Braids – Shadow Offering

Poco a poco, y con cada nuevo disco que han ido sacando, los canadienses Braids han ido adaptando su música a un pop más convencional. Sus comienzos, en los que experimentaban un poco con la electrónica, ya quedan lejos. Y eso es lo primero que notamos al darle una escucha a este ‘Shadow Offering’. Su primer trabajo en cinco años es mucho menos sintético de lo habitual, y la instrumentación más clásica toma mucho más protagonismo. No obstante, está producido por Chris Walla, el ex guitarrista de Death Cab For Cutie.

Según la propia banda, el disco está inspirado en un eclipse solar, y parece que eso ha hecho que estemos ante el disco más sofisticado y claro de su carrera. Un trabajo en el que la voz de Raphaelle Standell-Preston, que no puede estar más en primer plano, es la gran protagonista. Un disco que también tiene un poso orquestal y que, por momentos, me ha recordado a Kate Bush. Principalmente por la voz de ella, que suena teatral y, en algunos casos, algo excesiva. Eso sí, para bien, porque le pega bastante a su música esa exageración.

La intensidad que asoma en casi todo el álbum se puede ver desde el principio con “Here 4 U”. Es un tema en el que está clara esa influencia de Kate Bush que mencionaba más arriba, y que cada vez es más común en los grupos actuales. Algo que también se aprecia en la estupenda “Eclipse (Ashley)”, o en la épica “Upheaval II”. Pero ojo, que no han perdido del todo su lado sintético, pero sí lo han adaptado a este pop que practican ahora. Ahí está la notable “Young Back”, con la que incluso nos podemos echar unos bailes, o la algo excesiva “Fear of Men”. Pero si hay un tema que sobresale dentro de esta faceta más electrónica, y de prácticamente todo el álbum, es “Snow Angel”. Estamos ante un corte de nueve minutos en la que dejan que sea un ritmo totalmente motorik el que lleve el peso. Además, cuenta con un arrebato ecologista de la propia Standell-Preston, el cual, por cierto, me ha recordado un poco a la Patti Smith reivindicativa de los setenta; esa que casi recitaba en lugar de cantar.

Quizá les falta perfeccionar un poco este nuevo sonido, que a veces resulta un poco frío, pero la verdad es que el disco es bastante disfrutable y tiene unos cuantos temas notables.

7,4

Emmett Kai – Freak Pop Novelty

Está claro que, con la cantidad de bandas y artistas de bedroom-pop que salen en estos días, es imposible que todos tengan sus buenas dosis de repercusión. Pero eso no significa que sean peores que otros que sí la tienen. Un buen ejemplo es el de Emmett Kai, un chico de Brooklyn del que ya os hablé por aquí hace un año. Kai tiene talento de sobra para dar con la canción de dream-pop perfecta, y para que las guitarras se fusionen a la perfección con los sintetizadores. Sí, es cierto que se deja llevar por los ochenta, pero su eclecticismo, hace que sus discos resulten de lo más entretenidos.

Freak Pop Novelty’ es un mini-álbum de siete canciones en las que el norteamericano juega con diferentes formas de hacer pop. Y todas ellas se le dan bien. En sus 28 minutos, nos encontramos con estupendos temas de dream-pop melancólico y sintético, como es el caso de “Fist Fight” y “Super Tangerine”, que son estupendos. Pero también sabe endurecer un poco su sonido y acercarse al shoegaze. Ahí están “Marigold” y “Tiger Balm”, que dejarían sonrojado a más de uno de los tótems del género.

Los comienzos de Emmett Kai se centraron bastante en el pop de los ochenta. De hecho, contaba con alguna canción que casi parecía salida de un disco de Prince –“Jennifer Aniston” es un baladón de lo más meloso-. Y, de alguna forma, también vuelve a eso en parte de este trabajo. Lo hace en la bonita “Stick to My Guns”, donde las cajas de ritmos y los sintetizadores se convierten en los protagonistas. Algo parecido a lo que ocurre con “Remember My Name”, la cual, directamente, se mete de lleno en el pop más mainstream de aquellos años. Pero lo mejor de esta faceta llega con “High for Weeks”, en la que fusiona todo ese mundo sintético con alguna guitarra y con un ritmo de lo más contagioso.

