All We Are – Providence

A la chita callando, All We Are se están haciendo con una de las carreras más eclécticas del rock británico actual. Lo que empezó siendo un proyecto de trip-hop y dream-pop -algo que ellos mismos calificaron como unos Bee Gees puestos de Diazepam-, y siguió estupendamente con un disco de en el que aceleraban su música y se acercaban al post-punk, se ha convertido en algo luminoso que tiene muy poco que ver con lo que han hecho hasta ahora. Su nuevo trabajo es mucho más cálido y bailable, y parece que, esta vez, se han impuesto las raíces culturares de Luis Santos, su guitarrista brasileño.

Según la propia banda, su objetivo en este disco “era celebrar las cosas positivas de la vida”. Aunque eso sí, también matizan que “evidentemente, no sabían la situación en la que se iba encontrar el mundo cuando el disco viera la luz, pero que su única intención era la de llevar alegría al mundo”. Y lo han conseguido, porque este ‘Providence’ te anima a bailar, cantar y, en algunos casos, saltar. Solo hay que escuchar la fantástica “Not Your Man”, de la que han hecho una buena cantidad de remixes. Y no me extraña, porque con esas trompetas y ese estribillo –Oh you know /I want your body / And you think I’m sexy / Like a Piña Colada you’re not gonna waste me-, no hay quién se resista a ella. Al igual que con el pop luminoso y sintético de “Bad Advice”, que es una delicia.

Si es cierto que el resto del álbum es más relajado y que se han metido de lleno en ese pop con tintes funk que tanto se llevaba en los ochenta -las líneas de bajo son brillantes-. Es el caso de la estupenda “Heart of Mine”, de la juguetona “L Is For Lose”, o de la delicada “Elegy”. Unos temas notables en los que, incluso, se acercan un poco a ese Slow Disco que tanto pegó en los setenta. Y ojo, porque tampoco tienen problema en entregar un par de buenas baladas. Ya que, tanto “When You Cry” como “How You Get Me”, son una delicia.

All We Are no paran de ganar puntos con cada disco que sacan. La variedad con la que cuenta su música les hace de lo más interesantes, y un poco imposible de etiquetarles. Además, tienen talento para crear temas notables en cualquiera de sus múltiples facetas. Y eso siempre es un plus.

7,8

Samia – The Boy

Me ha costado un poco hacerme con el debut de Samia. Lo cogí con muchas ganas a finales de agosto porque había leído críticas muy positivas, pero no conseguí que me entrara con las primeras escuchas. El motivo es que estoy un poco saturado de artistas que recuperan el indie-rock de los noventa, y lo pagué con esta chica. Grave error por mi parte, porque le he vuelto a dar una oportunidad, y he podido comprobar que, en este trabajo, hay muchas cosas interesantes más allá del rock de guitarras.

The Baby’ es otro relato de una adolescente y el difícil paso a la madurez. Y puede que, sobre la superficie, los problemas de una chica que ha crecido entre Nueva York y Hollywood con unos padres famosos -siempre he sido muy fan de su madre, la actriz Kathy Najimy– y en una especie de burbuja, no resulte tan interesante. Pero oye, temas como la misoginia, la angustia y las presiones de ser adolescente, son universales. Vengas de donde vengas. Y todo eso es lo que nos encontramos en un trabajo bastante ecléctico, en el que hay espacio para el indie-rock, el pop ensoñador, o pequeñas concesiones a sonidos más clásicos.

Quizá, la introspectiva “Pool”, no es la mejor forma de empezar un disco. O quizá sí, porque esa subida de intensidad final, y el haber metido inmediatamente después un himno de indie-rock como “Fit N Full”, funciona bastante bien. Y ojo, porque los seguidores de las guitarras más distorsionadas ya pueden aprovechar esta canción, porque el resto tiene poco que ver. De hecho, se podría decir que la mejor comparación que podemos hacer es con Mitski, ya que sus canciones entran dentro de ese pop y rock tranquilo lleno de atmosferas de teclados. Es el caso de la preciosa “Big Wheel” (aquí me ha recordado un poco a las Haim), de la emotiva “Stellate”, o de esa joya llamada “Triptych”, donde los teclados entran maravillosamente en su parte final. Y ojo, porque incluso se atreve a ponerse algo más sintética, y entregar un tema como “Waverly”.

