By The Sea – Endless Days Crystal Sky

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Para fans de The Horrors, Toy, Echo & The Bunnymen, New Order, Felt, The Wake, Bill Ryder-Jones y The Coral, así con este amplio abanico de grupos termina la nota de prensa del segundo disco de By The Sea. No obstante, la influencia de Bill Ryder-Jones y The Coral tiene truco, ya que el primero fue miembro de los segundos hasta 2008 y ha producido este trabajo. Lo más curioso es que, de todas esas bandas que he mencionado más arriba, con la que menos parecido cuentan es con The Coral. Lo suyo se mueve más hacia el dream-pop de los ochenta, los teclados tristones de aquella época y las guitarras cristalinas de Bernard Sumner. Vamos, que siguen la estela de bandas como Wild Nothing o Beach Fossils.

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Endless Days Crystal Sky es uno de esos discos que tienen un sonido magnifico; uno de esos trabajos en los que todos los instrumentos se escuchan al detalle. Eso es algo que se agradece una barbaridad, sobre todo en este tipo de música, donde son muy dados a tirar de las grabaciones caseras más chungas. Aquí lo único que me chirría un poco son las baterías, en las que se les ha ido un poco la mano con ese toque electrónico tan ochentero. Y es que también tiene algo de synth-pop.

Si nos vamos a las canciones, nos encontramos un poco de todo. Alguno de los cortes son excesivamente sosos, y da la sensación de que en ellos se han preocupado más de la producción que de hacer una buena canción. Sí aciertan en Endless Day, el tema con el que abren el disco como si fueran New Order. También están acertados en cortes más pop y más melódicos. Dos buenos ejemplos son You’re The Only One, donde las baterías suenan más reales, y The Stranger Things. Tanto en la una como en la otra están mucho más animados que en el resto del disco, y con ellas consiguen que el álbum se haga un poco menos denso. Y es que, aunque en temas como Emily Says, I See a Crystal Sky y Wild September, también están muy acertados, sí que hay un exceso de canciones excesivamente etéreas y tranquilas.

Quizá les falta rematar un poco las canciones y hacerse con unos cuantos buenos estribillos, pero lo que no se les puede negar es que saben cómo crear una buena atmosfera fría y ensoñadora. Algo es algo.

7,1

Literature – Chorus

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Literature son de Filadelfia, pero su música está a miles de kilómetros esta ciudad norteamericana. Sus canciones parecen hechas por una banda de Cardiff de mitad de los ochenta, y su pop es deudor de grupos como The June Brides, los cuales sacan un nuevo single la semana que viene, Orange Juice o The Smiths. Aunque también cuentan con un poco de fiereza que recuerda a los Buzzcocks y al punk más melódico. Vamos, que es otro de esos grupos de indie-pop con buen sonido, y unas cuantas canciones decentes.

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Chorus es su segundo trabajo, y en sus once cortes no emplean ni media hora. Esto da una idea de por dónde van los tiros en gran parte del disco. Y es que empiezan de lo más acelerado con canciones como The Girl, The Gold Watch, And Everything, The English Softhearts y Blasé, donde dan buena cuenta de esas guitarras cristalinas tan características en este tipo de música. Además, en la primera dejan bien claro la influencia de The June Brides, ya que una trompeta es la protagonista absoluta de la canción.

Hacia la mitad del disco hay una especia de paréntesis, donde nos dejan New Jacket y Chime Hours, la que podríamos llamar la única balada del disco, que están más elaborados, y tienen muchas más capas de producción. Dicho así, no suena muy bien, pero la verdad es que dan un pequeño respiro entre tanta guitarra y tanta batería acelerada. Y es que, tras estos dos cortes, vuelven a pisar el acelerador y nos dejan otra tanda de canciones para mover la cabeza de un lado a otro. Además, lo hacen con más gracia que al principio, y consiguen que temas como Jimmy y Dance Shoes se conviertan en lo mejor de este trabajo. Y es que, aunque son muy poperos y el disco suena muy bien, les cuesta un poco conseguir un hit instantáneo.

No es una maravilla de disco, ni van a pasar a la historia de la música con él, pero te puede alegrar una tarde un poco tonta.