Ya dije con su primer álbum que había que seguirle la pista, y lo sigo manteniendo con este nuevo trabajo.

7,6

Simona Castricum – Panic/Desire

Simona Castricum es una artista australiana que lleva casi dos décadas publicando discos bajo diversos nombres (FluorescentSimona Kapitolina y Simona), y siendo una de las DJs más reconocidas de Melbourne. Además de llevar su condición de transgénero al mundo de la arquitectura, llegando a presentar una práctica para el doctorado que trataba de cómo las experiencias e identidades no conformes con el género, transgénero y queer existen en el espacio arquitectónico y en las prácticas de diseño profesional. Un tema que, como no podía ser de otra manera, está muy presente en su música y en su nuevo trabajo, del cual, ella misma ha dicho que es “la banda sonora de mis experiencias en la ciudad como una persona inconforme con el género”.

Musicalmente, Simona, siempre ha reconocido que sus influencias van de desde los clásicos del synth-pop, como New Order, Depeche Mode o Visage, pasando por algunos tótems del shoegaze, como My Bloody Valentine o Curve, y terminando en el techno de Detroit y en el EDM belga. Algo que se puede apreciar en este “Panic/Desire”. Estamos ante un disco completamente sintético, en el que, de vez en cuando, se asoman una batería real y una guitarra. Pero la australiana ha sabido llevar la oscuridad propia del shoegaze y la frialdad del techno a su propuesta más pop. Y ese es su gran logro.

Si es cierto que hay un tema que destaca sobre el resto, y ese ‘The Half Light’, que es todo un himno de synth-pop luminoso y emocionante. Una canción que trata sobre lo que es ser una madre transgénero y la visión que tienen en las calles de eso. De hecho, el chaval que sale en el vídeo es su hijo. La lástima es que no tire más por este camino tan luminoso, porque se le da muy bien. Aun así, sabe cómo hacer buen pop electrónico y lo demuestra en la retro ‘Supertouch’, donde colabora la cantante m8riarchy, o en ‘The Good In You’, en la que aparece la influencia de Dead Or Alive.

Si nos vamos al lado más oscuro de su música, nos encontramos con temas como ‘Let Myself Be’ o ‘Borderline Spaces’, que pueden entrar dentro de eso que ahora llaman darkwave. Pero ya os he dicho que había alguna una guitarra por ahí. Y donde resulta más evidente es en ‘Monolith’, toda una joya de la oscuridad en la que fusiona su mundo sintético con un lado más rock. Y ojo, porque en ‘The Present’ se saca de la manga una actitud de lo más punk. Aunque eso sí, desde el lado de la electrónica.

7,5

Joy Downer – Paper Moon

No, no estamos ante un disco perdido de Bowie, aunque por la portada lo parezca. Estamos ante el álbum de debut de Joy Downer, que no es una solista, sino un dúo formado por Jeffrey y Joy Downer, un matrimonio de Los Angeles que está empezando a dar mucho que hablar. Sobre todo, porque han conseguido meter sus canciones en varios programas de televisión y en alguna serie de Netflix. Pero eso es secundario, porque lo importante es que practican un pop electrónico de lo más interesante y que han conseguido dar con una colección de canciones notable.

Paper Moon” es un disco compuesto y grabado íntegramente en su casa de Los Angeles. Lo que no quita que su pop electrónico suene reluciente y de lo más vibrante. Aunque según la propia Joy Downer, ellos practican algo así como un dream-pop alternativo. Algo que yo solo veo un poco en ‘The Fool’ y ‘Paper Moon’, los dos temas finales que, dicho sea de paso, no están nada mal. El resto resulta bastante más animado. Incluso cuando la electrónica no es del todo la protagonista, como es el caso de las estupendas ‘A Song You’d Never Want to Hear’, ‘Getaway Car’ y ‘Good / Bad’.

