Darksoft – Beigeification

A pesar de que cuenta con varios álbumes, algún que otro single, y hasta un pequeño sello discográfico, no he sabido de la existencia de Darksoft hasta hace un par de semanas. Ahí fue cuando me topé con ‘Beigeification’, el que es su último trabajo. Y es que, con apenas un par de escuchas, ya me tenía conquistado del todo. Porque este chico de Seattle, que ahora reside en Portland, maneja de maravilla esos sonidos dream-pop que se fusionan con algún toque ochentero, e incluso con un pequeño lado sintético. Algo que, como suele suceder en estos casos, lo hace él sólito, ya que tan solo cuenta con la ayuda de otros músicos para el directo.

Según he leído por ahí, los discos de Darksoft suelen ser conceptuales, y parece que este ‘Beigeification’ también lo es. O al menos eso es lo que se dice en la nota de prensa, que describe este trabajo como «una dosis posmoderna de estados de ánimo de colores pastel que utilizan clichés que terminan con el pensamiento para igualar la desilusión de nuestra época«. De ahí ese título y esa portada beige tan sumamente sosa. Algo que contrarresta bastante con lo que nos encontramos en el disco, porque sus nueve canciones son de todo menos sosas.  

Darksoft describe su música como «rock alternativo ensoñador«, y claro, ahí pueden entrar muchas cosas. Así que, nada más empezar, nos deja “It Is What It Is”, en la que se va hacia un dream-pop de lo más animado y bien regado de teclados. Y hay que decir que suena a gloria. Como también lo hacen “Only Time Will Tell” y “Win Some Lose Some”, que viran hacia el mismo sonido. Aunque si es cierto que en la segunda los teclados cuentan con algo más de protagonismo. Algo que le sienta estupendamente a su música. Solo hay que escuchar “Fast Lane”, el que es corte más sintético del álbum, y toda una joya que te envuelve con su manto de teclados ensoñadores.

Son esos teclados ensoñadores los que hacen sus canciones más reposadas vayan a buen puerto. Bueno, eso, y su talento para crear melodías absolutamente deliciosas. Con esos ingredientes consigue dar con temas como “You Gotta Do What You Gotta Do” o “Stones Unturned”, que te conquistan a la primera con su sonido algo retro. Sobre todo, la segunda, que no puede sonar más a los ochenta. Y ya sabéis que a mí eso me va. Aunque diría que lo mejor del álbum llega con “Whatever It Takes”, donde acelera un poco el ritmo y se hace con un sonido algo más juguetón. Eso sí, sin perder el toque ensoñador que planea a lo largo de todo el álbum.

7,9

Robert Forster – The Candle and the Flame

Robert Forster recibió un palo importante en 2021, cuando le diagnosticaron cáncer de ovario a Karin Bäumler, su mujer y compañera musical. Afortunadamente parece que, tras el tratamiento de quimioterapia, han logrado erradicarlo, pero han sido unos meses duros para toda su familia. Y para superar esos tiempos difíciles, se dedicaron en cuerpo y alma a la música. De hecho, fue la propia Bäumler la que dijo que solo se olvidaba de que tenía cáncer cuando tocaba música. Así que, entre sesión y sesión de quimio, y con la ayuda de sus hijos y algunos amigos, compusieron las canciones de lo que es su nuevo trabajo en solitario. Aunque en realidad es un disco hecho por la familia al completo.

Como es lógico, ‘The Candle and the Flame’ es un disco de lo más personal. Pero no os penséis que todo en él gira en torno a la enfermedad de su mujer. De hecho, se podría decir que tan solo hay dos canciones que tratan este tema. Y no lo hacen muy abiertamente. La primera es “She’s a Fighter”, que abre el álbum dejando claro que su mujer es “una luchadora”. Además, cuenta con una abrumadora guitarra ruidosa de Louis Forster, el que fuera líder de los tristemente disueltos The Goon Sax. Y el segundo es “It’s Only Poison”, en la que no menciona abiertamente la enfermedad, pero sí que resulta evidente que está hablando de ella. O más bien de su proceso de curación, ya que tiene toda la pinta de que ese veneno que aparece en su estribillo es la quimio.

