Her’s – Invitation to Her’s

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Her’s han sufrido lo que podríamos llamar “la maldición del hype”. Y es que, tras publicar unos cuantos singles y conseguir millones de escuchas en las plataformas de streaming, este dúo de Liverpool se ha pegado una pequeña leche con su álbum de debut. Publicado desde finales de agosto, “Invitation to Her’s” no ha obtenido la repercusión que se esperaba, y ni los críticos ni el público han apostado por él. Y es una pena, porque, sin ser un trabajo sobresaliente, sí que contiene unos cuantos temas notables.

Quizá sea su estilo, que tira hacia el pop británico de los ochenta y hacia bandas como Orange Juice o Aztec Camera, algo que, no es que esté muy de moda últimamente. Pero, como yo paso de las modas, y voy a lo que me gusta, les he dado una oportunidad. Y no me arrepiento, porque su pop, con caja de ritmos incluida, me gusta y me recuerda a una época que me va mucho musicalmente.

El disco empieza de la mejor forma posible, con dos singles claros como ‘Harvey’ y ‘Mannie’s Smile’, en los que practican estupendamente las enseñanzas de esas dos bandas que he mencionado más arriba. Algo a lo que vuelven más adelante en ‘She Needs Him’, ‘Love on the Line (Call Now)’, y en menor medida, en ‘Don’t Think it Over’. Lo malo es que, entre medias, se van hacia varios palos diferentes, y no siempre les funciona. De hecho, creo que es lo que ha hecho que su propuesta no termine de convencer.

Se les da bien meterse en sonidos más sintéticos y propios del mainstream de los ochenta, como es el caso de la balada ‘If You Know What’s Right’, o irse hacia terrenos más efusivos y actuales. Algo que hacen en ‘Low Beam’, un tema que no tiene nada que envidiar a lo que hacen The 1975, esa banda que tiene a todo el mundo encandilado, y a que mí me dice bastante poco. Sin embargo, cuando se ponen un poco más minimalistas, y menos efectistas, no me terminan de convencer. Baladas como ‘Carry the Doubt’ o ‘Breathing Easy’ terminan resultado un tanto aburridas y, aunque ‘Blue Lips’ funciona un poco mejor, tampoco resulta muy interesante.

Me gusta que se vayan hacia un pop que no practica mucha gente en la actualidad, pero creo que tienen que definir un poco más su propuesta y centrarse en un estilo en concreto.

7,4

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The Embassy – White Lake

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Supongo que, a los que lleváis unos cuantos años siguiendo el blog, os sonará el nombre de The Embassy. El grupo sueco ha pasado un par de veces por aquí, pero sí es cierto que es difícil acordarse de ellos. Y no porque sean una banda prescindible, todo lo contrario, pero no es que se prodiguen demasiado y, desde su anterior trabajo, al que hoy nos ocupa, han pasado casi seis años. Es más, entre su segundo álbum y el tercero, tuvieron un descanso de ocho años. Así que es normal que no sea una banda excesivamente conocida.

White Lake” es un disco corto, que tan solo dura media hora, y en el que el dúo de Gotemburgo está más electrónico que nunca. De hecho, lo abren con ‘Sometimes’, un tema de lo más pegadizo, que recuerda bastante al sonido del Manchester de finales de los ochenta. Incluso hay algún corte bastante más frío de lo habitual en su música y mucho más sintético de lo normal. Es el caso de ‘Handshake’, el cual, a pesar de contar con algún sampler de voz, no deja de ser una canción instrumental. Al igual que ‘Let’s Not’, donde están mucho más relajados, pero igual de callados.

Lo mejor de The Embassy siempre ha sido cuando se han ido a mundos más pop. Algo que repiten en varias canciones de este álbum. Ahí están esas ‘Nowhere’ y ‘Wasted’ tan Pet Shop Boys, en las que no fallan. O ‘Sure’, en la que, una vez más, se dejan llevar por las enseñanzas de New Order. Pero es en los dos temas finales dónde sacan las mejores ideas del disco. ‘Bad Vibe’ es un corte con un ligero tono disco y unas guitarras funkies que son una delicia. Sin embargo, en ‘Sorry’, se sacan de la manga un ritmo más luminoso y se ponen más alegres para pedir perdón durante tres minutos y medio.

