Chastity Belt – Chastity Belt

chastitybelt

No es casualidad que Chastity Belt hayan titulado su cuarto disco con el nombre del grupo, porque, de alguna manera, representa un cambio de sonido en su música. Hasta ahora, a la banda de Washington, se la podía meter dentro del universo del nuevo indie-rock femenino, pero ahora, han escogido otro camino. Y no es que hayan dejado de lado las guitarras, estás siguen ahí, pero ahora son más reposadas y ensoñadoras. Así que, el que espere algún guitarrazo de más, o capas de distorsión, ya se puede ir olvidando.

Chastity Belt” es un disco sin apenas sobresaltos y uno de esos trabajos en los que parece que no pasa nada. Pero esto no puede estar más lejos de la realidad. Tras su tono relajado, y algo perezoso, hay unas cuantas buenas melodías, y unas ganas importantes de hacer un disco más bonito de lo habitual. De hecho, un tema como ‘Rav-4‘, está más cerca de Beach House que del indie-rock de siempre. Eso sí, no es la tónica que siguen en todo el álbum. El rock con sabor a los noventa está más que presente en cortes como ‘Ann’s Jam‘, ‘Effort‘ o ‘Half-hearted‘.

A pesar del tono reposado que tiene todo el disco, hay temas en los que se desmelenan un poco más. Eso sí, no mucho. Así, nos dejan una maravillosa ‘Elena‘, en la que unas guitarras dobladas logran dar con ese pequeño ápice de animación necesaria para alterar el resto del álbum. O ese lado más pop que aparece en ‘Split‘, que es toda una delicia. Y si nos vamos a ‘Drown‘, nos encontramos con otro gran corte de aires noventeros, en el que se sacan de la manga unas guitarras cercanas a los Sonic Youth más amables. Un acercamiento al mítico grupo neoyorquino que también aparece en la parte final de ‘Pissed Pants‘, el tema con el que cierran el disco, donde la distorsión se convierte en la protagonista.

Puede que de entrada no sea un disco fácil, pero la delicadeza con la que afrontan su indie-rock, termina resultando de lo más atractiva.

7,5

Vivian Girls – Memory

vivian girls

El 2009 fue un año de lo más productivo. En aquellos doce meses se publicaron los debuts de bandas como Girls, The Pains of Being Pure at Heart o The xx, además de trabajos tan potentes como el “Merriweather Post Pavilion” de Animal Collectivey el último disco de Sonic Youth. Fueron los tiempos de las bandas de Brooklyn, los grupos que reivindicaban el pop británico de los ochenta, y los años en los que lo “indie” copó el protagonismo en cuanto a tendencias se refiere. Poco, o nada, de eso queda ya. La gran mayoría de bandas se han separado, o están una especie de descanso indefinido, y el público está a otra cosa. Por eso resulta curiosa la vuelta de las Vivian Girls, que en aquellos años disfrutaron de las buenas críticas de los medios de su país, y de cierta popularidad.

La banda de Brooklyn vuelve donde lo dejaron hace ocho años, y su propuesta sigue basada en las guitarras ruidosas, casi punk, y melodías propias de la música surf de los cincuenta, y el pop de los sesenta. Lo curioso, es que han conseguido que su nuevo trabajo suene fresco. No sé si será porque llevábamos mucho tiempo sin escucharlas, pero cortes más abiertamente melódicos, y menos sucios, como ‘Your Kind Of Life’, ‘I’m Far Away’ o ‘Mistake’, son una delicia. Porque, la verdad, es que les sienta muy bien lo que quitarse un poco de distorsión de encima. Pero ojo, que el rugir de guitarras también cuenta con momentos notables. Y es que, aunque canciones como ‘Most of All’, ‘Sick’, o ‘Something To Do’, sigan siendo lo mismo de siempre, resultan bastante atractivas.

Donde no termino de comprarles esta vuelta, es en los casos en los que han decidido encrudecer su sonido. Un tema como ‘Sludge’ me resulta muy poco interesante, y se cargan su buena melodía con unas guitarras excesivamente duras. Todo lo contrario que cuando se van al lado opuesto, y suavizan más que nunca su propuesta, porque ‘Lonely Girl’, que es algo así como la balada del disco, es notable.

