W.H. Lung – Vanities

W.H. Lung es una banda de Manchester que, a pesar de contar con una carrera relativamente corta, han decidido no quedarse estancados en un sonido en concreto. El joven grupo británico debutó en 2019 con un álbum en el que, aunque había algo de electrónica, predominaban las guitarras y el rock. Pero ahora sorprenden con un cambio de tercio en su segundo trabajo, el cual está mas cerca del synth-pop que de otra cosa. Es más, en un ataque de sinceridad, los miembros del grupo comentan que “realmente no han encontrado su lugar”.

Si en su primer trabajo miraban a la escena (post) punk de Londres, en este ‘Vanities’ prefieren volver a su ciudad y fijarse en ese lado más dance por el que es conocida la escena de Manchester. Pero, al igual que en su primer álbum no se metían de lleno en su faceta más rock, aquí hacen lo mismo con su lado más electrónico. De ahí eso que comentaban ellos de que no habían encontrado su lugar. Lo bueno es que, mientras los buscan, consiguen algún que otro acierto.

En este segundo trabajo lo que mejor funciona son los temas abiertamente electrónicos. Y si son más bailables, mejor. Así, nos encontramos con himnos sintéticos de lo más vivos como “Gd Tym”, “Pearl in the Palm”, o esa “ARPi” que tanto bebe de Future Islands. Además de esa “Somebody Like” en la que se acercan al dance-punk que tantas buenas bandas nos dejó a principio de siglo. Pero ojo, que cuando bajan el ritmo también consiguen buenos resultados. Es el caso de “Ways of Seeing”, un corte mucho más pop en el que están más comedidos, pero también más melódicos. Y luego tenemos “Showstopper”, lo que parece ser un “homenaje” al “Eisbär” de Grauzone. Además de uno de los cortes mas rock del disco. Lástima que al final lo estropeen un poco con “Kaya”, y esos últimos minutos tan tediosos y repetitivos.

Es cierto que W.H. Lung tienen que encontrar su sonido, pero la verdad es que no andan tan perdidos, y en su segundo trabajo hay unos cuantos temas que lo corroboran.

7,5

Hayden Thorpe – Moondust To My Diamond

Nunca fui muy seguidor de Wild Beasts, tan solo me pude enganchar a sus últimos trabajos, que fue cuando se quitaron toda esa intensidad llena de falsete de encima. Lo que sí que reconozco es que tenían algo que les hacía especiales dentro de la escena rock británica. Y lo bueno es que, ese algo, también acompaña la carrera en solitario de Hayden Thorpe, el que fue su cantante. Porque, tras un primer trabajo un tanto intimista donde el protagonista era el piano, ahora vuelve con un segundo álbum en el que también aparece ese lado más íntimo, pero lo hace desde la perspectiva más electrónica. Y eso mejora bastante las cosas.

Moondust For My Diamond’ nace de los viajes que Thorpe hizo por las montañas del Distrito de los Lagos de Inglaterra. De ahí que sea un álbum mayormente sereno y tranquilo. Incluso cuando su electrónica se anima un poco más y te deja que hagas un tímido baile. Como en el caso de “Material World”, el tema que abre el álbum con unas cajas de ritmos un tanto animadas y con Thorpe jugando repetir su estribillo como si se tratara de un tema dance. Unos ingredientes que también repite en la estupenda “Parallel Kingdom”, y en menor medida en “Rational Heartache”. Aunque hay que decir que en esta última si anima con un piano totalmente house. Y ojo con ese funk sintético de “Metafeeling”, que es una maravilla.

Los más mayores del lugar se acordarán de ese ‘Exciter’ de Depeche Mode que hace 20 años recibió críticas tan tibias -a mí tampoco me hizo mucha gracia en su momento-. Pero parece que esa electrónica reposada, elegante, y algo minimalista, ha calado en algunos artistas de las siguientes generaciones. Entre ellos nuestro protagonista de hoy, porque buena parte de este álbum se mueve dentro de esos sonidos. Y la verdad es que lo hace con bastante acierto. Temas como “No Such Thing” y “Hotel November Tango” consiguen emocionar con su baño de sintetizadores fríos y elegantes. Pero también sabe cuándo impregnar de calidez su música y entregar una deliciosa balada sintética como “The Universe Is Always Right”. O volver un poco al sonido de su antigua banda y cerrar el disco con ese toque épico que tiene “Runaway World”.

