Gruff Rhys – Seeking New Gods

Si hay alguien que puede hacer un disco inspirándose en una montaña, y salir airoso de ello, ese Gruff Rhys. El que fuera líder de Super Furry Animals dedica su séptimo trabajo en solitario al Mount Paetku, un volcán en activo que se encuentra en el este de Asia. Así, a la vez que reflexionaba sobre geología, también lo hacía sobre el ser humano y el paso del tiempo. Y de esa mezcla de sensaciones nacen estas nueve canciones que, aunque tengan una temática un tanto loca, funcionan a la perfección. Porque, sin ese punto de locura, no sería Gruff Rhys.

Seeking New Gods’ es la colección de canciones más Super Furry Animals que ha hecho Rhys en solitario. Por aquí predomina ese pop juguetón con algún un toque de psicodelia que tanto gustaba a los Furry, y la verdad es que es toda una alegría que haya vuelto a ese sonido. Porque, aunque a lo largo de su carrera nos haya dejado cosas maravillosas -los discos de Neon Neon o ese genialAmerican Interior’-, se echa de menos al grupo galés. Así, más de uno y una van a disfrutar de lindo con cortes como “Loan Your Loneliness” o “Hiking In Lightning”, las cuales, además, representan dos facetas muy diferentes de su música. Porque en la primera nos encontramos con un lado más preciosista y animado. Sin embargo, en la segunda, le da el protagonismo a una sucia guitarra.

Para grabar las canciones de este disco ha contado con la ayuda de Kliph Scurlock, un antiguo miembro de The Flaming Lips que se ha puesto a los mandos de las percusiones y los teclados. Algo que se nota en cortes tan estupendos como “Mausoleum of My Former Self” y “Can’t Carry On”, que tienen ese punto cósmico tan molón. Pero también en “Holiest of the Holy Men” y “The Keep”, en las que se mete de lleno en su mundo más juguetón.  Aunque ojo, no se ha olvidado de sacar a la luz el Gruff Rhys más sereno y relajado. Cuando se pone al piano, se olvida del todo de todo eso sonido algo más loco, y nos deja el precioso tema titular, donde no puede acercarse más al soft-rock de los setenta. O esa estupenda balada final, en la que se adentra en mundos cercanos al space-rock.

Gruff Rhys sigue labrándose una carrera notable más allá de Super Furry Animals, y con este disco, además, nos devuelve parte de ese sonido que hizo enamorarnos de su banda allá por los noventa. Así que todo son buenas noticias.

7,9

St. Vincent – Daddy’s Home

Hay que reconocerle a St. Vincent el mérito que tiene cada transformación de personalidad que hace con sus discos. Y es que, la artista norteamericana, no solo cambia de imagen, también de propuesta musical. Algo que no es fácil, porque, además, te puede gustar más o menos lo que hace, pero es innegable que todo le sale bien. Eso sí, tras la locura sonora que supuso su anterior trabajo, no me esperaba que en su nuevo álbum retrocediera hasta mediados de los setenta. Pero, más allá del shock inicial, tengo que decir que, una vez más, la jugada le ha salido bien.

Estamos ante un trabajo inspirado en la salida de la cárcel de su padre -de ahí ese título-, que cumplió diez años de condena por un tema turbio con unas acciones. Y no sé si será porque la figura de su progenitor le recuerda a los setenta, pero ha llenado estas canciones de influencias de aquella época. No resulta difícil encontrar retazos de artistas como Sly And The Family Stone, Freda Payne, Pink Floyd, o Harry Nilsson. Además de un claro toque del Prince más funk en un par de canciones. Todo aderezado con la estupenda producción que ha hecho junto a Jack Antonoff.

Lo primero que hay que saber al enfrentarse a este disco, es que no está haciendo nada nuevo, pero eso no le quita puntos a su nueva faceta. Más que nada, porque las canciones están curradas y muchas de ellas son sobresalientes. Me gusta mucho el funk sintético que saca de la manga en cortes como “Pay Your Way In Pain” o “Down”, los cuales, casualmente, son dos de los singles que han servido como adelanto. Pero también está muy acertada en canciones que la llevan directamente al soft-rock de aquella época. Es decir, temas con bien de órganos, guitarras wah-wah, y un pequeño toque de soul. Es lo que encontramos en el corte titular, en la maravillosa “The Melting Of The Sun” -lo de “dark side of the moon” no es una casualidad-, o en esa maravilla llamada “My Baby Wants A Baby”. Un tema por el que Sheena Easton podría pedir derechos de autor -los que conozcan su “9 to 5” sabrán de lo que hablo-.

