Film School – We Weren’t Here

Film School son una de las bandas más persistentes del shoegaze actual. Con más de veinte años de carrera, el grupo liderado por Greg Bertens ha pasado por varios cambios de formación y algún que otro descanso. Además, han vivido momentos realmente absurdos. Como cuando les vapulearon al principio de su carrera por recuperar el shoegaze, y pocos años después, cuando se puso de moda otra vez, les auparon a lo más alto de esa escena. Pero la verdad es que siempre han ido a su rollo y no se han dejado llevar por lo que estaba de moda en un momento u otro.

We Weren’t Here’ es su segundo álbum tras el descanso de casi ocho años que se tomaron en 2010. Un disco que, como no podría ser de otra manera, está creado en plena pandemia y con cada miembro del grupo en su casa. Algo que no les afectó mucho, ya que, al estar media banda en Los Ángeles, y la otra media en San Francisco, es la forma que tenían de trabajar desde hace unos años. Pero sí que les afectó el hecho de estar confinados, ya que, como dice el propio Bertens, “trabajar en estas canciones fue una vía de escape y todos se involucraron al máximo”. Algo que, la verdad, se nota en resultado final.

Supongo que los metemos en el carro del shoegaze por inercia, pero en sus discos coquetean con muchas cosas y no se ciñen a un sonido en concreto. Su nuevo trabajo no es una excepción, y sí, puede que empiecen con un tema como “Superperfection”, que es shoegaze de manual, pero no es el sonido predominante. Es más, a las primeras de cambio, en “Said Your Name”, ya aparecen unos teclados luminosos y un tono más ensoñador. Porque, si hay algo que me gusta de Film School, es que no tienen problemas en tirar de electrónica cuando les conviene. Ahí está ese pepino llamado “The More I Know”, donde una caja de ritmos de lo más motorik lleva la voz cantante. O esa fantástica “Drone 2” tan bailable y tan manchesteriana.

No voy a negar que el shoegaze y el dream-pop ocupan un parte importante de este trabajo. Aunque eso sí, siempre desde el lado más amable y melódico del asunto. Solo hay que escuchar esa bonita y etérea “Stratospheric Tendencies”, en la que envuelven sus guitarras en un manto de teclados ensoñadores. Algo que también ocurre en “Isla”, otro de los grandes momentos del disco. Aunque lo mejor de esta faceta llega al final, que es cuando entra “Take What Your Need”, un tema donde se animan un poco más y donde hacen rugir las guitarras. Pero ojo con su línea de teclado, que, casi sin quererlo, se convierte en la protagonista absoluta de la canción.

7,8

Taraka – Welcome to Paradise Lost

Supongo que el nombre de Taraka Larson no os dirá mucho, pero si menciono de Prince Rama, muchos y muchas os acordareis de este excéntrico dúo de Brooklyn que hacia un pop bailongo y psicodélico de lo más chulo. Junto a su hermana Nimai, tuvieron una carrera de lo más productiva y llegaron a editar nueve discos en apenas una década, pero en 2019 anunciaron su separación. De hecho, la propia Taraka, juró que dejaba la música por completo y que no quería volver a grabar más discos. Un juramento que no le ha durado ni dos años, porque ahora nos deja el que es su álbum de debut en solitario.

Welcome To Paradise Lost’ nace de una especie de auto-confinamiento que se impuso la propia Taraka. Incomunicada en una calurosa casa de Texas sin internet y con una serpiente como única acompañante -supongo que la de la portada-, Larson empezó a plantearse un poco su futuro. Así que, ayudada por alguna que otra fumada, y una colección de discos de grunge y punk de su adolescencia, las canciones empezaron a brotar. De hecho, lo hicieron de la forma más natural posible, ya que cogió su guitarra y una grabadora, y prácticamente surgieron todas a las primeras de cambio. Eso sí, luego tomaron cuerpo y se enriquecieron con la ayuda de sus amigos Ryan Sciaino (Spank Rock, Prince Rama, Win Win) y Tim Koh (Gang Gang Dance, Conan Mockasin, Haunted Graffiti).