Sí es cierto que hay un par de canciones en las que está un poco más animada. Eso sí, tienen muy poco que ver la una con la otra. Porque en “Limbo Bitch” nos deja un vibrante tema de pop con una base rítmica potente. Sin embargo, en “Minnesota”, se entrega a sonidos más americanos y clásicos -por ahí aparecen un piano y una steel-guitar-. Y la verdad es que le sienta muy bien.

7,7

Thibault – Or Not Thibault

Thibault es como si dos de mis bandas favoritas, Stereolab y Electrelane, se fusionaran e hicieran algo nuevo gracias a la originalidad de Nicole” – Kathleen Hanna

Oye, sube eso. ¡Es muy bueno!” – Adam ‘Ad-Rock’ Horovitz (Beastie Boys)

Hermoso pop barroco con un toque de música europea de películas de cuentos de hadas sobrenaturales. Las melodías melancólicas son geniales” – Tim Gane (Stereolab)

Al igual que yo, muchos os preguntareis quienes son Thibault y por qué cuentan con unos seguidores tan ilustres. La explicación es muy sencilla: estamos ante el nuevo proyecto de Nicole Thibault, una artista de Melbourne que militó en Minimal Chips, un grupo de culto australiano de los noventa que en su día giró con bandas como Stereolab, Pavement, Bikini Kill y Le Tigre. De ahí esa conexión con todos esos artistas tan conocidos. Y ahora, tras tomarse un descanso de un par de décadas para cuidar a su familia, Nicole ha reclutado a jóvenes músicos de su país, y ha formado esta banda.

Thibault debutan con ‘Or No Thibault’, un disco un tanto curioso, en el que el pop barroco se fusiona con el rollo motorik de Stereolab, y con un pop más o menos ensoñador. De hecho, es un álbum bastante variado. Y también, para ser sinceros, es un poco una montaña rusa. Más que nada, porque empieza maravillosamente bien con “See The World” y “Centrelink”, dos estupendos temas en los que se meten de lleno ese pop barroco que mencionaba antes -me encanta el trombón de la segunda-, y sigue muy bien con un par de himnos más animados como “Drama” y “Waiting to be Alone”. Lo malo es que a mitad del disco pega un pequeño bajón y no remontan hasta unos cuantos temas después. Eso sí, lo hacen de la mejor manera, con una delicia medio sintética llamada “Late Expectations”. Y siguen bien con la bonita y relajada “Spanakopita” y con la electrónica ensoñadora de “Later Expectations”. Incluso ese tema tan de folclore llamado “Treasure Trove”, tiene su punto. Pero, vuelven a dar un pequeño bajón con los dos temas finales.

La verdad es que Thibault hacen una música un tanto peculiar que sale del mundo del pop actual. Pero también es cierto que, a pesar de no utilizar mucho las guitarras, y de su instrumentación barroca, consiguen que sus canciones entren de maravilla. Y eso ya es un punto a su favor.

7,5

Fair Visions – A Way Out

Si un grupo como Nation of Language, que me han dado una de las mayores alegrías de 2020, no se cansa de recomendar a una banda, está claro que me voy a lanzar a por ella. Es lo que me ha pasado con Fair Visions, un trío de Brooklyn con el que han compartido escenario más de una vez, y al que les une una buena amistad. Aunque eso sí, a pesar de tirar de los ochenta y meterse en terrenos oscuros, su música es menos electrónica, algo más guitarrera, y un poco más new-romantic.

