My Raining Stars – 89 Memories

Thierry Haliniak es un músico francés que lleva en activo desde principio de los noventa. En aquella época formaba parte de Nothing To Be Done, un grupo al que no le fue nada mal y que llegó a girar con artistas como The Boo Radleys y Adorable. Hasta que a final de década empezó a trabajar bajo el nombre de My Raining Stars, el que es su proyecto en solitario. Aunque eso sí, le costó otra década publicar su álbum de debut, ya que no se puso a la venta hasta 2008. Y ahora, catorce años después, y tras publicar un EP en 2020 y un trabajo con otra banda llamada Meyverlin, vuelve con el que es su segundo trabajo.

89 Memories’ nace de algo así como una amistad entre Haliniak y el músico danés Casper Blond, que se ofreció ha ayudarle con las canciones de este disco tocando el bajo, la batería y la guitarra acústica. Juntos han dado con una estupenda colección de temas que no pueden recordar más a los últimos ochenta y los primeros noventa. Porque por aquí vemos una clara influencia de aquel C86 que cambió la historia del pop independiente, de la sensibilidad de los grupos de Sarah Records, y de la variedad con la que contaba un sello como Creation. Y todo ejecutado de una forma realmente maravillosa.

My Raining Stars van bordeando, e impregnando de su personalidad, estas influencias a lo largo de 40 minutos. Así, nos encontramos con temas en los que la fusión de las guitarras eléctricas y acústicas funcionan a la perfección. Además de esa batería de Blond, la cual tiene bastante presencia, y de unos teclados de lo más melancólicos. Es el caso del sobresaliente “Behind Her Lovely Smile”, que abre el álbum metiéndonos de lleno en su propuesta. Pero también de “If You”, donde nos encontramos con una guitarra de lo más deliciosa, y de lo más The House of Love. Y ojo con “From the Day She’s Gone” y “Time”, que nos llevan directamente al primer trabajo de Stone Roses.

Lo bueno de este trabajo, es que, a pesar de que no se sale nunca de esos años que mencionaba más arriba, cuenta con varias facetas diferentes. Así, de repente, bajan el ritmo y se dejan llevar por los sonidos de Ride en “The Way Things Turn”. Aunque eso sí, pasados un poco por el filtro britpop. O tiran hacia Manchester y se sacan de la manga “Too Soon”, un tema en el que la batería juega con ritmos más bailables, y las guitarras cuentan con un punto más de psicodelia. Además, hacia el final del disco, endurecen un poco más el sonido de sus guitarras, y nos entregan una joya como “Questions”, que es puro C86. Y la cosa no acaba aquí, porque, para terminar, se meten de lleno en el shoegaze más ensoñador y nos dejan la estupenda “Emptiness”.

8

Just Mustard – Heart Under

He visto a muchas bandas en directo utilizando la distorsión como recurso sonoro para conseguir impresionar al público. Básicamente, porque es algo fácil que suele quedar bien. Pero lo cierto es que hacía años que una banda de este tipo no me impresionaba tanto como lo hizo Just Mustard hace unos meses, cuando los vi abriendo para Fontaines D.C. en Madrid. El grupo irlandés, que tuvo una cierta repercusión en la escena shoegaze con su primer álbum, ha cambiado notablemente de sonido y lo ha hecho inclasificable. Encima de un escenario juegan con sus guitarras para sacar de ellas todo lo que son capaces de dar. Algo que hace que sus canciones se conviertan en artefactos sonoros en los que noise-rock se fusiona con el post-punk, o con sonidos más áridos. Y han llevado todo eso a su segundo trabajo.

Según los propios Just Mustard, querían que el oyente se sintiera como si fuera conduciendo por un túnel con las ventanillas bajadas cuando escuchara este trabajo. Y hay que decir que lo han conseguido. Porque, a sus guitarras, con las que consiguen hacer sonidos de lo más curiosos, hay que añadir la oscuridad -por algo han sido teloneros de The Cure-, esa voz atmosférica y algo misteriosa con la que cuenta Katie Ball, y sus ritmos de batería, que muchas veces pueden sonar algo arrítmicos. Así que sí, me puedo imaginar en un coche con las ventanillas bajadas mientras escucho este disco.