Se podría decir que es un trabajo que refleja las ganas de vivir tras haber pasado la enfermedad. Ahí tenemos la muy clara “There’s a Reason to Live”, en la que prácticamente solo dice eso, que hay una razón para vivir. O esa “Go Free” escrita en época de pandemia, y que se centra en mirar el lado positivo del asunto. Además, también nos deja la que, según sus amigos, es la mejor canción de amor que ha escrito jamás. Se trata de “Tender Years”, uno de los dos temas que más suenan a The Go-Betweens en todo el álbum, y toda una preciosidad en la que, de alguna manera, habla de experiencias vividas con su mujer. Algo a lo que también se agarra en la deliciosamente acústica “The Roads”, que está inspirada en los viajes en coche por Alemania que hacia con Karin.

Sí es cierto que, musicalmente, no es un álbum tan directo como sus anteriores trabajos. Sobre todo, porque es mayormente acústico y gran parte de sus canciones no cuentan ni con una batería. Además, explora nuevos sonidos, e incluso se atreve a irse hacia terrenos country en la curiosa “I Don’t Do Drugs I Do Time”, donde habla de sus 25 años de sobriedad. Aunque eso sí, para los que echan de menos el sonido de su vieja banda, tenemos “Always”, la canción más animada de todo el disco, que hay que decir que entra de maravilla entre tanta calma y tanto sonido acústico.

7,8

Samia – Honey

Estoy un poco sorprendido por la acogida que está teniendo el segundo trabajo de Samia. Por un lado, tenemos a medios como The Guardian o CoS, que lo han puesto por las nubes, y por el otro tenemos a Pitchfork o Paste, que lo han tachado de bastante normalito. Y parece que esta división de opiniones se ha trasladado a sus seguidores, porque ese el tercer disco más “discutido” en Metacritic. Yo, la verdad, es que no estoy entre ninguno de estos dos extremos, y sí creo que es disco con algunas virtudes, pero también con algún fallo que otro. Más o menos como su álbum de debut.

Honey’ es un disco en el que Samia se inspira en los últimos años de su vida. Es decir, que estamos ante una colección de canciones que repasan ese periodo de edad que empieza en los veinte, cuando apenas hay preocupaciones, y que termina a los veinticinco con una búsqueda de trabajo, o con la necesidad de formar una familia. Pero no os penséis que es la típica nepobaby – es hija de la actriz Kathy Najimy y del actor Dan Finnerty– que quiere contarnos lo difícil que es su mundo, simplemente recopila una colección de vivencias, las maquilla, y se hace con una colección de canciones bastante interesante. Además, resulta curioso que, en muchas de ellas, se centra en esos primeros años del Siglo XXI en los que el rock neoyorquino, el barrio de Williamsburg, y lo hípster, estaban de moda.

Lo mejor de este segundo trabajo de Samia llega con los temas más animados. Es indiscutible que la de Los Ángeles tiene un talento especial para hacer canción pop. Ahí está “Mad At Me”, que ha sido compuesta a pachas con Rostam y con un tal papa mbye, al que podemos ir en su parte final. Y es toda una maravilla de pop sintético de lo más pegadizo. Un sonido al que también recurre en “Amelia” que es un poco menos sintética. De hecho, es curioso, porque, aunque aquí no está Rostam, suena bastante a Vampire Weekend. Luego tenemos el tema titular, que es una pequeña joya de indie-pop que va creciendo poco a poco, y que te cautiva a la primera escucha. Además de esa preciosidad llamada “Charm You”, en la que se va hacia un sonido más folk.

El mayor problema que le veo a este disco es que lo ha llenado de baladas. Además, no os creáis que son baladas pomposas y épicas, todo lo contrario, son más bien minimalistas y sobrias. Como “Kill Her Freak Out”, que abre el disco de la forma más oscura posible. O esa “Pink Balloon” compuesta a medias con Christian Lee Hutson en la que apenas oímos su voz y una guitarra de lo más tímida. Luego sí es cierto que hay baladas un poco más directas, como es el caso de “To Me It Was”, que cuenta con un toque setentero de lo más dulce. O “Dream Song”, que te arropa con una guitarra de lo más ensoñadora. Aunque lo mejor de este tipo de canciones llega con “Sea Lions”, que empieza de la forma más minimalista, y estalla a mitad de canción para irse a la pista de baile.

