The KVB – Only Now Forever

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Hace un par de años, cuando puse el anterior álbum de The KVB, comenté que donde más fallaban era en su faceta más experimental, y que sí todo el disco hubiera tirado hacia su rollo más convencional, hubiera sido un gran trabajo. Pues me equivoqué un poco, porque su nuevo álbum es cero experimental, y estamos ante otra colección de canciones irregular. Más que nada porque es un tanto repetitivo, y cuesta un poco meterse en él. Pero, a mi favor, tengo que decir que sí es un pelín superior.

El dúo inglés, residente en Berlín, ha grabado este sexto trabajo en el estudio que tienen en su casa, y comentan que esta vez no se han cortado un pelo, y que han expandido su sonido todo lo que han podido. Algo que está bastante bien, porque poner limitaciones a tu propio sonido es algo absurdo. Y ahí mejoran, ya que “Only Now Forever” es un poco más pop, un poco más épico, un poco más grandilocuente, e incluso un poco más bailongo. Gracias a esto, consiguen sacarse algunos hits interesantes, como es el caso de ‘Above Us’ y ‘On My Skin’, que se mueven perfectamente en ese mundo del dance más oscuro. Pero también les funciona bien lo de bajar la velocidad de los beats, como en el corte que da título al álbum y en ‘Afterglow’, que se dejan escuchar bastante bien.

Una cosa que me ha sorprendido, para bien, de este trabajo, son las baladas. Tanto en ‘Violet Noon’, como en ‘No Shelter’, han conseguido sonar expansivos y ensoñadores sin perder su identidad oscura. Es más, en el caso de la primera, también consiguen emocionar en su épica parte final, donde, con esas guitarras tan claras, casi parecen Beach House. Pero es en su claro acercamiento al synth-pop, donde mejores resultados obtienen. ‘Live In Fiction’ y ‘Tides’ son muy diferentes, ya que en la primera tiran hacia sonidos más dance, y en la segunda están un tanto más minimalistas y ensoñadores, pero las dos entran dentro de ese sonido ochentero y se meten de lleno entre lo mejor del disco. Al igual que ‘Cerulean’, con la que cierran el disco fusionando shoegaze y electrónica de una forma maravillosa.

Only Now Forever” es un disco que funciona en pequeñas dosis y sin escucharlo del tirón, ya que la mayoría de las canciones son notables, pero entero produce un poco de empacho.

7,6

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John Grant – Love Is Magic

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John Grant se volvió un poco loco en su anterior trabajo, en el que trató de llevar la electrónica a un terreno más experimental, pero terminó fallando y al final las canciones casi se quedaban en meros experimentos. Algo que, afortunadamente, ha mejorado en su nuevo álbum. Y es que, a pesar de que estamos ante su trabajo más electrónico, se ha preocupado porque las canciones sean más fáciles de asimilar, y estamos ante diez temas notables en los que recuperamos al mejor Grant.

Love Is Magic” es un álbum desenfadado, en el que el norteamericano se desmelena y se deja llevar por su lado más pop. Además, sus letras son una pequeña locura, y en ellas hay referencias a todo tipo de cosas, ya no solo al mundo queer, tan presente en su carrera en solitario, también a la situación política actual de su país, al ISIS, a la salud mental, y a un millón de cosas más. Así, nos encontramos con ‘Smug Cunt’, una deliciosa balada sintética en el que nos deja una perla como “just a little boy/ masturbating with expensive toys”, en clara referencia a Donald Trump. O la preciosa ‘Touch and Go’, una de las baladas más “convencionales” del disco, la cual está dedica a Chelsea Manning, la activista que filtró los papeles de WikiLeaks.

Musicalmente, estamos ante un trabajo lleno de sintetizadores analógicos en el que no hay ninguna concesión al pop y rock más convencional. Así, apenas encontramos guitarras o pianos, y sí muchos sonidos electrónicos. Pero la cosa funciona muy bien. Y lo hace desde el principio, con esa excéntrica ‘Metamorphosis’ en la que se pone de lo más teatral. O con las varias baladas que inundan el disco, como la que le da título, que es deliciosa, o esa ‘Is He Strange’, que seguramente hará las delicias de los que disfrutaron de su primer trabajo en solitario. Pero lo mejor viene cuando se pone juguetón. Ahí es donde entran ‘Preppy Boy’, que es todo un trallazo de synth-pop bailongo, la sensual ‘He’s Got His Mother’s Hips’, la cual me recuerda bastante a Bowie, y la robótica ‘Diet Gum’.

Dice el propio John Grant que por fin ha conseguido hacer el disco que lleva queriendo hacer hace años. Y sí parece cierto, porque en este cuarto trabajo no hay medias tintas ni pequeños acercamientos a otros mundos sonoros, es un disco puramente electrónico en el que se aleja totalmente del sonido de sus comienzos. Y le ha salido bastante bien.