Me ha sorprendido bastante (para bien) este segundo trabajo de Hayden Thorpe. Su electrónica elegante y tranquila me parece de lo más seductora, además, creo que acompaña estupendamente este otoño en el que estamos inmersos.

7,9

Julia Shapiro – Zorked

Hay todo un mundo alrededor de un grupo como Chastity Belt. La banda de Seattle no solo cuenta con una discografía notable, también con varios satélites que, al final, acaban uniéndose entre sí y creando una escena musical. Son varias de ellas las que cuentan con otros proyectos, y la verdad es que resulta curioso cómo, al final terminan cerrando un círculo. Como ejemplo tenemos el nuevo trabajo de Julia Shapiro, el cual está producido por Melina Duterte (Jay Som y Bachelor), que, a su vez, colabora con Annie Truscott, otra de las integrantes de Chastity Belt, y su novia, en Routine. Y la verdad es que todos estos proyectos resultan de lo más interesantes.

Julia Shapiro es otra de las artistas que tuvo muy mala suerte con la pandemia. Harta de su vida en Seattle, acabó aceptando un trabajo en una discográfica de Los Ángeles y llegó a la ciudad californiana el día que empezaba el confinamiento. Así que, de repente, se encontró en un impersonal apartamento turístico de una ciudad que no era la suya. Pero Melina Duterte la rescató, se la llevó a su casa, y allí crearon un pequeño estudio en el que grabaron las canciones de este ‘Zorked’. Una palabra que, para ella, es algo así como una forma de decir que está fumada.

Evidentemente, aunque la propia Shapiro no quería, la situación en la que se encontraba acaba influyendo en estas canciones. Pero no fue lo único que la inspiró a la hora de escribir. Según ella misma, los sueños, la hierba y el tarot cuentan con un papel importante en estas canciones. No obstante, analizaba una carta del tarot todos los días. Y, de hecho, esa estupenda “Death (XIII)” que lo abre, es algo así como su análisis de la carta de la muerte.

Musicalmente, estamos ante un disco en el que las guitarras pesadas tienen un fuerte protagonismo. Aconsejada por Duterte, se metió de lleno en el shoegaze y llevo sus canciones al sonido de My Bloody Valentine, Jesu o DIIV. Tres grupos que, como ya sabréis, entra dentro de esa etiqueta, pero cuentan con un sonido diferente. Y eso es algo que se nota en este disco. Porque tenemos un punto más melódico y ensoñador en cortes como “Come With Me” y “Wrong Time”, pero también algún tema donde las capas de distorsión son las protagonistas, como es el caso de la mencionada “Death (XIII)” y de “Pure Bliss”. Y ojo, porque también menciona a Elliott Smith. Algo que resulta evidente en “Hall of Mirrors”, el tema acústico que cierra el álbum.

Puede que no le fuera muy bien a su llegada a Los Ángeles, pero al final, Julia Shapiro exprimió esa situación adversa, y con lo que sacó de ella ha terminado creando una estupenda colección de canciones.

7,9

Dean Wareham – I Have Nothing To Say To The Mayor Of L.A.

Cuando empezó la promoción del nuevo álbum de Dean Wareham y vi que era su primer trabajo con canciones nuevas en siete años, me quedé un poco alucinado. En parte porque, gracias a sus diferentes proyectos, no ha dejado de estar presente en todo este tiempo. Sobre todo, con Luna, con los que ha hecho giras y ha publicado algún que otro disco de versiones. Pero también durante la pandemia con esos conciertos que hizo desde su casa junto a Britta Phillips, su mujer y compañera de banda en Dean & Britta. Unos conciertos con los que pagaron la hipoteca y que más tarde salieron bajo el nombre de ‘Quarantine Tapes’. Además de alguna banda sonora y de alguna participación en películas y series. Así que no es que haya estado muy parado.

I Have Nothing To Say To Mayor Of L.A’ es una de las colecciones de canciones más políticas de Dean Wareham. De hecho, el título ya lo dice todo. Pero es que, además, en sus letras, hay continuas referencias al comunismo. Como en el caso de la bonita “Red Hollywood”, donde nos cuenta la historia de John Garfield, un actor que perdió su carrera por la caza de brujas. O en “The Last Word”, que está inspirada en la vida de Eleanor Marx, la hija de Karl Marx, que escribió varios libros y fue una activista comunista. Además de un tema como “Why Are We in Vietnam?”, en la que habla de el intervencionismo norteamericano en otros países.

