Molly Burch – Romantic Images

Siempre me ha gustado el rollo retro a medio camino entre los 50 y 60 que tenia Molly Burch. La artista de Austin cuenta con una de esas voces que se adaptan perfectamente a esos sonidos añejos, pero creo que a su música le faltaba un pequeño empujón para que me terminara de convencer del todo. Y ese empujón ha llegado con su tercer trabajo, si no contamos su álbum navideño, claro. Porque, más allá de su evidente cambio de sonido, también hay un cambio de actitud. Estamos ante una Molly Burch más optimista, que ha decidido escribir sobre todo lo bueno que tiene en su vida, y dejar el desamor para otro momento. Y eso siempre es un acierto.

Romantic Images’ es un disco producido por Tennis, y la verdad es que se nota bastante. Además, tanto en los temas más animados, como en los más reposados. Todas sus canciones tienen ese aire setentero que tanto le gusta al matrimonio de Baltimore. Y hay que reconocer que es todo un acierto, porque la voz de Burch se adapta de maravilla a este cambio. De hecho, cuando aparece su lado más disco, como es el caso de la estupenda “Emotion”, donde también ha contado con la ayuda de Wild Nothing, resulta insuperable.

Uno de los puntos fuertes de este trabajo es la elegancia con la que Burch encara sus canciones. Su capacidad vocal -estudió canto en la universidad- funciona de maravilla entre bolas de espejo y ritmos que se adentran en la pista de baile. Ahí está la deliciosa “Games”, en la que se acerca sin remordimientos al pop de los ochenta. O “Heart of Gold” y “Took a Minute”, donde fusiona a la perfección el soft-pop y el disco. Pero también sabe lo que se hace cuando se sienta al piano y decide que es hora de irse de lleno al pop elegante de los setenta. Lo hace nada más empezar, con esa estupenda “Control” en la que no puede evitar fijarse en Kate Bush. O en dos bonitas baladas como “New Beginning” y “Back in Time”. Pero atención a esa “Easy” tan melosa y sintética, que es una delicia.

Molly Burch ha hecho bien en darle un giro a su sonido y en adelantar un par de décadas sus influencias, porque creo que no me equivoco si digo que, por lo menos, estamos ante su trabajo más entretenido.

7,8

Clairo – Sling

Claire Cottrill, más conocida como Clairo, tan solo tiene 22 años, pero ya he tenido que justificar su carrera más de una vez. Lo bueno es que, todos esos haters que decían que era un producto musical que había contado con la ayuda de los amigos influyentes de su padre, se han tenido que comer sus palabras. Su estupendo álbum de debut obtuvo unas críticas excelentes, y todas las colaboraciones que han venido después, han agrandado aun más ese prometedor inicio de carrera. Eso sí, parece que el primer bache está llegando con su segundo trabajo, el cual ha recibido alguna que otra alabanza, pero también alguna que otra reseña de lo más tibia.

No es que ‘Sling’ sea un mal trabajo, todo lo contrario, es uno de esos discos hechos con mimo en los que todo esta en su sitio. La producción del solicitado Jack Antonoff funciona a la perfección, y Clairo se confirma como una gran compositora de canciones. El problema es el envoltorio que ha elegido para estos temas. La de Atlanta se ha metido de lleno en ese folk femenino que se hizo tan popular en los setenta. Es un disco en el que se puede apreciar muy fácilmente la influencia de Carole King, The Carpenters o Joni Mitchell, y la verdad es que es un sonido que termina resultando un tanto anodino. Por no decir que hay momentos en los que aburre un poco.

