Beach House – Become

Hay pocas bandas capaces de sacar un EP de descartes notable de un disco que ya contenía 18 temas, pero Beach House no es un grupo cualquiera. El dúo de Baltimore entregó su anterior trabajo en cuatro partes y no le fue mal el asunto, así que por qué no entregar una quinta. Y eso es precisamente lo que han hecho con ‘Become’, un EP de cinco canciones que se editó expresamente para el pasado Record Store Day, pero que al final también lo han subido a todas las plataformas de streaming.

Se supone que estas cinco canciones no encajaban dentro de ‘Once Twice Melody’. Aunque yo creo que sería por la excesiva duración, porque aquí no hay nada nuevo dentro de la propuesta de Beach House. Victoria Legrand y Alex Scally están metidos de lleno en su zona de confort y no hay una sola canción de este ‘Become’ que se salga de ahí. Lo que, a mí, sinceramente, me importa poco, porque la zona de confort de Beach House también es la mía.

El EP se abre con “American Daughter”, y ahí ya podemos ver que no estamos ante un descarte al uso. En este tema, aparecen los Beach House más épicos y potentes. Además de esos que se fijan un poquito en el shoegaze. Y es que, estamos ante una canción donde las baterías reales tienen bastante protagonismo, y en la que las guitarras explotan en su parte final. Una autentica pasada. Eso sí, es la única de este palo que encontramos aquí, porque, salvo el pequeño arrebato de baterías épicas que aparece a mitad de “Become”, el resto del EP es bastante sosegado.

Resulta increíble que, tras una buena cantidad de discos, la faceta ensoñadora de Beach House siga funcionado igual de bien que al principio, pero es así. Sólo hay que escuchar la delicada “Devil’s Pool”, un tema más minimalista, y algo sixties, que podría estar en cualquiera de sus primeros trabajos. O en esa “Holiday House” llena de bellos sintetizadores que te arropan de la forma más ensoñadora posible. Además de su ritmo juguetón, que casi parece un vals. Y no puedo dejar de mencionar “Black Magic” y esas guitarras limpias tan Beach House, que no pueden ser más acogedoras. Lo dicho: su zona de confort es mi zona de confort.

7,9

Kosmetika – Illustration

Kosmetika es una banda de Melbourne formada por tres australianos, un neozelandés, y una rusa. Una mezcla de nacionalidades que ha hecho que muchos medios la califiquen con la «la banda más misteriosa de Australia«. Porque, además, cuentan con un sonido bastante europeo que, en su primer álbum, los llevaba a cambiar del krautrock al indie-pop en cuestión de segundos. Y, por si esto fuera poco, no tienen ningún problema en hacer canciones con letras en ruso. Un idioma que tiene muy poco de comercial. Pero eso es algo que les da igual, porque en su segundo álbum todavía hay más temas en esta lengua. Algo que Veeka Nazarova, su cantante, justifica así: «echaba de menos hablar en mi idioma natal, así que decidí desafiarme a mí misma y escribir un montón de letras en mi idioma solo para probar que todavía podía hacerlo».

Illustration’ es un disco grabado en casa por Michael Ellis y Veeka Nazarova, que supongo que serán pareja, o por lo menos comparten hogar. El caso es que se vieron incapaces de hacer algo con el resto de la banda -pandemias, confinamiento, y demás historias- y decidieron empezar con un proyecto paralelo. Pero al final debieron ver que les estaba quedando demasiado bien. Porque lo cierto es que este trabajo es todo un soplo de aire fresco dentro de la escena post-punk actual. Y eso que se van directamente a sonidos propios de la Europa de los primeros ochenta, que no pueden estar más revisitados. Pero la verdad es que, no sé si será por la mezcla de estilos -aquí también hay algo de shoegaze o momentos más pop-, o por el hecho de cantar en ruso de vez en cuando, pero el caso es que les ha quedado estupendo.

