Roosevelt – Young Romance

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Una de las cosas que más le criticaron a Roosevelt en su álbum de debut, fue la falta de carisma, y la poca chicha que había en el disco. Y es cierto, si quitabas los singles, y un par de canciones más, aquello se quedaba en una sosería llena de sonidos baleric, chill-wave y todas esas etiquetas que se inventan los medios para describir el pop electrónico de toda la vida. Pero de todo se aprende, y Marius Lauber lo ha hecho. No sé si deberá a que ha estado dos años girando sin parar, pero su segundo trabajo suena más compacto, como si de verdad fuera de una banda con varios miembros y no su proyecto en solitario. Lo que hace que estemos ante un disco mucho más rico y con más matices que su debut.

No es que de repente haya cambiado de estilo, para nada, el pop llevado a la pista de baile sigue siendo su mantra, pero ahora suena mucho mejor. Digamos que lo ha enriquecido un poco más. Así, encontramos algún nuevo ingrediente, como las potentes baterías y las guitarras de ‘Illusions’, que es todo un temazo. O los sonidos más electro y fríos de ‘Take Me Back’ y ‘Getaway’, las cuales abren y cierran, respectivamente, el disco. El resto gira en torno a ese sonido cálido y amable le dio a conocer hace un par de años.

Si hay una cosa que no se le puede negar a Lauber, es que, cuando se pone, sabe lo que es hacer un hit. Y aquí se pone unas cuantas veces. “Young Romance” cuenta con media docena de singles gloriosos, entre los que encontramos la canción perfecta para disfrutar del verano (‘Under the Sun’); la melancolía llevada a la pista de baile (‘Yr Love’ y ‘Losing Touch’), o himnos cálidos que invocan sonidos mucho menos europeos (‘Lucia’). Y es que, parece que esa estupenda versión que hizo del ‘Teardrops’ de Womack and Womack, le ha marcado un poco, porque estos dos temas tienen ese aire.

Donde no vuelve a estar atinado del todo, es en los cortes más reposados. Sigue empeñado en acercarse de vez en cuando al chillwave, y no es su fuerte. ‘Pangea’ y ‘Forgive’, en la que, por cierto, colabora Washed Out, no están mal, pero no terminan de cuajar del todo. Aunque, al menos, son mejores que ‘Better Days’, que es una balada sosa y anodina.

Ha mejorado bastante respecto a su debut, pero todavía le queda un poco para a sacar un disco redondo. De hecho, si le hubiera quitado un par de canciones, estaríamos hablando de un trabajo un poco más interesante.

7,6

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Laurel – Dogviolet

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Laurel forma parte de esta nueva hornada de chicas inglesas que están muy cómodas con una guitarra, haciéndose ellas mismas sus propias producciones, y alejándose del pop mainstream que reina en las listas de ventas. Junto a Nilüfer Yania, que ha sacado alguno de los mejores singles del año, Laurel está consiguiendo bastante reconocimiento entre los críticos de su país. Además, no le ha ido mal con las ventas, demostrando que también hay público para propuestas más rockeras.

La música de esta chica de Londres es áspera, como su voz, que parece que se va a quebrar en cualquier momento. Lo bueno, es que estamos ante un trabajo que, a pesar de contar con un sonido más o menos árido, es muy fácil de escuchar. Y es que, la limpieza de la producción, que es bastante simple, y resalta lo que tiene que resaltar, hace que estas canciones terminen enganchando a la primera. Por eso no resulta complicado enamorarse de ‘Life Worth Living’ y ‘All Star’, que abren el disco con bastante intensidad. Además, si sois de los que disfrutáis de las guitarras limpias y claras de The xx, estas dos canciones os van a encantar. Al igual que las de ‘Hold Tight’, otro de los grandes cortes del álbum.

A pesar de que “Dogviolet” es un trabajo un tanto lineal, hay momentos en los que se sale de la norma. Es el caso de ‘Adored’, donde suena más cruda que en ningún otro momento del disco. Y la verdad es que se le da bien irse hacia ese camino. Al igual que también le funciona ponerse más minimalista en ‘Sun King’ y ‘Lovesick’, donde, salvo en la parte final de la segunda, las baterías brillan por su ausencia. Algo que también pasa en ‘Empty Kisses’, en la que las cambia por una caja de ritmos y se hace con un hit con el que, incluso, se puede bailar. Aunque sea un baile triste y melancólico.

