The Legends – Nightshift

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En apenas unos años, hemos pasado de escuchar el pop nórdico a todas horas, a no hacerle ni puto caso. También es cierto que hubo una saturación de este tipo de bandas, y cada semana salían unas cuantas. Como siempre pasa con las corrientes musicales, al final solo sobreviven los mejores, y entre estos últimos está Johan Angergård. El sueco es el culpable de los discos de Acid House Kings, Club 8, y The Legends, tres de los grupos más representativos de esta corriente. Entre un disco con uno, y otro disco con los otros, Angergård ha estado entretenido en estos últimos años, pero también es cierto que ya no tiene la incontinencia musical que tenía la década pasada. Es más, en los últimos siete años solo ha sacado tres discos en total, una cifra realmente baja para él.

Nightshift” llega dos después de “It’s Love”, el precioso disco que le dedicó al amor. Poco tienen que ver uno con otro, algo, por otra parte, habitual en los discos de The Legends, que suelen cambiar de estilo musical más que de chaqueta. Si en su anterior trabajo, nos dejaban una electrónica reposada y sensual, en este se meten de lleno en el mundo del neón y el electro. Es más, gran parte del disco tiene un rollo bastante Chromatics, y temas como ‘Summer In The City (Living For Somebody Else)’, ‘Diamonds’, ‘Motorway’ o ‘Automan’, se meten de lleno en ese mundo del electro oscuro e intrigante. No están mal, pero sí es cierto que este rollo está un poco trillado desde que la banda sonora de “Drive” se convirtió en todo un éxito.

Suenan bastante más interesantes cuando se ponen más dance, y mucho más ochenteros. Es el caso de ‘Cash’, el tema que abre el álbum, de ‘In Love With Myself’, en la que escuchamos la voz de Elin Berlin, o de ese trallazo llamado ‘Say What?’ Incluso esa ‘Space Jam’ tan electro, tiene su rollo. Pero no todo es una pista de baile en lo nuevo de The Legends, también tienen alguna balada sintética que mostrarnos. Es el caso de ‘Roses’, que está bastante bien, y de ‘Cocaine’, en el que podemos escuchar una voz femenina cantando en castellano.

No es el mejor disco de The Legends, ni mucho menos. Hay unos cuantos temas que son puro relleno, y les ha quedado un poco largo, pero sí es cierto que tiene varios cortes notables. Además, nos devuelve al grupo sueco, y eso siempre es un punto.

7,1

Thurston Moore – Rock n Roll Consciousness

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A priori, un disco de Thurston Moore que contiene cinco canciones y se va hasta los 42 minutos, me da un poco de pereza, pero a los miembros de Sonic Youth siempre les doy una oportunidad. Y eso que, desde que se separaron, han tenido una incontinencia musical difícil de seguir. Además, salvo Lee Ranaldo, lo normal ha sido que se vayan hacia su faceta más experimental. Sobre todo Kim Gordon, que está haciendo discos un tanto difíciles de asimilar. Sin embargo, Moore se ha movido entre dos mundos, y sacado discos más experimentales, y otros mucho más llevaderos. Y, a pesar de la duración de los temas, este último forma parte de los segundos.

Es un poco arriesgado empezar un disco con una canción como ‘Exalted’, que se va a los doce minutos, y en la que Moore no empieza a cantar hasta el octavo, pero el neoyorquino maneja como nadie este tipo de canciones que empiezan calmadas, y que poco a poco van llenándose de distorsión. Además, al final entra su faceta más melódica. Es algo que también ocurre con ‘Turn On’, pero está, incluso, es todavía mucho mejor. En parte porque, la sección rítmica, de Steve Shelley, por supuesto, es brutal, pero también porque es un corte mucho más potente y una de esas canciones que en directo te dejan del revés. Aunque si hablamos de potencia, hay que mencionar ‘Cusp’, el mejor tema del disco, y una de las mejores canciones de su carrera. Aquí nos encontramos con un Moore muy melódico envuelto en una brutal tormenta de guitarras distorsionadas, y aceleradas. Una auténtica joya.

