Sean Nicholas Savage – Screamo

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Estoy un poco perdido con la carrera de Sean Nicholas Savage y su incontinencia a la hora de sacar discos. Es más, realmente, no sé cuántos lleva ya, y tengo que reconocer que alguno me he saltado. Pero no pasa nada, porque apenas hay cambios en su música. Algo que debería hacerse mirar de vez en cuando. Y es que, ahora, que llevo cuatro años sin escuchar nada suyo -el último disco que puse por aquí fue el “Bermuda Waterfall”, y desde entonces ha sacado tres más-, sí que me entran bien sus canciones, pero no creo que me pasara lo mismo si hubiera seguido a rajatabla su carrera.

Leo en la página de su sello que, “Screamo”, es su disco número trece y el fin de lo que ha bautizado como “la trilogía del casete”. Y eso es lo único que cambia, el formato, porque lo demás sigue siendo lo mismo de siempre. Pero, siempre hay uno, lo hace también, que te engancha. Su toque lo-fi y su voz aguda siguen molando. Sobre todo, cuando se pone un poco más animado y se lanza a sonidos disco y synth-pop, como es el caso de ‘One Sweet Thing’, ‘Thru You’ o ‘Metro Phenomenon’, que son maravillosas. Y cuando se relaja y tira de ritmos más electrónicos, también está acertado. Es el caso de ‘Dreamo’ y ‘Abandoned’, que son realmente bonitas. Además de ese instrumental llamado ‘Moonlight Lambada’, el cual hacer honor a su nombre.

Dentro de su faceta más clásica está un poco más irregular. Sí que soluciona bien la papeleta en el tema titular y en ‘Abracadabra’, que tienen un toque de pop de lo más setentero. Es más, no me extrañaría nada que la segunda fuera una especie de guiño al famoso tema de la Steve Miller Band. Sin embargo, en ‘Lately in My Dreams’ y ‘Meaning of Lately’, termina resultando un tanto aburrido. Afortunadamente, entre medias, está la deliciosa y ochentera ‘Splash’.

Al final, tras más de una docena de trabajos, consigue que su fórmula siga funcionando, y en este trabajo encontramos muchos más aciertos que errores. Algo que no resulta nada fácil cuando editas discos como si fueran churros.

7,7

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Marem Ladson – Marem Ladson

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No hace ni un año que Marem Ladson se subía al escenario del DCODE madrileño para dar el que fue su primer gran concierto, el cual daba como ganadora del concurso de artistas emergentes que todos los años hace el festival. Desde entonces, que solo han sido nueve meses, esta chica de apenas veinte años, mitad gallega, mitad estadounidense (es hija de un jugador de baloncesto norteamericano que acabó en Galicia hace ya un porrón de años), ha girado por todo el país junto a artistas como Alondra Bentley o Dirty Ray, y ha publicado el que es su primer álbum de debut. Un debut que se está llevando alguna de las mejores críticas de lo que llevamos de año, algo que no resulta extraño, porque su propuesta es de lo más fresca e interesante.

Ladson es una de esas artistas que meten dentro de la etiqueta folk, algo que no puede ser menos acertado. Su música se mueve dentro de muchos estilos, y se la da también ponerse folkie, como darle al indie-rock, o tirar un poco hacia el soul. Es más, de esa faceta de chica con guitarra acústica, solo encontramos ‘Born’ y ‘You Are Not Welcome’, con las que se abre y cierra el disco. Entre medias hay muchos matices más. Solo hay que escuchar ‘Shades of Blue’, todo un himno de indie-rock que cuenta con unas guitarras rotas maravillosas y un estribillo una melodía de lo más contagiosos. De hecho, ya es una de las firmes candidatas a canción nacional del año. Un puesto que también podría ocupar ‘West’, esa especie de homenaje al ‘Last Nite’ de los Strokes que le ha quedado estupendo.

Otra cosa que sabe hacer muy bien, son esos tipos de baladas que acaban en una desgarrada tormenta eléctrica, las cuales la emparentan con artistas tan buenas como Lucy Dacus o Snail Mail. ‘Everything I’ve Ever Lost (Is Coming Back)’, ‘Woods’ y ‘For and About’ están a un nivel muy alto, y no tienen nada que envidiar a los temas que hacen las artistas que mencionaba más arriba; esas que se llevan grandes críticas en los medios de todo el planeta. Pero hay más, mucho más. Como su faceta cercana al soul clásico, la cual podemos encontrar en ‘All My Storms’, el tema que la dio a conocer, donde mete unas trompetas absolutamente deliciosas. Y luego está delicada y muy sixties ‘My Corazón’, en la que se acerca estupendamente a los grupos de chicas de los sesenta.