No es que sea una vuelta que vaya a cambiar el mundo de la música, pero al menos sí que alegrará a los que disfrutamos de esa nueva hornada de grupos guitarreros que salieron a finales de la década pasada.

7,3

Novedades 2019 (7ª Parte)

Novedades 7

Ya está aquí la nueva recopilación de novedades del blog, la cual, llega cargada de adelantos de los discos de este otoño que acaba de entrar. Nuevas canciones de The New Pornographers, Tindersticks, Wilco, DIIV, Kim Gordon o Grimes, o la colaboración de Pet Shop Boys con Years & Years, que es un temazo. Además, hay que añadir la oscuridad de lo nuevo de Angel Olsen y TR/ST; el indie-rock de Beabadoobee, o esa joya pop que han hecho Charli XCX y Christine and the Queens. Como dato curioso, hay unas cuantas versiones, porque, de repente, me encontrado con varias que me han gustado mucho. Es el caso de la revisión del ‘Dancing in the Dark’ que hace Lucy Dacus; de Thurston Moore llevando a su terreno el ‘Leave Me Alone’ de New Order, y de Caliza acordándose de lo buenos que eran XTC.

Espero que os guste.

1. Air BnB / Kim Gordon
2. Blankenship / DIIV
3. I Wish I Was Stephen Malkmus / Beabadoobee
4. Dancing In The Dark / Lucy Dacus
5. Sofia (feat. Danielle Haim) / Clairo
6. Not / Big Thief
7. Leave Me Alone / Thurston Moore 
8. Love Is Everywhere (Beware) / Wilco 
9. The Amputees / Tindersticks 
10. Falling Down The Stairs Of Your Smile / The New Pornographers
11. Summer Girl / Haim 
12. You Ain’t The Problem / Michael Kiwanuka 
13. Ant Life / Isobel Campbell 
14. La Fuerza (Feat. Los Planetas) / La Bien Querida 
15. Planes para Nacho / Caliza 
16. Iris / TR/ST 
17. All Mirrors / Angel Olsen 
18. Deranged for Rock & Roll / Chelsea Wolfe 
19. Heavenly / Cigarettes After Sex 
20. Crushed / Twin Shadow 
21. Violence / Grimes 
22. All The Things / Blue Hawaii 
23. Dreamland (feat. Years & Years) / Pet Shop Boys
24. Gone (feat. Christine and the Queens) / Charli XCX 
25. Eye in the Wall / Perfume Genius 

Part Time – Modern History

part time

David Loca y sus Part Time ya son unos habituales del blog. La banda de San Francisco ha pasado por aquí unas cuantas veces y, aunque no han caído todos sus discos, sí que he hablado de unos cuantos. De hecho, el año pasado, os recomendé su anterior trabajo, que estaba bastante bien. La lástima es que, en su nuevo álbum, no hayan seguido el mismo camino. Porque Loca, que se encarga de todo lo que suena en sus discos, se ha venido muy arriba, y nos ha dejado un trabajo que se va más allá de la hora. Y claro, un disco de bedroom-pop tan largo, termina resultando bastante excesivo.

Modern History” reincide en ese pop lo-fi angelino del que tantos discos se han nutrido en la última década. Cuenta con su toque sintético, sus guitarras cristalinas, y esa aura de suspense hollywoodiense tan característica de la meca del cine. Hasta ahí bien, porque ese rollo es el que encontramos en cortes como ‘White Agents’, ‘Everyone’s Got a Gun’, ‘Some Will Crawl’, el tema titular, o ‘Mints’. Canciones que, a pesar de ser bastante lo-fi, funcionan bien. Y es que, esa mejora de la producción que había en su anterior trabajo, aquí brilla por su ausencia. Algo que también termina cansando un poco.

