Young Romance – Don’t Look

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Guitarras que crujen, melodías que recuerdan a los grupos de chicas de los sesenta, distorsiones a cholón…Todo esto no es nada nuevo, y desde mediados de los ochenta han sido muchas las bandas que han tirado hacia esos sonidos. Quizá, la culpa es de The Jesus & Mary Chain, que fueron los que popularizaron un poco este rollo, y los que han tenido una carrera más coherente de todo aquel movimiento. Un movimiento al que hace unos años se apuntaron Young Romance, un joven dúo de Londres que explotó en 2016 con un álbum de debut que les llevó a girar con bandas como The Wedding Present o The Primitives. Además de hacerse algún PopFest que otro. Ahora vuelven con un segundo trabajo en el que parece que hay algún cambio.

Si en su primer trabajo tiraban hacia el C86, en este “Don’t Look” han cruzado el charco y se han metido en las cloacas del punk neoyorquino. Por lo menos en lo que ha energía se refiere, porque su faceta más melódica sigue intacta. Así, nos encontramos con una fusión en la que las guitarras crudas y rotas se mezclan con dulces melodías que recuerdan a los grupos de los sesenta. No nos vamos a engañar, es algo que ya hicieron hace unos años bandas como Dum Dum Girls y Vivian Girls, pero ellos le dan ese ligero toque británico que hace que su propuesta sea un poco diferente.

El disco se abre con ‘Alice’, que es uno de sus cortes más ásperos. De hecho, sus guitarras, casi se acercan al Grunge. Aunque, afortunadamente, se ablandan un poco en el estribillo. No es la faceta suya que más gusta, prefiero cuando se suavizan un poco y nos dejan ver su lado más melódico. Es el caso de la bonita ‘Dark of My Shadow’, de la potente ‘Prying Eye’ y de ‘I Bear You More’. En ellas, además, se puede ver una influencia de Kate Bush en la forma de cantar de la chica del grupo. Algo que no es muy habitual en este tipo de música. También se les da bien acelerarse un poco y hacer ese tipo de canciones cercanas al surf. Ahí están la adictivas ‘Ramona’ y ‘Bruise Easy’, en las que sí que recuerdan bastante a esa oleada de grupos de chicas que salieron a finales de la década pasada.

El segundo trabajo de Young Romance es entretenido, va directo al grano, y contiene varios temazos. Que sea poco original ya es otra cosa, pero son muy jóvenes y no se les puede pedir todo.

7,4

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Candy – Under The Weather

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Supongo que, al igual que yo, muchos de vosotros no conocíais al australiano Candy. El proyecto de este chico de Melbourne llamado Calum Newton, es uno de los más prometedores dentro del universo de eso que llaman bedroom-pop. Y no me extraña, porque su nuevo álbum, y el que los medios de su país califican como su debut, a pesar de contar con tres más, es una pequeña joya del indie-pop actual. Y lo es porque, con los mismos ingredientes de siempre, y grabándolo en salón de la casa de su novia, ha conseguido dar con una colección de canciones directa y que funciona sin complicaciones.

El mismo dice que es un disco triste, ya que lo compuso en el periodo en el que acabo la universidad, y se encontró sin trabajo y sin casa en la que vivir. Gracias a su novia, que le dejó vivir en su apartamento e irse con todos sus cachivaches, consiguió dar forma a este “Under the Weather”. Y será triste porque fue un periodo duro de su vida, pero el disco no puede sonar más luminoso y contagioso. Todo gracias a sus cajas de ritmos, juguetonas y sintéticas, sus guitarras cristalinas, y sus teclados ensoñadores. Además de un talento innato para dar con la melodía y el estribillo que encajan en cada canción. Así, nos encontramos con hits tan directos como ‘Validation’, ‘Apartment in The City’, ‘Hiding From The Sun’, o la genial ‘Destroy My Body’, que se erige como la mejor canción del álbum.

Sí es cierto que, dentro de este mundo indie-pop, también hay momentos en los que se pone un poco más oscuro, e incluso algo más electrónico, como es el caso de ‘Thankful’, en la que casi se va al chillwave. Y luego está la genial ‘Parted Ways’, en la que se saca de la manga un punteo de guitarra que parece salido de una canción de The Cure. De hecho, termina el disco con ‘Get Healthy’, un tema que, por momentos, parece una versión electrónica del ‘Heroin’ de la Velvet, y toda una pequeña joya emotiva y sintética.

Hacedme caso y seguid a Candy, no os arrepentiréis.