Heart Under’ se abre con “23”, una de esas canciones en las que nos muestran como su intensidad va tomando fuerza. De hecho, tras varios minutos de una inquietante calma, entra uno de esos chorros de distorsión marca de la casa. Un guion que también siguen en la impresionante “I Am You”, la cual, además, es todo un himno feminista. O en “In Shade”, donde las baterías suenan más potentes y rítmicas. Aunque es “Seed” el tema que se lleva el premio en este juego de calma contra distorsión que encontramos en una buena parte del álbum. Más que nada, porque, en él, están más inquietos y sacan más partido a sus guitarras -esa distorsión que entra a partir del tercer minuto no puede sonar mejor-.

Ellos mismos dicen que prosperan cuando consiguen sacar sonidos de sus guitarras que son propios de una banda de rock. Y yo no se lo voy a discutir. Sobre todo, tras escuchar un tema como “Still”, donde consiguen que una extraña distorsión se fusione con su batería para crear un ritmo que es casi bailable. O en “Early”, en la que se aceleran un poco más y dan con un sonido de guitarra de lo más curioso e inquietante. Una faceta a la que también se van en “Mirrors”, que es incluso más melódica y acelerada. Eso sí, para cerrar, entregan “Rivers”, en la que vuelven a ese mundo de calma e intensidad lleno de guitarras que rugen.

8

Old Moon – Cities of the Plain

Old Moon, el que es el proyecto del norteamericano Tom Weir, apareció por primera vez en este blog a finales del año pasado. Lo hizo con una especie de recopilación de sus primeras grabaciones llamada ‘Dreamer, Sleeper’, que la verdad es que me gustó bastante. Y es que, este profesor de New Hampshire, que graba todas sus canciones en un pequeño estudio que se ha montado en su casa, maneja de miedo todo lo relacionado con el post-punk. Aunque también es cierto que más de una vez ha comentado que no le gusta mucho que le metan solo en una etiqueta. De hecho, a lo largo de su carrera, ha tocado en formaciones de palos muy diferentes. Pero bueno, sí es cierto que ahora está en esa época más oscura.

Cities of the Plain’ es lo que podríamos llamar el trabajo más colaborativo de Old Moon. Y es que, además de contar para la mezcla con Shaun Durkan, el líder de Weekend, también ha dejado que sea otro el que toque la batería. Quizá, por eso, estamos ante un disco un poco más melódico y directo que su predecesor. Porque, aunque no pierde ese lado más oscuro que caracteriza su música, sí que se ven más ganas de llegar al estribillo en cada canción. Como mejor ejemplo de esto, tenemos “Soma”, la canción que lo abre, y el que ha sido su adelanto. Es un corte que tiene una base rítmica potente, una guitarra muy melódica, y un tono de lo más ensoñador. Y hay que reconocer que es perfecta para abrir el álbum.

Hay una cosa que me gusta mucho de este trabajo. Su sonido me recuerda mucho a bandas de los ochenta que entraban dentro del mundo post-punk, pero de una forma un tanto más pop. Y creo que es por la forma de cantar de Weir, que es bastante ochentera. Solo hay que escuchar esa barbaridad llamada “Stranger”, que, a mí, particularmente, me ha recordado a Love & Rockets. Algo que es bueno, porque es un grupo que me encanta. Y no es el único tema que tira por ahí, porque el estribillo de la estupenda “Undone” también me recuerda bastante a esos años.

También es verdad que el disco cuenta con momentos más oscuros. Y ahí es donde, quizá, esté menos inspirado. Porque canciones como “Eastern Skies” o “Silent Days”, que están a medio camino entre el post-punk y el shoegaze, funcionan cuando llegan a su estribillo, pero lo cierto es que tarda un poco en recorrer ese camino. Mejora bastante cuando es más directo y nos deja un tema como “Et in Arcadia”, donde las guitarras se dejan llevar por un sonido más limpio -recuerdan bastante a las de The Cure-, y en donde incluso saca a pasear la acústica. O en una canción como “Silent Days”, que prácticamente es un tema de dream-pop. Incluso en esa oscura, y densa, “Smoke” que llega al final del disco, nos deja más de una idea interesante. En ella, vuelve a fusionar el post-punk y el shoegaze, e incluso se acerca a mundos más ensoñadores. Y hay que decir que lo hace con bastante soltura.

7,7

Hater – Sincere

Parece que Hater no quedaron muy contentos con el giro que dieron en su anterior trabajo. O al menos eso es lo que se intuye al escuchar su nuevo álbum. Y es que, la banda sueca, ha dejado atrás el pop algo más blando y limpio de su segundo disco, y se ha metido de lleno en mundos más shoegaze. Aunque eso sí, es un shoegaze muy pop, no os vayáis a creer que estamos ante la versión sueca de My Bloody Valentine. Y hay que reconocer que, con este sonido, su música gana bastante. Además, al contrario que en su anterior trabajo, que duraba una hora, esta vez no se han pasado de duración. Así que todo son buenas noticias.

