Caitlin Rose – CAZIMI

Este año he echado en falta más discos de rock femenino con sabor norteamericano. Ya sabéis, artistas jóvenes que han crecido con la música de raíces heredada de sus padres, pero que no pueden evitar darle ese toque indie que lo inundaba todo cuando nacieron. Algo que se puede aplicar perfectamente a la carrera de Caitlin Rose, una chica de Nashville que despuntó hace más de una década con un álbum de debut donde dejaba ver todas sus raíces tejanas. Así siguió en su continuación, aunque ahí ya dejaba ver un tono más rock en algún tema que otro –“Only a Clown” era estupenda-. Y ahora, nueve años después, vuelve con un tercer trabajo en el que nos encontramos con una Rose absolutamente renovada.

 ‘CAZIMI’ se terminó de grabar justo antes de la pandemia, por lo que supongo que Rose ha preferido guardarlo en un cajón hasta que las cosas se pusieran un poco mejor y pudiera darle una promoción como se merece. Y hay que decir que se merece todo, porque es un trabajo vibrante y lleno de grandes canciones. Rose se ha rodeado de lo mejores músicos de Nashville, y les ha dado fuerza a sus composiciones. De hecho, apenas hay rastro de ese country que inundaba su debut, y cuando lo hay, está acompañado de una faceta mucho más indie-rock. Algo que se puede apreciar fácilmente en las estupendas “How Far Away” y “Holdin’”. Además de en ese baladón llamado “Blameless”.

No me extraña nada que se haya decidido por sacar a la luz su lado más rock, porque lo maneja de maravilla. Solo hay que escuchar un tema como “Nobody’s Sweetheart”, que empieza de la forma más contenida, pero que termina creciendo en su segunda parte. De hecho, ese estribillo acompañado de una potente batería es de lo más alucinante. Un guion que también sigue en la emocionante “Lil’ Vesta”. Incluso en esa “Getting It Right” que hace junto a Courtney Marie Andrews, una canción que, en condiciones normales, estaría destinado a convertirse en un himno de country-rock, pero su batería potente, y sus teclados, la meten mundos más pop.

Caitlin Rose nos tiene reserva alguna sorpresa que otra en este trabajo. La primera llega nada más empezar con “Carried Away”, una delicada balada que va creciendo poco a poco, y que cuenta con una evidente influencia del “Sweet Jane”. Una referencia que ya dice lo mucho que ha cambiado su forma de ver la música. Pero esa es solo la primera sorpresa, porque en “Modern Dancing” saca las cajas de ritmos y los teclados, y se hace con toda una delicia de pop-rock absolutamente bailable. Unos teclados que aparecen de nuevo en “Only Lies”, el tema que cierra el álbum de la forma más épica y vibrante posible.

7.9

Fell Runner – What I Am

Fell Runner es una banda de Los Ángeles a la que no tenia el gusto de conocer hasta hace unos días, cuando compartió una canción suya un colega tuitero -thanks Clap-. Y la verdad es que fue amor a la primera escucha. Sobre todo, porque, como muy bien comentaba este amigo, era una canción que recordaba bastante a The Walkmen. Banda que, por cierto, se ha vuelto a unir para dar una serie de conciertos por Estados Unidos -espero que se acerquen por Europa en algún momento-. Pero bueno, volviendo a Fell Runner, tampoco os hagáis una idea equivocada, porque su música va mucho más allá de esa influencia. De hecho, su nuevo álbum, tiene varios momentos que son inclasificables.

What I Am’ es su tercer trabajo. Aunque casi se podría decir que es un mini-álbum, porque tiene ocho canciones y dura poco más de 25 minutos. Lo bueno es que, en ese corto periodo de tiempo, nos ofrecen una propuesta de lo más variada. Y es que, si echamos un vistazo a su biografía, podemos ver que definen su música como una fusión sonidos africanos e indie-rock. Algo que se puede apreciar en algunos temas del disco, como es el caso de “Dinner’s Ready!” y “Sailing”, donde nos muestran que su faceta más rock casa de maravilla con unos ritmos que se van a África. Unos sonidos que también aparecen en “Their Voices”. Aunque eso sí, de una forma más reposada y recordando a los mejores Local Natives.