Loca ha querido experimentar con nuevos sonidos en este trabajo, y de ahí que sea tan irregular. Porque, cuando se sale de su zona de confort, no logra brillar en todos los momentos. Así, nos encontramos con una buena cantidad de cortes instrumentales, o pseudo instrumentales, como ‘A Pixies Dream’ o ‘Egyptian Moon’, que pueden llevar al tedio más absoluto. Sí es cierto que luego hay nuevas influencias que sí se le dan bien. Es el caso de esa ‘The Adventures of Sally the Sea Turtle’ tan jipi, o del rock psicodélico de ‘Happy Birthday Ricky’, que es una rareza bastante curiosa. Además de hacer su propia banda sonora de Drive en ‘Perennials’, o de tirar al synth-pop más primitivo en ‘Vertebraeker’ y ‘Drugs Drugs Drugs (Synthetic)’, que no están nada mal.

Es un error muy común en todos estos artistas de pop lo-fi lo de lanzarse a la piscina y editar todo lo que tienen a mano. Y claro, al final, sus carreras se resienten, porque, de vez en cuando, hay que saber cuándo parar.

6,9

(Sandy) Alex G – House of Sugar

SANDY ALEX G

Tengo que reconocer que no soy muy seguidor de la música de (Sandy) Alex G. El artista de Filadelfia es uno de los abanderados de la etiqueta bedroom-pop, pero su lado más experimental ha hecho que su propuesta no termine de cuajar conmigo. Hasta ahora, claro, porque, como la gran mayoría de estos músicos que empiezan haciendo algo más innovador, al final se ha ido hacia mundos más clásicos. Y es que, lo que encontramos en su nuevo trabajo, no es otra cosa que un folk y un pop con tintes de psicodelia que no tiene nada de nuevo, pero sí es bastante interesante.

House of Sugar” es su tercer trabajo para el sello Domino, pero debe de ser como el octavo de su carrera (casi es imposible saber cuántos trabajos tiene). Y es que, es un artista de lo más prolífico, que también cuenta con varios Eps y unos cuantos singles. El caso es que, aquí, se ha ido un poco a lo fácil, y la verdad es que se lo agradezco. Porque temas como ‘Hope’, ‘Gretel’ o ‘In My Arms’, son una delicia. Más que nada, porque se le da muy bien lo de acercarse a un rock acústico y perezoso, con algún tinte de psicodelia. Pero, incluso, cuando se pone un tanto más clásico todavía, nos deja cortes tan bonitos como ‘Cow’ o ‘Crime’. Y si ya nos vamos a esa ‘SugarHouse’ que cierra el disco, nos encontramos con que el chico también es seguidor de Bruce Springsteen.

Menos interesante me parece su lado más experimental. Más que nada, porque, aunque todo suena muy bien, hay momentos en los que parece que se olvida de crear una canción. Así, nos encontramos con una ‘Walk Away’ inicial, en la que juega a doblar voces durante cuatro minutos, o piezas casi instrumentales como ‘Taking’ y ‘Near’, en las que tira sin pudor hacia el mundo de la onomatopeya. Además de ponerse a jugar con las cajas de ritmos en ‘Project 2’ y ‘Bad Man’. Lo bueno es que resulta interesante el sonido que saca, pero, al final, no dejan de parecerme retazos de canciones. Me gusta mucho más un tema como ‘Southern Sky’, en el que se vale de una instrumentación más clásica, capitaneada por un piano, para crear una preciosa canción.

Está claro que Alex Giannascoli tiene talento, pero sí es cierto que, para mi gusto, le falla un poco esas ganas de irse por las ramas en ciertas ocasiones. Más que nada, porque no le hace falta: sus canciones son buenas sin meterle cosas innecesarias.

7,8

Pixies – Beneath the Eyrie

pixies

Ya es una unánime: el nuevo disco de Pixies es el mejor que han sacado en la nueva etapa de su carrera. Claro, que también hay que decir que no era muy difícil superar los dos anteriores. Pero sí es cierto que, al menos, aquí, tratan de ser otra vez esa banda que editó cinco trabajos incontestables entre 1987 y 1991. Y es que, para empezar, se han quitado de encima esa producción AOR que tenían sus últimos trabajos. Además, están un tanto más relajados y ya no buscan casi el hit de indie-rock fácil. Y lo mejor, es que, cuando sí lo hacen, aciertan.