En todos estos años de descanso que han tenido, no han perdido su talento para crear buen pop electrónico, y dejarse llevar por muchos sonidos diferentes sin salir de la electrónica. Y eso no es nada fácil.

7,6

Art Brut – Wham! Bang! Pow! Let’s Rock Out!

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La verdad es que, tras siete años sin saber nada de ellos, no creo que fueran muchos los que se esperaran un nuevo trabajo de Art Brut. Hasta hace unos meses, claro, que fue cuando editaron un nuevo single. El cual, para sorpresa de muchos, yo incluido, estaba bastante bien y mostraba a la banda en muy buena forma. Y es que, los de Eddie Argos, siempre han sabido cómo animar a un muerto con su punk rock abrasivo y sus letras llenas de ironía y mala leche. Algo a lo que vuelven en el que es su quinto álbum.

A pesar de que la banda ahora está afincada en Berlín, “Wham! Bang! Pow! Let’s Rock Out!“, no puede ser un disco más británico. Hay continuas referencias la cultura popular british (deberían hacerse mirar esa obsesión que tienen con el Top of the Pops), y cuenta ese aire macarra que caracteriza el rock salido de las islas. Aunque sí es cierto que le dedican un tema a Berlín, el cual, casualmente, es de los más flojos del disco. Y es que, lo suyo es darle al rock acelerado, y aderezado, con estribillos redondos. Una buena muestra son los dos temas que abren el álbum, en los que dan buen uso de las trompetas. De hecho, en ‘I Hope You’re Very Happy Together’, entran de maravilla y hacen que su estribillo sea más redondo todavía. Como también son redondas ‘She Kissed Me – And It Felt Like a Hit’ (guiño al tema de The Crystals), y ‘Wham! Bang! Pow! Let’s Rock Out’ en las que se ponen un poco más abrasivos. Por cierto, hablando de guiños, me encanta el que le hacen a Lionel Richie y su ‘Dancing On The Celling’.

Uno de los temas más sorprendentes del disco es Veronica Falls. Sí, como el grupo. Ya no solo porque meten parte de uno de sus estribillos, también porque es un corte mucho más pop de lo normal. Y la verdad es que esa una faceta que les sienta bien. Eso sí, no he logrado saber si se mofan un poco de ellos, si es un homenaje, o si simplemente les venía bien hacerlo así. Y es que, lo de hacer referencias a otros grupos, u homenajes, según como se mire, forma parte de su forma de hacer música. Otro ejemplo es ‘Hospital!’, en la que, si os fijáis un poco en el puente de la canción, escuchareis la melodía del ‘Daddy Cool’ de Boney M.

Lo nuevo de Art Brut es una sorpresa muy agradable, porque, siendo sinceros, no esperábamos de ellos un nuevo álbum tan interesante y divertido.

7,7

Young Romance – Don’t Look

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Guitarras que crujen, melodías que recuerdan a los grupos de chicas de los sesenta, distorsiones a cholón…Todo esto no es nada nuevo, y desde mediados de los ochenta han sido muchas las bandas que han tirado hacia esos sonidos. Quizá, la culpa es de The Jesus & Mary Chain, que fueron los que popularizaron un poco este rollo, y los que han tenido una carrera más coherente de todo aquel movimiento. Un movimiento al que hace unos años se apuntaron Young Romance, un joven dúo de Londres que explotó en 2016 con un álbum de debut que les llevó a girar con bandas como The Wedding Present o The Primitives. Además de hacerse algún PopFest que otro. Ahora vuelven con un segundo trabajo en el que parece que hay algún cambio.

