Novedades 2017 (6ª Parte)

 

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Empieza el curso, y los nuevos lanzamientos salen hasta de debajo de las piedras. Este mes de septiembre está siendo excepcional., y cada viernes nos encontramos con una pila de discos por escuchar. Esto se ve reflejado en la recopilación de este mes, en la que hay mucha canción de discos que ya he reseñado por aquí. Es el caso de The National, Alex Cameron, Lali Puna o The Pains Of Being Pure At Heart. Pero también hay una docena de canciones de discos que están por venir. Ahí es donde entra lo nuevo de John Maus, Cut Copy, el temazo bailable de The Horrors, o el soul potente de Curtis Harding. Además de Lina Tullgren, una chica que no conocía, y me ha encandilado con los adelantos de su nuevo álbum.

Espero que os guste.

1. In Chains / The War On Drugs 7:21
2. Politics of Love / Alex Cameron 4:32
3. No Logic / Shout Out Louds 3:24
4. The Combine / John Maus 3:39
5. Siphon / Zola Jesus 3:50
6. One More Time / Orchestral Manoeuvres In the Dark 3:07
7. Tonite / LCD Soundsystem 5:47
8. The Bucket / Lali Puna 3:34
9. Bad Ones / Matthew Dear feat. Tegan and Sara 4:38
10. Standing in the Middle of the Field / Cut Copy 5:32
11. Something To Remember Me By / The Horrors 6:40
12. The Garret / The Pains Of Being Pure At Heart 4:30
13. Day I Die / The National 4:32
14. Party in the Dark / Mogwai 4:02
15. Valley Boy / Wolf Parade 3:37
16. Your Type / Alvvays 2:04
17. Asktell / Lina Tullgren 2:57
18. Feels Like Heaven / Ariel Pink 3:16
19. Everyone You Meet / The Clientele 4:19
20. On And On / Curtis Harding 3:46
21. Dear Life / Beck 3:44
22. Half Light / Rostam ft. Kelly Zutrau 3:31

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South Out Louds – Ease My Mind

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Puede que South Out Louds no sean el grupo más interesante del mundo, y está claro que ya no van a salir de esa zona media en la que llevan metidos desde el principio de la década pasada, pero también es cierto que es un grupo que no molesta. Es cierto que esto no suena muy bien, pero es así. Dudo mucho que los suecos sean el grupo favorito de nadie, al igual que también creo que todo el mundo puede disfrutar de alguna canción suya de vez en cuando. Y es que, al fin y al cabo, sus discos cuentan con varias canciones notables, y su nuevo trabajo vuelve a ser un nuevo ejemplo de esto.

Dicen los miembros de Shout Out Louds, que “Ease My Mind” es una vía de escape y una necesidad de tomarse un descanso del miedo que da este mundo distópico y frágil en el que vivimos. Y es que, la música de los de Estocolmo siempre ha sido más de emociones que de análisis. Pero también voy a llevarles un poco la contraria, ya que, tras unas cuantas escuchas de este álbum, sí que les veo un poco menos festivos que de costumbre, además de algo más melancólicos.

Ease My Mind” es un trabajo más cercano al “Work” que a su disco anterior. Prácticamente, carece de esa pequeña pátina electrónica que suelen tener muchas de sus canciones, y es un disco mucho menos sintético. Quizá, el hecho de quitarse de encima su faceta más festiva, les reste un poco de puntos, pero la verdad es que la suplen muy bien con otros ingredientes. Esa vuelta al mundo más rock le sienta muy bien en la preciosa ‘Jumbo Jet’, que abre el álbum de una forma inmejorable, en la intensa ‘Paola’, la cual viene inmediatamente después, o en la épica ‘Oh Oh’. Pero es una balada como ‘Crying Game’, donde dan buenas muestras de lo bien que se les dan las guitarras. Y es que, una vez más, aquí vuelven a tirar de The Cure, y nos dejan su ‘Pictures of You” particular.

Donde suenan menos interesantes es en ‘Porcelain’ que, precisamente, es uno de los singles. Más que nada, porque ya la han hecho una decena de veces antes. Resultan menos repetitivos en ‘No Logic’, que es la única la concesión a la electrónica de todo el disco, o en el tema que da título al álbum, donde nos encontramos con una bonita balada de lo más otoñal.