8

Haerts – New Compassion

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Creo que, en algún momento dado, llegué a escuchar el debut de Haerts, pero han pasado cuatro años y la verdad es que no me acuerdo. Sé que en el blog no cayó, así que, sí lo escuché en su día, tampoco me causaría muy buena impresión. El caso es que, ahora que acaban que editar su segundo disco, le he dado un par de escuchas, y tiene varias canciones que no están nada mal. Sobre todo las más electrónicas y ochenteras. Pero también tienen un pequeño pero, y es que se parecen demasiado a los artistas que les sirven de influencia. Algo que también les ocurre en su segundo trabajo, en el que han cambiado un poco de estilo, pero, aun así, siguen sonando a otros.

New Compassion” es un disco más reposado que su debut. En él, la electrónica ya no brilla tanto y ya no está tan eufóricos como hace cuatro años. Se han adaptado a un sonido envolvente en el que es fácil escuchar influencias de la Lykke Li más triste, o de los Chvrches menos bailongos. Ahí está esa ‘No Love for the Wild’, que abre el disco con melancolía y recordándonos a estas dos bandas. Algo que también se aprecia en ‘Sing’ y ‘Matter’, dos cortes que podrían haber formado parte del anterior trabajo de la artista sueca. Afortunadamente, estamos ante un trabajo un tanto ecléctico, el cual mejora cuando tiran más del pop-rock convencional. De hecho, ‘The Way’, la que es la mejor canción del disco, tira de estos sonidos en los que las baterías reales, los pianos y las guitarras acústicas, son los protagonistas. Unos ingredientes que también aparecen en ‘In This Time’, un corte de aires setenteros en el que parecen Fleetwood Mac.

Una de las constantes de su primer trabajo, era la épica que inundaba sus canciones, las cuales estaban llenas de subidones un tanto intensos. Aquí se han guardo algo de esto para ‘Fighter’, el tema más potente del álbum, el cual, no casa mucho con el resto de temas que forman el disco. Y es que, en su segunda parte, siguen tirando del pop-rock de los setenta y creando canciones que podrían sonar en aquella década. Es el caso del tema que da título al disco, que no hubiera desentonado en una secta de llena de hippies desencantados. O de ‘Special’, una balada que bien podría haber cantado Olivia Newton-John cuando era jovencita. Menos mal que, entre medias, meten ‘Your Love’, un tema más interesante, en el que se cambian de década y se pasan a los ochenta. De hecho, esos gritos tan efusivos del estribillo, me recuerdan un poco a los de Cindy Lauper.

Haerts es un grupo que no está mal, tienen algunas canciones notables y suenan agradables, pero les resta puntos su falta de personalidad y el hecho de que terminen sonando demasiado a sus referentes.

7,3

Phosphorescent – C’est La Vie

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El folk, y lo que muchos llaman americana, suele ser una música triste que nos cuenta historias de perdedores o de gente que cae en el abismo de la depresión, el alcohol o las drogas, pero siempre hay excepciones. Hasta su anterior trabajo, el genial “Muchacho”, Matthew Houck era una de estas personas, y sus canciones reflejaban este tipo de historias deprimentes –acababa de perder su casa, a su novia y se le estaba yendo la cabeza-, pero la vida puede mejorar en cualquier momento, y eso es lo que le ha pasado al norteamericano. En estos últimos cinco años, ha encontrado una nueva pareja y ha tenido dos hijos, algo que se refleja en su nuevo trabajo, que destila alegría por todos los lados.

No soy muy seguidor de este tipo de música de raíces americanas, pero lo de Phosphorescent siempre ha sido otra cosa. El de Alabama nunca ha tenido ningún problema en meter otro tipo de ingredientes a sus canciones, y en ellas podemos encontrar algún arrebato rockero, teclados y electrónica, o sonidos de lo más étnicos. De todo esto hay buenas muestras en “C’est La Vie’, un trabajo un tanto ecléctico que es todo un chute de positividad.

Si nos olvidamos de la intro épica que abre el álbum, y nos vamos directamente a ‘C’est La Vie No.2’, nos encontramos con un precioso tema en el que los grandes protagonistas son los teclados. Con ellos, construye un paisaje ensoñador con los que nos transporta a la calma y la felicidad absoluta. Pero, para felicidad, la que derrocha ‘New Birth In England’, el corte que aparece inmediatamente después. No es fácil adivinar que este derroche de felicidad viene de su paternidad, y lo expresa con un tema luminoso y bailongo, que solo se ve enturbiado por ese parón tiene a mitad canción, el cual no pinta nada. Y como no quiere casarse con ningún estilo en concreto, un poco más adelante, nos obsequia con ‘Around the Horn’, un árido corte de rock sucio que se va hasta los ocho minutos.

