Sarah Bethe Nelson – Oh, Evolution

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Resulta curioso que una chica como Sarah Bethe Nelson edite su música en Burger Records. Más que nada porque sus canciones tienen muy poco que ver con el rollo más garage que suele publicar el sello de San Francisco. Aunque suponemos que será por proximidad, ya que Bethe Nelson también es de la bay area. Aunque, de su primer álbum, Pitchfork dijo que había una clara influencia del slowcore de Low y Red House Painters, yo no la veo por ningún lado. Por lo menos en este segundo álbum. Si coincido en que le va mucho el pop luminoso de los sesenta. Y, además, se le da muy bien recrearlo.

Oh, Evolution” es un disco curioso, que tan solo contiene ocho canciones, pero algunas de generosa duración. A pesar de eso, no se hace nada largo, y la gran mayoría de ellas se pasan en un suspiro. También es cierto que, tanto ‘Sugar Factory’ y ‘Deadbolt’, los dos temas más largos del álbum, son las que menos me gustan. Aunque no creo que tenga que ver con su duración, sino con el tono más crudo que presentan las dos. Y, aun así, la segunda, no me disgusta del todo.

Lo que más me gusta de este trabajo, es lo simple que es, y a la vez, lo fresco que suena. Canciones como ‘Hazy’, ‘I Don’t Care’ o ‘Bright Thing’, no tienen nada de nuevo, pero son tremendamente adictivas. Y es que, esa producción clara, en la que todos los instrumentos tienen parte de su protagonismo, le viene de maravilla a estos temas de dulces melodías y estribillos pegadizos. Incluso, en ‘Evolution’, que es un poco más sucia que el resto (esa guitarra grunge tan noventera la delata), tiene un punto pop que te engancha. Al igual que engancha a la primera ‘Out of My Reach’, que es una especie de fusión entre Juliana Hatfield y Suzanne Vega que resulta deliciosa.

Habrá que estar atentos a esta chica, porque este trabajo la puede convertir en una de las artistas de 2017. Además, muy merecidamente.

7,9

Xiu Xiu – FORGET

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Ya sabéis que no soy muy seguidor de la música experimental, y que necesito un buen estribillo y una melodía decente para que algo me guste, por eso nunca le he prestado mucha atención a Xiu Xiu. Eso ha cambiado con “FORGET”, el que ellos mismos anuncian como su álbum más accesible y pop. Esto es algo que hay que coger con pinzas, porque, aunque sí cuenta con detalles menos experimentales, sigue siendo un disco de Xiu Xiu. Pero claro, estamos hablando de un personaje que hizo un disco de percusión experimental con 999 vibradores de color rosa. Así que sí, este puede ser su trabajo más comercial.

Aunque la electrónica y el synth-pop son los protagonistas en gran parte del álbum, no estamos ante un disco fácil. Sobre todo por la producción de algunas canciones, que es bastante bruta y sucia. Es el caso de ‘The Call’, el tema que abre el álbum, y que a mí, particularmente, me recuerda a Cold Cave o Handsome Furs, más que nada por la intensidad que pone Jamie Stewart a la hora de cantar. Aunque, por supuesto, se dejan llevar por el momento, y no dudan en meter capas y capas de sintetizadores. Algo que también ocurre en ‘Queen of the Losers’, el corte que viene a continuación. Aquí se ponen un poco más oscuros, y sucios, pero despliegan bastante luminosidad en el estribillo. Una tónica que también siguen en el contundente tema que da título al álbum.

No resulta extraño que ‘Wondering’ haya sido escogido como el primer adelanto del disco, ya que, aunque hay canciones igual de pop en el resto del álbum, aquí están un poco más contenidos, y el tema resulta algo más accesible. Y es que, es una especie de balada cercana al synth-pop, y algo industrial, realmente fascinante. Pero también resulta fascinante el toque más minimalista, con épica final de ‘Get Up’, o la intensidad de ‘At Last, At Last’. Aunque para intenso, el manifiesto de más de dos minutos que cierra ‘Faith, Torn Apart’, la canción que despide el álbum.

