Major Leagues – Good Love

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Para encontrar nuevas bandas de pop interesante, no hay nada como irse hasta Australia o Nueva Zelanda, y buscar en los catálogos de las decenas de sellos que hay en la otra parte del mundo. Solo hay que ver la cantidad de buenos grupos que, recuperando la tradición pop de las antípodas, han salido de allí en la última década (Twerps, The Goon Sax, Blank Realm…). Desde Brisbane, nos llega ahora el debut de Major Leagues, una banda mayoritariamente femenina, que recupera este sonido, pero que también va un poco más allá. Concretamente al indie-pop británico de mediados de los ochenta.

Good Love” es su álbum de debut, pero llevan dando guerra desde 2012, año en el que sacaron su primer single. Desde entonces, han sacado varios singles más y un par de Eps, en los que han ido puliendo su sonido y suavizándolo un poco. Aunque no demasiado, como bien muestran ‘Nono Jojo’ y ‘Holiday’, los dos temas más potentes de este trabajo. Incluso podríamos meter en este carro ‘It Was Always You’, el single principal, y todo un ejemplo de cómo fusionar las melodías pop y las guitarras sucias.

Gran parte del álbum está marcado por un tono más reposado y menos distorsionado. Lo bueno es que no son muy repetitivas. Así, nos encontramos con que abren el disco con la preciosa ‘Swimming Out’, en la que se dejan llevar por las enseñazas de The Clean, The Bats y, por extensión, Pavement (no sé si han cogido su nombre de la canción de estos). Algo que repiten en la juguetona ‘Jaimee and Anna’ y en ‘Special Angel’. Sin embargo, se ponen un poco más oscuras en ‘Curls’, y un poco más punk-pop en ‘Don’t Wanna’, en la que tiran hacia bandas como Heavenly o Black Tambourine. Incluso saben ponerse algo más melosas sin sonar cursis y moñas, como bien demuestran ‘Mess Up’ y ‘Dream Away’.

Pop sin complejos y sin complicaciones: esto es lo que no da esta banda australiana a la que todos deberías darle una oportunidad.

8

All We Are – Sunny Hills

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No sé si os acordáis de All We Are y de su álbum de debut, el cual cayó hace unos años por aquí. En él nos dejaban una delicada colección de canciones cercanas al trip-hop y al dream-pop; una fusión que ellos mismos definían como “unos Bee Gees puestos de diazepan”. Algo que ahora ya da igual, porque, en su segundo trabajo, han cambiado totalmente de estilo, y han endurecido y animado su música. Algo que les hace mucho más interesantes.

Los tres componentes de All We Are son inmigrantes en Reino Unido, y eso es algo que se nota en las letras del álbum. Como es lógico, la situación política actual, tan absurda y racista, del país en el que viven, les ha cabreado bastante. Ahí están ‘Human’ y ‘Animal’, los dos singles del disco, que muestran una agresividad que no aparecía por ningún lado en su álbum de debut. Tanto la una coma la otra, nos muestran una faceta del trío mucho más potente y cruda, en la que las guitarras rugen y los ritmos se aceleran. Sobre todo en la segunda, donde entra en juego la electrónica, y crean uno de los mejores temas de los últimos meses. Además, para presentarlas, han creado una especie de corto, en el que vemos como la especulación pone en guardia a un pequeño pueblo del Reino Unido.

Uno de los puntos fuertes de “Sunny Hills” es el toque post-punk que le han dado a algunos de sus temas. El mejor ejemplo es ‘Burn It All Out’, el corte que lo abre. Aquí nos muestran unas guitarras cristalinas al más puro estilo The Cure, que hacen que nos adentremos de lleno en su lado más oscuro. Un lado que aparece de nuevo tanto en ‘Youth’, como en ‘Waiting’. Eso sí, son dos cortes muy diferentes. La primera es toda una delicia, en la que se fijan en la faceta más ensoñadora y pop de la banda de Robert Smith. Sin embargo, en la segunda, se ponen mucho más crudos y oscuros. Pero no solo de esto viven All We Are, también saben cómo hacer una canción de funk oscuro y sucio como ‘Dance’, o hacer un tema intenso y épico como ‘Punch’, con la que cierran el álbum.

Aunque me gustaba lo que hacían en su primer trabajo, me gusta mucho más este nuevo sonido, así que ha sido un buen cambio.