Lo mejor de este trabajo llega cuando adorna un poco más sus canciones. Cuando no se adentra tanto el folk y sus temas se van hacia un pop un tanto soft, y muy setentas también, logra resultados notables. Es el caso de la inicial “Bambi”, de la reposada “Partridge”, o de la algo juguetona “Wade”. Además de esa estupenda “Management” llena de cuerdas que se ha dejado para el final. Pero lo mejor viene cuando se anima un poco. Lo malo es que solo lo hace en dos ocasiones. La primera es en “Amoeba”, toda una delicia pop en la que no se sale de esa década de los setenta, pero que sí tira hacia un mundo más pop -su estribillo es irresistible-. Y la segunda es en “Zinnias”, donde sale a relucir su lado más rock, aunque sí es cierto que lo hace desde el lado más acústico. Y bueno, para no ser malo, diré que el folk a lo Simon and Garfunkel de “Blouse” también funciona.

Desde luego, no es el disco que esperaba tras su debut, y me parece que es un cambio en su carrera que llega demasiado pronto. Porque, aunque ya lleve unos cuantos años en esto, creo que todavía tiene que explotar un poco su faceta más pop.

7,3

John Grant – Boy From Michigan

Excesivo: esa es la palabra que mejor describe el quinto trabajo de John Grant. Y mira que me jode esto, porque siempre me ha gustado mucho lo que hace el norteamericano, pero aquí creo que se le ha ido la mano. Ya no solo por su duración -una hora y cuarto-, también porque unas cuantas de sus canciones se recrean constantemente en paisajes sintéticos que no terminan de despegar. De hecho, a veces, da la sensación de que ha puesto el piloto automático y no se ha preocupado lo más mínimo en adornar estos temas. Y eso que está producido por Cate Le Bon, que sabe muy bien lo que se hace. Aun así, tratándose de John Grant, siempre hay algo que rascar por ahí.

Boy from Michigan’ es su trabajo más personal y en el que nos cuenta como fue crecer en Detroit. Y la verdad es que aquí no falla, porque sus historias, llenas de sinceridad, siguen resultando de lo más interesantes. Algo que se aprecia en los tres temas que abren el álbum, y que el mismo ha calificado como “la trilogía de Michigan”. Aquí sí que nos encontramos al mejor John Grant. De hecho, “County Fair” es una preciosidad que no tiene nada que envidiar a sus mejores baladas. Y el tema titular, con sus teclados retro, y su envoltorio sintético, también funciona muy bien. Eso sí, funcionaria mejor si no durara casi ocho minutos.

Al final, lo mejor de este álbum llega cuando no se pone muy excesivo. Es el caso de “Mike and Julie”, en la que nos cuenta como intentó emparejar a su primera relación sexual (Mike) con una chica (Julie). Y todo para no tener que admitir su homosexualidad. Lo hace con apenas un teclado y su voz, y la verdad es que resulta de lo más emocionante. Porque lo que no se puede negar es que es un interprete fantástico. Algo que demuestra muy bien en los diez minutos de “The Only Baby” y en ese final con “Billy”.

Como en todo en esta vida, cuando te sales de la línea o del guion escogido, cuando menos, consigues algo de atención. Y eso es lo que pasa con los cortes más sintéticos y animados de este trabajo. Cuando se va al synth-pop sin complejos, consigue hacer algo notable como “Best In Me”, donde entran en juego las influencias de Kraftwerk o Devo. Y ojo, que en “Rhetorical Figure” se pone de lo más teatral y se hace un Sparks de manual -atención a esos teclados tan ochenteros-. Eso sí, “Your Portfolio” se la podría haber ahorrado.

6,9

Lou Hayter – Private Sunshine

Puede que estemos ante el primer trabajo de Lou Hayter, pero la artista británica no acaba de aterrizar en esto de la música. Empezó su carrera hace más de una década, siendo una de las fundadoras de los estupendos New Young Pony Club, donde tocaba los teclados y hacia los coros. Además, en 2013, publicó el álbum de debut de Tomorrow’s World, el dúo que formo con JB Dunckel de Air. Aparte de una carrera como DJ, y de hacer música para las pasarelas de moda. Así que ya le tocaba meterse de lleno en su carrera en solitario.