Quizá, le falta un poco de variedad e irse más veces hacia otros sonidos, pero no deja de ser un álbum debut notable y la presentación de una chica que, espero, de mucho que hablar.

7,6

Christine and the Queens – Chris

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Pocas veces se da un caso en la música como el Héloïse Letissier. La artista francesa, más conocida como Christine and the Queens, ha triunfado en todo el mundo haciendo pop en francés –sí, es cierto que luego sacó una versión en inglés de su debut, pero empezó a ser conocida en su idioma natal-, y eso no es nada fácil en un mundo de música en ingles que solo permite alguna concesión al rollo latino. Además, lo hizo con un pop mucho más europeo, el cual estaba bastante lejos de lo que se llevaba, y se lleva, en el mundo de mainstream. Así que sí, lo de la francesa tiene mucho mérito, y es normal que su segundo trabajo haya levantado bastante expectación.

Chris” es un disco bastante sexual, tanto en los textos, como en la música. No llega a ser un álbum conceptual, pero en él, Letissier se ha buscado un alter ego, que no es otra que la Chris del título, a la que define como una chica “caliente, sudorosa e insaciable”. Además de ser una mujer pansexual, como la propia Héloïse. Así, a lo largo del álbum, nos encontramos con un sinfín de referencias sexuales e historias que tienen el sexo como protagonista principal. Y está bien, porque la francesa refleja la sexualidad sin ningún tipo de tabú y con naturalidad, como tiene que ser.

Musicalmente, estamos ante un trabajo que suena a los ochenta, al Prince más pop y a Michael Jackson. Y la verdad es que ha conseguido un sonido de lo más interesante, en el que encontramos una producción llena de matices y detalles. Por eso es fácil meterse a la primera en cortes como ‘Comme si’, ‘Girlfriend’ o ‘Doesn’t matter’, que son tres hits como la copa de un pino. Algo parecido a lo que ocurre con ‘Goya Soda’ y ‘Damn (what must a woman do)’, dos canciones que cuentan con una referencia española. En la primera resulta evidente con tan solo ver el título, y en la segunda la encontramos en el estribillo, donde nos deja un sorprendente “para joderse/para follarse”. Pero los mejores resultados llegan con las canciones más minimalistas. ‘The Walker’ es una estupenda semi-balada que resulta de lo más emocionante, y ‘5 dollars’, con ese final épico, se convierte en lo mejor del disco.

Quizá, palidece un poco al final, ya que, la única pega que se le puede poner, es que es un poco lineal. Además, como una buena francesa, también ha metido la versión del disco en francés, en la que, por cierto, encontramos dos temas extra. Así, que, para lo bueno y para lo malo, estamos ante más de hora y media de música nueva de Christine and the Queens.

7,5

Motorama – Many Nights

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A simple vista, parece que la música de Motorama no ha evolucionado y lleva años estancada, pero no es así. La banda rusa se ha convertido en un valor seguro para los seguidores de los sonidos más oscuros, pero, dentro de ese mundo, se mueven por muchos caminos diferentes. Es más, con el tiempo, han ido suavizando su música y acercándose al pop y a la electrónica, como en su anterior trabajo, el estupendo “Dialogues”. Además, el hecho de que no se vayan hacia lo más evidente, les da unos cuantos puntos extra.

Many Nights” es su quinto álbum, y en él nos encontramos con una colección de canciones un tanto más suave. Las guitarras acústicas están a la orden del día, y aunque también aparecen sus hermanas más cristalinas, hay un gran número de temas en los que la rítmica es una acústica. Es el caso de ‘Homewards’ y ‘Bering Island’, donde entran en juego esos Motorama más acelerados. Pero también aparecen en ‘You & The Others’ y ‘Devoid of Color’, dos temas más reposados y mucho más pop. Aunque, por supuesto, en ellos, también están nos encontramos con teclados y guitarras luminosas, dos de sus ingredientes habituales.

No se han olvidado de su lado más electrónico, y nada más empezar, ya podemos comprobar que no han perdido el tacto para hacer grandes canciones de este tipo. ‘Second Part’ es todo un hit, oscuro, pero a la vez muy esperanzador, y no hay nadie que se pueda resistir a ese estribillo bañado en guitarras cristalinas. Algo que también sucede con ‘Voice from the Choir’ y ‘No More Time’, otros dos de los mejores temas del álbum. Aunque es en ‘This Night’ donde se ponen más electrónicos que de costumbre, y nos dejan un estupendo tema con una la línea de teclado de lo más pegadiza. Y no me olvido de su faceta más nostálgica y triste, la que reflejan en ‘Kissing the Ground’ y ‘He Will Disappear’, que también funcionan bastante bien.