Sin duda alguna, estamos ante un talento enorme y ante a una chica que cuenta con una propuesta de lo más exportable. Ojalá que sean muchos los que se fijen ella. Yo tengo claro que, el suyo, va a ser uno de los discos que más escuche este año.

8

 

Yuno – Moodie

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Tenía muchas ganas de escuchar el EP de debut de este chico de Jacksonville que se hace llamar Yuno. Sus dos adelantos me llamaron mucho la atención por su fusión de estilos e influencias. Y es que, aunque resulta muy evidente de quién tira y qué grupos le gustan, le ha quedado bastante bien esta ensalada en la que se pueden escuchar ecos de bandas como Animal Collective, TV On The Radio o Tame Impala, y sonidos más propios del hip-hop y de la música electrónica.

Moodie” se abre como ‘Amber’, un tema de corte electrónico donde las voces de ultratumba con ecos imposibles son las protagonistas. Es innegable que, en ella, se ha fijado en el colectivo animal, y mola, porque le ha dado un toque más pop, logrando dar con un tema de lo más fresco. Algo que también pasa en ‘So Slow’, que se acerca un poco más a la faceta experimental de los de Baltimore, pero sin olvidarse del pop. Lo mismo se podría decir de sus canciones más Tame Impala, que es su otra gran influencia. Tanto ese fantástico single llamado ‘No Going Back’, como la envolvente y sedosa ‘Fall In Love’, beben directamente de la banda australiana, pero lo hacen desde su propia perspectiva, la cual, como ya he dicho más arriba, es mucho más pop.

La canción del disco es, sin duda, ‘Why For’. Aquí se sale de la norma con unas guitarras cortantes, potentes y oscuras, que se diluyen entre ritmos electrónicos. Todo un ejemplo de cómo actualizar el indie-rock dándole un sonido más acorde con la época en la que vivimos. Y sí, es cierto que suena una barbaridad a TV On The Radio, pero es tan buena, que da igual que suene a otros.

Ojo con Yuno, porque, a pesar de que tiene unas influencias muy reconocibles, también tiene un gran talento para componer canciones redondas. Y este EP es un gran ejemplo.

7,9

Azure Blue – Fast Falls The Eventide

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ABBA, Labrador Records, Robyn, las producciones de Max Martin, ‘Young Folks’, The Cardigans…Suecia es sinónimo de pop y una de las mayores industrias musicales del mundo. El país escandinavo ha dado algunas de las mejores canciones de las últimas cinco décadas (solo en la discografía de ABBA ya encontramos unas cuantas), y su cultura musical es envidiable. En parte, por la política de su gobierno y sus subvenciones a los proyectos musicales. Algo que, por otro lado, es normal, porque es una de sus mayores industrias. Por eso es fácil encontrarse con decenas de buenos discos procedentes de allí, como el último de Azure Blue, el proyecto de Tobias Isaksson, un chico que formó parte de Irene (¿os acordáis de su maravillosa ‘By Your Side?), y que ya cuenta con una sólida carrera en solitario, de la cual hablé aquí hace unos años.

Isaksson es uno de esos artistas que lo hace todo en sus canciones. Excepto cantar en muchas de ellas, que eso se lo deja a algunas de las estrellas de la música independiente sueca, como Peter Morén (Peter Bjorn & John), The Land Below, Paola, César Vidal (Caesars), Julia Boman y Tangela. Sus temas se mueven en el mundo del pop electrónico y, aunque no hace nada nuevo, lo que hace, lo hace muy bien. Como esos cortes que se van directamente hacia la pista de baile más popera, como es el caso de ‘New Moon’, ‘Crimson Red’, que es de las pocas canciones que canta él mismo, o ‘My Final Candle’, que es todo un himno de synth-pop. Y si ya nos vamos a ‘Post Affect’, nos encontramos con un lado más minimalista y robótico, pero igual de interesante.