Por lo poco que he escuchado de su discografía, creo que este “FORGET” es un trabajo que puede gustar, tanto a sus seguidores, como a los que no lo son. Más que nada porque se va hacia el pop, pero no pierden esa faceta experimental que siempre ha caracterizado su música. Aunque el mismo Jamie Stewart reconoce que es “un renacer, y un borrón y cuenta nueva”.

7,7

The Courtneys – II

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No falla, me pones a unas chicas fusionando guitarras sucias con melodías y estribillos de lo más pop, y me tienes ganado. Me encanta cuando una banda se fija en The Go-Go’s o las Bangles, y le añaden un poco de rabia, aceleración y suciedad. Por eso me he enamorado locamente del segundo trabajo de The Courtneys (hasta el nombre mola), un trio de Vancouver que está pegando bastante fuerte en los medios norteamericanos con este segundo trabajo –best new track para Pitchfork y mogollón de cobertura en Stereogum-.

Todo en The Courtneys destila sencillez, desde el nombre de este trabajo (un escueto “II”), hasta sus canciones de tres minutos y otros pocos acordes más. Pero precisamente eso forma parte de su encanto. Para hacer un disco que rezuma new-wave por todos los lados, no hace falta irse por las ramas, pero sí dar con la canción perfecta, y ahí es donde estas chicas tienen todas las de ganar.

Al igual que el disco de Ex Hex de hace tres años, estamos ante una colección de temas vibrantes, en los que lo realmente importante es encontrar el estribillo y la melodía perfecta. Así, le dan un poco de frescura al género, y hacen que nos olvidemos de que este tipo de música lleva cuarenta años con nosotros. Solo hay que escuchar ‘Silver Velvet’, ‘Country Song’ y ‘Minnesota’, el trio de canciones que abre el disco, para darse cuenta que tienen talento que le falta a la gran mayoría de las bandas que se adentran este terreno. Y esto son solo tres ejemplos, porque el resto del disco sigue en esa línea. A veces más melosas y suaves (‘Lost Boys’ y ‘Frankie’), y a veces un poco más aceleradas (‘Tour’ y ‘Virgo’), pero siempre con una buena canción que llevarte a tus oídos.

No será el disco que cambiará tu vida, pero “II” sí puede llevarte de nuevo a los veinte años, y eso es algo impagable.

8,1

Molly Burch – Please Be Mine

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Aunque acaba de debutar con este trabajo, Molly Burch ya pasó por aquí hace unos meses, concretamente en la última recopilación que puse el año pasado. Ahí comentaba lo mucho que me gustado si propuesta, algo en lo que ahora me reafirmo tras escuchar su álbum de debut.

Hija de una directora de casting y un escritor y productor de Hollywood, Burch ha lidiado con el arte desde su más tierna infancia. Fueron sus padres los que la inculcaron su pasión por artistas como Patsy Cline, Billie Holiday o Nina Simone, y ella se ha encargado de hacer el resto. Empezando por mudarse a la universidad de Carolina del Norte, donde dio clases de canto centradas en el jazz. Por eso no extraña nada la cantidad de buenos registros que tiene la chica.

Please Be Mine” suena todo lo retro que uno se espera tras escuchar sus dos adelantos. Incluso algunos la acusaran de apuntarse al carro de Lana del Rey, pero la suya es una propuesta más clásica y más centrada en el folk y el country. Además, para qué nos vamos a engañar, canta mucho mejor que la neoyorquina. Aunque sí comparten la languidez y dejadez, propia de alguno de los artistas que le han servido como referente. Como ejemplos tenemos ‘Loneliest Heart’, ‘Not Today’, o del tema que da título al álbum, que tienen un toque muy sixties –ella misma se declara fan absoluta de Dusty Springfield y The Shirelles– realmente interesante.

Tiene su mérito crear unas canciones directas y que suenan frescas haciendo este tipo de música. Y más en esta época, en la que, la gran mayoría de la gente, solo escucha temas que suenan exactamente igual, y que duran una semana en la cabeza del oyente. Así, que en estos días de fast-food musical que vivimos, encontrarse con cortes como ‘Downhearted’, ‘Wrong for You’, o ‘Try’, es toda maravilla. Más que nada porque, aunque suenan añejas, son atemporales, y se nota el cariño con el que están hechas. Además, cuida una barbaridad los detalles. La instrumentación está donde tiene que estar, y no sobra ni falta nada, y si ya nos vamos a su voz, nos encontramos con temas como ‘Torn to Pieces’ y ‘Fool’, donde demuestra lo bien que le vinieron esas clases de canto.