Estamos ante uno de los discos que más me ha sorprendido en los últimos meses. En parte, porque no me esperaba que su carrera virara hacia mundos más punk y guitarreros, y en parte porque las canciones son un artefacto sonoro de lo más potente. Ahí está el tema titular, que es todo un torbellino punk de lo más melódico. O “Ride or Die”, que no puede sonar más a 1977 y al CBGB. Pero ojo, que también sabe lo que es irse al grunge más melódico y entregar una joya como “Psychocastle”.

Otra de las cosas que me ha sorprendido de este álbum es que sabe irse hacia diferentes palos sin que el disco se resienta. Así, es capaz de tirar hacia una new-wave un tanto loca y acerarse a los B-52’s psicotrópicos en las geniales “Total Failure” y “0010110”. O de dejar el punk de lado y entregar un delicioso tema de pop guitarrero en “So Happy For You”. Incluso le sale bien irse al rock de los sesenta en “Bad Bonezz”. Y para terminar de sorprender, “Old Gloves”, una preciosa balada al piano que cierra el disco de la forma más cinematográfica posible.

8

Lala Lala – I Want The Door To Open

Lala Lala me conquistó de pleno con ‘The Lamb’, un trabajo estupendo lleno de temazos de indie-rock un tanto lo-fi, pero enormemente melódicos. Además, todas las colaboraciones que ha ido sacando desde entonces, que han sido unas cuantas, también me han gustado bastante. Sobre todo, esa “Siren 042” junto a WHY?. Pero Lillie West, que es la jefa de este proyecto, también es una artista inquieta a la que no le gusta quedarse estancada en ningún estilo. Algo que hemos podido comprobar en todos esos singles que ha sacado en estos últimos tres años, y algo que resulta mucho más evidente en su tercer trabajo.

‘I Want The Door To Open’ es una reinvención total. Por aquí no hay ni rastro de ese indie-rock lo-fi que hizo que su segundo trabajo fuera aclamado por la crítica de medio mundo. De hecho, se podría decir que no se casa con ningún estilo en concreto. Estamos ante una colección de canciones que van hacia muchos caminos distintos. Por su tono, mayormente sereno, se podría decir que, principalmente, se ha ido hacia un mundo más ensoñador, pero no seria del todo cierto. Lo que sí es verdad es que la electrónica juega un papel más importante, y que las guitarras ya no rugen como antes.

Estamos ante un trabajo menos directo que su predecesor en el que hay pocos temas que entren de buenas a primeras. De hecho, se podría decir que tan solo ‘DIVER’ ejerce ese papel. No obstante, fue elegido primer adelanto. Y es que aquí, West, recupera esa intensidad épica con la que contaban sus dos primeros trabajos. Aunque eso sí, cambia las guitarras por una sección de vientos de lo más potente. Y la verdad es que le funciona muy bien. Pero también le funciona bien cuando se mete en otras facetas nuevas de su música. Así, nos encontramos con la estupenda electrónica minimalista de “Color of the Pool”, el dream-pop delicado de “Prove It” y “Castle Life”, o un estupendo acercamiento a sonidos más comerciales en “Beautiful Directions”. Además de alguna colaboración jugosa, como la de Kara Jackson, que pone su voz entre aceleradas percusiones en “Straight & Narrow”. O la de Benjamin Gibbard en “Plates”, que la verdad es que ha conseguido acercar a la de Chicago al sonido de los mejores Death Cab For Cutie.

Puede que no estemos ante un álbum tan notable como su anterior trabajo, pero sí ante un cambio de dirección que resulta muy interesante y que la mete de lleno en un mundo nuevo. Ahora solo le falta pulirlo un poco.

7,6

James Blake – Friends That Break Your Heart

Con James Blake tengo un pequeño conflicto. Por un lado, es un tío que me cae muy bien, y me gusta que se moje en temas como el feminismo o el racismo. Pero, sin embargo, su música, me gusta a ratos. Sí es cierto que, al contrarío que el resto de sus seguidores, y de críticos, me van más sus últimos trabajos que los primeros. De hecho, el anterior, y el EP bailongo que editó tras el confinamiento, me parecen notables. Y es que, creo que sus canciones se han vuelto menos introspectivas y directas, y eso le hace ganar puntos. Por los menos conmigo.

