Red Sleeping Beauty – Stockholm

red sleeping beauty

Estaba totalmente convencido de que había puesto por aquí “Kristina”, el regreso de Red Sleeping Beauty, ya que escuché esa curiosa ‘Mi Amor’ una buena cantidad de veces en 2016, pero no. Bueno, no pasa nada, porque tienen nuevo trabajo, y este no se me escapa. Y es que, esta banda sueca, que empezó a principio de los noventa y lo dejó en el 2000, se convirtió en todo un grupo de culto entre los seguidores del indie-pop. Su perdida fue triste, pero nos trajo otras grandes bandas, ya que algunos de sus miembros formaron Acid House Kings y Shermans. Pero ahora hay que fijarse otra vez en ellos, porque, desde su reunión, no han parado de sacar singles, Eps, y álbumes.

Stockholm” es otra muestra de lo podríamos llamar “pop electrónico sueco”. Diez canciones que recuerdan a Pet Shop Boys, OMD o The Human League, donde las melodías luminosas de teclado y los estribillos pegadizos están a la orden del día. Y es que, no hay nada que se les dé mejor a los suecos que hacer una buena canción de pop. Ahí tenemos ‘We Are Magic’, el tema que abre el álbum, y todo un himno synth-pop de lo más animado. Una animación que también aparece en cortes como ‘Top Love’, que es una auténtica delicia con un estribillo irresistible. Además de un teclado que parece sacado de una canción de Yazoo. Y también tenemos ‘The Swedish Winter’, que es una de esas odas que hacen los suecos al verano.

Su faceta más minimalista, y menos efusiva, también nos deja cortes sobresalientes. Es el caso la melancólica ‘Always on Your Side’, que no puede ser más ochentera, o de la preciosa y minimalista ‘New York City Girls’. Y ojo, porque, tras más de 25 años de carrera, han decidido hacer una versión del tema de McCarthy con el que bautizaron la banda. El cambio es de lo más interesante, porque del muro de guitarras con el que cuenta la versión original, pasamos a una delicada canción apoyado en unos teclados épicos y la voz susurrante de Kristina Borg. Pero todavía hay más, porque acaban el disco con ‘Don’t Cry For Me, California’, en la que no pierden la oportunidad de hacer otro estupendo himno de synth-pop.

Suecos haciendo pop electrónico: no hace falta decir más.

7,9

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Lust For Youth – Lust For Youth

lust for youth

Ya tenía yo ganas de hincarle el diente al nuevo trabajo de Lust For Youth. El dúo danés, formado por Hannes Norrvide y Malthe Fischer, se ha convertido en uno de los valores seguros del nuevo synth-pop. Sobre todo desde que, en sus últimos trabajos, se quitaran de encima buena parte del sonido lo-fi de sus comienzos. Ahora suenan mucho más luminosos y accesibles, y eso siempre es un hándicap cuando hablamos de pop electrónico. Y es que, este tipo de música funciona mucho mejor cuando es más hedonista y directa.

Su sexto, y homónimo nuevo trabajo, también es el más comercial de su carrera. Están más bailongos que nunca, e incluso, mencionan influencias del eurodance de los noventa. Una evolución lógica, porque, tras desgranar buena parte de los sonidos que llevaron a New Order a Ibiza en el “Technique”, ahora toca pasar a la siguiente década. Y han hecho bien, ya que los seis minutos de ‘Insignificant’ (ojo a su distorsión guitarrera final), son maravillosos. Y su salto a la pista de baile más noventera en ‘Adrift’ no puede sonar mejor. Además de ese estupendo single de sonido metálico llamado ‘By No Means’, que es todo un pepinazo.

No todo se centra en la pista de baile más desenfrenada, también tienen tiempo para crear ese tipo de canción sintética y melancólica que tan buenos resultados les ha dado en el pasado. Es el caso de ‘New Balance Point’ o ‘Great Concerns’, dos de los singles previos, y dos de las mejores canciones de su carrera. Pero también lo es de ‘Venus de Milo’, en la que se ponen un poco más oscuros, y se acercan más de Depeche Mode. Donde no terminan de acertar del todo es en las baladas, que son un tanto sosas. ‘Fifth Terrace’ puede tener su punto, pero les ha quedado un tanto blanda. Aunque sí es cierto que mejora un poco al final. Y la que no funciona de ninguna manera es ‘Imola’, en la que una voz femenina se hace un spoken-word en nada más y nada menos que rumano. De hecho, por lo que he podido traducir, todo parece indicar que va sobre la muerte de Ayrton Senna, porque, además, han sacado una camiseta inspirada en la trágica muerte del piloto de Fórmula Uno.

Lust For Youth están más luminosos y bailongos que nunca, y la verdad es que les sienta muy bien.

