Torres – Three Futures

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Desde que se dio a conocer hace cinco años con la desgarradora ‘Honey’, Torres no ha dejado de sorprendernos. Poco a poco, la cantante de Nashville, ha ido incorporando nuevos ingredientes a su música, dejando de lado la etiqueta de “chica indie-rock” y acercándose a otros terrenos más interesantes. Algo que se aprecia de sobra en su tercer trabajo, en el que la electrónica está más presente, y en el que se olvida de la clásica canción indie-rock con sabor a los noventa.

Three Futures” está bañado de sintetizadores y cajas de ritmos, los cuales se fusionan de maravilla con sus guitarras crudas. Y es que, no se ha quitado esa crudeza de encima, pero sí que ha modernizado su sonido. El resultado es espectacular desde el primer corte, el minimalista e intenso ‘Tongue Slap Your Brains Out’, que funciona de maravilla como carta de presentación del álbum. Se la nota muy cómoda en este tipo de canciones más reposadas y envueltas en un manto electrónico. Ahí están el precioso tema que da título al álbum y ‘Marble Focus’, que dejan ver lo bien engrasada que está la máquina. Incluso los ocho minutos de ‘To Be Given a Body’, en la que se acerca a sonidos más propios de artistas como Autechre, tienen su punto.

Si nos vamos al lado más crudo del álbum, nos encontramos con verdaderas joyas. Para empezar ‘Skim’, el tema que fue elegido como primer single. En él deja ver algo del desgarro de antaño cuando llega el estribillo, y no se olvida de que sabe muy bien lo que es hacer rugir una guitarra. Algo que también podemos apreciar en ‘Righteous Woman’ y en la sintetizada ‘Greener Stretch’. Pero es en ‘Helen in the Woods’ donde se muestra más contundente. Sus dos minutos y medio, cercanos al krautrock, están llenos de rabia y nos muestran a una Torres de lo más visceral. Y si ya nos vamos a ‘Concrete Ganesha’, nos encontramos con un tema que va subiendo de intensidad y termina en un mar de guitarras distorsionadas y estridentes.

Sin duda alguna, con este tercer trabajo, Torres ha dado un gran paso en su carrera. Más que nada, porque ha conseguido actualizar su sonido, pero no ha perdido su identidad. Además, a pesar de no ser un disco muy convencional, sí es de escucha fácil y entra en la primera.

8

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Kelley Stoltz – Que Aura

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Desde luego, a Kelley Stoltz no se le puede acusar de vago. El norteamericano lleva dos décadas sin parar de hacer música, tanto para él mismo, como para otros. Su discografía es casi inabarcable, y uno ya no sabe ni porque disco va. Además, no contento con todo esto, el año pasado cumplió uno de sus sueños, que no fue otro que formar parte de Echo & The Bunnymen en su última gira. Y es que, la banda de Ian McCulloch, siempre ha sido una de las influencias constantes en su música, tanto, que uno de sus primeros trabajos fue un disco de versiones de los de Liverpool. Lo bueno es que no se queda ahí, y al post-punk ochentero le añade unas gotas de rock sixties y algo de pop electrónico. Una mezcla que le vuelve a funcionar a la perfección.

Que Aura” es un buen disco pop, que empieza como tiene que empezar un disco de pop: con un hit en potencia. ‘I’m Here for Now’ tiene ese punto oscuro que tanto le gusta, pero, a su vez, no puede evitar darle una buena melodía y un buen estribillo. Además, es un corte directo y potente que te mete en el álbum a las primeras de cambio. Algo parecido a lo que pasa con ‘No Pepper for the Dustman’, que también es un tema claro que va directo al grano.

Una de las cosas buenas que suelen tener los discos de Kelley Stoltz es que son muy variados. No se queda en un estilo en concreto, pero sí que cuentan con una unidad clara. Así, aquí, nos encontramos con temas más reposados, pero absolutamente maravillosos, como ‘Tranquilo’ o ‘Get Over’; con cortes en los que la electrónica es la protagonista (‘Feather Falling’ y la sobresaliente ‘Looking for a Spark’), y los inevitables cortes a lo Echo & The Bunnymen (‘Same Pattern’ y ‘For You’). Además de irse a la new-wave ochentera en ‘Empty Kicks’, el tema que cierra el álbum.

