The Beths – Jump Rope Grazers

Algo ha cambiado en el mundo de The Beths desde que publicaron su álbum de debut hace dos años. La banda neozelandesa, liderada por Elizabeth Stokes, se ha recorrido medio mundo y ha girado con bandas como Bloc Party o Death Cab For Cutie. Un hecho que, definitivamente, ha influido en las canciones que forman su segundo trabajo. La melancolía de estar lejos de casa y echar de menos a sus seres queridos, tiene cierto protagonismo en sus nuevas composiciones, y eso hace que de vez en cuando echen un poco el freno. Es más, hay momentos en los que se acercan a los primeros discos de la banda de Ben Gibbard.

Todo empieza como siempre en ‘Jump Rope Gazers’. “I’m Not Getting Excited” y “Dying To Believe” son dos trallazos a medio camino entre el punk y el power-pop -más punk la primera y más pop la segunda-, que se asemejan bastante a lo que hacían en su primer trabajo. Pero todo cambia a partir de la tercera canción, la cual, casualmente, es la que da título al álbum. Están bastante más relajados y sus canciones cuenta con menos capas de distorsión. De hecho, este tema, es una preciosa balada de más de cinco minutos que no tiene nada de agresividad. Y los temas que cuentan con un poco más de aceleración, como “Acrid”, “Out of Sight” o “Don’t Go Away”, son más contenidos.

Lo bueno de esta nueva faceta, es que les funciona muy bien, y hace que el disco resulte más interesante que su debut. Yo no sé vosotros, pero a mí, el exceso de canciones aceleradas y guitarrazos un poco punk me termina cansando. Así que me encanta ver que saben salirse de ahí y entregar una balada notable, y con un cierto toque electrónico, como “Do You Want Me Now”. O aparcar la distorsión y acercarse al folk en “You Are a Beam of Light”. Además de hacer un pop ensoñador de lo más interesante en “Just Shy of Sure”, el notable tema que cierra el álbum.

The Beths han tomado una buena decisión a la hora de rebajar la intensidad de su sonido y explorar nuevos campos. A mí, por lo menos, me resulta más interesante que me sorprendan un poco entre tanto trallazo guitarrero.

7,6

Cloud Nothings – The Black Hole Understands

Son muchos los grupos a los que cuarentena ha trastocado todos sus planes para este 2020. Ya no solo porque hayan dejado de recibir ingresos por los directos perdidos, también porque algunas grabaciones se han retrasado. Algunos y algunas se han dedicado a hacer versiones desde su casa, otros han aprovechado para descansar, y otros para crear nueva música. Entre estos últimos, están Cloud Nothings, que se han sacado de la manga un álbum completo. Aunque no deben confiar mucho en él, porque no lo han subido a las plataformas de streaming ni lo han promocionado con un misero single.

The Black Hole Understands’ es el álbum casero de la banda de Ohio. Dylan Baldi y Jayson Gerycz comenzaron a enviarse archivos con guitarras, bajos y voces de un lado a otro de Filadelfia, y de ahí se envió todo a Cleveland para meter la batería y hacer la mezcla final. Una forma de trabajar que es muy común entre muchas bandas actuales, pero que, según la propia banda, ha supuesto un reto para ellos. Principalmente, por la imposibilidad de improvisar en el estudio y de tener que ceñirse a lo que estaba programado desde un principio. De ahí que estemos ante su disco menos agresivo, y más pop. Es más, ellos lo califican como su “álbum con canciones de verano”.

Aunque sea su trabajo más melódico, los de Cleveland no han perdido su urgencia. La batería acelerada y potente sigue siendo una de las protagonistas de estas canciones. Es algo que se aprecia desde el principio con ese estupendo trío formado por “Story That I Live”, “The Sound of Everyone” y “An Average World”. Lo único es que ahora suenan mucho más pop, y la voz bastante más delicada y ensoñadora. Y la verdad es que les sienta de maravilla este sonido, porque otros cortes como “This Mess Is Permanent” y “Right on the Edge” también son notables. Pero ojo, que han rebajado tanto su nivel de intensidad, que casi se acercan al power-pop de Teenage Fanclub en algunos cortes. Es el caso de delicada “A Weird Introduction”, o de “A Silent Reaction” y “Memory of Regret”, que son todavía mejores.

Cloud Nothings exploran su lado más pop y aciertan de pleno. Algo que hacía años que muchos les reclamábamos. Lo malo es que la culpable haya sido una cuarentena y lo hayan hecho casi por obligación. Porque, sinceramente, me hubiera gustado ver cómo sonaba este disco con una producción más cuidada.