Friends That Break Your Heart’ es un extraño disco de ruptura. Extraño porque no estamos hablando del fin de una relación amorosa, ya que Blake está estupendamente con su novia, la genial actriz Jameela Jamil, sino del fin de las amistades. De hecho, tras ese anterior trabajo en el que mostraba su felicidad por estar enamorado, fue la propia Jamil la que le dijo amablemente que buscara otro tema para su próximo álbum. Por cierto, que la actriz también colabora en algunos temas del disco, y ya han sido unos cuantos cavernícolas los que se han apresurado a decir que está ahí por ser su novia. Lo que ninguno se ha preocupado en mirar, es que estudió música durante años y fue DJ durante otros tantos. Además, que, para gran parte del mundo, ella es más famosa que él.

El propio James Blake dice que es la colección de canciones más directa que ha escrito nunca. Pero no penséis que es un disco lleno de temas más animados, o que en él sigue la estela dance de su último EP. Todo lo contrario, estamos ante un disco en el que predominan las baladas regadas de delicados sonidos electrónicos. Pero es que vaya baladas. Ya desde el principio, con “Famous Last Words” y “Life Is Not The Same”, pone el listón bien alto. Porque las dos son de lo más emocionantes. Pero lo bueno es que consigue superarse a medida que van pasando las canciones del disco. Ahí está, “Foot Foward”, donde se anima un poco más. O esa grandilocuente “Show Me”, en la que colabora Monica Martin en su bonito estribillo. Aunque lo mejor viene con esa joya llamada “Say What You Will”, una canción sobre la autoestima que, a mí, personalmente, me parece uno de los temas más bonitos del año.

Como ya he dicho antes, tengo mis conflictos con su música. Y es que, si su lado más delicado y lento sí que me va, cuando tira hacia sonidos más trap o hip-hop, no consigo que me guste demasiado. “Coming Back”, en la que colabora SZA, no está mal, pero me parece un poco más de lo mismo. Y “Frozen”, con los raperos JID & SwaVay, me aburre muchísimo. Prefiero al James Blake de “If I’m Insecure”, el tema tan emocionante con el que cierra el álbum.

7,5

Porches – All Day Gentle Hold!

Aaron Maine fue uno de los artistas más afectados por la pandemia. Y es que, el mismo día que salió su anterior trabajo con Porches, y puso una valla publicitaria en mitad de Nueva York, confinaron la ciudad. Así que el pobre se encerró en su apartamento e hizo lo único que podía hacer en ese momento: componer más canciones. Lo bueno, es que, curiosamente, le ha salido la que es su mejor colección de canciones hasta la fecha. O por lo menos la que más me gusta a mí, que siempre he tenido mis más y mis menos con su música.

All Day Gentle Hold!’ es el disco que estaba esperando de Porches. Porque, hasta ahora, conseguía que sus canciones sonaran frescas, pero muchas veces las dejaba a medias y sin un buen punto melódico que las llevara un poco más arriba. Algo que empezó a cambiar con su anterior trabajo, en el que ya se hacia con unos cuantos hits. Pero aquí estamos ante algo infinitamente mejor. Es más, todas las canciones de este trabajo podrían funcionar perfectamente como single. Y todo porque el mismo Maine reconoce que las ha dejado prácticamente como salieron y que no se ha molestado mucho en tunearlas.

Estamos ante otro trabajo que no llega a la media hora. Es más, ninguna de sus canciones se acerca a los tres minutos. Pero, al contrario que en sus otros álbumes, aquí va al grano y no las deja a medias. Está más directo que nunca, y eso es algo que se nota en temas tan estupendos, y tan new-wave, como “Back3School”, “Watergetsinside”, o “Grab The Phone”. Y cuando pisa un poco el freno nos obsequia con esa joya llamada “Okay”, donde deja un poco de lado la electrónica y da protagonismo a las guitarras.