Si obviamos la introducción con la que se abre el álbum, que no pinta mucho, lo primero que nos encontramos es con “Psycho TV”, lo que yo llamaría el primer caballo ganador del disco. Estamos ante un corte de synth-pop oscuro y frío que se sumerge en unas guitarras sucias en su potente estribillo. Y todo sin perder su toque melódico. Porque, aunque su música suene fría -Nazarova ha confesado que se ha inspirado en las bandas de post-punk rusas-, siempre tiene ese punto pop. Ahí tenemos el krautrock de “Eighty Four”, al que le meten unos teclados que suavizan el asunto; el lado más new-wave que aparece en “House”, que casi parece un tema de Devo, o las guitarras tan melódicas que protagonizan la extraña “Mne Nadoeli”. Además de la curiosa e inclasificable, pero estupenda, “Pick Up The Phone”.

Ya he comentado que no todo es post-punk en este disco. El shoegaze también cuenta con algo de protagonismo. Aunque sí es cierto que hay veces que la línea que separa los dos estilos es casi imposible de ver. Como en el caso de “Mokryj Asphalt”, que podría ser una canción de Lush cantada en ruso. Además, una de las buenas. O de “Rosaleen”, que se podría decir que es una fusión entre esos dos estilos. Y si nos vamos a “Growing Up”, nos encontramos con que cierran el disco tirando más hacia su faceta shoegaze. Y hay que reconocer que se les da bastante bien.

7,9

Daughter – Stereo Mind Game

Nunca he sido muy fan de Daughter. De hecho, es la primera vez que hablo de ellos en el blog. Y es que, esa languidez con la que atacaban el dream-pop y el folk, no me terminaba de convencer demasiado. Pero eso ha cambiado un poco con su tercer trabajo. O ese creo, porque aquí, el trío británico suena más potente y vibrante que nunca. Incluso se podría decir que estamos ante el álbum más pop de su carrera. Y todo eso sin dejar de lado su faceta ensoñadora.

Han pasado siete años desde el último trabajo de Daughter. Aunque sí es cierto que en estos años han hecho alguna cosilla, como la banda sonora de un videojuego. Además, Elena Tonra, su líder, publicó su primer trabajo en solitario bajo el nombre de Ex:Re. Y el paso del tiempo se nota en el sonido de este ‘Stereo Mind Game’. Aparte de en sus letras, las cuales, principalmente, hablan de una relación a distancia que mantenía Tonra.

Se podría decir que ahora suenan más compactos que nunca. Algo de lo que tiene culpa la sección rítmica de la banda. En muchas canciones dejan que las baterías se lleven parte del protagonismo, lo que hace que sus canciones suenen más épicas y grandilocuentes. Ahí tenemos “Party”, un tema bastante simple que va subiendo de intensidad a medida que van pasando los minutos. Y les funciona, porque, además, sus guitarras, que son un tanto más sucias de lo habitual, le dan un punto. O esa “Dandelion” que empieza regodeándose en su faceta folk, y acaba como un acelerado tema de indie-rock. Además de un tema como “Swim Back”, en la que fusionan un lado más shoegaze con una sección rítmica que parece salida del Manchester del final de los ochenta.

El pequeño giro de sonido va más allá de los temas más animados. Su faceta más relajada también presenta un cambio importante. Así, en un corte como “Be On Your Way”, nos encontramos con un delicado dream-pop envuelto en unos teclados de los más cinematográficos y una batería más movida de lo normal. Una descripción que también se adapta la estupenda “To Rage”. Y si nos vamos a “Junkmail”, podemos comprobar que también saben utilizar la electrónica para hacer más interesante su propuesta ensoñadora. Aunque hay que decir que, es en “Future Lover”, donde consiguen mejores resultados con estos ingredientes. Y es que, esa pátina electrónica no puede irle mejor a su folk más ensoñador.

