Piroshka – Love Drips & Gathers

Hace pocas semanas que Netflix ha estrenado This Is Pop, una serie documental en la que repasan de forma supuestamente graciosa algunos momentos destacados de la música de las últimas seis décadas. Y uno de esos momentos es el britpop. 45 minutos bastante básicos, en los que, por supuesto, dan protagonismo a la batalla entre Blur y Oasis. Pero al menos hay una serie de entrevistas con artistas de aquella época, y entre ellas aparece Miki Berenyi de Lush, que, entre otras cosas, habla de cómo los animaron a dejar el shoegaze y meterse de lleno en sonidos más pop. Algo que hicieron con acierto. Lo que me extraña es que también tiene unas palabras un tanto malas para ese shoegaze que los vio nacer. Más que nada, porque el nuevo álbum de Piroshka, su banda actual, vira hacia ese sonido.

La propia banda, formada por gente de Lush, Elastica y Modern English, reconoce que en su primer álbum tiraron del britpop, pero que en este ‘Love Drips & Gathers‘ han decidido sacar su lado más shoegaze. O, mejor dicho: dream-pop. Y es que, por aquí, nos encontramos con una buena cantidad de canciones etéreas, donde los teclados, y un mellotrón, tienen bastante protagonismo. De hecho, son pocos los temas donde las guitarras se convierten en protagonistas. Eso sí, cuando lo hacen, nos dejan una maravilla de noise-pop como “Scratching at the Lid”, o un curioso acercamiento al mundo Manchester en “V.O”. Una canción que, por cierto, está dedicada a Vaughan Oliver, el creador de las míticas portadas del sello 4AD.

El resto del disco tira hacia caminos más etéreos y delicados. Y la verdad es que, pese a la amarga sorpresa inicial, se le va pillando el punto. Algo de lo que tiene mucha culpa la voz de Berenyi, que se mueve de maravilla por esos sonidos ensoñadores y tranquilos. Ahí está la preciosa “The Knife Thrower’s Daughter”, en la que aprovechan al máximo su lado más minimalista. O “Loveable”, donde no tienen ningún inconveniente en irse hacia un mundo más psicodélico. Algo que también ocurre con la interesante “Echo Loco”. Aunque eso sí, al final, no pueden evitar acercarse a su lado más pop en la notable “Wanderlust”. Al igual que también se resisten a dejar el shoegaze de lado y cierran el disco con una oscura y ruidosa “We Told You”.

Tengo que decir que, tras los dos singles de adelanto, me esperaba un sonido diferente al que al final predomina en todo el álbum. Pero bueno, eso no significa que estemos ante un disco fallido, simplemente han decidido tirar por otros caminos.

7,4

Molly Burch – Romantic Images

Siempre me ha gustado el rollo retro a medio camino entre los 50 y 60 que tenia Molly Burch. La artista de Austin cuenta con una de esas voces que se adaptan perfectamente a esos sonidos añejos, pero creo que a su música le faltaba un pequeño empujón para que me terminara de convencer del todo. Y ese empujón ha llegado con su tercer trabajo, si no contamos su álbum navideño, claro. Porque, más allá de su evidente cambio de sonido, también hay un cambio de actitud. Estamos ante una Molly Burch más optimista, que ha decidido escribir sobre todo lo bueno que tiene en su vida, y dejar el desamor para otro momento. Y eso siempre es un acierto.

Romantic Images’ es un disco producido por Tennis, y la verdad es que se nota bastante. Además, tanto en los temas más animados, como en los más reposados. Todas sus canciones tienen ese aire setentero que tanto le gusta al matrimonio de Baltimore. Y hay que reconocer que es todo un acierto, porque la voz de Burch se adapta de maravilla a este cambio. De hecho, cuando aparece su lado más disco, como es el caso de la estupenda “Emotion”, donde también ha contado con la ayuda de Wild Nothing, resulta insuperable.