Beneath the Eyrie” tiene un comienzo arrollador, y sus tres primeros temas son lo mejor que han hecho desde 1991. Además, en ellos, nos muestran tres facetas diferentes de su música. Empiezan con su lado más oscuro en ‘In The Arms of Mrs. Mark of Cain’, un tema potente, en el que las guitarras vuelven a rugir como las de antaño. A mí, personalmente, me ha recordado bastante a su época “Trompe Le Monde” por esa producción un tanto más metálica. Siguen a lo grande con ‘On Graveyard Hill’, todo un hit marca de la casa, en el que nos dejan ver que todavía se pueden hacer grandes temas de indie-rock. Mucho mejor están en ‘Catfish Kate’, donde se ponen más tiernos, y se sacan de la manga una gran canción pop.

A partir del cuarto tema están un poco más irregulares, porque se pasan buena parte del disco tratando de no repetirse, y eso siempre tiene sus riesgos. Así, recuperan su lado más fronterizo con bastante acierto en ‘This Is My Fate’, ‘Los Surfers Muertos’, en la que la nueva bajista se atreve con el castellano (o algo parecido), y ‘Bird of Prey’; se dejan llevar por su lado más crudo en ‘St. Nazarie’, la cual no me ha gustado nada, o tiran, muy acertadamente, hacia mundos más amables en ‘Ready for Love’ y ‘Death Horizon’. Aunque puede que lo mejor venga en ‘Long Rider’, donde fusionan todas estas facetas en una sola canción, y aciertan de pleno.

Está claro que no podemos comparar a los Pixies de finales de los ochenta con los de ahora. Principalmente, porque, lo que ellos hacían en esa época, ya no resulta novedoso, y un buen motón de bandas de estos últimos 30 años se han dedicado a imitarles. Pero sí que se puede resaltar las ganas que tienen en este trabajo de volver a ser esa banda con un sonido tan personal y característico. Y hay que decir que lo consiguen en unos cuantos temas.

7,6

Jenny Hval – The Practice of Love

jenny hval

Hasta ahora, la música de Jenny Hval era bastante personal y, por qué no decirlo, algo rarita. La Noruega es una de las muchas artistas que buscan llevar su música más allá de lo meramente comercial. No obstante, también es escritora, y sus discos suelen ser conceptuales. Algo que ha cambiado un poco con su último trabajo. No porque de repente se haya lanzado a la radio fórmula, sigue creando temas de lo más personales e interesantes, pero ahora lo hace desde otra perspectiva. La que le da el mundo de la electrónica, la cual utiliza para llevar sus canciones oscuras a mundos más amables.

The Practice of Love” es otro trabajo lleno de sonidos oníricos y algo trascendentales. Hval utiliza todas las posibilidades que le da la electrónica, y termina creando unos preciosos paisajes sonoros fríos y melancólicos. Pero, ahora, se deja llevar un poco más y, en algunos momentos, se acerca a sonidos más bailables. Es el caso de ‘High Alice’, donde toda su introspección se fusiona con unos ritmos bailables más propios de una pista de baile norteamericana de finales de los ochenta (me han venido a la cabeza DNA). Más acelerada está en ‘Six Red Cannas’, en la que no tiene ningún problema en irse a la música electrónica europea de los noventa. Eso sí, muy bien acompañada por Vivian Wang, Felicia Atkinson, y Laura Jean, que colaboran a lo largo de todo el disco.

Lo bueno del séptimo trabajo de la artista noruega, es que, con tan solo ocho canciones, y en apenas 33 minutos, nos deja un álbum de lo más completo. Tenemos la electrónica sucia de ‘Lions’, donde se adueña del famoso “funky drummer”, ese ritmo que ha sido protagonista de tantas grandes canciones. Eso sí, lo rompe en mil pedazos, y con él construye una estupenda canción de lo más ensoñadora. Una destrucción que también aparece en la emocionante ‘Accident’, en la que parece que no quiere que el ritmo siga un patrón en concreto. Lo bueno es que consigue un estupendo resultado final. Y lo mejor es todavía hay canciones más interesantes en el disco. Y es que, a ver quién se resiste al synth-pop melancólico de ‘Ashes to Ashes’, que ya se ha convertido en una de las canciones de este 2019. O esa ‘Ordinary’ final, que ejerce maravillosamente de canción de cierre con ese crescendo tan emocionante.

