beben de la mejor música americana. Algo que podemos volver a comprobar en su segundo álbum.

Bronco’ es un disco que llega en el mejor momento para Peck. Y es que, desde que editó su primer trabajo, su popularidad no ha parado de crecer, y le hemos podido ver participando en el documental de Netflix This Is Pop, posando para algunas de las revistas de moda más importantes del mundo, o colaborando con Shania Twain. Pero, además, en las últimas semanas, ha contado con un empujón más gracias a la incursión de su “Dead of Night” en uno de los capítulos de la última temporada de Euphoria. Así que estamos ante un disco que tiene todos los ingredientes para llevar a este vaquero a una división superior.

Orville Peck ha hecho un disco largo, pero a la vez bastante entretenido. Junto al grupo de indie-rock canadiense Frigs, que se ha convertido en su banda de acompañamiento, ha dado con una colección de temas realmente notable. Además, va mucho más allá del country, porque aquí hay mucho de Roy Orbison, bastante de Elvis, e incluso temas que no desentonarían en un disco de Garth Brooks. Además, sus letras, en las que habla abiertamente de relaciones homosexuales dentro de un ambiente tan cerrado como el country, o en las que se burla de su propia obsesión por la cultura estadounidense, siguen siendo una de sus mejores bazas.

Estamos ante un disco que cuenta con varios temas de lo más directos y que funcionan estupendamente como single. Es el caso de “Daytona Sand”, que abre el álbum llenándolo de euforia vaquera. De esa “Lafayette” un tanto más festiva, o de “Bronco” y “Any Turn”, que son perfectas para bailar en cualquier bar de carretera de la Norteamérica más profunda. Pero es en la estupenda “C’mon Baby, Cry” donde juega sus mejores cartas. Y es que, en este tema en el que habla de la masculinidad toxica, se va hacia el mejor Roy Orbison y se saca de la manga una joya en la que no tiene miedo meter unas castañuelas y meterse de lleno en un mundo mucho más pop y sixties.  

No solo está acertado en los temas más eufóricos, también hay baladas y medios tiempos notables. De hecho, uno de los mejores momentos del álbum llega con “The Curse of the Blackened Eye”, una delicada balada compuesta a pachas con Tobias Jesso Jr., en la que nos habla de una relación abusiva. O esa “Kalahari Down” que empieza de forma sosegada y seria, y termina con un derroche de épica. Un guion que sigue en la también notable “Trample Out the Days”. Y es que hay que reconocer que se le da maravilla hacer temas emocionantes que se adaptan como anillo al dedo a esa voz profunda que tiene. Es el caso de “Outta Time”, todo un baladón en el que no tiene ningún problema en tirar de esa épica que tanto le gusta. Algo a lo que también recurre en “All I Can Say”, el estupendo tema que cierra el álbum. En el que, además, y muy acertadamente, le da más protagonismo a la voz de Bria Salmena, la cantante de Frigs.

7,7

Mattiel – Georgia Gothic

Mattiel es una de esas bandas que he pasado por alto en los últimos años. Y la verdad es que tengo que reconocer que, hasta hace unos días, ni siquiera sabía de la existencia de este dúo de Atlanta. Y eso que ya van por su tercer trabajo y tienen alguna canción que otra con varios millones de reproducciones en las plataformas de streaming. Pero también es cierto que, hasta ahora, su música se ha decantado por una faceta más rock que a mí no me tira mucho. No obstante, abrieron para Jack White en sus comienzos, e incluso hacían versiones de los White Stripes. Pero parece que todo eso ha cambiado con su tercer trabajo.

La pandemia ha trastocado bastante la carrera y la vida de los dos miembros de Mattiel. Para empezar, y al igual que muchos otros artistas, tuvieron que suspender la gira de su segundo trabajo por el confinamiento. Pero lo peor es que, unos pocos meses antes, habían decidido dedicarse a la música a tiempo completo y vivir de ella. Lo que llevó a Atina Mattiel Brown, la parte femenina del grupo, a rechazar un lucrativo trabajo como diseñadora gráfica en Mailchimp, y a Jonah Swilley a dejar su trabajo en una tienda de antigüedades. Así, en unos pocos meses, pasaron de tener una gira con un buen montón de fechas, a encontrarse sin trabajo y cobrando el paro en su casa de Atlanta.

Georgia Gothic’ es el resultado de ese parón forzoso de 2020. Y es que, al final, terminaron alquilándose una casa en el norte de Georgia, y allí, entre sesiones de cine y largas noches de composición, se hicieron con el disco entero en una semana. Un trabajo en el que, según ellos mismos, han ampliado su paleta de sonidos y se han dejado llevar un poco más. Y eso es algo que se nota, porque, aunque lo suyo sigue siendo el rock, lo cierto es que suenan un poco menos crudos y más limpios. Ahí está esa “Jeff Goldblum” inicial, en la que se dejan llevar por una caja de ritmos y se sacan de la manga un estribillo de lo más pegadizo. O esa himno pop llamado “Lighthouse”, una tema absolutamente redondo, en el que se atreven a llenar el estribillo de trompetas. Mi bucle de los últimos días.