Uno de los puntos fuertes de este trabajo es la elegancia con la que Burch encara sus canciones. Su capacidad vocal -estudió canto en la universidad- funciona de maravilla entre bolas de espejo y ritmos que se adentran en la pista de baile. Ahí está la deliciosa “Games”, en la que se acerca sin remordimientos al pop de los ochenta. O “Heart of Gold” y “Took a Minute”, donde fusiona a la perfección el soft-pop y el disco. Pero también sabe lo que se hace cuando se sienta al piano y decide que es hora de irse de lleno al pop elegante de los setenta. Lo hace nada más empezar, con esa estupenda “Control” en la que no puede evitar fijarse en Kate Bush. O en dos bonitas baladas como “New Beginning” y “Back in Time”. Pero atención a esa “Easy” tan melosa y sintética, que es una delicia.

Molly Burch ha hecho bien en darle un giro a su sonido y en adelantar un par de décadas sus influencias, porque creo que no me equivoco si digo que, por lo menos, estamos ante su trabajo más entretenido.

7,8

Male Tears – Male Tears

Ya he comentado alguna vez que el mundo gótico tiene una de las escenas más potentes en California. Lo que en los ochenta se asociaba a las frías y oscuras ciudades británicas, ahora brilla más que nunca bajo el sol de las playas del Pacifico. Y de ahí vienen Male Tears, un dúo de Los Ángeles formado por el compositor y vocalista James Edward, y el teclista Spencer Jackson. Juntos han creado este proyecto en el que se van al lado más luminoso de ese pop con toques oscuros que tanto triunfó en los ochenta. De hecho, están a medio camino entre eso y el mundo de los New Romantics.

Según el propio Edwards, su música está inspirada en el pop brumoso de la época dorada de la MTV. Y tiene toda la razón, porque las canciones de su álbum de debut no pueden sonar más a esos años de mitad de los ochenta en los que la cadena de televisión se convirtió en toda una religión para los jóvenes norteamericanos -aquí llegó un poco después-. Diez canciones que también podrían sonar en los años dorados del Danceteria, ese club de Nueva York en el que se mezclaba un poco de todo, y en el que Madonna hizo su primera actuación.

Reconozco que todo lo relacionado con los ochenta está demasiado trillado y que parece que ya no queda nada que explotar de aquella década. Pero la verdad es que las canciones de Male Tears me han enganchado a tope. El pop lleno de teclados desenfadados que aparece en temas como “Chained Up” y “Human Errorz”, me parece de lo más delicioso. Y cuando se meten de lleno en el mundo New Romantic, nos dejan joyas como “Let’s Pretend” o “Adult Film”. Pero ojo, que, como comentaba más arriba, tienen un lado más oscuro. Ahí es donde entran cortes como “Creep Distance” o “She Lives in The Pines”, que también funcionan estupendamente. Eso sí, para cerrar vuelven al pop sin complejos y nos dejan la maravillosa “Take My Picture”. Un tema que, en el fondo, creo que me encanta porque me recuerda mucho al “Take A Chance With Me” de Roxy Music. De hecho, podría ser hasta un homenaje. Como la portada, que casi es una revisión del ‘Rio’ de Duran Duran.

Creo que no exagero si digo que, aunque salió el pasado febrero, estamos ante el que puede ser mi disco del verano. Ya me veo en la playa esquivando la COVID con estas canciones de fondo.

7,9

Lucid Express – Lucid Express

Lucid Express son uno de los grupos más potentes de Hong Kong. El quinteto, que empezó hace más de una década bajo el nombre de Thud, no ha sido muy prolífico en todos estos años. Es más, aparte de unos cuantos singles, hasta ahora solo tenían un Ep editado en 2012. Pero todo cambió en 2019. Las protestas contra la ley de extradición en Hong Kong, los llevó a meterse de nuevo en un local de ensayo para evadirse de lo que estaba pasando a su alrededor. Y de ahí ha salido su álbum de debut como Lucid Express.

Estamos ante un trabajo que tiene a los clásicos del shoegaze y el dream-pop como máxima referencia. Un disco producido por Max Bloom, de los desaparecidos Yuck, donde las guitarras se fusionan con oníricos y ensoñadores paisajes de teclados. Además de un cierto toque sintético que le dan las cajas de ritmos. Y la verdad es que, aunque no sea una propuesta muy innovadora, sí puede decir que se les da muy bien y que estamos ante un álbum de lo más bello.

