Miley Cyrus – Plastic Hearts

Puede que sorprenda un poco ver por aquí un disco de Miley Cyrus, pero al final, creo que tampoco hay mucha diferencia con algunas otras cosas que suelen caer en el blog. Al fin y al cabo, es pop. La artista estadounidense tiene varias cosas que me gustan. Para empezar, creo que ha sabido quitarse de encima su pasado de estrella infantil. Aunque sea a golpe de escándalo. Pero el caso es que ha manejado su carrera muy bien desde entonces. De hecho, lleva años haciendo lo que le da gana. Solo hay que escuchar su nuevo trabajo, el cual está inspirado en AOR ochentero. Algo que no es que esté muy de moda en la actualidad. Además, es innegable que tiene un vozarrón tremendo. Y, para terminar, me cae bien.

Como todos estos discos en los que muchos productores meten mano, ‘Plastic Hearts’ es un trabajo un tanto pastiche. Supongo que la idea inicial era hacer un homenaje a ese AOR estadounidense de los 80 -de ahí que por aquí aparezcan Billy Idol y Joan Jett-, pero al final tiene que hacer una concesión a lo que se lleva ahora -de ahí la colaboración de Dua Lipa-. Así que, entre una cosa y otra, va soltando canciones que, al final, no tienen mucho que ver entre sí. Aunque hay que reconocer que algunas son muy chulas.

Dentro de eso punto macarra que inicialmente debía tener todo el disco, está “WTF Do I Know”, el tema que lo abre. Es una canción simplona, pero muy efectiva, sobre todo como primera toma de contacto. Eso sí, dentro de esta faceta, funcionan mejor “Night Crawling” y “Bad Karma”, los temas en los que colaboran Idol y Jett. La primera es un trallazo maravilloso adornado con unos teclados de lo más ochenteros. Y la segunda se acerca estupendamente a ese rock de estadio tan de aquella época -ojo, que la guitarra aquí es de Angel Olsen-. Algo que también se podría decir de esa balada épica llamada “High”, con la que más de uno y una sacarán el mechero (o el móvil) cuando la toque en directo.

El resto del álbum es inclasificable, pero de lo más interesante. Tenemos el pop directo y pegadizo del tema titular, en el que juega un poco con unos bongos y se hace con un estribillo redondo. O ese dúo con Dua Lipa tan ochentas, en el que se les ha ido la mano y han plagiado el estribillo del “Physical” de Olivia Newton-John. Pero hay que reconocer que ninguna canción supera a “Midnight Sky”, el temazo con el que nos sorprendió el pasado verano.  Aquí ha sabido fusionar de forma perfecta los sonidos actuales con un ese lado ochentero con el que cuenta casi todo el disco. Y el tema no puede ser más redondo. Como también son redondas un par de baladas del álbum. Especialmente “Angels Like You”, una canción en la que se desgarra todo lo que puede, y consigue otro himno a la altura de su “Wrecking Ball”. Más contenida está en “Never Be Me”, una balada sintética con producción de Mark Ronson que es una delicia.

Al final, quiere abarcar tanto, que hay momentos en los que se excede un poco -lo de meter las versiones en directo no le veo sentido-, pero cuando no lo hace, le salen canciones bien chulas.

7,3

Soft Kill – Dead Kids, R.I.P. City

Soft Kill es una de esas bandas que me sonaban de oídas, pero que nunca me había parado a escuchar. De hecho, pensaba que lo suyo eran los sonidos más duros y oscuros del post-punk, pero ya he visto que no. O por lo menos no en su último trabajo. Y es que, escuchando este disco, ahora entiendo eso de que el líder de los míticos The Chameleons los apadrinará en sus comienzos. Básicamente porque recuperan muy bien esos sonidos oscuros que tanta popularidad tuvieron en los ochenta.

Dead Kids, R.I.P. City’ es su quinto trabajo, y según he podido leer por ahí, el más ecléctico. Algo que resulta evidente tras una primera escucha. La oscuridad es su base, pero hay muchas formas de ejecutarla, y ellos utilizan casi todas. Hay momentos más duros, algunos más sintéticos, y otros más pop. Incluso un coqueteo final con el mundo acústico -lo peor del disco, sin duda-. Esto es algo que a mí no me suele gustar mucho, porque me gusta que un álbum tenga coherencia, pero tengo que reconocer que hay muy buenos momentos en este trabajo.