Ese punto melódico que tiene su aspereza hace que temas como “Wheels Fall Off” o “Subterranean Shit-In Blues” entren bastante bien. Además, tengo que decir que me han recordado un poco a los Yeah Yeah Yeahs más escurridizos. Y si nos vamos a “You Can Have It All”, nos encontramos con un vibrante tema de rock en el que Atina se convierte en una Patti Smith moderna. Pero ojo, que también saben cuándo bajar el ritmo e irse hacia un mundo un poco más soul -Swilley formó parte de la banda de acompañamiento de Curtis Harding-. Algo que hacen en la estupenda “Blood in the Yolk” y en la sedosas “Cultural Criminal” y “Other Plans”. Eso sí, para cerrar, prefieren volver al rock y dejarnos la intensa “How It Ends”.

7,8

Tears For Fears – The Tipping Point

Tears For Fears solo han tardado 18 años en sacar un nuevo disco. Y casi tenemos que dar las gracias, porque nunca ha estado muy claro que fueran a grabar un nuevo trabajo en todo este tiempo. Es más, comenzaron a trabajar en este álbum allá por 2013, cuando la discográfica les convenció para que hicieran cosillas con grupos de ahora y que su sonido fuera más actual -de ahí salieron sus versiones de Animal Collective, Hot Chip y Arcade Fire-. Algo que no terminó de funcionar. Aunque sí rescataron “I Love You But I’m Lost”, la que fue su colaboración con Bastille, para el recopilatorio que editaron en 2017. Así que, tras descartar ese proyecto, en 2020 se volvieron a reunir y dieron forma a lo que hoy es su séptimo trabajo.

The Tipping Point’ nace de una mala racha para Roland Orzabal, uno de los dos miembros del grupo. Primero, en 2017, tuvo que lidiar con la muerte de su mujer, y un año después con un grave problema de salud. Lo que hizo que llamara a Curt Smith, el otro miembro de la banda, y retomaran el contacto -siempre han estado un poco como el perro y el gato-. Todo esto, como es normal, ha terminado influyendo en las letras del álbum, y muchas de ellas están dedicadas a la mujer de Orzabal. Pero no se quedan ahí, y también se dejan llevar por temas más actuales, como el patriarcado o lo jodido que está el mundo.

Uno nunca sabe por donde van a salir estos grupos que tuvieron su mayor momento de gloria en los ochenta. La tentación de recuperar el sonido que los hizo grandes siempre está ahí, pero también las ganas de hacer algo diferente. Lo bueno, y con lo que pueden jugar fácilmente Tears For Fears, es que ellos tocaron todos los palos posibles. Eran capaces de hacerte un hit de synth-pop, temas directos de new-wave, cosas algo más oscuras y cercanas al post-punk, o baladas un poco más mainstream. Y con esa variedad también juegan en este trabajo.

El disco lo abren con “No Small Thing”, una estupenda balada que recupera su sonido más rock, y que termina en una catarsis sonora de guitarras. Un sonido más clásico que también recuperan en “Rivers of Mercy” y “Please Be Happy”, donde el piano se convierte en protagonista. Pero lo cierto es que su sonido más sintético gana la partida. La gran mayoría de canciones cuentan con una capa de teclados, e incluso algunas, como “Break The Man” o “My Demons”, se acercan bastante al synth-pop de los ochenta. Pero no se quedan ahí, y consiguen dar con temas sobresalientes de puro pop, como “The Tipping Point” o “End Of Night”. Además de un par de deliciosas y sedosas baladas como “Long, Long, Long Time” y “Master Plan”.

Tears For Fears han vuelto con un gran trabajo, y no es lo que lo diga yo, solo hay que meterse en metacritic y ver que está entre lo mejor del año junto con bandas actuales tan aclamadas como Beach House o Big Thief.

8

Hurray For The Riff Raff – Life on Earth

A pesar de que escuché bastante el anterior trabajo de Hurray For The Riff Raff, veo que no llegué a ponerlo en el blog. Lo que sí que metí fue su “Pa’lante” entre las mejores canciones de 2017. Y no me extraña, porque es una canción maravillosa que, además, no ha perdido nada de su fuerza en cinco años. Y es que Alynda Segarra, que lidera este proyecto, tiene un talento enorme y mucho que contar. Criada por sus tíos, unos inmigrantes puertorriqueños que vivían en el Bronx, Segarra creció con la escena hardcore-punk neoyorquina, pero eso le duró poco, ya que, con tan solo 17 años, se fue de casa y llegó a Nueva Orleans colándose en trenes de carga. Y allí fue donde su banda empezó a tomar forma. Aunque eso sí, nunca se ha olvidado de sus raíces.