Supongo que, una vez más, Kelley Stoltz se quedará con las ganas de dar la campanada y triunfar un poco. De momento, todo indica que va a ser así, porque el disco lleva publicado desde agosto, y poca gente se ha enterado. Una pena.

7,7

Lina Tullgren – Won

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Nunca me hubiera parado a escuchar este disco si no fuera de Captured Tracks. Me fio totalmente del sello de Brooklyn, y su predilección por los artistas oscuros y algo extraños, me va. Más que nada porque, dentro de su extrañeza, siempre cuentan con un pequeño toque de normalidad. Es el caso de Lina Tullgren, una chica de Maine que acaba de editar su primer Lp. Su música, a medio camino entre el indie-rock más lo-fi, y el dream-pop, resulta cautivadora. Y eso que no es muy partidaria de utilizar ingredientes efectistas con los que ganar al público a las primeras de cambio. Lo suyo es más minimalista y escurridizo.

Won” se abre con ‘Asktell’ y ‘Perfect’, dos de los temas en los que el indie-rock es el protagonista. Eso sí, no penséis que se va lo fácil. Sí es cierto que tienen ese sonido tan característico de los noventa, pero tira más de intensidad que de melodía. Sobre todo en la primera, que es de lo mejorcito del disco. Algo a lo que vuelve en la sucia ‘Fitchburg State’ que, como casi todo el álbum, cuenta con un ligero toque misterioso e intrigante.

Se podría decir que, en el fondo, lo suyo es el slowcore. Esa corriente que tuvo sus mejores momentos en los noventa, con bandas como Come o Red House Painters, le viene como anillo al dedo. Canciones como ‘Face Off’ o ‘Red Dawn’ cuentan con la duración necesaria para que ella se explaye tranquilamente, y alargue un par de notas durante unos buenos minutos. No es lo que más me gusta del disco, pero lo hace bien. Prefiero cuando acorta un poco y nos deja temas como ‘Slow’ o ‘Get Lost’, con los que dice todo en apenas tres minutos. Además, le pone un poco más de emoción, y eso siempre está bien. Aunque sí es cierto que la parte más emocionante del disco viene al final de ‘Fate’, donde está mucho menos cruda, y algo más ensoñadora.

Oscuro, intrigante, algo aburrido en algunos momentos; muy interesante en otros…El debut de Lina Tullgren es un disco difícil en unas primeras escuchas, pero su sonido te termina atrapando y conquistando.

7,5

Luna – A Sentimental Education

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Una de dos, o Dean Wareham está vago y no quiere escribir letras, o ha exprimido todo lo que le quedaba en sus dos últimos trabajos en solitario. Y es que, resulta curioso que el primer disco de Luna en trece años sea un disco de versiones. Pero resulta más curioso todavía que, junto a él, hayan editado un Ep instrumental. No es que nos sorprenda mucho ver a Dean Wareham hacer versiones, ya que, tanto con Galaxie 500, como con los propios Luna, ha editado una buena cantidad de covers. Hasta Britta Phillips editó el año pasado un disco en el que la mitad eran canciones propias, y la mitad de otros. Así que, en parte, resulta lógico que hayan tirado por este camino.

Si habéis leído las memorias de Dean Wareham, ya sabréis que es un auténtico melómano, y que tiene una cultura musical abundante. Aquí lo demuestra con la selección de canciones que ha hecho para este “A Sentimental Education”, donde, a pesar de haber escogido a grupos y artistas míticos, no se ha decantado por sus canciones más famosas. Así que, durante estos cuarenta minutos, nos encontramos con una preciosa versión de ‘Friends’, un tema de cuando la Velvet estaban más muertos que vivos, o ‘One Together’, un corte de los inicios de Fleetwood Mac. Incluso han elegido ‘Letter to Hermione’, de Bowie, que ni de lejos es de sus canciones más famosas.

