Traceyanne & Danny – Traceyanne & Danny

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La triste muerte de Carey Lander, teclista de Camera Obscura, dejó a la banda en una especie de descanso indefinido que no sabemos si van a romper algún día. De momento, Traceyanne Campbell, la que es su principal vocalista, se ha montado un nuevo proyecto junto a Danny Coughlan (Crybaby), el cual han llamado, muy originalmente, Tracyanne & Danny. Su álbum de debut, producido por Edwyn Collins y Sean Red, se publicó el pasado viernes, y ya se ha convertido en un firme candidato al disco más bonito del año. Ya no solo por la inconfundible voz de Campbell, también por ese sonido indie-folk tan de la Inglaterra de finales de los ochenta que han recuperado. Y es que, teniendo a un miembro de Orange Juice y a otro de Dexys Midnight Runners a la producción, no podía ser de otra manera.

Traceyanne & Danny” se abre con ‘Home & Dry’, una deliciosa canción que no puede sonar más a Camera Obscura. Cuenta con un aire sixties y con unas trompetas y una flauta que te dejan noqueado. Instrumentos que aparecen asiduamente en prácticamente todo el álbum. Como es el caso de la siguiente canción, la maravillosa ‘It Can’t Be Love Unless It Hurt’, donde se marcan un dúo que ya quisieran para ellos She & Him u otros grupos que tiran de estos sonidos tan clásicos. Y es que, al ser un dúo de cantantes, se van robando el protagonismo a lo largo de todo el álbum, lo que hace que sea mucho más ameno.

Podríamos pensar que los mejores temas siempre llegan de la mano de Campbell, pero hay que reconocer que Coughlan también sabe lo que se hace. Solo hay que escuchar esa ‘Jacqueline’, en la que casi se van a los cincuenta norteamericanos, y en la que él lleva la voz cantante. Aunque, cuando ella se queda sola, se saca de la manga la spectoriana ‘The Honeymooners’, que es otra delicia. Pero claro, lo mejor es cuando lo hacen a pachas y nos dejan temas tan buenos como ‘Alabama’, el cual está dedicado a Lander, y a esas giras que hacían juntas. Además, al final podemos escuchar la reconocible voz de Edwyn Collins. Y luego están las poperas ‘Anybody Else’ y ‘Cellophane Girl’, en las que se animan un poco más y nos dejan un par de himnos de puro pop británico.

Lo dicho, pocos discos tan bonitos como éste vais a escuchar este año.

8

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Hatchie – Sugar & Spice EP

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Meter en una batidora a Cocteau Twins, Carly Rae Jepsen y Sky Ferreira, y que te salgan las cosas bien, parece una tarea difícil, pero la australiana Hatchie lo ha logrado. Su pop, que empezó siendo más ensoñador, se ha ido convirtiendo en más luminoso a medida que ha ido sacando singles, y la verdad es que ha dado completamente en el clavo.

Sugar & Spice” es su EP de debut, y en él no hay nada que sobre. Sus 19 minutos de duración son una lección magistral de cómo hacer pop sin complejos. Está acertada tanto en los temas más ensoñadores, como es el caso de ‘Sure’ y ‘Try’, que son puro Cocteau Twins (Robin Guthrie ha hecho un remix de la primera), como en los temas más luminosos, que es donde entran ‘Sleep’ y el tema titular. Estas dos últimas son absolutamente deliciosas, y esos teclados tan potentes de la primera me tienen hipnotizado. Aunque la fuerza de las guitarras y el pedazo de estribillo que nos encontramos en la segunda, no se quedan atrás.

No contenta con manejar estupendamente esas dos facetas, todavía le queda tiempo en este Ep para presentarnos otra. Y es que, con ‘Bad Guy’, cierra el EP de una forma tranquila, dejándonos una balada más delicada, donde el tono ensoñador sigue estando ahí, pero donde claramente hay una visión más mainstream. Y no pasa nada, porque también lo hace estupendamente.

