Prince – Originals

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Los discos póstumos no suelen ser muy interesantes, porque, normalmente, se componen de demos y canciones que, en su día, no salieron por alguna razón. Pero, de vez en cuando, hay excepciones. Una de ellas es este “Originals” de Prince, que rescata 14 canciones inéditas que el genio de Minneapolis compuso para otros artistas. Además de la versión de ‘Nothing Compares 2 U’ que se publicó el año pasado. De ahí ese cachondo título que le han puesto al álbum. Lo de la portada a lo “Bad” de Michael Jackson no sé muy bien a qué viene.

Entre 1981 y 1991, que es el periodo que abarca este disco, Prince fue uno de los reyes de las listas de éxitos. Tanto con sus propias canciones, como con las que escribió para otros. Hits como ‘Manic Monday’, que le dio bastante popularidad a las Bangles, o ‘Love… Thy Will Be Done’, con la que Martika consiguió un Top 10 en medio mundo. Unas canciones que el “prestó”, pero que también interpretó y grabó en alguna ocasión. Y lo bueno es que sus versiones son una maravilla.

El álbum se abre con ‘Sex Shooter’, una canción interpretada por el grupo de chicas Apollonia 6 en 1983, que fue todo un éxito en las pistas de baile de los Estados Unidos. Es uno de esos temas sexys, como bien indica su título, en el que Prince tira de falsete todo lo que puede. Realmente, es la misma canción, pero interpretada por el mismo. Y eso hace que gane muchos puntos. Esto es una constante a lo largo de todo el disco, y cortes como ‘Jungle Love’, ‘Make-Up’ o ‘100 Mph’, no distan mucho de las versiones editadas hace más de 30 años. Pero anda que no mola escuchar a Prince desmelenarse con ‘Holly Rock’, ‘The Glamorous Life’ y ‘Dear Michelangelo’, tres de los temas que escribió para Sheila E. O ponerse tierno mientras canta nos dice que los gigolos también se sienten solos.

Los momentos más curiosos, los encontramos en las baladas. Sobre todo en ‘You’re My Love’, que aquí suena mucho menos blanca que en la versión de Kenny Rogers. Y bastante menos cursi también. Bueno y, por supuesto, ‘Nothing Compares 2 U’, que es una gran canción la mires por donde la mires. Aunque aquí tengo que decir que prefiero la de Sinéad O’Connor. Pero es en ‘Manic Monday’ donde aparece más cambios. La canción de las Bangles era un tema más esplendoroso y contaba con una producción más limpia. Algo que hizo que se convirtiera en un hit. La de Prince casi parece más una demo que otra cosa, y la verdad es que, aquí, Susanna Hoffs y sus compañeras le ganaron la partida.

Supongo que los que son muy fans de Prince ya tendrán más que quemadas todas estas canciones, porque han ido apareciendo en discos piratas a lo largo de todos estos años, pero tiene su aquél que ahora se publiquen de forma oficial. De hecho, juntas, hacen todo un discazo.

8,8

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Palehound – Black Friday

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Ellen Kempner ya lleva unos cuantos años al frente de Palehound, un trío de Boston que practica un indie-rock muy de esa zona de los Estados Unidos. O habría que decir “practicaba”, porque en su tercer trabajo huye bastante de los sonidos más guitarreros, y se decanta por unas canciones más tranquilas y ensoñadoras. Algo que hace que se distinga un poco del resto de sus compañeras de escena.

Black Friday” es un disco bastante tristón, en el que ha logrado dar con un sonido muy de los noventa, pero también muy actual. Quizá, por esas cajas de ritmos y ese barniz electrónico que aparecen en algunas canciones del álbum. Es el caso de ‘Sneakers’ y ‘Urban Drip’, donde lleva su indie-rock a otros derroteros. Y la verdad es que son dos de los mejores cortes del álbum. Sobre todo la segunda, en la que se anima un poco más. Porque son pocas las canciones donde se desmelena un poco. De hecho, solo saca las garras en ‘Stick N Poke’, todo un himno de indie-rock de lo más chulo en el que se hace con un estribillo de lo más irresistible.

