Jungle – For Ever

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Tengo que reconocer que pasé totalmente del debut de Jungle, y que incluso, su rollo, me cargaba un poco. No entendí la buena acogida que tuvieron por parte del público esas canciones que, para mi gusto, eran bastante normalitas. Afortunadamente, buena parte de la crítica tenía una opinión más o menos parecida a la mía. Y es que, sí, no sonaban mal, pero tampoco eran para tanto. Algo que, más o menos, vuelve a ocurrir en su nuevo trabajo. La mudanza de la lluviosa Inglaterra, a la soleada California, les ha sentado muy bien, y ahora suenan más luminosos y menos fríos que en su debut. Gracias a esto, logran que sus canciones tengan más rollo, y no resulten tan aburridos como en algunos momentos de su primer trabajo.

For Ever” huele a la California de mediados de los setenta, en la que el movimiento hippy había pasado a mejor vida, y el hedonismo de los ochenta todavía no había llegado. Digamos que es la banda sonora perfecta si pasas unos días en una de esas casas tan setenteras de las colinas de Hollywood. No obstante, ellos mismos reconocen que era necesario ese cambio para llegar a este sonido. Por eso no resulta extraño encontrarse con títulos como ‘Heavy, California’ o ‘House in L.A.’. Lo malo, para ellos, es que su estancia en Los Angeles coincidió con el fin una larga relación amorosa, por lo cual, también estamos ante el típico disco post-ruptura, al que han descrito como “una emisora de radio post-apocalíptica tocando canciones de ruptura”.

Musicalmente, estamos ante un trabajo de funk sensual en el que el falsete está a la orden del día. Temas como ‘Beat 54 (All Good Now)’, en la que, por cierto, si se descuidan, acaban haciendo el ‘Let’s Stay Together’ de Al Green, ‘Happy Man’, ‘Casio’, o la ya mencionada ‘Heavy, California’, tienen ese aire pre-disco de mediados de los setenta. Y la verdad es que se les da bastante bien recuperar esos sonidos. También saben lo que se hacen cuando se ponen un poco más étnicos y se sacan de la manga percusiones un tanto tribales, como es el caso de ‘Smile’, que abre el disco con bastante brío. Y tampoco está nada mal su lado más sedoso, en el que entran temas como ‘Cherry’ o ‘Cosurmyne’. Pero no todo brilla en este segundo trabajo, y hay momentos en los que vuelven a repetir algunos de los errores de su debut. Es el caso de ‘Give Over’, donde se van hacia caminos electrónicos más actuales, los cuales no encajan mucho con el resto del álbum. O de algún tema más reposado, como ‘Mama Oh No’ y ‘Home’, que resultan un tanto aburridos.

Han mejorado considerablemente respecto a su debut, pero todavía les queda un poco para ser una banda a la que recordemos dentro de unos años.

7,4

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The Chills – Snow Bound

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Ayer mismo, cuando comentaba el nuevo trabajo de The Goon Sax, hablaba de la escena de las antípodas, en la cual tuvo mucha importancia aquello que bautizaron como Dunedin Sound, o si lo preferís, Kiwi-Rock. Y hoy, casualmente, vengo con el nuevo trabajo de The Chills, una de sus bandas más emblemáticas. Los neozelandeses están viviendo una segunda juventud de lo más interesante, como bien demostraron en “Silver Bullets”, el disco con el que hace tres años rompieron un silencio de más de una década. En él, predominaba su faceta más reposada y densa, que solo se veía interrumpida por algún tema más pop, como el genial ‘Aurora Corona’. Todo lo contrario que su nuevo trabajo, en el que nos dejan una perfecta colección de canciones pop.

Snow Bound” es un disco mucho más directo que su predecesor, en el que las canciones tienen una media de duración de tres minutos, y en el que las melodías y los estribillos están a la orden del día. Y es que, han recuperado ese sonido que les llevo a tener un gran éxito en el 90, el estupendo ‘Heavenly Pop Hit’. Quizá, por eso, suene bastante a los R.E.M de esa época, los que se metieron de lleno en el pop con “Green”. No obstante, Michael Stipe ha confesado más de una vez su pasión por el rock neozelandés. Temas como ‘Time To Atone’, ‘Scarred’, ‘Snow Bound’ o ‘In Harmony’, harán las delicias de los seguidores de este sonido. Y la verdad es que son perfectas para los que amamos el pop de guitarras. Además, también saben ponerse un poco más duros, y con ‘Complex’, se sacan de la manga todo un temazo cercano al post-punk, el cual, muy acertadamente, ha sido elegido como single.

