W.H. Lung – Vanities

W.H. Lung es una banda de Manchester que, a pesar de contar con una carrera relativamente corta, han decidido no quedarse estancados en un sonido en concreto. El joven grupo británico debutó en 2019 con un álbum en el que, aunque había algo de electrónica, predominaban las guitarras y el rock. Pero ahora sorprenden con un cambio de tercio en su segundo trabajo, el cual está mas cerca del synth-pop que de otra cosa. Es más, en un ataque de sinceridad, los miembros del grupo comentan que “realmente no han encontrado su lugar”.

Si en su primer trabajo miraban a la escena (post) punk de Londres, en este ‘Vanities’ prefieren volver a su ciudad y fijarse en ese lado más dance por el que es conocida la escena de Manchester. Pero, al igual que en su primer álbum no se metían de lleno en su faceta más rock, aquí hacen lo mismo con su lado más electrónico. De ahí eso que comentaban ellos de que no habían encontrado su lugar. Lo bueno es que, mientras los buscan, consiguen algún que otro acierto.

En este segundo trabajo lo que mejor funciona son los temas abiertamente electrónicos. Y si son más bailables, mejor. Así, nos encontramos con himnos sintéticos de lo más vivos como “Gd Tym”, “Pearl in the Palm”, o esa “ARPi” que tanto bebe de Future Islands. Además de esa “Somebody Like” en la que se acercan al dance-punk que tantas buenas bandas nos dejó a principio de siglo. Pero ojo, que cuando bajan el ritmo también consiguen buenos resultados. Es el caso de “Ways of Seeing”, un corte mucho más pop en el que están más comedidos, pero también más melódicos. Y luego tenemos “Showstopper”, lo que parece ser un “homenaje” al “Eisbär” de Grauzone. Además de uno de los cortes mas rock del disco. Lástima que al final lo estropeen un poco con “Kaya”, y esos últimos minutos tan tediosos y repetitivos.

Es cierto que W.H. Lung tienen que encontrar su sonido, pero la verdad es que no andan tan perdidos, y en su segundo trabajo hay unos cuantos temas que lo corroboran.

7,5

Hayden Thorpe – Moondust To My Diamond

Nunca fui muy seguidor de Wild Beasts, tan solo me pude enganchar a sus últimos trabajos, que fue cuando se quitaron toda esa intensidad llena de falsete de encima. Lo que sí que reconozco es que tenían algo que les hacía especiales dentro de la escena rock británica. Y lo bueno es que, ese algo, también acompaña la carrera en solitario de Hayden Thorpe, el que fue su cantante. Porque, tras un primer trabajo un tanto intimista donde el protagonista era el piano, ahora vuelve con un segundo álbum en el que también aparece ese lado más íntimo, pero lo hace desde la perspectiva más electrónica. Y eso mejora bastante las cosas.

Moondust For My Diamond’ nace de los viajes que Thorpe hizo por las montañas del Distrito de los Lagos de Inglaterra. De ahí que sea un álbum mayormente sereno y tranquilo. Incluso cuando su electrónica se anima un poco más y te deja que hagas un tímido baile. Como en el caso de “Material World”, el tema que abre el álbum con unas cajas de ritmos un tanto animadas y con Thorpe jugando repetir su estribillo como si se tratara de un tema dance. Unos ingredientes que también repite en la estupenda “Parallel Kingdom”, y en menor medida en “Rational Heartache”. Aunque hay que decir que en esta última si anima con un piano totalmente house. Y ojo con ese funk sintético de “Metafeeling”, que es una maravilla.

Los más mayores del lugar se acordarán de ese ‘Exciter’ de Depeche Mode que hace 20 años recibió críticas tan tibias -a mí tampoco me hizo mucha gracia en su momento-. Pero parece que esa electrónica reposada, elegante, y algo minimalista, ha calado en algunos artistas de las siguientes generaciones. Entre ellos nuestro protagonista de hoy, porque buena parte de este álbum se mueve dentro de esos sonidos. Y la verdad es que lo hace con bastante acierto. Temas como “No Such Thing” y “Hotel November Tango” consiguen emocionar con su baño de sintetizadores fríos y elegantes. Pero también sabe cuándo impregnar de calidez su música y entregar una deliciosa balada sintética como “The Universe Is Always Right”. O volver un poco al sonido de su antigua banda y cerrar el disco con ese toque épico que tiene “Runaway World”.