7,8

Operators – Radiant Dawn

operators

No tenía ni idea de que Operators era el nuevo grupo de Dan Boeckner miembro de Wolf Parade, Divine Fits, y los difuntos Handsome Furs. De hecho, es una continuación de estos últimos, ya que está formado por él mismo, su mujer, y otro miembro más. Además, siguen por el mismo camino, y lo que encontramos aquí es ese synth-pop algo oscuro y con tintes rockeros con el que nos conquistó al principio de esta década. Así que, para mí, es toda una alegría, porque me encantaban sus discos, y me chifla lo bien que se adapta su voz a estos sonidos sintéticos.

Radiant Dawn” es su segundo trabajo (en algún momento dado tengo que revisar el primero), y en él nos encontramos con una especie de distopía que tiene como punto de partida la década de los setenta. Además, es un disco que tiene como principal influencia Europa del Este y la música que tanto se escucha por allí. De ahí que nos encontremos con un synth-pop frío que puede tener como base a los Depeche Mode de mediados de los ochenta. Aunque, eso sí, con la emoción que le da la voz de Boeckner, que es algo así como un rayo de luz que aparece en un día nublado.

El trío canadiense se ha apuntado a la moda de los interludios, por lo que, aunque tenga 14 cortes, en realidad son solo nueve. Los interludios están para unir un poco la historia que quieren contar. Y eso está bien, porque esos nueve cortes funcionan de maravilla. Sobre todo cuando le pone un poco más de emoción al asunto, como en el caso de ‘Days’ y ‘I Feel Emotion’, los dos temas que abren el álbum. En ellos, se dejan llevar, y consiguen romper la frialdad con unos estribillos de lo más luminosos. Algo que también ocurre en ‘In Moderan’, que es mucho más pop, y todo un temazo. Pero, quizá, lo mejor, llega con ‘Faithless’, que es un tanto más dance, y con ‘Strange’, donde recuerdan bastante a los Chvrches más oscuros.

En este segundo trabajo también hay temas que se salen un poco del guion. Es el caso de ‘Terminal Beach’, que es un tanto más synth-pop a la antigua y podría pasar por una canción de los ochenta. O de ‘Despair’, donde les entra una rabia de lo más punk. Aunque, en este caso, me quedo con ‘Come And See’, la que es la balada del disco, la cual no puede ser más bonita (casi parece una canción de Ultravox). Eso sí, para terminar, prefieren volver al pop electrónico y emocionante en la estupenda ‘Low Life’.

No solo es una alegría ver que Dan Boeckner ha recuperado su pasión por el synth-pop, también comprobar que no ha perdido el talento para crear grandes canciones de este palo.

7,9

The Ballet – Matchy Matchy

The BAllet

The Ballet han tardado seis años en publicar la continuación de I Blame Society”, uno de los mejores discos de pop de esta década. El dúo neoyorquino (la chica española que tenían como batería ya no está en la banda) se lo ha tomado con mucha calma. La cual, supongo, estará relacionada con el hecho de tener que vivir una vida normal y tener que pagar las facturas. Y es que, es una pena que no tengan más éxito, porque cuentan con un talento increíble para hacer grandes canciones de pop. Su nuevo trabajo es otra buena prueba de ello.

Greg Goldberg y Craig Willse nunca han tenido problema en hacer letras abiertamente gays, en las cuales, hablan sin tapujos del mundo que les rodea. Su quinto trabajo está lleno de referencias a la cultura queer de su país, y a la del mundo en general. Así que, por aquí, nos encontramos con temas que hablan de ligar en Apps, de roles sexuales, o de las inseguridades al salir del armario. Todo ello regado de buenas melodías, buenos estribillos, y sonidos sintéticos. De ahí que siempre se diga de ellos que son una especie de The Hidden Cameras que se fusionan con los Magnetic Fields más synth-pop.

Poco ha cambiado en la música de The Ballet en todos estos años. Quizá, están un poco más electrónicos y algo menos guitarreros. Aunque, eso sí, se resarcen bien en ‘You’re Mine’, el sucio, y estupendo, tema que cierra el disco. El resto del álbum está lleno de pequeños himnos de pop, en los que las guitarras limpias se fusionan con las cajas de ritmos y algún xilófono que otro. Es el caso de ‘Looking’ o ‘First in a Gay Bar’, que son brillantes. Pero lo mejor de su faceta más electrónica, aparece en ‘20’, toda una joya pop, por la que muchos grupos consolidados del género, matarían. Al igual que otros muchos grupos también matarían por canciones como ‘Jersey’, ‘But I’m a Top’, ‘Love Letter’ o ‘Cry Baby’, que entran dentro de lado más indie-pop, y son maravillosas. Y es que, todo les sale bien. Incluso cuando se van un poco por las ramas, como es el caso de ‘I’ve Been Wondering’, en la que meten un sampler de Deee-Lite, o en ‘Your Boyfriend’ y ‘Am I Dreaming’, que son dos baladas de lo más bonitas.