Empiezan el disco con “Roses All Around”, donde nos muestran su lado más crudo, y nos dejan una canción con una potente sección rítmica llena de escalas de guitarras de lo más limpias. Y con esa faceta potente siguen “Wanting War”, donde se aceleran bastante más, y sacan la distorsión a paseo. Pero esto cambia a partir del tercer tema. “Matty Rue” es un estupendo tema de dream-pop lleno de teclados luminosos, en el que, además, nos encontramos con la colaboración de Adam Klopp, líder de los más que interesantes Choir Boy. Y de rumbo siguen cambiando en “Floodgate”, en la que reclutan a Tamaryn para hacerse un Slowdive en toda regla. Algo a lo que vuelven más tarde en la extensa “Oil Burner”. Pero ojo, que todavía tienen tiempo para un cambio de sonido más. Y es que, en “Crimey”, se meten de lleno en el lado más synth-pop del asunto, y el resultado no puede ser más notable. Al igual que “Pretty Face”, donde llevan las influencias de The Cure a mundos más pop. Una faceta que siguen explotando en “Inverness”, toda una delicia ensoñadora, que se ha convertido en una de mis canciones favoritas de las últimas semanas.

Es cierto que el disco no tiene mucha coherencia, pero sí que es una buena colección de temas, y casi cuesta quedarse con uno. Así que, de momento, soy un sí rotundo.

7,7

Routine – And Other Things Ep

Melina Duterte y Annie Truscott forman parte de dos de las bandas más interesantes de la actualidad. La primera es la voz cantante de Jay Som, y la segunda la bajista de Chastity Belt, dos grupos que han llevado el indie-rock un poco más allá. Y eso es lo que también hacen en Routine, el que es su proyecto conjunto. Porque, lo que nos encontramos aquí, es un rock lánguido, que se lo toma con calma, pero que siempre despunta. Canciones cocidas a fuego lento, en las que los paisajes ensoñadores están a la orden del día, y que no necesitan efectismos para funcionar.

And Other Things’ es su Ep de debut, y como todo en estos últimos meses, está concebido en plena pandemia. Es más, todo este proyecto nace del confinamiento. Melina y Annie, además de pareja artística, también lo son en el plano sentimental, y todas estas canciones se compusieron y grabaron durante el tiempo que pasaron confinadas en el desierto del Joshua Tree. De hecho, buena parte del Ep se centra en el amor que se procesan la una a la otra, y la verdad es que tienen momentos realmente preciosos.

El Ep se abre con “Cady Road”, uno de esos temas que ya valen por todo un disco. Estamos ante la faceta más ensoñadora del dúo, además de la más animada. Aunque decir eso quizá es mucho, porque no deja ser un medio tiempo. Pero bueno, que me lío, y lo único que hay que saber es que es una pequeña joya de canción. Al igual que esa “Numb Enough” que viene a continuación, donde envuelven la melodía es unas preciosas guitarras. Las cuales, por cierto, se endurecen bastante en su parte final. Y siguiendo con el trío de ases, hay que mencionar el tema titular, donde ensucian su propuesta un poco más, pero donde no pierden ese toque lánguido que tiene todo el disco. Eso sí, para cerrar, se olvidan del pedal de distorsión, y nos entregan la delicada “Calm And Collected”, la cual cuenta con un precioso desenlace lleno de bucólicos teclados.

Tengo que reconocer que me ha sorprendido bastante este proyecto, porque, a pesar de su tono relajado, sus cinco canciones entran de maravilla a la primera. Es más, me ha gustado más que el último trabajo de Chastity Belt, y casi lo mismo que el último de Jay Som.

7,9

Helen Love – Power On

Con la tontería, Helen Love ya llevan 28 años fusionando el pop bubblegum con el punk más melódico. La banda de la propia Helen Love, fanática de los Ramones, y entusiasta de todo lo que sea una buena melodía y un estribillo pegadizo, está viviendo una especie de segunda vida en los últimos años. Su anterior trabajo tuvo bastante repercusión dentro del circuito indie, que es donde se ha movido siempre, y los llevo a tocar en varios festivales importantes. Entre ellos, el Primavera Sound. Así que podemos decir que están ante uno de sus mejores momentos. Y eso se nota en su último álbum.