Me ha sorprendido bastante (para bien) este segundo trabajo de Hayden Thorpe. Su electrónica elegante y tranquila me parece de lo más seductora, además, creo que acompaña estupendamente este otoño en el que estamos inmersos.

7,9

Porches – All Day Gentle Hold!

Aaron Maine fue uno de los artistas más afectados por la pandemia. Y es que, el mismo día que salió su anterior trabajo con Porches, y puso una valla publicitaria en mitad de Nueva York, confinaron la ciudad. Así que el pobre se encerró en su apartamento e hizo lo único que podía hacer en ese momento: componer más canciones. Lo bueno, es que, curiosamente, le ha salido la que es su mejor colección de canciones hasta la fecha. O por lo menos la que más me gusta a mí, que siempre he tenido mis más y mis menos con su música.

All Day Gentle Hold!’ es el disco que estaba esperando de Porches. Porque, hasta ahora, conseguía que sus canciones sonaran frescas, pero muchas veces las dejaba a medias y sin un buen punto melódico que las llevara un poco más arriba. Algo que empezó a cambiar con su anterior trabajo, en el que ya se hacia con unos cuantos hits. Pero aquí estamos ante algo infinitamente mejor. Es más, todas las canciones de este trabajo podrían funcionar perfectamente como single. Y todo porque el mismo Maine reconoce que las ha dejado prácticamente como salieron y que no se ha molestado mucho en tunearlas.

Estamos ante otro trabajo que no llega a la media hora. Es más, ninguna de sus canciones se acerca a los tres minutos. Pero, al contrario que en sus otros álbumes, aquí va al grano y no las deja a medias. Está más directo que nunca, y eso es algo que se nota en temas tan estupendos, y tan new-wave, como “Back3School”, “Watergetsinside”, o “Grab The Phone”. Y cuando pisa un poco el freno nos obsequia con esa joya llamada “Okay”, donde deja un poco de lado la electrónica y da protagonismo a las guitarras.

A pesar de que buena parte del disco es un poco más rock que de costumbre, también tiene tiempo para volver a ese R&B sintético que tanto le gusta. Además, sigue utilizando los mismos ingredientes, como la repetición constante de una palabra o una frase. Pero, de alguna manera, ahora le funciona mejor. La prueba es “Lately”, el tema que abre el álbum, y que cuenta con su único estribillo a los pocos segundos de comenzar. O esa delicia envuelta en teclados y un ritmo traqueteante llamada “I Miss That”. Incluso esa oda al autotune que es “Comedown Song (Gunk)” funciona a la perfección. Y todo, porque, como ya he dicho antes, está más directo que nunca y no se anda por las ramas.

Al parecer, Aaron Maine tuvo que pelearse con su sello para que editara este álbum en 2021 y no en 2022 como querían inicialmente. Y ha hecho bien en insistir, porque, como bien dice él mismo, “son unos temas que están creados para un momento en concreto, y no tiene ningún sentido que vean la luz en marzo del año que viene”. Algo con lo que no puedo estar más de acuerdo.

8

Blancmange – Commercial Break

Neil Arthur no para. El único miembro de Blancmange que queda en activo lleva más de una década sacando discos sin parar. De hecho, de los 14 álbumes con los que cuenta su discografía, once se han publicado en los últimos diez años. Además, por si esto no fuera poco, también ha editado discos bajo el nombre de Fader. Esto nos puede llevar a pensar que publica todo lo que le viene a la cabeza, pero no, sus discos están muy bien pensados y hechos con mucho mimo y coherencia. La prueba la tenemos en su último trabajo.