Una de las bazas que juegan a su favor, son sus escapadas hacia mundos más pop. Algo que hacen nada más empezar. “North Acton” es una delicada canción donde las guitarras cristalinas se enfrentan a unos teclados de lo más melódicos. Además, Kim, su cantante, tiene la voz perfecta para este tipo de temas. Es un guion que también siguen en la estupenda “Ado”, que es un tanto más animada, pero igual de melódica. Porque es innegable que son unos auténticos expertos en jugar con los elementos característicos del dream-pop. De hecho, “Hollowers”, y ese instrumental que han llamado “No Talk”, es lo mejor de este estilo que he escuchado últimamente.

Nos encontramos ante uno de esos discos en los que el shoegaze y el dream-pop se fusionan constantemente. Es el caso de “Hotel 65”, uno de esos temas que empieza lleno de paisajes ensoñadores, y se endurece en su estribillo con unas guitarras de lo más sucias. Aunque lo bueno para los amantes de este sonido llega al final. Sus dos últimos temas no pueden tirar más de My Bloody Valentine. Y sí, puede que sea una referencia demasiado trillada, pero hay que decir que, al menos, lo hacen de dos formas diferentes. En “Prime of Pride” son los teclados los que tienen mucha más importancia. De hecho, se parecen bastante a los de “To Here Knows When”. Pero, sin embargo, en “Ride the Night”, son las tormentas de guitarras las que se llevan el protagonismo. En cualquier caso, las dos, son estupendas.

Sin duda alguna, el debut de Lucid Express, es uno de los grandes discos de shoegaze y dream-pop de este 2021. Además de una estupenda carta de presentación para meterse de lleno en la desconocida escena musical de Hong Kong.

8

Clairo – Sling

Claire Cottrill, más conocida como Clairo, tan solo tiene 22 años, pero ya he tenido que justificar su carrera más de una vez. Lo bueno es que, todos esos haters que decían que era un producto musical que había contado con la ayuda de los amigos influyentes de su padre, se han tenido que comer sus palabras. Su estupendo álbum de debut obtuvo unas críticas excelentes, y todas las colaboraciones que han venido después, han agrandado aun más ese prometedor inicio de carrera. Eso sí, parece que el primer bache está llegando con su segundo trabajo, el cual ha recibido alguna que otra alabanza, pero también alguna que otra reseña de lo más tibia.

No es que ‘Sling’ sea un mal trabajo, todo lo contrario, es uno de esos discos hechos con mimo en los que todo esta en su sitio. La producción del solicitado Jack Antonoff funciona a la perfección, y Clairo se confirma como una gran compositora de canciones. El problema es el envoltorio que ha elegido para estos temas. La de Atlanta se ha metido de lleno en ese folk femenino que se hizo tan popular en los setenta. Es un disco en el que se puede apreciar muy fácilmente la influencia de Carole King, The Carpenters o Joni Mitchell, y la verdad es que es un sonido que termina resultando un tanto anodino. Por no decir que hay momentos en los que aburre un poco.

Lo mejor de este trabajo llega cuando adorna un poco más sus canciones. Cuando no se adentra tanto el folk y sus temas se van hacia un pop un tanto soft, y muy setentas también, logra resultados notables. Es el caso de la inicial “Bambi”, de la reposada “Partridge”, o de la algo juguetona “Wade”. Además de esa estupenda “Management” llena de cuerdas que se ha dejado para el final. Pero lo mejor viene cuando se anima un poco. Lo malo es que solo lo hace en dos ocasiones. La primera es en “Amoeba”, toda una delicia pop en la que no se sale de esa década de los setenta, pero que sí tira hacia un mundo más pop -su estribillo es irresistible-. Y la segunda es en “Zinnias”, donde sale a relucir su lado más rock, aunque sí es cierto que lo hace desde el lado más acústico. Y bueno, para no ser malo, diré que el folk a lo Simon and Garfunkel de “Blouse” también funciona.