7,8

Softcult – See You In The Dark

Softcult describen su proyecto como “Music For Mall Goths”. Algo así como música para los góticos del centro comercial. Eso sí, a esa descripción habría que añadirle un periodo de tiempo. Concretamente, los noventa. No hay nada que no suene a esa década en las canciones de este joven dúo canadiense formado por las hermanas gemelas Mercedes y Phoenix Arn-Horn. Y es que, parece que esos años llenos de guitarras distorsionadas y angustia existencial, están empezando a calar en la juventud actual. No obstante, Softcult ya tienen confirmados conciertos por media Europa -sin parada en España- y parte de Asia. Y todo esto sin ni siquiera un álbum de debut a la venta. 

See You In The Dark’ es su nuevo EP, y como su nombre indica, en él, se van al lado más oscuro del rock. Pero lo bueno de su propuesta es que es un tanto variada. Así, entre estas seis canciones, te puedes encontrar temas más shoegaze, algo de dream-pop, o un rock alternativo que casi se acerca al grunge. Una influencia que, por cierto, no esconden, porque el año pasado sacaron un single doble con dos versiones de Nirvana. Y la verdad es que estaban bastante bien. 

Como ya os podéis imaginar, lo que más me llama la atención de la música de Softcult es su faceta shoegaze y dream-pop. Manejan bastante bien las guitarras crudas y pesadas que se envuelven en una buena melodía. Algo que se puede apreciar nada más empezar, con la estupenda “Drain”. O con la algo más ensoñadora “One of A Million”. Y es que, al final, es ese lado más dream-pop el que termina protagonizando el EP. Todo un acierto, porque temas como “Love Song” y “Spoiled” son estupendos. 

Sí es cierto que en este EP han dejado un poco de lado su faceta más potente y rockera. Ese lado de los noventa apenas se ve en la espídica “Dress”, que es un torbellino sonoro lleno de guitarras distorsionadas, pero también muy melódicas. Además de en “Someone2Me”, donde aparecen unas guitarras rotas y crudas que tiran bastante del grunge. Aunque, en el fondo, no dejan de lado esa faceta más ensoñadora que protagoniza casi todo el EP. 

7,9

Flyying Colours – You Never Know

No resulta fácil destacar en una escena como la del shoegaze, que está bastante saturada y llena de bandas que se creen que, llenando todo de ruido, la cosa ya funciona. Pero no, hay que tener el talento suficiente para que ese reverb que siempre está al máximo, encaje a la perfección con una buena melodía. Y ahí es donde Flyying Colours juegan con ventaja. La banda de Melbourne ya nos mostró con su anterior trabajo que tenían la lección muy bien aprendida. Porque, además, sabían cuando salir de ese universo shoegaze e irse hacia caminos más pop. Algo que siempre se agradece. Y así siguen en su nuevo trabajo.

You Never Know’ tan solo es su tercer trabajo. Porque, como ya comenté cuando puse por aquí su segundo álbum, estamos ante un grupo que tiene compaginar su vida laboral diaria con su pasión por la música. Pero claro, en los últimos años, la normalidad ha dejado de existir como tal, y gracias a uno de los parones de la pandemia, tan solo han tardado dos años en dar con una nueva colección de canciones -entre su primer trabajo y el segundo pasaron cinco años-. Además, también les dio tiempo de juntar y reeditar sus dos primeros EPS. Así que, por una vez, parece que la pandemia ha servido para algo bueno.

Estamos ante un trabajo que casi se podría decir que está divido en dos partes. Así, en lo que sería la “cara-a”, nos encontramos con una faceta más shoegaze. Pero ojo, que siempre dentro de un lado más pop y melódico. Así, nada más empezar, entregan “Lost Then Found”, un enérgico tema en el que la distorsión tarda en entrar, pero cuando lo hace, se deja notar. O “I Live In A Small Town” y “Do You Feel The Same”, donde ese shoegaze se adentra en mundos absolutamente pop. De hecho, son dos temas que me han recordado bastante a los Pains más ruidosos. Y eso siempre es bueno. Pero ojo que, para terminar esta cara, nos dejan “Oh”, un tema en el que los teclados se fusionan con las guitarras densas y con unos coros angelicales. Vamos, que se han hecho un My Bloody Valentine en toda regla.