El disco contiene bastantes cortes tranquilos, y puede que estemos ante uno de los trabajos más reposados de su carrera, pero, aun así, sabe lo que se hace. Juega muy bien sus cartas cuando entra en el mundo de la psicodelia y nos deja canciones como “Down And Out Downtown”, o la extensa “Live In The Dream”, en la que no puede negar la muy evidente influencia de Pink Floyd. Pero también se le da muy bien rebajar la intensidad y dejarse llevar por un lado más folk y ensoñador en la preciosa “Somebody Like Me”. Y sí, “everybody’s talking at me”.

Una vez más, St. Vincent sorprende, para bien, con un cambio total de personalidad, y logra otra colección de canciones notable. Y ya van unas cuantas.

8

Midnight Sister – Painting the Roses

No soy yo muy aficionado a eso del art-pop, pero de vez en cuando hay cosas dentro de esta etiqueta que sí me gustan. Porque, para ser sinceros, creo que pocos, o nadie, saben que entra dentro de esas dos palabras juntas. Así que, básicamente, todo lo que sea un pop poco convencional, lo meten ahí. Y la verdad es que Midnight Sister, el dúo de Los Angeles formado por Juliana Giraffe y Ari Balouzian, encaja perfectamente en esa descripción. De hecho, son dos artistas multidisciplinarios que hacen canciones, así que parece que la etiqueta está creada expresamente para ellos.

Painting The Roses’ es su segundo trabajo, y en él nos dejan unas cuantas canciones que, principalmente, beben de varios elementos la música de los setenta. Así, nos encontramos con toques glam, algo de disco, otro poco de folk, y una pequeña obsesión por el soft-rock más elegante. Todo enfocado con su personalidad, que no deja de ser una tanto extraña, pero también muy interesante.

El disco se abre con “Doctor Says”, un tema donde dan buena muestra de lo bien que se les da jugar con los sonidos retro. Aquí, sacan parte de su faceta soft-rock, y parte de su faceta glam, que juntas, funcionan estupendamente. Pero también lo hacen por separado, porque, tanto en “Satellite”, como en “Foxes”, los dos temas que vienen a continuación, se meten de lleno en estas facetas. En la primera juegan con ese rock sedoso y elegante que tantos adeptos tiene en estos días, y en la segunda se adentran a tope en el mundo del glam. De hecho, es un corte que es puro Bowie del 72.

Una de las cosas buenas que tiene este trabajo, es que también es muy variado. Eso sí, siempre con la mirada puesta en los setenta. Ahí está ese himno disco llamado “Sirens”, toda una joya en la que se van a una pista de baile de lo más elegante. Algo a lo que también se acercan en “Limousine”, otra de las joyas del álbum. Pero también saben hacer temas notables cuando bajan el ritmo y se ponen un poco más “arty”. Es el caso de las muy cinematográficas “My Elevator Song” y “Song for the Trees”, y de esa estupenda balada llamada “Wednesday Baby”. Además de la curiosa “Dearly Departed”, que con ese saxo me ha recordado bastante al último trabajo de U.S. Girls.

Es un disco curioso y, en algunos momentos, algo escurridizo, pero tiene unos cuantos cortes estupendos y termina enganchando.

7,8

Cate Le Bon – Reward

MEX250_Cate-Le-Bon_Reward-Web-Standard

Hace ya tiempo que Cate Le Bon se convirtió en una de las voces más personales del folk actual. Aunque llamar a lo suyo folk es quedarse corto, porque la de Gales ha coqueteado con todo tipo de estilos, y no le hace ascos a nada. Quizá, por eso, resulta tan interesante plantarse ante su música, porque descubres un mundo nuevo, el suyo, que no tiene nada de convencional. Algo que se acentúa en su quinto trabajo, en el que ha logrado algo realmente difícil: crear un disco complicado y lleno de matices, pero absolutamente asequible para todo el mundo.

Para escribir las canciones de este “Reward”, Le Bon se fue hasta el Distrito de los Lagos en Inglaterra, donde vivía sola en una cabaña, hacia cerámica por el día, y tocaba el piano hasta altas horas de la madrugada. En estas circunstancias, resulta de lo más normal que escribiría sus canciones más personales hasta la fecha. Y es que, sola, con tus pensamientos como única compañía, poco más puedes hacer.