Desde luego, no es el disco que esperaba tras su debut, y me parece que es un cambio en su carrera que llega demasiado pronto. Porque, aunque ya lleve unos cuantos años en esto, creo que todavía tiene que explotar un poco su faceta más pop.

7,3

Wavves – Hideaway

Nathan Williams ha tenido una carrera un tanto irregular con Wavves. La banda de punk-pop estalló con dos discos brillantes llenos de canciones enérgicas que no dejaban de lado las buenas melodías. Pero, poco a poco, fue bajando el nivel y cayendo un poco en el olvido. Lo que hizo que su antigua discográfica (Warner) le echara y que tuviera que autoeditarse su anterior trabajo. Aunque eso sí, para su nuevo álbum ha vuelto a Fat Possum, el sello con el que editó sus mejores discos. Es más, al igual que esos trabajos, también lo ha escrito en casa de sus padres. Así que se podría decir que estamos ante una vuelta a sus raíces.

Hideaway’ es un disco en el que Williams se quita de encima a la gente toxica que le ha rodeado durante todos estos años. Quizá, por eso, es bastante directo, y de algún modo, más pop. Algo de lo que tiene mucho que ver David Sitek de TV On The Radio, que no solo ha producido el álbum, también se ha encargado de coescribir algunos temas, y de meter unos cuantos teclados. Todo un acierto, porque el resultado es de lo más luminoso, y perfecto para escuchar en estos meses de verano.

El octavo disco de Wavves empieza como un tiro. “Thru Hell”, con sus aires surferos y algo sixities, refleja buena parte de lo que nos vamos a encontrar en el disco. Es decir, guitarras potentes, estribillos pegadizos, y un poco de suciedad, que no viene mal de vez en cuando. Un guion que también sigue en cortes como “Hideaway”, “Help is on the Way” o “Marine Life”. Eso sí cuando se sale de ahí, es un tanto más irregular. Sí que le funciona, y muy bien, además, cuando saca la acústica y tira hacia sonidos mucho más pop, como es el caso de “Sinking Feeling”. O cuando hace todo lo contrario y se va a una especie de indie-rock de lo más noventero, donde entrega una sucia “Planting a Garden”. Pero cuando se mete en terrenos más tranquilos, como en “Honeycomb” y “Caviar”, no termina de convencer. Y en esa inclusión en el country que es “The Blame”, lo hace a medias.

El nuevo de álbum de Wavves es una especie de nuevo comienzo, y como todo lo que empieza, tiene un punto de frescura que lo hace más interesante. Eso sí, no puede evitar que algunos de sus viejos tics salgan a relucir.

7,4

Yves Tumor – The Asymptotical World Ep

Yves Tumor se está construyendo una carrera de lo más sólida. El de Miami ya lleva unos cuantos álbumes absolutamente rompedores con los que ha conquistado a la crítica de medio mundo, y parece que la cosa va a seguir siendo así por un tiempo. Y es que, tras ese estupendoHeaven to a Tortured Mind’ que publicó el año pasado, esta semana ha sorprendido con un Ep que ni siquiera estaba anunciado. Seis canciones que siguen la estela de ese trabajo, y que nos presentan a Tumor en varias de sus facetas.

Unas de las cosas que más sorprendía del anterior trabajo de Yves Tumor, era su toque menos experimental y más asequible. Y eso es algo que también ocurre con este ‘The Asymptotical World’. O por lo menos con su primera parte. Nada más empezar nos entrega “Jackie”, ese single que publicó hace unas semanas, y que tan buen recibimiento ha tenido. Y con razón, porque es un potente tema lleno de guitarras épicas en el que sale a la luz su lado más rock. Pero es que, esa “Crushed Velvet” tan pop que viene a continuación, es incluso mejor. Y la acelerada “Secrecy Is Incredibly Important To The Both of Them” no puede sonar más a los Joy Division más potentes.

Para la segunda parte del Ep se ha dejado su faceta más oscura. Pero no pasa nada, porque también sale airoso de ella. Ahí está el post-punk electrónico y apocalíptico de “Tuck”, en el que cuenta con la ayuda de los berlineses NAKED. O esas guitarras crudas y duras que aparecen en “…And Loyalty Is A Nuisance Child”, que la verdad es que tienen su punto. Y, para terminar, le electrónica de “Katrina”, donde deja que las guitarras se fusionen con ritmos cercanos al breakbeat.

