Julia Shapiro – Zorked

Hay todo un mundo alrededor de un grupo como Chastity Belt. La banda de Seattle no solo cuenta con una discografía notable, también con varios satélites que, al final, acaban uniéndose entre sí y creando una escena musical. Son varias de ellas las que cuentan con otros proyectos, y la verdad es que resulta curioso cómo, al final terminan cerrando un círculo. Como ejemplo tenemos el nuevo trabajo de Julia Shapiro, el cual está producido por Melina Duterte (Jay Som y Bachelor), que, a su vez, colabora con Annie Truscott, otra de las integrantes de Chastity Belt, y su novia, en Routine. Y la verdad es que todos estos proyectos resultan de lo más interesantes.

Julia Shapiro es otra de las artistas que tuvo muy mala suerte con la pandemia. Harta de su vida en Seattle, acabó aceptando un trabajo en una discográfica de Los Ángeles y llegó a la ciudad californiana el día que empezaba el confinamiento. Así que, de repente, se encontró en un impersonal apartamento turístico de una ciudad que no era la suya. Pero Melina Duterte la rescató, se la llevó a su casa, y allí crearon un pequeño estudio en el que grabaron las canciones de este ‘Zorked’. Una palabra que, para ella, es algo así como una forma de decir que está fumada.

Evidentemente, aunque la propia Shapiro no quería, la situación en la que se encontraba acaba influyendo en estas canciones. Pero no fue lo único que la inspiró a la hora de escribir. Según ella misma, los sueños, la hierba y el tarot cuentan con un papel importante en estas canciones. No obstante, analizaba una carta del tarot todos los días. Y, de hecho, esa estupenda “Death (XIII)” que lo abre, es algo así como su análisis de la carta de la muerte.

Musicalmente, estamos ante un disco en el que las guitarras pesadas tienen un fuerte protagonismo. Aconsejada por Duterte, se metió de lleno en el shoegaze y llevo sus canciones al sonido de My Bloody Valentine, Jesu o DIIV. Tres grupos que, como ya sabréis, entra dentro de esa etiqueta, pero cuentan con un sonido diferente. Y eso es algo que se nota en este disco. Porque tenemos un punto más melódico y ensoñador en cortes como “Come With Me” y “Wrong Time”, pero también algún tema donde las capas de distorsión son las protagonistas, como es el caso de la mencionada “Death (XIII)” y de “Pure Bliss”. Y ojo, porque también menciona a Elliott Smith. Algo que resulta evidente en “Hall of Mirrors”, el tema acústico que cierra el álbum.

Puede que no le fuera muy bien a su llegada a Los Ángeles, pero al final, Julia Shapiro exprimió esa situación adversa, y con lo que sacó de ella ha terminado creando una estupenda colección de canciones.

7,9

Film School – We Weren’t Here

Film School son una de las bandas más persistentes del shoegaze actual. Con más de veinte años de carrera, el grupo liderado por Greg Bertens ha pasado por varios cambios de formación y algún que otro descanso. Además, han vivido momentos realmente absurdos. Como cuando les vapulearon al principio de su carrera por recuperar el shoegaze, y pocos años después, cuando se puso de moda otra vez, les auparon a lo más alto de esa escena. Pero la verdad es que siempre han ido a su rollo y no se han dejado llevar por lo que estaba de moda en un momento u otro.

We Weren’t Here’ es su segundo álbum tras el descanso de casi ocho años que se tomaron en 2010. Un disco que, como no podría ser de otra manera, está creado en plena pandemia y con cada miembro del grupo en su casa. Algo que no les afectó mucho, ya que, al estar media banda en Los Ángeles, y la otra media en San Francisco, es la forma que tenían de trabajar desde hace unos años. Pero sí que les afectó el hecho de estar confinados, ya que, como dice el propio Bertens, “trabajar en estas canciones fue una vía de escape y todos se involucraron al máximo”. Algo que, la verdad, se nota en resultado final.