Los últimos minutos del disco los ocupan ‘Smoke of Dreams’ y ‘Aphrodite’, un par de cortes un tanto más áridos, en donde nos deja una de cal y otra de arena. La primera es una clásica “balada” –con su pequeño subidón en la parte intermedia- de Moore, que funciona bastante bien. Sin embargo, en la segunda, se deja fuera el tono más amable que contiene el resto del álbum, y nos deja un corte ocho minutos lleno de guitarrazos cortantes, y alguna que otra rallada más cercana a una jam session que a otra cosa.

Rock n Roll Consciousness” es un disco notable, con el que Thurston Moore se acerca a los cuarenta años de carrera en un estado de forma increíble.

7,8

Slowdive – Slowdive

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Ya no sorprende que los grupos vuelven tras años y años sin pasar por el estudio de grabación, pero sí hay vueltas que hacen más ilusión que otras. Una de ellas es la de Slowdive, auténticos pioneros de los que hoy conocemos como dream-pop y shoegaze, y uno de los grupos más personales de esa escena. En apenas seis años, y con tan solo tres discos, se convirtieron en toda una referencia para un buen montón de bandas posteriores. Además, no tuvieron ningún problema en ampliar su paleta sonora, y en su tercer trabajo se adentraron en la electrónica más ambiental. Ahora, 22 años después, vuelven con el que es su cuarto álbum, y nos dan unas cuantas alegrías.

El hecho de que su nuevo trabajo sea homónimo, me hace que pensar que, esto, más que una vuelta, es un nuevo comienzo. Así lo atestigua ‘Star Roving’, el primer adelanto, en el que nos encontrábamos con unos Slowdive mucho más acelerados que de costumbre, y acercándose a sus coetáneos Ride (otros que sacan disco en breve). Pero es un cambio a medias, ya que, en el resto del álbum, no es tan pronunciado. Sí hay algo de esa euforia en el comienzo de la maravillosa ‘Don’t Know Why’, y en la épica ‘Everyone Knows’ pero, al final, los Slowdive de toda la vida ganan la partida.

Realmente, es un disco en el que casi todas sus facetas –falta la electrónica- están representadas. Y es que, por un lado, tenemos esas canciones envueltas en guitarras cristalinas y teclados ensoñadores marca de la casa, que están muy bien representadas con ‘Slomo’, el tema que abre el disco. Y por el otro tenemos el shoegaze contenido de ‘No Longer Making Time’ y ‘Go Get It’, que también funcionan estupendamente. Además, entre medias, nos encontramos con ‘Sugar for the Pill’, una delicada y preciosa balada de lo más ensoñadora. Eso sí, los ocho minutos finales de ‘Falling Ashes’ no me terminan de convencer del todo.

Con su nuevo trabajo, los de Reading superan de sobra la prueba de los años inactivos, y nos dejan un disco realmente estupendo que no defraudará a sus seguidores.

8,1

Mac DeMarco – This Old Dog

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El éxito que tiene Mac DeMarco es una de las cosas más extrañas que le han sucedido al mundo de la música en los últimos años. No es que me parezca un mal artista, todo lo contrario, por aquí siempre han sido bien recibidos todos sus discos, pero resulta curioso el poder de convocatoria que tiene con la música que hace. No es un músico fácil de asimilar, y sus canciones, lánguidas y perezosas, están muy lejos de ser un hit convencional, pero es una auténtica estrella entre la muchachada. Esto es algo que me gusta, ya que demuestra que las nuevas generaciones no tienen reparos en abrir sus oídos. Aunque un sexto sentido también me dice que, parte de este éxito, es debido a su rollo gamberro; ese que tanto gusta entre los más jóvenes.

That Old Dog” es su tercer álbum oficial, y poco ha cambiado respecto a “Salad Days”, su anterior trabajo. Sigue en su línea, con sus canciones reposadas y cálidas, y sus historias cotidianas. Además, ahora que se ha mudado de Canadá a Los Angeles, tiene bastantes cosas que contar. Lo malo es que empieza a repetirse, y en varios momentos resulta complicado no pensar que esto ya lo hemos escuchado antes. Aun así, se puede seguir disfrutando de sus canciones.

