Robert Earl Thomas – Another Age

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Podría afirmar, sin miedo a equivocarme, que jamás habréis visto un disco o una canción de Widowspeak en este blog. Este dúo norteamericano de dream-pop, me hizo pasar una de las noches más aburridas de mi vida cuando los vi abriendo para My Teenage Stride en Nueva York, y, desde ese momento, les puse una cruz que ha durado hasta el día de hoy. Pero, una cosa es el grupo, y otra la carrera en solitario de uno de sus componentes. Y es que, la parte masculina del dúo, debuta este año con un precioso álbum llamado “Another Age”, que me ha hecho olvidar aquél sopor de concierto que vi hace casi una década.

Ecos de Tom Petty, algo de Bruce Springsteen, un ligero toque de The Go-BetweensRobert Earl Thomas tenía muy claro el sonido que quería plasmar en su debut, logrando sonar a esas referencias tan clásicas, pero sin olvidarse del presente. La pequeña capa de teclados con la que cuentan algunas de las canciones del disco, le dan un aire más actual y ensoñador, por lo que no estamos ante un ejercicio de nostalgia cualquiera. Sabe muy bien lo que se hace, y ahí está el tema titular para demostrarlo, que, en tan solo unas semanas, logró colarse entre las mejores canciones de 2017 para este blog. Una auténtica delicia que no está sola, hay unos cuantos temas más que la acompañan. Ahí están ‘I Remember’, ‘The Weather’ o ‘What Am I Gonna Do’, a las que es imposible resistirse.

También sabe lo que es hacer delicadas baladas de raíces puramente norteamericanas. Es el caso de ‘Cryin´’, que cuenta con una armónica totalmente Springsteen. O de la sedosa y envolvente ‘My Fault’, en la que se va hacia sonidos más añejos, llevándonos a la década de los cincuenta. Aunque ese saxo delata su pasión por el rock que se hacía en su país en los ochenta.

Cuando se pone un poco más seco y se deja fuera los teclados, los resultados no son tan satisfactorios. Es el caso de ‘Winona Forever’, en la que se decanta por unas guitarras un tanto más crudas, y, aunque la canción no está mal, se queda un poco por debajo de sus compañeras de disco. Excepto, eso sí, de ‘Wednesday Morning’, que es un corte folk un tanto soso. Afortunadamente, son solo un par de temas menos inspirados, porque el resto es de notable a sobresaliente. Además, en el último corte, se deja llevar, y nos entrega un tema que recuerda una barbaridad a Luna. Y eso siempre es bueno.

7,9

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Recomendaciones en Streaming: Blacanova – La Cabeza

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En cuestiones de dream-pop y shoegaze, siempre solemos tirar hacia lo foráneo, lo cual es un absurdo, ya que aquí tenemos algunos grupos que practican estos estilos con bastante atino. Uno de ellos es Blacanova, que acaban de editar el que, por desgracia, será su último trabajo. La banda de Sevilla se va a tomar un descanso indefinido para dar rienda a otros proyectos musicales, pero antes, nos dejan la que es su mejor colección de canciones.

No sé si habéis seguido la carrera de Blacanova hasta ahora, pero una de sus características principales, es que no se cierran a ningún estilo. Siempre dentro de lo que es el mundo del pop de guitarras ensoñador, claro. Durante la última década, le han dado al noise, al shoegaze, al dream-pop o al slowcore, dejando resultados brillantes en todas estas facetas. “La Cabeza” es la suma de todos estos años y de este inconformismo musical, que les ha llevado a perfeccionar su sonido, el cual, resulta compacto y sin fisuras.

Asombra mucho escuchar como manejan los juegos vocales, capas de reverb y distorsión, que unidos a sus melodías ensoñadoras y su espíritu pop, hacen la combinación perfecta. Además, también cuentan con un puntito oscuro, con el que logran dar un toque melancólico y lisérgico a sus canciones. Ahí está ‘El arte de amar’, que abre el disco entre tormentas de distorsión y épicos países sonoros. Algo por lo que también apuestan en ‘El abismo’ y ‘Codeína’. Y luego tenemos ‘Esa sensación’, donde entran en juego las cajas de ritmos, y se sacan de la manga un precioso tema de puro dream-pop.