7,4

R. Ring – War Poems, We Rested

¿Echáis de menos a las primeras The Breeders? Porque, sí es así, estáis de enhorabuena. Ha vuelto R. Ring, el dúo formado por Kelley Deal, que ya sabéis todos quién es, y Mike Montgomery de la banda Ampline. Y lo han hecho con un segundo trabajo que cuenta con un claro sonido noventero que recuerda bastante a ese grupo del que Deal forma parte. Y digo que forma parte porque no hace tanto que sacaron su último álbum. Aunque sí es cierto que desde 2020 acompaña a Protomartyr en sus giras.

War Poems, We Rested’ se concibió al igual que su primer trabajo. Es decir, de una forma casera y con la ayuda de varios amigos y amigas. Pero ninguno de ellos se esperaba que una pandemia parara el mundo, así que lo dejaron un poco aparcado y siguieron con sus otros proyectos -Deal girando con The Breeders y Protomartyr, y Montgomery con su estudio de grabación-. Hasta que no hace mucho decidieron retomarlo y darle una nueva vuelta. Y hay que decir que, no sé si será porque han estado activos durante todo este tiempo, pero el disco suena de maravilla. Porque, aunque sea un poco minimalista, han logrado dar con un sonido de lo más compacto. Algo de lo que tiene buena parte de culpa la batería de Laura King, que lleva la voz cantante en muchas de las canciones.

El disco se abre con “Still Life”, un tema en el que no pueden negar la influencia de ese sonido Breeders que comentaba más arriba. Incluso se podría decir que tiene un cierto toque Pixies por su lado más oscuro y pesimista. De hecho, lo primero que canta Deal es “all I want is a cigarette and someone to pay the rent”. Dejando las cosas bien claras desde el principio. Lo bueno es que no tiran mucho hacia ese sonido y prefieren irse hacia un lado más dulce que, a mí, me recuerda un poco a The Amps, ese grupo que se montó su hermana Kim allá por el 95. Algo que resulta evidente en cortes tan directos como “Hug” y “Cartoon Heart / Build Me a Question”. Aunque la segunda también tiene un lado surf que es una pasada.

R. Ring se tienen muy bien aprendido el sonido de los noventa, que para algo formaron parte de él. Y hay que decir que saben como llevar a buen puerto temas que son un tanto menos directos. Es el caso de “Stole Eye”, un corte algo más oscuro y sucio que, sin embargo, llega muy arriba gracias a esa batería que lo envuelve todo. Una batería que también apaña bastante “Def Sup”, a la que le falta un pequeño punto más melódico y le sobra tanta guitarra estridente. Afortunadamente, hay otros temas como “Likeable” y “Volunteer” en los que se preocupan un poco más por su lado más melódico. Y bueno, luego tenemos los cortes en los que apenas se apoyan en un teclado, como “Exit Music” y “Embers on a Sleepwalk”, que no me dicen mucho, pero que la verdad es que tampoco estorban.

7,6

JW Francis – Dream House

JW Francis es uno de esos artistas de bedroom-pop que, poco a poco, ha ido puliendo su sonido hasta hacerlo bastante más limpio y asimilable. Y es que, este músico de Nueva York, que empezó su carrera hace relativamente poco tiempo -su primer single se publicó a finales de 2018-, se distanció del característico sonido del bedroom-pop desde muy pronto. Casi desde el primer momento se pudo ver que lo suyo era algo bastante más pop y animado. De hecho, si echáis un pequeño repaso a su discografía, que es un tanto extensa para el poco tiempo que lleva en esto, veréis que es más festiva, cálida, e incluso bailable. Aunque bueno, con que le deis una escucha a su nuevo trabajo, ya vale.