Jenny Hval ha conseguido algo que no es nada fácil, que es crear una música más comercial y asequible, sin perder la personalidad que ha mostrado a lo largo de toda su carrera.

8

Belle & Sebastian – Days Of The Bagnold Summer

belle and sebastian

Los miembros de Belle & Sebastian siempre han sido grandes aficionados al cine. Prueba de ellos es su discografía, que está llena de referencias al séptimo arte. Además, se encargaron de hacer la banda sonora de Storytelling, una de las películas del director norteamericano Todd Solondz. Una experiencia que, ahora, 17 años después, repiten con la música para la adaptación al cine del comic Days of the Bagnold Summer. Algo que resulta curioso, ya que, en la película, nos cuentan la historia de un adolescente que pasa el verano en Florida escuchando heavy metal. Y la verdad es que la banda de Stuart Murdoch tiene poco de heavy.

Al igual que hace 17 años, en esta banda sonora, mezclan temas instrumentales, con canciones cantadas. Eso sí, está vez no hay diálogos entre medias. El resultado es bastante interesante, ya que estamos ante los Belle & Sebastian del principio, y la obsesión con la electrónica que tenían en sus últimos trabajos, aquí brilla por su ausencia. Así que, tanto en los temas más cinematográficos, como en los más pop, nos encontramos con su faceta más clásica.

El otro día leí por algún lado que, lo mejor de este disco, eran los temas instrumentales. No estoy de acuerdo para nada. Estos cortes suenan bastante bien, y nos presentan ese lado delicado de Belle & Sebastian que enamora, pero sigo quedándome con los cortes cantados. Principalmente, porque también cuentan con ese toque delicado, y si a eso le unes la voz de Murdoch, el resultado es infalible. Canciones tan melancólicas como ‘I Know Where The Summer Goes’, ‘Did The Day Go Just Like You Wanted?’ o ‘Safety Valve’, son una autentica preciosidad. Y eso que, en la segunda, casi fusilan los acordes del ‘Jolene’ de Dolly Parton. Incluso, cuando se ponen más intimistas, también consiguen que la cosa funcione, y es casi imposible resistirse a temas como ‘I’ll Keep It Inside’ o ‘This Letter’. Pero claro, lo mejor viene en los cortes más animados. Y es que, en ‘Get Me Away From Here I’m Dying’ y ‘Sister Buddha’, nos demuestran que no necesitan la electrónica para hacernos bailar un poco.

Teniendo en cuenta que “Days of the Bagnold Summer” es una banda sonora y no entraría dentro de lo que podríamos llamar un “disco normal”, hay que decir que les ha quedado bastante bien. Es más, a mí me han entrado ganas de ver la película después de escuchar estas canciones.

7,7

Metronomy – Metronomy Forever

metronomy

Metronomy podrían ser una de mis bandas favoritas, pero, de alguna manera, siempre acaban haciendo algo que no me termina de convencer. Es un buen grupo, eso es innegable, y su forma de llevar el pop a la electrónica, tiene bastante rollo. Pero, sus discos, no terminan de cuajar del todo. Algunas veces, porque se pasan de eclécticos, y otras veces porque se quedan cortos a la hora de hacer algo diferente. Supongo que esto será debido a esa afirmación de Joseph Mount, su líder, en la que comenta que no quiere hacer el mismo disco todo el rato. Una cosa que le honra, pero no siempre le sale bien.