A pesar de que buena parte del disco es un poco más rock que de costumbre, también tiene tiempo para volver a ese R&B sintético que tanto le gusta. Además, sigue utilizando los mismos ingredientes, como la repetición constante de una palabra o una frase. Pero, de alguna manera, ahora le funciona mejor. La prueba es “Lately”, el tema que abre el álbum, y que cuenta con su único estribillo a los pocos segundos de comenzar. O esa delicia envuelta en teclados y un ritmo traqueteante llamada “I Miss That”. Incluso esa oda al autotune que es “Comedown Song (Gunk)” funciona a la perfección. Y todo, porque, como ya he dicho antes, está más directo que nunca y no se anda por las ramas.

Al parecer, Aaron Maine tuvo que pelearse con su sello para que editara este álbum en 2021 y no en 2022 como querían inicialmente. Y ha hecho bien en insistir, porque, como bien dice él mismo, “son unos temas que están creados para un momento en concreto, y no tiene ningún sentido que vean la luz en marzo del año que viene”. Algo con lo que no puedo estar más de acuerdo.

8

GRMLN – Laughing Shadow

GRMLN es el proyecto de Yoodoo Park, un artista nacido en Japón pero criado en California, que cuenta con una discografía casi inabarcable. Desde que empezó su carrera en 2012 ha publicado casi una veintena de discos -solo en 2018 editó seis, y uno de ellos era doble-. De hecho, aunque al principio fichó por Carpark Records, hace ya un tiempo que se los publica el mismo, porque no hay un sello que puede con ese ritmo. Y menos uno independiente. Pero bueno, no le va nada mal, y la verdad es que su último trabajo, y el segundo de este año, es estupendo.

Park tiene muy claro como quiere suenen sus canciones. El dream-pop lleno de efectos de guitarra, y el indie-rock más melódico, son su prioridad. Y eso es lo que nos entrega en este ‘Laughing Shadow’. Es más, prácticamente lo ha divido en dos, y casi hay un 50% de una cosa, y un 50% de otra. Aunque yo diría que sale ganando el lado más reposado y bucólico. Y es que hay que reconocer que se le da maravilla hacer este tipo de canciones en las que las guitarras se doblan y consiguen dar con un sonido de lo más preciosista. Sirvan de ejemplo las estupendas “Another Turning Car”, “Glass”, y “Wings”.

Su faceta más acelerada también está muy bien representada en este trabajo. Park pilla la caja de ritmos y se viene arriba en unos cuantos temas. Es el caso de la acelerada “Old Days”, que tira bastante del sonido de DIIV. Es más, cuenta con un tema llamado “In The Sun”, el cual también suena bastante a la banda de Brooklyn. De hecho, casi parece un pequeño homenaje, porque acordaros que el mayor éxito de DIIV se llamaba “Under The Sun”. Pero, para ser justos con Park, hay que decir que sabe cuando salir de ahí. La prueba es “Destructive Surfer”, el que es el mayor pepinazo del disco. En él, se acelera mucho más, ensucia un poco su guitarra, y mete otra en el estribillo que le da rollazo tremendo. Y luego tenemos “Midnight Train Station”, donde baja velocidad, pero se hace con un punteo de guitarra que casi recuerda más a los Pixies que a otra cosa.

La verdad, no he tenido tiempo de escuchar todos sus discos detenidamente, pero sí son igual de interesantes que este, no entiendo como este chico no tiene mucho más éxito.

7,9

Hovvdy – True Love

Hovvdy es una banda que nunca me ha convencido del todo. Sus canciones, melancólicas y tristes, no me terminaban de entrar, y dejé de intentarlo a media que iban pasando sus discos. Pero esto ha cambiado con su último trabajo. Y es que estamos ante uno de esos discos que reflejan un cambio de vida. En los dos años que han transcurrido desde su último trabajo, Charlie Martin y Will Taylor, los dos miembros del dúo, se han casado, e incluso uno de ellos ha tenido un niño. Por eso ahora nos encontramos con una colección de canciones mucho más esperanzadora y, sobre todo, más interesante.

El título del disco ya lo dice todo. Ese “amor verdadero” al que alude es la piedra angular de estas canciones. Y eso se refleja muy bien en el tema principal. “True Love” es la canción más viva de su carrera, además de uno de esos temas que se quedan en el subconsciente tras una escucha. Y lo bueno es que no es la única canción que tira hacia sonidos más luminosos. Ahí tenemos la estupenda “Junior Day League”, donde se animan un poco más que de costumbre y construyen un perfecto tema de pop. O esa “Joy” en la que reflejan toda la alegría de su título.

