The Underground Youth – What Kind of Dystopian Hellhole Is This?

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En la página del sello de The Underground Youth comentan que, lo mejor de esta formación de Manchester, es su habilidad para crear un melocotón –sí, un melocotón- de psicodelia melancólica, post-punk, chillwave de Berlín, el rollo gótico y el shoegaze, pero entregado con una sensibilidad pop ensoñadora. Así, que si ellos lo dicen, yo no les voy a llevar la contraria.

Resulta curioso que nunca me haya topado con ellos, porque no son precisamente unos recién llegados. Además, son bastante prolíficos. Llevan editando álbumes y Eps desde hace una década, y este su octavo disco. Sí es cierto que, por lo que he podido ver, su sonido ha cambiado un poco en estos años. Se han suavizado, pero sus influencias, donde entran The Velvet Underground (era de esperar), The Jesus and Mary Chain o The Brian Jonestown Massacre, siguen más que presentes. Pero también hay que decir que cada vez hay menos de la psicodelia que representan los últimos.

What Kind of Dystopian Hellhole Is This?” es un disco con dos facetas muy claras. De buenas a primeras, y gracias a ‘Half Poison, Half God’, la canción que lo abre, nos encontramos con la más oscura y cruda, la que nos recuerda al underground neoyorquino de finales de los sesenta; ese que Lou Reed y sus compinches encuerados conocían tan bien. Es un rollo que se les da muy bien, por algo predomina en el disco, y en temas tan interesantes como ‘Amerika’, con su rollo rocker, y en ‘Persistant Stable Hell’ y ‘Your Sweet Love’, en las que se ponen un poco más noise. Sin embargo, también tienen un lado más pop que deberían explotar un poco más, ya que ‘Alice’, tan The Cure y tan limpia, es de largo, la mejor canción del disco. Incluso ‘A Dirty Piece of Love for Us to Share’, en la que sacan a paseo la acústica (también citan a Bob Dylan entre sus influencias), y se quitan la oscuridad de en medio, es notable. Aunque también tengo que decir que me recuerda bastante al ‘Into Your Arms’ de The Lemonheads.

Nunca es tarde para descubrir a buenos grupos, aunque lleven años en esto y tengan decenas de canciones que escuchar.

7,6

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Spiral Stairs – Doris & the Daggers

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A pesar de que soy muy fan de Pavement, no conocía a Spiral Stairs, el proyecto de Scott Kannberg, uno de sus guitarristas. Al igual que tampoco conocía a Preston School of Industry, su primer proyecto en solitario, el cual finiquitó en 2004. Pero bueno, tampoco es que haya tenido demasiada actividad, así que es normal que se me haya pasado.

Doris and The Daggers” es su segundo trabajo, y llega ocho años después de su debut. Es un álbum totalmente influenciado por la muerte de Darius Minwalla, el que fuera batería de Preston School of Industry, y colaborador en el primer trabajo de Spiral Stairs. Además de formar parte de The Posies durante 14 años. Pero no penséis que estamos ante un disco triste, todo lo contrario. Kannberg tira hacia indie-rock, pero no le pierde la vista al pop, y hay canciones que cuentan con un cierto tono alegre.

Para crear este disco, se ha rodeado de amigos, que tiene unos cuantos, y muy famosos. Por aquí aparecen Matt Berninger de The National, Kevin Drew y Justin Peroff de Broken Social Scene, o Kelley Stolz. Incluso Jason Lytle de Grandaddy, protagoniza el vídeo de ‘Dance (Cry Wolf)’, el tema tan Roxy Music que abre el álbum. Juntos han creado un disco realmente interesante, en el que nos encontramos varios temazos. Ahí está la bonita en ‘Exiled Tonight’, en la que Berninger pone su voz; la frescura de ‘Emoshuns’, que suena a Pavement que da gusto, y que cuenta con la voz de Kevin Drew, o el indie-rock sin complicaciones, pero muy efectivo, de ‘Dundee Man’ y ‘Angel Eyes’.

A pesar de que seguir las directrices rockeras que han marcado su carrera, le sientan muy bien, lo mejor del álbum llega cuando se va hacia otro camino. La inclusión de trompetas en la parte final de ‘The Unconditional’, y en prácticamente toda ‘Trams (Stole My Love)’, es todo un acierto. Sobre todo en la segunda, que con ese toque soul, se convierte en el mejor tema del disco. Aunque, eso sí, tiene un cierto aire al ‘It Never Rains in Southern California’ de Albert Hammond.

A pesar de que tiene algún tema menor, como ‘No Comparison’ y el que le da título y lo cierra, es un disco notable, y creo que puede gustar mucho a los que eran seguidores de su banda principal.