Supongo que los metemos en el carro del shoegaze por inercia, pero en sus discos coquetean con muchas cosas y no se ciñen a un sonido en concreto. Su nuevo trabajo no es una excepción, y sí, puede que empiecen con un tema como “Superperfection”, que es shoegaze de manual, pero no es el sonido predominante. Es más, a las primeras de cambio, en “Said Your Name”, ya aparecen unos teclados luminosos y un tono más ensoñador. Porque, si hay algo que me gusta de Film School, es que no tienen problemas en tirar de electrónica cuando les conviene. Ahí está ese pepino llamado “The More I Know”, donde una caja de ritmos de lo más motorik lleva la voz cantante. O esa fantástica “Drone 2” tan bailable y tan manchesteriana.

No voy a negar que el shoegaze y el dream-pop ocupan un parte importante de este trabajo. Aunque eso sí, siempre desde el lado más amable y melódico del asunto. Solo hay que escuchar esa bonita y etérea “Stratospheric Tendencies”, en la que envuelven sus guitarras en un manto de teclados ensoñadores. Algo que también ocurre en “Isla”, otro de los grandes momentos del disco. Aunque lo mejor de esta faceta llega al final, que es cuando entra “Take What Your Need”, un tema donde se animan un poco más y donde hacen rugir las guitarras. Pero ojo con su línea de teclado, que, casi sin quererlo, se convierte en la protagonista absoluta de la canción.

7,8

Piroshka – Love Drips & Gathers

Hace pocas semanas que Netflix ha estrenado This Is Pop, una serie documental en la que repasan de forma supuestamente graciosa algunos momentos destacados de la música de las últimas seis décadas. Y uno de esos momentos es el britpop. 45 minutos bastante básicos, en los que, por supuesto, dan protagonismo a la batalla entre Blur y Oasis. Pero al menos hay una serie de entrevistas con artistas de aquella época, y entre ellas aparece Miki Berenyi de Lush, que, entre otras cosas, habla de cómo los animaron a dejar el shoegaze y meterse de lleno en sonidos más pop. Algo que hicieron con acierto. Lo que me extraña es que también tiene unas palabras un tanto malas para ese shoegaze que los vio nacer. Más que nada, porque el nuevo álbum de Piroshka, su banda actual, vira hacia ese sonido.

La propia banda, formada por gente de Lush, Elastica y Modern English, reconoce que en su primer álbum tiraron del britpop, pero que en este ‘Love Drips & Gathers‘ han decidido sacar su lado más shoegaze. O, mejor dicho: dream-pop. Y es que, por aquí, nos encontramos con una buena cantidad de canciones etéreas, donde los teclados, y un mellotrón, tienen bastante protagonismo. De hecho, son pocos los temas donde las guitarras se convierten en protagonistas. Eso sí, cuando lo hacen, nos dejan una maravilla de noise-pop como “Scratching at the Lid”, o un curioso acercamiento al mundo Manchester en “V.O”. Una canción que, por cierto, está dedicada a Vaughan Oliver, el creador de las míticas portadas del sello 4AD.

El resto del disco tira hacia caminos más etéreos y delicados. Y la verdad es que, pese a la amarga sorpresa inicial, se le va pillando el punto. Algo de lo que tiene mucha culpa la voz de Berenyi, que se mueve de maravilla por esos sonidos ensoñadores y tranquilos. Ahí está la preciosa “The Knife Thrower’s Daughter”, en la que aprovechan al máximo su lado más minimalista. O “Loveable”, donde no tienen ningún inconveniente en irse hacia un mundo más psicodélico. Algo que también ocurre con la interesante “Echo Loco”. Aunque eso sí, al final, no pueden evitar acercarse a su lado más pop en la notable “Wanderlust”. Al igual que también se resisten a dejar el shoegaze de lado y cierran el disco con una oscura y ruidosa “We Told You”.

Tengo que decir que, tras los dos singles de adelanto, me esperaba un sonido diferente al que al final predomina en todo el álbum. Pero bueno, eso no significa que estemos ante un disco fallido, simplemente han decidido tirar por otros caminos.