La cosa cambia bastante en la “cara-b”. Aquí las guitarras suenan más limpias, y salvo en “Hit The Road”, que sí se adentra en las enseñanzas del ‘Loveless’, el resto vira más hacia sonidos más dream-pop. Sólo hay que escuchar esa preciosidad llamada “Bright Lights”, que casi parece salida del catálogo de Sarah Records. O esa maravilla llamada “Goodbye to Music”, donde los teclados cobran más protagonismo. Una canción, por cierto, que está inspirada en el temor que tiene Brodie J Brummer, su cantante y guitarrista, a quedarse sordo. Y ojo con esa gema dream-pop llamada “Modern Dreams”, que es una absoluta preciosidad. Como el indie-pop que aparece en la estupenda “Never Forget”, la cual cierra el álbum dejándonos con ganas de más. Y eso no me suele pasar con muchos discos.

8

Yves Tumor – Praise A Lord Who Chews But Which Does Not Consume; (Or Simply, Hot Between Worlds)

Hace poco que leí en algún lado que Yves Tumor era algo así como el David Bowie del Siglo XXI. Y no porque el hombre que se esconde detrás de este proyecto comparta apellido con la leyenda británica -en realidad se llama Sean Bowie-. Las razones que daban para esta afirmación, es que, al igual que el Duque Blanco, Tumor intenta que, cada uno de sus discos, suenen diferentes a todo lo que hemos escuchado hasta ahora. Y todo esto sin salirse del todo de su faceta más rock. Aunque esta comparación también tiene que ver un poco con esa imagen andrógina y algo extraña con la que cuenta Tumor. Pero eso es lo de menos, porque, lo cierto, es que no puedo estar más de acuerdo en que estamos ante uno de los artistas más interesantes de la actualidad.

Praise A Lord Who Chews But Which Does Not Consume; (Or Simply, Hot Between Worlds)’ -se ha quitado un peso de encima con el título del disco-, es un trabajo en el que Yves Tumor ha contado con la ayuda de Noah Goldstein y Alan Moulder. Un dato bastante importante a la hora de analizar el sonido de este disco. Y es que, el primero, cuenta con un currículo en el que hay discos de Kanye West -nada menos que el ‘My Beautiful Dark Twisted Fantasy’-, Frank Ocean, o Rihanna. Y qué más se puede decir de Alan Moulder, que ha estado detrás de alguno de los grandes clásicos del indie-rock y el shoegaze. Son dos elecciones que no están hechas al azar, porque, precisamente, es la fusión del sonido guitarrero y el R&B, lo que hace de este disco algo alucinante.

El disco se abre con “God is a Circle”, todo un pepinazo de rock corrosivo y oscuro que cuenta con una línea de bajo que es una pasada. Y es que, estamos ante un trabajo lleno de pequeños detalles que hacen que las canciones se conviertan en algo grande. Ahí tenemos el lado más luminoso que aparece en temas como “Lovely Sewer” o “In Spite of War”, donde una voz femenina suaviza el asunto. Y hay que decir que las dos son sobresalientes. O esa “Meteora Blues” que empieza como una canción glam y que, de repente, rompe con una potente guitarra que es puro shoegaze. De hecho, no puede sonar más a los primeros Smashing Pumpkins -Moulder estuvo detrás del ‘Mellon Collie and the Infinite Sadness’-. Además del art-rock que aparece en la más experimental “Purified By the Fire”.

Una de las cosas más interesantes de este trabajo es que Yves Tumor se atreve a jugar bastante con su voz. Es más, tira un par de veces de falsete y se acerca un poco a Prince en cortes como “Parody” y “Heaven Surrounds Us Like a Hood”. Aunque eso sí, desde una visión absolutamente rock. Porque hay que decir que, al final, las guitarras terminan ganando la partida. Incluso cuando se pone abiertamente electrónico, como es el caso de “Operator”, todo un torbellino sonoro al que es imposible resistirse. Sobre todo, cuando aparecen a esos coros gritando eso de “Be Aggressive”. Y ojo, porque la electrónica también juega un papel importante en cortes como “Echolalia” y “Fear Evil Like Fire”, que son inmensas. Eso sí, para cerrar, aparece de nuevo su lado más rock “Ebony Eye”, donde llena su música de cuerdas y épica.