Aunque el disco se abre con ‘Miami’, no estamos ante un homenaje a la ciudad norteamericana. Su letra habla más bien de escapar, y ese “Miami” que sirve de estribillo, puede ser cualquier otra ciudad del mundo. Musicalmente, es un tanto escurridiza, y la verdad es que no es una canción fácil para abrir un disco. Eso sí, se le va pillando el punto con las escuchas. Algo que no ocurre con ‘Daylight Matters’ y ‘Home to You’, más que nada porque que entran con la primera escucha. La primera, porque resulta irresistible con ese toque de soft-rock y con ese estribillo en el que declara su amor a una persona que ha perdido. Y la segunda, porque se pone de lo más juguetona, y nos deja una pequeña joya de pop algo extraño.

Cate Le Bon siempre está buscando nuevos sonidos, y en buena parte de este disco juega a eso. Por eso resulta extramente atrayente. Porque esa especie de polka folk con saxo llamada ‘Mother’s Mother’s Magazine’, es de lo más atractiva. Al igual que su acercamiento al krautrock en ‘Magnificent Gestures’, la cual, casi podría ser una canción de Stereolab. Y es que, impregna su personalidad todo lo que toca. Incluso las baladas, que parecen convencionales, pero no lo son. Principalmente, porque al utilizar el clavicordio, suenan diferentes. Es el caso de ‘Here It Comes Again’ o ‘Sad Nudes’, que consiguen emocionar de una forma diferente. Además, en la segunda le da protagonismo a un saxo, creando una atmosfera más interesante, si cabe. Y ojo, que cuando suena más convencional, también le funciona. Ahí están ‘The Light’ y ‘You Don’t Love Me’, donde vuelve al soft-rock (y al saxo).

Desde luego, hay pocas artistas tan interesantes en la escena actual como Cate Le Bon. Además, también cuando trabaja para otros, porque lo que ha hecho con la producción del último disco de Deerhunter es una maravilla.

8

Pure Bathing Culture – Night Pass

pure bathing culture

Quizá, la comparación que más sale cuando se habla de Pure Bathing Culture, es la de Beach House, pero el dúo de Portland bebe de muchas más cosas. En sus trabajos no solo podemos escuchar retazos de dream-pop, también hay soft-rock de corte setentero, y mucho del pop sofisticado de los ochenta. De hecho, no hace mucho, reinterpretaron al completo “Hats” de The Blue Nile, un disco que les viene como anillo al dedo. Algo que certifican en su tercer trabajo, donde hay una notable influencia de ese sonido elegante que puso en el mapa a la banda escocesa.

Night Pass” es un trabajo de lo más bonito, en el que las melodías ensoñadoras se fusionan con los sonidos sintéticos y con esa voz profunda que tiene Sarah Versprille. Además, no solo suenan bien, también saben cómo hacer un hit. De hecho, contiene varios. Ahí tenemos la luminosa ‘Devotion’, en la que dan protagonismo unas guitarras de lo más limpias; la emocionante ‘Black Starling’, donde se vienen arriba en un estribillo de lo más vibrante, o la directa y absolutamente esplendorosa ‘All Night’. Además de ‘Remember’, en la que se calman un poco más, pero donde también meten una pátina sintética que les viene de maravilla.

Su faceta más sosegada también nos deja momentos brillantes. Y es que, aunque no hacen nada nuevo, sí que consiguen que funcionen bastante bien. Sobre todo en esa ‘Ad Victorian’ que ya adelantaron hace unos meses, que es una delicia. Pero también en la inicial ‘Thin Growing Thing’, o en las ensoñadoras ‘Veil’ y ‘Joyous Lake’, donde sí que no pueden negar que, algo de Beach House, sí que tienen. Una influencia que se quitan de en medio en ‘Moonrise’, que es un poco más animada, y en ‘Violet a Voyager’, el corte estupendo, y abiertamente pop, con el que cierran el disco.

Sin duda alguna, “Night Pass” es su mejor trabajo. Pero, además, es el disco en el que empiezan a tener un sonido propio, y en el que se escabullen un poco más de sus influencias principales.

7,8

The War On Drugs – A Deeper Understanding

war-on-drugs

En una entrevista reciente, los “malotes” de The Killers comentan que el rock ya no triunfa porque no hay suficientes bandas buenas (entiendo que ellos sí lo son). Supongo que esta afirmación tan estúpida se debe a que no han escuchado a The War On Drugs, porque si no es incompresible que digan semejante tontería. Y es que, la banda de Filadelfia publica hoy mismo su cuarto álbum, el cual, una vez más, es sobresaliente.

