Mull Historical Society – Dear Satellite

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Ya ni me acordaba de Mull Historical Society, el grupo de Colin MacIntyre, un escoces con bastante talento que tuvo algo de éxito a principio de la década pasada. Su primer trabajo, el magnífico Loss, era un gran disco, en el que el MacIntyre daba una buena muestra de lo bien que se las apañaba haciendo canciones de pop épico y grandilocuente. Auténticos temazos como Watching Xanadu, This Is Not Who We Were, o Animal Cannabus, que eran más desenfadados y divertidos que lo que estaba triunfando en aquél momento en Reino Unido, que no era otra cosa que los primeros Coldplay y bandas como Travis o Starsailor. Vamos, un coñazo como un piano de grande.  Nunca más volvió hacer un trabajo tan bueno como su debut, y pensaba que había dejado la música, pero no, acaba de sacar un nuevo álbum, y no está nada mal.

Poco ha cambiado en estos últimos quince años, MacIntyre sigue empeñado en hacer bonitas canciones de chamber-pop; esas en las que de vez en cuando aparecen campanas, y esas en las que una orquesta lo dice todo. Se le da muy bien hacer baladas con estribillos grandilocuentes y orquestales, como Build Another Brick, el tema que abre este Dear Satellite, o Why Do They Go so Soon, que también está muy bien. Pero no se queda ahí, y sabe lo que es hacerse con un buen hit, como es el caso de The Ballad of Ivor Punch, donde se pone un poco más guitarrero e intenso, o tirar al pop simple pero efectivo, como en Sleepy Hollow y Bones. Incluso se atreve con algo de folk-pop en This Litte Sister, y sale bien parado.

Es cierto que el disco baja un poco en su recta final, donde ha metido demasiados temas lentos. De esta parte se salvan Each Other, que es lo que podríamos llamar una típica canción de Mull Historical Society, y Try to Be You, donde se acerca a los Deacon Blue de los ochenta.

Me alegra ver que, quince años después, este escoces que me hizo disfrutar tanto con su primer trabajo, sigue en buena forma.

7,3

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Pet Shop Boys – Super

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Juro que lo he intentado, que he tratado de que me gustara el nuevo disco de Pet Shop Boys, pero no puedo, es superior a mis fuerzas. Lo único que consigue es levantarme un buen dolor de cabeza, y que me acuerde de lo mucho que me gustan buena parte de sus anteriores trabajos. No es que sea el típico nostálgico que solo disfruta con sus discos de los ochenta y alguno de los noventa. Me encantó Yes, y creo que Electric tiene cosas realmente buenas, pero por aquí no paso.

Una de las cosas que siempre han hecho bien Neil Tennant y Chris Lowe, es hacer lo que les ha dado la gana. Aunque siempre han llevado el pop por bandera, y su música entra en lo que podríamos llamar “comercial”, han tenido su propia personalidad. Nunca se han dejado llevar por las modas, y la prueba está en su discografía; en un disco como Behaviour, o en canciones en las que se han dejado llevar por sus impulsos – el ritmo latino de Domino Dancing, o el disco de New York City Boy -. Eso es lo que les ha hecho un grupo de pop diferente al resto, y eso es lo que se echa en falta en Super.

Beats acelerados, ritmos machacones y simples, subidones…Con la ayuda del pesado de Stuart Price (en qué hora finiquitó Les Rythmes Digitales), los Pet Shop Boys han tratado de convertirse en Avicii, o en cualquiera de estos nuevos músicos de electrónica que lo están petando en todo el mundo. Lo peor es que, estos nuevos mesías, no son nada del otro mundo, y lo único que han conseguido es que la música dance se convierta en algo para las masas. Sobre todo en Estados Unidos, donde nunca ha sido excesivamente popular. Quizá, el dúo británico, está intentando una nueva conquista del mercado norteamericano, que nunca se le ha dado demasiado bien. A lo mejor lo que quieren es que los pubers yankees bailen Happiness, Pazzo! e Inner Sanctum en el Coachella o en el Lollapalloza. Ellos verán, pero por el camino se han dejado parte de la elegancia, los estribillos, y las buenas melodías. Vamos, sus señas de identidad, que tan solo se dejan ver en The Pop Kids, en algo de Groovy y Undertow, y en Into Thin Air, que es más reposada.

Ni siquiera están del todo acertados en las baladas, que siempre han sido uno de sus puntos fuertes. Consiguen que recordemos un poco su pasado más elegante en The Dictator Decides, que es más minimalista que el resto del álbum, pero aburren hasta a las piedras con Sad Robot World. Luego está Twenty-something, que ha sido muy comentada por ser una especie de medio tiempo reguetón, y que, si la comparamos con buena parte del disco, sale ganadora. Aunque no es que sea nada del otro mundo.