Ya sabéis que todo lo que huela a synth-pop me llama la atención y siempre le doy una oportunidad a este tipo de música. Aquí me lo han puesto muy fácil, porque los temas de este álbum que tiran hacia este sonido son lo de lo más directos. Ahí está ‘Plastic Wrap’, con ese ultra pegadizo estribillo onomatopéyico que entra a la primera -llevo una semana con el “tutututu” en la cabeza-, o la mucha más acelerada ‘Neon Turns’, con la que es fácil lanzarse a la pista de baile. Y ojo, porque también saben recurrir con talento a la tan manida influencia de New Order. Aunque solo sea en esa guitarra que sobrevuela en ‘Go’, que es una delicia de canción.

Ante todo, estamos ante un buen álbum de pop, y ante la presentación de un dúo que puede dar mucho que hablar. Habrá que seguirles la pista.

7,6

Cindy – ‘I’m Cindy’

El pop lo-fi se ha convertido en uno de los estilos musicales que más alegrías nos está dando en los últimos años. Además, lo bueno de este mundo, es que hay muchas variantes y muchos artistas que poco tienen que ver entre sí. Un buen ejemplo de esto es Cindy, una especie de proyecto imaginario creado por Kai Hugo, un artista alemán más conocido por el nombre de Palmbomen II, en el que tienen cabida un buen motón de estilos. Porque, aunque se meta su música en el carro del shoegaze y el dream-pop, aquí hay mucho más donde rascar. De hecho, solo hay que mirar la lista de Spotify que ha creado con las influencias de su álbum de debut, donde aparecen artistas tan dispares como SlowdiveF.R. DavidJason DonovanBilly Idol o Kraftwerk.

El personaje de Cindy lleva varios años en la cabeza de Hugo, que ya publicó un disco en 2017 llamado “Memories of Cindy”. Aunque esa vez lo hacía bajo el nombre de Palmbomen II. Desde entonces, se ha ido metiendo más y más en este papel, hasta ahora, que le ha dado protagonismo y está a punto de publicar “I’m Cindy”, el que podríamos calificar como su álbum de debut. Además, para darle un poco más de carisma, ha contado con la voz de la cantante Blue LoLãn, que le da bastante rollo al asunto.  

Si nos fijamos en ‘2y & 6m y ‘Never Let Me Go’’ los dos adelantos del álbum, vemos que ha querido dar prioridad a la faceta más bailable del proyecto. Porque, tanto el synth-pop en clave lo-fi del primero, como el freestyle del segundo, son perfectos para lanzarse a la pista de baile. Y ojo, que enganchan a la primera. Como también lo hacen ‘Cousin’s Birthday Party’ y ‘Justin’, que juegan con los mismos sonidos, aunque desde una perspectiva menos bailable.

Según Hugo, ha querido dar a Cindy un disco en el que su pasión por el pop de los ochenta y el mundo ensoñador se dieran la mano. Algo que resulta evidente tras una escucha de este trabajo. Más que nada, porque temas como ‘Another’, ‘New Power’ o ‘I Love You’, se meten de lleno en mundos cercanos a los de Juliee Cruise y, por extensión, a la atmosfera de Twin Peaks. Lo bueno es que también son capaces de jugar con la electrónica y llevarla a estos terrenos. Lo que hace que nos encontremos temas tan notables como ‘Boyfriend’ o ‘I Love You’, donde se acercan a John Maus o Molly Nilsson.

7,5

Jennifer Touch – Behind The Wall

Siempre me ha extrañado un poco que el techno más frío no se acercara más a menudo al pop. Supongo que porque, en un principio, son dos estilos antagónicos y tanto, por un lado, como por el otro, no están muy dispuestos a fusionarlos. Pero hay veces en las que los artistas están dispuestas a saltarse lo establecido. Una de ellas es la alemana Jennifer Touch, que acaba de publicar su primer trabajo, en el que no tiene ningún problema en darle algo de calor a la frialdad de la música electrónica.