Commercial Break’ refleja muy bien ese cambio que han vivido las grandes ciudades con la pandemia, y como muchos de sus habitantes se han fugado al campo. Es más, el mismo ha grabado el disco en el estudio que tiene en Cornwall el artista de música electrónica Benge. Allí, muy alejados de la gran ciudad, empezaron a grabar parte de los sonidos que les rodeaban -en el disco hay sierras eléctricas, olas que explotan en un acantilado, o un lavavajillas-, y manipularlos para que apenas se notaran junto a los teclados analógicos de Benge. Y la verdad es que han conseguido dar con un sonido de lo más interesante.

Se podía decir eso de que Blancmange ahora suenan más adultos. Todo un topicazo que no deja ser verdad. Porque, aunque estemos ante una banda, o un artista, que tuvo un papel importante en la escena synth-pop de los ochenta, aquí no se va a lo evidente. Sus texturas sintéticas son un tanto escurridizas, y en ellas se acerca al lado más minimalista del pop electrónico. Ahí está esa sosegada “Share out the Light” que abre el disco dejándonos una buena muestra de esos teclados analógicos de Benge. O la algo extraña “Strictly Platonic”, en la que se marca un spoken-word entre esos sonidos obtenidos del campo.

Neil Arthur también sabe lo que es hacer cortes más directos. Es el caso de “Endless Posts” y su fusión de cajas de ritmos potentes y guitarras. O de esa preciosidad llamada “This a State”, todo un delicado himno de lo más sintético. Incluso es capaz de irse hacia la pista de baile más oscura en “Dog Walk in a Cloud”, o de dar protagonismo a una guitarra acústica en “Long Way Road”. Aunque eso sí, prefiere cerrar el disco con “Looking After Aliens”, una canción instrumental un tanto dispersa.

7,5

Glass Spells – Shattered

Anthony Ramirez y Tania Costello llevan desde 2014 dando tumbos con su proyecto Glass Spells, pero parece que ahora, por fin, han encontrado su camino. Y es que, lo que empezó siendo una banda cercana al electroclash, se ha convertido en uno de los proyectos más interesantes de la escena californiana de cold-wave. De hecho, al ser de San Diego, sus canciones también has traspasado fronteras, y cuentan con cierto tirón en México. Ahora solo les falta conquistar al público europeo.

Shattered’ es su álbum de debut, y llega después de unos cuantos singles, y algún que otro EP. Y sí, es otro disco que nace de la pandemia. Además, sus canciones están realmente inspiradas en ese periodo de tiempo. Muchas de ellas reflejan parte de los sueños que tenía Ramirez en esos días, o salen de los paseos nocturnos que se daba por su ciudad para no cruzarse con la gente. Lo que nos lleva a la otra gran influencia del disco: la nocturnidad. Buena parte de las canciones son viajes nocturnos, tanto en una solitaria carretera, como en una ciudad llena de luces de neón. Y la verdad es que se les da bien reflejar esas horas del día en su música.

El gran acierto de Glass Spells es que, aunque sus canciones se basan en la oscuridad, no le hacen ascos al pop. Todo lo contrario: se meten de lleno en él en varios de los cortes del disco. Ahí tenemos el luminoso estribillo de “Confessions”, que no puede ser más pegadizo. O la melancolía tan melódica que nos dejan en “Shattered” -ese teclado es irresistible-. Además de ese synth-pop ensoñador que muestran en la estupenda “Night Hour” y de la delicadeza sintética de “No One To Trust”. Pero ojo, que también quieren hacerte bailar, y en cortes como “Thrills” o “Psychic Lovers” te llevan directos a la pista de baile más cercana.

Está claro que Glass Spells no inventan nada nuevo, y que hay muchos grupos que suenan igual de bien que ellos, pero tienen algo que les hace especiales. Quizá sea su acercamiento al pop sintético de los ochenta, o su punto más bailongo, pero la verdad es que su álbum de debut es de lo más entretenido.

7,6

Art School Girlfriend – Is It Light Where You Are

Art School Girlfriend, el que es el proyecto de la galesa, Polly Mackey, se ha ido metiendo en nuestras vidas poco a poco. Desde que publicara su primer single en 2017, esta artista británica ha ido escalando posiciones y haciéndose un hueco en la difícil escena de su país. Y ahora, tras unas cuantas referencias, entre las que hay un par de EPs, publica el que es su álbum de debut. Un disco que llega después de una ruptura con su novia de toda la vida, por lo que nos encontramos con una Mackey más melancólica que de costumbre.