Creo que no me equivoco si digo que Hatchie va a ser una de las reinas del pop de este año. Solo por este cinco pedazo de canciones que ha sacado, ya se lo merece.

8,7

Chvrches – Love Is Dead

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El que avisa no es traidor, y Chvrches llevan meses diciendo que su nuevo trabajo iba a ser mucho más pop. Lo que ahora está por ver es si ese acercamiento a mundos más pop les sienta bien, y ahí es donde empiezan los problemas. Uno de los aciertos de la banda escocesa era eso tono oscuro que tenía su pop electrónico, el cual les emparentaba directamente con los de Depeche Mode de los ochenta, y que aquí está en clara desventaja. Lo bueno es que no han perdido su toque para dar con una buena melodía y un buen estribillo. Pero claro, ahora suenan más impersonales que nunca, y en lugar de estar ante un disco de Chvrches, parece que estamos ante uno de Carly Rae Jepsen. Y oye, la Jepsen me gusta, pero no quiero que los de Glasgow tiren hacia ese camino.

La gran mayoría de las canciones de “Love Is Dead” son notables, pero tienen un problema: todas suenan prácticamente igual. Es más, Lauren Mayberry repite las palabras “Ever” y “Never” constantemente. Canciones como ‘Graffiti’, ‘Deliverance’, ‘Forever’ o ‘Graves’, entran de buenas a primeras, pero también tienen pinta de que su paso por la cabeza del oyente es fugaz. Y luego tenemos una canción como ‘Miracle’, que empieza bien, como una canción suya de antaño, pero que se jode cuando entra ese estribillo lleno de coros épicos. No, lo de sonar como Imagine Dragons no es una buena idea.

Al final, como muchos nos temíamos, lo mejor son los singles de adelanto. O lo por lo menos son los que cuentan con un sonido más personal. Y es que, aunque ‘Get Out’ no deja de ser una canción muy pop, contiene unos teclados sucios que le dan un toque diferente. Y luego tenemos ese dúo junto a Matt Berninger de The National, que la verdad es que es bien bonito. Al igual que ‘Never Say Die’, que cuenta con una buena dosis de teclados contundentes y un sonido más duro. Junto a ellas, tengo que meter ‘Heaven/Hell’ y ‘God’s Plan’, que son dos canciones muy diferentes. La primera, curiosamente, es la canción más pop y menos electrónica de todo el disco, pero les ha quedado redonda. Todo gracias a su falta de excesos. Sin embargo, en la segunda, nos encontramos con el tema más bailable de todo el disco. Además, canta Martin Doherty, que siempre pone un tono más oscuro a las canciones. Por cierto, yo diría que han metido un sampler del ‘Falling’ de Julee Cruise, la canción de Twin Peaks. Tras ellas, ya está todo el pescado vendido, porque esa balada llamada ‘Really Gone’ no dice nada, y ‘Wonderland’, con la que cierran el álbum, solo funciona cuando se acelera un poco.

No sé muy bien si es que están buscando otro tipo de público más mainstream, pero por el camino han cometido algunos errores y se han dejado parte de su personalidad. Eso sí, siguen siendo infalibles a la hora de hacer una canción pop. Por eso merece la pena seguir con ellos.

7,4

Virginia Wing – Ecstatic Arrow

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Cada día cuesta un poco más ser algo original y hacer música diferente. Todo el pop comercial suena igual, el indie se ha quedado estancado en sus años de gloria, y resulta fácil escuchar una de hora de r&b sin que te des cuenta de cuando acaba una canción y empieza la siguiente. Por eso, resulta de lo más gratificante encontrarse un grupo como Virginia Wing que, dentro de lo que podríamos llamar synth-pop, cuenta con un registro muy amplio en el que también cabe el jazz, el rock y algún sonido más experimental. Lo bueno, es que manejan muy buen ese collage de influencias y todas las piezas terminan encajando.

