The Shins – Heartworms

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Empiezo a creer que, incluso, el propio James Mercer, está cansado de su proyecto principal. Ya no solo es que The Shins saquen un disco cada cinco años, es que, tanto en su anterior trabajo, como en éste, se nota una pereza y una falta de ilusión que no se veía en los primeros años de su carrera. Lejos quedan los tiempos en los que sacaban discos sobresalientes como “Chutes Too Narrow” y “Wincing the Night Away”, y ahora son solo capaces de crear unas pocas canciones buenas, y algunas otras decentes. Y eso olvidándome de las mediocres, que también hay alguna por ahí.

Heartworms” es un popurrí, en el que hay un poco de todo, y claro, en algunos temas se les va de las manos. Solo así se explica esa horrorosa ‘Painting a Hole’ y sus toques árabes, que joden el buen inicio que tiene el álbum con ‘Name for You’. Y es que, también voy a ser bueno, y decir que, al menos, han conseguido dar con tres singles redondos. Aparte de la ya nombrada ‘Name for You’, también han sabido recuperar a los mejores The Shins, en ‘Rubber Ballz’, y en ‘Half a Million’, todo un temazo pop, directo y fresco, que está por encima del resto del álbum.

El mayor problema del nuevo álbum de The Shins, es que hay veces en las que se quedan a medias. Cuando consiguen dar con el estribillo perfecto, y una buena melodía, fallan en el envoltorio (‘Cherry Hearts’). Y si de repente se acercan al country, no llegan a redondear la canción del todo (‘Mildenhall’). Pero lo peor es que, cuando quieren volver a ser los de 2003, solo consiguen hacer un tema tan normalito como ‘Dead Alive’.

Donde no puedo reprocharles nada, es en los temas más reposados. Tanto en ‘Fantasy Island’, como en ‘So Now What’, consiguen dar con dos canciones en las que sí parece que le han puesto todas las ganas. Sobre todo en la primera, en la que, además, sí que dan con un envoltorio electrónico adecuado.

No es que “Heartworms” sea un mal trabajo, incluso se le podría considerar de notable, pero sí es decepcionante que, tras cinco años, solo sean capaces de llegar hasta aquí.

7,2

Modern English – Take Me To The Trees

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Puede que todo el mundo conozca a Modern English por ‘I Melt With You’, su gran éxito, y una de las mejores canciones de los ochenta. Ese himno pop, y el álbum que la contenía, fueron una rara avis en la carrera de este grupo de Essex, que, hasta entonces, siempre habían tirado hacia lados más oscuros. Incluso después, siguieron por ese camino más sombrío que los metía de lleno en el post-punk. Un estilo que, a día de hoy, treinta años después, siguen practicando.

Take Me to Trees” es su octavo trabajo, y el primero en siete años. En él han contado con la producción de Martyn Young, miembro de M/A/R/R/S, otra de esas bandas que tuvo un pedazo de hit en los ochenta. Young les ha sacado un sonido bastante interesante, en el que prima el tono oscuro, pero en el que no dejan de lado un cierto toque melódico, y algo pop. El mejor ejemplo de esto es ‘Trees’, toda una maravilla, compacta y emocionante, en la que no esconden una notable influencia del Bowie berlinés (quizá se parece demasiado al ‘Heroes’). No es la única canción en la que consiguen dar con una buena melodía, también lo consiguen en ‘Something’s Going On’, aunque esta vez solo llega en el estribillo. Algo parecido a lo que ocurre en ‘Dark Cloud’ y ‘I Feel Small’, otros dos de los grandes temas del disco.

Cuando le dan a la oscuridad y la aspereza sin complejos, también saben hacer cortes de lo más interesantes. Es el caso de ‘You’re Corrupt’, toda una canción protesta envuelta en un post-punk brillante y enérgico. Aunque para energía la de ‘Moonbeam’ y ‘Flood of Light’, otros dos temas notables. Además, la primera cuenta con un teclado cacharrero que es todo un punto.

