Arab Strap – As Days Get Dark

Para la generación “indie” que vivimos los primeros Festivales de Benicàssim y escuchábamos Viaje a los sueños polares religiosamente, Arab Strap eran ese grupo algo extraño, pero tremendamente atrayente, al que era imposible describir. El dúo formado por Aidan Moffat y Malcolm Middleton siempre se ha movido por el lado oscuro del rock, pero eso no les ha impedido coquetear con sonidos más elegantes, o con elementos electrónicos. Una fórmula que repiten en el que es su primer trabajo en nada más y nada menos que 16 años. Eso sí, desde una perspectiva bastante más madura, que los años pasan para todos.

As Days Get Dark’ es un disco oscuro y intrigante, pero tremendamente bello. Un trabajo que está plagado de referencias a la madurez –“Well Mick Jagger does it / And he’s older than me…” canta Aidan Moffat en la estupenda “I Was Once a Week Man”-, pero que también refleja algunos de los problemas de la sociedad actual, como la xenofobia o las adicciones. Además de su temática habitual, donde el sexo y la muerte siempre han tenido un papel importante. Pero ojo, que hay momentos en lo que hacen de forma positiva, como en esa “The Turning of Our Bones” inicial, que es todo un canto al amor libre y desinhibido. Aunque eso sí, musicalmente, es uno de los temas más oscuros del disco.

Al igual que en sus primeros trabajos, Arab Strap han conseguido hacerse con una colección de temas tremendamente personales, pero muy asequibles a la vez. Es una cualidad que pocas bandas tienen. Y ellos no la han perdido. Ahí están “Compersion, Pt.1” o “Here Comes Comus!”, las cuales representan su lado más rock y directo. Pero también juegan muy bien sus cartas en los cortes más reposados, que prácticamente son el 80% del álbum. “Bluebird”, en la que una guitarra acústica se deja acompañar por una delicada caja de ritmos, no puede ser más bonita. O “Tears On Tour”, que tira de épica contenida y resulta absolutamente emocionante -ese punteo de guitarra final estremece-. Y si nos vamos a “Sleeper”, nos encontramos con una balda siniestra, y algo barroca, en la que nos llevan de viaje en un aterrador tren nocturno. Pero lo mejor del álbum llega en “Fable of the Urban Fox”, un tema que empieza con una guitarra que no puede ser más folkie, y acaba convirtiéndose en un corte que se va por una senda electrónica, y casi bailable. Y todo para dejarnos una alegoría de la xenofobia.

Arab Strap han vuelto en plena forma, con un trabajo muy personal, en el que no huyen de su pasado, pero sí que abren una puerta al futuro. Eso sí, la portada es un espanto.

8

Flyying Colours – Fantasy Country

Flyying Colours es una banda de Melbourne que lleva casi una década practicando un shoegaze muy melódico, y muy pop, que es una delicia. Eso sí, estamos tan solo ante su segundo trabajo, porque, como todas estas bandas que apenas venden discos, y tienen que trabajar para costearse sus gastos y sus giras, no pueden dedicarse a su pasión la mayor parte del tiempo. Por eso han pasado cinco años desde su álbum de debut, con el que obtuvieron muy buenas críticas en el Reino Unido, y que los llevó a girar con The Jesus and Mary Chain, A Place To Bury Strangers, o Johnny Marr.

Fantasy Country’ es casi una enciclopedia de todo lo que ocurrió con el pop de guitarras en UK a finales de los 80 y principio de los 90. Algo que, quizá, se ha revisado ya demasiadas veces, pero hay que reconocer que a ellos les ha salido muy bien. Y es que, como ya he dicho antes, se les da muy bien la parte más pop del asunto. Solo hay que escuchar esa estupenda “Goodtimes” que lo abre, donde las guitarras potentes se unen a los teclados para crear una estupenda canción de shoegaze melódico. O esa acelerada “Big Mess”, que no puede sonar más a los Pains. Además de una delicia como “Ok”, la cual los lleva a terrenos más ensoñadores, o el indie-pop delicado de “It’s Real”.

Su pasión por los sonidos británicos de aquella época, también los lleva a crear cosas un tanto más oscuras y crudas. Es el caso de “White Knuckles”, donde exploran el lado más ruidoso del asunto, o de “This One”, que es algo así como un homenaje a los Ride más manchesterianos -sí, ya sé que son de Oxford, pero tenían canciones en las que jugaban muchos con los ritmos bailongos que venían de esa ciudad-. Pero es que, incluso, también tienen tiempo para meterse dentro de ese mundo más motorik, y algo más extraño, que tenía en Stereolab su máximo exponente. Todo un acierto, porque “Boarding Pass”, con ese teclado juguetón y ese ritmo monótono, cierra el disco de la mejor forma posible.