También están acertados en su lado más reposado. Porque, parte del álbum, cuenta con un sonido más clásico, en el que incluso se acercan un poco a Bruce Springsteen –‘Eazy Peazy’ no puede sonar más al de New Jersey-. El caso, es que cortes como ‘Bad Sugar’, ‘The Greatest Guide’ o ‘Lord of All I Survey’, son un poco más estándar de lo habitual, pero lo hacen tan bien, que la verdad es que nos da un poco igual.

Desde luego, pocas pegas se le pueden poner a un disco que dura poco más de media hora y que contiene diez canciones llenas de grandes estribillos y buenas melodías. Quizá, la única, que es la más típica, y es que siguen haciendo lo mismo de siempre. Pero oye, más quisieran muchos grupos de su época seguir sonando así de bien.

8

The Goon Sax – We’re Not Talking

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Creo que no me equivoco cuando digo que The Goon Sax es una de las mejores cosas que le han pasado al pop en los últimos años. El joven trío australiano tiene un talento innato para hacer perfectas canciones de indie-pop, y a sus 20 años, recién cumplidos, ya cuentan con un debut aclamado por la crítica de todo el mundo, y un segundo trabajo que va por el mismo camino. Su música rebosa frescura, y el hecho de que sean tan jóvenes y pasen totalmente de lo que escuchan los chavales de su edad, les da muchos puntos. Más que nada, porque emplean esa juventud en revitalizar un estilo que, últimamente, no está en su mejor momento.

We’re Not Talking” es un trabajo que refleja cómo puede cambiar una persona de los 17 a los 19 años. Sobre todo, si de repente formas parte de un grupo que gira por todo el mundo –por cierto, tuve oportunidad de verles en directo hace un par de años, y también son bastante buenos-, como ha sido su caso. Lo que no han cambiado son sus influencias, y la escena de Nueva Zelanda de los ochenta, y The Go-Betweens, siguen siendo sus referencias más evidentes. Aunque ellos aseguran que algo nuevo sí que hay y, por ejemplo, comentan que la preciosa ‘Losing Myself’ suena como si “Young Marble Giants se fueran al hip-hop”. Pero vamos, que no es por otra cosa que por la caja de ritmos que utilizan, la cual también se puede escuchar en el tema que da título al disco.

Los de Brisbane siguen siendo infalibles cuando se van hacia el indie-pop y nos entregan temas directos con grandes estribillos y melodías de lo más pegadizas. Es el caso de esa ‘Make Time 4 Love’ que lo abre, que es una absoluta maravilla. O de la fuerza que tienen cortes como ‘She Knows’, ‘A Few Times Too Many’ o ‘Get Out’, donde se meten de lleno en el kiwi-rock. Y claro, no se pueden olvidar del grupo del padre de uno de ellos y, tanto ‘Love Lost’, como ‘Sleep EZ’, no pueden sonar más a The Go-Betweens. Pero ojo, que lo suyo no es una mera imitación y, como ya he dicho más arriba, consiguen sonar muy frescos con estas referencias tan trilladas.

Quizá hay alguna balada de más –las cortitas ‘Somewhere In Between’ y ‘Now You Pretend’ sobran -, pero estamos ante otro disco perfecto para los que añoramos el buen indie-pop. Además de uno de esos trabajos que te pueden hacer llevadero un lunes tan asqueroso como este.

8

Yves Tumor – Safe In The Hands Of Love

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El otro día, cuando vi la crítica de este disco en Pitchfork, al cual le han puesto un 9,1 (puede ser el álbum del año para el medio norteamericano), me tiró para atrás la etiqueta de “experimental” que le pusieron. Y no es que no sea cierto, pero es una experimentación muy llevadera. Pero, ¿quién es Yves Tumor? No es otro que Sean Bowie, un chico de Tennesse que empezó su carrera más cerca del soul que de otra cosa, pero, con el tiempo, fue incorporando sonidos más lo-fi, experimentos electrónicos y paisajes ambientales un tanto claustrofóbicos. Hasta llegar a este tercer álbum, donde mezcla todos esos ingredientes, y se hace con un trabajo extraño, pero, a la vez, muy interesante.

