Martin Courtney – Magic Sing

Siempre he pensado que, si te lanzas con una carrera en solitario fuera de tu banda principal, es para hacer algo diferente y no una extensión de esa banda. Pero lo cierto es que no suele ser así. Y, por norma general, cuando se atreven a jugar con otros sonidos, se quedan en meros experimentos. Así que también es cierto que a veces no está mal dejarse atrapar por  la zona de confort musical. Algo que hace Martin Courtney en su carrera en solitario. Y es que, el líder de Real Estate prefiere utilizar este proyecto como una vía de escape con el que crear canciones que no le den muchos quebraderos de cabeza. Y más cuando el último álbum de su banda fue con el que cambiaron un poco su sonido.

Magic Sun’ es su segundo trabajo en solitario. Un disco que nace de la ganas de evadirse de todo durante la pandemia. Sus canciones están escritas durante las noches de encierro,  mientras sus hijos dormían y su mujer hacía turnos en un hospital. Y según el propio Courtney, se inspiró en la seguridad de sus años de adolescencia en New Jersey. De ahí que la gran mayoría de ellas tengan un tono un tanto alegre y desenfadado. Además de ser bastante directas. 

Estamos ante un disco en el que predominan los sonidos pop que beben de The Byrds y de los paisajes más soleados. De hecho, está lleno de guitarras absolutamente luminosas y de melodías que saben a verano. Ahí está esa delicia llamada “Corncob”, que abre el disco envolviendo todo de psicodelia pop. O temas como “Outcome” y “Time To Go”, donde los teclados cogen más protagonismo y se adentran en sonidos un tanto más setenteros. Algo que, por cierto, ya ocurría en último trabajo Real Estate. Además de dejarnos esa pequeña joya melancólica llamada “Shoes”, en la que se hace con todo un duelo  ensoñador de guitarras y teclados. 

Como comentaba más arriba, hay unos cuantos momentos en los que no puede evitar irse de pleno hacia el sonido de Real Estate. Pero no pasa nada, porque es una banda que nos gusta mucho. Además, lo hace de maravilla, como demuestra en “Sailboat”, el que es el gran hit del disco, y su corte más potente. Pero también en un tema como “Terrestrial”, en el que baja el ritmo y entrega un bonito medio-tiempo de puro indie-pop. O en esa “Exit Music” final, donde no tiene ningún problema en tirar de The Byrds y para crear toda una delicia pop.

7,6

Flasher – Love is Yours

Pensaba que había puesto en el blog el anterior trabajo de Flasher, pero lo he comprobado y parece ser que no. Y eso que recuerdo escucharlo bastante en su día. En aquel álbum, el trío, ahora dúo, de Washington, se iba a un indie-rock alo lo-fi, pero muy directo, ‘en el que encontrábamos influencias de los primeros Pixies, Pavement, o el kiwi-rock de los ochenta. Y hay que decir que con bastante acierto. Pero su forma de ver la música ha cambiado en su nuevo álbum. Porque, aunque no han dejado de lado las guitarras, ahora suenan más pop, e incluso se atreven con algún ritmo un tanto bailongo. Lo que aporta frescura a muchas de sus canciones.

Love is Yours‘ no esconde su predilección por los sonidos más pop. Y para esto, le dan a sus canciones una producción más limpia. Solo hay que escuchar un tema como «Still Life«, donde sus guitarras se dejan acompañar de una bonita melodía y de un teclado de lo más luminoso. Y hay que reconocer que estos nuevos ingredientes se adaptan muy bien al su indie-rock. Como bien muestran en «Tangerine«, el tema que cierra el álbum. Una canción en la que, además, entran en juego las cajas de ritmos, las cuales tienen bastante presencia a la largo de todo el álbum.

Con esas cajas de ritmos consiguen hacer cosas de lo más interesantes, pero también alguna que otra rayada. Afortunadamente, están más acertados que perdidos. Y una buena prueba de esto es el tema que da título al álbum, en el que se meten de lleno en el dance-rock y se sacan de la manga toda una maravilla de lo más pegadiza. O esa «Nothing» llena de capas de guitarra, las cuales contrarrestan con una caja de ritmos de lo más bailonga. Además de «Sideways«, que los acerca a los ochenta más desenfadados. Lo malo es cuando se van por las ramas y entregan cortes en los que, al final, no terminan yendo a ningún lado. Es el caso de «Spell It Out«, un instrumental en el que se dedican a experimentar con sus guitarras mientras juegan con una caja de ritmos. Y la verdad es que se la podían haber ahorrado.