7,4

Lucid Express – Lucid Express

Lucid Express son uno de los grupos más potentes de Hong Kong. El quinteto, que empezó hace más de una década bajo el nombre de Thud, no ha sido muy prolífico en todos estos años. Es más, aparte de unos cuantos singles, hasta ahora solo tenían un Ep editado en 2012. Pero todo cambió en 2019. Las protestas contra la ley de extradición en Hong Kong, los llevó a meterse de nuevo en un local de ensayo para evadirse de lo que estaba pasando a su alrededor. Y de ahí ha salido su álbum de debut como Lucid Express.

Estamos ante un trabajo que tiene a los clásicos del shoegaze y el dream-pop como máxima referencia. Un disco producido por Max Bloom, de los desaparecidos Yuck, donde las guitarras se fusionan con oníricos y ensoñadores paisajes de teclados. Además de un cierto toque sintético que le dan las cajas de ritmos. Y la verdad es que, aunque no sea una propuesta muy innovadora, sí puede decir que se les da muy bien y que estamos ante un álbum de lo más bello.

Una de las bazas que juegan a su favor, son sus escapadas hacia mundos más pop. Algo que hacen nada más empezar. “North Acton” es una delicada canción donde las guitarras cristalinas se enfrentan a unos teclados de lo más melódicos. Además, Kim, su cantante, tiene la voz perfecta para este tipo de temas. Es un guion que también siguen en la estupenda “Ado”, que es un tanto más animada, pero igual de melódica. Porque es innegable que son unos auténticos expertos en jugar con los elementos característicos del dream-pop. De hecho, “Hollowers”, y ese instrumental que han llamado “No Talk”, es lo mejor de este estilo que he escuchado últimamente.

Nos encontramos ante uno de esos discos en los que el shoegaze y el dream-pop se fusionan constantemente. Es el caso de “Hotel 65”, uno de esos temas que empieza lleno de paisajes ensoñadores, y se endurece en su estribillo con unas guitarras de lo más sucias. Aunque lo bueno para los amantes de este sonido llega al final. Sus dos últimos temas no pueden tirar más de My Bloody Valentine. Y sí, puede que sea una referencia demasiado trillada, pero hay que decir que, al menos, lo hacen de dos formas diferentes. En “Prime of Pride” son los teclados los que tienen mucha más importancia. De hecho, se parecen bastante a los de “To Here Knows When”. Pero, sin embargo, en “Ride the Night”, son las tormentas de guitarras las que se llevan el protagonismo. En cualquier caso, las dos, son estupendas.

Sin duda alguna, el debut de Lucid Express, es uno de los grandes discos de shoegaze y dream-pop de este 2021. Además de una estupenda carta de presentación para meterse de lleno en la desconocida escena musical de Hong Kong.

8

The KVB – The Early Tapes

Nicholas Wood ha estado de lo más ocupado durante la pandemia. No solo ha compuesto y editado el nuevo trabajo de Saccades, el que es su proyecto en solitario, también ha recuperado sus primeras canciones con The KVB y las ha puesto al día. De ahí sale esta recopilación llamada ‘The Early Tapes’. Diez temas que en su día se editaron en cinta, y que ahora han sido remasterizados para la ocasión, y para su edición limitada en vinilo. La cual, según veo en su bandcamp, ya está agotada.

Hay que reconocer que ha sido una buena idea lo de recopilar estas canciones para que tengan una conexión entre ellas. ‘The Early Tapes’ funciona perfectamente como un disco propio, y en él nos encontramos muchas de las facetas que nos han presentado The KVB en estos últimos diez años. Ya sabéis, electrónica oscura, toques synth-pop, algunas guitarras shoegaze que aparecen de vez en cuando, y mucho de eso que ahora llaman coldwave.

El disco empieza de la forma más dark posible, con una “Closing In” que, si no fuera por el punto melódico y dulce que tiene la voz de Wood, podría ser una canción de Joy Division. Porque sí es cierto que estas canciones son un poco más oscuras de lo habitual. Además, las guitarras tienen bastante más presencia. Solo hay que escuchar la estridente, pero estupenda, “Never Enough”, o esa pasada de shoegaze que se saca de la manga en “Under The Weight”. Además de ese punto más post-punk que tiene “This Disguise”.