7,8

Gary Olson – Gary Olson

Como mucha otra gente, de vez en cuando necesito una cura de guitarras ruidosas, ritmos machacones o discos en los que la producción brilla por su ausencia. Y para eso hay una serie de artistas que hacen un pop preciosista en el que no hay sorpresas, pero sí mucha calidad. Por norma general suelen venir de Reino Unido, pero esta vez no es el caso. Gary Olson es un viejo conocido para los aficionados a este tipo de música, ya que durante casi dos décadas lideró a los estupendos The Ladybug Transistor, uno de los grupos de Brooklyn más british de la historia. Y con ese sonido sigue en su carrera en solitario.

El debut del neoyorquino huele a ese pop que practicaban en los ochenta Prefab Sprout, Lloyd Cole o The Blue Nile, pero también a bandas más contemporáneas, como Belle & Sebastian o The Divine Comedy. Y es que, estamos ante un disco sin sobresaltos donde las guitarras acústicas ganan la partida, los instrumentos de cuerda están a la orden del día, y las trompetas se dejan ver asiduamente. Todo esto aderezado con la delicada voz de Olson, que es de esas que te envuelven y te dan bastante paz.

El disco empieza con “Navy Boats”, un precioso corte de pop lleno de vientos, que ya nos da una idea de por donde van a ir los tiros en este trabajo. Canciones mayormente reposadas para disfrutar sin prisas, como es el caso de “Giovanna Please”, “Postcard from Lisbon”, o “Diego It’s Time” – no he conseguido saber quién es el Diego que protagoniza la canción-. Pero ojo, porque también se anima un poco de vez en cuando. Como buen artesano del pop, sabe cuando acelerar un poco sus canciones, y conseguir algo parecido a un hit. Es el caso de la magnifica “Some Advice”, donde incluso se atreve a meter unos bongos. O de “Afternoon into Evening” y “A Dream for a Memory”, dos de las pocas canciones en las que las guitarras cuentan con un poco de electricidad. Pero también de esa “The Old Twin” con la que cierra el álbum. Un tema que, a mí, particularmente, me ha recordado a Luna. Y eso siempre es bueno.

Si queréis un disco bonito y sin complicaciones para este verano, estáis ante el trabajo perfecto. Yo tengo que claro de que será uno de mis acompañantes fijos en estos días estivales.

7,9

bdrmm – Bedroom

Ya he comentado por aquí que son muchos los discos que, últimamente, se meten dentro del carro del shoegaze. Pero lo cierto es que, a veces, utilizamos la etiqueta demasiado a la ligera. Sobre todo, porque hay ocasiones en las que no es fácil diferenciar entre dream-pop, noise-pop o shoegaze. Pero esta no es una de esas ocasiones, porque con el debut de bdrmm queda bastante claro. Esta banda británica se ha hecho con un disco que bebe de los grandes del género, como My Bloody Valentine o Slowdive, pero también de otros grupos más actuales, como DIIV. Y el resultado no puede ser mejor.

Bedroom’ es un trabajo en el que los paisajes instrumentales tienen bastante importancia. De hecho, empieza con la estupenda “Momo”, una canción en la que las protagonistas absolutas son esas guitarras limpias y cristalinas que van subiendo de intensidad hasta crear una tormenta sonora. Algo muy habitual en este tipo de estas bandas. Un sonido con el continúan en “Push / Pull”, que no puede recordar más DIIV. Y es que, se podría decir que la banda de Brooklyn es su gran referencia, porque temas como “Gush” o “Happy” también nos remiten a ellos. Y la verdad es que se les da muy bien.

Su otro punto de partida es el shoegaze más clásico, en el que tampoco fallan. Porque esa “A Reason to Celebrate” no puede ser más sobresaliente. Y lo mejor es que les funciona sin hacer nada nuevo, ya que estamos ante una canción que podría pertenecer al ‘Loveless’. Y ojo, porque, como decía más arriba, también dejan ver la influencia de Slowdive en algún momento. Es el caso de la maravillosa ‘If…’, en la que endurecen un poco más las guitarras, y de ‘Is That What You Wanted to Hear?’, que juega con el lado más ensoñador del género. Pero, además, en ‘(Un)Happy’, se alejan de todo lo demás, y se meten (muy acertadamente) en terrenos más post-rock.

Es evidente que suenan a muchas bandas en concreto y que no han inventado nada, pero esta banda británica se ha hecho con un debut de lo más solido y lleno de temazos. Y oye, con eso ya basta.