Su faceta más indie-pop está representada por ‘Una mujer venezolana’ y ‘Zoe’, dos canciones en las que las guitarras rugen, pero siempre con una buena melodía de por medio. Además, en la segunda, se acercan bastante al shoegaze más melódico, y ese siempre es una buena idea. Junto a ellas, también encontramos ‘Mother’, un corte que empieza de una forma tranquila y densa, pero que al minuto y medio se convierte en todo un himno pop.

Siempre es una pena que los buenos grupos se separen, o se tomen un descanso indefinido, pero al menos Blacanova lo hacen que un pedazo de regalo de despedida.

8

Hookworms – Microshift

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Tengo que reconocer que, hasta hace unos días, que un seguidor del blog me los recomendó por Twitter, no tenía ni idea de quiénes eran Hookworms. Y la verdad es que me alegro de esa recomendación, porque me he encontrado con una banda realmente interesante. Formados en Leeds hace ocho años, estos cinco chicos, pertenecen a esa oleada del rock británico más “arty”; esa que huye de la simpleza que inunda buena parte de la música de guitarras de su país. Gracias a esto, han recibido muy buenas críticas, y han logrado que se fijen en ellos fuera del Reino Unido. Es más, su álbum de debut, fue elegido el mejor de 2013 por publicaciones como Brooklyn Vegan y Drowned in Sound.

Microshift” es su tercer trabajo, y en él encontramos cambios importantes en su sonido. Sus dos primeros discos eran más sucios, y las guitarras rugían con bastante intensidad. Además, su cantante, se dejaba su desgarrada voz en cada canción. Sin embargo, ahora, sus canciones suenan más expansivas y envolventes, dejando que sea su lado más pop el que gane la partida. Han llenado el disco de cajas de ritmos, samplers caseros, loops, y sintetizadores modulares, logrando dar con un sonido vigoroso, y cercano al krautrock y a la psicodelia. Y lo más importante: logran que funcione. Canciones como ‘Ullswater’ y ‘Opener’ que llegan a los ocho minutos, casi se hacen cortas, y los siete minutos de ‘Negative Space’, son absolutamente maravillosos y de lo más pegadizos. Sobre todo esa emocionante parte final.

La acelerada ‘Static Resistance’ es la canción que más recuerda a los antiguos Hookwoorms, que eran un poco más acelerados y urgentes. Aquí traen de nuevo esa aceleración, pero cambian las guitarras sucias por un sintetizador modular que hace que estemos ante un tema absolutamente kraut. Pero también saben utilizar sus nuevos juguetes para crear canciones más tranquilas y ensoñadoras. Es el caso de ‘Each Time We Pass’, un tema cautivador, en el que colabora Alice Merida Richards, la cantante de Virginia Wings. Sin embargo, sus cacharros se les atragantan en ‘Boxing Day’, una pequeña locura que resulta un poco insoportable. Afortunadamente, lo solucionan poco después con ‘Shortcomings’, el tema que cierra el disco, y la canción en la que el pop aparece de nuevo.

Ojo con Hookworms, que nos pueden dar muchas alegrías y convertirse en una de las bandas favoritas de los críticos de buena parte del mundo. De momento, Pitchfork ya les ha dado su bendición.

7,8

Ezra Furman – Transangelic Exodus

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Ezra Furman es un/a artista peculiar que se ha ido moldeando como persona a través de su carrera musical. Furman afirma que es una persona “queer”, no conforme con su género, y cuya identidad ha ido surgiendo a medida que iba sacando sus discos en solitario. Una identidad que ahora explora en todo su esplendor en “Trasangelic Exodus”, su último trabajo.

Lo nuevo de Ezra Furman es mucho más que un disco convencional, y un trabajo absolutamente necesario en la época en la que vivimos. El álbum, que no llega a ser conceptual, pero que nos cuenta su huida y un viaje en carretera junto a un ángel –nos sitúa en un mundo ficticio en el que los ángeles están mal vistos y se les ingresa para córtales las alas-, es todo un canto a la libertad, y a la elección de género y sexo. Además, Furman afirma que es una combinación de ficción con parte de su vida real.