Se podría decir que Suicide fueron una de sus grandes influencias en sus comienzos. Cortes como “Nightmares #2”, “Eyes” o “In My Head”, muestran esa sequedad sintética que tenia el grupo de Alan Vega. Eso sí, con ese lado un poco más pop que le pone el músico de Manchester. Porque hay que reconocer que, cuando más da en el clavo, es cuando deja que sus oscuros paisajes de teclados cobren protagonismo. Ahí están las inmensas “Zodiac” y “Sleep Walking” para dar buena muestra de ello.

The Early Tapes’ es una buena muestra de los comienzos de The KVB, una banda que no ha parado de crecer en la última década, y que se ha convertido en uno de los referentes actuales del lado más dark de la música.

7,6

Requin Chagrin – Bye Bye Baby

Me he llevado una sorpresa de lo más agradable con el descubrimiento de Requin Chagrin. Descubrimiento por mi parte, claro, porque la artista francesa ya lleva tres discos y casi una década de carrera. Pero yo no me enteré de su existencia hasta hace unos días, en lo que yo llamo “mi semana en francés” -por alguna razón que desconozco, llevo un tiempo viendo bastante cine y series en el idioma del país vecino-. Así que estoy inmerso en la discografía de esta chica, que en realidad se llama Marion Brunetto, y que ha sacado un nuevo disco que es una auténtica maravilla.

Bye Bye Baby’ es un trabajo que tiene su mayor influencia en Las Perseidas, esas estrellas fugaces que aparecen una vez al año, y que obsesionaron a la artista parisina a la hora de escribir las canciones de este disco. Y la verdad es que, buena parte del álbum, sirve de perfecta banda sonora para mirar al cielo en una noche de verano-su bonita portada lo corrobora-. Estamos ante un dream-pop con tintes algo electrónicos, y también algo perezoso, que se puede asemejar bastante a lo que hacen Beach House. Pero la verdad es que se le da muy bien. Buena muestra de ello son temas como “Déjà vu”, “Juno” o “Love”, que son estupendas. Lo bueno es que no se queda solo ahí.

Brunetto cuenta con un lado más pop y animado que es lo que hace de este disco sea algo más que recomendable. Nada más empezar, se mete de lleno en una especie de shoegaze muy melódico, y nos deja “Première vague”, que es toda una delicia. Además, hacia el final, vuelve a este sonido, y entrega “Volage”, en la que vuelve a dar buenas muestras de que se le da muy bien. Pero, por si todo lo demás fuera poco, también cuenta con un lado más indie-pop, y más luminoso y esperanzador. Es el que aparece en cortes tan atractivos como “Nuit B” y “Perséides”, donde nos encontramos con una artista que cuenta con una enorme facilidad para crear estribillos redondos y de lo más melódicos. Y ojo, que cuando se relaja, entrega una deliciosa balada como la que da título al disco.

Quizá sea por el francés, que siempre le da un toque diferente a la música pop, pero la verdad es que estoy totalmente enganchado a este disco, y sé que se va a convertir en uno de mis preferidos de los próximos meses. De hecho, ya lo es.

8

Mint Julep – In A Deep And Dreamless Sleep

Hay que reconocer que Mint Julep, el dúo formado por el matrimonio Kenniff, se está haciendo con una discografía de lo más interesante. Lo que empezó siendo un proyecto de dream-pop con tintes electrónicos, se convirtió en todo un torbellino sintético en su anterior trabajo, y ahora vuelven a darle una vuelta de tuerca a su sonido. Estamos ante su trabajo más introspectivo, y ante una colección de canciones que funcionan como un conjunto sonoro único. Y es que, según ellos mismos, han dejado de lado el típico “estrofa/estribillo/estrofa”, y se han decantado porque sean las texturas sonoras las que guíen el disco. Algo que funciona muy bien.

In a Deep and Dreamless Sleep’ tiene algo de shoegaze, mucho de dream-pop, y todo un mundo electrónico que lo llena de coherencia. De hecho, su punto de partida fueron las melodías que creaban con sus sintetizadores analógicos. A partir de ahí, dejaron que cada canción fluyera por sí misma. Aquí no hay instrumentos que se lleven el protagonismo, o estribillos ultra pegadizos que se te hagan quedarte con la canción a las primeras de cambio. Pero sí es cierto que han conseguido que el disco resulte de lo más atrayente y atractivo.