7,8

Ride – Weather Diaries

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Las comparaciones son odiosas, pero a veces resulta necesario hacerlas. Y es que, este año, hemos vivido el regreso de dos de las bandas más representativas del shoegaze de los primeros noventa. Tanto Slowdive, como Ride, llevaron este estilo musical a lo más alto, pero sus resultados en 2017 son muy diferentes. Mientras que los de Reading se han sacado de la manga un disco brillante, que nada tiene que envidiar a sus mejores trabajos, los de Oxford nos han dejado un disco soso, en el que hay muy pocos temas destacables, y perfectamente olvidable.

Juro que lo he intentado, y que llevo toda la semana dándole escuchas, pero ni con esas. Para empezar, no me gusta la producción de Erol Alkan, que está muy lejos de darles el sonido más actual que esperaban. Todo lo contrario, suena desfasado y tiene un cierto toque britpop que me espanta. Sobre todo en el sonido de las guitarras, que tan solo rugen de verdad en el final del tema que da título al álbum. Bueno, y un poco en ‘Lateral Alice’, en la que intentan, sin éxito, plasmar su faceta más cruda.

Lo peor de “Weather Diaries” está en las canciones, que no llegan a ser redondas. Tienen buenos momentos, pero cuando aciertan en algo, fallan en otro punto. Así, temas como ‘Lannoy Point’ o ‘Charm Assault’, suenan bien, con sus guitarras cristalinas y su deje dream-pop, pero ya, no hay un buen estribillo o una melodía decente que llevarse a los oídos. Y mucho peor es cuando intentan recuperar su faceta más densa y ensoñadora, en la que aburren al más pintando. Ahí está ese coñazo llamado ‘Home is a Feelling’ para demostrarlo.

¿No hay nada bueno en el nuevo disco de Ride? Pues sí, algo bueno sí que hay. Salvo ‘All I Want’, que es un buen single, lo mejor está al final. Ahí es donde aparece la popera ‘Cali’, que es deliciosa (¿su tema veraniego?), la preciosa ‘Impermanence’ o ‘White Sands’, donde se acercan al post-rock.

Supongo que, al hacer gira, se han visto obligados a sacar nuevas canciones, lo cual es todo un detalle, pero se las podían haber currado un poco más.

6,2

Lorde – Melodrama

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Estoy seguro de que unos cuantos de vosotros no esperabais ver este disco por aquí, pero siendo un seguidor del pop bien hecho como soy yo, no podía dejar de hablar de él en el blog. Y es que, a pesar de que apenas escuché un par de veces el debut de la neozelandesa, no he podido resistirme a este “Melodrama”. Todo por culpa de ‘Green Light’, el que fue el primer adelanto, y el que, por ahora, es el mejor tema pop de 2017.

No tiene que ser fácil de llevar la presión que produce el haber sacado tu primer trabajo con 16 años y recibir elogios hasta del mismísimo David Bowie, que dijo de ella que era el futuro de la música. Y es que Lorde no es una artista de pop al uso. Para empezar, lleva un control absoluto de toda su música, que escribe ella sola, sin ayuda de nadie. Aunque sí es cierto que sí se deja aconsejar por sus productores. En este caso, este cometido ha caído en las manos de Jack Antonoff, el líder de Bleachers, que como músico no me dice demasiado, pero como productor sabe muy bien lo que se hace. Luego tenemos el dato de su edad, que es importante. Y es que, no hay que olvidar que tan solo tiene 20 años, y lleva rodeada de fama desde los 15. Y eso es algo que se refleja en este trabajo, que habla de fiestas, bailar y “pedir copas diferentes en los mismos bares”. Es más, ella mismo ha dicho que es un álbum conceptual, que cuenta la historia de una fiesta en una casa, y que es un trabajo sobre estar sola, “con sus partes buenas, y sus partes malas”.

¿Hay mejor forma de empezar una fiesta que con un subidón como el de ‘Green Light’? Pues no. Es imposible resistirse a este tema, a sus pianos house, a su emocionante estribillo, y a su ritmo, que te obliga a bailar, estés donde estés. Además, ha sido muy lista, porque ha hecho un tema de pop bailable sin apenas electrónica, algo inaudito en los tiempos que corren. Donde sí que la electrónica es protagonista, es en ‘Supercut’, el otro corte propiamente dance del disco. Aquí no puede negar la influencia de su amiga Robyn, y nos deja un tema con un beat machacón y cortante, donde, afortunadamente, aparecen de nuevo los pianos house. Una maravilla que, por cierto, cuenta con la colaboración de Jean-Benoît Dunckel, una de las dos mitades de Air.