Lo dicho, no van a cambiar la vida de nadie, pero han vuelto a sacar un disco en el que, al menos, hay media docena de canciones notables.

7,4

Lali Puna – Two Windows

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En los últimos años, todo aquello que se hizo llamar indietronica, ha sido sustituido por lo que algunos llamaron chillwave. Y ahora, que el chillwave parece que ha pasado a mejor vida, resurge uno de los grupos claves de la indietronica. Lo que más o menos nos viene a decir que las etiquetas son una chorrada, y todas estas bandas hacen (o hacían) pop electrónico. Pero bueno, como nos gusta mucho lo de clasificar cosas, vamos a tomar a Lali Puna como uno de los padrinos de la indietronica. Y es que, la banda alemana, fue de las primeras en tener un cierto reconocimiento con sus canciones melancólicas envueltas en una electrónica sedosa y preciosista. Incluso llegaron a tener algún hit que otro, como la potente ‘Micronomic’. Ahora, tras siete años sin prácticamente saber nada de ellos (sacaron un single compartido en 2015), vuelven con el que es su quinto trabajo.

Como no podía ser de otra manera, “Two Windows” es un álbum frío y algo distante. La banda de Munich es una experta en jugar con la electrónica más esquiva y darle un toque pop. Algo que se puede apreciar en este trabajo, pero también saben quitarse la palabra pop de en medio, y virar hacia caminos menos transitados. Es el caso del tema que da título al álbum, en el que resultan de lo más interesantes poniéndose bailongos. O de ‘Come Out Your House’ donde experimentan con sus cacharritos electrónicos.  Incluso son capaces de prescindir de la hipnótica voz de Valerie Trebeljahr, que es una de sus mejores bazas, y hacer un tema casi instrumental, como es el caso de ‘Birds Flying High”.

Aunque siempre está bien que los grupos experimenten y busquen nuevos sonidos, la verdad es que, tratándose de Lali Puna, yo prefiero su faceta más pop. Afortunadamente, parece que ellos también, y casi todo el álbum tira hacia ese rollo. Puede ser un poco más tranquilo y ensoñador, como es el caso de la preciosa ‘Deep Dream’, o de la juguetona ‘Everything Counts On, en la que cuentan con la colaboración de la artista MimiCof. Pero también pueden virar hacia el lado más bailable del pop electrónico, y sacarse de la manga una estupenda colaboración con Dntel llamada ‘The Frame’, o dos maravillas como ‘Wonderland’ y ‘The Bucket’, la gran candidata a hit del disco.

Para ser sincero, no me he acordado mucho de ellos en los últimos siete años, pero este nuevo trabajo me ha recordado lo buenos que eran, y lo mucho que hicieron por el pop electrónico.

7,8

 

The National – Sleep Well Beast

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Los últimos cuatro trabajos de The National son excelentes, y es una de las bandas que más he disfrutado en la última década, pero no voy a negar que ya les tocaba cambiar un poco el chip. Algo que, más o menos, han hecho en este nuevo álbum. Los norteamericanos han dado un pequeño giro a su música (sin pasarse mucho), metiendo más elementos electrónicos y oscureciendo un poco más sus canciones. Incluso suenan un poco más duros que de costumbre en un par de cortes. Quizá, en alguna ocasión, estos nuevos ingredientes, no les terminan de funcionar, pero era absolutamente necesario refrescar un poco su sonido.

Veo “Sleep Well Beast” como un disco de transición hacia otro rumbo. El típico álbum en el que buscas un nuevo camino sin dejar de ir por el de siempre. También lo veo un disco mucho menos directo que los anteriores, en el que cuesta un poco más adentrarse en las canciones, y en el que andan un poco más escurridizos. Es algo que se ve nada más empezar, con ‘Nobody Else Will Be There’, una canción casi desnuda, en la que no hay efectismos. Esa es la tónica de gran parte del disco, que es mayormente pausado. Aunque eso sí, en otros cortes, como ‘Empire Line’ o ‘I’ll Still Destroy You’, sí se han sacado el as de la manga, y las han impregnado de su intensidad habitual. Sobre todo la segunda, que cuenta con una fusión de cajas de ritmos y baterías reales, brutal. Además de un final potente y explosivo. Y si ya nos vamos a ‘Walk it Back’, nos encontramos con uno de los temas más extraños de la banda, en el que los samplers de voces y ruidos varios, están a la orden del día.