Wareham, y por extensión, sus bandas, son expertos en llevar las canciones de otros a su terreno. Lo han demostrado una buena cantidad de veces haciendo suyos temas de Kraftwerk, Suicide, Guns N’ Roses o Blondie, y aquí vuelven a repetir la jugada. Nada más empezar, eliminan toda la oscuridad post-punk del ‘Fire in Cairo’ de The Cure, y hacen de él un delicioso tema ensoñador de Luna. El cambio también resulta sorprendente en ‘Most of the Time’, en la que convierten uno de los temas menos Dylan de los últimos años, en un clásico “tema de Dylan”. Y como la cosa va de recomponer a los clásicos, también se atreven con los Rolling Stones más hippies, los de (Walking Thru’ the) Sleepy City’, que aquí se convierte en una preciosa canción cercana a la música surf. La que no cambia mucho es ‘Car Wash Hair’, un tema de los primeros Mercury Rev. Hacen una versión un tanto parecida, pero logran que nos acordemos bastante de Galaxie 500, y eso siempre es bueno.

Espero que este trabajo de versiones no sea una mera anécdota, y que dentro de poco nos encontremos con un disco de Luna de verdad.

7,5

The Horrors – V

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La verdad es que entiendo a The Horrors y la posición en la que están con su quinto trabajo. El grupo británico no hubiera sobrevivido a otro trabajo deudor de la música de Simple Minds y The Psychedelic Furs, así que han cogido la sartén por el mango, y han añadido nuevos ingredientes a la fórmula que tan bien les ha funcionado en estos últimos años.

V” es un disco más oscuro y sucio que sus predecesores, por lo menos en su primera parte, que es donde más se notan esos nuevos ingredientes. Ahí está esa ‘Hologram’ inicial, que cuenta con un buen estribillo, pero acaba en una maraña de guitarras estridentes y ruidos varios. Algo parecido pasa en ‘Press Enter To Key’ y ‘Machine’, que prácticamente siguen el mismo guión. Aunque hay que decir que están bastante más acertados en la segunda. Y si nos vamos a ‘Ghost’, también nos vamos a encontrar lo mismo, pero desde una perspectiva más relajada.

A partir de ‘Point Of Not Reply’ aparece algo más parecido a los The Horrors de los últimos años. Más que nada, porque rebajan un poco el nivel de suciedad, se ponen un poco más electrónicos, y algo más pop. Quizá, éste, sea un tema al que le falta un buen estribillo y una melodía algo menos sosa, pero suena estupendamente. Además, para hit ya tenemos ‘Something To Remember By’, ese temazo dance que sacaron como segundo single. Es lo mejor del disco, pero otros temas, como la ensoñadora ‘Weighed Down’, esa ‘Gathering’ casi folk, o el pop industrial del ‘World Bellow’, también están muy bien. Además de ‘It’s A Good Life’, la que podríamos llamar la balada del disco, y un giro hacia la épica que no les sienta nada mal.

The Horrors han hecho el típico disco en el que no cambian mucho su sonido, pero sí abren nuevas vías para hacerlo en un futuro. Y no les ha salido mal la jugada.

7,5

Sparks – Hippopotamus

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Meter a una banda como Sparks dentro de un estilo, es casi imposible. Durante más de cuarenta años, el dúo de Los Angeles le ha dado al Glam, la New-Wave, el Pop Barroco, el Synth-Pop, y todo lo que se les ha puesto por delante. Es más, se les considera precursores de unos cuantos de esos estilos. Pero hay veces que el reconocimiento no viene acompañado de la popularidad, y salvo unos cuantos hits en los setenta, nunca han tenido un excesivo éxito comercial. Afortunadamente, gracias a sus visitas a grandes festivales, y su alianza con Franz Ferdinand (FFS) de hace dos años, parece que empiezan a ser un poco más conocidos entre el público más joven. De hecho, este nuevo trabajo, es su primer Top10 en UK desde 1974.