7,7

Los Planetas – Zona temporalmente autónoma

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Si habéis estado en España durante este fin de semana, es muy probable que hayáis acabado leyendo alguno artículo sobre el nuevo disco de Los Planetas. Las redes sociales se han llenado de críticas (tanto buenas como malas); Victor Lenore, el renegado del indie, les ha dedicado toda su mala baba en uno de sus artículos sensacionalistas que solo buscan el click, y cientos de personas han compartido sus impresiones en Twitter o Facebook. Esto es algo que pasa con pocos grupos, y Los Planetas nos han vuelto a dejar claro que, a pesar de haber pasado siete años desde su último trabajo, siguen teniendo un tirón importante.

Se han dicho tantas cosas de este “Zona temporalmente autónoma” en los últimos días, que uno y no sabe que pensar. Por un lado, están los que creen que están menos anglosajones que nunca, y que sus canciones están más centradas en el flamenco que en otras ocasiones. Sin embargo, hay gente que piensa que no, que están más pop que en sus dos trabajos anteriores. El caso es que las dos opiniones son aceptables, y eso es algo bueno. Si en “La leyenda del espacio”, consiguieron adaptar el flamenco al mundo del shoegaze –aquel discazo parecía creado por un Kevin Shields enamorado de Granada-, aquí han hecho lo propio con el pop más ensoñador. Es un disco en el que los teclados tienen un protagonismo importante, y en el que la distorsión guitarrera apenas aparece. Pero, a su vez, cuenta con varias canciones potentes y grandilocuentes. Una mezcla perfecta, que supera de largo al irregular “Una ópera egipcia”.

Una de las “polémicas” del disco ha sido ‘Islamabad’, el tema que lo abre, y que cuenta con parte de la letra de una canción de Yung Beef. Los defensores del trap no tardaron ni un segundo en venirse arriba, aprovechando la oportunidad para dar el coñazo con todo lo bueno que tiene este estilo de música. El caso es que el tema es uno de los mejores cortes del disco, y realmente es una canción más de Los Planetas con un par de frases de Yung Beef al final. El tema forma parte de su faceta más ensoñadora, esa que empezaron con ‘La copa de Europa’, y perfeccionaron en “Unidad de desplazamiento”, su disco del 2000. Es lo que predomina en este trabajo, ya sea en su lado más flamenco, con las notables ‘Una cruz a cuestas’, en la que vuelve a colaborar Soleá Morente, y en la propia ‘Soleá’, o en su lado más pop, donde nos dejan la asombrosa ‘Seguiriya de los 107 Faunos’, una revisión de un tema del grupo argentino 107 Faunos, en la que están más cerca de Cocteau Twins que del mundo del flamenco.

Otra cosa que también se comentado, es que al disco le faltan ese par de hits que siempre han tenido todos sus trabajos. Algo con lo que no estoy de acuerdo. Es más, tiene media docena de canciones que entran entre lo mejor de su discografía. Aunque sí es cierto que están más relajados, y ahora las guitarras no rugen como antes. Pero eso no significa que ‘Hierro y níquel’, la preciosa ‘Porque me lo digas tú’, ‘Espíritu Olímpico’, o el tema que da título al álbum, no tengan alma de hit. Y si ya cogemos ‘ljtihad’, con ese robo que J hace del ‘Isla de encanta’ de los Pixies, nos encontramos con todo un himno pop irresistible. Incluso esa ‘Libertad para el solitario’, tan folk, tiene su punto.

Zona temporalmente autónoma” no es un disco perfecto, es demasiado largo –esa ‘Guitarra roja’, tan abiertamente política, se hace un poco pesada- y tiene alguna canción que realmente sobra, como es el caso de ‘Hay una estrella’, que quedaría mejor de cara-b de un futuro single. Pero, a pesar de estos dos o tres fallos, sí que es un gran disco, y la mejor prueba de que Los Planetas todavía tienen mucho que decir.

8,1

Desperate Journalist – Grow Up

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En una entrevista que ha dado recientemente J de Los Planetas, que, por cierto, editan su nuevo disco hoy, comenta que el indie solo se ha consolidado en España. Supongo que se referirá a bandas como Lori Meyers, León Benavente o Vetusta Morla, que yo, sinceramente, no metería en el carro del indie. Algo parecido pasa en Reino Unido, donde grupos catalogados como indies, bien porque graban fuera de una multinacional, pero distribuidos por una de estas, o bien porque que les interesa subirse a ese barco, copan las listas de ventas. Pero yo, y mucha gente, entiende lo del indie como algo diferente. Es más una actitud y una manera diferente de ver las cosas, que estar en un sello u otro. Y ahí es donde entran bandas como Chorusgirl, Manhattan Love Suicides, o Desperate Journalist, la que nos ocupa hoy.