A pesar de que, en su día, muchos les trataron como un one hit wonder, demostraron que no lo eran. Algo que siguen haciendo con este trabajo, que es de notable alto.

8

Rogue Wave – Cover Me

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Rogue Wave es una banda que no me dice demasiado, y ahora mismo no sabría nombrar ni una sola canción de su discografía, pero su nuevo proyecto sí que ha despertado mi curiosidad. Quizá, porque, como ellos, crecí en los ochenta, y un disco de versiones donde aparecen algunas de mis canciones preferidas de aquella década, sí que me llama la atención.

Cover Me” es una anécdota en la carrera de esta banda de Oakland; un entretenimiento para matar las horas muertas en su estudio. O por lo menos así empezó, haciendo alguna versión que otra para probar, y acabando en un disco completo con una selección de canciones de los ochenta. Por aquí aparecen temas tan conocidos como el ‘In Between Days’ de The Cure, el ‘Bette Davis Eyes’ de Kim Carnes, o ‘Under the Milky Way’, el mayor éxito de The Church. Eso sí, todas ellas pasadas por un filtro electrónico que trata de recrear el sonido de aquella época.

Como es normal en estos álbumes, hay versiones mejores, y versiones peores. Para mi gusto, están muy acertados en el toque sintético que le han dado al ‘Rescue’ de Echo & The Bunnymen, en su revisión del ‘That’s All’ de Genesis, que casi han convertido en una canción de Devo, o en el ‘Talking in Your Sleep’ de The Romantics, la cual ralentizan hasta dejarla casi irreconocible. Pero lo mejor del disco llega cuando atacan el ‘She Sells Sanctuary’ de The Cult. Aquí, convierten un tema de rock duro (o casi), en todo un himno popero, en el que un teclado juguetón se lleva todo el protagonismo. Muy acertada.

Aunque el disco original, que editaron en el pasado Record Store Day, contenía doce canciones, en la versión digital, que es la que se edita ahora, solo han metido nueve. Eso sí, han puesto una especie de apéndice con las tres canciones restantes en las plataformas de streaming. Algo que no me extraña, ya que tanto la versión festiva que hacen del ‘Love My Way’ de The Psychedelic Furs, como la del ‘Money Changes Everything’ de The Brains – todo el mundo cree que es de Cyndi Lauper, pero no-, son de lo mejor del disco.

Al final resulta que Rogue Wave sí que tenían algo que decir. Eso sí, con canciones de otros.

7,4

Sondre Lerche – Pleasure

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Tras escuchar los dos primeros adelantos, tenía muchas ganas de hincarle el diente al nuevo disco de Sondre Lerche. Ahora, que ya le ha dado unas cuantas vueltas, la sensación es de decepción. Tanto ‘Soft Feelings’ como ‘I’m Always Watching You’ eran dos maravillosas canción de synth-pop, en las que el noruego presentaba una nueva faceta que le sentaba de maravilla, pero el resto del disco no va del todo por ese camino.

Aunque es un álbum más bien electrónico, “Pleasure”, no termina de cuajar como una fábrica de hits, que era lo que esperábamos. Más bien es un popurrí de ideas en el que Lerche se dedica a ir probando, a ver si le funciona. Un piano house por aquí, un punteo de guitarra sucio y estridente por allá, alguna percusión contundente…casi diría que ha se ha dedicado a sabotear sus canciones. Solo hay que escuchar ‘Serenading in the Trenches’, el último single que ha sacado. En él podemos comprobar como corta en seco cuando la canción empieza a ponerse interesante, y, aunque no está mal, te quedas con la sensación de que podría haber dado mucho más de sí.