8,5

M83 – Fantasy

Creo que el éxito de ‘Hurry Up, We’re Dreaming’ pilló por sorpresa hasta el propio Anthony Gonzalez. Normal, porque lo que ocurrió con “Midnight City” fue algo muy gordo -todavía hay gente en mi oficina que la lleva de tono en el móvil-. Y más para un artista que venía de hacer un shoegaze muy épico e instrumental. Por eso resulta lógico que los discos posteriores de M83 vayan dando tumbos de un lado a otro mientras prueban diferentes tipos de sonidos. Sólo hay que escuchar ese ‘Junk’ de 2016, en el que había un buen montón de saxos de lo más ochenteros e instrumentales propios de series de televisión antiguas. Así que podríamos decir que estamos ante un caso evidente de un artista que no quiere repetirse. 

Fantasy’ llega tras ‘DSVII’, la segunda parte de ‘Digital Shades Vol.1’, un disco de instrumentales que M83 editaron en 2007. Lo que nos lleva a su primer trabajo con canciones “normales” en siete años. Además de, según el propio Gonzalez, «su álbum más personal«. Y ojo, porque también añade que, en él, «vuelve a la combinación de guitarras y sintetizadores que tenía ‘Before The Dawn Heals Us’, ya que quería que resultara impactante a la hora de tocar en vivo«. Unas declaraciones que sirven para vender muy bien el disco, pero habrá que ver si son ciertas. 

Para empezar, sí que es cierto que han vuelto a su lado más épico y que hay temas de este trabajo que pueden resultar impacientes en directo. Es el caso de “Us and the Rest”, que es un clásico tema dream-pop de M83. Ya sabéis, teclados que lo envuelven todo y que de repente estallan en una tormenta de épica sonora. Unos ingredientes a los que también recurren en “Laura”. Aunque eso sí, desde una visión más pop -la fusión de los teclados y el saxo de su parte final es una maravilla-. De hecho, el disco se cierra con “Dismemberment Bureau”, que se regodea en esta faceta. Pero hay muchas más cosas interesantes en este álbum de M83

No se puede decir que hay mucho de ese lado más guitarrero que tenia su música allá por 2009. Lo que sí que nos encontramos aquí son bastantes ganas de crear grandes temas de pop épico. Además de una clara influencia de los ochenta. Ahí tenemos la vibrante “Oceans Niagara”, que consigue funcionar como un hit pop con una letra que sólo tiene una frase. O esa pequeña maravilla a medio camino entre el post-punk y el dream-pop llamada “Amnesia”. Aunque eso sí, con su característico toque épico. Un sonido al que también aparece en la fantástica “Earth to Sea” o en “Sunny Boy”. Y ojo, porque sí nos vamos a “Fantasy”, vemos que tampoco tiene ningún problema en hacerse con un estupendo hit de synth-pop.

7,9

crushed – extra life EP

crushed es un grupo relativamente nuevo que acaba de publicar su EP de debut, pero detrás de este proyecto están dos artistas con una amplia carrera a sus espaldas. Por un lado, tenemos a Shaun Durkan, líder de la banda de shoegaze Weekend, y productor de algún disco bien majo, como el estupendo debut de Young Prisms. Además de colaborar asiduamente con Tamaryn y de hacer el diseño de los álbumes de otras bandas, como The Pains Of Being Pure At Heart, Frankie Rose, o Kristin Krontol. Y por el otro tenemos a Bre Morell, cantante de Temple of Angels. Una banda de post-punk que, por cierto, no conocía, y que me ha gustado bastante. Así que se podría decir que estamos ante uno de esos proyectos que ya nacen con un aliciente extra.