Ecstatic Arrow” es su tercer trabajo, y el segundo como dúo después de la marcha de uno de sus miembros fundadores. En él condensan todos los sonidos que encontrábamos en sus dos primeros álbumes, creando así la fusión perfecta entre sonidos electrónicos, guitarras y experimentación. Las comparaciones con Lush que obtuvieron con su primer disco, ya no están a la orden del día. Sin embargo, las de Stereolab y Broadcast siguen ahí. Esas influencias se aprecian en las iniciales ‘Be Released’ y ‘The Second Shift’, que son absolutamente maravillosas. De hecho, en la segunda, con ese saxo imponente, también aparece esa influencia del jazz que comentaba más arriba. Algo que también se aprecia en ‘Eight Hours Don’t Make A Day’, donde se ponen un poco más alegres y luminosos.

Su faceta más bailonga también es de lo más destacable. Temas como ‘Glorious Idea’ y ‘Season Reversed’ suenan de maravilla y, una vez más, no resultan nada evidentes. Como tampoco resultan evidentes su inmersión en el synth-pop de la mano de las ensoñadoras ‘The Female Genius’ y ‘Pale Burnt Lake’ y de la esperanzadora ‘A Sister’. Quizá, aunque tampoco están nada mal, lo que peor les sienta es ponerse excesivamente misteriosos y oscuros, como es el caso de ‘Relativity’ y de la reposada ‘For Every Window There’s a Cuartain’. Por cierto, en esta última, cuentan con un cierto aire a Beach House, pero la idea de darle importancia al saxo hace que no resulte tan obvia.

Ojo con el tercer trabajo del dúo de Londres, que puede dar la campanada y convertirse en uno de los discos de este 2018.

8

Eternal Summers – Every Day It Feels Like I’m Dying…

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Eternal Summers llevan una década editando discos que no bajan del notable, pero también es cierto que no cuentan con ninguno que sobresalga especialmente. Han estado acomodados en esa especia de zona de confort todos estos años, pero, tras escuchar su nuevo trabajo, parece que quieren salir de ahí. Estamos ante un disco mucho más delicado y, por extensión, mucho más pop. El indie-rock noventero a lo Throwing Muses ya no es el protagonista absoluto, ahora prefieren dar a sus canciones de nuevos matices y, de repente, sorprenden metiendo una trompeta o dando más importancia los teclados ensoñadores.

El cambio se aprecia nada más empezar, donde aparece la enérgica ‘Motionless’. Estamos ante un corte limpio, en el que se atreven con unas palmas, y en el que una trompeta (al más puro estilo James) se convierte en la actriz principal. Les ha quedado redonda, y funciona de maravilla para todo lo que viene después. Y es que, tras ella, se van abiertamente al pop de aires sixties en la sedosa ‘New Friend’ y al indie-pop luminoso en ‘Famous Last Words’ y ‘Forever Mine’. De hecho, no creo que sus seguidores más rockeros aprecien mucho estas canciones. Por eso, para ellos, cuentan con ‘Contenders’ (es increíble lo mucho que se parece la voz de la cantante a la de Tanya Donelly), ‘Dying to Know’ y ‘Oblivious’, donde las guitarras sí que rugen.

Los paisajes ensoñadores y envolventes también se dejan ver en este “Every Day It Feels Like I’m Dying…”. Temas como ‘Possibilities’ o ‘Master of it All’, cuentan con ese sonido envolvente del dream-pop, al que, por cierto, ya se acercaron algunas veces en el pasado. Y en ‘All That I Adore’, con la que cierran en álbum, también se van hacia ahí, pero lo hacen de una forma un tanto más cálida. Y es que, al final, parece que su música sí funciona como banda sonora de un verano eterno.