Sí es cierto que estamos ante un disco mayormente tranquilo, eso no ha cambiado, pero aquí hay una pequeña diferencia con el resto de sus álbumes. Y básicamente es que, lo que antes producía cierta tristeza o una sensación de la melancolía, ahora produce paz y esperanza. Y todo gracias a ese tono sosegado y acogedor con el que cuenta todo el álbum. Sus guitarras jamás se pasan de la raya, y ese piano que envuelve unas cuantas canciones del álbum, aumenta la sensación de calidez. Así, solo hay que dejarse llevar y sumergirse en temas como “GSM”, “Blindsided”, o esa estupenda “Around Again” y su vibrante final. Y ojo que, cuando bajan un poco más el ritmo, también aciertan. Solo hay que escuchar la preciosa “Lake June”, o esa “Hope” algo más sucia, pero igual de emocionante. Además, cierran el disco a lo grande, con una majestuosa “I Never Wanna Make You Sad”.

True Love’ es uno de esos discos que pueden cambiar una carrera y abrir una nueva vía en un grupo ya consolidado como Hovvdy. A mí, desde luego, me ha convencido.

7,9

Novedades 2021 (9ª Parte)

Ya va quedando menos para que este 2021 se acabe y eso significa que la lista de las canciones del año se va perfilando. Pero no me voy a precipitar, que todavía quedan tres meses para que se acabe y mucho donde rascar. Eso sí voy a tener que meterle la tijera a la lista provisional, porque ya tiene casi 200 canciones. Y algunas de ellas están en la recopilación que dejo hoy. Entre ellas el nuevo single de Hatchie, donde lleva el shoegaze a la pista de baile, o esa maravilla de rock de estadio ochentero que se han sacado de la manga The War On Drugs. Además de lo nuevo de Snail Mail y el pedazo de single bailongo que han editado Let’s Eat Grandma. Pero no voy a desvelar mucho más que, si no, no tiene gracia. Así que ha disfrutar de la esta nueva recopilación.

  1. This Enchanted / Hatchie
  2. Cicero / Soft Kill
  3. Anima / Dinner
  4. Do It For Myself / Vain Pursuit
  5. As Far Away As Possible / Shout Out Louds
  6. Taking Time to Tell You / Chime School
  7. You Gave Me the Key / Julie Doiron
  8. Write A List of Things To Look Forward To / Courtney Barnett
  9. Valentine / Snail Mail
  10. Gum / Thyla
  11. Black Widow Spider / Parquet Courts
  12. Et Hop / Corridor
  13. The Beachland Ballroom / IDLES
  14. Port / bdrmm
  15. Gears / Lunar Vacation
  16. Cashing In / Dean Wareham
  17. The Nowhere Inn / St. Vincent
  18. El Cielo Son los Otros / Confeti de Odio
  19. Speaking With Trees / Tori Amos
  20. Certainty / Big Thief
  21. I Don’t Live Here Anymore (feat. Lucius) / The War On Drugs
  22. U&ME / alt-J
  23. Dig / Barrie
  24. Sweat Forever / Lily Konigsberg
  25. f*ckthat / IAN SWEET
  26. La Naranja / Helado Negro
  27. Keeper / Hana Vu
  28. Royal Morning Blue / Damon Albarn
  29. A Word & A Wave / Nation of Language
  30. Preoccupation / Black Marble
  31. Hall of Mirrors / Let’s Eat Grandma
  32. Afar / Xeno & Oaklander
  33. Marigold / Riki
  34. She’s Like The Wind / Annie
  35. This New Heaven / Fine Place
  36. Medalla de oro / Algora
  37. Abandona / Caliza
  38. Prove It / Lala Lala
  39. If You Say The Word / Radiohead
  40. Famous Last Words / James Blake

Ducks Ltd. – Modern Fiction

Es la segunda vez este año que Ducks Ltd. caen en el blog. Y es que el dúo de Toronto hizo una buena jugada la pasada primavera, cuando decidieron reeditar su EP de debut y añadirle tres temas nuevos. Es más, dejaron pasar muy poco tiempo entre ese lanzamiento y el que fue el primer adelanto de su primer álbum. Así que, realmente, no he parado de escuchar a esta banda en el último medio año. Porque, como ya os podréis imaginar, me encanta.