En realidad, este ‘Dream House’ es un álbum que tiene grabado desde hace más de dos años. Incluso antes de ‘Wanderkid’, el que, hasta ahora, era su último álbum. Y es que estamos ante un trabajo que nace de una idea. Durante varios años, JW Francis ha aceptado peticiones de sus seguidores para crear canciones de amor por San Valentín. Algo que tuvo que dejar de hacer, porque se le acabaron acumulando hasta 300 de esas peticiones. Pero antes, recopiló unas cuantas de ellas, tuneó algunas para hacerlas más personales, dejó otras tal y como estaban, y se hizo con el que es su disco de amor.

Una de las cosas que más me gustan de este trabajo es ese sonido algo retro que tiene. Lo metemos en el carro del carro del bedroom-pop y el indie-pop, pero lo cierto es que su propuesta se acerca bastante a la new-wave setentera. Es más, diría que hay muchos temas que tienen un claro sonido neoyorquino. Es el caso de la estupenda “Going Home to a Party” que abre el disco yéndose al lado más bailongo de esa etiqueta. Y no puede ser más deliciosa. O esa maravilla llamada “Swooning” en la que da un poco de protagonismo a los teclados. De hecho, me atrevería a decir que es una canción por la que los Strokes matarían. Además de ese lado más rock que aparece en “Keep It Cool, Steve” o “I Wanna Be Your Basketball”, donde cuenta con la ayuda de la cantante Margaux Bouchegnies.

También sabe como facturar grandes canciones pop llenas de teclados envolventes y guitarras que llenas de luminosidad. Además, cuando se hace con un ritmo endiablado, como en el caso de “Casino”, ya resulta de lo más infalible. Lo que sí que no me va mucho es que cuando pisa el freno y se deja llevar por ese sonido un tanto perezoso a lo Mac DeMarco del que estoy absolutamente saturado. Y no es que se pueda decir que “Dream House” o “Dream Big” sean malas canciones, pero sí que me resultan muy poco atractivas. Me quedo con el pop más esplendoroso que aparece en “Sweet as a Rose”, la cual cierra el álbum dejándonos muy buenas sensaciones.

7,7

The Tubs – Dead Meat

Hacía tiempo que no esperaba tanto un álbum de debut como he esperado este de The Tubs. Desde que los descubrí el año pasado con la primera muestra que nos enseñaron de este trabajo, no he parado de escuchar lo poco que tenían editado, que básicamente era un EP de cuatro canciones. Y los siguientes singles que han ido sacando no han hecho más que alimentar el hype. Aunque hay que decir que no estamos ante unos recién llegados, porque Owen ‘O’ Williams y George ‘GN’ Nicholls, militaban en los estupendos Joanna Gruesome, una banda que se disolvió hace ya unos años, pero de la que han salido varios satélites. Entre ellos, Ex Void, de la que también forma parte ‘O’ Williams. Es más, Alanna McArdle, la que es su compañera de banda, pone la voz a varias de las canciones de este álbum.

Según los miembros de la banda, ‘Dead Meat’ es un disco inspirado en el post-punk, el folk británico y el indie-rock de las antípodas, tanto el retro como el moderno. Y lo cierto es que hay un poco de todo eso, pero también unas cuantas cosas más. Y ahí es donde reside su encanto. Porque, lo cierto es que, aunque tiren de un sonido algo retro, les ha quedado un trabajo de lo más fresco. Además, tengo que decir que, escuchándolo, me han venido a la cabeza los primeros R.E.M., los Hüsker Dü más poperos, y buena parte de las bandas que sonaban en las radios universitarias norteamericanas de los ochenta. Y eso siempre es una buena noticia.

The Tubs no se complican la vida y van directos al grano nada más empezar. Es más, no les queda más remedio que hacerlo así, porque han condensado nueve canciones en 26 minutos. Y nada mejor para abrir que “Illusion. Pt. II”, la que es la segunda parte de la canción que abría su EP. Aunque realmente son dos temas un tanto distintos. En parte porque, aquí, suenan mucho más vivos y logran que, una vez más, una conjunción de guitarras acústicas con eléctricas, y un ritmo endiablado, funcione a la perfección. Un guion que también siguen en la estupendas “Two Person Love” y “Duped”. O en esa joya llamada “Wretched Lie”, en la que se sacan de la manga un bajo de lo más post-punk, pero en la que, sin duda alguna, gana su faceta más pop. De hecho, como decía antes, hay momentos en los que recuerdan mucho a los primeros R.E.M. Y éste es uno de ellos.