Private Sunshine’ es un trabajo que se ha ido cociendo con los años y en sus ratos libres. Pero, al igual que otros muchos artistas, consiguió retocarlo durante la pandemia, y luego lo pulió en un estudio de grabación. Y la verdad es que suena de maravilla -está mezclado por Dave Bascome, que trabajó en el ‘So’ de Peter Gabriel y en los primeros discos de Tears For Fears-. Sobre todo, porque es un trabajo en el que la británica ha encontrado su sonido, el cual está lleno de influencias de los ochenta. Y es que, Hayter, se crio con la música de Prince, The Human League, y la factoría de Stock, Aitken and Waterman. Pero también con cosas más dance, como 808 State, o con algo de post-punk -menciona a los maravillosos The The-. Y de todo eso hay un poco en este álbum.

El disco empieza con su faceta más sofisticada. La británica también comenta que el pop elegantón de la Costa Oeste norteamericana le ha servido de influencia. Y eso es lo que encontramos en cortes como “Cherry on Top” y “Telephone”, que se van hacia el lado más sensual y soul. Pero, poco a poco, va cambiando de rollo. Así, en “My Baby Just Care for Me”, el mundo sintético cobra protagonismo. Y en “Time Out of Mind”, convierte una canción original de Steely Dan en una Madonna. Porque Ciccone es otra de sus grandes influencias reconocidas. De hecho, hay más muestras de esto, como “Cold Feet”, que es una delicia ochentera. Y siguiendo en los ochenta, con “Still Dreaming” no puede negar que se ha fijado en Bananarama. Lo bueno es que se le dan muy bien estos sonidos y las canciones son notables. Y ojo, porque lo de mencionar a 808 State más arriba no era nada gratuito. La prueba es “This City”, que presenta su faceta más bailable y se va directa al dance británico que cerró aquella década. Eso sí, con un estribillo fascinante que hace que se convierta en la mejor canción del disco.

Estamos ante un debut notable, pero claro, con esa carrera que tiene a sus espaldas, lo raro es que le hubiera salido mal. Además, es perfecto para los meses de verano que ahora llegan.

7,7

HAERTS – Dream Nation

Hay que reconocer que la propuesta de los alemanes HAERTS es de lo más curiosa. Más que nada por su variedad. El dúo, que vive a caballo entre Berlín y Nueva York, y que está formado por Nini Fabi y Benny Gebert, no es de los que se casan con un solo estilo, y gracias a eso, por lo menos consiguen que sus discos sean bastante entretenidos. Además, cuentan con la elegancia y el talento suficientes como para que sus canciones lleguen al público en unas pocas escuchas. Algo que resulta más que evidente en su tercer trabajo.

Dream Nation’ abre un nuevo camino para el grupo alemán. A pesar de contar con una propuesta un tanto ecléctica, en sus dos primeros discos predominaban los sonidos más soft-rock y setenteros. Algo que también se deja ver por aquí, pero ahora han añadido nuevos ingredientes a su propuesta. Hay un poco más de electrónica contenida, y se podría decir que entran en juego las influencias de bandas como Lamb o Portishead. Ahí está la estupenda “Shivering”, que los mete en mundos más bailables. O “Strange Love”, en la que juegan con sonidos más cinematográficos y orquestales. Pero también hay otras sorpresas, como esa “Days Go By” donde se van a un funk setentero -esa flauta les delata- de lo más delicioso.

Evidentemente, no han dejado de lado su mundo más soft-pop. Ahí está la preciosa “It’s Too Late”, que los lleva directos a ese soul blanco que se hacia en los setenta. O “Drift Away”, una delicada balada que también nos remite a esa década. Y la verdad es que les cuesta salir de esa época, porque en “Why Only You” sorprenden acercándose al disco más elegante. Pero de vez en cuando lo hacen, como en el caso de “Night Calls”, donde tiran hacia el shoegaze menos ruidoso. Y en “For The Sky”, en la que se dejan acompañar por Ed Droste, de Grizzly Bear, y se hacen con un estupendo tema de pop atemporal. Eso sí, tengo que decir que “Comeback” me ha recordado demasiado a la Lykke Li de ‘I Never Learn’. Y no pasa nada, me encanta ese disco, pero la verdad es que hay momentos en los que parece que estas escuchando a la cantante sueca. Aunque no puedo negar que la canción es bien bonita.