7

Interpol – El Pintor

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Interpol siguen a lo suyo, sacando un disco cada tres o cuatro años y sin cambiar un  ápice su discurso musical. Por el camino, dejan algunos temas interesantes y unos conciertos donde lo que más brilla son los hits de sus dos primeros trabajos, dejando bien claro que sus mejores momentos ya han pasado. Supongo que mientras les siga dando dinero seguirán con esta historia, aunque ya cuentan con una baja, la de su bajista de toda la vida, que dejó la banda hace un par de años. Curiosamente, no han contratado a uno nuevo, y todos los bajos los ha grabado Paul Banks.

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Resulta un tanto frustrante ponerse con un nuevo disco suyo y ver que las cosas siguen igual; que nada ha cambiado desde 2001. Bueno sí, algo sí que ha cambiado: ahora hacen peores canciones. Toda la fuerza que tenían temas como PDA, Obstacle 1, Evil o Slow Hands, ha desaparecido. Su único cambio (por llamarlo de alguna forma), es que se han vuelto más oscuros, y mucho más aburridos. Si algo funcionaba en su música, era que esa oscuridad siempre venia acompañada de un buen estribillo. Ahora lo consiguen de vez en cuando, pero All The Rage Back Home, Anywhere y Ancient Ways, lo que podrían ser los tres hits de este disco, no le llegan a la suela de los zapatos a sus viejos éxitos. Son canciones que no están mal, que no desentonarían como cortes de relleno en sus dos primeros trabajos, pero que no se van a convertir en temas imprescindibles en su carrera.

Hay que irse a los cortes más reposados para encontrarnos con lo mejor de este álbum. Aquí sí que han acertado de pleno, han conseguido que esas guitarras épicas tan típicas suyas funcionen de nuevo, y que temas como My Desire y My Blue Supreme consigan emocionarnos como ya lo hicieron en su día Untitled o NYC (¡qué bueno era el primer disco!). Incluso Breaker 1, donde tiran de esa intensidad que tanto les gusta, no está nada mal. Lo malo es que entre medias de estas canciones hay temas realmente insulsos como Same Town, New Story o Twice As Hard, el pesado corte con el que cierran el álbum.

Desde luego, si buscas que te sorprendan, este no es tu disco. Quizá es mejor que su anterior trabajo, pero no deja de ser un álbum continuista, y muy inferior a sus primeros discos.

6,8

Streaming

Twerps – Underlay Ep

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Resulta increíble lo bien que revisitan algunas bandas otras escenas musicales; grupos de ahora que parecen salidos de una época en la que sus miembros ni siquiera habían nacido. Una de ellas son los australianos Twerps, que desde hace unos años se han convertido en los embajadores del nuevo revival del kiwi-rock, y el pop de las antípodas. Los de Melbourne no se han cortado un pelo al tirar de The Bats y The Clean en sus canciones, y gracias a esto, nos dejaron un álbum de debut que era una joya. Ahora vuelven con un Ep digital que han grabado para el sello norteamericano Merge Records, lo que indica que lo suyo no es flor de un día, y que son una de las bandas más interesantes del pop y el rock actual.

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Underlay está compuesto por ocho canciones en las que nos encontramos voces perezosas, las inevitables guitarras cristalinas, y melodías pop de lo más dulzonas. Todo con una producción que busca el sonido lo-fi de aquella época, pero que no chirria, como pasa en otros muchos casos. Y es que, independientemente de la producción, sus canciones despliegan encanto, y nos es difícil que te contagien a la primera escucha. Además, no es una banda repetitiva, y sus discos suelen ser un tanto eclécticos. Son capaces de hacerte un par de buenas  canciones de pop con voz femenina (Conditional Report y Raft), un corte que parece salido de un disco de los Beach Boys (California) o un delicioso instrumental de aires de sixties (Underlay). Eso sí, lo que más encontramos en este Ep, es ese kiwi-rock (como me gusta esta etiqueta) que popularizaron las bandas que me he mencionado más arriba. Cortes como Heavy Hands, Hypocrite (la mejor del disco), y Wait Til You Smile entran dentro del mejor pop de guitarras reciente, y con ellos dejan muy claro que van sobrados de talento.

Desde luego, si eres seguidor de este tipo de música, no puedes dejar pasar este fabuloso Ep. Y si no conoces su álbum de debut, ya estas tardando en hacerte con él.