Para los que no quieran experimentos, y necesiten los The National de toda la vida, hay varios cortes. ‘Day I Die’ es uno de sus típicos hits contundentes; una canción que va de la mano con ‘Mr. November’ o ‘Mistaken for Strangers’. Y lo mejor es que todavía les sigue funcionando. Y, aunque ‘The System Only Dreams in Total Darkness’ tiene algún ingrediente nuevo, como ese riff contundente, no deja de ser una pura canción The National con un estribillo irresistible. Aunque más irresistibles se ponen cuando les da por la melancolía y se sacan de la manga las maravillosas ‘Guilty Party’ y ‘Carin At The Liquor Store’, que son deliciosas. Incluso ‘Dark Side of the Gym’ que, a pesar del título, es la canción más convencional del álbum, tiene su punto.

Me he dejado ‘Turtleneck’, y el tema que da título al disco, para el final. Y lo he hecho porque creo que son las dos canciones que más sorprenden. La primera, más que nada, porque es un corte áspero, guitarrero y crudo que, todavía, no sé si me termina de gustar. Está claro que, su estribillo, en el que Matt Berninger se deja la voz, mola bastante, pero el resto no me termina de convencer. Sin embargo, en la segunda, se adentran en un minimalismo electrónico que me ha recordado bastante a los Radiohead del “Kid A” y el “Amnesiac”. No está mal, pero no sé si va mucho con ellos.

Está claro que, para evolucionar, hay que arriesgar, y ahí te puedes equivocar un poco. Es lo que les ha pasado a The National en alguno de los momentos de este álbum, que no es tan bueno como los anteriores, pero, aun así, es sobresaliente.

8,1

Alvvays – Antisocialites

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Sin duda alguna, creo que hacer indie-pop en 2017 es una de las cosas más arriesgadas dentro del mundo de la música. Muchos de los seguidores de este tipo de música se han ido hacia otro lado y los medios prefieren hablar de otras cosas más “actuales”, dejando de lado a este tipo de bandas. De hecho, casi se podría decir que el indie-pop ha vuelto a la independencia de la que salió. Luego, dentro de esta hornada, tenemos algunas bandas que cuentan con un poco más de suerte y ayuda de los medios. Una de ellas es Alvvays, la banda canadiense que debutó hace tres años con un delicioso trabajo lleno de buenas melodías y estribillos pegadizos cubiertos en un mar de lo-fi. Ahora vuelven con un segundo trabajo en el que siguen por el mismo camino, y agrandan su colección de hits poperos.

Una de las cosas buenas que tienen Alvvays, es que le dan tanto al C-86, como al dream-pop de corte sixties. Gracias a esto, sus discos se hacen más amenos, y no son tan repetitivos, que es algo de lo que siempre se acusa a este tipo de bandas. Está bien encontrarse nada más empezar con ‘In Undertown’ y ‘Dreams Tonite’, dos temas en los que están contenidos y ensoñadores, y que luego continúen con dos trallazos guitarreros como ‘Plimsoll Punks’ y ‘Your Type’. Y así todo el álbum, en el que cambian de velocidad con una facilidad pasmosa. Además, es difícil quedarse con una de las dos facetas, ya que, tanto en una, como en otra, siguen de lo más acertados. Pero bueno, me voy a mojar, y voy a decir que, de la segunda parte del disco, me quedo con su lado más eufórico. Y es que, esa especie de homenaje el ‘Dreaming’ de Blondie que se han montado en ‘Lolipop (Ode to Jim)’, es absolutamente maravilloso. Pero claro, también resulta imposible resistirse a ‘Not My Baby’ y ‘Forget About Life’, donde están más melosos.

Canciones bonitas, pegadizas y entretenidas, ¿se puede pedir algo más?

7,7

Zola Jesus – Okovi

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Desde luego que, si el objetivo de Nika Roza Danilova era sacar el disco más deprimente del año, lo ha conseguido. El nuevo trabajo de la norteamericana, de ascendencia rusa y más conocida como Zola Jesus, es una triste colección de canciones en el que la muerte es la absoluta protagonista. Y es que, según sus propias palabras, regresó a su Wisconsin natal para encontrarse con sus raíces y sus traumas, y lo que encontró fue “mucha gente cercana a mi intentando morir”. Algo que ha terminado plasmando en este “Okovi”.