Modern Fiction’ es un disco que sigue la línea de sus primeras canciones, que para eso es un álbum de debut. Y en esa línea entra buena parte del sonido neozelandés y australiano de los primeros ochenta, y otra buena parte del indie-pop británico de aquellos años. Y no se salen de ahí en la media hora que duran estas canciones. Algo que yo agradezco, porque se les da de maravilla recuperar esos sonidos. Solo hay que escuchar “How Lonely Are You?”, el corte que abre el disco con esa guitarra tan C86, y en el que colaboran The Beths. O esa maravilla llamada “18 Cigarettes”, uno de los grandes temas de este 2021. Además, como dato curioso, es una canción que está inspirada en una actuación de Oasis.

Estamos ante uno de esos discos que van a toda leche y que se pasan en un suspiro. Principalmente, porque todas sus canciones podrían ser singles. Y ojo, que no necesitan meter mucha intensidad a las guitarras. Manejan de maravilla lo que se bautizó como kiwi-rock, y en temas como “Under the Rolling Moon” o “Sullen Leering Hope”, llevan por muy buen camino ese sonido. Además, no tienen ningún problema en meter algún teclado y una caja de ritmos. Algo que también ocurre con “Twere Ever Thus”, otro de los grandes momentos del disco, en el que, además, sacan a pasear un lado más pop que hace que nos acordemos de The Go-Betweens.

Ducks Ltd. son la prueba de que se puede sonar muy fresco tirando del pasado y recuperando sonidos que están un poco trillados. Eso sí, hay que tener talento para dar con la melodía y el estribillo perfectos. Y eso no es fácil.

8

Matthew E. White – K Bay

La primera vez que escuché el último trabajo de Matthew E. White pensé que se le había ido la olla. “Genuine Hesitation”, el que fue su primer adelanto, me gustó una barbaridad por el buen rollo que despertaba, y por su enorme parecido al “All In My Mind” de Love & Rockets, un tema que me encanta. Pero, cuando escuché el disco entero hace unas semanas, me pareció una locura. Porque hay que reconocer que no ha hecho un trabajo muy fácil de asimilar a la primera escucha y que descoloca por su enorme variedad. Algo que, tras unas cuantas vueltas, termina siendo uno de sus puntos fuertes.

K Bay’ es su primer trabajo en solitario en seis años, además del nombre del estudio que ha creado recientemente en su casa. Eso sí, no ha estado parado todo este tiempo. Porque, además de haber sacado discos junto a Lonnie Holley y Flo Morrissey, también ha producido a unos cuantos artistas. Y bueno, en 2016 editó esa deliciosa “Cool Out” a pachas con Natalie Prass. Así que tampoco es que le hayamos echado mucho de menos.

White es uno de los magos del sonido de la actualidad. Lo deja claro en sus producciones y, evidentemente, también en sus discos. Algo que se aprecia aquí, porque, a pesar de contar con algún hueso duro de roer, todas las canciones del disco tienen un sonido espectacular. Además, da igual el estilo en el que se adentre, saca lo mejor en cada momento. Puede irse hacia sonidos más electrónicos y bailongos y dejarnos una estupenda “Genuine Hesitation”, o meterse de lleno en el mundo del musical y entregar una espectacular “Only in America / When The Curtains of the Night Are Peeled Back”.

Una de las cosas que quedan claras con este disco, es que Matthew E. White quería divertirse al hacerlo. De hecho, se lo pasa pipa entregando una “Electric” en la que tira de ritmos hip-hop y sonidos funk. O yéndose a la música disco en la ultra pegadiza “Let’s Ball”. Pero también metiéndose de lleno en un soul épico y sententero en “Never Had It Better”. Y, por supuesto, jugando con todas las posibilidades que le da el rock. Porque, se puede entretener entregando un rock más actual en “Nested”, o tirando de sonidos más clásicos, como es el caso de “Judy” y “Hedged In Darkness”. Por cierto, ésta última es puro Bowie.

7,6