Hay dos formas de plasmar una ruptura amorosa en un disco. Por un lado, el artista se puede desfogar y entregar un trabajo lleno de canciones de superación y esperanza. Y por el otro, se puede regodear en su tristeza y melancolía, y dejarnos un disco reflexivo en el que analiza esa ruptura. ‘Is It Light Where You Are’ pertenece al grupo de los segundos, pero también es cierto que no es un disco para cortarse las venas. Principalmente, porque la música de Mackey siempre ha tenido ese tono lánguido y sombrío que la emparenta con bandas como Beach House, o con artistas más electrónicos, como John Maus o Molly Nilsson.

Estamos ante un disco mayormente reposado, en el que las texturas electrónicas se fusionan con melodías de lo más ensoñadoras, y con esa languidez a la hora de cantar de Mackey. Lo bueno, es que, por normal general, sus canciones suelen buscar otro camino en su parte final. Así, en esa “In The Middle” que lo abre, se deja llevar por una distorsión de lo más sucia -más de una vez ha confesado que le gusta bastante el shoegaze de los 90-. Y, por poner otro ejemplo, en el tema titular se decanta por meter unos ritmos un poco más bailongos.

Aunque no le vienen nada mal esos ataques finales a sus canciones, hay que reconocer que tampoco los necesita. Y ese es su acierto, porque no resulta fácil emocionar sin esos momentos más efectistas, y con tan solo su serenidad. Pero ella lo consigue en cortes tan notables como “Softer Side” y “Low Light”, en los que presenta ese lado más Beach House. Pero también en esa “Good As I Wanted” más electrónica, y en la sedosa “Bored of Myself”. Y ojo, que cuando se va abiertamente al mundo más sintético, nos deja un estupendo arrebato de electro minimalista llamado “Colour Me”.

7,7

Cold Beat – War Garden

Cold Beat empezaron su carrera metiéndose de lleno en un post-punk lleno de guitarras potentes y oscuras, pero, poco a poco, su sonido ha ido evolucionando hasta centrarse en un mundo totalmente electrónico. El colectivo de San Francisco, creado por la multinstrumentista y artista visual Hannah Lew, ya lleva unos cuantos discos puramente sintéticos a los que podríamos meter dentro de la etiqueta coldwave. Algo que, como dato curioso, empezó con ese EP de versiones de Eurythmics llamado ‘A Simple Reflection’, el cual vio la luz en 2018. Y así siguen en el último trabajo que acaban de editar.

Como muchos de los álbumes que se han publicado en este año, ‘War Garden’ también está creado durante la pandemia y en la distancia. Una vez más, el zoom, ha sido el protagonista de la grabación, y esto ha terminado influyendo en la temática y el sonido del disco. Porque ese periodo de tiempo llevó a Lew a obsesionarse con un hecho histórico como la caída del muro de Berlín, con el arte de Mike Stoltz, o con la literatura de Hakim Bey. Además, musicalmente, menciona el ‘Moon Safari’ de Air, la Yellow Magic Orchestra, y los míticos Oppenheimer Analysis. Y la verdad es que fácil ver todas esas influencias en estas canciones.

Al igual que en su anterior trabajo, la pista de baile también cuenta con algo de protagonismo en este álbum. Además, nada más empezar, porque lo hacen a lo grande con “Mandelbrot Fall”, todo un pepinazo de synth-pop acelerado al que es imposible resistirse -ha sido una de mis canciones de este verano-. Algo a lo que vuelven en cortes tan notables como “Weeds”, donde las guitarras cogen fuerza, y en “Arms Reach”, que cuenta con unas cajas de ritmos de lo más potentes. Además de en un tema un tanto más minimalista como “New World”, que la verdad es que es una maravilla.