7,9

Sea Pinks – Rockpool Blue

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Resulta bastante triste meterse en la página de Spotify de Sea Pinks y ver las pocas escuchas que tienen sus canciones. Y es que, ya sabemos que el indie-pop que practican no es una música que esté muy de moda en la actualidad, pero, aun así, no dejan de ser paupérrimas para una banda que cuenta con una década de carrera y media docena de discos. Los de Belfast no han conseguido encandilar a un nuevo público, y es una pena, porque tienen canciones de sobra para salir de esa especie de tercera división en la que están metidos.

Rockpool Blue” lleva publicado casi dos meses, pero ni yo, que sí metí su primer single en una recopilación de este año, me había enterado. Pero bueno, más vale tarde que nunca. Y más en este caso, donde sí merece la pena lo que hay dentro. Tan solo son ocho canciones, y según los miembros de la banda, son sus composiciones más positivas hasta la fecha. Aunque resulta curioso, porque yo veo un acercamiento a sonidos un poco más post-punk, algo que no pasaba en su anterior trabajo, donde la influencia de The June Brides se dejaba ver en cada corte. Eso sí, en ningún momento pierden sus ganas de dar con los mejores ingredientes para hacer la canción pop perfecta.

Empiezan la jugada un poco ásperos, con esa ‘Watermelon Sugar (Alcohol)’ que sirvió de primer adelanto. Es un corte en el que resulta evidente esa tendencia hacia sonidos más oscuros que comentaba arriba. Y es que, cuenta con una parte más guitarrera que bien podría ser de Girls Names, grupo en el que militó hasta 2013 uno de los dos miembros de la banda. Lo bueno es que le dan un toque más pop que hace que se convierta en una canción irresistible. Algo también hacen en el tema que le da título, en el que no pierden la oportunidad de sacar las guitarras cristalinas a relucir. Una tendencia que siguen en ‘Versions of You’ y ‘The Apple’, en las que vuelven un poco al pop más clásico y a grupos como The Go-Betweens o Television, de los que han cogido sus característicos duelos de guitarras. Aunque hay que decir que lo mejor del disco viene en ‘Dumb Angel’, que cuenta con un gran estribillo y es puro C-86.

7,4

The Good, The Bad & The Queen – Merrie Land

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Algún día, tendremos que revisar a fondo la música británica de las tres últimas décadas, y darle a Damon Albarn el título de genio que se merece. Pocos artistas han sabido reciclarse tan bien después de formar parte de una de las bandas más importantes del pop británico de los noventa, y de ser una toda una estrella mediática en su país. Consiguió un gran éxito con Gorillaz, se metió de lleno en la música africana en varios proyectos, editó un disco notable en solitario, y formó The Good, The Bad & The Queen junto a Paul Simonon (bajista de The Clash), Simon Tong (guitarra de The Verve) y Tony Allen, con los que ha vuelto once años después de su debut.

Merrie Land” es un disco sombrío en el que la actualidad política de su país es la protagonista. El Brexit y el auge de los nacionalistas en la Inglaterra actual, son dos problemas que preocupan a Damon Albarn, que dedica el título del disco a todos aquellos que piensan que Gran Bretaña alcanzará la gloria tras la salida de la Unión Europea. Por eso estamos ante un trabajo melancólico y triste, en el que se meten de lleno en una especie de folk futurista, y muy inglés.

Al igual que en su álbum de debut, no hay un single claro que sobresalga, pero sí una coherencia que hace que te quedes pegado al disco sin problemas. Su tono pausado, y la forma de cantar de Albarn, la cual, en muchos casos, es más un monologo que otra cosa, casan de maravilla con lo que nos quieren contar. Eso sí, hay canciones donde funciona un poco mejor. Es el caso del tema que da título al álbum y que sirvió como primer adelanto. No sé si será por ese vídeo con ventrílocuo incluido, pero me parece un corte un poco siniestro, y la verdad es que ese organillo que tiene de fondo mola bastante. También funcionan muy bien ‘Nineteen Seventeen’, en la que están un poco más animados; ‘Drifters & Trawlers’, el que es el tema más pop del álbum, y ‘The Truce of Twilight‘, que es la más rica en cuestión de instrumentación.

Puede que lo mejor del disco sean los temas más tranquilos. A mí, por lo menos, me han parecido los más emotivos. ‘Lady Boston’, con esos coros tan señoriales, y ese sonido juguetón, resulta de lo más deliciosa, y la simpleza de ‘Ribbons’ nos lleva a una de las mejores baladas que ha hecho Albarn en años. Y no me puedo olvidar de la preciosa ‘The Poison Tree’, con la que cierran el disco de la forma más bonita posible.