Creo que no hace falta decir que estamos ante un trabajo que requiere una escucha completa del tirón. Esa coherencia sonora que tiene hace que te metas en su particular mundo ensoñador, y que no salgas de ahí en sus 45 minutos de duración. Y sí, juegan muy bien sus cartas, porque, “A Rising Sun” y “Black Maps”, los dos temas que sirven de apertura, son perfectos como introducción a este mundo. De hecho, también se podría decir que son los más pop y directos de todo el disco. Y es que, a partir del tercer tema, entran de lleno en un mundo más denso y onírico, que solo se ve alterado por el poso dance que tiene la estupenda “Lost”, o por las cajas de ritmos un tanto más animadas de “In The Ocean”. Pero no pasa nada, porque, como ya he dicho antes, consiguen que la cosa fluya. Y, de hecho, temas como “Mirage”, “Lure” o “Pulse”, son de lo más bellos. Además, cierran muy bien el disco con “Westerly”, en la que nos presentan una canción más luminosa y algo más esperanzadora. De hecho, se podría decir que no casa muy bien con el resto del álbum, pero da igual, porque es maravillosa.

Mint Julep arriesgan en su cuarto trabajo y la jugada les sale redonda. De hecho, creo que hay que ir metiéndolos entre lo mejor del dream-pop actual. Se lo merecen.

7,8

Flyying Colours – Fantasy Country

Flyying Colours es una banda de Melbourne que lleva casi una década practicando un shoegaze muy melódico, y muy pop, que es una delicia. Eso sí, estamos tan solo ante su segundo trabajo, porque, como todas estas bandas que apenas venden discos, y tienen que trabajar para costearse sus gastos y sus giras, no pueden dedicarse a su pasión la mayor parte del tiempo. Por eso han pasado cinco años desde su álbum de debut, con el que obtuvieron muy buenas críticas en el Reino Unido, y que los llevó a girar con The Jesus and Mary Chain, A Place To Bury Strangers, o Johnny Marr.

Fantasy Country’ es casi una enciclopedia de todo lo que ocurrió con el pop de guitarras en UK a finales de los 80 y principio de los 90. Algo que, quizá, se ha revisado ya demasiadas veces, pero hay que reconocer que a ellos les ha salido muy bien. Y es que, como ya he dicho antes, se les da muy bien la parte más pop del asunto. Solo hay que escuchar esa estupenda “Goodtimes” que lo abre, donde las guitarras potentes se unen a los teclados para crear una estupenda canción de shoegaze melódico. O esa acelerada “Big Mess”, que no puede sonar más a los Pains. Además de una delicia como “Ok”, la cual los lleva a terrenos más ensoñadores, o el indie-pop delicado de “It’s Real”.

Su pasión por los sonidos británicos de aquella época, también los lleva a crear cosas un tanto más oscuras y crudas. Es el caso de “White Knuckles”, donde exploran el lado más ruidoso del asunto, o de “This One”, que es algo así como un homenaje a los Ride más manchesterianos -sí, ya sé que son de Oxford, pero tenían canciones en las que jugaban muchos con los ritmos bailongos que venían de esa ciudad-. Pero es que, incluso, también tienen tiempo para meterse dentro de ese mundo más motorik, y algo más extraño, que tenía en Stereolab su máximo exponente. Todo un acierto, porque “Boarding Pass”, con ese teclado juguetón y ese ritmo monótono, cierra el disco de la mejor forma posible.

Estamos ante un disco en el que van al grano y que tan solo dura media hora. Y la verdad es que se agradece, porque sí, es un trabajo que no descubre nada, pero eso no quita que sea de lo más disfrutable.

7,9

Fawning – Illusions Of Control

Si buscáis un poco de información de Fawning por el mundo cibernético, veréis que siempre se mencionan los primeros Cocteau Twins, Slowdive y The Cure. Eso ya os da una idea de por dónde van los tiros en el debut de este dúo de Oakland formado por Cheyenne Avant (Night School) y Devin Nunes. Porque sí es cierto que juegan con las texturas sonoras y etéreas del mundo dream-pop, pero también con una parte de esa oscuridad melancólica de la banda de Robert Smith. A lo que hay que añadir unas pequeñas capas electrónicas que los emparentan con grupos más cercanos al sonido de Manchester.