7,4

Stephen Malkmus & The Jicks – Sparkle Hard

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Supongo que, con una carrera en solitario que casi abarca dos décadas, resulta absurdo mencionar a Pavement cada vez que Stephen Malkmus edita un nuevo disco, pero la transcendencia que tuvo su banda en los noventa, y su carisma, el cual fue una de sus señas de identidad, siempre nos recuerdan lo mucho que disfrutamos con ellos en los noventa. Lo bueno es que Malkmus ha sabido crearse un nuevo universo propio y, aunque no siempre acierta, cuando lo hace, es infalible. Su séptimo álbum es de los buenos, de hecho, con él, se está llevando las mejores críticas de su carrera. Además, muy merecidamente.

Sparkle Hard” es un trabajo más coherente y elaborado que su anterior álbum, el cual tenías tres o cuatro canciones estupendas, y mucha morralla. Aquí no solo tenemos esas tres o cuatro canciones redondas, el resto, salvo alguna excepción, también es notable. Está sembrado desde el principio, con esa ‘Cast Off’ tan Bowie con la que abre el disco. Ese rollo más clásico le sienta divinamente, aunque habría que decir que les sienta divinamente, porque aquí los Jicks han hecho un gran trabajo. Solo hay que escuchar esa delicada ‘Solid Silk’, donde meten unos vientos absolutamente sixties, los cuales, por cierto, vuelve a aparecer en ‘Brethren’, que también es deliciosa. Aunque hay que decir que en ella encontramos un deje más Pavement. Algo que resulta más que evidente en ‘Middle America’, donde nos trae de nuevo esa dejadez impostada y se saca de la manga una canción que bien podría ser la hermana gemela de ‘Range Life’. Pero si nos vamos a sonidos más añejos, en los que roza el country, hay destacar la juguetona ‘Refute’, donde se monta un magnifico dúo con Kim Gordon. Y es que, resulta curioso escuchar a la ex Sonic Youth meterse en estos sonidos tan profundamente americanos. Deliciosa.

No os penséis que se ha relajado demasiado y que por aquí las guitarras no rugen. Ahí está la contundente y sucia ‘Shiggy’, que es de lo mejor que ha sacado en su carrera. O esa extraña ‘Rattle’, en la que incluso, y por desgracia, se atreve con un autotune. Y si ya nos vamos a ‘Kite’, nos encontramos con más de seis minutos de buen guitarreo. Pero es en ‘Bike Lane’ donde nos deja la canción más interesante del disco. Este tema, que cuenta con una línea de bajo vibrante, y un sonido cercano al glam, está inspirado en Freddy Gray, el joven afroamericano que en 2015 murió mientras estaba bajo la custodia de la policía de Baltimore. Lo que hace que estemos ante una de las canciones más políticas de Malkmus, y de paso, ante una de las más notables.

Es una gran noticia que Stephen Malkmus vuelva a recuperar el buen estado de forma que perdió en su anterior trabajo. Además, lo hace no repitiéndose y explorando nuevos caminos, lo cual es algo digno de mención viniendo de alguien que lleva tantos años en esto.

7,9

Betacam – Mítico

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Hace poco, en una famosa revista online nacional, leí que, entre otros muchos, Betacam te gustaran si te gustaban Mecano. Pocos días después, el mismo Betacam hizo una versión de ‘Un año más’ en su reciente concierto en las fiestas de San Isidro de Madrid. Así, que esta influencia, que yo no he visto, o no quiero ver, porque es un grupo que odio, debe de ser bastante evidente. El caso es que, el primer álbum en solitario del de Torrelavega, bebe mucho de ese pop electrónico patrio de los ochenta y, quizá, por eso se habla tanto del grupo más famoso de esa época. Pero hay muchas más cosas en “Mítico”, que es una gran colección de canciones.

Pese a ser su álbum de debut, Betacam es una cara conocida dentro el indie español, y ha formado parte de bandas tan conocidas como Templeton, Rusos Blancos y Cosmen Adelaida. Además, su carrera en solitario cuenta con un Ep y varios singles, los cuales acabaron siendo recopilados en “Saca Pecho”. De ahí que uno no tenga la sensación de que no estamos ante un álbum de debut, y sí ante una confirmación en toda regla. Por eso, y porque me ha gustado mucho, voy a repasar las canciones una a una.