Power On’ es su noveno trabajo, y según la propia banda, su vuelta a su faceta más punk. Love ha redescubierto su vieja colección de discos, y se ha venido arriba con su lado más guitarrero. De hecho, para grabarlo, solo necesitaron un ampli barato, sus guitarras, la batería, y un viejo Casio -su única concesión al mundo electrónico-. Toda una declaración de intenciones, con la que consiguen su trabajo más fresco en mucho tiempo. Y es que, su energía, y su punto melódico, hacen que estas canciones se peguen al oyente con una facilidad pasmosa.

Estamos ante un álbum en el que no dan ni un respiro. Media de hora gloriosa de estribillos, guitarras, y ritmos acelerados. Además de múltiples referencias a otros artistas. Solo hay que escuchar esa “Debbie Take Control of the Stereo”, en la que meten parte del “Pump It Up” de Elvis Costello. O “Power of the Music”, donde no se cortan un pelo y meten el estribillo del “Come On, Let’s Go” de Ritchie Valens. Además de temas redondos como “Jackie from the Estate” o “No 1 Star”, que no pueden sonar más a los Ramones. Porque, todos estos “homenajes” forma parte de su rollo, y hay que reconocer que es una de las cosas que le dan encanto a su propuesta. Además de hacer canciones de punk-pop perfectas, como bien demuestran en “Dead in My Head”, “Top of the Pop Chart” o en esa “Summer Pop” final.

Es una pena que Helen Love hayan sacado este disco en plena pandemia y que no podamos disfrutarlo en una sala de conciertos o en un festival al aire libre, porque es toda una invitación a un pogo frenético de media hora. Pero no pasa nada, de momento lo disfrutamos en casa, y nos lo guardamos en la recamara para cuando toda esta mierda se acabe.

8

Kelley Stoltz – Ah! (Etc)

Es casi imposible seguir la carrera de Kelley Stoltz, porque entre sus discos bajo su nombre, y sus discos con seudónimos, cuenta con una discografía inabarcable -veo que el año pasado sacó tres trabajos con canciones nuevas y un directo-. Así que, de vez en cuando, me cuadra, y escucho alguno de sus álbumes. Es lo que me ha pasado con su nuevo trabajo, que me topé con él la semana pasada, y me entró de maravilla a la primera escucha. Porque, lo que es innegable, es que uno de los grandes artesanos del pop de la actualidad, y cuando está inspirado, no hay quién le tosa.

Ah! (Etc)’ es una especie de vuelta al pop más colorista del artista norteamericano. Unas canciones que, según él mismo, se tenían que haber escrito en los 60 y en los 80. Y la verdad es que esas dos décadas están muy bien representadas a lo largo del disco. Y es que, es fácil que te vengan a la cabeza numerosas bandas de aquellos años cuando escuchas estos temas. Solo hay que darle una vuelta a la estupenda, y acelerada, “Team Earth”, que abre el disco a lo grande y con unos coros con son puro Beach Boys. O “The Quiet Ones” y “She Like Noise”, que no pueden sonar más a la faceta new-wave de Elvis Costello. Y ojo que, en la primera, la guitarra pertenece a Will Sergeant de Echo and the Bunnymen.

Como buen alquimista del pop, sabe fusionar muy bien estas referencias y darles un sonido más actual. Ahí está la muy sixtiesNever Change Enough”, que no puede ser más deliciosa. O “Some Other Time”, donde entra la influencia de The Byrds, y se hace con la gran joya del disco. Pero, en este salto de décadas que supone este trabajo, también aparecen influencias de esos grupos que en los 80 llevaron la new-wave a sus cotas más altas. El caso más evidente es la estupenda “Cold”, la cual, con esos teclados, no puede sonar más a The Cars. Algo que también ocurre con la notable “Chasing the Light”, y con la más escurridiza “Darkness Too”. Y como esto es un viaje en el tiempo constante, en “Moon Shy” apuesta por irse hacia el lado más psicodélico del pop de los sesenta, e incluso se atreve a hacerse un Scott Walker en toda regla.

Una vez más, Kelley Stoltz entrega una colección de canciones pop incontestable. Y ya van unas cuantas.