No han perdido esa afición por el indie-rock que dejaban ver en su anterior trabajo. Pero, como todo en este álbum, está ejecutado desde un lado más pop. Y es todo un acierto, porque temas como «Little Things» o «I’m Better» suenan bastante bien. Pero es incluso mejor cuando deciden llenar ese indie-rock de esta nueva faceta guitarrera, como muestran en «Damage».

7,7

Bartees Strange – Farm to Table

Bartees Strange se convirtió en una de las sensaciones de 2020 con ‘Live Forever’, un álbum de debut que entró en prácticamente todas las listas de lo mejor de ese año. Menos en la mía, que lo descubrí unos meses más tarde. En aquél trabajo predominaba el indie-rock, pero desde una perspectiva un tanto diferente, ya que no tenía problema en hacer un rap de vez en cuando, o dejarse llevar por otro tipo de sonidos más escapistas y electrónicos. Unos cambios de dirección que también aparecen en su segundo trabajo. Aunque sí es cierto que aquí se sale de la tangente en menos ocasiones.

Una de las cosas que más sorprenden de la propuesta de ‘Farm to Table’, es que su rock suena de lo más vigoroso y deslumbrante. Porque puede que a veces recuerde a otras bandas -la influencia de sus adorados The National y de TV On The Radio resulta evidente-, pero lo cierto es que Strange es capaz de impregnar su propia personalidad a estas canciones. Solo hay que escuchar “Heavy Heart”, que abre el álbum con una potencia sorprendente, y con una fusión de baterías nerviosas y guitarras esplendorosas. Pero a mitad de canción sorprende con un derroche de épica coronado por una trompeta. O ese lado más pop que aparece en la deliciosa “Mullholland Dr.” Además de ese pedazo de hit llamado “Wretched”, donde arropa su rock en un manto de electrónica. Algo que se repite en la también estupenda “Cosings”.

Si es cierto que en la segunda parte de este ‘Farm to Table’ baja bastante el ritmo. Y es que, a partir de “Tours”, que no es otra cosa que una balada de tintes folk, el rock va perdiendo protagonismo. Así, nos deja una delicada canción al más puro estilo Prince llamada “Hold The Line”, la cual, por cierto, está dedicada a la hija de George Floyd. Porque esa es otra, sus letras son bastante más sociales y combativas de lo que se suele ver en el indie-rock actual. Un buen ejemplo de esto es “Escape This Circus”, donde se va a su lado más pop para hablarnos del capitalismo. Aunque sí es cierto que en su tramo final explota en una tormenta de guitarras y voces distorsionadas. Y ojo, porque, volviendo al plano musical, en “Black Gold” se atreve con lo que podríamos llamar el sonido Bon Iver. Y, como en prácticamente todo el álbum, sale bien parado.

No cabe duda de que ‘Farm to Table’ aúpa a Bartees Strange a la primera línea del indie-rock actual. Además, muy merecidamente.

7,9

Hercules & Love Affair – In Amber

Hercules & Love Affair han creado un buen montón de temas a lo largo de estos últimos años, pero lo cierto es que siempre son recordados por “Blind”. Y es que, el proyecto de Andy Butler dio en la diana con ese himno disco con el que reventó las pistas de baile junto a ANOHNI, y hay que reconocer que se ha convertido en una de esas canciones inmortales. Por eso resulta un tanto extraño que en su nuevo disco rehúya de ese sonido. Porque, ahora, que artistas como Jessie Ware o Kylie se han ido al disco con bastante acierto, sería lógico que reivindicara su aportación al género. Pero ha hecho todo lo contrario, y se ha sacado de la manga la colección de canciones más oscura y reposada de su carrera.

In Amber’ cuenta con varios ganchos que hacen de él algo bastante interesante. Uno de ellos es ANOHNI, que presta su voz a seis temas. Pero también resulta curioso encontrarse con el propio Butler cantando, y con bastante solvencia, además, en varios temas. Además, luego está la temática del disco, que sin salir del mundo LGTB+, se escapa hacia otro tipo de historias. Ya que ahora habla de la culpa, del escapismo familiar, o de como la religión trata de dictar nuestro camino. Y claro, para eso como que no pegan ritmos muy bailables.