Estamos ante un disco en el que van al grano y que tan solo dura media hora. Y la verdad es que se agradece, porque sí, es un trabajo que no descubre nada, pero eso no quita que sea de lo más disfrutable.

7,9

The Wedding Present – Locked Down And Stripped Back

At The Edge of The Sea es un festival pequeñito que organiza todos los años David Gedge en la localidad inglesa de Brighton. Además de una canción de The Wedding Present, su banda. Pero el año pasado, y al igual que otros eventos de este tipo, tuvieron que reinventarse y hacer una edición online. Y de ahí sale este ‘Locked Down and Stripped Back’, un disco que nos presenta una versión diferente de la mítica banda británica, y que contiene alguna sorpresa que otra.

Según comenta el propio David Gedge, estamos ante un trabajo que fue muy complicado de hacer. Cada miembro de la banda tuvo que tocar y filmar su parte desde sus propias casas, quitando toda esa complicidad que tiene un grupo encima del escenario. Es una forma fría de tocar las canciones, pero no es algo que se note en el resultado. Todo lo contrario, el toque semi acústico que les han dado a estas versiones de sus clásicos, nos presenta a unos The Wedding Present más cálidos y pop. De hecho, casi se acercan más a Cinerama, la otra banda de Gedge.

La gran sorpresa de este trabajo es la inclusión de “We Should Be Together” y “You’re Just A Habit That I’m Trying To Break”, dos temas inéditos que ven la luz por primera vez. Se trata de dos canciones en las que Jon Stewart, el que es nuevo guitarrista de la banda, y que formó parte de los exitosos Sleeper, ha tenido mucho que ver. La primera es toda una delicia pop, que cuenta con un cierto parecido al “Friday I’m in Love” de The Cure, y con la estupenda voz de Louise Werner. Y la segunda se acerca bastante más a ese C86 que la banda lleva practicando décadas. Aunque lo curioso es que es un viejo tema de Sleeper que nunca llegaron a editar.

Otra de las cosas buenas que tiene este álbum, es que no se han ido hacia un repertorio muy evidente. Incluso hacen una fantástica versión, algo oscurilla, de “Starry Eyed”, que en realidad es un tema de Cinerama. Otro ejemplo de que han navegado en su extensa discografía es la inclusión de “Sports Car”, el tema que cerraba su Ep ‘Mini’. Y ojo, porque esta versión tiene muy poco que ver con la original. La de 1996 era sucia, contaba con una guitarra potente, y la voz era casi una anécdota. Aquí, precisamente, es la voz de Melanie Howard la que se convierte en protagonista. O lo irreconocible que han dejado la ruidosa “Blonde”, en la que ahora solo utilizan un par de guitarras acústicas. Y luego están las versiones semi acústicas de “A Million Miles”, “California” o “My Favourite Dress”, que no están muy cambiadas, pero también tienen su punto.

8

Nick Cave & Warren Ellis – Carnage

Con que hayáis seguido el blog un poco de tiempo, ya sabréis que no soy muy seguidor de Nick Cave, porque creo que nunca ha caído un disco suyo por aquí. Ni de su carrera con los Bad Seeds, ni con Grinderman, ni ninguna de sus bandas sonoras. Y sí, tiene un talento descomunal y es uno de los mejores músicos de la historia, pero a mi nunca me ha terminado de llegar. Hasta ahora, que me he topado con su primer trabajo con Warren Ellis fuera del mundo de las bandas sonoras.

Carnage’ es otro disco que nace del confinamiento y de la necesidad de crear que muchos músicos han tenido al no poder girar. La pandemia truncó parte de la última gira de Nick Cave, y la que le traía a España, pero el australiano no contempló la opción de descansar. Y tampoco Warren Ellis, porque compusieron este disco en poco más de dos días, y en lo que ellos han calificado como “un proceso acelerado de intensa creatividad”. Y aquí es cuando te das cuenta del talento tan enorme que tienen. Porque crear un trabajo tan desgarrador y bello en un periodo tan corto de tiempo, no está al alcance de todos.