No hay nada nuevo en “Please Be Mine”, pero sí un montón de buenas canciones. No me extrañaría nada que, en cualquier momento, diera el salto a las grandes ligas.

8

Clap Your Hands Say Yeah – The Tourist

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Creo que soy de los pocos que todavía siguen defendiendo la música de Clap Your Hands Say Yeah, o mejor dicho, de Alec Ounsworth, que es el único miembro del grupo. Quizá, porque le honra haber arriesgado durante todos estos años, aunque en algunas ocasiones no le saliera bien. Podría haber seguido la línea de ese estupendo debut que sorprendió a medio mundo, pero, en lugar de eso, creó una alianza con el productor Dave Fridmman, y empezó a fijarse más en cómo sonaba su música, en lugar de crear canciones más o menos fáciles. Pero siempre nos ha dejado algún que otro estribillo sobresaliente, y una buena dosis de melodías. Todo esto, entre ritmos y estructuras de canciones algo atípicas. Algo a lo que vuelve en su nuevo trabajo, aunque sí es cierto que en menor medida.

Se podría decir que “The Tourist” es su álbum más “convencional” en mucho tiempo. Solo hay que escuchar ‘The Pilot’, la hermosa canción, sin apenas artificios, que lo abre. Solo le hace falta una guitarra acústica, un poco de instrumentación épica, y su voz, que vuelve a emocionar como no lo hacía hace más de una década. Algo que vuelve a conseguir en la extraña, pero seductora ‘Unfolding Above Celibate Moon (Los Angeles Nursery Rhyme)’. Sobre todo en su parte final, donde entra una armónica de lo más sucia. Además de hacerse con un solo de guitarra muy poco propio en él. Y es que, parece que le ha cogido el gusto a esto de las guitarras potentes, porque en la intensa ‘Down (Is Where I Want To Be)’, el tema que lo precede, tira de distorsión y nos deja algo que podríamos considerar como grunge.

Ya decía más arriba que, este, es su trabajo más accesible en mucho tiempo, y hay varios temas que lo demuestran. Por ejemplo, ‘Better Off’, una pequeña maravilla que no desentonaría en su álbum de debut. Además, mejora alguna de las canciones que aparecían en ese trabajo, ya que, la notable influencia de Fridmann, que aquí solo mezcla, le da un sonido más actual a estas canciones. Otro buen ejemplo es la acelerada ‘The Vanity of Trying’, donde es más que evidente que vuelve a los viejos tiempos. Incluso en ‘Ambulance Chaser’, que es un poco más esquiva, encontramos cosas de su pasado.

Otro de las cosas buenas de este trabajo, es que parece que ha encontrado su propio sonido. Quizá, por eso, ha elegido ‘Fireproof’, una canción que no suena a nada de lo que ha hecho hasta ahora, pero que está bastante bien. Peor le ha quedado ‘A Chance to Cure’, en la que emplea demasiado tiempo en una primera parte extraña, y un poco sin sentido, pero que, poco a poco, va llegando a una parte final bonita e interesante.

Sé que es complicado darle más oportunidades, pero creo que, si fuisteis de los que amasteis su debut, deberías escuchar este trabajo. Os va a sorprender muy gratamente.

7,9

Streaming

The Molochs – America’s Velvet Glory

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No cabe duda de que, el Primavera Sound, es un evento en el que es fácil descubrir nuevas bandas. Con más de 200 artistas en el cartel, no resulta complicado encontrarte con alguna que otra sorpresa que no conocías. Es lo que me ha pasado a mí con The Molochs, un dúo californiano, de ascendencia argentina –su cantante, y principal compositor, nació y vivió allí hasta los tres años-, que me ha cautivado con su segundo trabajo. Aunque casi se podría decir que es el primero, porque su debut se lo editaron ellos mismos, y no llegó a pasar más allá de la escena local de Los Angeles.