Si hay que etiquetarlos en algún lado, lo más correcto sería meterles dentro del mundo del art-rock. Más que nada, porque, a pesar de que cuenta con temas bastante asequibles y que se pegan a la primera, su forma de atacarlos se sale de lo convencional. Ahí tenemos “Turn Off The Lights”, que cuenta con una guitarra de lo más arrítmica, pero también con un efusivo estribillo de lo más pegadizo. O “Running Shoes”, el tema que tanto suena a The Walkmen, y en el que, al igual que la banda neoyorquina, se decantan por dejar que la batería vaya a su bola. Aunque eso sí, sin perder el ritmo y dando con una melodía y un estribillo deliciosos.

Parte de este tercer álbum de Fell Runner nace del confinamiento. De ahí que algunas de sus canciones hablen directamente de esos días. Es el caso de “Movies” y “There Will Come A Day”, donde bajan el ritmo y se calman bastante para recordarnos las sensaciones que tuvimos muchos y muchas durante esos meses. Aunque sí es cierto que lo hacen de forma muy diferente, ya que en la primera se van hacia un lado más preciosista y nos dejan una estupenda balada que crece en su estribillo. Sin embargo, en la segunda, prefieren darle protagonismo a una voz sin tratar que tan solo se deja acompañar por una guitarra. Y la verdad es que les funciona muy bien.

7,8

Heather – Old Cry, I Walk

No tenía ni idea de la existencia de Heather hasta unos días que me topé con su segundo trabajo. De hecho, pensaba que eran británicos y no de Barcelona, como me he enterado después. Aunque bueno, a mi favor tengo que decir que, Heather Cameron, su cantante, es de Glasgow. Así que algo de las islas sí que hay por aquí. Además de su música, claro, porque estamos ante una banda que bebe del lado más guitarrero de lo noventa y de estilos como el shoegaze, o el britpop más potente. Y hay que decir que lo hacen con un enorme talento. 

Al igual que otras muchas bandas de rock actuales, Heather no se ciñen solo al lado más guitarrero y ruidoso del asunto. Nada más empezar, con la misteriosa “I”, ya dejan ver que saben jugar otras cartas. Aunque eso sí, parece que no dejan la Inglaterra de los noventa, porque, en esta canción me han recordado un poco a Portishead. Sobre todo, la voz de Cameron. Una influencia que crece mucho más en “The Walker and the Wall”, donde se sacan de la manga un estupendo tema con apenas una guitarra acústica y la delicada voz de Cameron. 

Una de las cosas que hacen de este ‘Old Cry, I Walk’ algo especial, es la variedad de sus canciones. Porque, aunque estén centradas en ese rock con bien de distorsión, lo atacan de maneras muy diferentes. Así, tenemos un lado más shoegaze, como el que presentan en las estupendas “Revere It” y “Breathe”. Pero también se dejan llevar por un pop bastante ruidoso, pero muy melódico, como el que presentan en “Fallen Empire” y “Watching Lovers”. Dos canciones que me ha recordado un poco a Echobelly. Y eso siempre es bueno.  Además de en esa melancólica y preciosa “Beyond the Pale”, donde rebajan el nivel de distorsión y dejan que las guitarras suenen más limpias. 

He leído por ahí que PJ Harvey es una de sus principales influencias. Y hay que decir que se nota bastante en alguna canción. Es el caso de “Immaculate”, que nos deja ver un lado más crudo y menos directo su propuesta. O de “Perfect Life”, donde bajan el ritmo, pero no la intensidad de sus guitarras. Además de esa “Make Our Names” de lo más misteriosa y oscura. Y, por si esta variedad de estilos no fuera suficiente, todavía tienen tiempo para dejarnos “Avenge”, un trallazo motorik lleno de guitarras potentes y ruidosas, en el que Cameron se anima con el spoken-word

7,9

Model Shop – Love Interest

No tenía ni idea de que Math and Physics Club se habían divido en dos. Sí que tenia constancia de que Charles Bert había montado Field School, pero, como comenté la semana pasada, cuando puse su álbum de debut, pensaba que era un pasatiempo más surgido en la pandemia. El caso es que hace unos días me encontré con el primer trabajo Model Shop, que no es otra cosa que la banda formada por Kevin Emerson y Ethan Jones, que estaban con Bert en ese “club de física y matemáticas”. Aunque sí es cierto que comparten protagonismo con la bajista Jen Fox. Y sinceramente, yo ya no sé si se han separado, o si necesitaban hacer cosas por separado. Pero bueno, cuantos más discos de buen pop nos dejen, mucho mejor.