“Un disco brutal, pero hermoso, anidado en una catástrofe colectiva”. Esta frase del propio Cave describe bastante bien las sensaciones que te dejan las canciones de este álbum. Estamos ante un trabajo oscuro, pero vibrante, que se erige como una banda sonora perfecta para estos días convulsivos que vivimos. Y ya no solo estamos hablando de la pandemia, también de otros temas de actualidad que preocupan al mundo. Es el caso de “White Elephant”, en la que, claramente, hacen referencia al asesinato de George Floyd por parte de un policía. Una canción que cuenta con una primera parte oscura, en la que Cave llena su interpretación de rabia, y que cambia por completo en su segunda mitad, donde aparece un coro de góspel de lo más esperanzador.

Creo que, musicalmente, estamos ante un disco de lo más rico. Evidentemente, cuenta con ese poso cinematográfico que han ido creando en su carrera conjunta, lo que les da un toque diferente a los temas de Cave. Los teclados, sobrios y oscuros en muchas ocasiones, junto a las cuerdas, que también inundan el disco, se unen a lo solemnidad que suele desplegar el australiano. Un combo perfecto, que nos deja una barbaridad de lo más inquietante, como es el caso de la inicial “Hand of God”, donde, una vez más, hay referencias al cielo y al infierno, y todo adornado con unos coros espeluznantes. O esa “Old Time” casi fronteriza que nos traslada a un árido campo del viejo oeste.

Sobre todo, estamos ante un disco lleno de canciones que son pura belleza. Es el caso del emotivo tema titular, en el que se sacan de la manga un coro infantil, y donde Cave vuelve a recordar a su hijo fallecido. O de la serena “Alburquerque”, que, con apenas un piano y unas cuerdas, suena de la más esperanzadora. Algo que también ocurre con “Lavender Fields”. Pero es en “Shattered Ground”, la que podríamos calificar como la canción de amor del disco, donde más me han emocionado. Y es curioso, porque, al igual que toda la parte final del álbum, es de lo más minimalista, y aquí apenas cuenta con unos teclados como base instrumental. Eso sí, unos teclados que lo envuelven todo. Y para cerrar, nada mejor que “Balcony Man”, un clásico tema al piano de Nick Cave, en el que va subiendo de intensidad, para llegar a ese épico final en el que no para de repetir “This morning is amazing and so are you”. Ellos dos sí que son increíbles.

8,1

Roosevelt – Polydans

Cuando puse el anterior trabajo de Roosevelt por aquí, comenté que el músico alemán llevaba una carrera en ascenso creativo, y ahora que acaba de publicar su tercer álbum, me reafirmo en lo dicho. El de Viersen ha pasado de entregar un debut con muy buenos singles, y poco más, a fabricar unos discos de lo más completos. Ya no solo sabe hacer temas que te enganchan a la primera, ahora vienen acompañados de cortes que enriquecen muy bien esos singles, y logra que no pares de bailar y cantar durante 45 minutos. Y según él mismo, esa ha sido su intención con este tercer trabajo, en el que ha querido crear un homenaje a toda la música de baile que le gusta.

Polydans’ es un disco muy variado en el que Roosevelt pica un poco de todos esos palos de la música de baile que le gustan. Evidentemente, ese sonido balearic que le dio a conocer, está muy bien representado en varios cortes. Temas como “Strangers”, el cual, al parecer, le costó una barbaridad hacer, “Feels Right”, o “See You Again”, se mueven en ese lado más cálido de su música. Y si nos vamos a “Close to My Heart”, nos encontramos con que se mete de lleno en eso que llaman yacht-rock. Y lo hace con mucho acierto, porque es una delicia de canción.

Al ser un disco un tanto ecléctico, nos topamos con varias sorpresas agradables. La primera llega nada más empezar, con esa acelerada “Easy Way Out” en la que va a tope y directo a la pista de baile más eufórica. Algo que también ocurre con “Echoes”, donde los beats van a toda leche y se deja llevar por ese ímpetu bailongo. Pero también sorprende justamente con lo contrario. “Forget” es un corte más reposado y frío, en el que el protagonismo se lo llevan unos sintetizadores más crudos y distantes. Algo así como si le saliera su influencia alemana. Aunque lo mejor del disco llega con “Lovers”. En ella, nos deja una optimista canción de amor en la que se mete de lleno en el synth-pop más ochentero. De hecho, cuenta con una intro que recuerda bastante al “Messages” de OMD. Pero lo mejor es su estribillo happy y ese sinte juguetón que lo adorna. Ya podría experimentar más con estos sonidos, porque se le dan muy bien.

Lo dicho: Roosevelt sigue creciendo con cada disco que va editando.