El disco tiene un aire muy ensoñador, y Kempner no se ha cortado un pelo a la hora de meter elementos que, quizá, en un principio, no casarían con su música. Lo podemos comprobar nada más empezar, con una ‘Company’ que está bañada en teclados. O en la preciosa ‘Bullshit’, que tiene más de Kate Bush, que de cualquier grupo de indie-rock de los noventa. Pero si es cierto que no puede evitar acercarse a esa década constantemente, y el resto del álbum tira por ahí. Aunque de forma muy delicada, eso sí, porque apenas pisa el pedal de distorsión. Y eso que a veces le cuesta, porque en la bonita ‘Aaron’ se queda a poco de ponerse a distorsionar como una loca. Pero no, se contiene, y la limpieza de guitarras es una constante en estos 35 minutos. Así, nos topamos con cortes tan notables como ‘Worthy’, ‘Killer’, o ‘The City’, en la que le da bastante protagonismo al piano.

En su afán por desmarcarse un poco de su sonido de siempre, Ellen Kempner ha encontrado un camino que le va bastante bien. Quizá, no sea tan directo como el de sus anteriores trabajos, pero sí es más personal y, en algunos casos, más interesante.

7,6

Red Sleeping Beauty – Stockholm

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Estaba totalmente convencido de que había puesto por aquí “Kristina”, el regreso de Red Sleeping Beauty, ya que escuché esa curiosa ‘Mi Amor’ una buena cantidad de veces en 2016, pero no. Bueno, no pasa nada, porque tienen nuevo trabajo, y este no se me escapa. Y es que, esta banda sueca, que empezó a principio de los noventa y lo dejó en el 2000, se convirtió en todo un grupo de culto entre los seguidores del indie-pop. Su perdida fue triste, pero nos trajo otras grandes bandas, ya que algunos de sus miembros formaron Acid House Kings y Shermans. Pero ahora hay que fijarse otra vez en ellos, porque, desde su reunión, no han parado de sacar singles, Eps, y álbumes.

Stockholm” es otra muestra de lo podríamos llamar “pop electrónico sueco”. Diez canciones que recuerdan a Pet Shop Boys, OMD o The Human League, donde las melodías luminosas de teclado y los estribillos pegadizos están a la orden del día. Y es que, no hay nada que se les dé mejor a los suecos que hacer una buena canción de pop. Ahí tenemos ‘We Are Magic’, el tema que abre el álbum, y todo un himno synth-pop de lo más animado. Una animación que también aparece en cortes como ‘Top Love’, que es una auténtica delicia con un estribillo irresistible. Además de un teclado que parece sacado de una canción de Yazoo. Y también tenemos ‘The Swedish Winter’, que es una de esas odas que hacen los suecos al verano.

Su faceta más minimalista, y menos efusiva, también nos deja cortes sobresalientes. Es el caso la melancólica ‘Always on Your Side’, que no puede ser más ochentera, o de la preciosa y minimalista ‘New York City Girls’. Y ojo, porque, tras más de 25 años de carrera, han decidido hacer una versión del tema de McCarthy con el que bautizaron la banda. El cambio es de lo más interesante, porque del muro de guitarras con el que cuenta la versión original, pasamos a una delicada canción apoyado en unos teclados épicos y la voz susurrante de Kristina Borg. Pero todavía hay más, porque acaban el disco con ‘Don’t Cry For Me, California’, en la que no pierden la oportunidad de hacer otro estupendo himno de synth-pop.

Suecos haciendo pop electrónico: no hace falta decir más.

7,9

The Divine Comedy – Office Politics

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Neil Hannon había prometido un disco con influencias ochenteras, más o menos electrónico, e influenciado por los grupos que escuchaba en su adolescencia. Supongo que sería un troleo del músico británico, porque nada que ver. Por los menos en lo que a electrónica se refiere. Porque que el que esperara un álbum lleno de temas de synth-pop y de corte ochentero, que se vaya olvidando. Y eso que, él mismo, menciona a Depeche Mode, OMD, The Human League o Heaven 17 en ‘Psychological Evaluation’, uno de los innecesarios temas robóticos que aparecen en el disco. Pero nada, es un trabajo más de The Divine Comedy, y bastante irregular, por cierto.

Office Politics” es un disco conceptual en el que explora una oficina de trabajo cualquiera, además de una reflexión sobre la tecnología y el papel que juega en nuestra sociedad. De hecho, en la edición deluxe, que tiene 15 temas más, y que es la que os dejo aquí, hay un tema que se llama ‘The Amazon Pirates’. Algo que fusiona los dos conceptos de este álbum, porque si trabajáis en una oficina, ya sabréis la cantidad de paquetes de Amazon que llegan al día.