Musicalmente, estamos ante otro disco en el que Dean Wareham explota ese pop ensoñador lleno de guitarras limpias que tantos buenos resultados le ha dado en todos estos años. No obstante, vuelve a estar producido por Jason Quever, líder de Papercuts, y uno de esos magos del sonido dream-pop. Además de Britta Phillips, que también ha colaborado en estas canciones. Y juntos, han conseguido dar con unas cuantas joyas marca de la casa. Es el caso de esa “Cashing In” tan bella y delicada. O de la algo más animada “Robin & Richard”, que recuerda bastante a su época con Luna. Pero también hay momentos estelares en su faceta más lánguida. Ahí está esa “The Past Is Our Plaything” marcada por unas guitarras que son pura americana. O de “As Much as it Was Worth” y su delicado toque sixties.

Dice Wareham, medio en broma, que el buen clima de Los Ángeles no le deja tiempo para escribir canciones. Y quizá, por eso, ha metido un par de versiones. Eso sí, no son dos canciones muy reconocibles. Sobre todo, “Under Skyes”, que es una vieja canción de un desconocido grupo de los sesenta llamado Lazy Smoke. Y no sé como será la canción original, pero esta versión es una maravilla. De hecho, es de lo mejor del disco. Algo más reconocible es “Duchess”, un tema de Scott Walker que tocaban en esos conciertos de la cuarentena, y que han decidido meter en este trabajo.

No es que haya cambiado mucho la propuesta de Dean Wareham en estos años, y la verdad es que importa poco, porque el artista norteamericano, aunque nacido en Nueva Zelanda, sigue siendo un genio a la hora de fabricar este tipo de canciones de sonidos ensoñadores.

7,7

Magdalena Bay – Mercurial World

Estoy un poco alucinado con todo el boom que hay alrededor de Magdalena Bay. Y es que, hasta hace un par de semanas, no tenía ni idea de que existía este grupo, y ahora no paro de ver críticas realmente entusiastas de su álbum de debut. Supongo que uno no puede estar a todo y de vez en cuando se me escapan algunas bandas. Pero bueno, más allá de su repentino éxito, el caso es que el dúo de Los Ángeles formado por Mica Tenenbaum y Matthew Lewin suena bastante bien y tienen canciones de sobra para justificar este hype.

Tengo que reconocer que la incoherencia de este ‘Mercurial World’ hizo que en un principio me echara para atrás. Y es que estamos ante un popurrí de influencias que resulta un tanto abrumador de buenas a primeras. Porque sí, el nexo en común puede ser el pop electrónico, pero estas canciones beben de la psicodelia a lo MGMT o Tame Impala, del funk setentero, del synth-pop de los ochenta, de Grimes, o de Gwen Stefani. De hecho, estas dos últimas las mencionan ellos mismos. Pero sí es cierto que, al final, consiguen hacer temas notables con todas esas influencias y que el disco tiene unos cuantos hits redondos.

Una de las cosas que más me gustan de este trabajo es como conjugan los bajos y las cajas de ritmos. En casi todas las canciones logran dar con una base rítmica de lo más chula. De hecho, yo diría que es su ingrediente principal y que luego, según les venga bien, van metiendo un sonido u otro. Así, en “Mercurial World”, tiran hacia mundo más psicodélicos e incluso se vienen arriba con un momento que es puro breakbeat. Pero, inmediatamente después, cambian de tercio y se van a un pop de tintes ochenteros en “Dawning of the Season” y “Secrets (Your Fire)”. Y ojo, que en la segunda también se acercan al funk más sintético. Y, como estos cambios de rumbo son una constante a lo largo del álbum, en “You Lose!” ensucian su sonido para acercarse a la Grimes más punk.

Sí es cierto que en la segunda parte del álbum bajan un poco el listón y que, quizá, han metido dos o tres canciones de más. Pero también es cierto que aquí nos dejan los mejores cortes del álbum. Empezando por “Chaeri”, el que es el hit del disco. Aquí se van hacia un pop electrónico un tanto más ensoñador y menos efusivo que tiene su zenit en su precioso estribillo y en su final mucho más dance. Pero también les funciona muy bien el dance-pop tan 70s que se sacan de la manga en “Hysterical Us” y que casi parece un remix de una canción de Tennis. Y, para terminar, nos dejan dos temas muy distintos, pero igual de interesantes. Primero nos encontramos con una “Dreamcatching” que es una pequeña locura llena de cambios de ritmo frenéticos-atención a su contundente bombo final-. Pero el último giro de sonido llega con “The Beginning”, todo un hit de pop bailongo que cuenta con un piano que es una autentica delicia.