Como es habitual en sus discos, los temas que mejor entran son los que suenan más vivos. Así, nos encontramos con canciones como ‘Baby You’re Out’, ‘One Another’ o ‘A Wolf Who Wears Sheeps Clothes’, que siguen funcionando bastante bien. Eso sí, este tipo de cortes están en desventaja frente a los más tranquilos. Y es que, el canadiense, ha hecho su trabajo más reposado hasta la fecha. Pero no pasa nada, porque también tiene pillado el tranquillo a este tipo de temas. Solo hay que escuchar ‘My Old Man’, el tema que abre el disco con un cierto toque bossanova, o dejarse llevar por su forma de arrastrar las cuerdas de su guitarra en la perezosa canción que da título al disco. Incluso, cuando deja que los teclados se lleven todo el protagonismo, como es el caso de ‘For The First Time’ y ‘On The Level’, consigue hacer cosas notables. Aunque hay que decir que no siempre está acertado, y en cortes como ‘Sister’ y ‘Moonlight On The River’, su propuesta se empieza resentir. Y lo que es peor, aburren bastante.

De momento, y en gran parte del álbum, consigue que su propuesta siga funcionando, pero no sé si le dará para un disco más.

7,6

Happyness – Write In

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Happyness es una de esas bandas empeñadas en recuperar el indie-rock y el indie-pop de los noventa, y hasta ahora lo han hecho muy bien. Su álbum de debut reflejaba su pasión por bandas como Yo La Tengo o Teenage Fanclub, y en su sobresaliente Ep del año pasado, pulían esas influencias y añadían otras más clásicas, como los Beach Boys. Algo que se aprecia mucho más en este “Write In”, el que es su segundo álbum.

Falling Down’, el maravilloso single que sirvió de adelanto de este trabajo, presentaba a la banda inglesa mucho más relajada y elegante que nunca. Y es que, las guitarras distorsionadas y la energía más propia del indie-rock, no están tan presentes en este álbum. Tan solo desgarran las guitarras, y siempre desde un punto de vista más pop, en ‘Anytime’, ‘Bigger Glass Less Full’, y la ya conocida ‘Anna, Lisa Calls’, una de las dos canciones que han incluido de su último Ep. Aunque la primera es un poco más ruidosa, y la última un poco más cristalina, las tres nos recuerdan a los mejores Teenage Fanclub, y eso siempre es un punto a favor.

La banda londinense le ha pillado el punto al piano, que cuenta con una gran presencia en este disco. De ahí la influencia de los Beach Boys más relajados y ensoñadores que comentaba un poco más arriba. Algo que resulta evidente en canciones como ‘The Reel Starts Again [Man As Ostrich]’, ‘Through Windows’ o ‘Victor Lazarro’s Heart’, tres cortes en los que nos dejan un sonido mucho más clásico, y algo alejado del habitual indie-rock. Pero, para los que gozan con los sonidos noventeros más relajados, también tienen un par de ases guardados en la manga. Se trata de ‘Uptrend/Style Raids’, que bien podría ser una fusión entre Pavement y Yo La Tengo, y la ya conocida ‘Tunnel Vision On Your Part’, con la que cierran el álbum de una forma inmejorable.

Quizá, tras el buen sabor de boca que me dejó el primer adelanto, no me ha parecido un trabajo tan directo como el que me esperaba, pero si es un disco notable. Además de la confirmación de que utilizan sus influencias con elegancia y sin tirar de lo más evidente.

7,7

Goldfrapp – Silver Eye

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Creo que, en los más de diez años que llevo con este blog, jamás he puesto un disco de Goldfrapp. Si algunas canciones sueltas en recopilaciones, pero nunca un álbum completo. Y eso es porque, básicamente, me parece un grupo de singles. Tienen una buena colección de canciones pegadizas y bailables; esas con las que las agencias de publicidad nos han saturado en los últimos quince años, pero, y eso es lo bueno, también cuentan con esa parte más tranquila, y cercana al trip-hop, con la que comenzaron. De hecho, si tuviera que elegir un disco suyo, sería su debut, que es el más completo. Además, tuve la oportunidad de verlo en directo en el FIB de 2001, y de alucinar con los juegos de voces de Alison Goldfrapp.