A Deeper Understanding” reincide en el sonido de su anterior trabajo y, en él, apenas encontramos cambios. Pero no pasa nada, esa fusión de rock ochentero y sintetizadores que ha logrado Adam Granduciel, sigue funcionando a la perfección. El líder de la banda norteamericana es de lo más meticuloso a la hora de meterse en un estudio, y el sonido que saca a sus discos tiene que rozar la perfección. Y lo mejor es que lo consigue. La influencia de Springsteen, los sintetizadores que envuelven todo, la épica, las cajas de ritmos, los solos de guitarra…todo vuelve a estar aquí, y todo encaja perfectamente.

La estrategia de The War On Drugs ha estado muy clara desde que empezaron la promoción de este álbum. Conscientes de lo que tenían entre manos, han ido soltando adelantos como churros (cinco en total), los cuales han levantado una gran expectación. Y no es para menos, ya que es imposible no caer rendido ante esa maravilla, con aires del Springsteen más pop, que es ‘Holding On’, o dejarse engatusar por su faceta más electrónica en ‘Up All Night’. Y su nos vamos a su faceta más intimista, nos encontramos con una maravillosa ‘Pain’, y con ‘Strangest Thing’, la que se podría considerar la canción del disco. Este pedazo de baladón, que estalla en el tercer minuto con un punteo de guitarra melancólico y épico, es de ese tipo de temas que pone la piel de gallina; una pequeña joya que ya está entre lo mejor de su carrera.

Con estos adelantos tan potentes, lo lógico es pensar que está todo el pescado vendido. Pues no, tienen unos cuantos ases más en la manga más. Uno de ellos es ‘Nothing to Find’, que es su clásica canción pop, con su ritmo acelerado, su armónica, y un teclado final absolutamente contagioso. Y luego tenemos ‘In Chains’, que empieza tranquila y culmina en un estribillo que haría vibrar cualquier estadio. Están un poco menos acertados están en los dos temas que cierran el disco, pero, con todo, son notables. Sobre todo ‘You Don’t Have To Go’, en la que vuelven a emocionar de lo lindo.

Por si había alguna duda, con este disco, The War On Drugs dejan muy claro que son una de las grandes bandas de nuestros días. Además, lo son con sus propias normas, con sus canciones largas, que se hacen cortas, y que son capaces de emocionar a la persona más fría del mundo.

8,4

Ablebody – Adult Contemporaries

ablebody

Tengo que darle las gracias a un seguidor del blog que me recordó por twitter que este álbum ya estaba publicado. Y es que, a pesar de que me gustó mucho el primer el single, no me acordaba que el disco al completo salía a la venta a mediados del mes pasado.

Ablebody empezó siendo el proyecto en solitario de Christoph Hochheim, guitarrista de apoyo y, posteriormente, miembro oficial de The Pains Of Being Pure At Heart. Pero poco le duró la aventura en solitario, porque nada más empezar se le unió Anton, su hermano gemelo. Este es su álbum de debut, pero fue hace un par de años cuando se dieron a conocer con After Hours, canción que también han metido aquí.

Como os podéis imaginar, lo suyo es el pop, pero se alejan bastante de lo que hace Christoph con sus otras bandas (también es miembro Depreciation Guild). La pareja de hermanos prefiere irse hacia un soft-pop de corte ochentero y, gracias a él, consiguen hacerse con un trabajo de lo más interesante. Principalmente, porque han logrado dar con un sonido muy chulo, que está muy lejos de las producciones de corte independiente. Controlan de maravilla los teclados sofisticados, que están ahí, pero no son los protagonistas, y tanto las guitarras limpias, como las distorsionadas, están donde tienen que estar.

Adult Contemporaries no es un disco con una producción estupenda y ya está. Otra de sus grandes bazas son las canciones, que tienen alma de hit. Si es cierto que les gusta arriesgar, y como primer single editaron Backseat Heart, un tema un poco escurridizo, que se iba a los cinco minutos. Pero también saben hacerse con canciones más directas, como es el caso de la ya mencionada After Hours, de la estupenda Gaucho, o de la potente, pero muy pop, The Sun, a Small Star. Además de Heart Keep, el tema más juguetón del álbum

Se podría decir que el disco está divido en dos, y la segunda parte es la de los cortes más relajados y sofisticados. Aquí se van hacia un pop que, en algunas ocasiones, nos recuerda a los Aztec Camera post High Land, Hard Rain, y que tampoco está nada mal. Es el caso de Marianne, que tiene ese sonido tan sintético característico de los ochenta. Algo que se acentúa en las canciones posteriores, como One Dime a Day, Say What You Will y esa balada llamada Send Me a Letter, en la que cuentan con la colaboración de Sean Nicholas Savage.