Formados por Ryan WorkJohn Miller y Leah LavigneFair Visions acaban de publicar ‘A Way Out’, el que es su Ep de debut. Y algo deben de tener cuando en la producción encontramos a Abe Seiferth (LCD SoundsystemCar Seat Headrest) y en la masterización a Joe Lambert (Animal CollectiveThe NationalSharon Van Etten). Un equipo de lujo para una banda debutante. Pero todo se entiende al escuchar lo bien que suenan

Su fusión entre el pop y la pista de baile los ha llevado a crear temas más propios de aquella new-wave que azotó la ciudad de los rascacielos en los ochenta. Es el caso de “Feels Right” y “Lay Out in the Sun”, que sirvieron como adelantos, y que son tremendamente adictivos. Sobre todo la segunda, en la que se atreven con lo que parece ser una guitarra española. Algo de lo más raro en este tipo de música. Pero también saben ponerse un poco más oscuros y dejarnos temas de post-punk con tintes electrónicos. Ahí está la estupenda “Shitty Love Songs”, que abre el álbum de la mejor forma posible. O “Coming On” y “Ralenting”, en las que tiran hacia mundos un poco más pop, pero en las que no dejan la oscuridad de lado.

Fair Visions debutan de forma notable con este Ep, en el que fusionan de maravilla sonidos más pop, con mundos más post-punk.

7,9

Seth Bogart – Men on the Verge of Nothing

Seth Bogart vuelve a la carga con su segundo disco en solitario. El que fuera líder de Hunx and His Punx, que más tarde se quedó solo en Hunx, debutó hace cuatro años bajo su nombre con un trabajo que no me terminó de convencer mucho. El cual, por cierto, no podréis encontrar en las plataformas de streaming, ya que lo editó Burger Records y tras el escándalo han retirado todas sus referencias. El caso es que ahora deja de lado el mundo del vocoder que tanto protagonismo tenía en ese álbum, y vuelve a lo que mejor sabe hacer: canciones que se mueven entre el garage y el pop más sixities, en las que siempre aparece un toque queer

Men on the Verge of Nothing’ cuenta con algunas colaboraciones de lo más interesantes, como las de Roxanne Clifford (Patience / Veronica Falls), Alana Amram (Hunx and His Punx / Habibi) y Tobi Vail (Bikini Kill / Frumpies). Además de reclutar a Kathleen Hanna y Kate Nash para hacer una estupenda versión del “Oh Bondage! Up Yours!” de X-Ray Spex. Y para terminar de redondear el asunto, en el vídeo de “Boys Who Don’t Wanna Be Boys” podemos ver cameos de algunos cómicos, gente de Le Tigre, o Tammie Brown, de RuPaul’s Drag Race.

Lo mejor de este segundo trabajo, es que Bogart vuelve a disfrutar del pop de guitarras. Y lo hace nada más empezar, con las directas “Professionals” y “Dawn’s Lips”, dos cortes en los que no es casualidad que cante Roxanne Clifford, porque tienen algo de ese indie-pop que practicaban Veronica Falls. Aunque eso sí, la segunda no deja de ser todo un homenaje al “Molly’s Lips” de The Vaselines. Y la verdad es que les ha quedado muy bien. Como el resto del álbum, en el que sigue por el mismo camino, y entregándonos temas tan sobresalientes y directos como “Brainwashers”, “Lavender Heights”, o la deliciosa “Sunday Boy 2”. Solo baja el ritmo en “Imaginary Music Vol. One”, el tema instrumental que cierra el álbum.

Siempre he pensado que Seth Bogart es uno de los mayores talentos del pop y el rock actual. De hecho, estoy seguro de que si no fuera por los explicitas que son algunas de sus letras, que hablan sin tapujos de sexo y relaciones gais, tendría más éxito.