Durkan y Morell se conocieron hace un par de años. Además, de la forma más curiosa posible y gracias al algoritmo de Spotify. Y es que, un día cualquiera, y de camino al Ikea, a Durkan le salto una canción de Temple of Angels que le voló la cabeza. Así que hizo que lo hubiera hecho cualquier amante de la música: compartirla. Pero es que, en aquel momento, tenia un programa de radio, y gracias a un tuit en el que compartía la lista de su programa semanal, ese entusiasmo llegó a la propia Morell. A partir de ahí, empezaron a colaborar y vieron que tenían gustos muy parecidos. Así que, tras hacer algunas playlists colaborativas, dieron el siguiente paso y empezaron a hacer canciones juntos. Además, a mil kilómetros de distancia, porque él vive en Portland, y ella Los Ángeles.

La década de los 90 era ese mundo musical crushed que vieron que tenían en común. Los dos vivieron su formación musical en aquellos años, y claro, las seis canciones que forman este ‘extra life’, beben completamente de ahí. Y más concretamente del dream-pop. Pero ojo, que no se quedan ahí y cada canción es una especie de batiburrillo de influencias donde hay electrónica, pop comercial de aquella época -se declaran fanes absolutos del “Torn” de Natalie Imbruglia-, o trip-hop. De hecho, cada tema, cuenta con multitud de capas en las que hay cajas de ritmos, guitarras de todo tipo, teclados, e incluso algún sampler de un videojuego.

Desde el primer corte se ve clarísimamente por donde van los tiros. Esa “waterlily” que lo abre nos muestra su lado más efusivo, ya que es donde las cajas de ritmos son más potentes y las guitarras más sucias. Y la verdad es que suena estupendamente, porque esto lo fusionan ede maravilla con su mundo ensoñador. Un guion que también siguen en “coil”, que es incluso un poco más electrónica y pop. Pero la cosa empieza a cambiar con “milksugar”. Aquí pisan el freno, y su dream-pop se acerca ese camino trip-hop que tanto les gusta. Aunque siempre desde un punto de vista muy melódico. Algo que se puede comprobar en “bedside”, toda una balada de pop noventero. Eso sí, en “respawn” las guitarras vuelven a rugir de nuevo. Y para cerrar, un pequeño experimento llamado “lorica” que, la verdad, no pinta mucho aquí.

8

Las Robertas – Love is the Answer

Las Robertas aparecieron a finales de la primera década de este siglo, cuando la escena rock estaba plagada de bandas de chicas tan interesantes como Dum Dum Girls o Vivian Girls, y la música de guitarras manejaba el cotarro. Pero esa escena se terminó diluyendo y la gran mayoría de sus grupos pasaron a mejor vida. Algo que también pensábamos que había pasado con Las Robertas, ya que su último trabajo data de 2017 -aunque editaron un single en 2019-. Pero no, tras un par de años de conciertos y festivales como el Tomavistas o el Coachella, empezaron a componer las canciones que formarían parte de su nuevo álbum justo antes de la pandemia. Y claro, todo se terminó retrasando.

No sé si ha sido la pandemia, o que han pasado los años y ya no tiene mucho sentido que sigan que el sonido de sus inicios, pero algo ha cambiado en la música de Las Robertas. La banda de Costa Rica se ha metido de lleno en un sonido absolutamente británico que nos lleva a esas bandas de las islas que a finales de los ochenta disfrutaban de un buen chorro de psicodelia. No obstante, este ‘Love is the Answer’ está producido por Owen Morris, que ha trabajado con Oasis, The Verve o New Order. Porque sí, otra influencia clara en este álbum es ese sonido Manchester pre-shoegaze que tantas canciones buenas nos dejó hace más de 30 años.