Life on Earth’ supone un cambio drástico en el sonido de Hurray For The Riff Raff. Hasta ahora, Segarra se ha dejado llevar por el folk o la música de tradición americana. Una etiqueta que, por cierto, no le gusta nada. Pero ya en su anterior trabajo empezó a meterse en mundos un poco más pop y rock. Y aquí ha terminado de rematar la faena. De hecho, para empezar, el disco está producido por Brad Cook, que ha estado al mando de algunos discos de Bon Iver y Waxahatchee, con la que, por cierto, colaboró en 2020. Además, la electrónica cobra protagonismo en algunas canciones, e incluso se atreve a rapear de una forma un tanto tímida. Pero lo mejor es que sus temas suenan más directos que nunca.

Nada más empezar nos deja “Wolves”, un ensoñador tema bañado en teclados y cajas de ritmos que no desencajaría en un disco de Sharon Van Etten o St. Vincent. Aunque eso sí, con su personalidad y esa perezosa forma de cantar en la que parece que está arrastrando las palabras. Y así sigue en la estupenda y mucho más animada “Pierced Arrows”, una canción absolutamente pop que cuenta con un estribillo absolutamente irresistible. Lo bueno es que no necesita la electrónica para conseguir su propósito de sonar más directa. Solo hay que escuchar el indie-rock de “Pointed At The Sun” y esa maravilla de pop acústico llamada “Rhododendron”. Además de esa deliciosa “Saga” llena de trompetas que llega al final.

Sí es cierto que la parte central del disco es más sombría y está llena de momentos más lentos. Pero la verdad es que consigue que funcionen. Porque, además, es una parte del álbum un tanto variada. Tenemos la electrónica contenida de “Jupiter’s Dance”; el minimalismo algo folk de “Life on Earth”, o la ensoñadora “Nightqueen”, en la que, por cierto, mete un sampler del poeta Ocean Vuong. Además de “Precious Cargo”, el tema en el que rapea, y una canción en la que nos habla de la situación de los inmigrantes en Estados Unidos. Una constante en su carrera y en su vida, ya que no lo hace todo de boquilla y realmente se implica colaborando y actuando en varias organizaciones que luchan por las personas que buscan una vida mejor en la supuesta tierra de la libertad.

8

Spoon – Lucifer on the Sofa

Spoon han vuelto a su tierra. Su nuevo trabajo es el primero que graban y componen en Austin en más de una década. En parte, porque está creado durante el confinamiento y los meses que vinieron después. Y no sé si ya lo tenían planeado, o ha sido el volver a las áridas tierras tejanas lo que ha hecho que miren al pasado y al rock más áspero. Pero el caso es que estos Spoon tienen muy poco que ver con los de sus anteriores trabajos, donde experimentaban un poco más con la electrónica y dejaban ver un lado más pop. Y eso tienes sus cosas buenas, y sus cosas malas.

Según el propio Britt Daniel, ‘Lucifer on the Sofa’ es “el sonido del rock clásico escrito por un tipo que jamás entendió a Eric Clapton”. Así que ya os podéis ir haciendo a la idea de por donde van los tiros. Porque, además, han requerido los servicios de Mark Rankin, que ha trabajado con grupos como Queens Of The Stone Age o Weezer, y que produce el álbum junto a Dave Fridmann y Justin Raisen. Así que las intenciones estaban claras desde el principio. Pero no os asustéis, que Spoon siguen sonando a ellos mismos. Principalmente, porque la voz de Daniel sigue siendo el principal motor de la banda, y porque no pueden evitar ponerle un tono más melódico a todo lo que hacen.

Se supone que no se puede empezar un disco con una canción difícil que no atrape al oyente de buenas a primeras. Algo que se han saltado Spoon en este trabajo, porque lo abren con una densa y oscura versión de ‘Held’, un viejo tema de Smog. Pero lo cierto es que esto hace que “The Hardest Cut”, entre con más fuerza y destaque bastante más que cuando lo sacaron como single hace unos meses. Además, es el corte más crudo del álbum, y todo lo que viene a continuación mejora bastante el asunto. Así, aunque todo gira alrededor de ese rock clásico que mencionaba Daniel, lo hacen con temas realmente notables, como “The Devil & Mr. Jones”, “Feels Alright” y “On The Radio”.

Spoon siempre han estado bastante atinados a la hora de componer temas más tranquilos. Algo que aquí demuestran en varias ocasiones. La primera en la sobresaliente “Wild”, que es el mejor corte del disco, y una de las mejores canciones de su carrera. En parte, como siempre, por la voz de Daniel, y en parte por ese piano del omnipresente Jack Antonoff, que lleva alguna parte de la canción al ‘Screamadelica’ de Primal Scream. Pero también acierta con una semi-balada rockera como “My Babe”, y en el estupendo tema que cierra, y da título, al álbum, donde se guardan las asperezas guitarreras y se dejan guiar por un saxo.

A pesar de que no me hizo mucha gracia el primer single, sí tengo que reconocer que el resto de este ‘Lucifer on the Sofa’ sí que me ha gustado bastante. De hecho, creo que es su álbum más coherente en unos cuantos años. Otra cosa es que sí se echen un poco en falta algo de esa experimentación que sí tenían sus últimos trabajos.

7,7