Seguro que el nombre de estos londinenses os suena, ya que he hablado de ellos varias veces. Pero, por si acaso os habéis olvidado, os recuerdo que lo suyo es el post-punk a lo The Cure, endulzado con melodías y estribillos muy pop, y con la potente voz de Jo Bevan, de la que siempre dicen que tiene un deje a lo Morrissey a la hora de cantar. “Grow Up” reincide en esto, y apenas cambios respecto a su debut y sus Eps previos; siguen siendo especialistas en hacer hits contundentes y guitarreros. Yo encantado, ya que, lo que más me gusta de ellos, es esa habilidad que tienen para llevar el pop al mundo de la distorsión y el guitarreo. Solo hay que escuchar ‘Resolution’ o ‘Be Kind’ para ver de lo que hablo, y para enamorarse de ellos a la primera escucha. Pero no se quedan ahí, y también llevan la influencia de The Smiths a su terreno, sacándose de la manga maravillas como ‘Why Are You so Boring?’ y ‘I Try Not To’.

Cuando se ponen un poco más oscuros, me gustan un poco menos, pero también tienen cosas notables en esta faceta. ‘Hollow’, el tema que abre el disco, es una de ellas. Esos bajos a lo The Cure suenan de maravilla, y sus guitarras, tan oscuras, pero a la vez tan limpias, son irresistibles. Al igual que resulta irresistible la contundente ‘All Over’. Sin embargo, cuando bajan el nivel de distorsión, no terminan de cuajar bien el asunto. Tan solo ‘Your Genius’, me ha parecido notable en esta faceta, y eso que me recuerda un poco a The Cranberries, una banda que no me gusta nada. Pero la verdad es que les ha quedado muy bien.

Grow Up” es un disco continuista, lo cual me parece normal, ya que tan solo es su segundo álbum. Además, si te sale bien algo, no es necesario cambiar de buenas a primeras.

7,7

Recomendaciones en Streaming: Ghost Transmission – Echoes

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No es la primera vez que los valencianos Ghost Transmission aparecen por aquí, su ‘Creep Me Out’ se llegó a colar entre las mejores canciones de 2015, y también recomendé su álbum de debut. Ahora vuelven con un segundo trabajo igual de recomendable que el primero, en el que siguen tirando de las guitarras ruidosas y las buenas melodías. Además de ese toque tan 50’s que tienen algunas de sus canciones, y que ha hecho que les comparen en más de una ocasión con The Raveonettes. Aunque sí es cierto que hay alguna novedad que otra.

Esta vez, los de Xativa no solo han dado el protagonismo a las guitarras, también han llenado este “Echoes” de sintetizadores, algún moog y alguna caja de ritmos. Esto no significa que se hayan pasado a la electrónica, pero sí que han sacado un sonido más compacto que el de su debut. Como muestra ‘Echoes of You’, el primer single del disco, en el que dejan de lado el toque retro y se meten de lleno en el shoegaze más ensoñador. Toda una delicia que ya ocupa un puesto entre lo mejor de este año.

Lo de fusionar la inocencia del pop de los sesenta, con el shoegaze y el noise, es algo que tienen totalmente controlado. El mejor ejemplo es la sucia, pero tremendamente melódica, ‘I’m Gone’, que es una delicia. O también nos podemos fijar en ‘If You Take Your Pride’, una especie de nana ruidosa llena de distorsión. Pero no solo se fijan en el pop, también hay par de dosis para los que prefieren el rock con aires de los cincuenta. Estoy hablando de ‘Curse and Shoot’ y ‘Feelling From Jail’, dos temas enérgicos, eléctricos y tremendamente irresistibles.

Suciedad, buenas melodías, toques retro… No se puede pedir más.

8

Molly Nilsson – Imaginations

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Molly Nilsson podría ser una estrella, pero ni le pega, ni creo que le apetezca. Esta artista sueca, afincada en Berlín, compone canciones de synth-pop, algo oscuro, eso sí, tremendamente pegadizas, con la que hace tres décadas hubiera ocupado los primeros puestos de las listas de ventas. Además, tiene actitud, y hace absolutamente todo lo relacionado con su música. Ella misma se encarga de producir sus discos y editarlos en su propio sello; de hacer las portadas y los videoclips, y hasta de organizar sus propias giras. Todo desde la independencia más absoluta, con la que maneja a su antojo su carrera.