El gran problema que tiene la banda británica, es que llega un momento en el que parece que siempre estas escuchando la misma canción. Son temas de electro que no están nada mal –los anunciantes de colonia les deben mucho-, pero yo he perdido la cuenta de las veces han hecho una canción como ‘Anymore’ o ‘Systemagic’, dos cortes que si me dicen que pertenecen a su álbum de 2003, me lo creo. Además, ninguna de las dos tiene el tirón y el gancho con el contaban ‘Ooh La La’, ‘Number 1’ o ‘Rocket’, que eran mucho más desenfadas y directas. Quizá, lo mejor de esta faceta más dance, llega en la minimalista ‘Become the One’, y con el pop épico de ‘Everything Is Never Enough’ que, al menos, suenan un poco diferentes.

Silver Eye” es un trabajo que también contiene la faceta más reposada de la banda; esa con la que conquistaron al mundo en el año 2000. Pero claro, no esperéis encontrar algo tan bueno como ‘Utopia’ o ‘Lovely Head’. Lo más interesante dentro de este sonido, es la oscura e intrigante ‘Tigerman’, la grandilocuente ‘Faux Suede Drifter’, y ‘Moon In Your Mouth’, en la que sí han conseguido hacer algo realmente bueno con sus ingredientes de siempre. Aunque también tengo que decir que, ‘Ocean’, la canción que cierra el álbum, y en la que se acercan a los Depeche Mode más oscuros, tampoco está mal.

Pocos seguidores nuevos van a conseguir Goldfrapp con este trabajo, con el que, una vez más, demuestran que saben hacer tres o cuatro buenos singles, y un buen puñado de canciones de lo más simples. Eso sí, ya tienen otro dos o tres temas más para anunciar colonias.

6,5

The New Pornographers – Whiteout Conditions

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The New Pornographers tienen discos mejores y peores, pero, como mínimo, siempre notables. Eso es algo que se puede decir de muy pocos grupos con una carrera tan longeva como la suya. Suyos son muchos de los grandes estribillos de estas dos últimas décadas, en las que nos han hecho vibrar con sus canciones de pop alegre, y nos han llegado al corazón con sus temas más melancólicos (‘The Bleeding Heart Show’ me sigue emocionando como el primer día). Por eso mismo no vamos a tenerles en cuenta que hayan sacado un disco un tanto continuista, y que hayan querido aprovechar el tirón del sobresaliente “Bill Bruisers”, su anterior trabajo. Además, se les ha ido Dan Bejar, que por primera vez aparece en los créditos un álbum del combo canadiense.

Whiteout Conditions” reincide en el sonido de su anterior trabajo, donde los teclados tomaron bastante protagonismo. Prácticamente, todas las canciones tienen una capa sintética que, dicho sea de paso, les sienta muy bien. Y es que, esa producción tan compacta, le da un toque de lo más atractivo a sus temas de pop saltarín. Ahí está esa ‘Play Money’, que abre el disco de la mejor forma posible; con la voz de Neko Case llevándose todo el protagonismo, a la que también podemos escuchar en el ochentero tema que da título al álbum, el cual viene a continuación. Y siguiendo la buena racha, aparece ‘High Ticket Attractions’, el que fue el primer single, y todo un hit marca de la casa. Lo malo es que, a partir de aquí, no logran dar con la fórmula perfecta en todas las canciones.

El séptimo trabajo de los canadienses peca de irregular a partir de ‘Second Sleep’, su sexta canción. Y es que, tras otros dos cortes notables como ‘This Is The World Of Theater’ y ‘Darling Shade’, aparece este corte aburrido, que no termina de despegar. Afortunadamente, la cosa mejora con ‘Colosseums’, su estribillo onomatopéyico, y su toque juguetón. Pero, como ya he dicho antes, la segunda parte es muy irregular, y solo vuelven a dar con la perfección pop en ‘Clock Wise’. Aunque hay que decir que, la minimalista ‘We’ve Been Here Before’, tiene su punto. Y bueno, la acelerada ‘Avalanche Alley’, con la que cierran el disco, tampoco está nada mal.

Whiteout Conditions” no es ni mucho menos un mal trabajo, pero sí da la sensación de que se han quedado atrapados en su zona de confort, y es algo continuista. Aun así, no faltan esos temazos que nos levantan el ánimo cualquier día tonto.

7,4