Neil y Chris, me avisáis cuando seáis vosotros mismos otra vez.

4,7

Britta Phillips – Luck or Magic

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Cinco versiones y cinco canciones nuevas: eso es lo que nos ofrece Britta Phillips en su primer trabajo en solitario. La de Michigan, más conocida por formar parte de Dean & Britta y Luna, planeó este trabajo hace unos cuantos años, junto al productor de música electrónica Scott Hardkiss, pero lo aparcó en 2013, tras la repentina muerte de éste último. Ahora, junto a Eric Broucek, productor de LCD Soundsystem y The Juan Maclean, y con la ayuda del batería Roger Brogan (Spectrum) y de su famoso marido, ha recuperado estas canciones y les ha dado un nuevo enfoque.

Viendo los nombres que he puesto más arriba, uno se puede pensar que estamos ante un trabajo un tanto electrónico, pero no, es más melancólico y cercano a lo que ha hecho hasta ahora con sus respectivas bandas. Aunque sí es cierto que hay muchos teclados y alguna que otra capa sintética. Gracias a esto, consigue crear un sonido bonito y resultón, que le viene de maravilla a sus composiciones, y a las de otros.

En este Luck or Magic, Britta demuestra tener muy buen gusto para escoger versiones. Hay un poco de todo, pero las cinco están muy bien llevadas. Aunque eso sí, hay una que está un poco por encima del resto. Se trata de su revisión de Wrap Your Arms Around Me, un tema con el que Agnetha Fältskog (la rubia de ABBA), tuvo cierto éxito en 1983. Phillips hace de ella de un elegante corte de pop, y actualiza la canción original de una forma inteligente, quitándole la caspa y la épica que, la verdad, no venía muy a cuento. Donde está más respetuosa es en su revisión del Lady (Fallin’ in Love) de Dennis Wilson, y en la del One Fine Summer Morning de Evie Sands. El tema del californiano ya contaba con toda una orquesta, que casi la convertía en lo que hoy llamaríamos un tema de dream-pop. Aquí, Phillips, no cambia mucho la original, pero, al igual que en la anterior, la actualiza y le da su toque personal. Un tanto de lo mismo pasa con la canción de la neoyorquina, que era muy simple y minimalista (la base rítmica eran unos bongos). Britta la acelera un poco y le mete unos teclados, pero poco más. Quizá, el cambio más radical, viene en Drive, el famoso tema de The Cars, que ella convierte en un sedoso tema de pop ensoñador. Una maravilla.

Lo malo de hacer un disco con versiones y con temas originales, es que estos últimos tienen que estar a la altura de las circunstancias. Britta Phillips sale muy bien parada, sobre todo el Daydream, el cinematográfico corte que abre álbum, en el que casi parece que está pidiendo a gritos un tema principal de James Bond (es bastante mejor que esa ñoñería de Sam Smith). Pero también sabe lo que se hace en Do It Last, que es mucho más sencilla, pero igual de efectiva, y en Million Dollar Doll, que es todo un hit, y la canción más directa del álbum. Incluso el tema que da título al disco, que es más clásico y cuenta con menos teclados, tiene su punto. Lo que no le sienta muy bien es irse por las ramas y hacer un corte más esquivo como Ingrid Superstar, en la que supongo que ha intentado hacer algo cercano a las canciones de Nico con la Velvet.

Ha tardado en lanzarse en solitario, pero la espera ha merecido la pena.

8

Selección 2016 (3ª Parte)

SELECCION 2016)

Este año me está costando una barbaridad seleccionar unos cuantos temas para hacer una recopilación decente, lo que no es muy buena señal de como está yendo la temporada musical. Aun así, buscando un poco, se puede dar con una veintena de canciones que cuadren bien.

De entre las novedades más destacadas, tenemos a Kristin Kontrol, que es la nueva banda de Dee Dee, que ha finiquitado a las Dum Dum Girls y se ha embarcado en este proyecto de synth-pop ochentero. También está por aquí el nuevo tema de ANOHNI, la nueva personalidad de Antony Hegarty junto a Hudson Mowhake, y Oneohtrix Point Never. Pero también he metido uno de los adelantos de Minor Victories, el supergrupo con miembros de Mogwai, Slowdive y Editors. Además de algún tema de Woods, Kevin Morby y The Dandy Warhols, que parece que recuperan el pulso tras varios trabajos mediocres.

Espero que os guste.