El lado más relajado del disco está representado por canciones mucho más ensoñadoras y llenas de capas de teclados de lo más oníricos. Es el caso de ‘Love Will See You Through’, que resulta de lo más envolvente con ese sonido tan ochentero. O de ‘Whatever ‘18’ y su toque new-wave. Las dos son notables, algo que no puedo decir de ‘And Then You Came Along That Road’, el corte tan sedoso (y algo aburrido) que cierra el disco.

Fast Falls The Eventide” es un disco de lo más entretenido, en el que el músico sueco nos deja una buena cantidad de hits. Como no podía ser de otra forma.

7,7

Gruff Rhys – Babelsberg

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Hace un par de semanas comenté que el disco de Tracyanne & Danny iba a ser el disco más bonito de 2018, y quizá me precipité un poco. Pero claro, en ese momento todavía no se había cruzado en mi camino el nuevo disco de Gruff Rhys. El galés, es uno de los mayores talentos del Reino Unido, y lo demostró tanto con los Super Furry Animals, como ahora, que está inmerso en su carrera en solitario. Aunque, por alguna razón que desconozco, no termina de llevarse el reconocimiento que se merece. Siempre obtiene buenas críticas, pero no pasa de ahí, y es una pena, porque es uno de los mejores compositores de los últimos veinte años. Algo que vuelve a resultar evidente en “Babelsberg”, el que es su nuevo trabajo.

El quinto álbum en solitario de Rhys es una preciosa colección de canciones en las que recupera su faceta más pop y más orquestal. Es de sobra conocido que es un gran seguidor de ese pop cinematográfico que inundó el mundo de la música en las décadas de los sesenta y setenta; ese que practicaban Tom Jones, Jimmy Webb o Burt Bacharach, los cuales sirvieron de inspiración para muchos grandes artistas que vinieron después. Son nombres que siempre han salido a la palestra a lo largo de su carrera, algo normal, porque se le da de maravilla recrear esos sonidos elegantes que nos retrotraen a otros tiempos. Y ojo, porque no es fácil hacerlo bien, y menos en tres días, que es lo que ha tardado en grabar este disco junto a la BBC National Orchestra of Wales.

Gruff Rhys también es un hombre concienciado con los problemas del mundo en el que vivimos. Solo hay que ver lo activo que estuvo con la campaña anti-Brexit de hace dos años, cuando nos dejó esa maravillosa oda al viejo continente llamada ‘I Love EU’. Según la nota de prensa, su nuevo trabajo está inspirado en lo divididas que están las grandes ciudades, y en el ascenso del ego delirante masculino. Además, en él, pretende retratar su preocupación por la deriva absurdista de la humanidad. El problema del plástico, que es lo que refleja en el vídeo de la preciosa ‘Frontier Man’, la canción que abre el disco, la cual, habla de ese ego masculino que mencionaba más arriba; el bombardeo constante de noticias las 24 horas del día en ‘The Club’, o las nuevas formas de asesinato auspiciadas por los gobiernos en ‘Drones in the City’, son solo algunos de los ejemplos. Pero el disco está lejos de ser un álbum oscuro, todo lo contrario, está lleno de bonitos hits de pop, como es el caso de ‘Oh Dear!’, ‘Limited Edition Heart’ o ‘Negative Vibes’. Además del precioso dúo junto a la actriz Lily Colle en ‘Selfies in the Sunset’, con la que cierra el álbum volviendo al tema del Brexit y a los días previos, en los que hicieron campaña juntos para que la gente votara en el referéndum.

American Interior” ya me pareció un gran disco, además de interesante por todo su rollo conceptual, pero este “Babelsberg” es mucho mejor, y todas sus canciones son, como mínimo, notables.

8,1

Snail Mail – Lush

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Estoy alucinado con toda esta nueva hornada de chicas jóvenes que hacen indie-rock. Con apenas veinte años, están fabricando discos prácticamente perfectos de una música que tuvo su mejor momento cuando todavía no habían nacido. La última es Lindsey Jordan que, a la corta edad de 19 años, ya cuenta con un Ep y un álbum de debut que se está llevando unas críticas sobresalientes. Y no es para menos, esta chica de Maryland sabe muy bien lo que se hace, y no solo le da al indie-rock, lo suyo va un poco más allá, metiéndose en terrenos tan fangosos como el del Slowcore.