La banda de San José nunca ha sonado tan bien y tan potente como en este trabajo. Han bajado la velocidad de sus canciones, pero ahora, sus guitarras se explayan, suenan más pesadas, y lo envuelven todo de psicodelia. Lo que hace que, quizá, algunas de sus canciones no sean tan directas como antes, pero eso no significa que hayan perdido su talento melódico. Sigue ahí, lo que pasa es que ahora envuelto en chorros de distorsión psicodélica. Algo que se aprecia fácilmente en cortes como “Sonora”, “Third Door” o “Windows”, las cuales nos muestran con más claridad ese nuevo sonido de Las Robertas.

Como ya he dicho, Las Robertas no han perdido su talento melódico, y si a esto le unimos lo bien que suenan ahora, nos encontramos con varios temas que están dentro de lo mejor de su carrera. Es el caso de la canción que abre y da título álbum, en la que nos dejan seis minutos de un rock noventero british, y cercano al shoegaze, que suena de maravilla. O de esa “Our Imperium” que se deja llevar un ritmo de lo más “manchesteriano”, y por una guitarra sucísima. Además de algunos pelotazos mucho más pop y directos, como pueden ser “Awakening” y “So Cool”. De hecho, se podría decir que, por su velocidad, esta última es la que más recuerda al sonido de sus comienzos.

7,7

Ladytron – Time’s Arrow

Creo que, allá por el 2000, cuando Ladytron se dieron a conocer con la estupenda “Playgirl”, nadie esperaba que dos décadas después siguieran aquí. El grupo británico pertenecía a esa escena synth-pop y electroclash que tanto triunfaría en los siguientes años. Pero lo cierto es que la escena duró poco tiempo, y buena parte de sus bandas han desaparecido. Pero Ladytron siguen por aquí. Y, aunque sí es cierto que se pasaron buena parte de la década pasada de descanso, hace tres años volvieron con un álbum notable. Un calificativo que también se le puede poner a su nuevo álbum.

En el fondo, Ladytron siempre han sido algo más que una simple banda de synth-pop. En sus discos siempre han coqueteado con sonidos más guitarreros y post-punk. Incluso en su anterior álbum se atrevieron a contar con el batería de Sepultura en varias canciones. Quizá, esa sea la razón por la que su propuesta siguen resultando interesante. Además de su enorme talento para crear melodías y estribillos perfectos entre su mar de frialdad. Algo que se aprecia fácilmente en este ‘Time’s Arrow’. Un disco que, por cierto, y a pesar de estar compuesto en el grueso de la pandemia, huye de muchos de los topicazos de soledad y autoayuda que aparecen en una buena parte de los álbumes compuestos en esta época.  

La faceta más synth-pop es la encargada de abrir el álbum. “City of Angels” es uno de esos clásicos temas de Ladytron en los que las cajas de ritmos no van muy rápido, y en los que su sonido sintético se cruza con alguna guitarra que otra. Pero, aunque les sigue funcionando muy bien, no se regodean en él. De hecho, ese mismo synth-pop, se acelera y presenta un lado más animado y bailongo en cortes como “Faces” y “The Night”, que son fantásticas. Sobre todo, la segunda, y su estribillo tan sumamente pop. O, todo lo contrario, dejan que su electrónica se adentre en mundos más reposados y oscuros para fabricar una canción como “Flight from Angkor”, la cual me ha recordado bastante a los Depeche Mode de discos como ‘Some Great Reward’ o ‘Black Celebration’.

Decía lo de que estamos ante un álbum ecléctico porque hay varios temas que salen un poco de su sonido de siempre. Tenemos una canción como “Misery Remember Me”, que casi se podría calificar de shoegaze. Y la verdad es que es suena de lo más apabullante. Luego nos encontramos con un tema como “California”, que es bastante más rock que synth-pop. O un acercamiento al mundo más ensoñador en la deliciosa “We Never Went Away”. Aunque lo más sorprendente llega al final con el tema titular. Aquí se olvidan de las capas de teclados que inundan todo el álbum y se dejan llevar por un minimalismo que los acerca a un post-punk de lo más primitivo. Y hay que decir que resulta bastante curioso.

7,9