Musicalmente, es un trabajo con una producción sucia, en el que encontramos influencias que van desde el rock de los cincuenta, a Bruce Springsteen, pasando por The Velvet Underground o el garage-punk. Y no, no es un trabajo fácil de digerir, pero, de alguna manera, te atrapa. La voz cascada, y absolutamente desgarradora de Furman, te mete de lleno en esta huida por carretera. Y lo hace desde ‘Suck the Blood from My Wound’, el himno donde cuenta como rescata a su ángel del hospital. Es un corte que abre el álbum con fuerza, y con un claro sonido a Springsteen. Pero no es engañéis, no todo tira hacia ese camino. El disco es más duro de roer, y salvo esa ‘Love You So Bad’, tan absolutamente pop y deliciosa, el resto es un poco más complicado. Aun así, no resulta complicado dejarse llevar por esa calma que precede a la tempestad en la maravillosa ‘Driving Down to L.A.’; por las pinceladas electrónicas de ‘Compulsive Liar’ y ‘From a Beach House’, o por la urgencia de ‘Maraschino-Red Dress $8.99 at Goodwill’. Además de esa genial ‘I Lost My Innocence’, con la que cierra el disco, que cuenta con un estribillo de lo más pegadizo (“I lost my innonce, to a boy named Vincent”).

Lo dicho, no es un disco fácil, pero, tras unas escuchas, termina resultando de lo más atractivo. Además, muchas veces, lo importante de una obra no es la obra en sí, sino el trasfondo que hay detrás.

7,6

Superchunk – What a Time to Be Alive

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Sé que es un poco absurdo, pero da pena que los discos de los grupos a los que les tengo cariño, no me terminen de entusiasmar. Es lo que me ha pasado con el nuevo trabajo de Superchunk, que se me ha hecho un poco bola. Y con esto no digo que sea un mal disco, pero, después de tantos años, el indie-rock sin más me ha dejado de llamar la atención. Cuando le dan un toque más pop, sí que me dice algo, como el caso de Waxahatchee, la cual, por cierto, colabora en este trabajo. Pero cuando es demasiado crudo, no me entra.

Superchunk han hecho su disco de toda la vida, ni más ni menos. Es un trabajo de indie-rock urgente, en el que van a toda leche, y que apenas dura media hora. Evidentemente, se pasa en un suspiro, pero también produce algo de indiferencia. Solo los temas con un claro acento más melódico, me han gustado de verdad. Es el caso del corte que da título al álbum, que me parece todo un himno indie-rock vigoroso y fresco. Además, para no variar, ha sido la elección de Trump la que ha inspirado esta canción, y gran parte del disco. También me han gustado ‘Break of Glass’ y ‘Erasure’. Aunque, con esta última, tengo alguna pega. A una canción creada por Superchunk, con Waxahatchee y Stephin Merritt de colaboradores, le pido mucho más, y ésta está bien, pero no es sobresaliente.

Será un topicazo, pero se me ha pasado la edad de disfrutar de canciones como ‘Lost My Brain’ y ‘Cloud of Hate’. La contundencia guitarrera y el ritmo acelerado, que casi está cerca del Hardcore, no son lo mío. Es más, creo nunca lo ha sido. Sin embargo, cuando se ponen potentes, pero algo más melódicos, les puedo dar una oportunidad. Canciones como ‘Dead Photographers’ y ‘I Got Cut’ bien la merecen. Aunque sigo prefiriendo su lado más suave, como el de ‘All for You’ y ‘Black Thread’, las dos canciones que cierran el disco.

Desde luego, si sois seguidores del indie-rock más puro, lo nuevo de Superchunk no os va a defraudar, pero si buscáis algo más, quizá no os termine de encandilar del todo.

7

Franz Ferdinand – Always Ascending

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No hay nada como tomarse un descanso y embarcarse en nuevos proyectos para volver con nuevas ideas y las fuerzas renovadas. El primer álbum no colaborativo de Franz Ferdinand desde 2013, y la continuación de su estupenda aventura con Sparks, es un buen ejemplo. Los escoceses vuelven con las pilas cargadas, con dos nuevos miembros (Nick McCarthy dejó la banda nada más acabar su anterior trabajo), y recuperando parte de esa electrónica que ya emplearon en “Tonight: Franz Ferdinand”. Además, también se les ha quedado algo del mundo teatral del dúo angelino, que es algo que siempre viene bien.

La gente es muy mala, y cuando hace unos meses estrenaron ‘Always Ascending’, fueron muchos los que dijeron que se habían hecho un LCD Soundsystem de segunda. Algo con lo que no estoy nada de acuerdo, ya que es un tema puramente Franz Ferdinand visto desde el lado más electrónico. Además, sinceramente, no he encontrado un single tan potente en el último trabajo de James Murphy y compañía que, dicho sea de paso, es el mayor usurpador de la música actual. Y no es el único hit que hay en el disco, también tenemos la genial ‘Lois Lane’, donde juegan de maravilla con unos teclados de lo más ochenteros. O ‘Feel The Love Go’, donde incorporan un saxo de lo más sucio a su clásico juego de guitarras. Aunque el otro gran momento del disco es ‘Glimpse of Love’, en la que los teclados vuelven a ser los grandes protagonistas.