Lush” es maravilloso de principio a fin, y un disco que refleja una madurez inaudita para una chica de 19 años. También es un trabajo bastante simple, que se basa en dos ingredientes claros: su voz, y una guitarra limpia y colorida. Pero la simpleza no es un síntoma de poco talento, al revés, resulta de lo más complicado hacer algo fresco con los ingredientes de siempre. Y es que, no es difícil enamorarse a la primera de canciones como ‘Pristine’ o ‘Heat Wave’, que fueron los dos singles de adelanto. Estos, entran dentro de su faceta más indie-rock y, por decirlo de alguna forma, más convencional. Ahí también podemos meter las maravillosas ‘Speaking Terms’, ‘Golden Dream’ y ‘Full Control’, pero el resto del disco tira hacia otro lado.

Me gusta mucho que se meta de lleno en el mundo del slowcore y nos deje una canción como ‘Stick’, en la que practica de maravilla esas tormentas de intensidad guitarrera tan propias del género. Aunque hay que decir que lo hace desde un punto de vista más melódico. Vamos, que no estamos ante una canción de Come. Algo a lo que sí se acerca en la intensa ‘Deep Sea’. Pero es en ‘Let’s Find An Out’ donde saca lo mejor de su faceta más reposada. Este tema, corto, de tono casi folk, es de lo más bonito y la adentra en un mundo que no le sienta nada mal. Y es que, su voz, desganada y triste, es una de sus mejores bazas, como bien demuestra en ‘Anytime’, el tema tan minimalista que cierra el álbum.

Pues nada, parece que ya tenemos nueva reina del indie-rock.

8,4

Lykke Li – So Sad So Sexy

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Una de las cosas que más me sorprende del nuevo pop, son esas canciones que, con diez productores diferentes, suenan exactamente igual que el resto. ¿De verdad hace falta tanta gente para hacer una producción con un sonido r&b, trap o latino? Para mi gusto no, y me parece una tomadura de pelo. Por eso mismo no estaba muy ilusionado con el nuevo trabajo de Lykke Li, que cuenta con hasta nueve productores en sus créditos. Entre ellos Rostam o Skrillex, pero no, sus canciones no suenan ahora a Vampire Weekend o tiran del EMD, suenan exactamente igual que el resto del pop de la actualidad. Aunque hay que reconocer que la sueca mantiene su personalidad, y su melancólica voz me sigue cautivando.

Afortunadamente, “So Sad So Sexy” es un disco corto. Y ojo, que no digo que sea malo, todo lo contrario, me ha gustado, pero creo que sus 34 minutos son perfectos para no acabar saturado de este nuevo sonido. La mezcla de tristeza y melancolía con los ritmos más sexys de eso que ahora llaman “urban”, funciona, y la verdad es que el título es de lo más acertado. Buenos ejemplos de esto son ‘Deep End’, ‘Jaguars in the Air’ o ‘Sex Money Fellings Die’, que son las canciones más movidas dentro un disco que no es nada movido. Pero, y vuelvo a reincidir en esto, ¿De verdad hacen falta seis personas para escribir una canción como ‘Deep End’? NO. Sí es cierto que en ‘Hard Rain’, donde ha metido la mano Rostam, suena más interesante e innovadora, y que ‘Two Nights’ está muy bien hasta que aparece el rap de Aminé, que la convierte en una canción más convencional.

También es cierto que no todo el disco tira hacia esos sonidos. Hay temas más emocionantes que casan totalmente con el sonido de sus discos anteriores. Es el caso de ‘Last Piece’, que es realmente bonita; de ‘Bad Woman’, la cual podría estar perfectamente en su excelente anterior trabajo, o del tema que le da título al disco, el cual resulta realmente emocionante. Aunque para emocionante el tema que lo cierra. ‘Utopia’, la cual está dedicada a su madre, recientemente fallecida, es una canción que pone los pelos de punta, y la verdad es que, con ella, demuestra que este rollo melancólico le va como anillo al dedo.

Tengo sentimientos encontrados con este disco. Por un lado, me parece bien que haya querido evolucionar y tirar hacia otros sonidos, pero cuando esos sonidos son lo normal en la música actual, no le veo mucho sentido. Y eso que no niego que no le queden bien. Sin embargo, escucho sus canciones más intimistas, me acuerdo de lo bueno que era su anterior disco, y no hay color.

7,9