La primera sorpresa la encontramos nada más empezar. ‘Grace’ abre el álbum con Andy Butler metido en su papel, y con registro de voz muy similar al de Matt Berninger. Y hay que decir que consigue dar con un medio tiempo electrónico de lo más emocionante. Y ojo, porque es la aportación vocal más directa que hace en todo el disco. En el resto de sus interpretaciones está mucho más escapista y oscuro. Es más, menciona a Dead Can Dance como una de las mayores influencias del álbum. Y no hace falta que lo jure, porque temas como “You’ve Won This War” o “Gates of Separation” tiran del gótico más clásico. De hecho, su mayor apoyo está en un piano.

Hay que decir que los mejores momentos los deja para que ANOHNI se luzca. No obstante, le debe buena parte del disco y la decisión de que lo haya firmado como Hercules & Love Affair y no como Andy Butler, como quería hacer en un principio. El caso es que vuelven a contar con una estupenda sintonía en unos cuantos temas del álbum. Porque sí, esa “One” que entra efusivamente y que representa el lado más dance del disco, es todo un pepinazo. Y aunque no se vayan por ese camino en ningún otro momento del disco, sí que consiguen hacer cosas de lo más interesantes sacando las garras y las guitarras en la explicita “Christian Prayers”, o dejando que las percusiones se conviertan en las protagonistas en “Poisonous Storytelling”. Además de irse a la épica en la estupenda “Contempt for You”. Pero ojo, que también saca un buen partido de la cantante islandesa Elin Ey, con la que nos deja una bonita “Dissociation”.

7,6

My Raining Stars – 89 Memories

Thierry Haliniak es un músico francés que lleva en activo desde principio de los noventa. En aquella época formaba parte de Nothing To Be Done, un grupo al que no le fue nada mal y que llegó a girar con artistas como The Boo Radleys y Adorable. Hasta que a final de década empezó a trabajar bajo el nombre de My Raining Stars, el que es su proyecto en solitario. Aunque eso sí, le costó otra década publicar su álbum de debut, ya que no se puso a la venta hasta 2008. Y ahora, catorce años después, y tras publicar un EP en 2020 y un trabajo con otra banda llamada Meyverlin, vuelve con el que es su segundo trabajo.

89 Memories’ nace de algo así como una amistad entre Haliniak y el músico danés Casper Blond, que se ofreció ha ayudarle con las canciones de este disco tocando el bajo, la batería y la guitarra acústica. Juntos han dado con una estupenda colección de temas que no pueden recordar más a los últimos ochenta y los primeros noventa. Porque por aquí vemos una clara influencia de aquel C86 que cambió la historia del pop independiente, de la sensibilidad de los grupos de Sarah Records, y de la variedad con la que contaba un sello como Creation. Y todo ejecutado de una forma realmente maravillosa.

My Raining Stars van bordeando, e impregnando de su personalidad, estas influencias a lo largo de 40 minutos. Así, nos encontramos con temas en los que la fusión de las guitarras eléctricas y acústicas funcionan a la perfección. Además de esa batería de Blond, la cual tiene bastante presencia, y de unos teclados de lo más melancólicos. Es el caso del sobresaliente “Behind Her Lovely Smile”, que abre el álbum metiéndonos de lleno en su propuesta. Pero también de “If You”, donde nos encontramos con una guitarra de lo más deliciosa, y de lo más The House of Love. Y ojo con “From the Day She’s Gone” y “Time”, que nos llevan directamente al primer trabajo de Stone Roses.

Lo bueno de este trabajo, es que, a pesar de que no se sale nunca de esos años que mencionaba más arriba, cuenta con varias facetas diferentes. Así, de repente, bajan el ritmo y se dejan llevar por los sonidos de Ride en “The Way Things Turn”. Aunque eso sí, pasados un poco por el filtro britpop. O tiran hacia Manchester y se sacan de la manga “Too Soon”, un tema en el que la batería juega con ritmos más bailables, y las guitarras cuentan con un punto más de psicodelia. Además, hacia el final del disco, endurecen un poco más el sonido de sus guitarras, y nos entregan una joya como “Questions”, que es puro C86. Y la cosa no acaba aquí, porque, para terminar, se meten de lleno en el shoegaze más ensoñador y nos dejan la estupenda “Emptiness”.