Una de las novedades que nos presenta “Always Ascending”, es unos Franz Ferdinand muchos más cinematográficos y melodramáticos. La influencia de Sparks es palpable en un corte como ‘The Academy Award’, en la que hacen referencias al mundo del cine, y nos dejan una de las mejores frases del año (“The Academy Award for good times goes to you”). El otro momento teatral del disco llega al final, con esa ‘Slow Don’t Kill Me Slow’, en la que encontramos a un Alex Kapranos suplicando que no le maten suavemente.

Evidentemente, los Franz Ferdinand de toda la vida, también están presentes. Y tengo que decir que es la faceta que menos me interesa de ellos. Cortes como ‘Lazy Boy’ o ‘Paper Cages’, están bien, pero no me matan, y los veo un poco repetitivos. Aunque luego lo compensan con pequeñas locuras como ‘Finally’ y su destartalado ritmo de batería.

Si erais de los que pensabais que el grupo escoces estaba muerto, no podíais estar más equivocados, porque “Always Ascending” es uno disco lleno de grandes canciones. Además, me la juego, y digo que estamos ante su mejor disco desde lejano “You Could Have It So Much Better… With Franz Ferdinand”.

7,8

MGMT – Little Dark Age

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Fuimos muchos los que no entendieron la jugada de MGMT tras el éxito de “Oracular Spectacular” y de ‘Time to Pretend’ y ‘Kids’, dos de sus canciones. Sus siguientes trabajos apenas tenían singles, y en ellos se dejaban llevar por una psicodelia densa que no terminó de cuajar entre sus seguidores más poperos. Ahora, unos cuantos años después, parece que se han dado cuenta de esto, y en una entrevista reciente han declarado que, “esos dos discos fueran tan mal recibidos, que pensaron que nunca volverían a tener la popularidad con la que contaban tras su debut”. Lo bueno es que han tomado las riendas del asunto, y han vuelto a su lado más pop. Es más, se podría decir que “Litte Dark Age” es su álbum más comercial.

De alguna manera, estamos ante un álbum de regreso. La banda ha estado separada durante unos años, pero algunas cosas les han hecho volver. Entre ellas, la elección de Trump como presidente, algo que, como a todo el mundo, les dejó sorprendidos y les sirvió de inspiración para crear nuevas canciones. De hecho, confiesan que, “al parecer, están más inspirados para escribir música pop después de que el mal se apoderara del mundo”.

Cuando escuché el primer adelanto del disco, y el tema que le da título, pensé que ahora se habían pasado al lado más oscuro del pop, y la verdad es que me llevé una grata sorpresa. Esta canción tan ochentera, y tan dark, me conquistó a las primeras escuchas, la verdad es que no me hubiera importado que hubieran seguido por ese camino. Pero no es el caso. Sí siguen por el lado ochentero en la sorprendente ‘Me and Michael’, el tema más pop y comercial de su carrera, y una absoluta delicia de canción. También siguen por el mundo electrónico en varios cortes del disco. Es el que caso de la robótica y psicodélica ‘She Works Out Too Much’, de la melancolía ‘James’, la cual está dedicada al guitarrista que llevan de gira, o la muy bailable ‘One Thing Left to Try’. Todas ellas funcionan de maravilla, y nos devuelven a los MGMT más pop.

Hay que dejar claro que no todo es electrónica en este trabajo, también hay cortes de aires más setenteros y psicodélicos. Es el caso de ‘When You Die’, que es un buen single y cuenta con un estribillo de lo más pegadizo. O de esa balada sedosa y cálida llamada ‘Hand It Over’. Lo malo es que, cuando tiran hacia este lado, hay momentos en los que vuelven a caer los tics de sus dos anteriores trabajos, y un tema como ‘When You’re Small’ resulta un tanto pesado.

Desde luego que, tras lo poco que me gustó su anterior trabajo, no me esperaba volver a disfrutar un disco suyo, y ni mucho menos que, éste, me parezca de lo mejor que se puede escuchar ahora mismo. Bien por ellos.

8