8

Doves – The Universal Want

Al igual que otra mucha gente, a principio de este siglo, me volví loco con Doves. El grupo británico tuvo unos años estupendos en el que no dejaron de sacar temazos, convirtiéndose junto a Coldplay o Elbow en uno de los grandes abanderados de ese rock inglés, supuestamente adulto, que vino tras la caída del britpop. De hecho, para mi gusto, eran los mejores de toda esa hornada de bandas, y sus salidas de tono, sobre todo con los ritmos afro, les hacían más interesantes. Pero claro, de eso han pasado 20 años, y ahora ese rock suena al pasado, y a otra época.

The Universal Want’ es el primer trabajo de la banda de Manchester tras su descanso de once años, pero, para ser sincero, parece que no ha pasado el tiempo. Y es que, suenan exactamente igual que hace dos décadas. Nada ha cambiado en su sonido, lo que no es una buena noticia. Creo que ese rock épico del que tanto abusaron no da para un revival y ahora suena un tanto caduco. Así que lo mejor del disco es cuando se salen de la norma, como es el caso de “Carousels” y “I Will Not Hide”, que cuentan con esos ritmos afrobeat que tanto les gustan. O esa balada con toques sintéticos llamada “Cathedrals of the Mind”, en la que también nos presentan su lado más jazzy. Pero lo mejor llega con “Mother Silverlake” y su rollo más animado, casi psicodélico, que es un soplo de aire fresco entre tanta intensidad.

No es que de repente hayan perdido su talento, siguen haciendo canciones notables, pero excesivamente ancladas en el pasado. Temas como “Broken Eyes”, “Prisoners” o “Cycle of Hurt”, me hubieran encantado hace veinte años, pero ahora mismo tan solo me parecen correctos. Ese exceso de épica, los punteos de guitarra estridentes, y su intensidad, me dan bastante pereza. Afortunadamente, en el tema titular, sí que sorprenden un poco metiéndose en mundos más electrónicos. Algo que, por otro lado, no debería ser una sorpresa, porque ellos venían del mundo de la música electrónica.

Para bien o para mal, Doves siguen a lo suyo, así que el que quiera y pueda, que los disfrute.

7

Erasure – The Neon

No puedo poner nuevos grupos que beben de los ochenta, y olvidarme de los clásicos que llevaron el synth-pop a lo más alto. Es el caso de Erasure, el dúo formado Vince Clarke y Andy Bell, que ya llevan 35 años de carrera. Más de tres décadas llenas de hits, en las que han llevado el pop electrónico hacia su lado más luminoso. Y es que, esa oscuridad a la que se agarraron algunos de los grandes grupos del género, siempre ha brillado por su ausencia en la música de Erasure. Quizá, por eso, y muy erróneamente, hubo gente que en su día no se los tomó muy en serio. Pero ahí están, en pleno 2020 sacando discos notables sin perder las que siempre han sido sus señas de identidad.

The Neon’ es su álbum número 18, y según ellos mismos, han tratado de volver al sonido de sus comienzos. De hecho, Vince Clarke ha utilizado sintetizadores de aquella época. Se podría decir que lo han conseguido, o por lo menos que han conseguido un buen puñado de singles notables. Y es que, la primera parte del disco es memorable. Temas como “Hey Now (Think I Got A Feeling)”, “Fallen Angel” o “Shot A Satellite”, cuentan con melodías memorables, buenos estribillos, y punto de positividad que hace que nos enganchemos a ellas a la primera escucha. Y cuando bajan un poco el ritmo, nos sorprenden con “Nerves of Steel”, en la que se atreven a meter una guitarra de lo más sucia.

Sí es cierto que la segunda parte del disco es más irregular. Quizá porque, aunque haya algún hit que otro, como es el caso de “Diamond Lies” y “Careful What I Try to Do”, están un poco más calmados y menos directos. De hecho, hay una balada al piano llamada “New Horizons” que corta un poco el rollo. Menos mal que en “Kid You’re Not Alone”, la otra balada del disco, se ponen más sintéticos y logran mejores resultados. Eso sí, aunque sea fusilando el estribillo del “If You Could Read My Mind” de Ultra Naté.