A su favor hay que decir que no todo el disco es un “experimento”, también hay temas en los que no se sale de la tangente. Uno de ellos es ‘I Know Something That’s Gone Break Your Heart’, en el que se acerca a los Cut Copy más ensoñadores. Otro ejemplo es ‘Siamese Twin’, una balada sedosa que podríamos calificar de pasable, pero al menos se agradece que no se empeñe en estropearla. Algo que si hace en ‘Bleeding Out into the Blue’, un corte que tiene una gran melodía, y un estribillo directo y pegadizo, pero también unos subidones tecnazo que no pintan absolutamente nada. Afortunadamente, en bailonga ‘Reminisce’, y en ‘Hello Stranger’, donde aparece su faceta más dance, está mucho más contenido. Lástima que en los dos cortes siguientes, y restantes del disco, no tenga mucho más que decir.

Podría haber sido su gran disco, pero se ha quedado en un trabajo con dos singles sobresalientes, alguna canción notable, y otras cuantas más que no pasan del bien. Además de algún que otro suspenso.

7

Vagabon – Infinite Words

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Ya sé que utilizo mucho el recurso de que un artista u otro puede ser una de las sensaciones del año, pero hay veces que, es tan evidente, que hay que utilizarlo. Además, en algunos casos, como el que nos ocupa hoy, no soy el único que lo dice. La todopoderosa Pitchfork le está dando una cobertura importante, y le ha puesto una notaza a este trabajo. Yo no soy tan entusiasta como ellos, pero sí creo que tiene algo. Además, algo más allá de sus canciones, ya que cuenta con un carisma importante, que al final, como no podía ser menos, acaba reflejado en su música.

Vagabon no es otra que Laetitia Tamko, una chica nacida en Camerún, que los 13 años emigró a Harlem con sus padres. Al parecer, con esa edad, pidió una guitarra para tocar las canciones de Taylor Swift, aunque que, afortunadamente, lo que hace ahora tiene muy poco que ver con la reina del pop actual. Lo suyo es un indie-rock totalmente noventero, y, en algunos casos, realmente crudo. Aunque, de repente, se sale por la tangente, y se saca de la manga un tema de ambient electrónico como ‘Mal à L’aise’. Pero es solo una anécdota.

Una de las cosas que más llaman la atención de su propuesta, es la intensidad con la que acata cada canción. Musicalmente, no hace nada que no se haya hecho ya mil veces, pero su voz, que no tiene nada de suave, casa de maravilla con la crudeza de sus guitarras. Solo hay que escuchar ‘The Embers’, el corte que abre el álbum, para comprobarlo. En él, nos encontramos con un potente e intenso tema de indie-rock, al que no hay quién se resista. Sobre todo por sus subidas y bajadas. Algo parecido a lo que ocurre con ‘100 Years’, otro de los grandes temas del álbum.

Aunque todo el disco tiene su punto, hay dos cortes que sobresalen. Además, los dos, más o menos tienen la misma estructura. Estoy hablando de ‘Fear & Force’, en la que Frankie Cosmos hace los coros, y ‘Cold Apartment’. Aquí nos encontramos con dos cortes que empiezan tranquilos, y acaban en una descarga eléctrica sublime. La única diferencia es que, en la primera, entre de sopetón, y en la segunda va subiendo poco a poco.

Lo dicho: este año vais a oír hablar mucho de Vagabon.

8

Tennis – Yours Conditionally

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Resulta curioso como Tennis han pasado de ser una anécdota, y una historia curiosa del mundo de la música – su primer trabajo vino tras recorrer toda la costa este de Estados Unidos en una pequeña embarcación de vela – a ser una banda respetada y con una carrera más que decente. Es cierto que debutaron con un disco lleno de temazos, pero nadie esperaba mucho más de ellos. Afortunadamente, se quitaron de encima el sonido lo-fi que impregnaba ese álbum, y se pusieron las pilas. Y tanto, porque, a partir de su segundo álbum, empezaron a mimar a la producción, y todos los trabajos que han venido después, han tenido un sonido espectacular. Incluido este.