Model Shop se formó en Seattle en 2019. Es decir, que apenas tuvieron tiempo de trabajar en su música de la forma más corriente posible antes de que llegara la dichosa pandemia. Lo que los llevó a grabar las canciones de su álbum de debut por separado, y terminar de darle los retoques finales un año después. Y hay que decir que han logrado dar con un gran sonido. Algo a lo que ha ayudado el productor británico Martin Feveyear, que fue con el que terminaron de dar esos retoques.

Love Interest’ tiene un claro sonido británico. Algo que no sorprenderá a nadie que haya escuchado su otra banda. Lo que sí es cierto es que, por aquí, están un poco más clásicos. Ese indie-pop inglés de los ochenta sigue siendo el protagonista, pero ahora, además de entrar esas influencias básicas que son The Smiths o Aztec Camera, también podríamos meter a un artista como Lloyd Cole –“Sunshine Rendezvous” se va a un pop clásico de lo más bello-. Pero ojo, que también se han dejado llevar por el sonido de localidad. Y no digo que se vayan al grunge, pero sí a ese pop acelerado que tanto se lleva en la Costa Noroeste de los Estados Unidos. Algo que se aprecia sin problemas en las estupendas “Lucky” y “Letter To Melissa”. Además de la algo más rockera “I Was Told This Would Be Easy”.

Me encantan los grupos que van al grano. Model Shop no esconden sus influencias para nada en un tema como “A Simple Emotion”, el cual podría haber compuesto Roddy Frame a principio de los ochenta. O en esa “Millionaires” en la que no tienen ningún problema en tirar hacia un pop más épico. Lo que los lleva a dar con uno de los cortes más emocionantes del álbum. Y es que, como dicen ellos mismos, se unieron gracias a su amor por la música pop melódica y efervescente. Algo de lo que dan buena cuenta en este estupendo debut.

7,8

Petite League – Thrill Seekers

Hace casi dos años, cuando cayó por aquí el anterior trabajo de Petite League, comentaba que se les iba un poco la mano con el sonido lo-fi, pero que lo compensaban con estupendas canciones de lo más melódicas. Bueno, pues esto ha cambiado un poco (para bien) en su nuevo álbum. Porque, aunque Lorenzo Gillis sigue grabando todo de la forma más casera, y acompañado únicamente de Henry Schoonmaker, su inseparable batería, ha logrado dar con un sonido más limpio que de costumbre. Y eso hace que su proyecto sea todavía más interesante.

Gillis tiene un talento tremendo para crear estupendas canciones de pop con un envoltorio más sucio y rock. Y eso es algo que, junto a Schoonmaker, nos muestran desde el primer corte de este ‘Thrill Seekers’. “Bloody Knuckless” entra dentro de su lado más new-wave y garage. De hecho, tiene un aire a los setenta que es una absoluta maravilla. Porque, como siempre, saben cuándo dar con un buen estribillo. Algo que también sucede con “Dagger Eyes”, donde se aceleran un poco más, pero donde nunca pierden el tono melódico. Un guion que también siguen en la notable, y muy potente, “Hurricane Shimmy”, o en la algo más noise “New York 2022”.

Lo bueno de este nuevo álbum de Petite League es que, en gran parte, bajan un poco el nivel de intensidad guitarrera y se mete en terrenos más pop. Así, nos dejan una “Mets” en la que apenas pisan el pedal de distorsión. Y les funciona de maravilla. Como también les funciona estupendamente irse hacia sonidos más neozelandeses y entregar dos joyas como “Pantone Karaoke” y “Dyslexic Poetry”. Además de entregarse a la Velvet más ruidosa en la melancólica “Nite Stairs”. Pero es que, incluso va más allá, y se da un baño de guitarras acústicas en la bonita “Floating Blue”. O se dejan ayudar por sus vecinas Sorry Mom, con las que se sacan de la manga un estupendo tema de new-wave llamado “Patience”. Aunque eso sí, para cerrar, reclutan a toda la banda que llevan en directo, y vuelven a la distorsión más melódica en “Disarray”.