Si vemos su biografía, podemos entender porque ha decidido fusionar estos dos mundos. Ella misma comenta que creció con los discos pop de los ochenta de la colección de sus padres. Pero también, poco a poco, y a medida que ha ido creciendo, se ha ido metiendo en la escena la música electrónica alemana. De ahí que este “Behind The Wall” tenga momentos algo más synth-pop, y momentos que están más pensados para una pista de baile más cañera. Y ojo, porque también tiene una faceta más oscura que maneja muy bien.

Como era de esperar, yo me quedo con los momentos más pop. Y es que, a ver quién se resiste a esa impresionante ‘Attic’, a la acelerada ‘Daria’, o ‘Iggy’s Sight’ en la que no se corta a la hora de robar la línea de bajo del ‘I Wanna Be Your Dog’. Y si ya nos vamos a ‘Imaginary Boys’ y ‘Chemistry’, nos encontramos con un synth-pop oscuro que es una maravilla. Porque, como ya he dicho antes, ese lado oscuro le sienta muy bien, y lo va demostrando a lo largo del álbum y en temas como ‘The Wall’ y ‘Flatlands’.

Su faceta más cañera es un poco más dura de llevar. Porque, por ejemplo, en la contundente ‘Teflon’, se olvida completamente del pop, y se deja llevar por un ritmo un tanto machacón. Sin embargo, en ‘I Love You, Let’s Go’, que puede meterse dentro de esta facera más techno, sí que se ha molestado en darle un toque más melódico. Y claro, la cosa funciona mucho mejor.

Quizá se ha equivocado metiendo tantas canciones en el disco, el cual casi dura una hora, pero sí es cierto que este debut nos vale para encontrarnos con una artista de música electrónica -con alma pop, eso sí- de lo más interesante.

7,5

Blancmange – Mindset

Poco ha cambiado en la carrera de Blancmange desde que puse por aquíWanderlust”, el estupendo álbum que editaron en 2018. Desde entonces han seguido con un ritmo de trabajo importante, llegando a publicar un disco instrumental en 2019, y haciendo una gira con un buen motón de fechas. Y, aun así, han tenido tiempo para componer las canciones que forman su nuevo álbum. Y ojo, porque Neil Arthur, que es realmente quien está llevando la banda ahora, también sacó un disco con Fader hace nada. La pena es que, a pesar de todo esto, siguen siendo esa banda que obtuvo muy buenas críticas y unos cuantos hits en los primeros ochenta. Una injusticia total, porque en esta segunda etapa de su carrera están sacando unos discos que dejan en ridículo a muchos de los últimos trabajos de alguno de los tótems del synth-pop de aquella década.  

Al igual que en su anterior trabajo, en “Mindset”, se han fijado en el lado más oscuro de su música, y han dejado de lado el pop sintético más desinhibido que les dio un par de Top 10 en los ochenta. Y hacen bien, porque no los veo intentando hacer otro ‘Living On The Ceiling’ casi 40 años después. Por cierto, que vaya temazo éste. Les viene mejor este sonido electrónico más primitivo. Incluso cuando sacan lado más pop, que no lo han perdido en ningún momento. Ahí están las estupendas ‘Mindset’, ‘Clean Your House’ y ‘Insomniacs Tonight’, que son bastante melódicas, y lo demuestran muy bien. Y si nos vamos a ‘Sleep With Mannequin’, nos encontramos con todo un hit en potencia.

Dentro de su lado más esquivo, también hay canciones que merecen mucho la pena. Una de ellas es la potente ‘Warm Reception’, en la que se sacan de la manga una caja de ritmos de lo más potente -ojo a su letra, donde son capaces de mencionar a los Carpenters y Bowie en la misma frase-. También saben lo que se hacen cuando deciden irse hacia una pista de baile un tanto minimalista en ‘Diagram’. Al igual que cuando se acercan un poco al rock en ‘Not Really (Virtual Reality)’, o tiran de una electrónica más añeja en ‘This Is Bliss’ y ‘Antisocial Media’.

Creo que Blancmange son conscientes de que, a estas alturas, no van a volver a conseguir el éxito de principio de su carrera, y por eso están haciendo lo que les da la real gana. Y ojalá que sigan así muchos años más, porque son unos grupos más solventes de la actualidad.