En su nuevo Ep, Yves Tumor sigue dejando constancia de que es uno de los artistas más interesantes del panorama actual. Además de uno de los más originales.

8

Veik – Surrounding Structures

Últimamente, cuando me dispongo a escuchar música un tanto oscura, prefiero que se vaya hacia caminos menos trillados. La saturación post-punk que hemos tenido en las últimas dos décadas, llena de clones de Joy Division sin chicha, y con camisetas de la banda Manchester en todas las grandes tiendas de ropa, me ha hecho desconfiar de buena parte de estos grupos. Por eso prefiero a las bandas que, dentro de ese mundo, se esfuerzan en hacer algo diferente. Y ahí es donde entran los franceses Veik, que debutan con un álbum algo difícil, pero, a la vez, muy atrayente.

Surrounding Structures’ es un trabajo que tiene dos ingredientes principales. Por un lado, tenemos las guitarras algo crudas y densas, que son las que los acercan al mundo post-punk. Sin embargo, por el otro, tenemos una capa de sintetizadores analógicos que hacen que se adentren en mundos krautrock. Y hay que reconocer que esa fusión es lo que hace que este disco sea de lo más interesante. Bueno, eso, y una clara obsesión por salirse de los convencionalismos musicales. Además de unas letras que reflejan la apatía y la ansiedad del mundo en el que vivimos. Aunque ellos aseguran que no es un disco político, y que solo reflejan lo que tienen alrededor.

Aunque, como ya he dicho, no se van a lo fácil, en sus canciones siempre hay algo que te termina enganchando. Solo hay que escuchar la hipnótica “Difficult Machinery”, que abre el álbum dejando claro que han absorbido muy bien las enseñanzas de Neu! y Can. O esa “Singularism” que viene a continuación, donde la crudeza y pesadez inicial, se convierte en algo mucho más melódico en su parte final. Y todo por uno de esos sintetizadores analógicos que manejan tan bien. Y ojo, que también tienen tiempo para acercarse al synth-pop. Es el caso de “Political Apathy”, una canción en la que analizan aquellas protestas de los chalecos amarillos que inundaron Francia (y media Europa) en 2018. Y lo hacen con un ritmo más acelerado de lo habitual, y entregando el estribillo más fácil del disco.

Si es cierto que, a medida que van pasando las canciones, el disco se va yendo hacia caminos más abruptos. Pero, aun así, logran triunfar. Ahí está “Life Is a Time Consuming Experience”, donde se lo toman con toda la calma del mundo, pero donde también consiguen emocionar con esa preciosa línea de sintetizador. O esa locura kraut que supone “Château Guitar”, la cual es una absoluta barbaridad. Además de lo bien que llevan los seis minutos de densidad con los que cuenta “Downside (I Wanna Know)”, en la que presentan su lado más post-punk.

Lo dicho: dame oscuridad, pero hazlo de una forma diferente.

7,7

Cloudy Summer Days – Slow Dance

Cloudy Summer Days es el proyecto Joel Figueroa, un chico de Los Ángeles que, como muchos otros, hace música en su habitación. Y al igual que se sus compañeros y compañeros de la escena bedroom-pop, también es bastante productivo, ya que empezó su carrera en 2017 y ya cuenta con tres álbumes y unos cuantos singles más. Así que sí, estamos ante otro proyecto de dream-pop facturado desde la independencia más absoluta, pero hay algo que le diferencia un poco del resto: sus influencias. Figueroa se declara fan absoluto de los sonidos góticos y post-punk de los ochenta, y ese toque le da sus canciones algo de frescura.

Slow Dance’ se nutre de bandas como The Church, Echo & The Bunnymen, New Order, o The Cure. Y no es que lo diga yo, es que el propio artista ha puesto una lista en su Spotify con todos los grupos que han servido de influencia. Claro, que en esa lista también aparecen cosas que no tienen nada que ver con ese sonido, como Evanescence, Blink 182, o Snow Patrol. Y ojo, que es algo que se nota, porque baladas como “One Last Time” y “Slow Dance”, no pueden sonar más a la banda escocesa. De hecho, son lo menos destacable del disco.