Había ganas de un nuevo álbum de Erasure, y la prueba es que se han colado en el Top 4 de las listas de su país, la que es su mejor posición desde 1994. Algo de lo que me alegro, porque es un buen disco de pop electrónico.

7,5

Korine – The Night We Raise

Resulta curioso que una buena parte de las nuevas bandas de synth-pop vengan de los Estados Unidos. Este tipo de música, que siempre relacionamos con la Europa de los primeros ochenta, está viviendo un resurgimiento al otro lado del charco, y un buen montón de grupos se están dejando llevar por las enseñanzas de los grandes del género. Ahí están Drab Majesty, o los más recientes Nation of Language, que han hecho uno de mis discos favoritos del año. Y entre esos dos grupos están Korine, una banda de Filadelfia que cuenta con la oscuridad de la primera, y la base sintética de la segunda.

The Night We Raise’ es su segundo trabajo, y para ser sincero, tengo que decir que me han recordado mucho a Information Society, una de las pocas bandas norteamericanas que triunfaron en este mundillo. Sobre todo, en la forma de cantar de su Morgy Ramone, que tiene ese deje chulesco tan yankee. Si es cierto que, musicalmente, sí que suenan más british. Solo hay que escuchar la maravillosa “For Sure” con la que abren el álbum. Sus teclados, luminosos y de lo más melódicos, se alinean con una base rítmica contundente y un estribillo infalible. Unos ingredientes que utilizan a lo largo de todo el álbum, y en joyas como “Cruel”, “Cold Heart” o “The Last”.

La única pega que le podemos poner a este trabajo es que todas las canciones tienen un sonido más o menos parecido. Les cuesta un poco salirse de esa zona de confort en la que se han metido. Y es una lástima, porque, cuando lo hacen, les salen cosas sobresalientes. Es el caso de “Fate”, donde meten una guitarra que es puro New Order. Algo que también ocurre en la efusiva “When We’re One”, en la que, además, se acercan un poco al Hi-NRG. Y cuando bajan las revoluciones, y se ponen un poco menos pomposos, consiguen hacerse con un precioso tema llamado “Nothing Here”. Eso sí, para terminar, nos dejan “Cast”, otra joya de synth-pop llena de teclados luminosos.

Buenas melódicas, buenas bases sintéticas, estribillos pegadizos…Desde luego, si os va el synth-pop, Korine se pueden convertir fácilmente en uno de vuestros grupos favoritos.

8

Secret Machines – Awake in the Brain Chamber

No cabe duda de que el mayor momento de gloria de Secret Machines fue en 2004, cuando un tal David Bowie se deshizo en elogios con su música. A partir de ahí, el grupo afincado en Nueva York, despegó y tuvo una carrera más o menos exitosa durante unos años. Y es que, su mezcla de rock progresivo, shoegaze y space-rock, hizo que bandas como Foo Fighters, Interpol y Oasis, se fijaran en ellos para acompañarlos de gira. Pero en 2010, tras la marcha de Benjamin Curtis, uno de los miembros fundadores, y hermano de otro de los miembros del grupo, para formar School of Seven Bells, decidieron tomarse un descanso que ha durado casi una década.

Muchas cosas han cambiado desde aquellos años. David Bowie ya no está entre nosotros, y toda esa escena neoyorquina a la que ayudaron a despegar, es algo del pasado. Pero, sin duda alguna, lo más importante en sus vidas, ha sido la muerte de Benjamin por un linfoma a la temprana edad de 35 años. No obstante, buena parte de este ‘Awake in the Brain Chamber’, está dedicado a él. Aunque eso sí, hay algunas que canciones cuentan con guitarras suyas, ya que unas cuantas de ellas se empezaron a gestar hace años. Por desgracia, las malas noticias no acaban ahí. Supuestamente, esta vuelta se tenia que haber gestado en 2018, pero a la mujer de Josh Garza le diagnosticaron un cáncer de mama y se tuvo que retrasar un año. Afortunadamente, parece que lo ha superado.