7,8

Nation of Language – “Introduction, Presence”

Una de las cosas que he hecho durante esta cuarentena, ha sido tragarme las cuatro temporadas de Halt And Catch Fire (tengo la intro de Trentemøller en mi cabeza todo el rato). 40 capítulos de una serie espectacular en la que la música juega un papel bastante importante. Quizá, por eso, porque buena parte de su recorrido es en los ochenta, llevo varios días escuchando sin parar “Introduction Presence”, el que es el debut de Nation of Language. Y es que, este grupo de Brooklyn, no puede tirar más del synth-pop de aquella época. Además, lo hacen de puta madre.

Según la propia banda, dos de sus máximas influencias son The National y LCD Soundsystem. Y bueno, puede que la voz de su cantante se asemeje a veces a la de Matt Berninger, y que su electrónica suene más actual en otras ocasiones, pero el fondo del asunto no puede ser más ochentero. Porque, además, no se cortan un pelo a la hora de sacar los teclados más cantosos. Ahí está esa ‘Rush & Fever’ ultra-pegadiza, que es algo así como si los Depeche Mode de 1981 hicieran una canción que el líder The National. O esa preciosidad llamada ‘On Division St’, en la que se sacan de la manga una línea de sintetizador que es una maravilla. Incluso se atreven a acercarse a los primeros Duran Duran en cortes como ‘September Again’ o ‘Indignities’. Aunque eso sí, en esta última, lo pasan por el filtro New Order.

Otra de las cosas que me gustan de este trabajo, es que también se adentran en sonidos más oscuros. Lo bueno es que lo hacen desde un mundo bastante sintético. ‘Tournament’, la canción que lo abre, es un buen ejemplo. Porque, aunque sea una pieza bailable, es un baile un tanto triste. Y luego tenemos cosas como ‘Friend Machine’ y ‘Sacred Tongue’, donde se dejan llevar por una electrónica más primitiva, o ‘The Wall & I’, que es el clásico corte New Order. Aunque lo mejor de este lado más oscuro, y casi de todo el disco, llega con ‘Automobile’, que es una de esas canciones que huelen a himno desde la primera escucha.

Nation of Language han debido pensar que, si hay que hacer synth-pop, se hace con ganas y sin esconder sus intenciones. Quizá, por eso, les ha salido uno de los grandes discos estos últimos meses.

8

Sparks – A Steady Drip, Drip, Drip

Hay grupos que no hace falta que cambien. Incluso aunque lleven casi 50 años en el mundo de la música, como es el caso de Sparks. El excéntrico dúo formado por los hermanos Mael es pura historia del pop y, aunque es cierto que, tienden a repetirse un poco, sus canciones siguen consiguiendo su propósito. O por lo menos a mí me siguen funcionando, porque durante estos últimos días, al escuchar su nuevo trabajo, más de una vez se me han ido las manos para dar unas palmas, o los pies para echarme unos bailes. Y eso en tiempos de confinamiento viene muy bien. 

A Steady Drip, Drip, Drip” es su trabajo número 24, y en él siguen con esa mezcla de teatralidad, glam-rock, synth-pop, y mil cosas más. Y, como siempre, en medio de esa locura, son capaces de sacarse varios hits de debajo de la manga. Empezando por esa ‘All That’ tan coreable que lo abre, donde muestran su lado menos excéntrico. O yéndose al lado más surrealista de su música, como es el caso de ‘I’m Toast’, ’Stravinsky’s Only Hit’ o ‘iPhone’ que nos recuerdan lo divertidos que pueden llegar a ser. 