7,8

Babeheaven – Home For Now

Babeheaven son una de las grandes promesas de la música británica actual. Desde Londres, este dúo formado por Nancy Andersen y Jamie Travis, ya lleva unos cuantos años publicando singles y Eps que han sido muy bien recibidos por crítica y público. Y es que, al menos, hacen algo diferente a todas esas bandas que están saliendo de su ciudad últimamente. Porque, aunque lo suyo se suele calificar de dream-pop, eso no es del todo cierto. Sí que tiran hacia paisajes ensoñadores, pero su propuesta se mueve por caminos diferentes. De hecho, tienen un sonido muy trip-hop y un ligero toque r&B. Así que al menos es algo diferente.

Un simple vistazo a la lista de influencias que han colgado en su perfil de Spotify, ya nos da una idea de lo que vamos a encontrar en este ‘Home For Now’. En ella encontramos artistas como Sade, Beach House, Al Green, Portishead, Can, Björk o The Beach Boys, y la verdad es que hay un poco de todo eso. La cálida voz de Andersen es perfecta para las texturas sonoras sintéticas que saca Travis, y hay que reconocer que se conjuntan de maravilla. No obstante, se conocen desde que eran pequeñitos. Y así, entre sedosos ritmos trip-hop y melodías ensoñadoras, van dando con algún temazo que otro.

Lo mejor del disco, que es bastante reposado, son sus temas más enérgicos. Cortes como “November”, “Human Nature” o “In My Arms”, los cuales cuenta con ritmos más vivos, son los que mejor entran de buenas a primeras. Porque, eso sí, hay que reconocer que el disco no es muy ecléctico. Además, se han pasado un poco de duración y se hace algo largo. Pero oye, cuando les funciona su rollo, pocos peros se les puede poner. Solo hay que escuchar la “algo” bailable “Until the End”, o esa fusión entre ritmos trip-hop y Sade que es “Cassette Beat”. Además de la delicadeza pop de “Craziest Things” y de la elegancia de “Jalisco”. Y ojo, porque en “Through the Night”, el tema final, se hacen con un estupendo homenaje a Massive Attack.

Creo que tenían que haber dosificado un poco más para que su propuesta resultara un tanto más atractiva. Al final, 14 temas y 45 minutos, es demasiado, y no deja ver bien todo lo bueno que tienen. Así que estamos ante uno de esos discos en los que hay que hacer selección.

7,4

Airhockey – Walkthrough Ep

Al igual que otras muchas bandas que acaban de empezar, Airhockey veían el 2020 como el año perfecto para dar su proyecto a conocer. Su primer Ep tenía que salir en primavera y ya contaban con unos cuantos conciertos cerrados para presentarlo, pero el maldito coronavirus truncó sus planes. Al final, decidieron sacar el Ep en verano y centrarse en la promoción por la red. Pero claro, para este tipo de bandas tan jóvenes, es muy difícil darse a conocer sin el apoyo de una gira de conciertos, y este lanzamiento ha terminado pasado un tanto desapercibido.

Airhockey es una banda formada por tres chicos y una chica de Miami que adoran el dream-pop. Algo de lo que dan buena muestra en este ‘Walkthrough’. Y es que, al igual que otros muchos grupos, llevan un tiempo practicando este tipo de música de forma muy casera, grabando las bases con un iPad y haciendo lo que pueden. Y de eso ha quedado mucho en su primer trabajo. Sobre todo en la sección rítmica, ya que las baterías siguen siendo cajas de ritmos, lo que le da un toque bastante chulo y fresco a su pop ensoñador. Como muestra tenemos la estupenda “Try”, que abre el Ep recordándonos a los primeros Wild Nothing. Algo que también ocurre en la etérea, y muy deliciosa, “Disguise”.

Una de las cosas que más me gusta de esta banda, es que no tienen ningún problema en expandir sus paisajes sonoros ensoñadores. Gran parte del Ep es instrumental, e incluso, “Just Not Fair”, el que es su single principal, tan solo cuenta con uno coro como una única voz. Lo bueno es que consiguen que sus canciones funcionen estupendamente así. Algo que se puede apreciar en la corta “Sungazing”, y en ese maravilloso tema final llamado “Step Up”, en el que, una vez más, solo tienen la necesidad de cantar un par de frases cuando ya está bien entrada la canción. Eso sí, para los que prefieren alfo más potente y guitarrero, tienen “Not Enough”, en la que se ponen más oscuros y se acercan a un post-punk un tanto sintético.