Metronomy Forever” es largo, y tiene unos cuantos temas totalmente innecesarios. Es más, según el propio Mount, en un principio, tenía 10 cortes, pero al final empezó a meter interludios e instrumentales, y aumentó hasta 17. Bueno, pues una gran parte de esos temas que llegaron después, sobran. ‘Weeding’, ‘Driving’ o ‘Insecure’, no pintan mucho en este disco, salvo que haya querido enlazar temas que tienen muy poco que ver entre sí. Y es que, ese es el otro problema, aquí hay de todo, y una falta de coherencia enorme. Así, nos encontramos con cortes puramente electro y más propios de unos Caribou (‘Lying Low’ o ‘Miracle Rooftop’), un tema dancehall como ‘Walking In The Dark’, o baladas de electrónica minimalista (‘Upset My Girlfriend’). Y, dicho sea de paso, ninguna de ellas va a entrar entre lo mejor de su carrera.

El disco crece cuando se desmelenan un poco. La influencia de los setenta sigue estando ahí, y eso está bien, porque es lo que mejor les sienta. Sobre todo, porque son más ricos en lo que a instrumentación se refiere. Ahí está el bajo de ‘Whitsand Bay’, la guitarra tan ochentera de ‘Insecurity’, o esas baterías de ‘Lately’. Todas ellas sí que pueden entrar entre lo mejor de su carrera. Pero incluso hay cosas mejores en el disco. Una de ellas es la juguetona ‘Salted Caramel Ice Cream’, toda una delicia en clave synth-pop, a la que es imposible resistirse. El otro gran corte del álbum es ‘Wedding Bells’, en la que fusiona las guitarras, tan presentes en todo el disco, con los sonidos sintéticos y una potente batería. El resultado no puede ser mejor. Y bueno, esa pequeña chorrada en clave funk llamada ‘Sex Emoji’, tiene su punto.

Si alguien le hubiera parado los pies cuando tan solo tenía 10 temas, ahora mismo estaríamos hablando de un trabajo bastante más divertido, pero, tanta canción innecesaria, te saca del disco y termina haciendo que te disperses un poco.

7,3

Alex Cameron – Miami Memory

alex cameron

Alex Cameron se ha creado un personaje complicado que, en algunas ocasiones, puede resultar algo controvertido. El de Sydney ha declarado en más de una ocasión que él siempre se ha dedicado a explorar la masculinidad toxica desde una forma irónica, y que se siente atraído por el comportamiento de los hombres desde que era muy joven. Esto le ha llevado a alguna polémica que otra, como la de emplear la palabra “faggot” (maricón) en su canción ‘Marlon Brando’. Pero todo esto viene de su extraña forma de denunciar la misoginia que ve a diario. De hecho, conoció a su pareja rodando un falso documental sobre el ego que tienen muchos artistas masculinos a la hora de crear. Así que, aunque hay veces que es complicado, todo consiste en saber pillar esa ironía.

Cameron está enamorado, y eso se nota a lo largo de todo el álbum. “Miami Memory” está inspirado en su vida junto a Jemima Kirke, la actriz que interpretaba a Jessa en la serie Girls, e hija del batería de Bad Company y Free. El australiano está contento con esta nueva vida, y la retrata a su manera en este trabajo. Un claro ejemplo es la inicial ‘Stepdad’, una estupenda canción, bañada en sintetizadores, en la que nos cuenta lo que es ser un padrastro. Y así sigue en ‘Miami Memory’, donde le dice a su novia que quiere comerle el culo como si fuera una ostra, o siendo un poco más fino en ‘Gaslight’, que es una preciosa canción de amor.

Musicalmente está más clásico que en sus dos trabajos anteriores. Los sintetizadores aparecen en varias ocasiones, pero sí es cierto que se ha quitado un poco de encima algo de la capa sintética que solía cubrir sus canciones. Así, nos encontramos con cortes más rock como ‘Far From Again’ y ‘Bad For The Boys’, donde le da protagonismo al saxo (una vez más), e incluso canciones cercanas al soul, como es el caso de ‘PC With Me’ y ‘Other Ladies’. La verdad es que no están mal, pero sí es cierto que, lo que más me gusta de su música, es esa fusión entre el mundo crooner y la electrónica. Ahí está la estupenda ‘Divorce’ como prueba, o la épica ‘Too Far’, con la que cierra el álbum de la mejor forma posible.

Tercer disco, y tercera muestra de que Alex Cameron es uno de los artistas masculinos más interesantes de la escena actual.

7,7