7,7

Julien Baker – Little Oblivions

La música de Julien Baker te puede gustar más o menos, pero hay que reconocer que, a sus 25 años, lleva una carrera digna de elogio. La facilidad con la que se abre en sus letras, tan personales y tristes, ha hecho de ella una de las grandes compositoras de la actualidad. En parte porque, en muchas de ellas, refleja ese conflicto que tiene con su religión cristiana y su homosexualidad. Además de hablar de sus adicciones y de cómo lidiar con ellas. De ahí que su música siempre tenga un poso de tristeza, pero es que, claro, ha vivido demasiado en un plazo muy corto de tiempo.

Little Oblivions’ presenta un cambio importante respecto a sus dos trabajos anteriores. A pesar de que lo ha compuesto, tocado, y producido ella misma, está concebido para ser interpretado en directo por una banda al completo. La de Tennessee ha pasado de no meter ni una sola batería y hacer un folk muy poco efectista, a llenar sus canciones de capas de instrumentos. Por aquí hay guitarras que rugen un poco más que antes, un baño electrónico constante, y una sección rítmica más rica. Lo que hace que sus canciones sean mucho más fáciles y directas de escuchar.

Lo que no ha cambiado son sus conflictos con su religión, sexualidad y adicción. Es más, este trabajo está compuesto después de haber tenido una recaída. Pero tengo que decir que ahora, con toda esa riqueza instrumental que le ha dado, se lleva mucho mejor toda esa tristeza que desprenden. Y es que, nada más empezar, con “Hardline” y su estruendoso final, ya nos muestra lo bien que le sienta ese cambio. Le ha pillado el punto a este tipo de canción épica regada de electrónica, a las que es imposible ponerle ninguna pega. Temas como “Faith Healer”, “Relative Fiction” o “Favor”, suenan inmensos y hacen que su música esté más viva que nunca. Por cierto, que en la última se deja acompañar de Lucy Dacus y Phoebe Bridgers, sus dos compañeras en Boygenius. Pero es que, incluso cuando no mete tanta capa electrónica, también sale reforzada. “Heatwave”, con su guitarra acústica y su tono animado, no puede sonar mejor. Y la ascendente “Ringside” resulta de lo más emocionante.

No todo es perfecto en este trabajo, y al igual que en sus dos anteriores discos, peca algo de repetición. Es cierto que en un par de temas como “Bloodshot” y “Repeat” se sale un poco de la línea que lleva en todo el disco, pero no es suficiente para darle ese toque un poco más variado que necesita. Y es una pena, porque en la segunda se va a una electrónica un tanto minimalista que le sienta muy bien. Algo que demostró el otro día con su versión del “Everything in Its Right Place” de Radiohead. Y luego hay que decir que tampoco está especialmente acertada en las baladas, y cortes como “Crying Wolf” y “Song in E” se quedan un poco pequeños al lado de tanta épica.

7,9

Chris Brokaw – Puritan

Chris Brokaw es conocido principalmente por ser miembro de Codeine y Come, dos de los grupos que pusieron el slowcore en el mapa –“Saints Around My Neck” sigue siendo una de mis canciones favoritas de la historia-. Además de haber formado parte de The Lemonheads, y de haber sido músico de acompañamiento de Thurston Moore y de un buen montón de artistas más. Pero también cuenta con una extensa carrera en solitario. En ella, hay mucha banda sonora, y algún que otro disco en el que saca su vena más indie-rock y directo. Algo que se puede apreciar muy bien en su último trabajo.

Puritan’ es un su decimo álbum, y si de verdad te gusta el buen rock, deberías darle una escucha. Y no es que lo diga yo, lo dice el mismísimo Mark Lanegan, que ha escrito el texto promocional del disco. Además, cuenta con un par de regalos para los seguidores de Come, porque Thalia Zedek, la que fue su compañera de banda, pone la voz y la guitarra a dos de las canciones del álbum. La primera es “The Bragging Rights”, donde aparece el lado más folkie y relajado de Brokaw, y la segunda es la preciosa versión que hacen de “The Night Has No Eyes”, una vieja canción de Karl Hendricks, el difunto rockero de Pittsburgh. Pero esto es solo una pequeña parte de todo lo bueno que hay en este disco.