Estamos ante un álbum etéreo, lleno de paisajes instrumentales, algún ritmo machacón, y la voz intensa de Danilova en un primer plano. Dicho así, parece que es un disco difícil, y algo sí que lo es, pero también cuenta con un punto melódico que te atrapa. Por momentos, recuerda un poco a la Lykke Li de “I Never Learn”, en la que la sueca también estaba bastante deprimida. Y, al igual que en ese maravilloso trabajo de 2014, las canciones son realmente emocionantes. Es el caso de ‘Soak’ que, gracias a un ritmo un tanto más animado, y el melancólico estribillo, resulta de lo más cautivadora. O de la maravillosa ‘Siphon’, un tema triste y emocionante dedicado a un amigo que se ha intentado suicidar dos veces. Pero si lo que buscáis es algo parecido a un hit, ahí está ‘Remains’, todo un trallazo electrónico que supone una vía de escape bailable ante tanta muerte y tristeza.

Buena parte del álbum se mueve en un mundo oscuro, casi gótico, en el que la norteamericana nos transmite toda su desolación. Canciones como ‘Doma’, ‘Ash To Bone’ o ‘Witness’, nos presentan a una Zola Jesus nadando en un mar de instrumentos de cuerda. Y si ya nos vamos a ‘Exhumed’, nos encontramos con unos violentos e intensos violines, que su fusionan con una base electrónica de lo más arrítmica. Sin duda alguna, estas son las canciones más esquivas del álbum, pero hay un par de temas en el que sabe sacar muy buen partido a estos ingredientes. El primero es ‘Veka’, que empieza oscuro y denso, y acaba como un himno de synth-pop. El segundo es ‘Wiseblood’, en el que solo le hace falta su voz, y una mínima base rítmica, para conseguir emocionar.

Como ya he dicho antes, es un disco un tanto difícil, y de lo más deprimente, pero también es un acto desesperado de una persona que trata de entender por qué hay gente no tiene ganas de vivir.

7,8

OMD – The Punishment Of Luxury

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En la entrada que dediqué a OMD hace un par de años, en la que repasaba su carrera recopilando 25 canciones, comentaba que era una banda inquieta, y que no les gustaba acomodarse en un estilo en concreto. Es algo que vuelven a repetir con su nuevo álbum, el número trece de su carrera, y el tercero desde su reunión en 2010. Según ellos mismos, “The Punishment of Luxury” es un trabajo más industrial, y la verdad es que no les falta razón. Las voces robóticas, los teclados esquivos, y la influencia evidente de Kraftwerk, son los grandes protagonistas del disco.

Tanto en “English Electric”, como en “Metroland”, los OMD más pop aparecían en varias ocasiones (‘Sister Mary Says’ y ‘Dresden’ son dos hits tremendos), pero aquí solo aparecen en un par de ocasiones. La primera es en el tema que da título y abre el álbum, que es una típica canción OMD, con su teclado luminoso, y la voz emocionada de Andy McCluskey. Sin embargo, hay que irse hasta ‘Art Eats Art’ para encontrarnos con un hit en toda regla. Y, de hecho, es un tema extraño, muy bailable, pero al que le falta un estribillo. Bueno, quizá también se puede meter en este carro ‘Isotype’, aunque es un tema muy minimalista y algo escurridizo.

“The Punishment of Luxury” es un trabajo bastante tranquilo, en el que predominan los medios-tiempos y las baladas. Además, cuenta con un toque algo más experimental, en el que alargan un poco las canciones. Ahí está ‘Ghost Star’, que es puro “Architecture & Morality”, o la kraftweriana ‘Robot Man’. Y si ya nos vamos a esa especie de marcha militar sintética llamada ‘La Mitrailleuse’, vemos que los de Liverpool están más inquietos que en los últimos años. Pero, volviendo a las baladas, tengo que reconocer que hay algunas que están muy bien. Además, no son tan evidentes, y tanto ‘As We Open, So We Close’, como ‘Kiss Kiss Kiss Bang Bang Bang’, en las que experimentan un poco, son notables. Pero claro, luego aparece un tema como ‘One More Time’, y nos damos cuenta de lo mucho que echamos de menos a los OMD más pop.

Aunque creo que han pegado un pequeño bajón respecto a sus dos anteriores trabajos, también creo que es un punto a su favor que no quieran quedarse estancados, y tratar de hacer cosas diferentes.

7,2