Aunque en el plano personal las cosas han cambiado bastante -por si fuera poco, uno de ellos vive en Nueva York y el otro en Los Angeles-, musicalmente siguen igual. Sus canciones siguen contando con esas guitarras potentes y esa base rítmica de lo más sintética. Además, han aumentado su lado más melódico. Y es que, no han perdido su talento a la hora de crear temas abrasadores y contundentes. Es el caso del genial “Dreaming Is Alright”, o de “Everything’s Under”, que son como un par de apisonadoras sonoras. O de “A New Disaster”, que suena bastante al Bowie más rock -según ellos mismos, el disco está inspirado en sus dos últimos trabajos-.

Sí es cierto que buena parte del álbum tiene un tono más pausado y melancólico. No es para menos, con lo que les ha tocado vivir. Así, abren el disco con “3, 4, 5, Let’s Stay Alive”, una preciosa canción que Brandon dedica a su hermano Benjamin. Pero quizá es en “Everything Stars” donde mejor juegan sus cartas en este campo. Estamos ante un corte emocionante, y algo épico, que refleja su lado más rock y menos electrónico, y en el que la tristeza se convierte en esperanza. Algo a lo que vuelven en “So Far Down”, el notable tema que cierra el álbum.

Tengo que reconocer que, aunque ya no me acordaba de ellos, me ha sorprendido para bien este regreso, ya que sus ocho canciones son notables, y su sonido sigue funcionando bastante bien.

7,5

Private World – Aleph

Si hay que irse a los ochenta, vayámonos bien. Eso es lo que han debido pensar Private World, un dúo formado por Tom Sanders y Harry Jowett, que está obsesionado con el lado más elegante de aquella década. Y es que, en aquellos años, no todo eran pelos cardados y ropa de colorines, los nuevos románticos tuvieron su trozo de pastel, y lo que es mejor, nos dejaron algunos discos sobresalientes. Estos dos chicos de Cardiff se fijan en todo eso, y la verdad es que se les da muy bien recuperar esos sonidos tan sofisticados.

Aleph’ es su álbum de debut, el cual llega desde el sello Dais Records, casa de Drab Majesty o Choir Boi. Algo que resulta un poco sorprendente, ya que esta propuesta no tiene mucho que ver con el post-punk y la oscuridad con la que suelen contar las bandas de esa discográfica. Aquí nos encontramos con una fuerte influencia de Bryan Ferry, Talk Talk, The Blue Nile, y de alguna cosa más comercial, como Spandau Ballet. No obstante, ellos mismos confiesan que “Hypnagogia”, el que es el single de presentación, está inspirado en el trabajo de Patrick Leonard, conocido compositor de los ochenta, que escribió buena parte de los hits de Madonna, y algunas cosas para Bryan Ferry o Carly Simon, entre muchos otros. Un sonido que también se puede apreciar en la estupenda “Birdy”, o en la sofisticada “Magic Lens”.

A pesar de que gran parte del álbum se mueve dentro de ese sonido reposado y elegante, también son capaces de entregar canciones más movidas y directas. Es el caso de esa joya llamada “Blue Spirit”, toda una delicia pop de lo más irresistible. Y si nos vamos a “Somethin’ Special”, vemos que no se les da nada mal recuperar esos sonidos un tanto funk que inundaron las listas de los ochenta. Eso sí, pasados por el filtro de Bryan Ferry. Una influencia que también está presente la notable “Alien Funeral”. Pero lo mejor llega con “Chasm”, un tema de lo más luminoso en el que entra la influencia de Talk Talk. Y a mí, con eso, ya me ganan.

Encontrarme con Private World ha sido una gran sorpresa. Ya no solo porque han publicado un estupendo disco de debut, también porque se han fijado en una parte de los ochenta que me encanta, y que no es la habitual en este revival eterno de aquella época en el que estamos instalados.

7,9