Reliquias’: gran parte del álbum gira en torno a la madurez, la vida en pareja y ese tipo de cosas que hacemos cuando los veinte son un recuerdo borroso. La melancolía que desprende la letra, la cual también se deja ver en la parte instrumental, que empieza siendo de lo más reposada y acaba en un éxtasis épico realmente brillante, convierte a esta canción en la idónea para dar el pistoletazo de salida.

Chacal’: bajos contundentes, espídicos ritmos sintéticos, teclados house…’Chacal’ es una de las canciones más potentes del álbum y, por ende, una de las más bailables. De hecho, suena bastante a Fangoria, pero a los Fangoria que disfrutan con los Pet Shop Boys. Además, su letra, llena reproches, es muy de Olvido y Nacho.

La Discusión’: supongo que esa influencia evidente de Mecano está en esta canción, tan sincera y cotidiana. En ella, nos cuenta una pelea entre una pareja que, afortunadamente, tiene un final feliz. Y lo hace dejándonos una balada sintética de lo más emocionante. Quizá, si es cierto que recuerda al trio madrileño, pero no hay que olvidar que, éstos, copiaron todo lo que quisieron y más…

Otras Chavalas’: sin duda alguna, estamos ante el hit del disco. Aquí no hay discusión, le ha salido un tema redondo; de esos que se bailan mientras cantas el estribillo a grito pelado, y uno de esos que emociona. Solo hay que escuchar esa parte final en la que le pone más intensidad al estribillo. Si después de eso no os levantáis de la silla de un brinco, es que algo raro os pasa.

No Más’: después de darlo todo en el anterior tema, cabría la posibilidad de que el disco bajara el nivel, pero no es así. Esta canción pro-cambio de vida llamada ‘No Más’, nos enseña su faceta menos bailable y, se podría decir que, en cuanto a instrumentación se refiere, más convencional. Y la verdad es que también sabe sacarle partido a este rollo.

Ave Rapaz’: volvemos a los ritmos sintéticos más contundentes, pero esta vez están ahí para acompañar a una reposada canción en la que se recupera un amor perdido. Es, sin duda alguna, mi otro tema favorito del disco, y me encanta ese estribillo tan cotidiano arropado por una buena manta de teclados fuertes.

Rey Sol’: sería un error decir que este disco solo vive de los ochenta. Los sonidos del eurobeat de los primeros 90 también se asoman en ‘Rey Sol’, otro corte con el que lanzarse a la pista de baile. Además, en su parte final, cuenta con unos coros femeninos de lo más bonitos. Lo que no sé es de quienes son.

Canoe’: la canción que menos me gusta del disco. Aquí sí que es muy evidente la influencia de Mecano, además, la de los más ñoños, esos que rebosaban azúcar en ‘La Fuerza del Destino’. Se salva porque la letra tiene su punto, y porque siempre mola que una canción se titule como el bingo más famoso de Madrid.

Extraterrestre’: una de las cosas que más me gustan de esta canción, es que cambia totalmente de rollo y se vuelve un tanto más primitivo. Aunque no deja de ser un tema puramente electrónico, esta fábula apocalíptica, cuenta con un ritmo de lo más juguetón y un estribillo a la altura. Además, tiene un punto oscurete que me va bastante.

Cospedal’: no, no os asustéis, Betacam no se nos pone político en la última canción del disco. La referencia a la señora manchega tan solo está en el título y en esa pequeña pulla donde dice “vienen tiempos mejores, dice Cospedal, sabemos que es mentira, pero nos da igual”. Por lo demás, estamos ante un corte algo minimalista, que funciona de maravilla, y en el que el amor vuelve a ser el protagonista.

8,1