8

Film School – We Weren’t Here

Film School son una de las bandas más persistentes del shoegaze actual. Con más de veinte años de carrera, el grupo liderado por Greg Bertens ha pasado por varios cambios de formación y algún que otro descanso. Además, han vivido momentos realmente absurdos. Como cuando les vapulearon al principio de su carrera por recuperar el shoegaze, y pocos años después, cuando se puso de moda otra vez, les auparon a lo más alto de esa escena. Pero la verdad es que siempre han ido a su rollo y no se han dejado llevar por lo que estaba de moda en un momento u otro.

We Weren’t Here’ es su segundo álbum tras el descanso de casi ocho años que se tomaron en 2010. Un disco que, como no podría ser de otra manera, está creado en plena pandemia y con cada miembro del grupo en su casa. Algo que no les afectó mucho, ya que, al estar media banda en Los Ángeles, y la otra media en San Francisco, es la forma que tenían de trabajar desde hace unos años. Pero sí que les afectó el hecho de estar confinados, ya que, como dice el propio Bertens, “trabajar en estas canciones fue una vía de escape y todos se involucraron al máximo”. Algo que, la verdad, se nota en resultado final.

Supongo que los metemos en el carro del shoegaze por inercia, pero en sus discos coquetean con muchas cosas y no se ciñen a un sonido en concreto. Su nuevo trabajo no es una excepción, y sí, puede que empiecen con un tema como “Superperfection”, que es shoegaze de manual, pero no es el sonido predominante. Es más, a las primeras de cambio, en “Said Your Name”, ya aparecen unos teclados luminosos y un tono más ensoñador. Porque, si hay algo que me gusta de Film School, es que no tienen problemas en tirar de electrónica cuando les conviene. Ahí está ese pepino llamado “The More I Know”, donde una caja de ritmos de lo más motorik lleva la voz cantante. O esa fantástica “Drone 2” tan bailable y tan manchesteriana.

No voy a negar que el shoegaze y el dream-pop ocupan un parte importante de este trabajo. Aunque eso sí, siempre desde el lado más amable y melódico del asunto. Solo hay que escuchar esa bonita y etérea “Stratospheric Tendencies”, en la que envuelven sus guitarras en un manto de teclados ensoñadores. Algo que también ocurre en “Isla”, otro de los grandes momentos del disco. Aunque lo mejor de esta faceta llega al final, que es cuando entra “Take What Your Need”, un tema donde se animan un poco más y donde hacen rugir las guitarras. Pero ojo con su línea de teclado, que, casi sin quererlo, se convierte en la protagonista absoluta de la canción.

7,8

Taraka – Welcome to Paradise Lost

Supongo que el nombre de Taraka Larson no os dirá mucho, pero si menciono de Prince Rama, muchos y muchas os acordareis de este excéntrico dúo de Brooklyn que hacia un pop bailongo y psicodélico de lo más chulo. Junto a su hermana Nimai, tuvieron una carrera de lo más productiva y llegaron a editar nueve discos en apenas una década, pero en 2019 anunciaron su separación. De hecho, la propia Taraka, juró que dejaba la música por completo y que no quería volver a grabar más discos. Un juramento que no le ha durado ni dos años, porque ahora nos deja el que es su álbum de debut en solitario.

Welcome To Paradise Lost’ nace de una especie de auto-confinamiento que se impuso la propia Taraka. Incomunicada en una calurosa casa de Texas sin internet y con una serpiente como única acompañante -supongo que la de la portada-, Larson empezó a plantearse un poco su futuro. Así que, ayudada por alguna que otra fumada, y una colección de discos de grunge y punk de su adolescencia, las canciones empezaron a brotar. De hecho, lo hicieron de la forma más natural posible, ya que cogió su guitarra y una grabadora, y prácticamente surgieron todas a las primeras de cambio. Eso sí, luego tomaron cuerpo y se enriquecieron con la ayuda de sus amigos Ryan Sciaino (Spank Rock, Prince Rama, Win Win) y Tim Koh (Gang Gang Dance, Conan Mockasin, Haunted Graffiti).

Estamos ante uno de los discos que más me ha sorprendido en los últimos meses. En parte, porque no me esperaba que su carrera virara hacia mundos más punk y guitarreros, y en parte porque las canciones son un artefacto sonoro de lo más potente. Ahí está el tema titular, que es todo un torbellino punk de lo más melódico. O “Ride or Die”, que no puede sonar más a 1977 y al CBGB. Pero ojo, que también sabe lo que es irse al grunge más melódico y entregar una joya como “Psychocastle”.