8

Foals – Life Is Yours

Nunca he sido muy seguidor de Foals. De hecho, los vi en un DCODE hace mil años, y me parecieron un tanto aburridos. Solo me gustan en momentos puntuales y cuando se quitan la intensidad de por medio, como en “My Number”, su gran hit. Quizá, por eso, me ha gustado bastante su nuevo trabajo. Y es que, prácticamente, estamos ante una banda diferente. Los de Londres por fin van al grano y se quitan de en medio su intensidad para meterse de lleno en la pista de baile. Algo que resulta curioso, porque es el primer disco que graban como trío tras la marcha de su teclista. Pero lo cierto es que les funciona bastante bien.

Según los miembros de Foals, ‘Life is Yours’ se creó para este momento que estamos viviendo ahora. Es decir, para el primer verano de verdad tras la pandemia. Querían que reflejara ese sentimiento de querer vivirlo todo otra vez como antes, y que esta fuera la banda sonora de esas noches estivales en una pista de baile. Y, para mi gusto, lo han conseguido. Porque es un disco que apenas baja el ritmo, y en el que se adentran en terrenos bailables de muchas formas diferentes. De hecho, la única canción que no termina de cuajar es “Flutter”, que es la única en la que se calman un poco y se acercan a su faceta más intensita.

El disco se abre de la mejor posible con cuatro trallazos que te hacen levantar el culo de la silla al instante. Es más, tres de ellos han sido single. Y lo cierto es que el cuarto también es un hit en toda regla. Y es que, el tema titular, que es el que nos da la bienvenida, es toda una maravilla que nos lleva directos a ese dance-rock de principio de siglo. Además, lo hacen centrándose en el lado más electrónico y menos guitarrero, lo que hace que el tema sea de lo más contagioso. Un sonido del que también tiran en “2am”, que no solo cuenta con un ritmo vibrante, también tiene un estribillo absolutamente pegadizo. Y ojo, porque en “2001” aparecen las guitarras funk, los sonidos disco, y la euforia dance. Pero también tienen tiempo de llevar el rock a la pista de baile y entregar un himno como “Wake Me Up”.

Como ya he dicho, tiran de unos cuantos estilos diferentes a la hora de llevar su música a sonidos más dance. De hecho, se podría decir que la última parte del disco es más europea. Solo hay que escuchar la estupenda “Under The Radar”, que tiene un claro acento ochentero y synth-pop. O “The Sound”, donde fusionan sus guitarras funk con ritmos propios de una rave de principio de los 90. Pero donde resulta más evidente es en “Wild Green”, un corte abiertamente electrónico, que no puede beber más de los New Order de la época de ‘Technique’. Y la verdad es que mola bastante.

7,8

Kelley Stoltz – The Stylist

No me puedo creer que Kelley Stoltz haya estado dos años sin publicar material nuevo. Tan solo ha caído una reedición por el 20 aniversario de ‘Antique Glow’, el que fue su segundo trabajo. Pero no es porque la pandemia le haya quitado las ganas de componer. Todo lo contrario, ya que, al parecer, tiene este disco grabado desde 2021, pero la cola de impresión de los vinilos, con todos esos artistas superventas copando las pocas fabricas que hay, lo ha retrasado hasta ahora. De hecho, en todos estos meses, le ha dado tiempo a componer unos temas que acaba de publicar en formato digital. Y eso que este nuevo disco salió a la venta el pasado viernes.

The Stylist’ es el disco número 17 de Kelley Stoltz, y como prácticamente todos los discos de su carrera, lo ha grabado él solito en su casa. Lo que también le ha llevado a ese título, ya que ha confesado que, al tener todo el control, le gusta ir picando un estilo y de otro hasta llegar a su propósito final, que no es otro que hacer una buena canción pop. Y la verdad es que no puedo estar más de acuerdo, porque, dentro de su burbuja pop, entran muchos sonidos diferentes. Y este trabajo es una buena prueba de ello.

Casi se podría decir que ha dividido el disco en dos. Y es que, en sus primeros temas, nos encontramos con el Stoltz más clásico, ese que bebe del pop de los 60. Algo que resulta más que evidente en la soleada “Change”, que abre el álbum llevándonos a su querida California. Pero también en la estupenda “You Had to Be There” y su teclado juguetón. O en esa “It’s a Cold World” tan Beatles, que, a pesar de su título, no puede ser más cálida. Y ojo, porque también tiene tiempo de irse a la psicodelia que inundó esos años y entregar la deliciosa “My Wildest Dream”.