Puede que en algún momento del disco se les note demasiado sus influencias, pero la verdad es que HAERTS saben jugar muy bien con ellas y crear una colección de temas notables. Algo que no todo el mundo consigue.

7,7

The Weather Station – Ignorance

Estamos ante uno de los discos más importantes de 2021. Y no es que lo diga yo, es que lo dicen varios de los grandes medios internacionales, que lo han puesto por las nubes. Incluso, un periódico como The Guardian, ha colocado la palabra “masterpiece” al lado de las cinco estrellas de su crítica. Algo que se veía venir, porque los singles que publicó el año pasado Tamara Lindeman con este proyecto llamado The Weather Station, ya dejaban ver que aquí había algo más que interesante. Eso sí, yo tengo que decir que no soy tan entusiasta, pero sí que me parece un trabajo notable y entiendo las reacciones que está provocando.

Una vez más, estamos ante un disco que tiene muy presente una ruptura sentimental. Eso sí, lo hace desde el cambio que eso conlleva, y ese cambio ha hecho que su música sufra una trasformación. Hasta ahora, Lindeman, era una artista folk muy bien considerada, que ya obtenía muy buenas críticas con sus discos, pero ahora su música ha pasado a otro nivel. En este ‘Ignorance’, que ya hace su quinto álbum, ha metido dos baterías, un saxo, sintetizadores, instrumentos de cuerda, alguna flauta, o unas buenas dosis de guitarra eléctrica. Con todos estos ingredientes, se mete de lleno en un pop elegante, y con sabor a los 70 y los 80, en el que no le hace ascos a sonidos más jazz. Y ahí es donde consigue desmarcarse de otras propuestas de este estilo.

Lindeman juega muy bien sus cartas desde el primer corte del disco. Esa “Robber” que lo abre es una autentica joya, en la que juega con el saxo y con la sección rítmica para buscar ese toque jazzy. Esto, unido a la intensidad que va cogiendo la canción, y a su voz, sosegada, pero imponente, hace que el combo sea perfecto. Pero, aunque este tema es sobresaliente, lo mejor llega cuando se va al pop más directo. Cortes como “Atlantic”, “Tried to Tell You” o “Parking Lot”, nos presentan una Lindeman más animada y vibrante, que no tiene miedo a dejarse llevar por ese lado más melódico. Y lo bueno es que este sonido es el que se adueña de casi todo el álbum, porque canciones como “Loss”, “Separated” y “Heart” también tiran hacia ese mundo más colorido.

Os decía más arriba que yo no era tan entusiasta con este trabajo, y eso es debido a su parte final. Y es que, temas como “Trust” y “Subdivisions”, que son más íntimos, se me quedan algo empequeñecidos en comparación con ese sonido mucho más compacto que ha conseguido a lo largo del disco. Pero bueno, repito eso de que entiendo el entusiasmo, porque el cambio que ha dado a su música es digno de elogio. Además, ha dado con una propuesta bastante personal, lo que no es fácil.

8

Pearl Charles – Magic Mirror

Pearl Charles es una de esas artistas que ha crecido acompañada de música. Con tan solo cinco años empezó a cantar, con 18 formó un dúo de country-pop, poco más tarde se dedicó a tocar la batería en la banda de garage-rock The Blank Tapes, y desde 2015 lleva una carrera en solitario que está en continuo ascenso. Y es que, tras un Ep y un álbum de debut que obtuvieron buenas críticas, ahora publica un segundo trabajo que se está convirtiendo en una de las sorpresas de este inicio de 2021. Y no es para menos, porque aquí hay buen material.