Una de las cosas que más me ha gustado de este “America’s Velvet Glory”, es su sonido. Al igual que bandas inglesas como The Proper Ornaments o Ultimate Painting, tiran hacia el pop de los sesenta, ese que se mueve entre la psicodelia y el garage. Pero, y aquí viene lo bueno, también se dejan llevar por una influencia clara de The Byrds. El mítico grupo norteamericano, culpable de gran parte de las guitarras limpias y cristalinas del indie-pop, se deja escuchar en gran parte de este trabajo, y eso siempre es un acierto. Gracias a esto, nos encontramos con unos cuantos hits que enamoran desde la primera escucha. Es el caso de las maravillosas ‘Charlie’s Lips’, ‘The One I Love’ y ‘You and Me’, tres canciones a las que es imposible resistirse.

Su otra faceta, la que tiene más de garage, psicodelia, e incluso algo de blues, también cuenta con cosas realmente notables. Ahí está esa enérgica ‘Ten Thousand’ que abre el álbum, o la impulsiva ‘No Control’, que viene a continuación. Y si ya nos vamos a ‘No More Cryin’, nos damos cuenta de que un tal Bob Dylan también es una de las grandes influencias de estos chicos. Porque no solo vemos algo Mr. Zimmerman en ese tema, también en ‘New York’, la cual, además, cuenta con un sonido cercano a la Velvet. Y, ¿qué pasa con la psicodelia? Pues que también tiene un par de raciones para los seguidores de este sonido. Aunque el caso más evidente es ‘Little Stars’, un tema que evoca los momentos más alucinógenos de aquella época.

Adentrarse en “America’s Velvet Glory” es meterse de lleno en otra década, concretamente en esos 60 convulsivos, que dejaron huella a varias generaciones posteriores. Solo hay que ver cómo estos dos chavales, que no llegan a la treintena, han recuperado ese sonido a la perfección.

8

Letting Up Despite Great Faults – Alexander Devotion

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Letting Up Despite Great Faults es una de esas bandas absolutamente necesarias. Y no porque sea un grupo excelente, que no es el caso, sino porque, desde hace más de una década, recuperan un estilo de música en concreto que se está perdiendo. Sus canciones, que tiran tanto del indie-pop de los ochenta y shoegaze, como de New Order, representan un sonido que ya no está de moda, y al que muy poca gente le presta atención. Es más, se podría decir que, tras el boom de hace unos años con grupos como The Pains of Being Pure at Heart o Asobi Seksu, ha vuelto al submundo más independiente. Por eso siempre está bien que haya grupos que lo recuperen.

Se supone que, este “Alexander Devotion” es un Ep de cuatro canciones y, tanto en las plataformas de streaming, como en las tiendas online, solo aparece esa versión, pero la que se ha filtrado contiene nueve temas. También es cierto que, los cinco cortes restantes, tienen un sonido más casero, y debe de ser que, en algún momento, los han metido ahí con calzador. Eso no significa que no merezcan la pena, y, aunque tienen un tinte más electrónico, canciones como ‘Caroline’ o ‘Shatter’ cumplen de sobra. Sobre todo porque, fusionan a la perfección las guitarras shoegaze, con esos ritmos electrónicos, y las melodías épicas. Es más, se podría decir que están cerca de The Radio Dept. Además, se dejan una pequeña joya instrumental llamada ‘Whiplash’ para el final.

Centrándonos en los cuatro cortes principales de este, que sería ya su quinto Ep, nos encontramos con que no sobra nada. Ya no solo saben cómo recuperar a la perfección ese sonido, también dan con la melodía perfecta. Así es normal que temas como ‘Starlet’, ‘Pageantry’ y ‘Armonica’ entren a las primeras de cambio. Incluso ‘Mass’, que es una especie de fusión entre la indietronica y el shoegaze, convencer de buenas a primeras.

Puede que ya no sea el sonido de moda, y que haya decenas de grupos que hagan, o hayan hecho esto antes, pero de vez en cuando es un placer escuchar nuevas canciones como estas. Sobre todo si se hace bien, como es el caso.

7,6