La cosa empieza a cambiar a partir de “Your Name Escapes Me”, que ya huele un poco a finales de los setenta y a new-wave. Y tengo que reconocer que esta es la faceta de su música que más me gusta. Porque, cuando los teclados y las cajas de ritmos hacen acto de presencia, es capaz de hacerse con joyas como “In The Night” o “Wrong Number”. De hecho, esta última, con su teclado luminoso y su ritmillo a lo The Cars, se ha convertido en mi canción favorita del disco. Pero también me va bastante ese rollo más rock que saca a relucir en “Steve & The Rats”, o el slow disco de “My Island”. Incluso esa “Jacuzzi Blues” que lo cierra tiene su punto.

7,7

Sinead O’Brien – Time Bend And Break The Bower

Sinead O’Brien es una de esas artistas polifacéticas que es capaz de meterse en muchos berenjenales distintos y salir airosa de todos ellos. Para empezar, la irlandesa, es una diseñadora de moda que ha trabajado para John Galliano, y que ahora mismo está en el equipo de Vivienne Westwood. Ahí es nada. Pero también es una reconocida poeta en su país. Y desde hace unos años, más o menos desde 2018, se dedica a la música. Cuatro años en los que ha publicado varios singles y un EP. Además de haber colaborado con Glok, el proyecto de música electrónica de Andy Bell, el de Ride. Pero ahora, por fin, llega el que es su álbum de debut.

Si tenemos que poner una etiqueta a la música de Sinead O’Brien, esa seria la de post-punk. Aunque claro, como siempre, aquí habría muchos matices. De hecho, ella misma habla del Nueva York de mediados de los setenta como su máxima inspiración. Algo que resulta lógico, ya que fue una época en la que la poesía y el rock se dieron la mano. Así que sí, pueden resultar evidentes las influencias de Patti Smith y Lou Reed en este trabajo, pero también la de Mark E. Smith de The Fall. Incluso yo veo algo de The Slits cuando se lanza un poco a la pista de baile. Y si rizamos un poco más el rizo, podríamos mencionar esa mezcla de poesía y música que hacia Anne Clark en los ochenta. Aunque aquí cambia los sintetizadores por las guitarras.

Time Bend And Break The Bower’ empieza y termina con un poema, pero, entre medias, hay poco más de media hora de música de lo más interesante. O’Brien y sus compañeros de banda no se van a lo fácil, y dejan que las texturas musicales sean más importantes que la melodía y el estribillo. Además de su forma de cantar, la cual tira bastante del spoken-word. Pero lo cierto es que consigue hacer cosas chulas con esos ingredientes. Es el caso de “Salt” y su ritmo entrecortado. O de la apocalíptica e intensa “End of Days”. Y sí tira de electrónica es capaz de hacer una extraña, pero muy intrigante, “Holy Country”.

Si es cierto que su propuesta mejora bastante cuando tira más hacia sonidos bailables. Ahí está esa “GIRLKIND” en la que, claramente, se va hacia esa fusión de punk y ritmos dance que hacían The Slits. O esa “Like Culture” que se podría meter perfectamente en la ola dance-punk de hace un par de décadas. Una etiqueta que también se le podría poner a “Spare for My Size, Me”. Aunque desde un lado más ochentero, con el que, incluso, se acerca a Tom Tom Club. Un camino que también sigue en “There Are Good Times Coming”, la cual cuenta con una clara referencia a una canción de Patti Smith. Y es que, al final, no puede evitar irse constantemente a ese Nueva York decadente de finales de los setenta.

7,5

Grace Ives – Janky Star

Grace Ives es una artista de Brooklyn que tuvo un relativo éxito con su álbum de debut. Un trabajo que era una pequeña locura un tanto lo-fi, y que estaba protagonizado por una de caja de ritmos Roland 505. Y lo bueno es que, con ella, se acercaba a una gran variedad de estilos. Además, en canciones que, por lo general, no llegaban a los dos minutos. Pero esto ha cambiado en su segundo trabajo. Salvo esa caja de ritmos, claro, que sigue siendo el eje central de su música. Aunque ahora se hace acompañar por un piano, una guitarra, y unos cuantos ingredientes más. Además, también está mejor producido.