El folk y la americana también están bien representados en este trabajo. Lo bueno es que Houck los dota de una sensibilidad que los hace diferentes. Por eso, un corte tan delicado como ‘There From Here’ entra tan bien. Al igual que ‘Christmas Down Under’, un precioso corte en el que moderniza un poco estos estilos metiendo alguna caja de ritmos que otra. Algo que, lamentablemente, no hace ‘My Beautiful Boy’ y ‘These Rocks’, dos temas más clásicos que me dicen un poco menos. Menos mal que cierra el álbum con ‘Black Waves / Silver Moon’, un corte instrumental, casi ambiental, en el que los teclados se vuelven a convertir en los protagonistas.

Con su nuevo álbum, Phosphorescent deja bien claro que la felicidad también puede servir de inspiración, y que eso de que hay que estar triste para componer grandes temas, es un topicazo.

7,6

Alexanderplatz – Muera usted mañana

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El eclecticismo siempre ha sido una constante en la carrera de Alejandro Martínez Moya. Sus discos con Klaus&Kinski eran toda galería de sonidos, donde cabían cosas tan dispares como el synth-pop, el indie-rock, los boleros o el folclore puramente español. Toda una maraña de estilos que hizo del grupo murciano uno de los más queridos de los últimos años. Con su separación, fueron muchos los que se quedaron algo huérfanos, pero el año pasado Alejandro Martinez sorprendió con el EP de debut de Alexanderplatz, un nuevo proyecto en solitario que, a mí, personalmente, me encandiló desde el principio. En él, se dejaba llevar por su faceta más synth-pop, la cual, también está bastante presente en su álbum de debut, pero no es la única protagonista. Como decía más arriba, lo de ser ecléctico está en su ADN.

Muera usted mañana” es un disco largo, como todos los de su carrera, y quizá, ese sea su único defecto. Él lo justifica diciendo que para qué se va a guardar esas canciones si ya las tiene hechas, pero al final el conjunto del álbum se resiente. Y es que, estamos ante 18 cortes, donde hay seis instrumentales (tres de ellos son interludios) y una buena variedad de estilos. Por eso cuesta un poco meterse en el disco y dejarse llevar. Pero, eso sí, si lo analizamos tema por tema, nos encontramos con una colección de canciones notable, que nos muestra el gran talento que tiene el músico murciano.

Una de las cosas que más me gustan de este trabajo, son los sintetizadores analógicos y la forma que tiene de emplearlos. Una parte del álbum se mueve dentro de los sonidos synth-pop, que él fusiona estupendamente con otros estilos, como el kraut, por ejemplo. Ahí está esa ‘Homenaje’ vibrante, épica y emotiva, que viene tras el precioso instrumental que abre el álbum. O esa ‘La muerte y la vida’, donde se acelera y nos deja un hit de lo más espídico. Y luego tenemos ‘Odio el siglo XXI (bueno, y el XX también)’, el que fue el primer single del álbum, y una de las grandes canciones nacionales de este año. Pero ojo, que también sabe cómo utilizar los sintetizadores para hacer un medio tiempo al más puro estilo OMD, que es a lo que suena la maravillosa ‘Sultana’.

No solo de sintetizadores vive el murciano, las guitarras también son protagonistas en este trabajo. Temas abiertamente pop, como ‘Dios ahoga aunque no apriete’, la grandilocuente ‘La verdad está sobrevalorada’, o ‘Sí pero no’, son una auténtica delicia, donde el indie-pop entra en juego y gana la partida.

Sé que una de las cosas que más gustaban a los seguidores de Klaus&Kinski era su costumbrismo y esas canciones que tiraban del folclore nacional, pero a mí nunca me terminaron de convencer. Algo que también me pasa en este trabajo, donde hay algún tema que otro, como ‘El puño en el corazón’, que tira hacia ese camino. Prefiero cuando se acerca a sonidos más ensoñadores y propios de slowcore, como es el caso de ‘La piedra y el cráneo’ y ‘El crimen’.

Quizá es un poco excesivo en su duración, pero el debut largo de Alexanderplatz es un álbum notable donde el murciano demuestra que tiene bastante talento para crear canciones excelentes, y tremendamente asequibles, sin salirse de su propio mundo.