Damon, ¡te queremos!

7,9

Villagers – The Art Of Pretending To Swim

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Tengo sentimientos encontrados con estos estos artistas del folk actual, los cuales, por alguna razón que desconozco, suelen venir de Irlanda. Por un lado, creo que tienen talento y que son capaces de hacer grandes discos. Sin embargo, yo no soy su tipo de público, y muchos de esos trabajos que reciben críticas tan entusiastas, me aburren soberanamente. Tiene que haber algo más que una guitarra acústica y una letra que te incite a cortarte las venas para que yo les preste un poco de atención. Quizá, por eso, me gusta lo que hace Sufjan Stevens, que juega en otra liga y no tiene miedo a meter otros ingredientes. Y supongo que por eso me ha gustado el último trabajo de Villagers, donde el músico de Dublín se sale un poco del sonido que ha caracterizado su carrera hasta ahora.

The Art Of Pretending To Swim” es un disco un poco más efusivo y animado que sus álbumes anteriores. Siempre dentro de ese mundo del folk introspectivo, claro. En él, hay bastantes cuerdas, momentos más épicos, algo de electrónica, alguna caja de ritmos…Todos estos elementos se adaptan perfectamente a su folk, y lo actualizan sin necesidad de perder su sello de identidad. Así, nos encontramos con temas como ‘Again’ o ‘Long Time Waiting’, donde los ritmos son más acelerados y los elementos electrónicos juegan un papel importante. O esa bonita ‘Fool’, en la que encontramos una ligera pátina sintética. Incluso se atreve con unos ligeros toques soul en ‘Love Came With All That It Brings’, donde, además, se pone más épico de lo normal y se saca de la manga unos coros de lo más operísticos.

Conor O’Brien, que realmente es el único miembro fijo de la banda, no puede negar que hay partes del disco en las que se ha fijado en Sufjan Stevens. ‘Real Go-Getter’ y ‘Hold Me Down’, las cuales aparecen al final, cuentan con ese sonido electrónico e introspectivo que tanto ha explotado el de Detroit. Y oye, no se le da mal. Sobre todo en la primera, que cuenta con una segunda parte un poco más animada e interesante. Yo, por lo menos, prefiero esto a cuando se va a cosas más evidentes, como es el caso de ‘A Trick of the Light’ o ‘Ada’.

No es que lo nuevo de Villagers me haya flipado, pero sí veo una clara intención de evolucionar y muy buenas ideas en unas cuantas canciones. Y eso ya me parece un paso hacia adelante en su carrera.

7,3

The Smashing Pumpkins – Shiny And Oh So Bright, Vol. 1: No Past. No Future. No Sun

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Tras intentar vender unos discos en solitario como álbumes de Smashing Pumpkins, Billy Corgan se ha dado cuenta de que ya no cuela, y ha decidido reunir a la banda original, menos a la bajista, no vaya a ser que haya un chocho entre tanto rabo. Así que aquí estamos, en 2018, con lo que se supone que es el primer disco con la banda (casi) al completo en 18 años. De hecho, llevan unos meses girando y haciendo conciertos de casi tres horas, en los que, por cierto, el 95% del repertorio es de los noventa. Demostrando así lo mucho que confían en su nuevo trabajo. Y no me extraña, porque de aquí se salvan muy pocas canciones.

Lo mejor de “Shiny And Oh So Bright, Vol. 1: No Past. No Future. No Sun” es que dura media hora. Aunque claro, imaginamos que dentro de poco habrá un segundo volumen. Tan solo contiene ocho canciones, y la verdad es que, para venir de ellos, que les va mucho lo de eternizarse, no son muy largas. Y eso ya es un punto a favor. Otro punto a favor es que suenan más directos y se van menos por las ramas. Así, nos encontramos con un tema como ‘Silvery Sometimes (Ghosts)’, que es lo mejor que han hecho en años. De hecho, ya lo llaman su nuevo ‘1979’ por ese punto melódico y ese toque pop. Eso sí, le falta el punto electrónico que tenía la que, sin duda, es su mejor canción. Tampoco está mal su intento de repetir la jugada de ‘Tonight Tonight’ en ‘Alienation’, a al que le sobra un poco de épica. Y me gusta que vayan directos al meollo del asunto en ‘Marchin’ On’ y ‘Seek and You Shall Destroy’, dos de los temas más guitarreros del disco.