Una de las cosas que me gustan de esta banda es lo bien que fusionan todas sus influencias. Y el mejor ejemplo de esto lo tenemos en “Sniveller”, la canción con la que me engancharon a su música. Aquí, se dejan llevar por una repetitiva guitarra a lo Television -qué pena me ha dado la muerte de Tom Verlaine este fin de semana-, la cual, sin embargo, se endurece en el puente, y se convierte en dulzura en su estribillo, que es de lo más pop. Y luego tenemos “That’s Fine”, en la que supongo que se puede ver esa influencia confesada de The Jam en su velocidad, pero que, al mezclarla con sonidos más americanos, se convierte en una canción por la que Bob Mould daría su brazo derecho. Algo que también se puede decir de la vibrante “Round The Bend”. Y es que todo el disco es maravilloso.

8,3

Spice World – There’s No “I” In The Spice World

Parece que las bandas australianas han empezado el año fuerte. Y es que, si ayer os dejé del debut de los estupendos Teen Angst, hoy le toca a Spice World, otro de los grupos de la escena de Perth. Aunque eso sí, vía Madrid, porque han editado este disco en el sello Meritorio. Y no, aunque se llamen como aquel truño de película que hicieron las Spice Girls, no tienen nada que ver con ellas. Lo suyo se va directamente al indie-pop más rustico y algo escacharrado. Lo que hace que su propuesta resulte de lo más deliciosa y encantadora por ese toque amateur que tiene.

Spice World acaban de cumplir dos años de vida. Formados a principio de 2021, su idea principal era hacer un concierto de una noche antes de que Julia, su batería, se marchara de la ciudad. Pero les fue bastante bien, lo que hizo que continuaran haciendo alguna fecha en formato trio, y que se plantearan grabar algunas de sus canciones. Algo que hicieron en las navidades de 2021, cuando Julia regreso a Perth para pasar las fiestas. Y lo más increíble de todo, es que, sin tener apenas conocimientos de grabación, se montaron un estudio en la casa que comparten unos cuantos de ellos y terminaron el disco en cinco horas.

There’s No “I” In The Spice World’ es un disco que podemos meter dentro de ese indie-pop juguetón al que nos tienen acostumbrados las bandas australianas. Pero lo cierto es que van mucho más allá. Es más, el disco se abre con “What A Pity What A Shame”, una delicia de más de cinco minutos en la que no hay batería, y en la que se dejan llevar por una guitarra acústica de lo más tranquila. Incluso lo podríamos calificar de folk. Algo que también se pueden decir de la estupenda “Trouble”. Aunque eso sí, aquí la pasan por el filtro slowcore y se acercan un poco a Galaxie 500 -la voz de su cantante se asemeja bastante a la del primer Dean Wareham-. Un sonido del que también tiran en “Mountain Pony 20”, que es absolutamente irresistible.

Si son capaces de llevar al mejor camino sus canciones más reposadas y menos directas, ya os podéis imaginar de lo que pueden hacer acelerando su sección rítmica y dejando que las guitarras brillen. Como muestra, tenemos esa “Decorated Boy Scout” que va a toda leche, y en la que fusionan de maravilla las acústicas y las eléctricas. Además de sacarse de la manga una melodía y un estribillo redondos. O la juguetona “Time Time Turn Around”, en la que solo necesitan un minuto para hacer un hit. Y para terminar a lo grande, nos dejan “Dying To Go”, en la que pisan un poco el freno, pero en la que se dejan llevar por un indie-pop absolutamente pegadizo y delicioso.

7,8

Teen Angst – Barn Sour

Llevábamos casi un mes de 2023 y todavía no ha caído por aquí un disco australiano. Pero no pasa nada, porque aquí están Teen Angst para ponerle remedio a esto. Además, lo hacen a lo grande, porque su propuesta no puede sonar más a las antípodas. Este cuarteo de Perth, que califica sus canciones de «antisociales y ensoñadoras», se regodea en todo ese sonido jangle que surgió a principio de los ochenta en la otra parte del mundo. Y sí, ya sé que cada año salen un buen montón de trabajos de este palo, pero cuando se hace bien, como es el caso, se disfrutan al máximo.