Motorama siguen en su mundo, con sus canciones tristes y oscuras, y lo siguen haciendo muy bien, así que yo no voy a ponerles ninguna pega.

7,6

Suede – The Blue Hour

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Brett Anderson está haciendo una promoción un tanto suicida del nuevo álbum de Suede. En todas las entrevistas que he podido leer, que han sido unas cuantas, menciona que es un disco crudo, difícil de digerir, y sin singles. Además de una obra que está pensada para escuchar del tirón. Algo que, en la época de consumo masivo y rápido en la que vivimos, es todo un riesgo. Pero oye, también dice que su anterior trabajo lo concibió así, y les supuso un éxito de crítica y público. Yo estoy con él al 100%, y creo que ya basta de la dictadura del single y la canción pop de tres minutos. Otra cosa es que el disco me guste más o menos.

Se ha comparado mucho “The Blue Hour” con “Dog Man Star”, la que muchos califican como su obra maestra –yo prefiero su primer trabajo, aunque por poco-, y puede que tengan algo de relación, pero las diferencias son evidentes. Para empezar, éste, incluso, es mucho más oscuro. Y luego, como os podéis imaginar, no hay temazos tan grandes como ‘We Are The Pigs’, ‘New Generation’, o esa impresionante ‘Still Life’ que lo cerraba. Pero esto no significa que sea un mal disco, para nada, pero claro, si lo comparamos con uno de los discos cumbre de los noventa, no hay color.

El octavo disco de Suede es un trabajo lleno guitarras áridas, cuerdas casi cinematográficas, melancolía, y mucha tristeza. Brett Anderson está más dramático que nunca, pero, salvo en contadas ocasiones, como en ‘As One’ y en esa ‘Chalk Circles’, que parece pensada para salir en un capítulo de Juego de Tronos, no está muy excesivo. Es más, su interpretación resulta emocionante en canciones como ‘Mistress’, ‘Beyond the Outskirts’, o ‘Life Is Golden’ y ‘The Invisibles’, dos de sus estupendos singles. Y es que, por mucho que diga que no hay singles, sí que los hay, y muy buenos. Ahí están las desgarradoras ‘Wastelands’ y ‘Cold Hands’, o la potente ‘Don’t Be Afraid If Nobody Loves You’. Las tres representan muy bien a esos Suede crudos y áridos, pero que, a su vez, no se olvidan de una buena melodía y un buen estribillo. Pero, volviendo a su lado más emocionante, hay que mencionar dos canciones que sobresalen del resto. La primera es ‘Tides’, un maravilloso tema que va subiendo de intensidad hasta llegar a un épico final de guitarras y cuerdas. La segunda es ‘Flytipping’, la que no deja de ser su típica canción de cierre, pero, una vez más, lo de epatar al oyente con un final potente y grandilocuente, les vuelve a funcionar.

Con “The Blue Hour”, Suede cierran una trilogía de regreso que no empezó muy bien, pero que termina de una forma muy digna. A ver qué hacen después, porque Brett Anderson ya ha dicho que no quiere repetir un disco tan complicado.

7,8

Jungle – For Ever

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Tengo que reconocer que pasé totalmente del debut de Jungle, y que incluso, su rollo, me cargaba un poco. No entendí la buena acogida que tuvieron por parte del público esas canciones que, para mi gusto, eran bastante normalitas. Afortunadamente, buena parte de la crítica tenía una opinión más o menos parecida a la mía. Y es que, sí, no sonaban mal, pero tampoco eran para tanto. Algo que, más o menos, vuelve a ocurrir en su nuevo trabajo. La mudanza de la lluviosa Inglaterra, a la soleada California, les ha sentado muy bien, y ahora suenan más luminosos y menos fríos que en su debut. Gracias a esto, logran que sus canciones tengan más rollo, y no resulten tan aburridos como en algunos momentos de su primer trabajo.