Lo verdaderamente interesante de este tercer trabajo de Cloudy Summer Days, es cuando se deja llevar por esas bandas oscuras de los ochenta que no tenían miedo al pop. Ahí está de lo más acertado, y temas como “I’ll Be by Your Side” o “Runaway”, suenan de maravilla. Y todo gracias a los teclados y a ese toque mucho más comercial. De hecho, la segunda casi podría ser su “Dancing in the Dark”. Y si nos vamos a “My Pretty Moon”, vemos que también sabe sacar buenos temas de las enseñanzas de Echo and the Bunnymen -supongo que esa referencia lunar no es casual-. Pero tampoco se le da nada mal tirar de clásicos de los ochenta como The Cure o New Order. Así, en “This Moment” y “Love Is In The Air” se acerca a los primeros años de la banda de Robert Smith. Y unas cuantas canciones, como “Too Young to Exist” o “In The Next Life”, cuentan con esas guitarras tan características del grupo de Manchester. Además de esa gema pop que se saca de la manga en “Secret Place”.

Estamos ante uno de esos discos en los que las influencias se notan bastante, pero la verdad es que se le da bien recrear algunos sonidos, y al final consigue dar con unos cuantos temas notables.

7,5

Drug Store Romeos – The World Within Our Bedrooms

La primera vez que escuché “Frame of Reference”, el que es el mayor éxito, y la mejor canción (hasta ahora) de Drug Store Romeos, me quedé absolutamente prendado de ella. De hecho, se coló en la lista de las mejores canciones de 2020. Y, hoy en día, me sigue pareciendo una canción absolutamente brillante y que sigue sonando fresca. No obstante, no he parado de escucharla en estos últimos días. Pero este joven trío británico es mucho más que una canción. Algo que se puede comprobar en ‘The World Within Our Bedrooms’, su notable álbum de debut.

Hay que reconocer que Drug Store Romeos es un grupo que lo tiene todo para que me guste. Su juventud los hace adorables, y su visión de la música también. Ese lado arty que tienen, el cual los ha llevado a componer las canciones utilizando frases de revistas viejas, tiene su rollo. Y el hecho de que buena parte del disco esté compuesto con viejos teclados de segunda mano, les da un punto extra. Porque, además, con ellos, consiguen un sonido muy particular, que los aleja un poco de otras propuestas ensoñadoras actuales. Bueno, eso, y su amor por Stereolab y Broadcast, que resulta evidente a lo largo de todo el álbum.

Estamos ante un disco extenso, quizá demasiado, por lo que hay temas de sobra para elegir. Para empezar, han elegido muy bien los singles. Tanto la bucólica, y algo melancólica, “Secret Plan”, como la ensoñadora “What’s On Your Mind”, cumplen de sobra su función. Y eso que suceder a “Frame Of Reference” es una tarea difícil. Pero no son los únicos temas que funcionan a la perfección. Saben muy bien lo que se hacen cuando se van a un dream-pop más genérico, como en el caso de “Building Song” y “Adult Glamour”. Aunque también cuando aceleran un poco el ritmo y nos entregan cortes como “Bow Wow” y “No Placing”, donde se dejan llevar por una línea de bajo hipnotizante. Algo que también pasa con esas canciones donde tiran del Casio vintage. Es el caso de “Elevator” y de la juguetona “Feedback Look”, que son maravillosas. Y ojo, que cuando se van hacia el dream-pop más lo-fi, como en el caso de “Walking Talking Marathon”, son capaces de acercarse con bastante acierto a los primeros Beach House.

Quizá se han excedido un poco en su duración, y le sobren dos o tres temas, pero estamos ante un trabajo que te acoge y te atrapa desde el principio. Además de uno de esos discos a los que siempre se puede volver cuando necesites una colección de canciones que te acompañe en una tarde un tanto melancólica.

8