Cuando Brokaw pisa el pedal de distorsión, no hay quién le tosa. Más de treinta años jugando con las posibilidades que le da su guitarra, le han convertido en un experto de estos sonidos. Solo hay que escuchar el tema que lo abre y que le da título, donde se recrea en un océano de escalas propias de los mejores Sonic Youth. O esa barbaridad llamada “The Heart of Human Trafficking”, en la que pone al día las enseñanzas del Neil Young más eléctrico. Y si nos vamos a “Report to an Academy”, podemos comprobar que no tiene ningún reparo en endurecer su sonido. Pero también sabe cuando rebajar un poco la intensidad eléctrica y dejar que el pop entre el juego, como en el caso de la escueta “I Can’t Sleep”. Aunque ojo, que en su faceta más indie-rock es capaz de sacarse de la manga una joya como “Periscope Kids”, en la que deja las últimas canciones de Guided By Voices a la altura del betún.

Según Mark Lanegan, estamos ante “un clásico de principio a fin”. Yo no soy tan entusiasta, pero si creo que es un gran disco de rock. Y eso ahora mismo es todo un logro.

7,8

Novedades 2021 (2ª Parte)

Se me acumulan las novedades. No sé qué está pasando en este principio de año, que no parar de salir canciones tremendas. De hecho, tenía pensado poner esta recopilación el viernes, pero si espero un par de días más, puedo acabar metiendo otros diez temas, y tampoco quiero que sea una lista excesivamente larga. Con 35 hay de sobra.

Quizá es un riesgo empezar una recopilación con un tema de doce minutos como “Menneskekollektivet”, pero la verdad es que me parece un temazo y un inicio de lo más potente. Y me sirve para seguir con el lado más sintético del asunto y meter canciones tan estupendas como las de Mint Julep, Thyla, Aidan Noell (la chica de Nation of Language), o esa maravilla que han creado Club Intl junto a Andrew VanWyngarden de MGMT. Pero no solo de maquinas vive la música, las guitarras también están muy bien representadas en los nuevos temas de Pardoner o Dry Cleaning. Y si nos vamos al pop, hay que mencionar esa pequeña joya que han sacado Real Numbers, y lo bien que recupera el mejor indie-pop The Red, Pinks and Purples. Eso sí, para terminar, toca relajarse con Sharon Van Etten, Matt Berninger y José González.

Espero que os guste.

  1. Menneskekollektivet / Lost Girls
  2. Let’s Not Fight! / Porridge Radio & Piglet
  3. A Rising Sun / Mint Julep
  4. Breathe / Thyla
  5. Never Be The Same (Andrew VanWyngarden Remix) / Club Intl
  6. Prepositional Phrase / Aidan Noell
  7. Lovers / Roosevelt
  8. Bitter / Evripidis and His Tragedies feat. The Ballet.
  9. Telephone / Dima Pantyushin
  10. Do I Sad? / Geneva Jacuzzi
  11. King Of Letting Go / Sondre Lerche
  12. Lenguas Muertas / Escuelas Pías
  13. Strong Feelings / Dry Cleaning
  14. Here Comes Comus! / Arab Strap
  15. 1983 / MAN ON MAN
  16. hold yourself. / Tune-Yards
  17. Somebody / Yuno
  18. Vendetta / Iceage
  19. Donna Said / Pardoner
  20. Monolith / The Chills
  21. Bottom Feeders / Tim Cohen
  22. In the Meantime / Major Murphy
  23. I’m More Inclined / Teenage Fanclub
  24. Don’t Ever Pray in the Church on My Street / The Reds, Pinks and Purples
  25. The Balcony / Fruit Bats
  26. Why Don’t You Come Out Anymore? / The Natvral
  27. In The End / Real Numbers
  28. El Rey de España / Los Planetas
  29. Let It Be / Matt Berninger
  30. Song for Nick Drake / Skullcrusher
  31. El Invento / José González
  32. On Your Way Now / Sharon Van Etten
  33. Two / Flock of Dimes
  34. These Kids We Knew / Rostam
  35. Favor / Julien Baker

FRITZ – Pastel

FRITZ -así, con mayúsculas para no confundir con la banda de finales de los sesenta donde militaba Stevie Nicks-, mencionan a bandas como Alvvays, The Cure, The Vaccines, Vivian Girls o Best Coast, como sus máximas influencias. Algo que se puede apreciar con tan solo una escucha de su segundo trabajo. Y es que, esta joven banda australiana, tiene como base el indie-pop de guitarras, pero les encanta acelerar sus canciones y dejarse llevar por un lado más punk. Además de impregnar un poco de oscuridad a sus temas. Así que sí, creo que es fácil ver todos los ingredientes que han metido en su coctelera.