No cabe duda de que Petite League es uno de los proyectos de rock más interesantes de la actualidad. Algo que se puede apreciar claramente en este ‘Thrill Seekers’ que, además, cuenta con una portada de lo más bonita. La pena es que su música no tenga algo más de repercusión.

7,9

Bleach Lab – If You Only Feel It Once EP.

Me parece un tanto curiosa la elección que han tomado Bleach Lab a la hora de editar sus canciones. Este grupo de Londres, el cual se formó en 2018, está apostando por el EP y parece que, de momento, no tienen ninguna intención de sacar un álbum de debut. Y es una pena, porque, aunque es un formato que a mí me gusta bastante, creo que reduce el impacto comercial. Incluso en artistas ya consagrados. En parte, porque no suelen salir en formato físico, y en parte porque los medios no les suelen dar mucha cancha. Es más, es raro ver una reseña de un EP en las páginas webs más importantes de música. Así que creo que, si hubieran sacado un LP, estarían más en boca de todos. Porque tengo que decir que aquí hay mucho talento.

Si echamos un vistazo a su biografía, podemos ver que tienen a Mazzy Star y The Smiths como dos de sus máximas influencias. Pero no se quedan ahí, porque dentro de ese carro podríamos meter a buena parte de los grandes del dream-pop. Y más en este ‘If You Only Feel It Once’, donde ellos mismos reconocen que han buscado un sonido más pop. Y eso es algo que se nota bastante en “I Could Be Your Safe Place” y “Take It Slow”, los dos estupendos temas que abren el EP. Aquí muestran su lado más efusivo, el cual, además, llenan de guitarras cristalinas y teclados que brillan. Un guion que también siguen en la notable “Obviously”. Aunque sí es cierto que en este tema bajan un poco el ritmo.

Los otros dos temas del EP sí que se mueven un poco más en terrenos ensoñadores. Sobre todo, “Pale Shade of Blue”, que es uno de esos baladones de dream-pop de lo más nostálgicos. No obstante, reconocen que han buscado la nostalgia y el sentimiento hogareño. Y hay que decir que lo han conseguido. Pero es en el tema titular donde se puede ver mejor esa intención. Estamos ante una canción de más de seis minutos en la que van subiendo poco a poco de intensidad hasta llegar a un clima de lo más ensoñador, y en el que la voz de Jenna Kyle suena más acogedora que nunca. Una pequeña joya que no tiene nada que envidiar a lo que hacen los grandes del género.

8,2

Dear Nora – Human Futures

La carrera de Dear Nora es una tanto curiosa. El grupo liderado por Katy Davison empezó su andadura allá por el 2000, cuando, junto con otros grupos, como Mates of State o Casiotone for the Painfully Alone, crearon una pequeña escena de pop lo-fi. Aunque también es cierto que la música de Davison tiraba más hacia el folk. Pero luego, unos años después, desaparecieron del mapa, y no fue hasta 2017 cuando volvimos a saber de ellos. Fue en ese año cuando reeditaron su segundo trabajo. Algo propiciado, en parte, porque se habían convertido en una banda de culto para muchos de los nuevos artistas folk. Lo que también los llevó a publicar su primer trabajo en una década en 2018, y a darle la continuación de la que hablo hoy.

Human Futures’ es un trabajo absolutamente minimalista en el que hay un poco más de electrónica, y en el que las canciones se mueven en mundos de lo más reposados. Pero también es un disco de lo más bello. Y en eso tiene la culpa Davison y su talento para construir canciones que hablan de cosas cotidianas y que, a pesar de no ser muy directas, son bastante pegadizas. Además, ha hecho muy bien no alargando sus temas demasiado, los cuales, en la mayoría de los casos, duran poco más de dos minutos, y van directos al grano.