Estamos ante otro trabajo de lo más ecléctico, y la verdad es que no creo que se pueda mirar como un álbum normal. En estos últimos años, su incursión en el mundo de los musicales, les ha servido de influencia para crear nuevas canciones. De hecho, reconocen que es su mayor inspiración. De ahí que sus discos tengan ese toque tan teatral. Pero lo bueno de Sparks, es que, detrás de eso, siempre aparece su alma pop. Y la mezcla resulta de lo más emocionante. Solo hay que escuchar joyas como ‘Lawnmower’, ‘Pacific Standar Time’, o ‘Left Out in The Cold’. Además de hits tan claros como ‘Sainthood Is Not Your Future’ y ‘Self-Effacing’, que son de lo más vibrantes. Pero es que, incluso, también saben cuando rebajar el nivel de estridencia, y entregarnos una canción de pop más o menos convencional, como es ‘One For The Ages’, o terminar el disco con ‘Please Don’t Fuck Up My World’, que casi podría ser su canción navideña. 

Sin duda alguna, el mundo es mucho mejor con un disco de Sparks bajo el brazo. 

7,7

Perfume Genius – Set My Heart On Fire Immediately

No cabe duda de que Mike Hadreas, alias Perfume Genius, es uno de los artistas con más talento de la actualidad. Desde que editó su primer álbum, hace ya una década, el de Iowa no ha parado de crecer musicalmente y de sacar su personalidad a la luz. Porque, en cada disco, Hadreas, se desnuda un poco más. Y no lo digo por la portada de este trabajo que hoy nos ocupa, sino porque, cada vez, se le ve más cómodo contando historias personales que se terminan convirtiendo en canciones absolutamente bellas. Algo a lo que vuelve en este quinto álbum, el cual, según unos cuantos medios, ya es el mejor de su carrera. 

“Set My Heart on Fire Immediately” es un trabajo muy diferente al anterior, el estupendo “No Shape”. Algo que no debería sorprendernos mucho, porque Hadreas siempre explora nuevos caminos cada vez que se mete en el estudio. Se podría decir que es un disco menos eufórico y explosivo, ya que, aunque los instrumentos de cuerda están presentes, los utiliza con menos efusividad. Además, aunque la producción también pertenece a Blake Mills, suena mucho más oscuro y sucio que su predecesor. Y otro dato importante, es la pasión por la danza que ha cultivado en los últimos años, llevándole incluso a crear la música para un ballet. Eso se nota en varios cortes del álbum, como ‘Leave’ o ‘Moonbed’, que se desarrollan como si de ese ballet se tratase. Quizá, por eso, también es un álbum más introspectivo.

El quinto álbum de Perfume Genius se abre con ‘Whole Life’, una balada de lo más clásica, y pesimista, que va subiendo de intensidad a medida que van pasando los minutos. Una delicia cercana al rock de los cincuenta y sesenta, que nada tiene que ver con ‘Describe’, el tema que viene a continuación. Y es que, Hadreas, pasa de la delicadeza, a la suciedad y la crudeza, en menos de lo que canta un gallo. Porque, este tema, el cual sirvió de primer single, es un corte pesado, en el que las guitarras suenan como si estuvieran rotas, pero que, curiosamente, tiene un estribillo deliciosamente pop. Otra joya para su colección. Esa suciedad también le sirve para crear ‘Nothing At All’, un corte con un bajo vibrante, y una distorsión en su voz, que resulta de lo más emocionante. O para romper en dos una canción como ‘Some Dream’ y dejarnos uno de los momentos más impresionantes del álbum. 

Aunque estemos ante un trabajo un poco más difícil que el anterior, lo cierto, es que cuenta con una buena cantidad de canciones que podrían single perfectamente. Empezando por ‘On The Floor’, esa delicia de aires synth-pop con la se mete de lleno en los ochenta. De hecho, recuerdo que en la nota de prensa mencionaban a Cyndi Lauper. Pero no se queda ahí. Otro de los grandes momentos del disco es ‘Without You’, el que se podría decir que es el tema más bonito de su carrera. Y luego tenemos esa ‘Your Body Changes Everything’, tan efusiva y sintética. Pero es que, incluso la delicada ‘Jason’, en la que nos cuenta una relación real que tuvo con un tío hetero, funciona muy bien sin ser una canción muy sencilla. 

Si tenemos que ponerle una pega a este trabajo, es que, quizá, ha metido un par de cortes de más. Esos temas más instruméntales y etéreos, alargan un poco innecesariamente el disco, pero bueno, es una pega pequeña.

8,2