Sincere’ se abre de la mejor forma posible. Esa “Something” que nos da la bienvenida nos muestra perfectamente el nuevo sonido que le han querido dar a este álbum. En ella nos encontramos una base rítmica mucho más potente y unas guitarras que rugen en su estribillo. Un estribillo que, como no podía ser de otra manera, está bañado por la voz tan pop de Caroline Landahl. Un sonido más crudo que también aparece en la algo densa “Brave Blood”, y en la acelerada “Far From a Mind”. Además de en esa “Hopes High” final, en la que su base rítmica se va hacia terrenos más bailongos, lo que hace que se acerquen al Manchester de los primeros noventa.

En el resto del álbum pisan el freno y bajan la potencia de las canciones, pero no su intensidad. Digamos que se meten en un dream-pop lleno de guitarras que rugen. Algo que se puede apreciar en la estupenda “I’m Yours Baby”. Sobre todo, en su parte final, que es maravillosa. O en la algo mucho más pop “Renew, Reject”, donde se animan un poco más y dan con uno de esos estribillos perfectos. Aunque lo mejor de esta faceta llega con “Bad Luck”, todo un himno dream-pop en el que la voz de Landahl suena más cascada, y que los acerca a los mejores Slowdive.

Sí es cierto que hay algún tema un poco más irregular, como el excesivo “Summer Turns to Heartburn”, que no solo dura casi seis minutos, también cuenta con una segunda parte llena de guitarras algo psicodélicas que no me termina de convencer. Pero la verdad es que al resto no se le pueden poner muchas y pegas y podemos decir que Hater se han recuperado del pequeño bache que supuso su anterior álbum.

7,9

Say Sue Me – The Last Thing Left

Me enteré de la existencia de Say Sue Me hace unos años, cuando actuaron por primera vez en Madrid. Es más, en realidad, iba a ver a los teloneros, que eran amigos míos. Pero la banda de Corea del Sur me cautivó desde el primer tema, y a partir de ahí me convertí en fan absoluto. Desde entonces, no han estado muy activos, ya que terminaron una gira por Norteamérica y poco tiempo después llegó la COVID. Aunque eso sí, les dio tiempo a componer un par de canciones para una serie de Netflix y conseguir el mayor éxito de su carrera. Y ahora por fin editan el que su tercer trabajo.

The Last Thing Left’ nos presenta a unos Say Sue Me un tanto más tranquilos de lo habitual. Y es que, la banda de Busan, compuso y grabó estas canciones en pleno confinamiento y tras lidiar con la muerte de su antiguo batería. Pero no estamos ante un trabajo excesivamente triste. De hecho, según ellos mismos, es un disco inspirado en el amor por los demás y por unos mismo. Lo que hace que nos encontremos con momentos más ensoñadores, como el precioso instrumental que abre el álbum. O con temas como “Still Here” y “Photo of You”, donde su pop se va a los 60. Aunque eso sí, con una buena dosis de guitarras sucias.

Lo bueno es que estamos ante un disco un tanto variado en el que no faltan algunos hits del mejor indie-pop. Ahí está la saltarina e irresistible “Around You”. O esa “We Look Alike” en la que se van al lado más preciosista del indie-pop y hacen que nos acordemos de esos grupos que no necesitaban capas de distorsión para lograr dar con estupendas canciones. Aunque también saben lo que es ensuciar sus composiciones y entregar estupendos himnos de noise-pop. Es el caso de “No Real Place”, una tema acelerado y ruidoso que cuenta con uno de esos estribillos que se meten en la cabeza a las primeras de cambio.

Say Sue Me tampoco se han olvidado de su pequeña ración de dream-pop con tintes de shoegaze. Ahí tenemos “To Dream”, un precioso tema en el que Sumi Choi canta por primera vez en coreano. Algo que no hace mucho porque, al parecer, no le sale. El caso es que es uno de esos cortes que empiezan de forma delicada y acaban con una pequeña tormenta guitarrera. Y sí, es una joya. Al igual que el tema titular, donde las guitarras también rugen, pero lo hacen de una forma más pop. Y, para terminar, una pequeña sorpresa. “George & Janice” es un juguetón tema de pop retro en el que el piano se convierte en el protagonista, y nos presenta una nueva faceta de su música. Y hay que decir que este sonido les sienta de maravilla.