Magic Mirror’ es algo así como una especie de repaso a una buena parte de la música americana que se hizo desde los sesenta hasta los ochenta. Es decir, que por aquí hay toques de soft-pop, disco, country rock, e incluso folk. Todo hecho con sumo detalle y elegancia. Aunque eso sí, empieza el disco haciéndose un ABBA de manual. Y es que, esa “Only for Tonight” que lo abre, no puede beber más del grupo sueco más famoso de la historia. Algo que siempre es bueno, porque si se hace bien, te pueden salir joyas como esta. Es la canción del disco, y una de las mejores de lo que llevamos de año. Y sí, se podría decir que es su “Dancing Queen”. Solo hay que ver su vídeo.

Es cierto que el resto del álbum tira hacia sonidos menos disco. Se le da bastante bien el pop sofisticado de los setenta, y lo demuestra en las estupendas “What I Need”, “Imposter” y “Slipping Away”, tres temas que a mi me han recordado mucho a lo que suele hacer en solitario Eleanor Friedberger. Pero no se queda ahí, también disfruta de ese lado más meloso que tenia el pop de aquella época. Así, el piano y los instrumentos de cuerda se convierten en los protagonistas de la bonita “Don’t Feel Like Myself”, y una steel guitar hace que “Take Yoir Time” tire hacia su faceta más country. Pero yo me sigo quedando con el pop sofisticado y elegante, donde entran las maravillosas “All The Way” y “Sweet Sunshine Wine”.

Desde luego, si queréis dar con un buen disco, nada complicado, refinado, y lleno de buenas canciones, estáis ante el trabajo el perfecto.

7,9

Ziemba – True Romantic

Hasta hace unas semanas no tenía ni idea de quiénes eran Ziemba, y mucho menos que era el proyecto en solitario de René Kladzyk, una artista de El Paso (Texas). El caso es que su rollo me ha parecido muy interesante, y su tercer trabajo, el cual acaba de publicar, es notable. Y eso que estamos ante un álbum más bien reposado, en el que las baladas son las grandes protagonistas. Además, son unos temas de lo más clásicos y retro, porque todo en este disco tiene un tremendo aire a los setenta. A excepción de esa portada, que más bien es ochentera.

Parece que ‘True Romantic’ es otro álbum de ruptura. O al menos eso sugieren algunas de sus canciones, que hablan de seguir hacia delante y superar amores pasados. Y nada mejor para eso que irse hacia el mundo del soft-pop de los setenta. Eso es lo que me ha venido a la cabeza cuando he escuchado temas como “If I’m Being Honest” y “True Romantic”, que son una maravilla, y consiguen emocionar con muy poco. O esa etérea “Feelings Are Real”, donde los teclados cobran protagonismo. Además de la sensual “Casket and Cradle”, en la que le da un poco más de calidez a su música.

Sí es cierto que no se sale mucho del guion, y eso pesa un poco al final del álbum. Y es una lástima, porque sabe lo que se hace cuando se mete de lleno en otras historias. Es el caso de la psicodelia bailable de “Harbor Me”, en la que se anima y se deja llevar un poco. O de “Bad Love” y “Brazil”, las cuales cuentan con un sonido incluso más retro, y nos retrotraen a esas bandas femeninas de pop de los cincuenta y sesenta. Y ojo, porque en “(You Feel Like) Paradise”, se atreve a meter un solo de guitarra de lo más AOR. Algo que no le viene nada mal a esta balada.

Estamos ante un disco sin secretos, en el que la artista norteamericana tiene muy claro el sonido que le quiere dar a sus composiciones, y le da igual que suene actual o no. Y eso se nota en el resultado final del disco, el cual es notable.

7,4

Private World – Aleph

Si hay que irse a los ochenta, vayámonos bien. Eso es lo que han debido pensar Private World, un dúo formado por Tom Sanders y Harry Jowett, que está obsesionado con el lado más elegante de aquella década. Y es que, en aquellos años, no todo eran pelos cardados y ropa de colorines, los nuevos románticos tuvieron su trozo de pastel, y lo que es mejor, nos dejaron algunos discos sobresalientes. Estos dos chicos de Cardiff se fijan en todo eso, y la verdad es que se les da muy bien recuperar esos sonidos tan sofisticados.