El último trabajo de Dear Nora empieza de la forma más juguetona posible. “Scrolls of Doom” es una canción en la que experimentan con su lado más electrónico y se sacan de la manga un tema de lo más curioso. Pero en seguida cambian de rumbo y aparece ese lado más delicado y preciosista que, tengo que decir, que es el que más me gusta. Y es que, un tema como “Sedona”, con su delicada guitarra minimalista, y esas notas de teclado que entran en su estribillo, me ha conquistado del todo. O una canción tan bella como “Shadows”, en la que no necesita mucho para dar con la tecla que emociona. Además de esa “Flag (Into the Fray)” compuesta a pachas con Frankie Cosmos, en la que se pueden apreciar las razones por las que se han convertido en una referencia entre los nuevos artistas folk.

No todo en este álbum entra dentro de su mundo más minimalista. También hay canciones en las que se dejan llevar por otros sonidos. Como esa “Flowers Fading” en la que le dan protagonismo a un curioso sonido de sintetizador. O esa delicada “Fruitful Streams”, donde se acercan bastante al soft-pop. Además de “Airbnb Cowboy”, en la se ponen un poco más rabiosos y acelerados para denunciar el mundo de los alquileres turísticos. Aunque sí es cierto que al final se saltan todas las normas que se han puesto en el resto del álbum, y entregan una “Five Months on the Go” que casi se va a los seis minutos. Pero no pasa nada, porque hay que reconocer que les funciona bastante bien.

7,6

Los Punsetes – AFDTRQHOT 

Los Punsetes están más enfadados que nunca. Algo que, si escuchamos su discografía, parece imposible. La banda madrileña se ha especializado en crear pequeños hits llenos de letras mordaces e irónicas. Y a veces ni siquiera se molestan en tirar de esa ironía y van directos al grano. Pero nunca han sido tan contundentes en su odio como en este séptimo trabajo. Y es que, prácticamente, todas las canciones de este álbum están dedicadas a gente que odian o que les cae mal. Incluso se permiten el lujo de “dedicar” un pequeño himno a esa mitad de España que “les sobra”.

Hay que decir que Los Punsetes jugaron al despiste con el primer single que editaron de este ‘AFDTRQHOT’. Esa “Ocultismo” que presentaron hace unos meses hacia presagiar un cambio de sonido en la banda. Y la verdad es que resultó de lo más interesante ver a la banda madrileña meterse de lleno en otros sonidos. Porque, además de su habitual indie-rock, en su más de nueve minutos, nos encontrábamos psicodelia, efectos de voz, cambios de ritmo, o guitarras acústicas que se fusionan con las eléctricas. Y todo esto aderezado con una letra en la que meten cera al capitalismo o la iglesia, y en la que hay frases lapidarias como «no hay liquido más espeso que el odio que te proceso». Pero lo cierto es que es la rara avis del disco, porque en el resto siguen siendo Los Punsetes de toda la vida.

El primer tortazo del disco llega nada más empezar. “España corazones” es todo un anti-himno en el que se meten en un buen fregado criticando a esa España de banderitas y en el que nos dejan perlas como «España, España, España, país, bandera, España, con más tontos que listos, con más fuerza que maña». Pero, a pesar de esa mala leche que destilan, estamos ante una canción muy pop y absolutamente pegadiza. Y ojo con su parte final, donde se sacan de la manga un segundo estribillo brutal. Y así siguen en el resto del álbum. Sacando la garra más noise para desear la muerte en a un grupo de personas en “Cerdos” y “Que te vaya mal”, o hablando de los esfuerzos que tenemos que hacer con gente que no nos cae bien, como es el caso de “Cosas que no me gustan”.

Siempre he pensado que lo mejor de Los Punsetes es lo bien que fusionan su agresividad verbal con una faceta musical muy pop. Gracias a eso, logran dar con un tema como “Hola, destrucción”, en la que se sacan de la manga un pequeño himno de noise-pop con una letra deprimente. O “No puedes correr”, donde incluso se ponen más melódicos. Y lo hacen deseando que a alguien le caiga una «lluvia de hostias». Aunque eso sí, para cerrar el disco prefieren irse hacia su lado más sucio y entregar una reposada “Fomo” en la que las guitarras rugen como nunca.