Creo que Airhockey es una banda que puede llegar a dar mucho que hablar dentro de la escena dream-pop, ya que tienen talento de sobra para crear ese tipo de paisajes ensoñadores llenos de guitarras cristalinas y melodías etéreas. Solo les queda poder salir a presentarlo algún día y dar a conocer a su retoño.

7,8

Naked House – Waves Goodbye

Llevo varios días dándole vueltas a este disco, y con cada escucha que le doy, más me gusta. Y es que, este chico de Ontario llamado Damon Guyett, que ya lleva unos cuantos años publicando música bajo el nombre de Naked House, me ha dejado sorprendido con su propuesta. Estamos ante un pop algo lo-fi con tintes de psicodelia, algo que hacen muchos, pero me ha gustado su forma de ejecutarlo. Sobre todo, porque, al final, lo que prima en sus canciones, son las buenas melodías y una claridad que hace que su música resulte vibrante.

Creo que no me equivoco si digo que, en ‘Waves Goodbye’, el que es su segundo disco (sin contar un par de banda sonoras que tiene por ahí), se juntan nombres como The Beach Boys, Animal Collective, John Maus o Belle and Sebastian. Y de esa extraña mezcla sale algo realmente interesante. Y es que, en tan solo 35 minutos, le da tiempo a fusionar un ritmo kraut con el pop sintético más lo-fi (“Ocular Whisper”), a entregar un indie-rock de lo más melódico (“Soft Bokeh”), o a meterse en mundos folk de lo más etéreos (“There’s a Bridge There”). Y lo mejor es que acierta en todo.

Curiosamente, los dos cortes más potentes del álbum, son los más largos. No sé si será porque está acostumbrado a desarrollar las canciones sin limite de tiempo para sus bandas sonoras, pero el caso es que le han salido dos temazos. Además, muy diferentes. Y es que, en “I Don’t Want to Let You Down”, lleva todo el mundo psicodélico propio de Animal Collective, a toda una explosión de pop colorido y guitarras luminosas. De hecho, se podría decir que es el mejor tema de Animal Collective no hecho por Animal Collective. Sin embargo, en “Truth Be Told, My Dear, I Would Rather Die”, se va hacia un pop más clásico y juguetón, y en el que le da protagonismo a una trompeta (de ahí la influencia de Belle and Sebastian). Siete minutos de pura melodía y sonidos brillantes.

Lo único malo que tienen este tipo de proyectos es que no llegan a salir del mundo más independiente y poca gente termina conociéndolos. Y es una pena, porque por aquí hay talento de sobra.

7,9

Stats – Powys 1999

No sé si Ed Seed sigue siendo el guitarrista en directo de Dua Lipa, pero espero que sí y que se lleve un buen dinero a casa. Eso sí, mientras tanto, con todos los directos parados con la COVID, el británico se ha centrado en su carrera con Stats, la que es su banda principal. Y hace bien, porque su álbum de debut tuvo buenas críticas y recibió elogios de gente como Elton John o Phoebe Waller-Bridge -sí, la de Fleabag-. Yo no fui tan entusiasta cuando lo puse por aquí, pero sí que hubo algunas cosas que me gustaron bastante. Y eso es básicamente lo mismo que me pasa con su segundo trabajo.

Powys es una localidad de Gales que está justo en la frontera con Inglaterra, lo que hizo que muchos ingleses ansiosos por descubrir la vida en el campo se mudaran allí en los setenta. Hasta allí se fueron los padres de Ed Seed hace cuatro décadas, allí también creció nuestro protagonista de hoy, y allí ha vuelto junto a toda su banda para grabar su segundo trabajo. De ahí que atienda al nombre de ‘Powys 1999’. Aunque eso sí, según el mismo, no tiene nada que ver con ese año, y tampoco mucho con esa localidad. Tan solo el hecho de que por aquella época se celebrarán raves en sus parajes.