No todo el álbum tiene el tono desenfadado de los dos temas que comento más arriba. Es más, éstos son la excepción. La Lorde del primer disco, la de las atmosferas oscuras, la de los ritmos atípicos, y la más intimista aparece constantemente. Solo que ahora ha dado con la fórmula para hacer que su música suene más potente y compacta. Temas como ‘Sober’, con su toque étnico y su trompeta, o ‘Homemade Dynamite’, donde se saca de la manga un temazo pop que deja en bragas a gran parte de las divas de la actualidad, son una buena prueba de ello. Pero es en ‘Perfect Places’ donde podemos escuchar lo mejor de esta nueva faceta de cantante pop. Y es que, este corte, que cierra el álbum con un tremendo toque ochentero, es una barbaridad, que bien vale un número uno en las listas más importantes del mundo.

Como ya he dicho, Lorde no es una estrella al uso, y aquí lo demuestra en unos cuantos temas. Canciones como ‘The Louvre’, ese pedazo de baladón llamado ‘Liability’, o ‘Sober II (Melodrama)’, son más esquivas, intimistas y oscuras. Por no hablar de la parte final de ‘Hard Fellings /Loveles’, donde se permite el lujo de hacer un fade-out cortando la canción cuando le viene en gana, como si ya si estuviera aburrida de ella.

No estoy descubriendo América si digo que Lorde tiene un talento fuera de lo normal, y que es más lista que el hambre, pero creo que nadie esperaba un disco tan bueno como este.

8,3

First Hate – A Prayer for the Unemployed

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First Hate son una de las bandas más atractivas de la escena synth-pop nórdica, a la que un día habrá que hacer un repaso, porque es realmente interesante. Junto con Lust For Youth, con los que ha compartido alguna gira que otra, han llevado su pasión por el pop electrónico a toda Europa. Y ojo, que ya están empezando a tener un poco de repercusión en Norteamérica. No es para menos, ya que, su propuesta, está lejos de ser un mero revival de los ochenta, y sus discos están llenos de sonidos muy diferentes.

A Prayer for the Unemployed” es el primer álbum oficial de este dúo de Copenhague, pero también cuentan con un par de Eps, y algún que otro single. En ellos ya se veía que no se iban a quedar estancados en un sonido concreto, y exploraban todas las posibilidades que les da la electrónica. Algo que confirman en este debut. Por aquí hay synth-pop, R&B, techno, pop de raíces caribeñas…Una maraña de estilos que solo tienen una cosa en común: la hipnótica voz de su cantante. Su tono grave y oscuro, más propio de un grupo gótico, es el eje central del disco, y la verdad es que le da un punto más que interesante.

Por mucho que hayan metido unos cuantos interludios a lo largo del disco, estamos ante un trabajo de canciones. Es lo que tienen que sea un álbum tan ecléctico, que al final es difícil encontrar una unidad entre las canciones (salvo la voz). Pero eso da igual si esas canciones son buenas. Y ahí normalmente no fallan. Y es que, aunque empiezan con una ‘Bullets of Dust’ demasiado tranquila y muy poco arriesgada, en seguida nos encontramos con ‘The One’, uno de los momentos más brillantes del disco. Aquí ya nos damos cuenta de lo eclécticos que pueden llegar a ser, en una canción donde meten una armónica, pianos house muy de finales de los ochenta, coros femeninos, y un pequeño toque épico, que hace que estemos ante uno de los grandes temas de este 2017. Más comedidos están en el tema que le da título al álbum, en el que tiran del pop sedoso de los ochenta (aquí recuerdan un poco a Black). Pero inmediatamente después, nos dejan ‘Copenhague’ y ‘Lonely Orbit’, otros dos de los momentos álgidos del disco. En la primera se ponen caribeños para dedicar una bonita, y cálida, carta de amor a su ciudad. Sin embargo, en la segunda, vuelven al synth-pop más épico, para dejarnos un tema con un estribillo memorable. Algo a lo que vuelven un poco más adelante, en la enorme ‘Time to Star Giving’.

La parte final del disco es un tanto más irregular, y cuando se ponen abiertamente techno, no me convencen del todo. ‘Supernumerary’ les ha quedado demasiado minimalista, y ‘A Girl Called Friday’ es un poco más cálida y emocionante, pero con un estribillo interesante sería más molona. Y luego está ‘2 of Us (One Night of Courtship)’, en la que se meten de lleno en el R&B electrónico que practica gente como James Blake. Y la verdad es que no se les da nada mal.