Es cierto que, sus primeros trabajos, eran un poco más experimentales, y costaba un poco meterse en ellos, pero eso cambio en su anterior álbum, el sobresaliente “Zenith”. En él se volvió mucho más accesible, y se le quito el miedo a fabricar canciones irresistibles a la primera escucha (‘1995’ o ‘Mountain Time’ son maravillosas). Algo que termina de rematar en este “Imaginations”, en el que nos deja una estupenda colección de temas con un claro aire ochentero, y un cierto toque lo-fi.

Tras escuchar los cuatro adelantos previos, estaba bastante claro que el nuevo álbum de la sueca iba a ser una pequeña colección de hits. Además, los fabrica tanto en su faceta más bailable, como en su faceta más sofisticada. Y es que, por un lado tenemos la Molly más abiertamente pop, la que es capaz de hacernos bailar con un panfleto anticapitalista (‘Money Never Dreams’), o la que nos lleva de vuelta a los ochenta más mágicos (‘Think Pink’, ‘Inner Cities’ o ‘Theory of Life’). Sin embargo, por el otro está la Molly más tranquila y elegante. Canciones como ‘Tender Surrender’, la excepcional ‘Let’s Talk About Privileges’, ‘American Express’ o ‘Not Today Satan’, en las que mete elementos tan ochenteros como un saxo o unos teclados luminosos, son deliciosas, y con ellas deja bien claro que se le da maravilla recuperar ese tipo de sonidos.

Una de las sorpresas –a medias, porque ya había algo de esto en su anterior trabajo- de este “Imaginations”, es que nos encontramos con una Molly Nilsson más desinhibida que, incluso, se acerca al reggae más sintético. Lo hace, y muy bien, en cortes como ‘Mona-Lisa’s Smile’, ‘Modern World’ y ‘After Life’, con la que cierra un disco sin apenas fisuras, que debería convertirse en uno de los grandes éxitos de este 2017.

8,3

The Jesus and Mary Chain – Damage and Joy

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Las vueltas discográficas de los grupos míticos me dan mucho miedo. Por norma general, no consiguen satisfacer las expectativas creadas, y al final, esos nuevos discos, se convierten en un bache en su carrera. Véase el caso de Pixies, que desde su reunión han sacado dos trabajos de lo más irregulares. Afortunadamente, parece que esto no les va a pasar a The Jesus and Mary Chain, que vuelven tras 19 años con un trabajo notable. Aunque también hay que decir que, la primera parte de la carrera de los escoceses, no fue perfecta, y cuentan con algún que otro disco menor.

En “Damage and Joy”, los hermanos Reid se han ido a lo fácil, y han hecho una especie de resumen de su carrera. Es un trabajo largo, en el que no se han dejado fueran ninguna de sus múltiples facetas. Lo bueno es que han conseguido dar con varios temas redondos, que entran directamente en su abultada lista de grandes canciones.

Si eres de los que prefiere la faceta más rock y stoner de la banda, tienes cosas tan notables como ‘Amputation’ o ‘Get On Home’, en las que también meten su pequeña dosis de electrónica. Pero es en esa fusión de pop y noise, tan característica suya, donde están más acertados. Ahí es donde nos encontramos lo mejor del disco. Temas como ‘All Things Pass’, ‘The Two of Us’, una de las dos canciones en las que colabora Isobel Campbell, o ‘Presidici (Et Chapaquiditch)’, se meten de lleno entre lo más interesante de su carrera. Además de esa ‘Always Sad’ que ya conocíamos, y que es una delicia.

Algo en lo que casi nunca han fallado los escoces, es en las baladas dulces y sucias, de aires retro. Aquí hay unas cuantas y, como no, en ellas están muy bien acompañados. Para empezar, en ‘Song for a Secret’, que casi parece una revisión de su ‘Sometimes Always’, volvemos a encontrarnos con la voz de Isobel Cambell, que junto con Jim Reid, convierten este tema en su mayor homenaje a la Velvet. Pero no se conforman con reclutar a la mítica componente de Belle and Sebastian, en ‘Black and Blues’ se sacan de la manga una de las mejores canciones del disco con la ayuda de Sky Ferreira. Y ya sin cantantes femeninas de por medio, nos dejan ‘Los Feliz (Blues and Greens)’, un pedazo de baladón en el que un irónico “God Bless America” protagoniza el estribillo.

No suelo leer críticas de un disco antes de escribir mi opinión, pero en este caso sí que he ojeado un par, y las dos coinciden en que es un disco prescindible, en el que solo se imitan a ellos mismos. Puede ser, pero, a día de hoy, ningún otro grupo ha conseguido recrear su sonido tan bien como ellos, y no será porque no les han salido imitadores en todos estos años.

7,7