1. White Walls / The KVB 5:31

2. Autumn in Paradise / Primal Scream 5:04

3. Antes de conocerme / El Último Vecino 3:44

4. X-Communicate / Kristin Kontrol 3:51

5. Wrap Your Arms Around Me / Britta Phillips 4:29

6. Road Blaster / M83 4:22

7. Holidays / Starwalker 3:30

8. Drone Bomb Me / ANOHNI 4:12

9. A Hundred Ropes / Minor Victories 3:55

10. Black Monday / Drinking Flowers 3:55

11. Going Nowhere / Lost Tapes 4:15

12. Burnham Beeches / Lush 3:07

13. Dorothy / Kevin Morby 5:09

14. Politics Of Free / Woods 3:36

15. Squirrel vs Snake / The Posies 3:54

16. Berlin Got Blurry / Parquet Courts 3:28

17. Telephone / The Goon Sax 4:50

18. My Heart Went Cold / The Thermals 2:38

19. You Are Killing Me / The Dandy Warhols 3:42

20. The Community Of Hope / PJ Harvey 2:24

PJ Harvey – The Hope Six Demolition Project

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Todas las críticas que he leído del último trabajo de PJ Harvey coinciden en que, aunque sigue la estela de “Let England Shake”, no ha conseguido superarlo. Algo que, por otro lado, es de lo más normal. El anterior álbum de la de Dorset es una auténtica obra maestra, insuperable, y uno de esos discos que solo se hacen una vez la vida. Es más, en mi humilde opinión, es el mejor disco de lo que llevamos de década. Quizá, al ser PJ Harvey, se le exige un poco más; algo así como el enésimo cambio de rumbo de su carrera. Pero reinventarse no es fácil, y es de lo más normal seguir un camino que solo te ha proporcionado alegrías. Además, no es del todo cierto que sea la segunda parte de su anterior trabajo. Musicalmente es mucho más áspero, crudo, y bastante menos asequible. Así que tampoco la vamos a sacrificar por haber seguido, más o menos, la misma línea.

The Hope Six Demolition Project es un álbum muy político, en el que Harvey ha trasladado las inquietudes de otras épocas que aparecían en su anterior trabajo, a las del mundo actual. Un viaje junto al fotógrafo Seamus Murphy por Afganistán, Kosovo y Washington D.C., le ha valido de inspiración para crear las letras de este álbum, en las que cuenta historias de barrios marginales en ciudades del primer mundo (ha tenido una buena polémica con The Community Of Hope), o de las muchas injusticias que hay en el mundo actual. Además, por algunas de las letras, tengo la sensación de que lo más lo preocupa son los niños; su educación y que puedan vivir una infancia sin que estén rodeados de miseria. Algo que no debería ser una utopía.

Otra de las cosas que más se comenta de este trabajo, es el saxo, que está presente en gran parte del álbum, donde en muchas es el gran protagonista. Hay momentos en los que puede resultar un poco cargante, pero hay otros en los que tiene su punto. Es el caso de la potente The Ministry Of Defence, en la que comparte el protagonismo con un riff de guitarra desgarrador, y los coros de su inseparable John Parish. O en el pop brillante de A Line In The Sand, Near The Memorials To Vietnam and Lincoln, y Medicinals, donde se acopla de maravilla. Por cierto, que estas tres son las canciones que más se acercan a su anterior álbum. Pero claro, también se excede un poco con este instrumento, y en canciones como The Ministry Of Social Affairs y Dollar, Dollar, el dichoso saxo se vuelve un tanto invasivo.

Quizá, al sacar como primeros singles The Wheel y The Community Of Hope, la gente se esperaba otra cosa. Estas dos canciones son los dos cortes más directos del álbum, y la verdad es que son dos temazos como la copa de un pino. Incluso The Orange Monkey, que fue el tercer adelanto, y es un tanto más esquiva, se vuelve más accesible dentro del álbum. Pero no es la línea general del álbum. De hecho, yo diría que, unas cuantas veces, se sale de la línea general del disco, y se pone un poco más ecléctica.

Sí, no es Let England Shake, ni siquiera es su segunda parte, como he leído por ahí, pero es un disco estupendo; un puente hacia otro camino, que supongo que es el que tomará en su  siguiente trabajo.

8,1

Parquet Courts – Human Performance

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La incontinencia musical de Parquet Courts no les ha servido de mucha ayuda en los últimos años. El Ep que sacaron el año pasado era bastante insufrible, y su anterior largo un tanto irregular. Si a esto le unimos sus trabajos bajo el nombre de Parky Quarts, nos encontramos con un buen número de lanzamientos en apenas tres años. Y lo que es peor, ninguno de ellos supera a su estupendo debut. Quizá, por eso, para este Human Performance, se han tomado su tiempo, tardando casi un año en grabarlo, y pasando por varios estudios de su país. Por cierto, uno de ellos es el que tiene Jeff Tweedy de Wilco en Chicago, que ha tocado la guitarra en un par de cortes del disco. No podían haber tomado una decisión mejor, porque estamos ante el que es el mejor trabajo de su carrera.