8

Braids – Shadow Offering

Poco a poco, y con cada nuevo disco que han ido sacando, los canadienses Braids han ido adaptando su música a un pop más convencional. Sus comienzos, en los que experimentaban un poco con la electrónica, ya quedan lejos. Y eso es lo primero que notamos al darle una escucha a este ‘Shadow Offering’. Su primer trabajo en cinco años es mucho menos sintético de lo habitual, y la instrumentación más clásica toma mucho más protagonismo. No obstante, está producido por Chris Walla, el ex guitarrista de Death Cab For Cutie.

Según la propia banda, el disco está inspirado en un eclipse solar, y parece que eso ha hecho que estemos ante el disco más sofisticado y claro de su carrera. Un trabajo en el que la voz de Raphaelle Standell-Preston, que no puede estar más en primer plano, es la gran protagonista. Un disco que también tiene un poso orquestal y que, por momentos, me ha recordado a Kate Bush. Principalmente por la voz de ella, que suena teatral y, en algunos casos, algo excesiva. Eso sí, para bien, porque le pega bastante a su música esa exageración.

La intensidad que asoma en casi todo el álbum se puede ver desde el principio con “Here 4 U”. Es un tema en el que está clara esa influencia de Kate Bush que mencionaba más arriba, y que cada vez es más común en los grupos actuales. Algo que también se aprecia en la estupenda “Eclipse (Ashley)”, o en la épica “Upheaval II”. Pero ojo, que no han perdido del todo su lado sintético, pero sí lo han adaptado a este pop que practican ahora. Ahí está la notable “Young Back”, con la que incluso nos podemos echar unos bailes, o la algo excesiva “Fear of Men”. Pero si hay un tema que sobresale dentro de esta faceta más electrónica, y de prácticamente todo el álbum, es “Snow Angel”. Estamos ante un corte de nueve minutos en la que dejan que sea un ritmo totalmente motorik el que lleve el peso. Además, cuenta con un arrebato ecologista de la propia Standell-Preston, el cual, por cierto, me ha recordado un poco a la Patti Smith reivindicativa de los setenta; esa que casi recitaba en lugar de cantar.

Quizá les falta perfeccionar un poco este nuevo sonido, que a veces resulta un poco frío, pero la verdad es que el disco es bastante disfrutable y tiene unos cuantos temas notables.

7,4

BOYO – Where Have All My Friends Gone?

Robert Tilden es un viejo conocido de la escena DIY de Los Angeles. Este chico, que empezó a tocar a los 15 años en varias bandas de punk de la ciudad, lleva desde los 16 editando música bajo el nombre de BOYO. Muchos lo meten dentro de la escena bedroom-pop de la ciudad, pero yo creo que va un poco más allá. Por lo menos es lo que ha influencias se refiere, porque su música es más rica en matices y más ecléctica que la de compañeros y compañeras del resto de escena.

Where Have All My Friends Gone?’ es su cuarto trabajo, y el título no es casual. Este disco nace de una crisis de salud que tuvo hace dos años, cuando le diagnosticaron una epilepsia y le recetaron pastillas de por vida. Su irascibilidad, y cambios de humor, provocados por la medicación, hizo que muchos de sus amigos desaparecieran. Todo eso le sirvió de inspiración para encerrarse en su pequeño estudio casero y crear estas composiciones en apenas dos semanas. Eso sí, al final, la historia no es tan triste. Tilden reconoce que esos amigos volvieron a serlo, y que había sido él el que se había metido en una especie de burbuja de aislamiento.

Robert Tilman dice que su música es como una sopa de todas sus influencias. Además, comenta, que trata de convertirse en un personaje cada vez que coge un instrumento diferente. Así, como ejemplo pone a Kevin Shields cuando intenta conseguir un sonido especifico de guitarra, o a Albert Hammond Jr. cuando quiere dar con un ritmo perfecto. Eso sí, sus canciones no suenan a ninguna de las dos bandas de las que estos músicos son componentes. Lo suyo tira más hacia un pop psicodélico que, por momentos, suena bastante british. Y sí, es cierto que en “Dogma” y “Junk”, los dos temas que abren el álbum, ensucia un poco las guitarras, pero el trasfondo no puede ser más pop. Algo que también ocurre en cortes tan estupendos como “Skip” o “Summer Home”. Eso sí, también sabe lo que es meterse en mundos un poco más lo-fi y sintéticos, como es el caso de “No One’s Laughing” y “Tough Kid”, que funcionan muy bien. Eso sí, lo mejor llega con ese precioso himno pop llamado “Forget It”, en el que cuenta con la ayuda de la artista femenina Sam Valdez. Toda una delicia.

Me ha gustado este trabajo, el cual me ha descubierto a un artista más que interesante. O por lo menos uno que trata de hacer algo más cuidado y profesional dentro de una escena que se caracteriza por todo lo contrario.