La verdad es que, gracias a que no han tirado hacia el típico sonido indie-pop, Ablebody se han sacado de la manga uno de los discos más interesantes de este otoño.

7,8

M83 – Junk

m83

Hace unos meses me dio por poner el vinilo de Hurry Up, We’re Dreaming, el anterior trabajo de M83, y solo pude pensar en lo mal que había envejecido en apenas unos años. No sé si Anthony Gonzalez habrá pensado lo mismo, pero en su nuevo álbum se ha quitado de encima casi toda la épica cargante que planeaba sobre ese disco, y se convertido en un músico de soft-rock al que, de repente, le ha dado por llenar sus canciones de solos de guitarra, saxos, y referencias a series estadounidenses de hace cuarenta años. El caso es que la mezcla le funciona, y aunque hay que decir que hay momentos bastante horteras, el disco tiene su punto.

Junk cuenta con algún que otro descoloque, lo que una amiga mía llamaría un “nada que ver”, y eso es precisamente lo que más me gusta de él. Otro disco tan intenso como el anterior hubiera sido realmente insoportable, y una desintoxicación a tiempo siempre viene bien. Gonzalez lo hace con canciones como Moon Crystal, que es una delicia instrumental que bebe de las sintonías de las series norteamericanas de finales de los setenta y principio de los ochenta, o con un single tan poco comercial y tan loco como Do It, Try It. Además, no se corta un pelo a la hora de sacar sus influencias más comerciales, y se saca de la manga alguna que otra balada horterilla y melosa. Es el caso de For The Kids, Tension y Atlantique Sud, que bien podrían ilustrar los momentos más tristes de esas series que mencionaba más arriba.

Aunque ha corrido muchos riesgos con este trabajo, no todo es un suicidio comercial. También hay hits, y alguno de ellos muy buenos. Sí, quizá se le va la mano con el solo de guitarra de Go¡, y con el sonido totalmente sintético de Bibi the Dog, pero son dos temas muy potentes. Aunque la palma se la llevan Road Blaster que, gracias a sus pegadizas trompetas, es el corte más directo del álbum, y Time Wind, donde se deja ayudar por Beck, y juntos consiguen una gran canción de pop electrónico.

Donde no termina de cuajar la cosa es en los temas instrumentales y de corte más ambiental. Se nota que hace poco hizo la banda sonora de Oblivion, ya que canciones como Ludivine y Sunday Night 1987, tienen ese toque de soundtrack. Además, al estar al final de un disco largo como este (otro fallo), se terminan haciendo muy pesadas.

No ha fabricado su mejor disco, ni mucho menos, pero al menos ha conseguido hacer un disco diferente a lo que todo el mundo se esperaba, y no ha muerto en el intento.

7,5

Ariel Pink – pom pom

535_c_w_450_h_450

Siempre he pensado que Ariel Pink puede hacer el disco de pop perfecto cuando le dé la real gana, pero no está muy por la labor. De hecho, si no fuera por su visión loca de ver la música, no estaría donde está ahora y los críticos no se rendirían a sus pies cada dos por tres. También tengo claro que el hecho de que sus discos te entren bien, depende mucho del ánimo de cada uno en el momento. Por lo menos a mí me pasa, y hay días que soporto sus ralladas mejor que otros. De momento, su nuevo trabajo no me ha chirriado mucho y, aunque es otra locura más, le he pillado el punto a la primera escucha.

pom pom es el primer trabajo que Ariel Pink firma a secas con su nombre, pero él mismo dice que es el disco en el que “menos solo ha estado”. También es el disco que llega tras la polémica estúpida con Madonna en la que se metió hace un par de semanas, y que le he puesto en las portadas de medio mundo. Vamos, que se ha hecho una buena publicidad antes de sacar el disco.