También cuentan con temas notables dentro de su mundo más reposado e introspectivo. Es el caso de ese baladón sintético llamado “See You Again”, o de la ensoñadora “Leaves and Branches”. Una canción en la que, por cierto, casi parecen unos Cocteau Twins pasados por un filtro electrónico. Y ojo, que cuando se van a un electro melancólico y frío, nos dejan la estupenda “Year Without A Shadow”, toda una joya que no desentonaría en un disco de Robyn.

7,8

Saint Etienne – I’ve Been Trying To Tell You

El otro día un amigo me puso un Whatsapp en el que decía “se confirma: lo mejor del nuevo disco de Saint Etienne es la portada”. Y tengo que reconocer que, tras un par de escuchas, yo pensaba más o menos como él, pero eso ha ido cambiado a lo largo del fin de semana. Reconozco que no es un disco fácil y que no cuenta con ninguno de esos hits marca de la casa, pero si es un trabajo de lo más coherente. De hecho, es un álbum que no se entiende diseccionado por canciones, hay que tragárselo del tirón.

Según la propia banda, ‘I’ve Been Trying To Tell You’, es “un álbum conceptual sobre el optimismo, la nostalgia, y el final de los noventa”. Un trabajo en el que tratan de recrear parte de los sonidos de esa época en la que todavía internet era algo para unos pocos, y en la que se supone que había una pequeña estabilidad en el mundo. Algo que, como bien se ha demostrado después, era una falsa sensación. Además, para componerlo, han trabajado de una forma diferente, ya que, por la pandemia, cada uno de los tres miembros han grabado su parte en sus respectivas casas.

La gran baza del décimo trabajo de la banda británica es el uso de samplers. Algo que siempre ha sido una constante en su carrera, pero que aquí llega a un nivel superior. Así, entre ritmos que van del trip-hop a un house ralentizado, van metiendo todo tipo de piezas de otros y logrando que las canciones se construyan casi por sí solas. Ahí está “Pond House”, el que fue el single principal, y en el que, gracias a una canción de 2001 de Natalie Imbruglia, se hacen con un repetitivo estribillo. O “Penlop”, donde ralentizan el ritmo del “Joy” de The Lightning Seeds, y se hacen con una preciosa canción.

Estamos ante un trabajo mayormente instrumental, por lo que no escuchamos mucho la voz de Sarah Cracknell. Pero no pasa nada, se las apañan para crear momentos realmente bellos con su batiburrillo de samplers. Como “Music Again” y su guitarra folkie, la cual han cogido prestada de un tema de Honeyz, uno de esos grupos de R&B femenino que tanto triunfaban en los noventa. O “Little K” y “Blue Kite”, dos temas de claro corte ambiental, que resultan hasta emocionantes. Sobre todo, el segundo, que cuenta con un crescendo electrónico en su parte final. Pero ojo, que también saben ponerse oscuros. Ya sabéis, los noventa fueron los años del trip-hop, y ellos han decidido meterse en ese terreno en “Fonteyn”. Pero eso sí, en lugar de samplear a los tótems del género, han cogido una base de Lighthouse Family, y la han ralentizado y distorsionado.

Quizá no es el disco pop que podríamos esperar de una banda como Saint Etienne, pero ‘I’ve Been Trying To Tell You’ es un bonito trabajo en el que el grupo británico tira de nostalgia y construye una colección de canciones que te atrapan por su belleza.

7,7

Fair Visions – Modern Kids

Hace más o menos un año, comentaba por aquí lo mucho que me había gustado el EP de debut de Fair Visions, una banda de Nueva York que Nation of Language no paraban de recomendar. Aunque bueno, en realidad se podría decir que es el proyecto de Ryan Work, un chico de Tennessee que se mudó a la ciudad de los rascacielos en el momento justo. Y digo esto, porque por allí están viviendo una especia de eclosión del synth-pop y de los sonidos más ochenteros. Algo de lo que Work sabe mucho. Y como muestra tenemos su segundo EP.

Modern Kids’ es algo así como el contrapunto oscuro a su primer EP. Porque hay que decir que, a pesar de que se mueve en territorios electrónicos, en sus canciones también tienen bastante importancia las guitarras. Algo que le lleva a meterse en sonidos más post-punk. Solo hay que escuchar temas como “Channel´” y “New Values”, en los que estas dos facetas se unen a la perfección. Además, de formas diferentes, porque en la primera está mucho más tranquilo y algo escurridizo. Sin embargo, en la segunda, se saca de la manga el hit perfecto para la discoteca más oscura.