Otra de las cosas que me ha sorprendido de este álbum es que sabe irse hacia diferentes palos sin que el disco se resienta. Así, es capaz de tirar hacia una new-wave un tanto loca y acerarse a los B-52’s psicotrópicos en las geniales “Total Failure” y “0010110”. O de dejar el punk de lado y entregar un delicioso tema de pop guitarrero en “So Happy For You”. Incluso le sale bien irse al rock de los sesenta en “Bad Bonezz”. Y para terminar de sorprender, “Old Gloves”, una preciosa balada al piano que cierra el disco de la forma más cinematográfica posible.

8

Lala Lala – I Want The Door To Open

Lala Lala me conquistó de pleno con ‘The Lamb’, un trabajo estupendo lleno de temazos de indie-rock un tanto lo-fi, pero enormemente melódicos. Además, todas las colaboraciones que ha ido sacando desde entonces, que han sido unas cuantas, también me han gustado bastante. Sobre todo, esa “Siren 042” junto a WHY?. Pero Lillie West, que es la jefa de este proyecto, también es una artista inquieta a la que no le gusta quedarse estancada en ningún estilo. Algo que hemos podido comprobar en todos esos singles que ha sacado en estos últimos tres años, y algo que resulta mucho más evidente en su tercer trabajo.

‘I Want The Door To Open’ es una reinvención total. Por aquí no hay ni rastro de ese indie-rock lo-fi que hizo que su segundo trabajo fuera aclamado por la crítica de medio mundo. De hecho, se podría decir que no se casa con ningún estilo en concreto. Estamos ante una colección de canciones que van hacia muchos caminos distintos. Por su tono, mayormente sereno, se podría decir que, principalmente, se ha ido hacia un mundo más ensoñador, pero no seria del todo cierto. Lo que sí es verdad es que la electrónica juega un papel más importante, y que las guitarras ya no rugen como antes.

Estamos ante un trabajo menos directo que su predecesor en el que hay pocos temas que entren de buenas a primeras. De hecho, se podría decir que tan solo ‘DIVER’ ejerce ese papel. No obstante, fue elegido primer adelanto. Y es que aquí, West, recupera esa intensidad épica con la que contaban sus dos primeros trabajos. Aunque eso sí, cambia las guitarras por una sección de vientos de lo más potente. Y la verdad es que le funciona muy bien. Pero también le funciona bien cuando se mete en otras facetas nuevas de su música. Así, nos encontramos con la estupenda electrónica minimalista de “Color of the Pool”, el dream-pop delicado de “Prove It” y “Castle Life”, o un estupendo acercamiento a sonidos más comerciales en “Beautiful Directions”. Además de alguna colaboración jugosa, como la de Kara Jackson, que pone su voz entre aceleradas percusiones en “Straight & Narrow”. O la de Benjamin Gibbard en “Plates”, que la verdad es que ha conseguido acercar a la de Chicago al sonido de los mejores Death Cab For Cutie.

Puede que no estemos ante un álbum tan notable como su anterior trabajo, pero sí ante un cambio de dirección que resulta muy interesante y que la mete de lleno en un mundo nuevo. Ahora solo le falta pulirlo un poco.

7,6

James Blake – Friends That Break Your Heart

Con James Blake tengo un pequeño conflicto. Por un lado, es un tío que me cae muy bien, y me gusta que se moje en temas como el feminismo o el racismo. Pero, sin embargo, su música, me gusta a ratos. Sí es cierto que, al contrarío que el resto de sus seguidores, y de críticos, me van más sus últimos trabajos que los primeros. De hecho, el anterior, y el EP bailongo que editó tras el confinamiento, me parecen notables. Y es que, creo que sus canciones se han vuelto menos introspectivas y directas, y eso le hace ganar puntos. Por los menos conmigo.

Friends That Break Your Heart’ es un extraño disco de ruptura. Extraño porque no estamos hablando del fin de una relación amorosa, ya que Blake está estupendamente con su novia, la genial actriz Jameela Jamil, sino del fin de las amistades. De hecho, tras ese anterior trabajo en el que mostraba su felicidad por estar enamorado, fue la propia Jamil la que le dijo amablemente que buscara otro tema para su próximo álbum. Por cierto, que la actriz también colabora en algunos temas del disco, y ya han sido unos cuantos cavernícolas los que se han apresurado a decir que está ahí por ser su novia. Lo que ninguno se ha preocupado en mirar, es que estudió música durante años y fue DJ durante otros tantos. Además, que, para gran parte del mundo, ella es más famosa que él.