Si en su primer trabajo tiraban hacia el C86, en este “Don’t Look” han cruzado el charco y se han metido en las cloacas del punk neoyorquino. Por lo menos en lo que ha energía se refiere, porque su faceta más melódica sigue intacta. Así, nos encontramos con una fusión en la que las guitarras crudas y rotas se mezclan con dulces melodías que recuerdan a los grupos de los sesenta. No nos vamos a engañar, es algo que ya hicieron hace unos años bandas como Dum Dum Girls y Vivian Girls, pero ellos le dan ese ligero toque británico que hace que su propuesta sea un poco diferente.

El disco se abre con ‘Alice’, que es uno de sus cortes más ásperos. De hecho, sus guitarras, casi se acercan al Grunge. Aunque, afortunadamente, se ablandan un poco en el estribillo. No es la faceta suya que más gusta, prefiero cuando se suavizan un poco y nos dejan ver su lado más melódico. Es el caso de la bonita ‘Dark of My Shadow’, de la potente ‘Prying Eye’ y de ‘I Bear You More’. En ellas, además, se puede ver una influencia de Kate Bush en la forma de cantar de la chica del grupo. Algo que no es muy habitual en este tipo de música. También se les da bien acelerarse un poco y hacer ese tipo de canciones cercanas al surf. Ahí están la adictivas ‘Ramona’ y ‘Bruise Easy’, en las que sí que recuerdan bastante a esa oleada de grupos de chicas que salieron a finales de la década pasada.

El segundo trabajo de Young Romance es entretenido, va directo al grano, y contiene varios temazos. Que sea poco original ya es otra cosa, pero son muy jóvenes y no se les puede pedir todo.

7,4

Candy – Under The Weather

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Supongo que, al igual que yo, muchos de vosotros no conocíais al australiano Candy. El proyecto de este chico de Melbourne llamado Calum Newton, es uno de los más prometedores dentro del universo de eso que llaman bedroom-pop. Y no me extraña, porque su nuevo álbum, y el que los medios de su país califican como su debut, a pesar de contar con tres más, es una pequeña joya del indie-pop actual. Y lo es porque, con los mismos ingredientes de siempre, y grabándolo en salón de la casa de su novia, ha conseguido dar con una colección de canciones directa y que funciona sin complicaciones.

El mismo dice que es un disco triste, ya que lo compuso en el periodo en el que acabo la universidad, y se encontró sin trabajo y sin casa en la que vivir. Gracias a su novia, que le dejó vivir en su apartamento e irse con todos sus cachivaches, consiguió dar forma a este “Under the Weather”. Y será triste porque fue un periodo duro de su vida, pero el disco no puede sonar más luminoso y contagioso. Todo gracias a sus cajas de ritmos, juguetonas y sintéticas, sus guitarras cristalinas, y sus teclados ensoñadores. Además de un talento innato para dar con la melodía y el estribillo que encajan en cada canción. Así, nos encontramos con hits tan directos como ‘Validation’, ‘Apartment in The City’, ‘Hiding From The Sun’, o la genial ‘Destroy My Body’, que se erige como la mejor canción del álbum.

Sí es cierto que, dentro de este mundo indie-pop, también hay momentos en los que se pone un poco más oscuro, e incluso algo más electrónico, como es el caso de ‘Thankful’, en la que casi se va al chillwave. Y luego está la genial ‘Parted Ways’, en la que se saca de la manga un punteo de guitarra que parece salido de una canción de The Cure. De hecho, termina el disco con ‘Get Healthy’, un tema que, por momentos, parece una versión electrónica del ‘Heroin’ de la Velvet, y toda una pequeña joya emotiva y sintética.

Hacedme caso y seguid a Candy, no os arrepentiréis.

7,9

Sea Pinks – Rockpool Blue

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Resulta bastante triste meterse en la página de Spotify de Sea Pinks y ver las pocas escuchas que tienen sus canciones. Y es que, ya sabemos que el indie-pop que practican no es una música que esté muy de moda en la actualidad, pero, aun así, no dejan de ser paupérrimas para una banda que cuenta con una década de carrera y media docena de discos. Los de Belfast no han conseguido encandilar a un nuevo público, y es una pena, porque tienen canciones de sobra para salir de esa especie de tercera división en la que están metidos.