Barn Sour’ es su álbum de debut, pero no estamos ante unos recién llegados, porque ya tenían publicado un mini-LP de siete canciones y algún que otro single. Lo que sí se puede decir es que es un nuevo comienzo para la banda. O por lo menos una nueva etapa en la que han pulido y domesticado su sonido. Y es que, en sus primeras canciones, se dejaban llevar por un sonido más lo-fi. Además, sus guitarras sonaban más agresivas, e incluso algo punk algunas ocasiones. Algo que aquí brilla por su ausencia, porque ahora apuestan por la limpieza de esas guitarras, y por un ritmo de lo más juguetón. Y también hay que mencionar el clásico juego de voces chico-chica. Así que se puede decir que estamos ante un clásico álbum de jangle-pop.

Las canciones de Teen Angst hablan de cosas cotidianas de la vida, como madurar y dejar la casa de tus padres en la que has vivido toda la vida, regar el césped, o el disgusto que supone comer lo mismo que cenaste la noche anterior. Y lo hacen de la forma más melódica posible y dando en la diana constantemente. De hecho, creo que se puede decir que estamos ante uno de esos trabajos en los que es difícil destacar canciones porque todas merecen la pena. Pero bueno, sí puede que haya alguna que sea más directa, como es el caso de las eufóricas “Leaving Home” o “Home In A Minute”. O bien que se les dan esos cortes que se van hacia un pop algo más perezoso, como los estupendos “Water The Garden” y “Stan”.

Otra cosa que me gusta de este disco es que, de vez en cuando, se salen un poco del guion. Aunque no mucho. Pero el caso es que sí que meten un pequeño toque country en las guitarras de “Leftovers”, que es una autentica delicia. O de repente dejan que un teclado brille más de lo habitual para entregar todo un hit como es “Kissless Virgin”. Además de volver un poco a ese indie-pop algo más sucio en “Asleep”, que casi podría ser una vieja canción de Talulah Gosh. Incluso son capaces de acabar el disco con un tema como “Barn Sour”, que rezuma una buena dosis de sonido puramente americano y cuenta con dos minutos finales en los que cambia de tercio y se convierte en una canción de un Lou Reed con influencias country.

8

Lauds – Imitation Life

No sé qué haría yo sin todos estos discos de indie-pop ensoñador que van saliendo a lo largo del año. Porque, a pesar de que no descubren nada que no hayamos escuchado ya, entran de maravilla y te dejan muy buen sabor de boca. Es el caso del debut de Lauds, una banda de Carolina del Norte que descubrí hace unos días gracias a Rafa, uno de los mejores tuieteros musicales de este país. O por lo menos uno de los que recomienda mejor música. Y es que, estos chicos, que apenas llevan un lustro tocando juntos, se adaptan de maravilla a ese sonido tan de otra época y, en el fondo, tan británico. Y no es que lo diga yo, si nos fijamos en su biografía, veremos que mencionan a bandas como The Cure, Ride, Slowdive, o The Chameleons.

Imitation Life’ llega tras un par de EPs y algún que otro single. Es más, algunas de sus viejas canciones, como “CeeDee Lamb” y “Rust”, también aparecen por aquí. Pero lo cierto es que funciona perfectamente como álbum de debut. Y es que, sus ganas de irse hacia diferentes caminos hacen que no estemos ante un disco plano. Porque sí es cierto que la base es ese indie-pop lleno de guitarras luminosas y ensoñadoras -llevan dos guitarras solistas-. Pero también saben cuando oscurecer un poco su sonido e irse hacia mundos un poco más post-punk. Ahí está la ya mencionada “CeeDee Lamb”, donde yo veo una notable influencia de DIIV. O esa “Wait”, en la que ensucian sus guitarras y pisan el acelerador al máximo. Aunque eso sí, sin olvidarse de darle un toque de lo más melódico.