El propio James Blake dice que es la colección de canciones más directa que ha escrito nunca. Pero no penséis que es un disco lleno de temas más animados, o que en él sigue la estela dance de su último EP. Todo lo contrario, estamos ante un disco en el que predominan las baladas regadas de delicados sonidos electrónicos. Pero es que vaya baladas. Ya desde el principio, con “Famous Last Words” y “Life Is Not The Same”, pone el listón bien alto. Porque las dos son de lo más emocionantes. Pero lo bueno es que consigue superarse a medida que van pasando las canciones del disco. Ahí está, “Foot Foward”, donde se anima un poco más. O esa grandilocuente “Show Me”, en la que colabora Monica Martin en su bonito estribillo. Aunque lo mejor viene con esa joya llamada “Say What You Will”, una canción sobre la autoestima que, a mí, personalmente, me parece uno de los temas más bonitos del año.

Como ya he dicho antes, tengo mis conflictos con su música. Y es que, si su lado más delicado y lento sí que me va, cuando tira hacia sonidos más trap o hip-hop, no consigo que me guste demasiado. “Coming Back”, en la que colabora SZA, no está mal, pero me parece un poco más de lo mismo. Y “Frozen”, con los raperos JID & SwaVay, me aburre muchísimo. Prefiero al James Blake de “If I’m Insecure”, el tema tan emocionante con el que cierra el álbum.

7,5

Porches – All Day Gentle Hold!

Aaron Maine fue uno de los artistas más afectados por la pandemia. Y es que, el mismo día que salió su anterior trabajo con Porches, y puso una valla publicitaria en mitad de Nueva York, confinaron la ciudad. Así que el pobre se encerró en su apartamento e hizo lo único que podía hacer en ese momento: componer más canciones. Lo bueno, es que, curiosamente, le ha salido la que es su mejor colección de canciones hasta la fecha. O por lo menos la que más me gusta a mí, que siempre he tenido mis más y mis menos con su música.

All Day Gentle Hold!’ es el disco que estaba esperando de Porches. Porque, hasta ahora, conseguía que sus canciones sonaran frescas, pero muchas veces las dejaba a medias y sin un buen punto melódico que las llevara un poco más arriba. Algo que empezó a cambiar con su anterior trabajo, en el que ya se hacia con unos cuantos hits. Pero aquí estamos ante algo infinitamente mejor. Es más, todas las canciones de este trabajo podrían funcionar perfectamente como single. Y todo porque el mismo Maine reconoce que las ha dejado prácticamente como salieron y que no se ha molestado mucho en tunearlas.

Estamos ante otro trabajo que no llega a la media hora. Es más, ninguna de sus canciones se acerca a los tres minutos. Pero, al contrario que en sus otros álbumes, aquí va al grano y no las deja a medias. Está más directo que nunca, y eso es algo que se nota en temas tan estupendos, y tan new-wave, como “Back3School”, “Watergetsinside”, o “Grab The Phone”. Y cuando pisa un poco el freno nos obsequia con esa joya llamada “Okay”, donde deja un poco de lado la electrónica y da protagonismo a las guitarras.

A pesar de que buena parte del disco es un poco más rock que de costumbre, también tiene tiempo para volver a ese R&B sintético que tanto le gusta. Además, sigue utilizando los mismos ingredientes, como la repetición constante de una palabra o una frase. Pero, de alguna manera, ahora le funciona mejor. La prueba es “Lately”, el tema que abre el álbum, y que cuenta con su único estribillo a los pocos segundos de comenzar. O esa delicia envuelta en teclados y un ritmo traqueteante llamada “I Miss That”. Incluso esa oda al autotune que es “Comedown Song (Gunk)” funciona a la perfección. Y todo, porque, como ya he dicho antes, está más directo que nunca y no se anda por las ramas.

Al parecer, Aaron Maine tuvo que pelearse con su sello para que editara este álbum en 2021 y no en 2022 como querían inicialmente. Y ha hecho bien en insistir, porque, como bien dice él mismo, “son unos temas que están creados para un momento en concreto, y no tiene ningún sentido que vean la luz en marzo del año que viene”. Algo con lo que no puedo estar más de acuerdo.

8