El último trabajo de The Divine Comedy no empieza nada mal, pero se va deshinchando a medida que van pasando los temas. Encima es excesivamente largo. Pero, volviendo al principio, hay que destacar varios cortes. El primero es ese ‘Queuejumper’ que sirvió de primer single, y que nos trae de nuevo al Neil Hannon más divertido y alegre. Todo un hit, con el que logra captar la atención desde el primer tema del disco. Tras ella, llega el tema titular, donde sí que aparecen algunos sintetizadores, y una guitarra funk digna de alguna producción de los ochenta. Además, de unos coros femeninos que le dan rollo a la canción. Pero el mejor corte del disco es ‘Norman and Norma’, un pedazo de baladón marca de la casa, con el que consigue emocionar como hace años que no lo hacía. A partir de aquí, que es el tercer corte, el disco va cuesta abajo.

Buceando entre sus 16 canciones, hay cosas notables, pero nunca sobresalientes. Se le da bien el rollo funk con algún punto de soul. Algo que sí nos recuerda a los ochenta. Es un estilo que se puede escuchar en temas como ‘Absolutely Obsolete’, que no está mal, y en ‘The Life And Soul Of The Party’, la cual entra dentro de lo mejor del disco. Y es que, esos coros del estribillo, resultan irresistibles. Tampoco está mal esa balada en plan Prince llamada ‘A Feather In Your Cap’. Lo malo es que no hay mucho más donde rascar. Porque el rock crudo de ‘Infernal Machines’ no me dice absolutamente nada, y la parte final del disco, en la que recupera su lado más chamber y teatral, resulta de lo más aburrida.

Al final, “Office Politics”, es otro disco más de la última época The Divine Comedy, en el que nos deja unos pocos temas notables, y otros tantos prescindibles. Solo que esta vez es mucho más largo de lo habitual.

6,8

Yeasayer – Erotic Reruns

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Yeasayer es otro de esos grupos que lo medio petaron a finales de la década pasada y principio de esta, y que ahora están un tanto olvidados. Ya lo comenté la semana pasada, cuando puse el último trabajo de Local Natives, que todo esto va muy rápido, y lo que hace diez años era lo más, llenaba las paginas de los medios, y los carteles de los festivales, ya no interesa. Y es una lástima, porque siguen sacando trabajos de lo más interesantes. Aunque, en este caso, hay que decir que se lo han ganado un poco, porque los dos discos anteriores del trio neoyorquino eran un tanto irregulares. Algo que arreglan en su nuevo trabajo.

Erotic Reruns” empezó a gestarse a finales de 2016, cuando Trump ganó las elecciones de los Estados Unidos. Una noticia que ha influido en muchas bandas en los últimos tres años que, normalmente, han expresado su enfado y frustración con sus canciones. Pero en el caso de Yeasayer es diferente. Lo que ellos se propusieron desde el principio, era crear una especie de antídoto para esos “tiempos oscuros” que venían. No es que huyan de la situación, simplemente la enfrentan hablando de amor, un sentimiento que, según ellos, ni Trump se puede cargar.

El quinto trabajo de los de Brooklyn es de lo más bailongo y pop. De hecho, se acercan mucho al Beck más evasivo en temas como ‘Ecstatic Baby’, ’24-Hour Hatefull Live!’ o ‘Fluttering In The Floodlights’, que cuentan con ese sonido pop que no le hace ascos al funk o la música de baile. Algo que también aparece en la inicial ‘People I Loved’, en la que incluso se atreven con un buen falsete que les acerca a Prince. Pero ojo, que cuando se relajan, nos dejan los mejores cortes del disco. Es el caso de ‘Blue Skies Dandelions’ y de, sobre todo, ‘Let Me Listen In On You’, que es el mejor tema del álbum. Curiosamente, también son las más políticas, porque en la primera se habla del todo el pollo que ha tenido Trump con Rusia, y en la segunda de la vigilancia masiva que hace la NSA a los ciudadanos estadounidenses – el que haya visto de The Good Wife o The Good Fight sabrá de los que hablo-. De hecho, su estribillo, no puede ser más directo: “I can make your dreams come true / If you let me listen in on you / Let me listen in on you”.

Quizá no se tan notable como ese “Odd Blood” que publicaron en 2010, pero es un disco de lo más entretenido. Además, solo dura 29 minutos, así que se pasa en un suspiro.

7,3

Lust For Youth – Lust For Youth

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Ya tenía yo ganas de hincarle el diente al nuevo trabajo de Lust For Youth. El dúo danés, formado por Hannes Norrvide y Malthe Fischer, se ha convertido en uno de los valores seguros del nuevo synth-pop. Sobre todo desde que, en sus últimos trabajos, se quitaran de encima buena parte del sonido lo-fi de sus comienzos. Ahora suenan mucho más luminosos y accesibles, y eso siempre es un hándicap cuando hablamos de pop electrónico. Y es que, este tipo de música funciona mucho mejor cuando es más hedonista y directa.