7,7

The Vacant Lots – Interzone

The Vacant Lots son uno de los grupos más punteros de la escena oscura de Nueva York. El dúo formado por Jared Artaud y Brian MacFadyen se ha especializado en fusionar guitarras potentes y sucias con elementos puramente electrónicos. Algo que nos lleva directamente a un grupo: Suicide. Y es que, la banda de Alan Vega es su mayor influencia, e incluso han llegado a colaborar con él en más de una ocasión. Aunque eso sí, ellos dicen que Television y los primeros grupos de rock n roll son su mayor inspiración.

Interzone’ es su tercer trabajo, y en él se han dejado llevar, dejando que todas sus influencias se fusionen. Así, nos encontramos con un disco en el que el post-punk se mezcla con ritmos más bailables, o con momentos más shoegaze. Porque sí, parece que están un poco más guitarreros que de costumbre. Solo hay que escuchar “Rescue”, el que fue su primer single. Estamos ante un tema en el que no esconden su inspiración, ni falta que les hace. Está claro que se han ido a finales de los ochenta, y a bandas como The Jesus & Mary Chain y The Love and Rockets. Y la verdad es que les ha salido muy bien. De hecho, repiten jugada en “Exit”, el tema que viene a continuación.

Personalmente, me parecen más interesantes cuando le dan más protagonismo a la electrónica. Me gusta como se van a esa oscuridad sintética en cortes como “Endless Rain” o “Into The Depths”. Temas en los que también aparece alguna guitarra que otra, pero que no resultan tan sucios como los de su faceta rockera. Y si ya se van hacia mundos más pop y melódicos, como es el caso de “Fracture”, pues mucho mejor. Eso sí, lo que me ha dejado un poco descolocado es “Payoff”, y no porque me parezca una mala canción, sino porque en ella se acercan a los primeros noventa, y a bandas como The Orb o 808 State. Aunque para terminar, prefieren relajarse un poco y dejarnos “Party’s Over”, una balada sucia que podríamos meter dentro del carro del shoegaze.

No están nada mal estos The Vacant Lots. Sobre todo, su sois de los que disfrutáis de los sonidos oscuros, como es mi caso.

7,5

Emmett Kai – Freak Pop Novelty

Está claro que, con la cantidad de bandas y artistas de bedroom-pop que salen en estos días, es imposible que todos tengan sus buenas dosis de repercusión. Pero eso no significa que sean peores que otros que sí la tienen. Un buen ejemplo es el de Emmett Kai, un chico de Brooklyn del que ya os hablé por aquí hace un año. Kai tiene talento de sobra para dar con la canción de dream-pop perfecta, y para que las guitarras se fusionen a la perfección con los sintetizadores. Sí, es cierto que se deja llevar por los ochenta, pero su eclecticismo, hace que sus discos resulten de lo más entretenidos.

Freak Pop Novelty’ es un mini-álbum de siete canciones en las que el norteamericano juega con diferentes formas de hacer pop. Y todas ellas se le dan bien. En sus 28 minutos, nos encontramos con estupendos temas de dream-pop melancólico y sintético, como es el caso de “Fist Fight” y “Super Tangerine”, que son estupendos. Pero también sabe endurecer un poco su sonido y acercarse al shoegaze. Ahí están “Marigold” y “Tiger Balm”, que dejarían sonrojado a más de uno de los tótems del género.

Los comienzos de Emmett Kai se centraron bastante en el pop de los ochenta. De hecho, contaba con alguna canción que casi parecía salida de un disco de Prince –“Jennifer Aniston” es un baladón de lo más meloso-. Y, de alguna forma, también vuelve a eso en parte de este trabajo. Lo hace en la bonita “Stick to My Guns”, donde las cajas de ritmos y los sintetizadores se convierten en los protagonistas. Algo parecido a lo que ocurre con “Remember My Name”, la cual, directamente, se mete de lleno en el pop más mainstream de aquellos años. Pero lo mejor de esta faceta llega con “High for Weeks”, en la que fusiona todo ese mundo sintético con alguna guitarra y con un ritmo de lo más contagioso.

Ya dije con su primer álbum que había que seguirle la pista, y lo sigo manteniendo con este nuevo trabajo.

7,6

The Rentals – Q36

Matt Sharp resucita a The Rentals cuando le viene bien. El músico norteamericano no cuenta con el calendario típico de un artista, y lo de disco-gira-disco, no va mucho con él. Así que solo compone canciones cuando tiene una idea que le gusta. Aunque, en este caso, fue una norma que se impuso. Según él mismo, estaba harto de hablar de sus experiencias personales y compuso hasta 50 canciones que no tenían nada que ver con su vida. Además, en ese tiempo, terminó encontrando una temática común: el espacio.