Siempre con la mirada puesta en los setenta, tanto musicalmente, como estéticamente -el anuncio promocional del álbum es maravilloso-, el matrimonio de Baltimore ha vuelto a construir otra colección de canciones notable, en la que el soul blanco y el pop son los dos protagonistas absolutos. Tanto lo uno, como lo otro, lo manejan de maravilla. Solo hay que escuchar ‘In the Morning I’ll Be Better’, el tema que abre el álbum, para darse cuenta de que tienen la lección bien aprendida. Este baladón soul es tan solo una muestra de lo que pueden llegar hacer en este terreno, pero hay más. También saben fusionarlo con un toque funk y pop (‘My Emotions Are Blinding’), o acercarse al disco (‘Ladies Don’t Play Guitar’). Además de dejarnos otras baladas para el recuerdo (‘Baby Don’t Belive’ y ‘Modern Woman’).

Su faceta más pop también la tienen cubierta, aunque es cierto que está menos presente. El mejor caso lo encontramos en la estupenda ‘Fields of Blue’, donde meten unas guitarras mucho más indie-pop de lo normal, y más cercanas a los ochenta que a los setenta. También tienen un sonido más actual ‘Matrimony’ y ’10 Minutes 10 Years’, pero más que nada por su sección rítmica, que cuenta con unas bases un tanto electrónicas. El resto sigue siendo de lo más retro. Y como curiosidad nos encontramos ‘Please Don’t Ruin This for Me’, que es de lo más folkie.

Desde luego, “Yours Conditionally” demuestra que Tennis están muy cómodos en este mundo tan setentas en el que viven. Eso sí, que no se confíen mucho, que todo puede llegar a cansar.

7,5

Dams of the West – Youngish American

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No quiero ser pesimista, pero veo un poco negro el futuro de Vampire Weekend. La tardanza en su sacar su nuevo trabajo, la marcha de Rostam, y los proyectos en solitario de cada uno de ellos, no auguran nada bueno. Aunque, por supuesto, espero equivocarme, y que solo sea un descanso largo tras su gran obra maestra.

Después del fantástico disco en solitario de Baio, y los múltiples proyectos de Rostam, el siguiente en aventurarse en solitario es Chris Tomson, el batería de la banda. Lo hace bajo el nombre de Damns of the West, y bajo la supervisión de Patrick Carney de los Black Keys, que ha ejercido de productor.

Dicen que el batería es el miembro más prescindible de un grupo, pero parece que este no es el caso. Aunque no es un trabajo sobresaliente, “Youngish American” si tiene varias cosas destacables. Su sonido es una de ellas. Y es que, al contrario de lo que hacen sus compañeros en solitario, aquí sí hay un tufillo a Vampire Weekend. Algo que es bueno, por supuesto. Es más, los mejores momentos del disco llegan cuando aparece este sonido. Es el caso de ‘Death Wish’ o ‘The Inerrancy of You and Me’, dos estupendos temas pop.

Otro de los puntos buenos del disco, es que hay cortes bastante más potentes de los que suele hacer con su banda. Al ser batería, disfruta de lo lindo con una sección rítmica potente, y lo demuestra con creces en ‘Bridges and Tunnels’ y ‘Tell the Truth’, los dos temas iniciales, y dos cortes notables. Además, aquí sí podemos escuchar las guitarras distorsionadas, algo que no pasa en la música de los vampiros. Solo hay que escuchar ‘Will I Be Know to Her’ y ‘Pretty Good WiFi’ (al parecer está obsesionado con la tecnología), los dos temas más potentes y sucios de todo el disco.

Lo que no me ha gustado demasiado es su faceta más tranquila, la que saca a relucir en ‘Polo Grounds’ y el tema que da título al álbum, que me parecen un poco sosas. Además, no disfruto mucho de su voz, que para nada es bonita. Pero bueno, es un batería, y bastante que ha hecho un disco más que decente.

7,1