The Ballet son una de las mejores bandas de la actualidad, de eso no tengo duda. Ahora solo falta que sean un poco más prolíficos a la hora de editar nuevo material.

8,2

Patience – Dizzy Spells

Patience

Con tan solo dos discos, Veronica Falls se ganaron el corazón de muchos seguidores del indie-pop más guitarrero, y se convirtieron en la mejor respuesta europea a unos cuantos grupos norteamericanos que estaban triunfando con ese sonido tan del viejo continente. Pero, un buen día, desaparecieron del mapa y nunca más se supo de ellos como banda. Sus miembros empezaron a centrarse en sus carreras en solitario y se dio por entendido que se habían separado. Además, tristemente, Patrick Doyle, el que fuera se batería, falleció el año pasado. Así que ahora solo nos queda Roxanne Clifford, ya que Ultimate Painting, otro de los proyectos de uno de sus componentes, se han separado hace nada.

Hace un tiempo que Clifford se mudó a Los Angeles y cambió totalmente de rumbo. Un viejo sintetizador Korg, y una caja de ritmos Roland, despertaron en ella su pasión por el synth-pop de corte ochentero, y la llevaron a montar Patience. Pero, según comenta ella misma, no fue un camino de rosas, le costó aprender a programar estos instrumentos y componer con ellos. Por eso han pasado tres años desde que editó su single de debut, hasta ahora, que publica su primer trabajo completo. De hecho, comenta que sigue aprendiendo, y que ha tenido la suerte tener muchos amigos músicos que la han ayudado. Entre ellos Marion Herbain, su compañera en Veronica Falls, que hace los coros en ocho temas del disco.

No hace falta que comente el talento que tiene Clifford para crear canciones de lo más pegadizas, porque es algo que ya comprobamos todos con su anterior banda. Pero sí que hay que comentar lo bien que se adaptan esos estribillos y esas melodías al pop sintético. De hecho, este “Dizzy Spells” casi parece un disco de grandes éxitos. Ya no solo porque ha metido ‘The Church’, ‘The Pressure’ y ‘White of an Eye’, los tres singles brillantes que ha publicado en estos últimos años, también porque los nuevos temas están a la altura. Empezando por esa juguetona ‘The Girls Are Chewing Gum’, donde mete unas campanas irresistibles; continuando con las melancólicas ‘Living Things Don’t Last’ y ‘No Roses’, y terminando con temas más tranquilos, pero igual de brillantes, como ‘Aerosol’ o ‘Moral Damage’. Eso sí, cuando se pasa de tranquilidad, como en el caso de ‘Silent House’, no consigue tan buenos resultados.

Puede que no sea muy original recurrir al synth-pop para dar un nuevo rumbo a tu carrera, pero, en el caso de Roxanne Clifford, está justificado, porque se le da bastante bien. Además, se preocupa de que no todo sea un sintetizador y una caja de ritmos, por aquí hay guitarras y unos cuantos ingredientes más que hacen que su pop electrónico sea un tanto especial.

7,9

The Chemical Brothers – No Geography

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Supongo que, a casi todos los que estamos en los cuarenta, o un poco más allá, nos han gustado The Chemical Brothers en algún momento. Yo, personalmente, flipé con sus tres primeros discos, y disfruté al máximo de sus conciertos en la segunda mitad de los noventa. Luego ya los dejé un poco de lado, a pesar de que no han dejado de sacar discos y canciones notables en todos estos años. Eso sí, creo que nadie se imaginaba que en 2019 iban a sacar unos de los trabajos más importantes de su carrera.

No Geography” es auténtica bomba de relojería, en la que el dúo de Manchester va intercalando una multitud de estilos durante poco más de 45 minutos. Canciones que se van hacia el trance, el disco, el funk, el soul, el synth-pop o el acid. Todo fusionado con un talento impresionante y dejando su personalidad intacta. Además, es un trabajo de lo más entretenido, en el que Tom Rowlands y Ed Simons van soltando temas como si de un directo suyo se tratara. De hecho, se podría decir que es su álbum más personal en años, ya que aquí no hay grandes estrellas que les ayuden con las canciones, y tan solo encontramos la colaboración de la cantante noruega AURORA y la de Stephanie Dosen (Snowbird).