8

Smirk – Material

Nunca he sido muy fan del punk. De hecho, todas las bandas de estilo que han caído en el blog siempre tenían un lado muy pop y melódico – me vienen a la cabeza Terry Malts y Hunx and His Punx-. Y por eso están por aquí Smirk, una banda de Los Ángeles que, a pesar de contar con tan solo dos años de vida, ya lleva un par de álbumes y algún que otro EP. Y es que, detrás de este proyecto, está Nick Vicario, un musico de la escena hardcore de Portland al que le llegó la inspiración tras dejar su ciudad y mudarse a la soleada California. Quizá, por eso, su punk, no lo es tanto.

Material’ es su segundo álbum, y es incluso más melódico y pop que al anterior. Además de menos sucio. Algo que se puede apreciar nada más empezar. “Material World’s Unfair” es una de las canciones más potentes del disco, pero ese toque tan Sonic Youth que tiene su primera parte, y el lado más amable que nos encontramos en la guitarra que corona la segunda, hacen de ella algo de lo más asequible. Al igual que buena parte de las canciones que vienen a continuación, porque Vicario y sus compañeros de banda manejan de maravilla ese punk a la europea de finales de los setenta y principio de los ochenta. Solo hay que escuchar la estupenda “Revenge”, donde aparece la voz invitada de Iphigenia Foie. O “Symmetry” y su primera parte tan Sex Pistols. Además de la acelerada, y más neoyorquina, “Living in Hell”.

Estamos ante un disco corto que no llega ni a los 25 minutos, pero en ese pequeño periodo de tiempo también coquetean con otros estilos. El sonido punk y algo sucio sigue ahí, pero hay varios momentos en los que pisan bastante el freno. Es el caso de “Souvenir”, el single principal, donde se van hacia mundos más new-wave. Y hay que decir que con bastante acierto. Un camino que también siguen en “Hopeless”, en la que incluso se dejan llevar por sonidos más acústicos. Además de mucho más americanos. Y si nos vamos a “Total Reality”, nos encontramos con un tema que está más cerca del post-punk que de otra cosa. Aunque eso sí, para terminar, no pueden evitar volver a su lado más sucio y entregar la potente “At the Pantomine”.

7,6

The Laughing Chimes – Zoo Avenue EP

The Laughing Chimes fueron una de las grandes sorpresas de 2021. Este dúo de Ohio formado Evan y Quinn Seurkamp, dos hermanos adolescentes que grabaron las canciones de su álbum de debut para un proyecto del instituto, nos dejó pasmados a todos los seguidores del buen indie-pop. De hecho, se colaron en unas cuantas listas de lo mejor del año. Incluida la de esta humilde casa. Y todo desde la más absoluta independencia, ya que incluso crearon su propio sello para editar esas canciones. Algo de lo que ya no tienen que preocuparse, porque han firmado con una grande del indie como es Slumberland, que les ha publicado su nuevo EP, y supongo que harán lo propio con el segundo disco en el que ya están trabajando.

Zoo Avenue’ reincide en el sonido de su álbum de debut. Es decir, que por aquí vuelven a aparecer influencias del Dunedin Sound, de los primeros R.E.M., o del pop británico de toda la vida. Y hay que decir que no han perdido el talento para llevar estos sonidos a buen puerto. Algo que, como siempre comento, no es nada fácil, ya que es un estilo bastante trillado. Pero ellos consiguen que sus canciones suenen frescas. Solo hay que escuchar el pop vibrante y exultante de “Ice Cream Skies”, el tema que abre el álbum. O esa joya llamada “Laurel Heights”, la cual nos lleva directos a Athens. Y si nos vamos a “Zoo Avenue”, nos encontramos con un juguetón y estupendo tema de kiwi-rock.

Están que se salen en prácticamente todas las canciones del EP. Es más, cuando pisan el freno y se relajan un poco, son capaces de entregar un tema como “Cats Go Car Watching”, en el que ensucian sus guitarras y en el que, a pesar de su cachondo título, se ponen un poco más serios. O esa “Airplane Underwater” que también se cuece a fuego lento, y que está envuelta en un mar de guitarras que brillan. Además de una balada como “Kings With the Hawthorne Crown”, que los lleva a un sonido más retro y british.

No cabe duda de que The Laughing Chimes son una de las bandas más frescas del nuevo indie-pop. Algo que ya se dejaba ver con su álbum de debut, y que se confirma con este EP. Y ojo, que ya han aumentado la formación, y están preparándose para los directos. Así que la cosa va muy en serio.

8,1