Tengo que reconocer que lo que más me gusta es su lado synth-pop. Creo que se le da muy bien meterse en ese tipo de sonidos y dar más protagonismo a los sintetizadores. Un buen ejemplo de esto es “Modern Kids”, el tema titular. Aquí son los teclados los que acompañan un estribillo de lo más pegadizo y un ritmo de lo más bailable. Y claro, acierta de pleno. Algo que también se puede decir de “The Soft Machine”, el tema más bailable del disco, pero también uno de los más oscuros. Además de todo un himno con sabor a los ochenta. Y, para terminar, “Threads”, todo un baladón sintético en el que se mete de lleno en mundos más new-wave.

No cabe duda de que, junto con Nation Of Language, o Korine, Fair Visions son uno de los proyectos más interesantes del nuevo synth-pop norteamericano. Y este EP es una buena prueba de ello.

7,7

Chvrches – Screen Violence

Más allá del acercamiento al pop mainstream más impersonal, lo que realmente lastraba el anterior trabajo de Chvrches, era la  poca chicha que tenían muchas de sus canciones. Todas sonaban prácticamente igual, y día de hoy, yo, por lo menos, me acuerdo de dos o tres. Lo bueno es que han aprendido de sus errores, y en su cuarto trabajo no abandonan ese pop, pero experimentan bastante más con otro tipo de sonidos. De hecho, la guitarra, se ha convertido en un instrumento casi imprescindible, y eso les lleva a sonar bastante menos pomposos que en su tercer álbum. 

Screen Violence’ es un trabajo en el que los miembros del grupo vuelven a estar a los mandos de la producción. Todo un acierto, porque no les sienta nada bien ponerse en manos de otros. Además, que era bastante difícil, ya que, prácticamente, ha sido concebido durante la pandemia. Lo que les ha llevado a encontrar el nexo común del álbum, que no es otro que la “violencia en las pantallas, por las pantallas y a través de las pantallas”. A lo que añaden el feminismo, tan presente en todos sus álbumes, y su afición por el cine de terror. 

Estamos ante un trabajo que contiene alguna de las mejores canciones de la banda. Empezando por ese “How Not To Drown” junto a Robert Smith. Todo un himno de post-punk electrónico que les acerca a los mejores The Cure. Y no porque esté su líder metido en el ajo, sino porque han logrado dar con esa atmósfera tan característica de la mítica banda británica. Pero también están de lo más acertados cuando vuelven al sonido de sus comienzos. Es el caso de “Asking For A Friend”, donde los sintetizadores luminosos y épicos toman el protagonismo. Además de esos dos himnos feministas llamados “He Said She Said” y “Good Girls”, que nos enseñan lo mejor de su faceta más pop. Y atención a la luminosa “California”, toda una carta de amor, algo envenenada, que Lauren Mayberry dedica a su lugar de residencia. 

El disco contiene tres canciones que sorprenden por su sonido, el cual se aleja de lo que suele hacer la banda habitualmente. La primera es “Violent Delights”, un tema en el que se van a los noventa y al lado más dance de esta década. Más que nada, porque está coronada por un ritmo absolutamente breakbeat. Además de por una guitarra un tanto sucia. Y si hablamos de guitarras, hay que mencionar “Nightmares”, la que probablemente es la canción más rock de su carrera. Y ojo, que funciona, porque su estribillo, en el que funden esa nueva faceta metalera con un sintetizador de lo más épico, no puede resultar más emocionante. Y como última sorpresa, nos encontramos con “Better If You Don’t”, el tema que cierra el álbum. En él, se despojan de toda épica y nos entregan una bella canción menos sintética que de costumbre. Algo que les sienta muy bien. 

Con ‘Screen Violence’, Chvrches se recuperan bastante bien del pequeño bajón que supuso su tercer trabajo, y nos entregan un cuarto disco en el que hay muy pocas fisuras. 

8