Janky Star’ está coproducido por Justin Raisen, un productor de Los Ángeles que ha estado a los mandos de los últimos trabajos de Yves Tumor, Charli XCX, o Kim Gordon. Y eso es algo que se nota en el resultado final, porque, juntos, han sacado un sonido maravilloso. Sin alejarse nunca del pop, Ives se saca de la manga unos ritmos absolutamente deliciosos-se nota que maneja de maravilla esa Roland 505-, y los adereza con otro tipo de sonidos. Ahí está esa joya llamada “Loose” y su ritmo absolutamente contagioso, que hace una semana que me tiene loco. Además de esa trompeta que aparece en su estribillo. O esa “Angel of Business” tan pop que adereza con un sonido de lo más metálico.

Se puede decir que estamos ante un álbum de lo más variado en el que Ives se deja llevar por su caja de ritmos. Y esta le lleva al pop electrónico en la ensoñadora “Isn’t Lovely”; al sonido de Charli XCX en la potente “Burn Bridges”, o al R&B pitufado en “Back In LA”. Pero ojo, que las guitarras también tienen su parte de protagonismo. Y con ellas consigue sacar una faceta más rock en varios temas. Es el caso de la eufórica “Shelly”, que no puede resultar más contagiosa. O de “On The Ground”, donde, además de su guitarra, aparece uno de esos ritmos potentes que tanto le gustan. Aunque eso sí, para acabar, se va al pop más mainstream y nos deja una pequeña maravilla como “Lullaby”.

Sin duda alguna, Grace Ives es una caras más interesantes del pop actual. Y este segundo trabajo, tan ecléctico y contagioso, es una buena prueba de ello.

8

The Dream Syndicate – Ultraviolet Battle Hymns and True Confessions

The Dream Syndicate es una banda a la que siempre me ha costado pillarle un poco el punto. Quizá porque siempre han ido un poco a su bola y no tienen ningún problema en dejarse llevar por sonidos más psicodélicos, o experimentar con sus canciones -en 2020 publicaron un single de 20 minutos de duración-. Pero sí tengo que reconocer que, cuando se ponen melódicos y se van al pop, sí me gustan. De hecho, tengo la copia en vinilo del ‘Out Of The Grey’ de lo más gastada de tanto escucharla. Y lo cierto es que, en este nuevo trabajo, tiran bastante de esa faceta.

A pesar de llevar en activo desde 1981, ‘Ultraviolet Battle Hymns and True Confessions’ tan solo es el octavo trabajo de The Dream Syndicate. Aunque claro, también es cierto que se separaron en 1989 y no volvieron a juntarse hasta 2012. Y nada cambiado en todos estos años. Steve Wynn declaró a principio de los ochenta que empezaron a tocar la música que querían escuchar porque nadie más lo estaba haciendo. Algo que puede sonar extraño ahora mismo, pero sí es cierto que ese rock de guitarras distorsionadas, pero muy melódicas, no era habitual en aquella época. Y la verdad es que la banda californiana sigue teniendo una personalidad propia que hace que sea difícil meterlos dentro de una escena en concreto.

El disco se abre con “Where I’ll Stand”, una de esas canciones marca de la casa protagonizada por unas guitarras densas y perezosas que, sin embargo, suenan de lo más melódicas. Además, hay un teclado por ahí acompañando, lo que le da un toque más pop. Un sonido que también aparece en las notables “The Chronicles of You” o “Lesson Number One”. Pero, como ya sabréis, cada disco de The Dream Syndicate tiene varias caras. Así, en “Damian”, se van a un pop de lo más delicioso en el que, gracias a un órgano, se meten de lleno en los setenta. Una década que también aparece en “Hard to say Goodbye”, una bonita balada que Steve Wynn compuso mientras caminaba una mañana por las calles vacías de Queens.

Siempre he pensado que, si se lo hubieran propuesto, podrían haber tenido el mismo éxito que otras bandas de indie-rock de su quinta. Y más cuando veo que siguen siendo capaces de escribir canciones directas y que se pegan a la primera escucha. Es el caso de “Every Time You Come Around”, un tema mucho más pop, en el que se dejan llevar por una guitarra un tanto sucia. De hecho, comentan que la canción «tenía una sensación de arrogancia y fragilidad en las letras que Jason tuvo el buen sentido de borrar por completo con un tsunami de guitarra fuzz». Pero también de “Trying to get Over”, una urgente canción cercana al post-punk, en la que no pueden evitar hacer un estribillo de lo más pop. Y ojo con esa bestialidad final llamada “Straight Lines”, donde se van a los primeros años del punk. De hecho, se podría decir que es puro The Modern Lovers.

7,7