Los Parquet Courts de este álbum están mucho más contenidos y, aunque no hay hits acelerados y potentes como Borrowed Time y Sunbathing Animal, es un trabajo mucho más regular que sus anteriores discos. En él sí que se puede sacar a la palestra esa comparación con Pavement que arrastran desde sus comienzos –la fantástica Keep It Even es el mejor ejemplo-, y que yo nunca he sido capaz de pillar. Pero no se quedan ahí. Desde sus comienzos siempre han tenido la ciudad de Nueva York presente en su música, y el punk, el hardcore, y la época dorada del CBGB han sido una gran influencia para ellos. Ahora se van un poco más atrás y nos encontramos con que The Velvet Underground también están dentro de sus bandas favoritas. Es más que evidente en las guitarras finales de la estupenda One Man No City, en el toque de delicadeza que emplean en Steady On My Mind, y en parte del tema enorme que da título al álbum.

Ya decía más arriba que aquí apenas hay hits acelerados de corte punk. Tan solo pisan el acelerador en la contundente Two Dead Cops, que es prima-hermana de Sunbathing Animal, y tiene una letra que no va a gustar nada a la policía de su ciudad. A cambio nos encontramos con unos Parquet Courts capaces de hacer temas excelentes con muy poco. Es el caso de Dust, que es simple, pero muy efectiva, de Outside, en la que incluso se acercan al pop, o del toque sixties de Pathos Prairie. Pero es en Berlin Got Blurry donde dan lo mejor de este álbum. Esta especie de fusión entre el rock fronterizo (esa guitarra) y la new-wave es una auténtica maravilla, y uno de los mejores temas de su carrera.

Con Human Performance, Parquet Courts se presentan como una banda capaz de hacer discos redondos y mucho más regulares. Hasta ahora, en sus álbumes, metían todo lo que pillaban por banda, y en ellos eran capaces de lo mejor, pero también de lo peor.

8,3

M83 – Junk

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Hace unos meses me dio por poner el vinilo de Hurry Up, We’re Dreaming, el anterior trabajo de M83, y solo pude pensar en lo mal que había envejecido en apenas unos años. No sé si Anthony Gonzalez habrá pensado lo mismo, pero en su nuevo álbum se ha quitado de encima casi toda la épica cargante que planeaba sobre ese disco, y se convertido en un músico de soft-rock al que, de repente, le ha dado por llenar sus canciones de solos de guitarra, saxos, y referencias a series estadounidenses de hace cuarenta años. El caso es que la mezcla le funciona, y aunque hay que decir que hay momentos bastante horteras, el disco tiene su punto.

Junk cuenta con algún que otro descoloque, lo que una amiga mía llamaría un “nada que ver”, y eso es precisamente lo que más me gusta de él. Otro disco tan intenso como el anterior hubiera sido realmente insoportable, y una desintoxicación a tiempo siempre viene bien. Gonzalez lo hace con canciones como Moon Crystal, que es una delicia instrumental que bebe de las sintonías de las series norteamericanas de finales de los setenta y principio de los ochenta, o con un single tan poco comercial y tan loco como Do It, Try It. Además, no se corta un pelo a la hora de sacar sus influencias más comerciales, y se saca de la manga alguna que otra balada horterilla y melosa. Es el caso de For The Kids, Tension y Atlantique Sud, que bien podrían ilustrar los momentos más tristes de esas series que mencionaba más arriba.

Aunque ha corrido muchos riesgos con este trabajo, no todo es un suicidio comercial. También hay hits, y alguno de ellos muy buenos. Sí, quizá se le va la mano con el solo de guitarra de Go¡, y con el sonido totalmente sintético de Bibi the Dog, pero son dos temas muy potentes. Aunque la palma se la llevan Road Blaster que, gracias a sus pegadizas trompetas, es el corte más directo del álbum, y Time Wind, donde se deja ayudar por Beck, y juntos consiguen una gran canción de pop electrónico.

Donde no termina de cuajar la cosa es en los temas instrumentales y de corte más ambiental. Se nota que hace poco hizo la banda sonora de Oblivion, ya que canciones como Ludivine y Sunday Night 1987, tienen ese toque de soundtrack. Además, al estar al final de un disco largo como este (otro fallo), se terminan haciendo muy pesadas.

No ha fabricado su mejor disco, ni mucho menos, pero al menos ha conseguido hacer un disco diferente a lo que todo el mundo se esperaba, y no ha muerto en el intento.

7,5