Safe In The Hands of Love” es un álbum de lo más ecléctico, en el que cada canción es un mundo totalmente diferente, y en el que hay todo tipo de estilos. Pero, eso sí, todo el disco mantiene una coherencia y una preferencia por los sonidos más oscuros. Da igual que estemos ante una intro de aires jazzísticos, como es el caso de ‘Faith In Nothing Except In Salvation’, o ante un corte puramente electrónico, como el genial ‘Honesty’, todo sigue esa línea. Y la verdad es que es eso lo que hace especial este disco.

Yves Tumor tiene varios cortes para los que le tenemos un poco de miedo a la música más experimental. Sobre todo, cuando se mete en mundos más soul y r&b. Algo que ya aparece en ‘Economy of Freedom’, la segunda canción, donde nos encontramos con una fusión de ese mundo experimental y sonidos más sedosos. Pero es en la estupenda ‘Licking And Orchid’ donde mejores resultados obtiene en esta faceta. Y es que, salvo esa tormenta ruidosa final, estamos ante un corte de lo más elegante y sensual. Pero ojo, que también sabe lo que es irse al pop psicodélico y hacer un par de temas notables en este campo. Se trata de la ultra pegadiza ‘Noid’, y de la más extraña, pero realmente seductora, ‘All The Love We Have Now’. Y no contento con eso, también se acerca a sonidos cercanos al post-rock, como en ‘Lifetime’, el que, para mi gusto, es el mejor corte del álbum. Y es que, no hay quién se resista a ese ritmo de batería entrecortado y frenético, y a su precioso estribillo. Además, no es el único corte que se va hacia ese camino, también tenemos la cruda ‘Recognizing The Enemy’ y, en menor medida, la rayante ‘Let The Lioness In You Flow Freely’, la cual puede saturar a más de uno.

Es cierto que estamos ante un trabajo un tanto difícil de elegir – ‘Hope In Suffering (Escaping Oblivion & Overcoming Powerlessness)’ da bastante mal rollo-, pero, de alguna manera, te atrapa y no te suelta.

8,1

James – Living in Extraordinary Times

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Que levante la mano quién se haya enterado de que James han sacado un nuevo trabajo este verano. Resulta increíble que, una banda como esta, que lleva más de 30 años en el mundo de la música, y que ha tenido un gran éxito en su país, haya hecho una promoción tan mala de su último disco. Sobre todo, después de haber arañado el número uno en UK con su anterior álbum, el prescindible “Girl At The End Of The World”. Y lo peor es que estamos ante un trabajo bastante más interesante que los dos anteriores. Aunque, eso sí, es un tanto más escurridizo y algo más extraño.

Living in Extraordinary Times” es un disco largo de cojones, en el que han metido parte de los singles que han ido sacando en los últimos meses (se han dejado fuera ‘Busted’ y ‘Broken by the Hurt’), los cuales, en un principio, no iban a ir en este trabajo. El caso es que me alegro de que lo hayan hecho, porque los dos que han escogido son realmente buenos, además de muy diferentes. Y es que, por un lado, tenemos ‘Better Than That’, que es todo un himno marca de la casa, y que le da muchos puntos al disco. Sin embargo, por el otro, nos encontramos con ‘Hank’, un tema áspero y disperso, en el que prefieren irse hacia otros caminos más esquivos.

El decimoquinto disco de la banda de Manchester es un tanto extraño, y en él encontramos continuos cambios de ritmo, bajos atípicos (el de ‘Heads’ parece una versión acelerada del ‘Psycho KIller’ de Talking Heads), y una rara obsesión por sacarse de la manga todo tipo de percusiones. Por eso, precisamente, mola. Tim Booth y los suyos han sacado su disco más experimental desde “Wah Wah”, pero lo bueno es que, en él, no pierden su esencia pop. La que presentan en cortes como el precioso ‘Coming Home – Pt. 2’, el cual, Both, dedica a su hija y al tiempo que pasa separado de ella (“Facetime on father’s day /Father’s day, five thousand miles away”). O ‘Leviathan’ y ‘Many Faces’, que son las típicas canciones épicas de James en las que, con un poquito de electrónica, y un crescendo final, ya te ganan. Y es que Both vuelve a emocionar con su voz, y cuando está un poco más agresivo, como es el caso de ‘Picture of This Place’, pone los pelos de punta. Aunque también lo hace en ‘Extraordinary Times’, donde bordean el rock de estadio (esa batería grandilocuente), y en esas dos maravillas pop llamadas ‘Mask’ y ‘What’s It All About’. Y ojo, que las demos que han metido al final no suenan nada mal. Sobre todo ‘Moving Car’.