Su sexto, y homónimo nuevo trabajo, también es el más comercial de su carrera. Están más bailongos que nunca, e incluso, mencionan influencias del eurodance de los noventa. Una evolución lógica, porque, tras desgranar buena parte de los sonidos que llevaron a New Order a Ibiza en el “Technique”, ahora toca pasar a la siguiente década. Y han hecho bien, ya que los seis minutos de ‘Insignificant’ (ojo a su distorsión guitarrera final), son maravillosos. Y su salto a la pista de baile más noventera en ‘Adrift’ no puede sonar mejor. Además de ese estupendo single de sonido metálico llamado ‘By No Means’, que es todo un pepinazo.

No todo se centra en la pista de baile más desenfrenada, también tienen tiempo para crear ese tipo de canción sintética y melancólica que tan buenos resultados les ha dado en el pasado. Es el caso de ‘New Balance Point’ o ‘Great Concerns’, dos de los singles previos, y dos de las mejores canciones de su carrera. Pero también lo es de ‘Venus de Milo’, en la que se ponen un poco más oscuros, y se acercan más de Depeche Mode. Donde no terminan de acertar del todo es en las baladas, que son un tanto sosas. ‘Fifth Terrace’ puede tener su punto, pero les ha quedado un tanto blanda. Aunque sí es cierto que mejora un poco al final. Y la que no funciona de ninguna manera es ‘Imola’, en la que una voz femenina se hace un spoken-word en nada más y nada menos que rumano. De hecho, por lo que he podido traducir, todo parece indicar que va sobre la muerte de Ayrton Senna, porque, además, han sacado una camiseta inspirada en la trágica muerte del piloto de Fórmula Uno.

Lust For Youth están más luminosos y bailongos que nunca, y la verdad es que les sienta muy bien.

7,8

Local Natives – Violet Street

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El mundo de la música va tan rápido, que un grupo como Local Natives, que hace cinco o seis años estaba en su mejor momento, se ha convertido en una especie de actor secundario que no le interesa a mucha gente. Algo que no es exclusivo de ellos, porque muchas de esas bandas de indie-pop que lo petaban a principio de esta década, están desaparecidas, o sacando discos que pasan igual de desapercibidos. Es como si Brooklyn o Echo Park hubieran desaparecido del mapa. Y es una pena, porque son bandas con bastante talento, pero esta especie de cruzada en contra de las guitarras que vivimos, les ha pasado factura.

Violet Street” es su cuarto trabajo, y se podría decir que, junto a “Hummingbird”, el mejor que han sacado en su carrera. Están más eufóricos que nunca, metiendo bases potentes y sacando sus “dancing shoes” cada dos por tres. Solo hay que escuchar ese pedazo de single llamado ‘When Am I Gonna Lose You’, que es una absoluta maravilla, y todo un hit escondido en la sombra. O ese ‘Megaton Mile’ tan funk, al que es imposible resistirse. Además, de algún modo, vuelven a ese mundo de bases rítmicas afro que inundaba su primer trabajo. Eso sí, con un sonido más actual y potente. Como ejemplo tenemos ‘Shy’, en la que las guitarras se fusionan con las trompetas, y con sección rítmica de lo más contundente.

Los Local Natives más reposados también tienen un hueco por aquí. De hecho, nada más empezar, con la etérea ‘Vogue’. Pero en ella no muestran sus mejores cartas. Esas se la reservan para la elegante ‘Café Amarillo’, que cuenta con un estribillo de lo más emocionante –me encanta como pronuncia “café amarillo”-. O para esa preciosidad llamada ‘Garden of Elysian’, que es un pedazo de baladón como la copa de un pino. Aunque, quizá, lo mejor esta faceta melancólica y tranquila, llegue en su tema final. ‘Tap Dancer’ es un clásico corte de cierre de disco, en el que la cosa empieza tranquila, y poco a poco, va subiendo hasta romper en un mar de emociones y épica. Algo que, en este caso, llega de las manos de unos teclados, que entran con potencia y determinación.

Es una pena que Local Natives ya no estén los pensamientos de muchos, porque siguen siendo una gran banda. Además, cuentan con un sonido bastante personal que funciona muy bien. Algo que muy pocos grupos pueden decir.

7,6