Al igual que buena parte de los discos que han salido, o van a salir, este año, ‘Illusions of Control’ está concebido y creado durante el confinamiento. Canciones que han ido puliendo cada uno en su casa y que, como dato curioso, siempre empezaban con un sintetizador. Pero no creáis que estamos ante un trabajo de baja fidelidad. Todo lo contrario, la mezcla posterior de Nick Bassett suena potente y épica. De hecho, llegan a meter un saxo, algo que no es muy habitual en este tipo de música. También es cierto que fue algo casual, ya que su vecino de arriba toca este instrumento y durante el confinamiento le escuchaban todos los días. Hasta que un día se les encendió la bombilla y dijeron eso de, ¿por qué no? Y cuando escuchéis esa “Nothing Matters” en la que aparece, ya veréis que ha sido todo un acierto.

Como ya os podéis imaginar, Fawning también cuentan con esa dualidad que suelen tener los grupos de dream-pop. Así, se dejan llevar por el lado más cándido del asunto en cortes como “Uptight (Her Eyes)” o “Linger”, los cuales van con calma y se refugian en mantos de teclados. Pero también cuentan con una faceta más animada y potente, donde las guitarras rugen con un poco de furia. Es el caso de “You’re Not One to Cry”, que es una delicia donde aparece una bailonga caja de ritmos. O de “All I Have”, en la que se meten en terrenos mucho más shoegaze. Y por si esto fuera poco, también está ese lado más The Cure que comentaba más arriba. Algo que se les da muy bien, porque “Wait” y el tema titular, que son los cortes en los que más se aprecia esa influencia, son de lo mejor del álbum.

Buenas melodías ensoñadoras, capas de teclados, guitarras cristalinas…Sí, es lo de siempre, pero sí está bien hecho, resulta muy disfrutable. Y ese es el caso del álbum de debut de Fawning.

7,6

Crystal Canyon – Yours With Affection And Sorrow

Estoy por hacer una sección que se llame el “el disco shoegaze de la semana”, o algo así, porque no paro de encontrarme con álbumes de este estilo constantemente. Lo bueno es que suelen ser notables y consiguen que el genero no decaiga. Incluso cuando se van a lo fácil, como es el caso de Crystal Canyon, una banda de Portland que tira bastante de las enseñanzas de Slowdive o Lush. Y la verdad es que lo hacen bastante bien.

Yours With Affection and Sorrow’ es su segundo trabajo, y en él, se dejan llevar por esa conocida fusión de calma lisérgica y tormentas guitarreras. Lo mejor, es que no se cortan a la hora de pisar el pedal de distorsión, y en un tema como “Luminous”, son capaces de que te dé un escalofrió te recorra todo el cuerpo cuando entra esa electricidad. Una electricidad que también se deja ver en la estupenda “Crush You”, que es de lo más melódica, pero también de lo más sucia. De hecho, es casi inevitable no acordarse de My Bloody Valentine escuchándola. Algo que también ocurre con la extensa, y más ensoñadora, “Every Little Star”. Y es que, en el fondo, disfrutan bastante de su faceta más dream-pop, y cortes como “Pollyanna” y “Anomaly”, funcionan de maravilla.

Una de las cosas buenas que tiene este trabajo, es que saben cuando llega el momento de poner la cosa menos intensa. Tienen un lado más pop que es una absoluta maravilla, y esto hace que nos desintoxiquemos un poco de los áridos paisajes shoegaze. Porque a ver quién se resiste a esa pegadiza “Boomerang”, donde juegan a ser los Lush de la última época. O la delicada y dulce “Turn Blue”, en la que la distorsión suena más melódica que nunca. De hecho, creo que tienen capacidad de sobra para hacer un disco entero de estas características. A ver si se animan para la próxima.

Buenas guitarras, buenos paisajes ensoñadores, buenas melodías…Poco más se le puede pedir a un disco de shoegaze, y este cumple de sobra con todo eso.

7,7