No estamos ante un disco perfecto, pero sí ante un trabajo en el que James recuperan su talento para crear grandes canciones. Eso sí, desde un lado diferente y no tan pop como en otras ocasiones.

7,7

Tony Molina – Kill The Lights

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No sé a vosotros, pero a mí me cuesta un poco meterme en un trabajo que dura 14 minutos en el que la media de duración de los temas es de poco más de 60 segundos. Es como si estuviera a medio hacer y no mereciera la pena escucharlo. Por eso lo de Tony Molina tiene bastante mérito. Este norteamericano, al que Pitchfork ha puesto el apodo de “The master of the micro-song”, se ha especializado en este tipo de temas y ya va por su tercer álbum. Y ojo, que ha subido de duración, porque los dos primeros duraban 10 minutos cada uno. A ver si un día de estos nos va a sorprender un disco de media hora.

Kill The Lights” es un trabajo en el que Tony Molina va al grano, ya que no le queda otra con esa duración tan escasa que tienen las canciones. Lo bueno es que su power-pop colorido y entusiasta se adapta de maravilla a esos tiempos, y sus temas no dejan con la sensación de estar escuchando algo inacabado. Y es que, maneja de maravilla ese sonido cristalino que popularizaron The Byrds allá por los sesenta, y canciones como ‘Nothing I Can Say’, ‘Jasper’s Theme’ o ‘Give He Take You’, son una auténtica delicia.

Otra de las referencias claves de su música es el pop acústico de los sesenta. Por eso es fácil reconocer a una banda como Simon and Garfunkel en temas como ‘Wrong Town’, ‘Now That She’s Gone’, ‘When She Leaves’ y ‘Before You Go’ -como podéis ver por los títulos, echa bastante de menos a una chica-. Pero también a los mismísimos Beatles, ya que ‘Afraid to Go Outside’ no puede sonar más a los de Liverpool. Y ojo, que la sorpresa del disco es ‘Look Inside Your Mind / Losin’ Touch’, donde nos entrega un tema doble de casi dos minutos y medio, en el que se explaya un poco más, dando protagonismo al piano y dejándonos algún punteo de otro. Además de una producción maravillosa.

Puede que sus canciones sean cortas, pero la verdad es que, con este álbum, Tony Molina demuestra que sabe adaptar estupendamente sus melodías a esa duración y que, al final, el tamaño no importa.

7,6

The Coral – Move Through The Dawn

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A pesar de que no soy muy seguidor de lo que podríamos llamar post-britpop, siempre he tenido un especial cariño por The Coral. Desde que empezaron a principio de la década pasada, cuando apenas contaban con 18 años, han dado buenas muestras de tener clase y talento para recuperar sonidos más añejos. De hecho, con los años, se han hecho con una estupenda colección de canciones. Lo malo es que, aunque siguen recibiendo buenas críticas, el público los tiene un poco olvidados. Y sacando un disco en mitad de agosto no vas conseguir que te recuerden.

Move Through The Dawn” representa la faceta más pop de The Coral. Tras un álbum como el que sacaron hace dos años, en el que tiraban de cortes más largos y psicodélicos, se han ido a lo fácil. Y yo la mar de contento, porque es ahí donde me conquistan. Temas como ‘Eyes Like Pearls’, ‘She’s A Runaway’ o ‘Strangers In The Hollow’, que tienen ese aire de pop retro, son una auténtica delicia. Y si encima, actualizan su sonido, y nos entregan una canción como ‘Reaching Out For a Friend’, que es todo un caramelo pop, ya me ganan del todo.

No todo es pop retro en este trabajo, también hay unos cuantos cortes en los que las guitarras rugen un poco y entra algo de psicodelia. Algo que les funciona muy bien en la rockera ‘Sweet Realese’ y en la melancólica ‘Outside My Window’, pero la densa ‘Stormbreaker’ termina resultado un tanto pesada. Y en las baladas también están un poco irregulares, ya que ‘Eyes Of The Moon’ y ‘Undercover Of The Night’ sí que funcionan bien, pero la acústica ‘After The Fair’, con la que cierran el álbum, no me dice nada.

Puede que muchos consideren a The Coral como un “One Hit Wonder” más que tuvo suerte con esa genial ‘Dreaming of You’ con la que se dieron a conocer, pero, en todos estos años de carrera, han demostrado ser una banda con un gran talento para el pop. Además, de sus discos siempre se pueden sacar media docena de canciones notables, y su último trabajo no es una excepción.

7,4