El gran problema que tiene lo nuevo de Smashing Pumpkins, es que han dejado de sonar contundentes y abrumadores. Canciones como ‘Knights of Malta’, en la que se acercan un poco al soul, ‘Travels’ y ‘With Sympathy’, suenan bastante inofensivas. Además, resultan de lo más aburridas. Pero es mucho peor cuando tratan de parecerse a los Pumpkins más oscuros y guitarreros; esos que nunca debieron aparecer. La contundencia de ‘Solara’ resulta de lo menos interesante, y estamos ante el enésimo intento de epatar al oyente a base de guitarrazos contundentes. Por supuesto, no lo consiguen.

Supongo que les valdrá de excusa para volver a salir de gira, pero estamos ante otro disco irregular, que está más cerca de los últimos lanzamientos de Corgan, que de los álbumes de los noventa de los Smashing Pumpkins.

6,3

La Estrella de David – Consagración

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Tengo que reconocer que, en todos estos años que David Rodríguez lleva en la música, tan solo le he prestado un poco atención a su época con Beef –por ahí tengo el CD de “La Bohème”, que era un discazo-, pero poco más. Nunca me dio por escuchar a Telefilme y a La Estrella de David. Hasta ahora, que me he vuelto loco “Consagración”, el que es el tercer trabajo de su último proyecto.

Es cierto que la culpa de que me haya puesto a escuchar a La Estrella de David a estas alturas, es de ‘Cariño’, el que es el tema más pop de todo el disco. Pero, al final, tras unas pocas escuchas, me ha cautivado en todas sus facetas. Y es que, Rodríguez toca muchos palos en este trabajo, y en él podemos escuchar retazos de flamenco, canción de autor, ritmos funkies fusionados con sonidos más étnicos, algo de kraut-rock…Lo bueno es que, en todos, se sale con la suya e impregna todo con su sello personal. Un sello personal que se deja ver en sus letras, que rebosan sinceridad, sarcasmo y mucho costumbrismo. Y eso que muchas de las canciones giran en torno al amor. Eso sí, lo cuenta a su manera.

Aunque hay alguna colaboración, como la de La Bien Querida, que canta en ‘Me ha parecido que estuvo en mi cabeza’, casi todo el disco lo ha grabado el propio David en su casa. Pero sí es cierto que suena bastante mejor que sus dos trabajos anteriores. Y es que, él mismo dice que, ahora, maneja mejor todos esos programas para grabar sin muchos medios. Y es cierto, porque le ha quedado un disco con un sonido brillante y de lo más profesional. Algo que no es de extrañar, porque también es productor. Así, nos encontramos con esa ‘Cariño’ que mencionaba más arriba, en la que un ritmo kraut se fusiona con unas guitarras a lo New Order que se te meten en la cabeza al instante, y con unos teclados ensoñadores que son una delicia. Además de esa letra de amor sincera y triste, y de ese comienzo en el que, sin venir a cuento, menciona a Isabel San Sebastián, Curri Valenzuela y Pilar Rahola. Estos sonidos más pop y sintéticos aparecen de nuevo en ‘Noches de blanco Satán’, una canción de lo más sincera, en la que nos cuenta que, una vez, una chicha le entró en un bar y no supo qué hacer. Y luego está ‘Maracaibo’, un precioso y melancólico tema de indie-pop, en el que rememora amores pasados.

La última época de David Rodríguez ha estado muy relacionada con el flamenco, ya que no solo ha producido los discos de La Bien Querida, también hay bastante de esto en sus trabajos previos. Aquí aparece en la intensa, pero realmente interesante, ‘Aceite’, en la que lo fusiona las palmas y las guitarras flamencas con un solo de eléctrica de lo más sucio. Pero también aparece en parte de ‘La canción protesta’, una pequeña locura en la que hay ritmos funkies, sonidos árabes, y palmas flamencas -mención aparte merece la letra de Luis Troquel, en la que se puede apreciar bastante mala leche-.

Por último, tenemos las baladas, donde, una vez más, vuelve a desplegar su propia personalidad. Ahí tenemos ‘La primera piedra’, una canción donde menciona El Museo del Jamón, las Olimpiadas de Barcelona, las Catedrales de Burgos y León, y en la que nos cuenta que nunca podrá hacer sus propias cecinas y morcillas por un trauma infantil con las armas. Y todo ello para hablar del mundo de los emprendedores. Pero también tenemos una canción clásica de amor como ‘Erosky’, que es bien bonita, y otra un tanto más retorcida en ‘Sonia’, que es un poco un más extraña. Además de esa ‘Amor sin fin’, con la que cierra un gran álbum yéndose hacia sonidos un poco más experimentales y minimalistas.

8