8,5

Avi Buffalo – At Best Cuckold

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Avi Buffalo publicó su primer trabajo en 2010, cuando la media de edad de los miembros de la banda era de 19 años. Ahora, tras cuatro años de parón, vuelven con la continuación de ese trabajo que los puso en el mapa del rock y el pop de los últimos años. Sí es cierto que ese debut no estaba a la altura de su primer single, el grandioso What’s In It For?, pero en él pudimos ver que a Avi Zahner-Isenberg, el cerebro de la banda, no le faltaba talento a la hora de componer grandes canciones de pop y rock añejo. Algo que vuelve a demostrar en su segundo trabajo.

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At Best Cuckold se abre con el potente single de presentación, la genial So What, en la que se nos ponen un poco más animados. Un gran tema que no representa el resto de lo que encontramos en el álbum. Y es que, el propio Zahner-Isenberg ha declarado que este trabajo es su homenaje particular a las baladas, y las grandes composiciones, en las que ha utilizado una gran cantidad de instrumentos. Dicho así parece que nos encontramos con un álbum lento y pomposo, pero no, de hecho, yo diría que es un poco más animado que su debut. Ya no solo por esa So What, también hay una canción de pop psicodélico llamada Memories Of You, donde se valen de un toque sixties para dejarnos un tema realmente intenso, en el que no tienen ningún reparo en pisar el pedal de la distorsión. Algo que también hacen en las fantásticas Found Blind y Think It’s Gonna Happen Again, los otros dos cortes del disco que no son baladas.

No sé si podemos meter Can’t Be Too Responsible dentro del saco de las baladas, digamos que se queda a medias entre los cortes más animados y los cortes más relajados. El caso, es que, aunque la canción nunca llega a despegar, termina entrando muy bien. Más complicado lo tienen con las baladas de pop orquestal, donde no siempre aciertan. Podemos destacar Overwhelmed With Pride, que tanto nos recuerda al pop cinematográfico de los sesenta, y que es bien bonita. Al igual que She Is Seventeen, que se vale de un piano final para convencer. Mención aparte merecen Oxygen Tank y Won’t Be Around No More, los dos temas que cierran el álbum, donde utilizan la misma fórmula. Los dos empiezan tranquilos, incluso un poco sosos y aburridos, pero los dos acaban en una tormenta instrumental donde vuelven a darle bien al pedal de distorsión. Sobre todo en la primera, donde despachan toda su rabia en un contundente solo de guitarra.

Al igual que su primer trabajo, no es un disco que entre a la primera, y hay que escucharlo con mucha calma – la misma que se han tomado ellos para componer estas diez canciones- para terminar encontrándole el punto.

7,5

The Rentals – Lost In Alphaville

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El de Matt Sharp es un caso un tanto extraño: tras tocar la gloria participando en los dos mejores discos de Weezer (el Blue Album y el Pinkerton), dejó la banda para dedicarse por completo a The Rentals, su banda paralela, y finiquitarla poco tiempo después. Aunque las malas lenguas dicen que dejó la banda por las diferencias artísticas que tuvo con Rivers Coumo. De hecho, muchos de los que nos hicimos fans de Weezer con su primer disco, creemos que si Sharp hubiera seguido en la banda, toda la mierda de trabajos que han sacado en los últimos años no estarían ahí. Y es que él era el alma pop del grupo, el que prefería las melodías y los estribillos, a los riff macarras de guitarra. Algo que vuelve a demostrar en su tercer trabajo, y el primero en quince años. Aunque sí es cierto que sacó un Ep en 2007.

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Lost In Alphaville es el disco que tenía que haber sacado hace más de una década, ya que, aunque se ha rodeado de algunos artistas actuales (Patrick Carney de The Black Keys toca la batería, y las voces femeninas son las de Jess Wolfe y Holly Laessig de Lucius), no ha cambiado ni un ápice su sonido. Es un trabajo que recuerda demasiado a una época muy concreta (los últimos 90 y los primeros 00), y en la primera escucha ya suena a viejo. Muchos pensareis que no pasa nada, que ahora todos los grupos tiran de esos años, pero la verdad es que hay estilos que aguantan mejor que otros, y el de The Rentals no es uno de ellos. Las guitarras pesadas, el ritmo pausado, y el exceso de teclados Moog y pedales de voz, no suenan igual de bien ahora que hace quince años. Eso sí, como en todo, algo se puede sacar de este Lost In Aphaville, y al menos hay cinco o seis canciones donde acierta con el estribillo y la melodía.