7,9

Hatchie – Giving The World Away

Hatchie es una de esas artistas a las que me cuesta mucho ponerles alguna pega. El proyecto de la australiana Harriette Pilbeam tiene todo lo necesario para gustarme, y lo cierto es que nunca me defrauda. Su primer EP lo disfruté como un enano. Algo que también me ocurrió con su álbum debut. Y, por si esto fuera poco, todos los singles y versiones que ha sacado entre medias, me han parecido notables. Así que, como os podréis imaginar, estaba deseando que saliera su segundo trabajo. Y más después de escuchar esa buena cantidad de adelantos que ha ido sacando a lo largo de los últimos meses.

Pilbeam ha cambiado durante la pandemia. Todo está mierda que hemos vivido en los dos últimos años, la ha llevado a componer canciones en las que el amor ya no es tema principal. Ahora entran en juego la depresión, la soledad, la angustia, o las dudas sobre la incipiente madurez. Lo que hace que sus nuevos temas tengan un tono un tanto más serio. Y es que, con la ayuda del productor Jorge Elbrecht, de su marido, y líder de Rinse, Joe Agius, y James Barone, que toca la batería con Beach House, ha creado un conjunto de canciones que beben de mil influencias. Porque sí, el dream-pop y el shoegaze vuelven a ser los protagonistas, pero de muchas formas diferentes. Y ahí está parte del encanto de este disco.

Giving The World Away’ tiene un comienzo arrollador. “Lights On” es un potente tema de pop con tintes de shoegaze en el que se hace con un estribillo absolutamente demoledor. Algo que, además, riega con un buen chorro de electrónica. Un guion que sigue en “Quicksand”, el gran hit del disco. Y es que, a esta canción compuesta a pachas Dan Nigro, el que es el colaborador de Olivia Rodrigo, no le falta de nada. Tiene el ritmo dance perfecto, el estribillo pegadizo, y el toque ensoñador de Hatchie. Como tampoco le falta de nada a “This Enchanted”, el cruce perfecto entre el mundo shoegaze y el sonido Manchester de finales de los ochenta. Una época a la que también se acerca en “The Rhythm”, donde encontramos un piano house, una guitarra de lo más cruda, y sonidos cercanos a los primeros años del tecno de los noventa. Además de en el tema titular, donde el piano vuelve a cobrar protagonismo.

A pesar de que hay unas cuantas canciones que se van hacia mundos más synth-pop y dance, lo cierto es que, buena parte del álbum, tira más hacia caminos más dream-pop. Y la verdad es que, cuando actualiza las enseñanzas de Cocteau Twins, y le das su toque personal, acierta de pleno. Es el caso de “Twin” y su vibrante crescendo final; de la sedosa “Take My Hand”, o de esa preciosidad llamada “Don’t Leave Me In The Rain”. Además de “Sunday Song”, donde quita muchas de las capas que suenan en prácticamente todo el álbum, y se saca de la manga una bonita canción de pop más minimalista. Y ojo con “The Key” y sus potentes guitarras shoegaze, las cuales recuerdan a los mejores Slowdive.

8

Whimsical – Melt

En los últimos años no solo están saliendo una gran cantidad de bandas nuevas que le dan al shoegaze y el dream-pop, también están volviendo algunas que lo intentaron en su día, pero, por alguna cosa u otra, terminaron dejándolo. Ahí tenemos el caso reciente de Young Prisms, que, tras más de una década de descanso, han vuelto este año con un estupendo trabajo. O Whimsical, la banda de la que me ocupo hoy. Y es que, este grupo de Indiana publicó un álbum de debut en 1999 que hizo que saborearan un pequeño éxito en los primeros 2000. Pero al poco tiempo se separaron y no volvieron hasta 2017. Eso sí, con una baja y en formato dúo. Desde entonces, han publicado tres trabajos -contando con este último- en los que han seguido dando buenas muestras de lo bien que se les dan estos sonidos.

Melt’ es un álbum en el que no hay sorpresas. Y casi mejor así, porque lo suyo es irse hacia ese dream-pop con tintes de shoegaze que tantas buenas obras nos dejo en los noventa. Además, de formas muy diferentes. Solo hay que ver como comienzan este trabajo. “Rewind” es un vibrante y animado tema en el que se van al lado más pop del asunto. De hecho, resulta bastante evidente la influencia de Lush. Algo que también ocurre con “Gravity”, el estupendo tema que viene a continuación. Además de en la algo más acelerada “Crash and Burn”, donde se sacan de la manga una distorsión de lo más melódica y un estribillo redondo.