Rockpool Blue” lleva publicado casi dos meses, pero ni yo, que sí metí su primer single en una recopilación de este año, me había enterado. Pero bueno, más vale tarde que nunca. Y más en este caso, donde sí merece la pena lo que hay dentro. Tan solo son ocho canciones, y según los miembros de la banda, son sus composiciones más positivas hasta la fecha. Aunque resulta curioso, porque yo veo un acercamiento a sonidos un poco más post-punk, algo que no pasaba en su anterior trabajo, donde la influencia de The June Brides se dejaba ver en cada corte. Eso sí, en ningún momento pierden sus ganas de dar con los mejores ingredientes para hacer la canción pop perfecta.

Empiezan la jugada un poco ásperos, con esa ‘Watermelon Sugar (Alcohol)’ que sirvió de primer adelanto. Es un corte en el que resulta evidente esa tendencia hacia sonidos más oscuros que comentaba arriba. Y es que, cuenta con una parte más guitarrera que bien podría ser de Girls Names, grupo en el que militó hasta 2013 uno de los dos miembros de la banda. Lo bueno es que le dan un toque más pop que hace que se convierta en una canción irresistible. Algo también hacen en el tema que le da título, en el que no pierden la oportunidad de sacar las guitarras cristalinas a relucir. Una tendencia que siguen en ‘Versions of You’ y ‘The Apple’, en las que vuelven un poco al pop más clásico y a grupos como The Go-Betweens o Television, de los que han cogido sus característicos duelos de guitarras. Aunque hay que decir que lo mejor del disco viene en ‘Dumb Angel’, que cuenta con un gran estribillo y es puro C-86.

7,4

The Good, The Bad & The Queen – Merrie Land

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Algún día, tendremos que revisar a fondo la música británica de las tres últimas décadas, y darle a Damon Albarn el título de genio que se merece. Pocos artistas han sabido reciclarse tan bien después de formar parte de una de las bandas más importantes del pop británico de los noventa, y de ser una toda una estrella mediática en su país. Consiguió un gran éxito con Gorillaz, se metió de lleno en la música africana en varios proyectos, editó un disco notable en solitario, y formó The Good, The Bad & The Queen junto a Paul Simonon (bajista de The Clash), Simon Tong (guitarra de The Verve) y Tony Allen, con los que ha vuelto once años después de su debut.

Merrie Land” es un disco sombrío en el que la actualidad política de su país es la protagonista. El Brexit y el auge de los nacionalistas en la Inglaterra actual, son dos problemas que preocupan a Damon Albarn, que dedica el título del disco a todos aquellos que piensan que Gran Bretaña alcanzará la gloria tras la salida de la Unión Europea. Por eso estamos ante un trabajo melancólico y triste, en el que se meten de lleno en una especie de folk futurista, y muy inglés.

Al igual que en su álbum de debut, no hay un single claro que sobresalga, pero sí una coherencia que hace que te quedes pegado al disco sin problemas. Su tono pausado, y la forma de cantar de Albarn, la cual, en muchos casos, es más un monologo que otra cosa, casan de maravilla con lo que nos quieren contar. Eso sí, hay canciones donde funciona un poco mejor. Es el caso del tema que da título al álbum y que sirvió como primer adelanto. No sé si será por ese vídeo con ventrílocuo incluido, pero me parece un corte un poco siniestro, y la verdad es que ese organillo que tiene de fondo mola bastante. También funcionan muy bien ‘Nineteen Seventeen’, en la que están un poco más animados; ‘Drifters & Trawlers’, el que es el tema más pop del álbum, y ‘The Truce of Twilight‘, que es la más rica en cuestión de instrumentación.

Puede que lo mejor del disco sean los temas más tranquilos. A mí, por lo menos, me han parecido los más emotivos. ‘Lady Boston’, con esos coros tan señoriales, y ese sonido juguetón, resulta de lo más deliciosa, y la simpleza de ‘Ribbons’ nos lleva a una de las mejores baladas que ha hecho Albarn en años. Y no me puedo olvidar de la preciosa ‘The Poison Tree’, con la que cierran el disco de la forma más bonita posible.

Damon, ¡te queremos!

7,9