Lauds manejan de maravilla las escalas de guitaras cristalinas y llenas de melancolía. Es algo que se puede apreciar nada más empezar con la estupenda “Parallel”, donde se dejan llevar por un sonido de lo más ensoñador. Algo a lo que también recurren en “Misplace a Night”, el precioso tema que cierra el álbum. Pero, entre uno y otro, nos encontramos con una estupenda colección de canciones que, por norma general, son mucho más pop. Ahí la ultra pegadiza y vibrante “Someshow”, donde llenan su propuesta de efusividad. O esa “24” marcada por un teclado de lo más melódico. Además de acercamientos al indie-pop más juguetón en la estupenda “Don’t Mind” y “Distant Images”. Una canción en la que, por cierto, cuentan con la colaboración de un tal Dulce Hombre, un artista que no conocía, y desde ya, os animo a descubrir.

El álbum de debut de Lauds tiene buenas canciones, un sonido vibrante que enriquece sus guitarras llenas de belleza y ensueño, y algunos cuantos estribillos memorables, así que creo que puedo decir que estamos ante uno de los debuts más interesantes de este recién comenzado 2023.

7.9

The Murder Capital – Gigi’s Recovery

No puedo evitar reírme como un poseso cada vez que escucho eso de que el rock está muerto. Sobre todo, cuando cada vez hay más bandas relativamente nuevas haciendo cosas realmente interesantes con una guitarra, un bajo, y una batería. Es el caso de The Murder Capital, un grupo de Dublín que, en 2019, tuvo cierta repercusión con su álbum de debut, y que ahora entrega su continuación. Y ojo, porque ya he visto artículos y críticas de esto trabajo que rebosan entusiasmo. Es más, en unas cuantas de ellas ya hablan de uno de los discos de este 2023. Y lo cierto es que no puede llevarles la contraria.

Viniendo de Dublín y acercándose bastante a los sonidos post-punk, es bastante normal que salgan las comparaciones con Fontaines D.C. Pero lo cierto es que empezaron prácticamente a la vez, lo que pasa es que los de Grian Chatten han tenido un ascenso brutal en un periodo muy corto de tiempo. Además, la propuesta de The Murder Capital va mucho más allá. Para empezar, rezuman bastante más tristeza y sus canciones se expanden hacia otros sonidos. De hecho, las primeras maquetas de este ‘Gigi’s Recovery’ se rechazaron porque eran demasiado tristes. Y luego resulta evidente que aquí hay bastante más ganas de jugar con las texturas de las canciones y no irse hacia el post-punk más clásico. Además, el sonido que les ha sacado John Congleton, su productor, es mucho más expansivo.

The Murder Capital han sido muy listos con la secuencia de este segundo trabajo. De primeras, y tras esa intro que es “Existence”, nos encontramos con “Crying” y “Return My Head”, dos de los temas más directos del álbum. Y eso que, a pesar de compartir la intensidad que sobrevuela a lo largo de todo el disco, son bastante diferentes. La primera, es una de esas canciones que van subiendo poco a poco y que acaban con esa intensidad saliendo a borbotones. Sin embargo, en la segunda, van directos al grano y entregan un pepinazo de lo más potente. Aunque lo cierto es que, éste, no es el sonido más representativo del álbum, prefieren que las canciones se vayan cociendo a fuego lento, como es el caso de las estupenda “Ethel”.

Creo que lo mejor del álbum es cuando no se van a lo más evidente.  Es el caso de “The Stars Will Leave Their Stage”, que empieza con un teclado de lo más tímido, pero que va subiendo potencia a lo largo de sus casi cinco minutos y estalla en su parte final. Además, resulta increíble como entra esa batería de vez en cuando. O de “A Thousand Lives”, donde aceleran su base rítmica y se dejan llevar por un sonido bastante cercano a los Radiohead de ‘In Rainbows’. Además de ese lado más pop, y casi ochentero, que presenta “We Had To Disappear”, que es una de las joyas del disco. Y ojo, porque en “Only Good Things”, nos dejan un tema que bien podríamos calificar de alegre. De hecho, es el single principal del álbum, y hay que reconocer que tiene alma de hit.

8