The Pains Of Being Pure At Heart – Hell Ep.

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No me he parado a contar las entradas que he dedicado a The Pains Of Being Pure At Heart en las diferentes etapas de este blog, pero estoy seguro de que es el grupo más veces ha aparecido por aquí. Por eso es la banda más indicada para recuperar la actividad del blog tras unos días de descanso. Ya sabéis lo prolíficos que son, y lo mucho que disfrutan sacando singles y Eps entre álbum y álbum. El último se llama Hell, y está compuesto por un tema nuevo, y dos versiones. Algo raro en ellos, ya que no suelen grabar muchas canciones de otros artistas.

Hell nació hace unos meses por pura casualidad. En un principio, Kip Berman, que ya sabéis que es la cabeza pensante de la banda, no tenía ninguna intención de sacar este Ep, pero la buena acogida de unas maquetas caseras que subió a su soundcloud, le hizo cambiar de opinión. De esas maquetas, solo ha regrabado en el estudio Hell, lo que es una pena, ya que A Light, la otra canción que subió, también tenía muchas posibilidades. Pero bueno, es cierto que Hell es un corte mucho más directo, y todo un hit. Berman está muy cómodo tirando del indie-pop británico de principio de los ochenta, algo que ya nos dejó ver en su último trabajo, el fantástico Days of Abandon, y que aquí lo vuelve a dejar claro. No puede negar que el tema casi es un homenaje a Orange Juice, una canción realmente contagiosa, con la que incluso podemos echarnos unos bailes. Otro hit más para la saca.

Con las versiones aciertan al 50%. Aprueban con nota con su revisión del Ballad Of The Band de Felt, la cual no cambian prácticamente nada, pero sí que le dan un sonido un poco más actual. Sin embargo, su cover del Laid de James les ha quedado un tanto descafeinada y algo sosa. Además, nos es un tema fácil de cantar, y Jen Goma no da la talla. Y es que, Tim Booth es muy grande, y nos fácil imitar los alaridos que mete en esta canción.

Hell es un Ep que está bien, una curiosidad entre disco y disco para que no nos olvidemos de ellos. Eso sí, se podrían haber estirado un poco y meter un tema más.

7,5

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The Chills – Silver Bullets

the chills

Han pasado diecinueve años desde el último Lp de The Chills, y once desde su último Ep con canciones nuevas. Es mucho tiempo para un grupo de culto como el neozelandés, uno de los grandes exponentes de eso que en los ochenta se llamó Dunedin-Pop; ese estilo que en los últimos años ha sido una gran influencia para muchas bandas actuales. Se podría decir que es el momento propicio para demostrar que siguen estando ahí, y que siguen siendo capaces de sacar discos notables. Bueno, sigue siendo capaz, porque el único miembro que queda de la formación original es Martin Phillips, que lleva solo al frente de ella desde mediados de los noventa.

Silver Bullets no es un disco fácil, ya que Phillips no ha querido irse a lo simple. Podría haber hecho un trabajo con once canciones de pop atemporal y pegadizo, de las que hay varias muestras, pero también hay algunos temas más esquivos. Uno de ellos es Warm Waveform, un corte relajado, un poco dream-pop, en el que deja el protagonismo a una guitarra con una buena dosis de reverb. Lo curioso de esta canción, que es una delicia, es que no es nada comercial, pero ha sido uno de los singles de adelanto del álbum. Pero la gran rareza del disco es Pyramid – When the Poor Can Reach the Moon, un tema dividido en dos partes (una más oscura, y otra más pop), que cuesta un poco al principio, pero que se le va pillando el gustillo con las sucesivas escuchas. Gracias, sobre todo, a esa segunda parte pop, que es absolutamente deliciosa.

Lo mejor del álbum viene cuando Phillips pisa el acelerador y se entrega por completo al estribillo y a la melodía. Ahí es cuando entran hits tan potentes como el tema titular, Aurora Corona, que cuenta con un hammond que me vuelve loco, o la muy directa I Can’t Help You. Incluso America Says Hello, en la que se pone un poco más durillo, tiene ese aire a los primeros R.E.M., esos que empezaron a la vez que ellos, que tanto me gusta. Phillips sabe que es su mejor baza, y por eso termina el disco con Molten Gold, todo un himno pop que bien podrían haber creado Michael Stipe y compañía.

Sin duda alguna, Silver Bullets es una gran vuelta, un trabajo en el que los neozelandeses justifican con creces este regreso.

7,9