7,8

Molly Burch – First Flower

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Molly Burch tiene algo. La cantante de Los Angeles, afincada en Texas, es uno de los mejores ejemplos de música retro que han salido en los últimos años, y anda que no han salido. La suya es una propuesta más clásica que la de otras artistas de su generación, y se nota que su formación musical se ha centrado en estilos como el jazz o el country. Pero Burch no se preocupa solo de conseguir un sonido añejo. Junto a Dailey Toliver, su compañero sentimental y profesional, ha conseguido dar con la fórmula perfecta para recrearse en los cincuenta y los sesenta, pero sin olvidarse de que estamos en 2018.

Al igual que en su álbum de debut, en First Flower nos encontramos con una colección de canciones fresca, que solo se resiente un poco en las baladas. El disco no puede abrirse de mejor forma que con ‘Candy’. Estamos ante una de esas canciones que valen oro, y el mejor ejemplo de lo que comentaba más arriba de fusionar pasado y presente. La canción tiene el aire retro con el que cuenta toda su discografía, pero unas guitarras un poco sucias hacen que suene de lo más actual. Además, cuenta con un estribillo redondo y un pequeño subidón final que es delicioso. Como también es deliciosa esa ‘Wild’ que viene a continuación, donde se pone un poco más retro. Y junto a ellas, también merece la pena destacar ‘Without You’ y ‘To the Boys’, que son un poco más ensoñadoras. Pero es en ‘True Love’ donde aparece otras de las canciones más directas del disco. Y es que, le sienta muy bien lo de acelerarse un poco.

En las baladas ya está un poco más irregular. Le funciona el asunto cuando está un poco más animada, como es el caso del tema que da título al álbum, que le que ha quedado bonito. Pero cuando ralentiza su propuesta, no termina de cuajar del todo, y temas como ‘Nothing to Say’ y ‘Every Little Thing’ resultan demasiado estándar y no sorprenden mucho. Aunque, eso sí, ella los canta maravillosamente bien.

Quizá esté un poco por debajo de su debut, pero con este segundo trabajo, Molly Burch nos demuestra que es una artista que tiene talento de sobra para quedarse por aquí un buen tiempo.

7,6

Echo & The Bunnymen – The Stars, The Oceans & The Moon

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Entiendo que los grupos que llevan décadas de carrera se queden sin ideas. Es normal y no seré yo el que diga lo contrario, pero hay cosas que no me entran en la cabeza. No sé, saca otro directo, una recopilación o directamente no edites nada, pero no jodas las canciones que te han llevado a lo más alto. Y eso es lo que precisamente han hecho Echo & The Bunnymen en “The Stars, The Oceans & The Moon”, un disco en el que reinterpretan trece de sus grandes clásicos y nos dejan dos temas nuevos. La cagada es de lo más monumental y, aunque Ian McCulloch diga que lo ha hecho para “mejorar las canciones”, estamos ante el disco más innecesario de su carrera (y mira que tienen directos editados).

Con este panorama, lo más interesante de este trabajo, es comprobar si todavía son capaces de hacer nueva música que merezca la pena, y la verdad es que ahí no se les puede poner ningún pero. Tanto la ultra-pegadiza ‘The Somnambulist’, como ‘How Far?’, tiran de los últimos Echo & The Bunnymen, y las dos resultan notables. Aunque tengo que decir que la primera gana la partida.

El resto del disco lo podríamos dividir entre las nuevas versiones que resultan aceptables, y las que directamente son un engendro. Entre las primeras, tenemos las de ‘Bring on the Dancing Horses’ ‘Lips Like Sugar’ y ‘The Cutter’, a las que han metido más teclados y baterías electrónicas, lo que hace que casi parezcan tres temas de Simple Minds (¿?). Ya sé que eso no suena muy bien, pero tienen algo de rollo. Sobre todo porque lo que hay en el resto del álbum es mucho peor. Ya no solo porque hayan convertido la gran mayoría de ellas en baladas intrascendentes, también porque, las que no lo son, cuentan con una producción malísima, que suena más ochentera y cutre que las de las canciones originales. Ahí está esa ‘Rescue’, a la que han quitado toda su fuerza y le han metido unas cuerdas absurdas.  O esa cosa extraña que han hecho con ‘Bedbugs & Ballyhoo’, que ahora me recuerda a The Cult.

Muchos os preguntareis en qué han convertido ‘Seven Seas’ y ‘The Killing Moon’, los que probablemente son sus dos temas más conocidos. No han salido muy bien paradas, ya que las han metido en el grupo de las baladas insulsas, y aunque están bañadas en cuerdas y pianos, no tienen nada que hacer ante las versiones originales. Algo que también ocurre con ‘Ocean Rain’, con la que, si se descuidan un poco, la convierten en tema perfecto para la banda sonora de un musical cutre.

Lo “nuevo” de Echo & The Bunnymen es una decepción absoluta, y resulta increíble que, tras cuatro años sin editar disco, solo hayan conseguido hacer este despropósito.

4,9