Si es verdad que el resto del álbum se mueve por terrenos más reposados y dream-pop. Pero lo cierto es que meten unos cuantos ingredientes que hacen que su propuesta resulte de lo más amena. Ahí tenemos “Take All of Me”, donde sorprenden con un torrente de distorsión que rompe con sus bucólicos paisajes ensoñadores. O la delicadeza con la que atacan temas tan bonitos como “Just a Dream” y “Feather”, donde la suciedad de las guitarras queda en un segundo plano. Y si nos vamos a “Searching”, nos encontramos con una pequeña joya llena de oscuridad que termina con un pequeño toque electrónico y cercano al post-punk de los ochenta. Un sonido sintético que también aparece en “Quicksand”, aunque de una forma más delicada y ensoñadora.

Desde luego, eso de “el que tuvo, retuvo”, es algo que le viene como anillo al dedo a Whimsical. Más que nada, porque han creado un estupendo disco de dream-pop y shoegaze que nos lleva directamente a los mejores años de esta corriente musical.

7,8

Howless – To Repel Ghosts

Le estado dando unas cuantas vueltas y creo que jamás he puesto una artista o banda mexicana en el blog. Quizá, porque aquí, nos llegan unas propuestas más comerciales a las que no suelo prestar atención. Pero lo cierto es que me consta que allí hay una escena independiente de lo más vibrante. Principalmente, de grupos a los que les tira bastante el post-punk y la oscuridad. Pero también hay alguna banda que lleva esa oscuridad a terrenos del shoegaze y el noise-pop. Y ahí es donde entran Howless, un joven cuarteto que acaba de debutar con un álbum notable. 

Probablemente, estemos ante la banda mexicana con el sonido más británico. ‘To Repel Ghosts’ es una trabajo en el que hay guitarras que rugen, pero también otras que suenan limpias y cristalinas. Además de algún toque electrónico y mucha oscuridad. De hecho, se podría decir que estamos ante un trabajo que podría pasar por un álbum de la Inglaterra de finales de los ochenta y principio de los noventa. Porque hay que reconocer que le tienen pillado el punto a ese sonido y con él consiguen dar con ocho canciones que gustarán bastante a los seguidores de este estilo. 

Lo primero que nos encontramos en este álbum de debut es “Fade Out”, el que se podría decir que es el tema más electrónico del mismo. Aquí se dejan llevar por un caja de ritmos y una línea de sintetizador que hacen que nos acordemos de propuestas más dark. Aunque eso sí, no pueden evitar sacar las guitarras a paseo e impregnar la canción de ese toque melódico que tiene todo el álbum. Y es que, cuando tiran hacia su faceta más pop, resultan infalibles. Ahí está las deliciosa “Levels”, en la que son las guitarras cristalinas las que ganan la partida. Aunque también es cierto que al final no pueden evitar pisar el pedal de distorsión. O esa joya llamada “Unlucky”, en la que se aceleran y se dejan llevar por un teclado de lo más melódico. Además de “People Walk Away”, en la que demuestran que pueden hacer una gran canción sin necesidad de ensuciar su sonido. 

El momento más shoegaze del disco llega con “Rain and Ice”, una potente canción que cuenta con una contundente base rítmica y que recuerda bastante a una banda como Curve. Pero también saben irse hacia el lado más delicado de esta corriente y entregar temas que se acercan a mundos más ensoñadores. Es el caso de la bonita “Shadow Blind”, con la que no he podido evitar acordarme de Ride. O de “Color Mess”, en la que vuelven a tirar de la electrónica para irse hacia un mundo más pop. Y hay que decir que les funciona muy bien. 

7,7

Mint Julep – Covers

Mint Julep es una de esas bandas que me hacen entrar en una especie de zona de confort que viene muy bien de vez en cuando. El dúo formado por el matrimonio Kenniff ha logrado dar con un dream-pop sintético que es bastante irresistible. Y encima, tratan de no quedarse estancados, ya que, con cada disco, cambian un poco su propuesta. Solo hay que escuchar su anterior trabajo, el estupendo ‘In a Deep and Dreamless Sleep’, donde se centraban más en los paisajes sonoros y se olvidaban del típico “estrofa/estribillo/estrofa”. Quizá, por eso, ahora han decidido desengrasar un poco y entregar una colección de versiones de temas bastante conocidos.