Estamos ante un trabajo más electrónico que su predecesor. De hecho, empieza a lo bestia y con bastante urgencia. Y es que, el camino elegido en gran parte del álbum es ese pop electrónico que aparece en “Come With Me”, su primer corte. Y han hecho bien, porque es donde más aciertan. Temas como “Naturalise Me” y “The Truth Is Naked” funcionan a la perfección y los acercan a esos primeros Scissor Sisters más sintéticos. Pero hay algo que incluso les funciona mejor, y son los temas en los que, además de darle al baile, se ponen un poco épicos y melancólicos. Es el caso de la estupenda “Kiss Me Like It’s Over”, donde hay una referencia a esas raves de los 90 que mencionaba más arriba –“no more parties in the hills, no more 1999”-. Y también lo es de “Out Of Body”, un tema en el que se acercan bastante a los Pet Shop Boys más sentidos.

Lo que me gusta menos del disco es cuando dejan de lado su faceta más electrónica. Al igual que en su debut, de vez en cuando tiran hacia el pop teatral de Sparks, y rompen bastante la línea del álbum. Es el caso de cortes como “On The Tip Of My Tongue” e “Innocence”, que no están mal, pero desentonan bastante con el resto del disco. Eso sí, no es el caso de “Travel With Me Through This Ghost World”, su colaboración con Emmy The Great, la cual, aunque no está centrada en la pista de baile, sí tiene ese toque melancólico con el que cuenta buena parte del resto del álbum.

Creo que Stats tienen el talento de sobra para hacer un disco redondo, pero el intentar abarcar varios estilos en un mismo álbum les limita en su propuesta principal, que no es otra que la de hacer pepinazos bailables

7,5

The Bats – Foothills

Casi 40 años después de su formación, The Bats siguen sacando discos, y lo que es mejor: siguen haciendo música deliciosa. La banda neozelandesa no es muy prolífica, y aunque han editado mucho material en forma de Ep o de single, el que publican ahora es su álbum número diez. Y es que, como dicen ellos mismos, “tienen que buscar un hueco en sus ajetreadas vidas para poder grabar nuevas canciones con la banda”. Algo que, afortunadamente, consiguieron en la primavera de 2018, que fue cuando se retiraron a una casa en el campo y grabaron estos temas. Lo que no sé es cuál es la razón por la que han tardado tanto tiempo en editarlo.

Foothills’ cuenta con todos los ingredientes necesarios para que un seguidor de The Bats disfrute al máximo durante poco más de media hora. Tenemos los cálidos paisajes pop, el rock urgente y acelerado, y ese lado más juguetón que tan bien manejan por las antípodas. A lo que hay que añadir ese toque hogareño que le da el hecho de que está grabado en directo en mitad de una casa de campo. Porque, si hay algo que siempre ha tenido su música, es que resulta de lo más acogedora. Y sí, puede que no hayan cambiado de rumbo en décadas, pero una buena dosis de sus canciones siempre te reconfortan.

Particularmente, siempre he preferido las canciones más aceleradas de su carrera, o eso que podríamos llamar su lado más The Clean -ya sabéis que Robert Scott es el líder de las dos bandas-. Aquí solo hay par, pero la verdad es que las dos me dejan satisfecho. Tenemos la estupenda “Warwick”, con su ritmo juguetón y su guitarra algo más sucia, y esa “Field Vision” un tanto más melancólica, pero igual de urgente. Eso sí, también saben lo que se hacen en ese lado más reposado y acogedor que suelen tener sus canciones. Ahí está la delicada “Trade in Silence”, con la que abren el disco arropándote con sus guitarras cálidas y sus buenas melodías. Algo que también hacen en las deliciosas “Beneath The Visor” y “Another Door”. Pero no creías que han llenado el disco con este tipo de temas, también tienen tiempo para centrarse un poco más en el indie-rock. Es el caso de “Change Is All” y “Smaller Pieces”, que son lo más pegadizas, y de lo más neozelandesas. O de esa “Electric Sea View” final, en la que se ponen algo más tristes, y se sacan de la manga una preciosidad algo sucia.

Una vez más, nos encontramos ante otro trabajo de The Bats notable, y ante otra colección de canciones que te acogen y te dan calidez. De hecho, es la banda sonora perfecta para un otoño lluvioso como el que estamos viviendo.

7,8