Pastel’ es un disco que empieza a toda leche. Esa “Sweetie” de percusión potente y duras guitarras que lo abre, refleja ese punto un tanto más contundente que tienen. Eso sí, siempre desde una perspectiva melódica y muy pop. Pero ojo, que no estamos ante la canción más espídica del disco. Ahí está “She’s Gonna Hate Me”, donde no levantan el pie del acelerador en sus casi cuatro minutos de duración. Y la verdad es que mola, porque además de jugar con el autotune, algo muy poco habitual en este tipo de música, meten un teclado que es una delicia. Algo que también ocurre con la parte final tan “ramoniana” con la que cuenta “Gracie, Forgive Me”.

Aunque me gusta ese lado punk y acelerado que tienen, los prefiero cuando bajan un poco el ritmo. Creo que en un tema como “Arrow”, donde, entre unas buenas capas de distorsión, se cuela una guitarra acústica, deja ver bastante mejor su capacidad para crear buenas melodías. Es un tema delicioso, como el corte que da título al álbum, que podría ser una canción de los Pains. Pero casi diría que lo mejor llega con “Die Happily”. Es el tema más reposado del álbum, pero ojo, que cuenta con unas guitarras crudas y distorsionadas. Eso sí, las fusionan con un delicioso teclado, el cual, le da un toque de lo más ensoñador. Ese punto ensoñador y algo melancólico también lo tiene “Jan 1”, la canción que cierra el álbum, y otro de sus grandes momentos. De hecho, no puede ser más Alvvays, y eso siempre es bueno.

Buenas guitarras, teclados juguetones, melodías perfectas, el punto melancólico, algo de oscuridad…FRITZ se lo ponen en bandeja a todo buen amante del pop ruidoso con este trabajo.

7,7

Tindersticks – Distractions

Una de las cosas que ha dejado claras Stuart A. Staples durante la promoción del último trabajo de Tindersticks, es que no es un disco de confinamiento, y que, a pesar de que se grabó el pasado septiembre, se compuso mayoritariamente en febrero. Algo que no sé muy bien por qué se ha encargado de recalcar tanto, porque dudo mucho que hubiera cambiado las ideas que tenían para este álbum. Y es que, a pesar de la sorpresa inicial, que ya comentaré más adelante, sigue siendo un trabajo que es puro Tindersticks. Y lo único que veo diferente, es que están más minimalistas y sombríos que nunca.

Distractions’ es un disco de canciones largas en el que el grupo británico se explaya bien a gusto en el desarrollo de cada una. Como mejor ejemplo de esto tenemos el tema inicial, el cual se va más allá de los once minutos. Estamos ante un corte oscuro, algo claustrofóbico, y muy electrónico. Esa es la sorpresa, las cajas de ritmos sirven de apoyo a la voz a la dramática voz de Staples, que aquí, casi se convierte en Alan Vega de Suicide -es absolutamente desgarrador cuando canta eso de “Can’t stop the fadin’/Can’t stop the fadin’…”-. Lo malo es que, salvo alguna pincelada más, esa electrónica no aparece en más cortes del disco. Y es una pena, porque les sienta muy bien.

Como decía un poco más arriba, están especialmente sombríos y reposados en este trabajo. Sobre todo, en sus temas propios. Una canción como “I Imagine You”, en la que apenas aparece un piano y un leve susurro de Staples, no es para todo el mundo. Aunque sí es cierto que en los dos cortes finales consiguen transmitir un poco más de emoción. Y es que un tema como “Tue-moi”, el cual está dedicado a las victimas del atentado del Bataclan- Tindersticks solían actuar mucho allí-, pone los pelos de punta. Y esa extensa “The Bough Bends” con la que cierran, resulta de lo más electrizante en su parte final.

Resulta muy curioso que, de un disco de siete canciones, tres sean versiones. Pero Tindersticks son así, y, además, es algo que se les da muy bien. De hecho, las tres, son de lo mejor del disco. Ahí está esa delicada versión que hacen del “A Man Needs A Maid” de Neil Young, donde se dejan ayudar por la estupenda voz de Gina Baker. O la elegante revisión que hacen de “Lady With The Braid”, una canción un tanto folk de Dory Previn. Pero lo mejor llega con su particular homenaje a Television Personalities. “You’ll Have to Scream Louder” era un oscuro y ruidoso tema que cautivó a Staples cuando era joven. Y no es casualidad que lo recupere ahora, porque, según él mismo, es un corte que está de plena actualidad por su carácter reivindicativo. Eso sí, lo ha pasado por su filtro, y lo ha convertido en una deliciosa canción de Tindersticks.

7,5