Covers’ recopila alguna de las versiones que han ido sacando desde 2011. Aunque lo cierto es que se podría decir que casi es un disco nuevo. Porque, aunque algunas de ellas tengan unos años, solo se han editado de forma independiente, y en plataformas tipo bandcamp o souncloud. De hecho, la única que tuvo un lanzamiento “oficial”, es “The Promise”, la preciosa revisión que hacen del one hit wonder ochentero de When I Rome. Así que me parece una idea estupenda lo de recopilarlas y darles un sentido en 2022.

Si su música propia ya te mete en una zona de confort, ya os podéis imaginar lo que ocurre cuando se lanzan con unos cuantos clásicos. Porque estamos hablando de canciones absolutamente reconocibles y que fueron hits en su época. Ahí está esa “Cruel Summer” de Bananarama, que aquí se convierte en un ensoñador tema de synth-pop. O la delicadeza con la que atacan el “It’s My Life” de Talk Talk, una banda que siempre hay que reivindicar. Además de eliminar el toque ochentero que tenía el “Shout” de Tears For Fears para hacer con ella una bonita canción de dream-pop sintético. Y ojo, porque, a la hora de reivindicar a Depeche Mode, han preferido elegir una cara-b. Aunque no es una cualquiera, ya que “But Not Tonight”, que acompañaba a “Stripped”, es una de las canciones más queridas por los fans de la banda.

Fuera de los ochenta nos dejan dos temas. El primero es “I Never Wanted You”, el mayor éxito de Headphones, que tan solo editaron un disco en 2005. Aunque de ahí salieron artistas como David Bazan y Frank Lenz, que luego formaron Pedro The Lion y Starflyer 59. Lo suyo era la indietronica que tanto se llevaba en esos años, y se podría decir que Mint Julep le han quitado parte de la extrañeza que tenia la canción, y han hecho con ella otra pequeña joya de dream-pop electrónico. Y, para terminar, toca irse a los noventa y al shoegaze. Porque cierran este trabajo con una potente revisión del “Horror Head” de Curve. De hecho, sus guitarras, suenan incluso más potentes que en el tema original.

8

Young Prisms – Drifter

Young Prisms no tuvieron mucha suerte en su primer intento de convertirse en una de las referencias del shoegaze actual. Formados en 2009 en San Francisco, el cuarteto editó dos discos notables y llegó a girar con bandas como The Radio Dept. y Dum Dum Girls, pero en 2012 decidieron tomarse un descanso. Hasta ahora, que acaban de publicar el que es su primer trabajo en una década. Un disco que, según la propia banda, “solo podría haberse hecho con el paso real del tiempo y a través del punto de vista de un grupo de amigos cansados del mundo que no pueden dejar de volver a encontrarse”. 

Drifter’ es un disco producido por Shaun Durkan, que sabe lo que es estar al mando de otras bandas guitarreras como Weekend y Soft Kill, y eso se nota. Más que nada porque estamos ante un shoegaze de lo más clásico en el que la influencia de grupos como My Bloody Valentine o Curve es evidente. Algo que se puede apreciar en un tema como “Above Water”, que abre el disco de la forma más densa y oscura posible. O en una canción como “Violet”, donde dejan que una caja de ritmos sirva de acompañamiento a su mar de guitarras. Además, también saben lo que es irse al lado más pop del asunto, y lo demuestran muy bien en cortes como “Yourside” y “Around”, que son una delicia ruidosa.

Ese lado más pop que tienen es el que hace que el disco resulte de lo más interesante. No digo que el shoegaze más clásico no tenga su punto, pero siempre he pensado que, si le das un punto más melódico, funciona bastante mejor. Es algo que Young Prisms hacen en las pegadizas “Honeydew” y “Outside Air”, donde las guitarras están al servicio de la melodía. O en “This Time”, en la que limpian su sonido y nos dejan un delicado tema de aires sixties. Aunque lo mejor del disco llega con “Self Love”. Aquí se van hacia un dream-pop de lo más delicioso y logran dar con uno de esos temas que seducen a las primeras de cambio. Y la verdad es que también tiene un toque retro que hace que nos acordemos de bandas como The Raveonettes, o nuestros Ghost Transmission.

Young Prisms tienen talento y canciones de sobra para convertirse en una de las bandas de referencia del shoegaze y dream-pop actual. A ver si esta vez tienen más suerte.

7,8