Hippopotamus” es su álbum número veintitrés, y en él hay una fuerte influencia de los musicales. Y es que, en los últimos años, han dedicado bastante de su tiempo a crear bandas sonoras para estos espectáculos. Así que estamos ante los Sparks más barrocos y teatrales. Aunque, por supuesto, no se olvidan del pop. Una mezcla que da resultados sobresalientes (y títulos hilarantes) en ‘Missionary Position’, ‘Edith Piaf (Said it Better Than Me)’ y ‘Scandinavian Desing’. Estos tres temas, que nos encontramos nada más empezar, demuestran la capacidad que tienen para seguir fabricando hits potenciales. Algo que siguen haciendo a lo largo de todo el álbum y en temas como ‘Unawere’ o ‘The Amazing Mr. Repeat’.

Sparks son como son, y en sus discos siempre nos vamos a encontrar con ese punto extraño y teatral. Sinceramente, no es lo que más me gusta de ellos, pero sí creo que temas tan “personales” como ‘Giddy Giddy’, que es bastante loca, o la canción que da título al disco, tienen su punto. Pero también es cierto que me van más cuando se ponen más dramáticos, como es el caso de ‘What The Hell Is It This Time?’ y ‘So Tell Me Mrs. Lincoln Aside From That How Was the Play?’, que son más guitarreras e intensas. Y si ya nos vamos a ‘A Little Bit Like Fun’, tenemos al dúo norteamericano haciendo una especie de balada electrónica y ensoñadora.

Resulta increíble que, tras cuarentaicinco años de carrera, y veintitrés discos a sus espaldas, sean capaces de seguir haciendo música tan personal y original. Chapó por ellos.

7,7

Ariel Pink – Dedicated to Bobby Jameson

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Sería absurdo enfrentarse a un disco de Ariel Pink desde una perspectiva normal. El de Los Angeles ha dado buenas muestras de que hace lo que le da la gana, y eso es algo que no va a cambiar. Y la verdad es que mejor que no lo haga, ya que, puede que su pasión por la baja fidelidad le resto algunos puntos a sus discos, pero también forma parte de su encanto. Como también forma parte de su encanto la película que se monta en cada trabajo y lo eclécticos que pueden llegar a ser éstos. Así que lo mejor es meterse en su mundo particular y disfrutar de sus canciones.

Bobby Jameson fue un malogrado cantante de los sesenta que editó varios discos y singles, pero que nunca llegó a triunfar. Tras pasar por un alcoholismo importante, dormir en las calles, y alguna enfermedad producida por la bebida, resurgió a mediados de la década pasada. Lo hizo contando su vida a través de una serie de vídeo-blogs en YouTube, hasta el pasado 2015, año en el que falleció. Todo esto impactó a Mr. Pink, que decidió dedicarle este trabajo y hacer una especie de historial conceptual con el personaje de Jameson de fondo.

Musicalmente, “Dedicated to Bobby Jameson” es otro galimatías de sonidos lo-fi, melodías pop, arrebatos punk, y algún que otro toque folk. El particular mundo de Pink, en el que los ochenta tienen un papel importante, se deja ver nada más empezar, con la histriónica ‘Time to Meet Your Good’, o con el post-punk sucio de ‘Time to Live’. Pero el norteamericano tiene un talento especial para crear pequeños himnos pop. Ahí es donde entra la maravillosa ‘Feels Like Heaven’, en la que nos deja un ensoñador tema de pop oscuro, el alegre corte que da título al disco, o la surfera ‘Bubblegum Dreams’. Incluso sorprende con una pseudo balada folk como ‘Another Weekend’, y con ‘Kitchen Witch’, en la que recupera su faceta más synth-pop. Y, bueno, luego está ‘Revenge of the Iceman’, que cierra el disco recordando lo que molaba el macarra de Andrew W.K.

Una vez más, Ariel Pink se ha salido con la suya, y ha conseguido que nos metamos en su mundo tan personal y extraño.

7,7