The Chemical Brothers van al grano nada más empezar, con ese dúo formado por ‘Eve Of Destruction’ y ‘Bango’, dos temas de lo más bailables, que prácticamente se convierten en un uno. Aquí ya podemos ver cómo van fusionando estilos con una habilidad pasmosa, tanto, que parece un collage perfectamente engrasado. Por cierto, que me encanta que se hayan decantado por esos teclados tan Inner City en la primera. Éstas no son las dos únicas canciones que están concebidas como si de un concierto se tratara. El combo ‘Free Yourself’ y ‘MAH’ también funciona así, aunque sí es cierto que están más definidas como canciones. De hecho, son dos los mejores singles que han sacado en los últimos años. Y eso que la segunda, con ese sampler de El Coco y su canción ‘I’m Mad as Hell’, es un tanto mal rollera.

El noveno trabajo de los de Manchester es de lo más ecléctico, y nos presenta a unos The Chemical Brothers más abiertos a otros sonidos. Ahí está el tema titular, donde no tienen ningún reparo en ponerse un tanto más melancólicos, y acercarse a sonidos más propios de los ochenta. Quizá, sea la mejor canción del disco, y una de las mejores de su carrera. Y es que, a ver quién se resiste a ese precioso teclado y al sampler del poeta Michael Browstein, que le viene como anillo al dedo. Pero, como son un culo inquieto, y a lo largo de todos estos años han demostrado que lo de quedarse estancados no es lo suyo, cambian totalmente de tercio inmediatamente después. ‘Go To Keep On’ es todo un himno disco, mucho menos evidente que lo que hicieron Daft Punk en su último trabajo, en el que están de lo más acertados metiendo unas campanas. Además de crear un estribillo redondo con el sampler del ‘Dance With Me’ de Peter Brown.

A pesar de ser una banda dance, The Chemical Brothers siempre han sabido como desacelerar su música, y hacer lo que podríamos llamar una balada (¿os acordáis de lo buena que era esa ‘Wide Open’ que cerraba su anterior trabajo?). Aquí se podría decir que hay dos. La primera es ‘The Universe Sent Me’, un corte en clave synth-pop que va subiendo de intensidad, y que tiene como protagonista a AURORA. La segunda es ‘Catch Me I’m Falling’, la emocionante canción que cierra el álbum. Esta vez es la cantante Stephanie Dosen la que pone la voz y la letra, la cual se fusiona de maravilla con un manifiesto en contra de la guerra de Vietnam. Y es que, ese tanque que aparece en la portada apuntando a nubes rosas, no es casual.

Creo que no sería descabellado decir que The Chemical Brothers han sacado su mejor trabajo desde aquél “Surrender” de 1999. Así que, veinte años después, aquí estamos, disfrutando de lo lindo de nuevo con los hermanos químicos.

8

TR/ST – The Destroyer 1

trst

Últimamente está muy de moda lo de dividir los discos largos en dos partes. Principalmente, porque parece que ahora cuesta mucho lo de escuchar un disco completo, y es todo un riesgo irse más allá de los treinta o cuarenta minutos. Esa es una de las raciones por las que Robert Alfons ha decidido dividir el nuevo trabajo de TR/ST en dos. Pero también tiene otra razón de peso, y es que, según el mismo, cuando se encontró con todas las canciones grabadas, se dio cuenta de que había dos bloques muy diferenciados que casaban mejor así.

The Destroyer 1” es la parte más luminosa y asequible (al parecer la segunda parte va a ser más oscura). Aquí, el canadiense se desvive por llevar su dark-pop a su lado más comercial, acertando de pleno con ocho canciones que no tienen ningún desperdicio. Además, puede que sea su disco más reposado hasta la fecha. Solo hay que escuchar ‘Colossal’ y ‘Gone’, las dos canciones que abren el disco, a las que se les puede poner fácilmente el adjetivo de bonitas. Y es que, en ellas, está más cerca del synth-pop que nunca. Sobre todo en la segunda, que es una delicia. Pero ojo, que en ‘Control Me’ y ‘Wake With’ va más allá, y se saca de la manga dos irresistibles baladas sintéticas.

Escuchando el disco al completo, resulta evidente que se ha pensado mucho el orden del mismo. Más que nada, porque lo abre y lo cierra de la forma más relajada posible, pero entre medias aparece su lado más bailable; ese en el que rara vez falla. Aquí, salvo en la irregular ‘Poorly Coward’, en la que se le va la mano con los sonidos metálicos e industriales, se saca de la manga tres hits incontestables. ‘Unbleached’, ‘Bicep’, la cual, por cierto, ya conocíamos desde hace unos años, y ‘Grouch’, son perfectas para bailar en la discoteca más oscura de tu ciudad, y nos recuerdan lo bueno que era su álbum de debut.

Que el disco solo contenga ocho canciones, es todo un acierto, porque en él apenas encontramos relleno. Eso sí, no hay que quitarle merito, que hacer tantos temas notables no es fácil.

8