For Ever” huele a la California de mediados de los setenta, en la que el movimiento hippy había pasado a mejor vida, y el hedonismo de los ochenta todavía no había llegado. Digamos que es la banda sonora perfecta si pasas unos días en una de esas casas tan setenteras de las colinas de Hollywood. No obstante, ellos mismos reconocen que era necesario ese cambio para llegar a este sonido. Por eso no resulta extraño encontrarse con títulos como ‘Heavy, California’ o ‘House in L.A.’. Lo malo, para ellos, es que su estancia en Los Angeles coincidió con el fin una larga relación amorosa, por lo cual, también estamos ante el típico disco post-ruptura, al que han descrito como “una emisora de radio post-apocalíptica tocando canciones de ruptura”.

Musicalmente, estamos ante un trabajo de funk sensual en el que el falsete está a la orden del día. Temas como ‘Beat 54 (All Good Now)’, en la que, por cierto, si se descuidan, acaban haciendo el ‘Let’s Stay Together’ de Al Green, ‘Happy Man’, ‘Casio’, o la ya mencionada ‘Heavy, California’, tienen ese aire pre-disco de mediados de los setenta. Y la verdad es que se les da bastante bien recuperar esos sonidos. También saben lo que se hacen cuando se ponen un poco más étnicos y se sacan de la manga percusiones un tanto tribales, como es el caso de ‘Smile’, que abre el disco con bastante brío. Y tampoco está nada mal su lado más sedoso, en el que entran temas como ‘Cherry’ o ‘Cosurmyne’. Pero no todo brilla en este segundo trabajo, y hay momentos en los que vuelven a repetir algunos de los errores de su debut. Es el caso de ‘Give Over’, donde se van hacia caminos electrónicos más actuales, los cuales no encajan mucho con el resto del álbum. O de algún tema más reposado, como ‘Mama Oh No’ y ‘Home’, que resultan un tanto aburridos.

Han mejorado considerablemente respecto a su debut, pero todavía les queda un poco para ser una banda a la que recordemos dentro de unos años.

7,4

The Chills – Snow Bound

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Ayer mismo, cuando comentaba el nuevo trabajo de The Goon Sax, hablaba de la escena de las antípodas, en la cual tuvo mucha importancia aquello que bautizaron como Dunedin Sound, o si lo preferís, Kiwi-Rock. Y hoy, casualmente, vengo con el nuevo trabajo de The Chills, una de sus bandas más emblemáticas. Los neozelandeses están viviendo una segunda juventud de lo más interesante, como bien demostraron en “Silver Bullets”, el disco con el que hace tres años rompieron un silencio de más de una década. En él, predominaba su faceta más reposada y densa, que solo se veía interrumpida por algún tema más pop, como el genial ‘Aurora Corona’. Todo lo contrario que su nuevo trabajo, en el que nos dejan una perfecta colección de canciones pop.

Snow Bound” es un disco mucho más directo que su predecesor, en el que las canciones tienen una media de duración de tres minutos, y en el que las melodías y los estribillos están a la orden del día. Y es que, han recuperado ese sonido que les llevo a tener un gran éxito en el 90, el estupendo ‘Heavenly Pop Hit’. Quizá, por eso, suene bastante a los R.E.M de esa época, los que se metieron de lleno en el pop con “Green”. No obstante, Michael Stipe ha confesado más de una vez su pasión por el rock neozelandés. Temas como ‘Time To Atone’, ‘Scarred’, ‘Snow Bound’ o ‘In Harmony’, harán las delicias de los seguidores de este sonido. Y la verdad es que son perfectas para los que amamos el pop de guitarras. Además, también saben ponerse un poco más duros, y con ‘Complex’, se sacan de la manga todo un temazo cercano al post-punk, el cual, muy acertadamente, ha sido elegido como single.

También están acertados en su lado más reposado. Porque, parte del álbum, cuenta con un sonido más clásico, en el que incluso se acercan un poco a Bruce Springsteen –‘Eazy Peazy’ no puede sonar más al de New Jersey-. El caso, es que cortes como ‘Bad Sugar’, ‘The Greatest Guide’ o ‘Lord of All I Survey’, son un poco más estándar de lo habitual, pero lo hacen tan bien, que la verdad es que nos da un poco igual.

Desde luego, pocas pegas se le pueden poner a un disco que dura poco más de media hora y que contiene diez canciones llenas de grandes estribillos y buenas melodías. Quizá, la única, que es la más típica, y es que siguen haciendo lo mismo de siempre. Pero oye, más quisieran muchos grupos de su época seguir sonando así de bien.

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