ariel-pink-pom-pom-608x495

Como viene siendo habitual, es un trabajo largo (casi 70 minutos), y en él encontramos de todo. Hay colaboraciones de lujo, como la de Kim Fowley (mítico productor de los sesenta y manager de The Runaways) que escribió con él Jell-O y Plastic Raincoast In The Pig Parade mientras luchaba contra el cáncer en una habitación de hospital, y en sus 17 cortes encontramos una buena variedad de estilos musicales. Por supuesto, predomina el pop lo-fi y juguetón, donde acierta de pleno en esa Plastic Raincoats In The Pig Parade ya mencionada, o en Put Your Name In My Phone, el estupendo primer single. Además de esa delicia disco llamada Black Ballerina, en la que calca el ritmo del Dolce Vita de Ryan Paris. Lo bueno es que ahora también acierta en los cortes un poco más rock, y nos entrega un pedazo de himno gótico llamado Not Enough Violence (mí canción favorita del disco), y Lipstick, otro corte un tanto oscuro, pero un poco menos contundente. También ha decidido que ya va siendo hora de rendir cuentas con el AOR más chungo, y en Four Shadows parece que se quiere burlar de Meat Loaf y artistas del estilo.

Si nos vamos a los cortes más locos, encontramos un poco de todo. Hay cosas interesantes como Nude Beach A G-Go, en la que se saca de la manga una canción surf de lo más psicotrópica, y la muy arabesca Dinosaur Carebears, un corte con muchas caras diferentes. Los que sí me han resultado demasiado rallantes han sido Sexual Athletics, que empieza bien, pero acaba de una forma muy extraña, y Jell-O, a la que le pasa exactamente lo mismo. Parece que si no se sale de madre en cada tema, se aburre.

Una de las cosas que más me ha sorprendido (para bien), es la parte final, donde se descuelga de todo y nos lo que podríamos llamar tres baladas. Además, las tres tienen cosas realmente interesantes. Está la épica Picture Me Gone, en la que juega a ser un nuevo romántico, la folkie y psicodélica Exile On Frog Street, y la primera parte de Dayzed Inn Daydreams, que es una pasada y tiene otro estribillo épico de lo más emocionante.

Se podría decir que es el disco de Ariel Pink que más me ha gustado, pero como ya he dicho antes, esto depende del estado de ánimo en el que te pille.

8

Too Slow To Disco

too slow to disco

Soft-Rock, Vanilla-Funk, Yacht-Pop…hay un millón de formas de llamar a este tipo de música surgida en los setenta, que combinaba el rock, el funk, el disco y el pop. Es una música muy californiana, elegante y sofisticada (de ahí lo de pop de yate) que, a la postre, ha terminado influenciando a un buen motón de bandas. Grupos y artistas de ahora como Haim, Midlake, John Grant O Ariel Pink beben directamente de esta corriente de hace cuarenta años. Incluso, hay grupos de la época que se dejaron influenciar por estos sonidos exquisitos, y no es raro ver alguna canción de Chicago, Alessi Brothers o Fleetwood Mac, que se quedaron con la parte más AOR del asunto.

Too Slow To Disco es una recopilación que salió la pasada primavera (hay una preciosa edición en vinilo amarillo) donde encontramos lo mejor de aquello que se llamó “Sonido L.A.”. En ella podemos escuchar un poco de todo, desde los sonidos más funk de Ned Doheny y Browing Bryant (Get It Up For Love y Liverpool Fool son de lo mejor del disco), hasta la cara más comercial y amable, donde aparecen Chicago y su Saturday In The Park. De todas formas, se podría decir que cuanto más disco y más funk, mejor se pone la cosa. De ahí que la primera parte de la recopilación sea la más interesante. Es donde encontramos esos cortes tan sofisticados, que entran de maravilla y relajan tanto. Los mejores ejemplos los tenemos en el Let’s Put Our Love Back Together de Micky Denne And Ken Gold, y en el Deco Lady de Rupert Holmes, que son una maravilla.

Por supuesto, por aquí también hay grandes hits de la época que llegaron a lo más alto en las listas norteamericanas. Una de ellos es Lotta Love, un tema compuesto por Neil Young para Nicolette Larson que fue todo un pelotazo en 1978. En ella, la artista Montana tuvo la genial idea de fusionar un saxo y una flauta travesera en un auténtico hit de disco-soul que le quedó estupendamente. Otro hit que encontramos por aquí es Steal Away de Robbie Dupree, que es mucho más AOR que el anterior, pero también tiene su punto. La canción llegó al sexto puesto de las listas estadounidenses, y suele ser una de las habituales en las listas  de “One Hit Wonders” que salen cada dos por tres.

Es una recopilación de lo más interesante, que nos enseña lo mejor de un estilo de música que en su día no fue muy bien tratado por los críticos, pero que al final ha terminado siendo crucial en el sonido de muchos de los artistas que los críticos actuales veneran.

8