Aleph’ es su álbum de debut, el cual llega desde el sello Dais Records, casa de Drab Majesty o Choir Boi. Algo que resulta un poco sorprendente, ya que esta propuesta no tiene mucho que ver con el post-punk y la oscuridad con la que suelen contar las bandas de esa discográfica. Aquí nos encontramos con una fuerte influencia de Bryan Ferry, Talk Talk, The Blue Nile, y de alguna cosa más comercial, como Spandau Ballet. No obstante, ellos mismos confiesan que “Hypnagogia”, el que es el single de presentación, está inspirado en el trabajo de Patrick Leonard, conocido compositor de los ochenta, que escribió buena parte de los hits de Madonna, y algunas cosas para Bryan Ferry o Carly Simon, entre muchos otros. Un sonido que también se puede apreciar en la estupenda “Birdy”, o en la sofisticada “Magic Lens”.

A pesar de que gran parte del álbum se mueve dentro de ese sonido reposado y elegante, también son capaces de entregar canciones más movidas y directas. Es el caso de esa joya llamada “Blue Spirit”, toda una delicia pop de lo más irresistible. Y si nos vamos a “Somethin’ Special”, vemos que no se les da nada mal recuperar esos sonidos un tanto funk que inundaron las listas de los ochenta. Eso sí, pasados por el filtro de Bryan Ferry. Una influencia que también está presente la notable “Alien Funeral”. Pero lo mejor llega con “Chasm”, un tema de lo más luminoso en el que entra la influencia de Talk Talk. Y a mí, con eso, ya me ganan.

Encontrarme con Private World ha sido una gran sorpresa. Ya no solo porque han publicado un estupendo disco de debut, también porque se han fijado en una parte de los ochenta que me encanta, y que no es la habitual en este revival eterno de aquella época en el que estamos instalados.

7,9

Pure Bathing Culture – Carrido Ep

No sé si será cosa de la pandemia, pero últimamente no paran de salir discos en formato de Ep. Quizá porque es más sencillo que publicar un álbum normal, o quizá porque es más fácil que los grupos tengan tres o cuatro canciones ya grabadas y sin publicar. El caso es que tengo varios de estos trabajos en cola para ponerlos en blog. Porque, además, es un formato que me gusta bastante.

Carrido’ es un homenaje al recientemente fallecido Richard Swift, amigo personal de Pure Bathing Culture y productor de sus dos primeros trabajos. No obstante, el título del Ep, viene del nombre de Swift, que realmente se llamaba Ricardo Ochoa. Porque debe de ser muy normal para un norteamericano que un nombre como Ricardo termine acabando en una palabra como “carrido”. Pero bueno, anécdotas aparte, el matrimonio de Portland, fue el primer grupo al que, tras el fallecimiento de Swift, su mujer, invitó a grabar en el estudio que este tenía en su casa. Un estudio que ya conocían muy bien, porque fue donde grabaron esos dos primeros trabajos.

Musicalmente, estamos ante un Ep que podría ser una continuación del estupendo álbum que editaron el año pasado. La fusión entre dream-pop y el pop sofisticado sigue siendo la protagonista. Y la verdad es que se les da maravilla. Sobre todo, cuando le ponen un poco más de ánimo, como es el caso de ‘Midnight Minutes’, que cuenta con una buena capa sintética. Algo que también sucede con la estupenda ‘La La Love’. Pero también saben como acercare al pop ensoñador. Aunque ojo, esta vez, lo hacen desde una perspectiva más retro, y en ‘Something Silver’ se acercan a ese pop elegante que tantas buenas canciones nos dio en los setenta y los ochenta. Y, para terminar, no podía faltar una versión del propio Richard Swift. Concretamente de ‘Would You?’, la cual cambian completamente, convirtiéndola en una dulce balada cercana a Beach House.

Creo que ya lo comenté cuando puse su último trabajo, pero creo que Pure Bathing Culture es uno de los grupos de pop más interesantes de la actualidad, y se merecen un poco más atención por parte de los medios y el público.

7,7