Lo más destacado de este trabajo lo encuentro en los temas más enérgicos, donde le pone un poco más de ganas. Con unas cuantas escuchas, se le acaba cogiendo cariño a canciones como Traces Of Our Tears, Seven Years, 1000 Seasons, Irrational Things y Song Of Remembering. Además de Thought Of Sound, el single de adelanto que ya conocíamos. Curiosamente, de estas seis, las mejores son las en las que nos encontramos más presencia de las voces femeninas, que le dan un poco más de vida a estos temas. Algo que no consiguen en los cortes más lentos, esos en los que intenta repetir un Friends Of P, y termina aburriendo.

Desde luego, no puedo decir que los temas sean malos, pero sí que tenía que haber procurado actualizar un poco su sonido, y no tratar de hacer otro The Return Of The Rentals.

6,7

Streaming

Merchandise – After The End

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Anxiety’s Door fue una de las mejores canciones del año pasado; un trallazo post-punk que nos dio a conocer a Merchandise, una banda de Florida con un futuro muy prometedor. Esa canción la metieron en Totale Nite, un Ep que para mi gusto no llego a cuajar. Ellos debieron de pensar lo mismo -su cantante ha declarado que este disco es un nuevo comienzo, y que son una banda nueva con el mismo nombre-, ya que poco a poco han ido cambiando su sonido, y en su debut en el sello 4AD, nos encontramos con un trabajo que tiene muy poco que ver con la densidad de sus comienzos . Algo que no resulta muy sorprendente, ya que en Figured Out, el tema que publicaron el año pasado en un Ep compartido con Milk Music y Destruction Unit, ya dejaban ver algo de ese cambio.

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Merchandise es una de esas bandas nunca le han hecho ascos a un paisaje sonoro instrumental de varios minutos. Poco a poco, se han ido quitando esta costumbre, y en este nuevo trabajo encontramos muy poco de eso; tan solo Corridor, que funciona como intro, se sumerge en estas aguas. El resto del disco está compuesto por varios cortes de pop y rock con aires de los ochenta, e influencias de los Smiths (hay unas cuantas guitarras que les delatan), de los grupos de post-punk de la época, e incluso de los Depeche Mode más oscuros y tranquilos. Quizá sea un sonido que está un poco trillado, pero han conseguido fusionar todas esas influencias y dar con algo un poco diferente. Las guitarras acústicas (muy presentes en todo el disco), le dan un toque diferente a esa oscuridad que desprenden las canciones, y hacen que sean un poco luminosas. También tiene mucho que ver el hecho de que estén de lo más acertados con las melodías y los estribillos.

Si tienes un tema como Enemy, lo mejor que puedes hacer es ponerlo en el disco tras la intro, así ya conquistas al oyente de buenas a primeras. El tema entra a la primera gracias a los teclados del principio, los cuales me recuerdan un poco el Rio de Duran Duran -no es el único grupo de pop comercial de los ochenta al que se dan un aire, en el último corte casi calcan la melodía del Thorn In My Side de Eurythmics-, y la fuerza que tiene la canción. Todo un hit que sabiamente han elegido como primer single. No es el único corte que entra a la primera y que tiene alma de hit, hay están Telephone, y la potente Little Killer, que suena a los Adorable más pop, y que es una pequeña maravilla. Casi diría que es lo mejor del disco.

Si nos vamos a los temas más relajados, también encontramos cosas realmente interesantes. No tan directas, pero sí igual de buenas. El mejor ejemplo es Green Lady, un corte ligeramente electrónico, en la que juegan con los teclados y las cajas de ritmo para conseguir un tema vibrante que acaba con una pequeña tormenta de distorsión guitarrera. Los otros cortes del disco que se van hacia este camino, no están a la altura, pero también dan muy buenos resultados. Sobre todo Life Outside The Mirror y Exile And Ego, donde no necesitan nada más que un teclado, una guitarra y la voz, para llevar a buen puerto las dos canciones. De hecho, en este tipo de canciones, suenan mejor cuando se ponen más simples y no meten tanta instrumentación. Aunque también es cierto que Looking Glass Waltz es preciosa.

After The End es un trabajo mucho más coherente, donde la banda de Florida consigue una muy buena colección de canciones, y hacerse un hueco en la concurrida escena rock norteamericana.

7,9

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