Estamos ante un disco ecléctico, con unos cuantos momentos brillantes, y otros un poco menos interesantes, pero, ante todo, estamos ante un debut inteligente que nos presenta a un grupo tremendamente prometedor.

7,9

Sea Pinks – Watercourse

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Sea Pinks es una de esas bandas que pasan desapercibidas para el gran público, y no creo que nunca lleguen a salir del estatus de grupo indie para minorías en el que están metidos. Es más, hasta yo me he olvidado de ellos alguna vez y me he saltado alguno de sus álbumes. Pero ellos siguen insistiendo y sacando discos como churros. Hacen bien, porque estos tres chicos de Belfast son unos expertos en reivindicar el pop independiente británico de los ochenta, y su nuevo disco es una buena muestra de ello.

Guitarras limpias, ritmos jangle, buenas melodías y estribillos redondos. A “Watercourse” no le falta de nada para convertirse en uno de los discos favoritos de los seguidores del indie-pop de toda la vida. En sus 32 minutos de duración, condesan todas las enseñanzas de esas bandas de principio de los ochenta que sentaron las bases para lo que vino después. Especialmente de The June Brides, su mayor referencia. Hay mucho de ellos en el tema que da título al álbum, en la maravillosa ‘Place She Goes’, o en la pegadiza ‘How Long Must I Be Denied?’. Pero no todo el disco sigue ese camino. También saben cuándo desacelerar y hacer temas delicados como ‘Into Nowhere’ y ‘I Don’t Know What I Would Do (Without You)’, que son dos de los mejores momentos del disco. O meterse de lleno en el C-86 con ‘Water Spirit’. Incluso acaban el álbum con una como ‘Pining Away’, de clara influencia sixties, y donde The Byrds sirven de inspiración.

Lo único que pedimos a Sea Pinks, es que hagan pop sin complejos y sin florituras, y eso es algo que han vuelto a conseguir en “Watercourse”.

7,7

Phoenix – Ti Amo

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Si hay una banda actual sobrevalorada, esa es Phoenix. El grupo francés más internacional (con permiso de Daft Punk), tiene buenas canciones y algún que otro disco notable, pero ya. Sin embargo, sus discos reciben (o recibían) unas notas impresionantes en los medios internacionales más punteros. Su anterior trabajo, el mediocre “Bankrupt!”, en el que intentaron, sin éxito, repetir la jugada de temas como ‘1901’ o ‘Liztomania’, los puso en su sitio y les ha obligado a reciclarse. Algo que les ha venido bastante bien, ya que, se han olvidado de querer agradar, y han hecho el disco que les ha dado la gana.

Ti Amo”, como bien indica su nombre, es el disco italiano de Phoenix, y uno no sabe si tomárselo en serio o no. Es difícil hacerlo cuando en una canción mencionan a Battiato, el gelato, o el Festival de San Remo, pero al final, es tan absurda, que se pasan de rosca y termina resultando simpática. Esa ‘Ti Amo’, que presentaron como segundo adelanto, es de lo mejor del álbum. Al igual que ‘J-Boy’, que es el corte más típico de la banda; ese que siempre hacen bien. Pero lo mejor viene en su parte más italo y más petarda. En la desenfadada ‘Tuttifrutti’, en ese pedazo de balada sintética llamada ‘Fior Di Latte’, o cuando se ponen totalmente ochenteros, como es el caso de ‘Lovelife’ y ‘Telefono’.

Si hay algo característico de los discos de Phoenix, es su irregularidad. Suelen meter toda la carne en el asador en los primeros minutos, y luego bajan el listón una barbaridad. Su sexto álbum no es una excepción, pero sí es cierto que están más acertados que en ocasiones anteriores. Tan solo me parecen aburridas (y algo mediocres) ‘Role Model’ y ‘Via Veneto’. Bueno, y ‘Goodbye Soleil’ tampoco es que sea muy allá. Y eso que la han elegido como tercer adelanto.

Según ellos mismos, este es un disco que habla de las emociones simples y puras (el amor, el deseo, la lujuria y la inocencia), y que recala en el verano y en las discotecas italianas. Quizá, por eso, les ha salido su disco más desenfado y menos pretencioso. Además del más interesante.

7,4