Q36’ es el cuarto trabajo de The Rentals, pero en realidad es un disco a pachas con Nick Zinner, el guitarrista de Yeah Yeah Yeahs. Los dos trabajaron las canciones en sus respectivos estudios caseros, y cuando las tuvieron terminadas, se las pasaron a Dave Fridmann para que las mezclara. Por cierto, que este último se unió al proyecto cuando se enteró que la temática era el espacio. Y la verdad, es que, para ser un disco de The Rentals, cuenta con un sonido un poco más sucio de lo habitual. Algo que supongo que se deberá a la influencia de Zinner. Lo que no sé es si es del todo acertado, porque se echa un poco de menos ese lado más pop de Sharp. Un lado que aquí apenas aparece en la estupenda “Spaceships” y en la acelerada “Great Big Blue”, que son las pocas canciones que cuentan con sus típicos coros femeninos.

A pesar de esa suciedad que impregna casi todo el disco, no cuenta con un mal comienzo. Tanto “Shake Your Diamons” como “Nowhere Girl” son notables, y nos devuelven al Matt Sharp más melódico. Sobre todo la segunda, que es todo un hit. Pero, de repente, descoloca con “9th Configuration”, una balada acústica de seis minutos que, a mí, me ha recordado a los Suede más introvertidos. Es más, esa que casi parece que está cantando Brett Anderson. Quizá, esto viene de la influencia que hay de Bowie en parte del disco, y que se puede ver perfectamente en la muy glam “Forgotten Astronaut”, o en la épica “Elon Musk Is Making Me Sad”. Pero ojo, que Zinner también hay impuesto algo de su sonido en el disco. Ahí está la estupenda “Invasion Night”, que juega con esa intensidad que suelen tener los Yeah Yeah Yeahs. Es más, me puedo imaginar perfectamente a Karen O cantando el estribillo.

Estamos ante un disco que al principio descoloca un poco por su sonido, pero, tras unas pocas escuchas, se le termina pillando el punto. Además, creo que es superior a su anterior trabajo, aquél irregular ‘Lost In Alphaville’ de 2014.

7,3

Jessie Ware – What’s Your Pleasure?

Si lo miramos bien, tiene todo el sentido del mundo que Jessie Ware se haya lanzado el mundo de la música disco. La artista británica ha derrochado elegancia y clase durante el principio de su carrera, y todo sabemos que eso es algo que le viene muy bien a este estilo de música. Además, para ser sincero, creo que ya necesitaba un cambio un tanto drástico. Su soul molaba, pero tras tres discos, esa fórmula estaba un poco agotada.

What’s Your Pleasure?” es un disco sensual que nos lleva directamente a otra época y otro lugar. Concretamente al Nueva York de finales de los setenta y esas discotecas en las que el disco se hizo con todo. Joyas, champagne, cocaína, sexo, y mucho baile, podría ser el resumen perfecto. Y es que, la inglesa, está desatada en este trabajo, y no se corta un pelo a la hora llenar estos temas de referencias sexuales. Unos temas que suenan a clásicos de aquella época, pero que, a su vez, también resultan de lo más frescos. Lo de llenar de instrumentos de cuerda estas canciones ha sido todo un acierto, y es algo que se puede apreciar desde el primer momento con ‘Spotlight’, el pedazo de hit que abre el álbum. Pero también en la estupenda ‘Step Into My Life’, o en ese baladón final llamado ‘Remember Where You Are’.

Lo bueno de este disco, es que, a pesar de tener un nexo común, es muy variado. Así, encontramos temas que tiran hacia sonidos un poco más funk, como es el caso de ‘Ooh La La’ y ‘Read My Lips’. Pero también otros que se van hacia mundos más electro. Ahí tenemos la estupenda canción que da título al álbum, o ‘Soul Control’, las cuales se acercan una barbaridad a las pistas de baile de los primeros ochenta. De hecho, en la genial ‘Mirage (Don’t Stop)’, rinde un homenaje a Bananarama y su ‘Cruel Summer’. Pero ojo, que en ‘Save a Kiss’ se pone un poco más contemporánea y se saca de la manga todo un himno en el que se acerca al mundo del Robyn. Aunque, para ser justos, también podría ser una canción con una notable influencia del ‘I Feel Love’ de Donna Summer.

Jessie Ware se ha sacado de la manga un disco brillante, elegante y sensual, con el que no vais a poder parar de bailar en todo el verano.

8